Atados al Amor

By AmyAO23

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Nicholas Reinaldi y Luciana Montgomery llevan una vida de felicidad por separado, por vivir casi en polos opu... More

Antes de empezar
I Parte
Prefacio
Una nueva vida I
Una nueva vida II
¿Nuestro Apartamento?
Nada en común
Una hora y un caos
Noche de poca pasión
Día de poco romance
Las reglas
Día de los malentendidos
El karma
La fuga
La Paz
Al estilo Nicholas
Adiós a la vecindad
Guerra paternal
Conociendo a los Reinaldi
#LoSientoDisculpamePerdoname
Extraños sentimientos
Especial 1
Especial 2
Estar enamorado
Algo de normalidad
¿Qué pasó ayer?
Culpa del Nickohol
Rescates
Por ti seré (parte 1)
Por ti seré II (Completa)
¿Sin retorno?
El campamento
Confesiones y conversaciones
Confesiones y conversaciones II
Quédate conmigo
Noche de mucho romance
Wendy y Peter Pan
Atados al amor parte I
Los Reinaldi enloquecidos
Atados al amor parte II
Epílogo
Noticias
EXTRA PARTE 1
EXTRA PARTE 2

Capítulo 28

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By AmyAO23

Nicholas


- Y ahora ¿Qué hago Alice? ¿crees que la perdí? –Aquella vieja señora había sido mi pañuelo de lágrimas y lamentos desde que Luciana se había marchado del apartamento.


- Ay, mijo, claro que no –su voz segura me hizo sentirme un más tranquilo –ella te quiere, lo vi en sus ojos –tomó un sorbo de su café antes de continuar –sólo está en negación –estaba de acuerdo con ella, aun así me asustaba la idea de que la realidad fuera que Luciana no sintiera nada –dale tiempo.

- ¿Más tiempo? Me he estado volviendo loco en estos días, ni siquiera fue a la clase que tenemos juntos. Quiero verla –confesé. Había pasado un mes. Alice alargó su mano y le dio un apretón a la mía por encima de la mesa.

- Tan solo ha sido una semana –bueno está bien no había sido un mes pero se sentía así – ¿y por qué no la buscas?

- Estoy seguro que no me quiere ver –achicó los ojos en mi dirección.

- ¿cómo estás tan seguro? –sembró la duda – ¿qué te hace pensar que ella no está sintiendo lo mismo o algo parecido? – ¿sería posible? – ¿por qué no lo averiguas? No hay nada que perder.

Con mi motivación renovada salí de la cafetería con una nueva idea en mente "hacer que ella me viera" porque siendo sinceros yo sí la había visto a ella varias veces de lejos mientras trabajaba e incluso sabía dónde estaba viviendo. Sí, me había convertido en un acosador por tal razón decidí bautizar a Alice y Layla en mis terapeutas amorosas, ellas me mantenían ocupado al tiempo que me aconsejaban sobre mi situación. No había mucho que hacer, era cierto; no podía simplemente secuestrarla hasta que aceptara su amor por mí o atosigarla para que abriera los ojos y se diera cuenta de lo que sentía. El amor es paciente había dicho Alice y bueno le daría su espacio sin desparecer por completo, podía hacer que me recordara jugando con su mente: un cliente que llevara mí mismo nombre, un cantante callejero cantando casualmente A thousand years, algún hombre parecido a mí que llegara a su lugar de trabajo, canciones en la radio y así pequeños detalles que le harían recordarme; Sin embargo, faltaba una estocada final, para ello busqué la ayuda de papá, quién al escuchar mi triste historia no dudó en apiadarse de mí. Años atrás, a él también le había tocado recurrir a la creatividad para conquistar a mi dura madre y si él lo había logrado siendo ambos un par de tozudos orgullosos, entonces yo también podía.

Pagó varios cientos de miles de euros para lograr que mi locura fuera vista por toda Santa María, lo bueno de tener un papá millonario. Logan se hizo cargo de la grabación y yo del sonido, así fue como le canté en el rascacielos más alto de la ciudad con la tristeza brotándome de los poros porque cada palabra iba cargada de una veracidad que dolía.

La policía apareció de repente, aunque no entendía muy bien por qué, si Fernando había pedido permiso también para utilizar la azotea de aquel edificio, aun así no iba a dejar que interrumpieran el mejor momento de la canción; la única salida que vi factible fue trepar a la torre de la azotea, peligroso, sí, pero me daría el tiempo necesario para culminar mi acto. Desde allá arriba le grité que un día era un siglo sin ella, era mi jugada final, la última carta sobre la mesa, sino de allí en adelante no sabía que más hacer, tendría que esperar era cierto pero... ¿Por cuánto tiempo?

Nos encerraron a Logan y a mí por alteración del orden público, los residentes se habían quejado del ruido y al parecer debíamos sacar una orden para dar un concierto, no bastaba con el permiso de los dueños de la edificación. Había firmado un compromiso y acababa de romperlo, iría a la cárcel sin duda. Layla hizo todo lo que estuvo a su alcance, nada fue suficiente, el contrato era claro, así que en este caso recurrimos a la artillería pesada. Mamá y papá se presentaron en la estación en la que tantas veces había sido encerrado –podían incluso colocar una foto mía como visitante del mes –e intentaron explicarlo todo, técnicamente la culpa había sido del señor Reinaldi quién omitió el pequeño detalle del permiso, se culpó así mismo e intentó establecer una conversación amistosa pero... la suerte nunca estaba de nuestro lado.

- Espere... yo a usted la recuerdo –el hombre señaló a mi madre, la risilla nerviosa de la acusada me hizo saber que era verdad.

- Me está confundiendo con alguien más –el uniformado entrecerró los ojos en su dirección.

- ¡Miller! ¡Lena Miller! –mi papá adoptó un gesto curioso y mi madre se carcajeó falsamente –era rubia antes.

- Soy Felicia Miller –no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo –no Lena. Ve, ahí está; se equivoca –mi progenitor se cruzó de brazos con una extraña mirada.

- ¡Claro! Usted me pagó para que arrestara a un hombre que iba con usted en una motocicleta...

- ¡¿Qué?! –mi padre frunció el ceño.

- ¿cómo rayos lo recuerda? Más bien, ¿cómo es que sigue vivo? –si antes no sabía lo que estaba pasando, ahora mucho menos. No tenía ni la menor idea de que mis padres habían vivido en Santa María y eso de Lena Miller ¿de dónde había salido?

- ¡¿Hiciste que me arrestaran?! –le reclamó papá

- ¡Fue hace más de 20 años, supéralo! –se defendió Felicia.

- ¡Casi me echan del concurso! –gruñó entre dientes. Hacía mucho tiempo que no lo veía así de enojado.

- Pero no lo hicieron, además fui yo la que te defendió.

- Después de causar todo el desastre, claro... ¡Eres detestable, Miller! –escupió sus palabras con tanto odio que yo le creí, los ojos de mi madre adquirieron una nueva tonalidad, una muy agresiva. Dio dos pasos quedando a centímetros de su esposo, todos contuvimos el aliento.

- Lo aprendí del mejor –murmuró lentamente, recalcando cada palabra en un tono de voz letal que no dejaba espacio a protestas. No obstante, papá no tenía aprecio por su vida y tuvo los cojo... pantalones bien puestos para abrir la boca e intentar refutarle, sin embargo, mamá lo interrumpió antes de que emitiera sonido alguno. Levantó su dedo índice en advertencia –no me hagas hablar, Reinaldi, porque hay mucho para contar y no vas a quedar muy bien parado –aun sin amedrentarse Fernando le sostuvo la mirada con el mismo salvajismo que transmitía la de su esposa, tensó la mandíbula y esa fue la señal que necesitamos para saber que la mujer había ganado. ¿Qué secretos guardaba la no tan romántica historia de amor de mis padres?

Mi progenitor se giró bruscamente hacia el policía y desquitó con él la rabia que cargaba encima.

- Si no deja salir a mi hijo, lo demandaré por arresto injustificado, daños y prejuicios, y cualquier otra cosa que se me ocurra. Usted sabe quién soy yo, así que sabrá que no le irá muy bien –palmeó el hombro del uniformado, quién puso una cara de pocos amigos.

- ¿Me está usted amenazando? –preguntó.

- ¿yo? –se señaló así mismo – ¿Cómo se le ocurre? Es solo un intercambio de intereses. Así de simple –bajó la voz a pesar de que todos lo estábamos escuchando –usted se evita perder su placa y yo recupero a mi hijo. Le conviene ¿qué dice?

- Arréstenlos.

- Tenías que hablar papá, tenías que hablar –me quejé.

- Reinaldi y su abuso del poder –lo acusó mamá.

- Creyendo que todos se doblegan a su merced –continuó Layla.

- Cayó bien bajo señor Reinaldi –Logan lo miró como si de verdad estuviese decepcionado.

- Ahora todos contra mí. ¡perdón por existir! –se defendió –a ver quién te va a ayudar la próxima vez que la embarres con Luciana –levanté las manos en señal de rendición, tenía razón. Su mirada se desvió hasta mi hermana –a ver a quién le pedirás ayuda cuando pelees con Felicia, lo cual es casi siempre –sus ojos se posaron en Logan –a ti ni siquiera te conozco y tú... –mi madre lo miró de reojo –a ver quién va a consentirte cuando te llegue la regla, quiero ver quién saldrá a comprarte helado de chocolate a las tres de la mañana cuando te den tus antojos hormonales... –mamá le dio un beso para detener el dramatismo de Fernando.

- Y... ¿a quién llamaron? –Cuestionó mi hermana una vez que mis padres comenzaron a tener una muy acaramelada reconciliación –todos miramos a mamá.

- Jake Fernando Reinaldi, que grata sorpresa –una voz conocida captó nuestra atención. Un hombre idéntico a papá pero con ropa más informal se encontraba del otro lado de las rejas con un gesto de diversión en su rostro. Jack Reinaldi, el hermano de papá y mi tío.

- ¿Es en serio, Felicia? ¿No pudiste llamar a alguien más? A Milton, a Chris o hasta a Scarlett –me mordí el labio con fuerza para evitar reírme de la situación –tenías que llamarlo a este... que por cierto ¿qué rayos estás haciendo en Santa María? No deberías estar con tu bandita de gira...

- Me hieres, hermano –se llevó una mano al pecho y fingió dolor –Sabes, Jake Fernando me duele esa actitud y yo que amo visitar a mi familia –la mandíbula tensa de papá me hizo saber que estaba a punto de asesinar a alguien.

Habían dos personas en el mundo que podían hacer encolerizar a mi padre hasta el punto de convertirlo en un potencial asesino y esos eran: mi madre y mi tío. Y si había algo que lo sacaba de quicio era que mencionaran su nombre completo, si bien, Jake no era un mal nombre, él le guardaba resentimiento porque así se llamaba mi abuelo y ellos no tuvieron la mejor relación del mundo. Por otro lado, nuestra abuela poseía cierta atracción por los nombres españoles por lo cual decidió bautizar a sus hijos de esta –horrible desde mi opinión –manera: Jake Fernando y Jack Ferrán. Aunque la peor parte sin duda la llevó papá, aun así el adoptó su segundo nombre con amor y cada vez que le recordaban el verdadero se ponía como loco.

- Deja el dramatismo y sácanos de aquí –la sonrisa divertida de mi tío no se hizo esperar y le dio paso a los policías para que nos dejara salir.

- Son idénticos –Logan miraba sorprendido de un lado a otro intentando encontrar diferencias.

- ¡Claro que no! yo soy más guapo –papá bufó ante el comentario de su hermano.

- ¿cómo le hiciste tío? –Layla saltó a los brazos de su familiar favorito.

- Ya sabes, tengo un encanto sobrehumano –noté a Fernando rodar los ojos. Jack tenía una personalidad encantadora, no era un hombre que le gustara el coqueteo pero cuando estaba al lado de su hermano se deshacía de su modestia para hacerlo rabiar, sobre todo porque su actitud egocéntrica le recordaba la época en dónde el ego de papá era más grande que la población de China. Jack, al contrario de Jake, si había continuado con la música, su banda se la pasaba recorriendo el mundo en giras, habían ganado muchos premios y se encontraban entre las bandas más influyentes de la actualidad. El éxito de ambos hermanos era notable, sin embargo, estaban lejos de ser iguales.

Layla y yo amábamos a Jack, aparte de que compartíamos el mismo amor por la música, él por alguna razón nos prefería a nosotros antes que a Chris, lo cual para mí era fantástico, alguien que no considerada a Chris como el mejor de la familia era digno de mi confianza.

La hija del sargento Fuentes terminó siendo una gran fan y Jack no perdió la oportunidad de sobornar de una manera demasiado discreta –muy diferente a la de Jake –regalándole entradas gratis con pases backstage al concierto que darían pronto en Santa María, del cual ninguno de nosotros estaba enterado hasta ese momento. A petición de mi hermana, la familia tomo la decisión de alojarse en mi apartamento, aunque entendí las intenciones ocultas tras su elección: no querían que no estuviese solo y lo agradecí. A pesar de su compañía mi memoria siguió retrotrayéndola cada tanto, dejándome con preguntas abiertas y una gran ansiedad.

¿Qué estaría pensando Luciana en este momento? ¿Le habrá gustado la canción? ¿Había por fin aceptado sus sentimientos hacía mí? intentaba no desanimarme pensando en ella, no obstante, su recuerdo venía a mi mente constantemente y aunque lo empujaba lejos, pronto volvía. Sostuve el celular en mis manos mirando fijamente su número en la pantalla ¿pensaba ella en mí como yo en ella? ¿Debía llamarla?

- ¿Problemas de amores? –Jack tomó asiento a mi lado.

- Ya te contaron

- No exactamente. Vi todo el show que hiciste en la torre –ambos nos reímos. Definitivamente había sido todo un show –la quieres mucho ¿eh?

- Tal vez demasiado –le confesé. Un suspiro largo abandonó mi cuerpo –apenas la conozco hace como un mes, no sé cómo pudo suceder así de rápido.

- El amor es así, Nicholas, Inmedible e impredecible. Llega cuando menos lo esperas, te atrapa en silencio y no se mide con el tiempo, no es acerca del lapso mínimo que se necesita para enamorarse de alguien porque puede que se necesite de un segundo o de una vida entera. Hay amores profundos que se forjan en poco tiempo y resultan ser más fuertes que aquellos que se forjaron en años –Jack cambió su semblante de repente, a uno más serio –y cada vez que llegue, no tengas miedo, Nick, hazle frente, déjate llevar y disfrútalo como si fuera la primera vez –una de sus manos se posó en mi hombro y me sonrió –Eso sí, chico, va a doler y mucho pero lo superaras. Siempre lo hacemos.

- Gracias, tío

- Una cosa más... el amor no se ruega. No conozco a Luciana pero entiendo lo que es estar en medio de dos personas –abrí la boca sorprendido, mi familia estaba llena de buchones –y por eso te digo que si ella no es capaz de tomar una decisión por sí sola pronto, si alarga las cosas, las evita y no las enfrenta, no pierdas tu tiempo, no vale la pena.

- "El amor es un camino de doble vía, de ida y vuelta" decía mamá –nos sobresaltamos al escuchar a papá detrás de nosotros –ambos tienen que estar dispuesto a sacrificarse, a darlo todo por el otro –Jack le dio la razón a su hermano.

- Bueno, basta ya de cursilerías. Hay que hacer cosas de hombres –mi tío se levantó del sofá y le lanzó mi guitarra a Jake, quién la atajó sin problemas.

- ¿cosas de hombres? Por favor, si todos sabemos que yo soy la reina de la guitarra –mamá se sentó al lado de papá y le arrebato la guitarra. Tocó varios acordes antes de empezar a cantar, a los segundos mi tío creó un ritmo con las manos y el suelo que armonizaba a la perfección. Todos tuvimos un espacio para cantar alguna estrofa, en el coro lo entonábamos juntos y nos turnábamos para hacer las segundas y terceras voces. Fue una noche increíble y me dormí pensando que el viernes sería un día como cualquier otro.

- Nicholas, lo olvides empacar algo de ropa, salimos bien temprano mañana –asentí en dirección a mi madre. Tener a la familia conmigo era como volver a unas semanas atrás pero en un ambiente más acogedor, dónde nos acostamos en la sala unos encima de otros contando historias y chistes hasta altas horas de la noche. La experiencia nos recordó a cuando éramos más jóvenes y nos íbamos a acampar casi todos los fines de semana, la nostalgia nos hizo querer revivir esa época, así fue como los adultos tomaron el control y se levantaron temprano a planearlo todo. Yo por mi parte, me ocuparía primero de mi estudio y mi trabajo y luego arreglaría las cosas que llevaría el sábado.

El día transcurría de una forma inusualmente lenta, a mitad de tarde ya quería volver a casa, sin embargo, hoy auguraba ser un día de mucho trabajo, no sólo porque era viernes sino porque el segundo piso había sido reservado y tuvimos que mover casi todas las mesas al primer piso, todo sería un caos allí abajo. La persona que había reservado, había sido claro que solo quería unas tres o cuatro mesas alrededor para no levantar sospecha acerca de lo que haría. Además, pidió que la banda tocara música clásica, así que para mi mala suerte yo no cantaría esta noche; por el contrario, me dejaron en el primer piso, enviando a los más viejos y expertos a atender el de arriba.

- ¿Le pedirá matrimonio en una cena? Que cliché

- ¡Hey! –se quejó el más allegado de mis compañeros de trabajo –así le pedí matrimonio a mi esposa –no pude evitar reírme, la carcajada resonó por el local vacío

- Qué poco original, Mario –me burlé, me fulminó con la mirada aunque no parecía realmente molesto.

- A ver ¿cómo lo harías tú?

- No lo sé, de una forma mucho más creativa de eso estoy seguro. Tal vez...

- ¡Señoritas! Menos charla y más acción –Charles nos gritó desde la cocina, debíamos terminar el aseo porque pronto abriríamos y sería una ardua noche. El jefe se situó a nuestro lado a supervisar nuestro trabajo, porque sabía que aunque nosotros hacíamos bien el trabajo, solíamos demorarnos más de lo usual por estar hablando o bromeando.

La noche fue como lo predije: ajetreada más que cualquier otra. Llena de imprevistos y accidentes, entre ellos uno en especial que me obligó a suplantar a uno de los meseros de la segunda planta, me sentí nervioso no quería cometer ningún error, subí las escaleras lentamente tomando respiraciones profundas para así concentrarme y no hacer algo que arruinara el gran evento. No obstante, la preparación previa no sirvió en lo absoluto cuando presencié aquella escena. La bandeja vacía de mi izquierda cayó a mis pies y Luciana me notó. No sé qué reflejaron mis ojos para que ella me mirara de esa manera pero estaba seguro de que en aquel momento no sentía nada. Seguí con mi trabajo como si no hubiese precisado que la chica que quería se casaría con otro. Lo que no pude pasar por alto fue el guiño acompañado de una sonrisa socarrona que me dio Alejandro al verme, la rabia hirvió en mi sangre. Él sabía que yo trabaja en este lugar, lo había hecho adrede.

Al final de la jornada, alguien me esperaba en el callejón y no tuve que ser adivino para saber quién era, venía a regodearse.

- Te lo dije, Nicholas. No tenías oportunidad. Perdiste –me reí, me reí con ganas, a grandes carcajadas.

- Está bien, ganaste –le di la razón –En realidad de dejé ganar –su sonrisa divertida se borró de repente y bufó –no te contó lo que pasó ¿verdad? –la seguridad que él poseía tembló, lo vi en sus ojos –conseguí lo que quería y te la dejé. Sabes, no me gustan los compromisos. Al parecer ella no lo entendió, así que...

- ¿y esperas que te crea esa sarta de estupideces? –me encogí de hombros y volví a sonreírle, tuve un deja vú en el momento en que saqué mi celular y rebusqué en la galería las imágenes que días atrás había mostrado a Luciana.

- ¿Quieres más pruebas? Porque tengo muchas y un video también, es muy buena en la cama par... –un gancho derecho directo a mi rostro me dejó a mitad de oración y fue mi momento, era lo que estaba esperando, lo que había estado buscando. Arremetí contra él, con dos puños uno detrás del otro que aterrizaron en su rostro, la falta de aire me avisó que una patada se había instalado en mi estómago, pero yo no la sentí, estaba tan enojado y podía notar que Alejandro también, que estaba seguro que a ninguno de los dos le importaba matar al otro en ese momento.

Me lanzó al suelo lográndose ponerse encima, golpeándome varias veces en el rostro, no me quedé atrás y busqué la manera hasta ponerlo debajo y darles los golpes que se merecía...

Estaba a punto de volver a golpearlo cuando me di cuenta de algo, él no se merecía nada, yo sí. Ella era su novia, yo en cambio había llegado a intentar robarle a quién más quería, a arruinar su relación porque me había enamorado de la hermosa chica que tenía. Me sentí sucio, me sentí mi hermano.

- ¡¿La quieres?! –le grité. se vio perdido por un momento y tomándolo de la camisa lo zarandeé para que se enfocara – ¡respóndeme, imbécil! ¡¿la quieres?!

- La amo –su respuesta me dejó fuera de juego, me levanté con lágrimas en los ojos y supe que debía dejarlo ser. Alejandro me miró con extrañeza ante mi repentino cambio. En algún momento habíamos empezado a llorar los dos. Lo entendí, porque lo viví cuando vi a Scarlett con Chris.

- Ella no se acostó conmigo, la emborraché y me aproveché para besarla...

- Eres un... –lo detuve antes de que volviera a golpearme.

- Siento lo que hice, también la amo –la confesión se escapó como un sollozo –pero ella hizo su elección –tomé una respiración profunda antes de dejarla ir –Cuídala, porque si le haces daño voy a matarte –limpié las gotas de agua entremezcladas con sangre que resbalaban por mis mejillas y me marché.        

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CON ERRORES. PROMETO EDITARLO MAÑANA

DISFRUTEN

¿Que les parece la nueva portada?

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