Love More de Chris Brown feat Nicki Minaj llenaba los rincones del bar, allí en el centro del escenario moviendo las caderas al ritmo de la música me encontraba yo, cubriendo mi rostro con tan solo un antifaz tratando de conservar la poca dignidad que me queda. Dejando fluir de la única manera que conozco la impotencia que sentía por no poder conseguir algo mejor. En la zona VIP se encontraba un imponente hombre, su mirada penetrante concentrada en cada uno de mis movimientos a veces llegaba a asustarme, a intimidarme. Aquel hombre que había visto en algún lugar pero no recordaba donde, aquel caballero que cada sábado llegaba al lugar a ver los espectáculos, pero que según había escuchado, se largaba cuando finalizaba mi rutina.
Me encontraba concentrado observándolo, aquel hombre conseguía que escalofríos de puro miedo combinado con un toque de excitación recorrieran mi cuerpo pero, aun así y extrañamente me brindaba algo de confianza, estaba tan embelesado que no supe en que momento un hombre completamente ebrio se acercó a mi lo suficiente para hacerme caer de la tarima, Daniel's uno de los guardias de seguridad se aproximó a nosotros rápidamente, al hombre para sacarlo del establecimiento y poco después para cerciorarse que me encontrara en buen estado. Afortunadamente la canción ha finalizado por lo que podía ir a cambiarme para salir y poder irme a casa.
Esperaba sentado a las afueras de la oficina del jefe, era día de paga por lo que tenía que esperar que a los demás se les entregue su dinero antes de entrar por el mío y poder retirarme. La mayor parte de tiempo me entretenía jugando Candy Crush Soda Saga y revisando en la bandeja de entrada los pocos mensajes de texto que llegan a mi teléfono, riendo un poco mientras pasaba cada foto que Agatha me enviaba de su viaje a las Bahamas.
Me incorporo de mi asiento en el momento que Matthew, el ultimo chico, sale de la oficina con el ceño fruncido y mirándome con asco.
—El hombre de traje te ha dejado una tarjeta Carter, y la propina que te ha dejado hoy es demasiado buena. —Dice Omar al instante que pongo un pie en su oficina, estira la tarjeta hacia mí, ruedo los ojos antes de tomarla.
«Siempre tan directo.»
—No entiendo que quiere de mí —Digo, porque es totalmente cierto, porque he devuelto más de una vez sus regalos y sigue insistiendo—, ni siquiera sé porque se molesta en dejarme regalitos caros contigo.
—Lo que muchos desean de ti Carter, una noche en tu cama. Incluso yo he querido acostarme contigo, pero te respeto y estaría mal por mi parte hacerlo.
Niego con la cabeza con una pequeña sonrisa indignada plasmada en los labios, Omar sabe, por sobre todas las cosas que no podría acostarme con él, no cuando ha sido y lo he visto como un padre desde alrededor de tres años—. Tengo necesidades, pero no llegan a tal extremo y lo sabes. —respondo con timidez.
— ¿Te han aceptado en alguna empresa? —Pregunta, y agradezco que haya cambiado el hilo de la conversación.
—He recibido algunas cartas, aun no las he abierto todas pero, al llegar a casa será lo primero que haré.
—Muy bien Carter, por favor, si fuiste aceptado llámame, me dejarías más tranquilo.
—Claro que lo haré —Sonrío y agito el sobre en el aire—. Nos vemos la próxima semana Omar.
Una vez fuera de su despacho y acercándome la salida del establecimiento me dispongo a abrir la pequeña tarjeta y leer su contenido, una de ellas se cae al suelo, rápidamente me pongo de cuclillas para recogerlo, lo observo a detalle, mi cara ha de ser digna de una fotografía en estos momentos, deberían convertirla en poema una vez pongo mi vista sobre y observo los jeroglíficos.
"l'erotismo dell'uomo è legata alle vostre azioni, le tue labbra sono chi incita al peccato e mi prendo il possesso di voi."
Un suspiro irritado escapa de mis labios al imaginar la clase de sandeces que podrían estar escritas en el papel, vuelvo a meter al sobre la tarjeta, tomo la otra y observo lo que ha de ser la traducción:
"Ansió separar sus piernas, generar sensaciones en su cuerpo y hacerlo delirar de pasión. Entrégate a mí, sé mi esclavo"
N.Ds
Reprimo las ganas de carcajearme ante tal declaración, a mi parecer lo único erótico del acto es la perfecta caligrafía con que está escrita aquella frase. Pero nada más aparte de eso. Guardo nuevamente la nota en el bolso antes de ponerme en pie y salir por la puerta trasera del establecimiento con rumbo a casa.
A lo lejos se pueden divisar las imponentes letras de la nueva empresa donde trabajaría. Aun no puedo creer lo afortunado que era, había mandado cartas por doquier para por fin empezar a pagar las prácticas universitarias, y había enviado una, riéndome de mí mismo, creyéndome ingenuo por aspirar tan alto. Grata fue la sorpresa al recibir una carta de aceptación por parte del presidente de Seller's Enterprise, anunciando mi entrada para el oficio de asistente personal.
Corro por las atestadas calles londinenses con un pequeño maletín y el traje más decente que podía pagar. Llegaría tarde al primer día de trabajo y era un lujo que no podía darme. ¿El motivo? Mama, la mujer que me dio la vida, luchó por mi todos estos años y ahora necesita ayuda médica para combatir la enfermedad que la carcome.
Media hora de trayecto en el transporte público al fin había llegado a mi destino, entrando por las puertas de cristal azulejo, arreglando un poco el traje y saludando de un formal "Buenos días" a cualquier persona que se atravesará por mi camino rumbo al ascensor. Una vez dentro, inhalo y exhalo sonoramente varias veces tratando de deshacer el nudo de nerviosismo que se ha instalado en mi cuerpo, finalmente, oprimo el numero 56, piso donde a partir de ahora trabajaría los próximos tres meses, siendo el asistente personal de Nichollas Da silva.
—Buenos días, supongo que usted es el nuevo becario. —Afirma una rubia estudiando a detalle cada cosa sobre mí, sonriendo satisfecha después de un breve escaneo—Por favor sígame, el señor Da silva lo atenderá en un momento.
Camino detrás de la... ¿Cómo podría denominarla? Limpia señorita, todo en ella irradia seguridad, desde su porte hasta su caminar es totalmente elegante. Algo que realmente envidio, pues lo único que se escucha en este momento por el pasillo son mis torpes pasos rumbo al despacho del señor Da silva, la chica hace una seña con su mano después de tocar la puerta y escuchar un leve "siga" se retira dejándome solo detrás de las puertas a lo que sería un nuevo imperio.
Tomo una inspiración profunda y agito mis manos al aire antes de empujar la puerta y adentrarme en aquella oficina que, a simple vista, es más grande que aquello a lo que podría denominar como un "hogar". De espaldas, observando por los ventanales el Tower Bridge, el presidente ejecutivo de S.E observa el reloj a su izquierda y murmura "Dos minutos tarde".
—La puntualidad de un hombre es su arma más letal y al parecer un simple becado no conoce su significado. —Dice, al momento de girarse completamente, un jadeo de horro es capa de mis labios, la sangre se acopla en mis pies inmovilizándome, dejándome frío ante su imagen, es Mr. regalitos caros. Dejando ver su alta e impotente figura— ¿Por qué se encuentra aquí?
—Bueno, para el puesto de becario —Respondo, despabilándome del pequeño transe en el que he entrado y, dándome cuenta de lo pobre e insostenible del argumento y, tratando rápidamente de corregirlo —usted me contrató para pagar mis prácticas como becario y aparte de eso para pagar algunas cosas. —digo jugando con la correa del maletín.
—Lo contrate porque según mi hermana tiene potencial señor Carter, no acepto errores de ningún tipo así que cuide cada una de las acciones que realice dentro de esta empresa. —Dice, sin inmutarse y regalándome una de sus sonrisas más arrogantes, aquellas que dejan en claro su lugar "soy el rey de un imperio" — ¿Qué experiencias laborales posee, señor Rowling?
—Estuve varios meses trabajando en una biblioteca, también trabajé en un Mc Donald's como cajero —El sonido ronco de su risa hace que se detenga de golpe. — ¿Se está burlando de mí? —preguntó, y quiero golpearme porque mi vosz ha salido inestable y temerosa, aun así, hago acopio de todo mi orgullo y, trato de sostenerle la mirada.
—No tengo el tiempo necesario para perderlo en algo tan banal como usted. Por ahora, su trabajo es muy sencillo, empezaremos con traerme el café a primera hora y revisar algunos contratos, estará a cargo de recibir mis llamadas, agendar mis citas, viajes y la organización de diversos proyectos. También tiene que saber que, habrá ocasiones donde tendrá que venir conmigo a mi departamento. ¿Alguna duda?
¿Dudas? Por supuesto, quiero preguntarle porque ha insistido tanto en darme regalos de alto costo –Regalos que le he devuelto por supuesto-, preguntarle si acaso mi puesto se debe a que sabe quién soy, aunque sería algo ilógico, si lo supiera seguro ya se hubiera abalanzado sobre mí, quiero tirarle el cesto de basura a mi lado por mirarme de la forma en que lo hace y, quiero rezar para que –Si ya no lo ha hecho- no me reconozca.
Su mirada -fría e intimidante- hace que todo mi cuerpo se estremezca, porque es una mirada completamente distinta a la que utiliza cuando me ve bailar, porque ahora me mira con impaciencia porque me he quedado mirándolo como un idiota, porque ahora me observa de tal manera que puedo sentir como trata de buscar en los lugares más recónditos de mi alma, aquellos lugares que hoy solo albergan cicatrices.
—No señor, ¿Dónde estará mi puesto de trabajo? —Respondo finalmente, sin apartar la mirada de la suya, no quisiera lucir intimidado a pesar de estarlo hasta la mierda, no quiero que se dé cuenta que me tiene en la palma de su mano.
—Tu oficina quedara justo fuera de mi despacho, cuando termines tu jornada laboral ven y entrégame el trabajo, lo revisare y una vez este todo listo podrás largarte. Ahora fuera de mi despacho. —dice, acomodando su perfecto traje y haciendo un ademan hacia la puerta.
A pasos vacilantes me retiró de la oficina del señor Da silva, respirando tranquilamente al saber que no me reconoció y encontrando, al salir con un pequeño escritorio lo suficientemente espacioso para poner un portátil, un teléfono inalámbrico y con suerte un vaso con agua. Suspiro y tomo asiento en lo que ahora sería mi puesto de trabajo.
El día transcurre con total normalidad, pequeñas tareas son asignadas, las cuales hago sin ningún tipo de inconveniente o retraso, haciendo lo posible por entregarlas a tiempo. Son las seis menos cuarto de la tarde y ya tengo todo listo para entregárselo al señor Da silva, me pongo de pie, acomodando el molesto pantalón que se ha quedado adherido a mis piernas y tomando la carpeta entre mis manos me aproximó a su oficina y dando unos leves golpes en su puerta antes de abrirla por completo, ingreso en completo silencio y se acerco a su escritorio, todo esto bajo su atenta y oscura mirada.
Puedo sentir como la mirada del señor Nick me recorre de pies a cabeza, observando mi cuerpo, escaneando cada detalle de mi figura, sin ningún tipo de pudor o respeto. Siento como si quisiera recordar donde o en qué lugar me había divisado anteriormente. Pongo carpeta sobre su escritorio y me quedo de pie aquí, esperando algún comentario sarcástico u humillante de su parte, pero nada llega.
Finalmente, abre uno de los cajones de su escritorio y saca un encendedor de allí, "¿Va a fumar?" me pregunto mentalmente, pero no, el encendedor no es, ni de cera, para encender un cigarro. Tomando los informes valorativos y acercándolos al fuego puedo darme cuenta de sus intenciones, estoy a punto de acercarme y arrebatárselos antes de que dañe mi trabajo, pero una simple mirada de advertencia de su parte me detiene, observo como les prende fuego y con la llama que desprendían estos si encendió su cigarro, dando una calada y expulsando el humo con una sonrisa divertida y siniestra en sus labios.
—No podrás salir de aquí hasta que me entregues los informes valorativos. —dice, con aire de superioridad.
—Señor, eran los que predio fuego. —Respondo con cautela viéndome como un completo idiota.
— ¿Tengo cara de que me importe? No saldrás de aquí hasta que los informes vuelvan a estar sobre mi escritorio. —Se pone de pie e instintivamente yo retrocedo, se acerca con pasos suaves pero firmes hacia donde me encuentro, aun así elevo el mentón para observar sus facciones, toscas pero masculinas, la palma de mi mano arde ante el deseo de pasarla por su incipiente barba, pero me obligo a mandar esos pensamientos a lo más lejano de mi mente. Me toma por los hombros y se acerca, tanto, que puedo sentir su respiración muy cerca de mis labios, tanto, que por un estúpido momento creo que va a atreverse a besarme. —Debería darse prisa, el transporte público no circula a altas horas de la noche.
Vuelve a tomar su postura firme dejándome frente a su torso y el aroma embriagante de su loción, se despide de un asentimiento y sale de la oficina. Suspiro y cierro los ojos, arrogante y endiosado hijo de perra. Mi vista recorre toda la estancia, su escritorio, el gran librero de toda una pared a un costado, frente a mí, los grandes ventanales que dan una perfecta vista del Tower Bridge, todo es tan absurdamente grande que incomoda.
Me acerco a la librería y empiezo a escanear cada uno de los grandes y antiguos libros que hacen parte de este lugar, preguntándome si realmente Nichollas se ha tomado el tiempo de leer alguno de ellos. Sigo mi recorrido y me detengo, deslumbrado ante uno de ellos en especial que ha llamado mi atención, es un manuscrito de The murder of Roger Ackroyd, siempre quise leer el libro completo, pero en las bibliotecas solo encuentran las adaptaciones al siglo XXI, muerdo mi labio inferior, tentado a agarrarlo entre mis manos y perderme entre las líneas, finalmente tomo el libro y rápidamente salgo de la oficina con una sonrisa plasmada en los labios. "No creo que Nichollas se moleste por tomar un libro del cual probablemente no sepa de su existencia".
Vuelvo a tomar asiento en el pequeño escritorio, todo a mí alrededor se encuentra en completo silencio, son las 7:26 de la tarde y esta planta del edificio se encuentra vacía, "Al igual que las otras, genio". Enciendo el Mac y me dirijo a YouTube, tomó los audífonos de mi bolsillo y los conecto al computador, la voz de Lana del Rey inundo cada uno de sus sentidos y me dispongo, nuevamente, a comenzar a redactar los informes valorativos de este mes.
La posición en la que me encuentro, no es, ni de cerca las más cómoda, me he deshecho de la corbata, mi saco yace en la parte trasera del asiento y yo, estoy sentado en el suelo con la Mac entre mis piernas y apoyado contra la pared, me duele el cuello y algunas de mis extremidades se sienten entumidas, me levanto y estiro mis músculos, antes de frotar mis ojos y volver a sentarme a seguir tecleando en el computador.
A eso de las nueve de la noche por fin estaba imprimiendo nuevamente los informes para llevarlos de nuevo a la oficina de mi jefe, dejándolos acomodados en su escritorio, las tenues luces que se filtraban por los ventanales creaban un espacio perfecto para la lectura así que, aquí, de pie en medio de la estancia abro y leo las primeras páginas del libro, quisiera sentarme, pero no haré eso ni de chiste, sería una falta de respeto invadir su espacio personal. Siempre he visto la lectura como una joya, pues ha sido la única manera que poseo a veces para transportarse a diferentes lugares y descubrir nuevas sensaciones y, a veces, para escapar de la realidad. Y, a pesar de querer llevarme el libro a casa y leerlo hasta la madrugada me veo obligado a devolverlo a su sitio.
Lo último que quisiera es que me vieran como un ladrón.
Cierro las puertas de su oficina, apago los computadores y las luces, subo al elevador y observo la hora en mi teléfono: 9:52 pm, un suspiro irritado escapa desde lo más profundo de mi ser, a esta hora es más que imposible conseguir transporte público, y el pagar un taxi hasta casa no es algo rentable, tendría que caminar hasta allí, sería la primera vez que lo hiciera desde un lugar tan retirado, pero probablemente no sería la última.
Una vez fuera del edificio el frío aire de Londres impacta contra mi cuerpo, obligándome a abrazarme a mí mismo para conservar un poco de calor corporal, empezó a caminar rumbo a casa. Dos calles después un auto se detuvo a su costado, no le tomo importancia pues justo aquí hay una pastelería, sin más sigo caminando tranquilamente, tarareando una canción de la cual no recuerdo el nombre, atrás de mí se puede sentir el golpe seco de la puerta siendo cerrada, detengo los pasos, la curiosidad, más que el miedo gana terreno en mi sistema así que vuelvo la mirada para ver si el hombre necesita algo.
— ¿Señor Rowling? —Pregunta el hombre que acaba de descender del vehículo.
—Sí señor, soy yo. ¿Necesita algo? —El hombre se acerca y extiende su mano hacia aquí, la estrecho y espero pacientemente a que hable.
—Tengo órdenes de llevarlo a su casa, acompáñeme por favor.
¿Quién podría darle órdenes a él?
—Emm... Lo siento, no tengo dinero suficiente para pagarle y no se lo tome a mal —aclaró rápidamente, tratando de evitar problemas—, pero además usted es un desconocido.
—El señor Da silva me ha mandado a pasar por usted y llevarlo a su hogar, además está haciendo frío y una fuerte lluvia esta próxima a caer. Por favor acompáñeme señor Rowling, al señor Nichollas no le gustara saber que ha negado su exigencia.
Exigencia. Me estaba exigiendo que me fuera con un completo desconocido a casa, bueno, era lo mínimo que un déspota e intransigente podía hacer por hacerme quedar horas extra en su oficina el primer día de trabajo. Finalmente, luego de dudarlo unos instantes, subo al auto junto con el amable hombre, todo dentro es tan limpio que a una parte de mi siente miedo de ensuciar alguna parte de este, emprendemos el viaje a casa, durante el camino pude conocer un poco mejor al hombre cuyo nombre es Thomas, quien tiene una hija de 7 años, su esposa falleció al momento del parto, lleva 18 años trabajando para la familia de Nichollas y lo considera como un hijo.
El silencio y vacío de la casa es ensordecedor y agobiante, desde que internaron a mama todo ha ido en decadencia, desde mi salud hasta la de ella, hago a un lado los malos pensamientos y me dispongo a preparar algo para mi cena, acomodo el traje para usarlo mañana y, finalmente tomo un baño antes de dirigirme a mi habitación, donde en medio de la soledad y la tristeza derramo algunas lágrimas en silencio, observando la fotografía de su hermana y deseando que alguien estuviera allí para calmarme, protegerme, pero no, personas como yo no tenemos a nadie.
~°~
¡Hola chicos y chicas! espero se encuentren muy bien, aquí les traigo -Nuevamente- el primer capítulo de EDT, he decidido pasarlo a primera persona pues siento que me desenvuelvo mejor de esa manera. Espero que les guste.
—Migue.