"La Tirana de Hielo" (Jelsa)

By Pinkidees18

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La reina Elsa de Arendelle, hermosa como ella sola y malvada como nadie con el corazón hecho hielo. Desde el... More

1...Esclavo
2... Diversión
3... Rechazo
4... Mi Reina
5...Maldad
6...Veneno
7...Castigo
8... Descubiertos
9...Lo amo
10...Revelación
11...Enfrentamiento
12...Misericordia
Lástima
14...Revelaciones
15... Sin límite
16... El Precio
17... Ablandar
18...Debilidad
19... Cambio
20... Tratado
21... Viaje
22... Boda
23... Metamorfosis
Capítulo 1
Dañados.
Ataque.
Victoria.
La Carta
El único día en que se permite llorar.
Control
Ver a un demonio
El día ha llegado
El esperado día.
Lo siento.
Patadas de ahorcado
Mi perdición será la suya
Aflicción
¿Cuál es tu plan?
Tomar el riesgo
Abusaron de ella
Basta
Cualquier cosa
Diosa
Incógnita
Dijiste que no mentirías
Volvieron
La artillería pesada
Todo es culpa suya
Un fantasma de carne y hueso
El Hada que se convirtió en Reina
Su aroma es diferente
Ni ella podrá detenerla
Su verdadera heredera

Doble Traición

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By Pinkidees18

Helga estaba petrificada, completamente sorprendida tanto por la llegada de Ingrid como por lo que planeaba hacer.

–Ingrid, ¿estás segura?

–Me duele seguir viendo a Elsa así, y me duele lo que estoy haciendo pero sé que es lo mejor. Ella necesita estar a salvo de sí misma para evitar que siga dañando a los demás. – Bajó la mirada cabizbaja, el pesar se notó brevemente en sus hombros.

–¿Cómo está Arendelle? – Jack preguntó con un tono preocupado y ella hizo una mueca al verle, y más aún, al lado de su esposa.

–Eso es algo que a ti no te importa. – Espetó cortante enfrentándolo con la vista, todos se dieron cuenta del resentimiento en su voz.

–Jack les dio asilo a varios Arendallianos protegiéndolos de su sobrina, está más que claro que le importa Arendelle. – Su madre, la Reina Katryn habló e Ingrid levantó una ceja desafiante.

–Eso era lo menos que podía hacer después de que por su culpa. – Lo señaló con el dedo. – Arendelle está sufriendo. Sin embargo, no me interesa el más mínimo hablar de ti, así que si desean que les diga cómo pueden aprehender a mi sobrina, ya que está más que obvia su incompetencia hasta ahora, él debe marcharse. – Jack apretó los labios, realmente le dolía el desprecio de Ingrid.

–Por supuesto que él no va a… – Jack interrumpió a Conejo.

–No, está bien, Canguro. Ya me voy. – Sonrió tristemente. – Lo siento, Ingrid. – Murmuró antes de irse a los aposentos de Kristoff, debía decirle sobre la inesperada visita.

–¿Y bien? – Escupió Eric. – ¿Nos va a decir algo interesante?

–Les diré dónde y cuándo exactamente podrán agarrar a Elsa y a Pitch, tú dime qué tan interesante es eso.

Todos guardaron silencio mientras Ingrid hablaba, lo que contaba no era agradable y sólo incrementaba el odio hacia Elsa y las atrocidades que hacía, pero en ningún momento dudaron de lo su palabra, conocían lo que era capaz de hacer y no les sorprendió todas las muertes, torturas y el sufrimiento que se escondían tras los muros del castillo.

–Damas y Caballeros, Sus Majestades y Altezas Reales, les pido amablemente que se acerquen, la ceremonia comenzará en unos momentos. – El vocero Real habló captando la atención de todos, entonces Ingrid se dio cuenta de que los hombres y mujeres que la escuchaban eran más que al principio y que los únicos que seguían en su propio mundo eran seguramente los peones de los líderes. Se calló se golpe a media frase con una sonrisa.

–Estoy ansiosa por ver lo espléndida que se verá Anna. – Sonrió de lado y se dio vuelta dejando a todos los demás expectantes. Su sonrisa se esfumó al ver una silueta acercarse con una mueca, la reconocería donde fuese.

–¿Madre? – Elsa se acercó confundida y a la vez sorprendida. Todos los que iban detrás de Ingrid se maldijeron mentalmente, eso seguramente había sido una trampa para ganar tiempo y que ella se metiera sin problemas en el castillo.

Sacaron sus armas y apuntaron a ambas rubias torpemente. Elsa arqueó una ceja desafiante con una sonrisa burlona en los labios, su expresión se pareció enormemente a la que la mayor había hecho anteriormente. Ingrid rodó los ojos fastidiada mientras Elsa levantaba sus manos; nieve se acumuló en su mano derecha y polvo negro en la otra. Todos tragaron en seco, sabían que estaban vulnerables frente a ella que no se lo pensaría para acabarlos, solo rogaban porque sus muertes fueran rápidas. Ingrid tomó a Elsa de las manos y las bajó. La rubia le miró de lado confundida.

–¿Qué estás haciendo?

–Vine a la boda de mi sobrina, ¿y tú?
La sorpresa reflejada en Elsa por verla y hacer aquello les tranquilizó e hizo quedar en claro que Ingrid venía por su propia cuenta y que había sido sincera en ofrecer su ayuda.

–Mi amor, es la boda de Anna, no lo conviertas en un funeral. – Besó sus manos haciendo desaparecer las amenazas y la rubia apretó los labios.

–Es mi hermana. – Habló firme. – No pienso perderme la boda de MÍ hermana.

–Está mejor con nosotros que contigo. – Ariel agarró con fuerza su tenedor.

–No la lastimaremos. – Rapunzel elevó su sartén. – Pero vete, no eres bienvenida aquí… ahora.

Elsa se dividió entre la risa y la molestia, eran tan ridículos que podría perdonarles su osadía.
–Quiero ver a mi hermana. – Exigió con aire altanero. – Y no saben de lo que…

–¿Qué están esperando? Anna está muriendo de nervios y Kristoff quiere que…

Todos se quedaron en un profundo e incómodo silencio. Elsa estaba a espaldas de Jack, y todos estaban expectantes de su reacción. Creían que era la primera vez en que se veían después de la traición de hace casi un año ya, pero para ellos dos era la primera vez que se veían después de las cartas, después de la batalla que Elsa perdió.

–Quiero ver a mi hermana. – Repitió con tono aún más duro esta vez. – Ahora.

Se giró de manera lenta, con la espalda recta y postura digna de una Reina de su linaje. Jack no pudo evitar notar cuán hermosa se veía, su rostro era sublime y en sus vestimentas se notaba que no había escatimado en arreglarse por ese día especial, pero ella no necesitaba todo eso. Para Jack, Elsa era por mucho la mujer más hermosa de todas incluso vestida con harapos y no sólo él afirmaba lo mismo. Elsa suspiró disimuladamente, debía admitirlo, estaba guapísimo. Su rostro era más duro que antes y lo hacía ver atractivo como el infierno, pero lo que más atraía de Jack definitivamente era esa dulzura y amabilidad que transmitía. Las vestimentas de Rey que llevaba le prometían un gran futuro como gobernante, pero ella no sería su Reina.

Su esposa se acercó a Jack y se abrazó a él. Elsa no respondió a aquello.

–No vamos a dejar que le arruines su día.

El comentario de Flynn salió sobrando. Elsa lo fulminó.

–No finjas que Anna te importa maldito ladrón arrepentido. – Ingrid y Helga la miraron de manera desaprobatoria, rodó lo ojos. – Ya me harté de ustedes.

Acabó con la distancia que la separaba de Jack de manera burlona y le sacó la espada de la cintura. En un sutil y perfecto movimiento lo clavó en el pie con prótesis de Hiccup y sonrió socarronamente, había sido una advertencia. Levantó los brazos y apuntó al pecho de Norte. Ingrid se interpuso y Elsa tuvo que soltar la espada.
–Basta, ha sido suficiente. – Habló firme empujando la espada con el pie a dirección de Jack. La mirada de Elsa mostraba cuán alterada estaba por esa absurda situación.

–Pero es Anna…

–Ellos tienen razón, merece una boda bonita… sin ti, mi amor.

Ingrid acarició su mejilla en un gesto completamente maternal. La rubia suspiró resignada.

–Es mi hermana… – Murmuró correspondiendo el gesto. Todos las miraron con la boca abierta.

–Lo sé, dulzura. Pero no puede verte ahora, sería demasiado para ella. Todo sea por el bien de Anna, mi vida.

Elsa besó la mejilla de Ingrid y les dirigió una mirada dura al resto, parpadearon incrédulos por el cambio radical. Se acercó a su tía Helga y tomó sus manos dejando una pequeña caja en ellas.

–Es para mi hermana… – Susurró y se dio vuelta con la cabeza en alto. – Te veré en el Palacio, madre.

Desapareció en una nube negra y soltaron el aire acumulado. Observaron a Ingrid, realmente que ella se uniera a ellos les aseguraba la victoria definitiva. Helga y su esposo se disculparon diciendo que irían por Anna y los padres de Jack les siguieron los pasos yendo por Kristoff.

–Ella iba a matarme sin más. – Norte estaba sorprendido. – Sabía que sin mí, los guardianes estarían vulnerables y podría acabarlos en un parpadeo. Pero no lo hizo por ti
Ingrid sonrió apenas bajando la mirada, el resto aún estaba en shock.

–Me quiere tanto como yo a ella, y si soy honesta con ustedes, no tolero el odio que le tienen ni el que ella les tiene. Quiero acabar con esta estúpida guerra, no deseo más muertes, ni suyas, ni mucho menos de ella. – Suspiró encogiéndose en hombros. – Realmente quiero ser una aliada para ustedes, prefiero visitarla en una celda que en una tumba. E incluso prefiero soportarlos vivos que con honores y memorándolos como si fueran santos.

Rió entre dientes y les dio la espalda.
–No sé ustedes, pero a mí me criaron para ser puntual y realmente deseo ver a mi sobrina, ¿podrían por favor mostrarme el camino si no planean ir?

–Lo lamento, Su Alteza. – Rapunzel se adelantó y le sonrió tomándola de la mano. – Yo la llevo, jamás me perdería alguna celebración.




~


–¿Nerviosa?

–¡Madre mía! ¡Creí que jamás llegarían! – Anna se abalanzó contra ellos. – No es que no haya creído en su palabra, yo sé que la palabra es lo más sagrado que alguien tiene o eso me lo enseñaron mis padres y no dudo de mis padres o de ustedes… pero no llegaron y creí que algo malo les había pasado o tuvieron algún problema… que es casi igual porque los problemas son malos o eso al menos la mayoría de las veces y no tienen idea de los problemas que he tenido este día cuando…

–Idéntica a Gerda. – Se rió su tío y Anna se sonrojó, de nuevo comenzó a hablar de más.

–Uff, soy un desastre de novia. – Se dejó caer en el piso dramáticamente. – ¿Creen que aún Kristoff quiera casarse con este desastre?

–Creo que he visto a pocas parejas tan enamoradas como ustedes, jovencita. – Él se hincó a su lado para tranquilizarla y a Helga se le infló el pecho de felicidad al verlos juntos.

–¿Ese no es el vestido de tu madre? – Ella ladeó la cabeza ligeramente y Anna se encogió de hombros.

–No tengo idea de cómo llegó aquí pero me encanta, siempre desee casarme con él, así aunque fuera tendría una pequeña parte de mi mamá conmigo. ¡Oh, demonios! Me prometí que no lloraría.

–A veces la felicidad es tan grande que no cabe y necesita desbordarse un poco por los ojos. – Helga le sonrió. – Toma esto. – Le entregó la caja. – No sólo tu mamá está presente hoy contigo.

Anna tomó la caja de terciopelo roja que tenía una nota negra con perfecta caligrafía dorada. “Recuerda nuestro pacto, hermana.” Pegó un gritito de emoción al ver el collar con el dije azul que Elsa le regaló el día de su coronación, cuando volvieron a acercarse y su sonrisa se ensanchó.

–¿Ella vino? ¿Aún está aquí? – Preguntó esperanzada pero ambos negaron.

–No, sólo se las ingenió para que llegara a ti. – Mintió su tía.

–¿No creerás que se olvidaría de un día tan importante para ti, verdad? – Su tío afirmó y la pelirroja se lanzó a sus brazos emocionada.

–Sus majestades. – Un siervo llamó. – Ya es hora.


~



Todos en el salón de fiesta estaban sentados con impaciencia y más aún Kristoff que sudaba en frío por los nervios. Todos estaban esperando a la novia cuando la puerta se abrió.
Una hermosa princesita de vestido blanco con una cinta violeta en la cintura entró arrojando pétalos de rosas rojas en la alfombra color crema que señalaba el camino al altar, todos sonrieron enternecidos con la sonrisa con algunos espacios vacíos de la pequeña Emma.

–¿Ella no es la Princesa de Overland? – Preguntó Elsa a Pitch que estaba sentado a su lado en el sofá.

–Tan sólo mírale la cara, la misma imagen de esos malditos. – Contestó bebiendo un sorbo de vino.

Una jovencita entró después con el mismo vestido pero que en ella acentuaba las formas de mujer que ya se le comenzaban a ver. Llevaba en brazos a su pequeña primita rubia que tenía en sus manos un cojín violeta con los anillos. Todos rieron cuando la pequeña estornudó por culpa de un pétalo que se quedó volando y siguieron el mismo camino por el que pasó Emma.

–Yo conozco a la bebé. – Elsa sonrió de lado observando el espejo más de cerca. – La cargué en brazos mientras asesinaba a sus padres. – Soltó una carcajada y Pitch le acompañó.

–Qué benévola fuiste. – Se burló.
La atención de todos permaneció en la misma puerta y todos se pusieron de pie cuando la marcha nupcial comenzó a sonar, Anna aparecía con los cabellos recogidos y una sonrisa tímida en sus labios, de la mano de sus tíos. Llevaba guantes largos y un hermoso ramo. Ingrid se emocionó tanto que una lágrima escapó por su mejilla y Rapunzel la abrazó sonriente. La sangre llamaba, porque incluso sin saberlo y con apenas conocerse, algo las había unido.
Kristoff se quedó fascinado al verla llegar, y como no, también lloró. Al fin desposaría a la mujer que amaba y… simplemente todo se había convertido en su propio cuento de hadas. Anna llegó sonriente frente al sacerdote y su tío, le dio un ligero apretón de hombros al rubio antes de marcharse a su lugar, en primera fila con su esposa.

El atardecer en la playa adornaba el altar junto con cientos de flores, el cristal permitía apreciar todo en su esplendor y el Pintor Real comenzó con su retrato. El sacerdote habló.

–Mis hermanos, las fronteras y distancia no nos han impedido reunirnos en este día donde dos seres se convierten en uno, donde el amor verdadero triunfa y…– Anna no podía ver nada más que los dulces ojos miel de su prometido y Kristoff se perdía en esa sonrisa tímida que adornaba su rostro.

Su conexión y amor eran tan grandes que se los podían transmitir a cualquiera, no habían visto una boda tan romántica como la suya en mucho tiempo.

–Yo, Anna de Arendelle…– Tomó sus manos con una sonrisa. – Te tomo a ti, mi amor, para amarte, cuidarte y respetarte por el resto de mis días. – Colocó la sortija en su dedo.

–Yo, Kristoff Bjorgman, te acepto a ti como mi esposa. – Besó sus nudillos. – Prometo hacerte feliz todos los días, protegerte y amarte intensamente, mi vida. – Deslizó el anillo delicadamente. – Por cada segundo y en cada momento, te querré con toda mi alma.

El rubio juntó su frente con Anna de forma tierna, acababan de hacer sus votos sagrados y ambos planeaban cumplirlos, eso, significaba su nueva vida juntos.

–Por el poder que me otorgan. – El sacerdote prosiguió enternecido. – Yo los declaro; marido y mujer. Puede besar a la novia.

Y así, sellaron su amor con un Beso de Amor Verdadero.

–Son tan adorables… – Murmuró Helga al oído. – Gerda estaría tan orgullosa.

–Lo sé, lo sé. – Respondió Ingrid con una sonrisa. – Ella estaría feliz.

–Mujeres, ¿otra vez llorando y cuchicheando? – Se acercó el Rey riendo.

–Oh, Frederick, no es momento ahora. – Respondió su esposa limpiándose una lágrima silenciosa. – ¿Le contarás a Anna hoy?

–¿En el día de su boda? Por supuesto que no. Yo también quiero disfrutar del baile. – Se encogió en hombros. – Jamás fui a uno.

Una oleada de culpa atravesó a la castaña. Abrazó a Ingrid fuertemente recargándose en su hombro, como hacían cuando eran jóvenes. Sabía que en gran parte aquello era culpa suya.

–¡Qué vivan los novios!

Un grito se escucho en el fondo seguido de varios. Todo el mundo arrojó las flores que tenían en su regazo y los sirvientes se encargaron de retirar las sillas, todo el salón era simplemente perfecto.

–¡Muchas felicidades! – Rapunzel chilló y Anna pegó un gritito.

–¡Mujer! Me hubieras prevenido de los nervios, sentía que moriría allí mismo frente a todos. – Rió abrazándola. – Te estrangularía si no fueras la embarazada más adorable.

–Y yo no me quedaría atrás si no fueras la novia más hermosa, querida.

El cariño en ellas era palpable, se quería como hermanas ahora.

–¡Hey! No tartamudeaste, eso es ventaja. – Flynn le guiñó un ojo a Kristoff y este le dio una palmada en la espalda, Jack se acercó.

–Y no sudaste como en sus primeras citas, tienes suerte o seguramente Anna sí se hubiera arrepentido. – El albino rio.

–El último de nosotros en casarse. – Hiccup llegó. – Crecen tan rápido.

–¡Enhorabuena, corazón! – Mérida se acercó con su bebé en brazos. – Te deseo de todo corazón que seas muy feliz.

–Gracias. – La abrazó con cuidado dándole un pequeño beso al bebé. – Espero pronto darte con quien jugar, cariño.

–Ya sólo será la competencia entre tú y yo quién gana. – Vanessa les sonrió y se reverenció. – Qué tenga un maravilloso matrimonio, princesa.

–Se lo agradezco, Su Alteza. – Anna correspondió a la Reverencia educadamente, independientemente de todo, ella era la esposa de su ex cuñado y siempre había recelo en la pelirroja, a pesar de la distancia Elsa seguía siendo su hermana y siempre estaría fielmente de su lado, o como ella bromeaba, de su equipo.


Elsa observó la escena con una pizca de orgullo y confusión, eran obvia la desconfianza que Anna tenía con la “zorra marina” pero que esa en el día de su boda con Jack había desaparecido e incluso había dado la impresión como si hubiesen sido íntimas amigas. Pitch la observó pensativa adivinando sus pensamientos, aquellos que a él no le convenían.

–¿Sigues odiando a la hija de Poseidón? – Cuestionó arqueando una ceja. – Deja de ser tan infantil y caprichosa, recuerda que ese hombre era suyo. – Su sonrisa fue burlona, le encantaba provocarla y pincharle en la cicatrices. – ¿Nadie te dijo que te alejaras de las cosas que no son tuyas?

–¿Y se supone que él es suyo cuando aún me sigue deseando tanto? – Su sonrisa fue victoriosa. – Las cartas que me da son muy claras.

Suspiró negando divertido, sabía cuánto disfrutaba de esa dulce y pequeña Victoria, esa era su Victoria.

–Brindemos por eso. – Alzó su copa. – Brindemos por eso, padre mío, y por que la estúpida Alianza cayó en nuestra trampa y le creyó a mi madre por completo. Bridemos por la doble traición.

–Fue una pena que no le encajaras la espada en la famosa panza del barrigón Norte en ese instante. – Chocaron copas. – Pero me consuela que después de esto, tendré su cabeza como trofeo.

–Desde luego, y no sólo será la de él. – Elsa sonrió maliciosamente. – Uno a uno, acabaremos con cada guardián después de nuestro plan maestro. – Le guiñó un ojo y ambos rieron regocijándose de todo lo que vendría.

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