Iban camino a Soho para dejar a Emma en casa de su amiga y ésta iba demasiado entretenida en su celular sonriendo. Alex iba de la misma forma y Olivia miraba hacia la ventana. Un nudo se le había instalado en la garganta y tenía el presentimiento que no saldría todo como quería esa noche.
—No pueden creer que seas mi mamá. Así de impactante estás —comentó mostrando su celular.
—¿De qué hablas?
—De las fotos que les tomé antes de salir. Las subí a mi instagram y ya tienen como 500 likes.
—¿Hiciste qué? —preguntó Alex riendo y moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Sólo pedí que dieran su opinión sobre que tal se veían —sonrió inocente—. Algunos del salón quieren presentarles a sus padres. Claro que ellos quisieran presentarse pero se conforman con que sus padres salgan con ustedes.
—No empieces Emm.
—Tienen mas likes que mis fotos...
Llegaron al edificio donde vivían Anne y Charlie. Éstas las esperaban en la recepción del edificio, junto con Lucy, la otra amiga de Emma, que también había llegado. Olivia bajó del auto y estas se quedaron enamoradas de su vestido, su maquillaje, peinado, en fin, de ella.
Hablaron unos pocos minutos sobre la hora en que Anne dejaría a las chicas en sus respectivas casas al día siguiente y se fueron rumbo a la recepción en el hotel Four Seasons, una de los mejores hoteles de la ciudad, donde se estaba llevando a cabo la gala benéfica.
—¿Te quedarás ahí toda la noche? —preguntó Alex ya que el chofer del uber había estacionado hace unos minutos, ella ya había bajado del auto y Liv seguía viendo un punto en la nada.
—No sería mala idea.
Alex rió.
—Vamos Capitana, deja la cobardía a un lado —alzó una ceja al mirarla—. Si está aburrida e insufrible la gala nos vamos antes.
—Bien. No me queda de otra. Nadie me manda a mudarme antes de la estúpida fiesta esta —renegó, tomó su cartera de mano plateada y bajó del auto.
Entraron juntas al lugar y todas las miradas se fueron sobre ellas. Fin fue el primero en acercarse a ellas a saludarlas y a decirles lo hermosas que lucían. Luego un par de colegas de Alex se acercaron y ella aprovechó para presentarles a la nueva Capitana de Víctimas Especiales, la unidad que nunca pudo dejar de lado a pesar de ser ascendida.
Alex se separó de Olivia minutos después de llegar ya que se reunió con algunos fiscales de otras unidades de la ciudad que estaban a su cargo y algunos colegas de la fiscalía. Fin había regresado al lado de Amanda y Carisi que también estaban en la gala. Estos saludaron a su Capitana y no dejaron de decirle lo hermosa que estaba, con el respeto que se debía ya que aún no tenían la suficiente confianza y seguía siendo su superior.
Ya llevaba una hora en la fiesta y Olivia no había visto a Elliot por ningún lado. Trató de integrarse con los demás pero no se encontraba de ánimos para socializar, no dejaba de pensar en él. Por un lado agradecía que no hubiera ido y por el otro se entristeció al pensar que no lo vería esa noche. Se quitó rápidamente esos pensamientos cuando escuchó una voz llamándola detrás de ella.
—Está bellísima, Olivia —sonrió Dodds—. Buenas noches.
—Buenas noche, Jefe —trató de devolverle la sonrisa pero se sintió bastante incómoda al sentir la mirada de él sobre ella—. Muchas gracias.
—Creí que ya no vendría —comentó ya que hace un par de horas que quería hablar con ella pero sobre todo verla.
—Tuve que ir a dejar a mi hija en casa de una... —paró al darse cuenta que daba mucha información—. Me retrasé un poco pero ya estoy aquí. ¿Necesitaba algo de mí?
—Sí. Quiero presentarle al Alcalde y a otros funcionarios —tendió su brazo para que ella lo tomara—. ¿Me acompaña?
—Por supuesto —fingió una sonrisa y tomó su brazo. Para nada le agradaba la idea que su nuevo jefe la presentara como su nuevo trofeo traído de Chicago. Además la mirada de él la empezaba a poner nerviosa.
Elliot estaba a un par de metros de ellos observando a Olivia. Desde que llegó intentaba acercarse a ella en un momento en el que estuviera sola pero no había podido. Más de uno se le había acercado a presentarse y a darle la bienvenida a la ciudad. Él quería quitárselos de encima y llevársela de ahí para que nadie más la viera pero se estaba controlando, no tenía derecho alguno sobre ella.
Dodds y Olivia caminaron hacia un grupo de hombres que conversaban amenamente con un vaso de whisky en sus manos. La presentó con cada uno de ellos como "la nueva y bellísima Capitana de Víctimas Especiales" lo que la hacía sentir más fuera de lugar. Al parecer se había encargado de hablar muy bien de ella con todos porque no dejaron de alabarla y decir lo ansiosos que estaban por conocerla.
—Por fin nos volvemos a ver, Olivia. Que gusto tenerla de nuevo en la ciudad.
—El gusto es mío, Alcalde —sonrió muy amable ante aquel hombre. Sin duda era una gran fiesta y ella una privilegiada al conocer a personas tan importantes pero ella sólo sentía que la empezaba a ahogar tener tantas miradas encima.
—Perdón ¿Se conocen? —preguntó Dodds sin aguantarse la curiosidad.
—Sí. Digamos que hace muchos años. Lamentablemente me cruce en una de sus investigaciones —ella negó con un movimiento de cabeza y se sonrojó. Había sido bastante dura con él. Nunca se imaginó que llegaría a ser alcalde de New York—. No lamenté haberme cruzado con usted, sólo con su investigación —le aclaró—. Créanme cuando les digo que es la mejor en su trabajo. La policía de Chicago perdió mucho al dejarla ir —añadió dirigiéndose al grupo de hombres con los que estaba.
—Sólo hago mi trabajo.
—¿Lo ven? —preguntó hacia ellos—. Aparte de talentosa en su trabajo y hermosa, es modesta.
Ella se logró escapar de la mirada de todos unas horas después. Lo que menos quería era llamar la atención y esa noche con ese vestido y con Dodds presentándola con todo el mundo no había podido hacer eso.
Elliot seguía hechizado con su belleza y seguía luchando con los celos que sentía porque no dejaban de verla. Él también se había llevado la mirada de más de una de las asistentes del evento pero la única que le importaba ni siquiera se acordaba que existía. Vestía un traje azul, una camisa celeste y una corbata del mismo color que el vestido de Olivia, era como si se hubieran puesto de acuerdo para ir combinados.
Olivia salió al jardín con un vaso de whisky en sus manos. Extrañaba tanto Chicago en esos momentos. Era una ciudad grande pero no hacían esos eventos tan glamurosos y menos la obligaban a asistir a lugares que no quería.
—Es hermoso aquí fuera —susurró alguien cerca de su oído y ella sintió su cuerpo temblar. "Esa voz" se dijo y cerró los ojos—, pero es mucho más hermoso si tú estás.
—Elliot —se giró tratando de ponerse lo más seria posible.
—Buenas noches, Liv. Por fin puedo encontrarte sola.
Caminó un poco lejos de ella hacia una pequeña fuente que había en aquel jardín para que ella lo siguiera y nadie pudiera verlos. Ella inconscientemente lo hizo y se paró frente a él que se había sentado en uno de los bancos que había fuera, también tenía en su mano un vaso de whisky.
—Te ves increíble.
—Ya deja de decir cosas así.
—Es la primera vez en toda la noche que te lo digo... aunque confieso haberlo pensado demasiado pero bien —resopló y no le quitó la mirada de encima—, igual es la verdad... me sigues pareciendo la más perfecta de toda la fiesta.
Ella le reviró los ojos y se cruzó de brazos.
—Muy buena elección con el vestido —comentó después de un largo silencio.
—A ti no te queda nada mal el traje —respondió y respiró profundo. No iba a dejar que sus palabras la pusieran nerviosa.
—Estamos muy... ¿combinados?
Le hizo señas y le suplicó con la mirada que se sentara a su lado. Olivia hizo trabajar su cerebro muy rápido. ¿Qué era mejor? ¿Sentarse al lado de Elliot o seguir siendo el centro de atención y el trofeo que Dodds les ganó a los de Chicago? Quedarse en el jardín no le pareció tan malo así que se sentó y dio un sorbo a su bebida.
Conversaron por horas sobre cosas sin importancia. Deportes. Comida. Personas. Hasta del clima hablaron. Todo entre risas, tal y como hace tantos años.
—Dodds está muy entusiasmado contigo —comentó al ver hacia dentro del hotel y verlo pasar. "Seguro la está buscando" pensó.
—¿A qué te refieres con eso? ¿Qué es lo que quieres decirme exactamente?
—Eso. Que está demasiado entusiasmado contigo. ¿Sabes que no le sonríe a nadie más en la estación?
—No insinúes tonterías, Elliot.
—Soy un hombre y sé distinguir como te mira.
—¿Cómo me mira? —inquirió empezando a molestarse—. ¡Dios! Me mira como me miran todos y si no fuera así pues tampoco es tu maldito problema —se puso de pie dispuesta a irse, no aguantaría una escenita de celos y menos de su parte.
—¡Sí! ¡Es mi maldito problema y lo sabes! —la tomó del brazo impidiendo que se vaya.
—¡No! No lo es. ¡Suéltame!
—Sí, es mi problema. Ya sabes lo que siento por ti.
—No empieces otra vez con tus tonterías —pidió molesta y logró soltarse de su agarre.
—No son tonterías —aseguró. Justo cuando empezaba a caminar lejos de él, la tomó del brazo y la pegó a su cuerpo—. Si fueran tonterías tu cuerpo no se estremecería cada vez que estamos así de cerca —susurró y posó una de sus manos en su espalda descubierta—. Si fueran tonterías tu corazón no latiría tan rápido cuando nuestros cuerpos se tocan.
Poco a poco eliminó toda la distancia que había entre sus labios y la besó. No como el beso que se habían dado hace un par de semanas, no, ese beso fue más apasionado y ella respondió con la misma pasión que él. Hacía que perdiera toda la voluntad con tan sólo respirar cerca de ella.
—Si fueran tonterías no corresponderías a mis besos —aseguró sobre sus labios y volvió a besarla.
Ella se separó de él y sin mirarlo ingresó nuevamente al hotel. Se fue directo al baño. Necesitaba alejarse de todos. No podían seguir las cosas así con Elliot. No iba a permitirle desbaratar su vida de nuevo.
Elliot ingresó después de unos minutos y se tomó un par de whiskys. La amaba y sabía que ella sentía algo por él pero las cosas no estaban funcionando. Intentaba acercarse pero había una barrera demasiado grande entre ellos puesta por Olivia.
—Estás jugando con fuego, Elliot.
—Lo que menos quiero es jugar.
—No la hagas sufrir. No lo arruines a tal punto que tenga que irse de nuevo.
—Fin... yo...
—No es tu intención —lo interrumpió serio. No quería meterse en la vida de sus amigos pero no quería verla sufrir. Apreciaba demasiado a Olivia.
—La amo.
—Por fin tienes los pantalones para decirlo en voz alta —dio una mirada rápida por toda la recepción buscándola pero no la encontró—. Haz las cosas bien con Liv.
Fin se alejó de él y lo dejó sumido en sus pensamientos. Era verdad. Ya una vez lo arruinó y fue el hombre más infeliz de todos al perderla. No permitiría que pasara lo mismo esta vez.
—Aquí estabas —murmuró Alex acercándose a Liv—. ¿Te encuentras bien?
—Estuviera mejor si no hubiera regresado a New York —terminó de beber su whisky y pidió uno más.
—¿Cuántos whiskys vas?
—No los estoy contando... creo que los suficientes como para no haberme largado a llorar a un rincón.
—¿Qué pasó?
—Amo al imbécil que quiere desbaratarme la vida por segunda vez —respiró profundo y bebió la mitad de su nuevo vaso de whisky—. Y no lo digo porque estoy ebria porque no lo estoy. ¡Ja! Ya quisiera yo estarlo por haber confirmado semejante estupidez pero ¡no! Hasta es mucho peor porque según dicen, todos los borrachos siempre dicen la verdad.
—¿Quieres irte?
Unos compañeros llamaron a Alex para presentarle a alguien. La fiesta empezaba recién y ella se había reencontrado con un antiguo amigo que había regresado a la ciudad y que era gran amigo del Alcalde.
—No. Te están llamando, Alex. No te preocupes por mí —suspiró—. Estaré bien... como siempre, estaré bien.
Se sentó en la barra lejos de todos y tratando de pasar desapercibida. Revisó su celular y Emma le había enviado algunos videos y notas de voz con sus amigas. Unos cantando y los otros pidiendo que se divirtiera.
"Divertirme. Si, claro. La estoy pasando espectacular. Salud por eso." se dijo.
Bailó unas cuentas canciones con Dodds y con el Alcalde que se había portado bastante bien con ella. También habló con unas cuantas personas más cuando lograba escaparse de la pista y decidió que era la hora se irse. Estaba cansada, agotada y con ganas de dormir una semana seguida o hasta que se le esfumaran esos estúpidos sentimientos por Elliot. Sentimientos que nunca habían desaparecido de su corazón y que salieron a la luz apenas sus labios volvieron a juntarse con los de él.
—Perdón —susurró cerca de su oído—. Perdón por odiar que otros hombres te miren o tan siquiera respiren cerca de ti pero no puedo evitarlo —respiró profundo y se acercó un poco más a ella—. Perdón por hacerte sufrir... porque es lo que menos quiero en mi vida. Perdón por ser tan... cobarde. Perdón por no tener los pantalones de decir que te amo hace tantos años. Perdón por no estar cuando debí estar. Perdón por no hacer lo que debí haber hecho —le estaba hablando con su corazón. Estaba desesperado por no poder tenerla cerca y era lo mejor que se le había ocurrido. No recordaba haberle perdido perdón por su actitud tan cobarde de hace tantos años—. Perdón por echar a perder algo tan hermoso que había entre los dos. Perdón por no elegir nuestro amor. Perdón...
Olivia soltó un par de lágrimas al escucharlo decir todo eso.
—¡Vámonos! —dijo casi sin pensarlo. Vio hacia todos los lados y no era un buen lugar para conversar de ellos—. Quiero que estemos a solas. Vamos a tu casa —añadió luego de un largo silencio. Los vasos de whisky que se tomó durante toda la noche le habían hecho peor de lo que esperaba.
Salieron de la gala sin fijarse en absolutamente nadie. Los dos necesitaban estar a solas. Necesitaban exteriorizar todo lo que sentían y las bebidas de la noche estaban haciendo posible eso.
Elliot se estacionó frente a su edificio y ella bajó del auto sin que él le dijera palabra alguna. Estaba en automático. No pensaba. Había bloqueado su cerebro y decido que esa noche no quería pensar en nada.
—¿Quieres un café?
—¿No tienes algo más fuerte? —preguntó recorriendo la sala de su departamento. Era algo más pequeño que el suyo pero era acogedor—. Un whisky por ejemplo.
—¿No crees que tomaste suficiente?
—Yo decidiré cuánto es suficiente.
Sirvió dos vasos de whisky y se sentó en el sofá, esperando por ella. Lo imitó y se sentó junto a él. Tomó la bebida que Elliot le había servido de un sólo trago.
—Liv... todo lo que dije es verdad. Yo te...
Ella no soportaría un "te amo" más salir de su boca por esa noche. Se sentó a horcajadas sobre él como pudo debido a aquel vestido que llevaba. No estaba ebria todavía y el alcohol sólo le estaba dando el valor para poder recordar en paz cómo se sentían sus labios sobre los de ella. Quería recordar cómo se sentía su piel sobre la de ella. Sus labios sobre su cuerpo. Ansiaba recordar y revivir todo lo que le había hecho sentir hace tantos años sin importar los arrepentimientos del mañana.
—Liv —la separó un poco de él y ella volvió a atrapar sus labios con los suyos—. Liv, ¿qué... qué haces? —preguntó al sentir sus manos quitar su corbata y empezar a desabotonar su camisa.
—¿Qué... es... lo... que... parece... que... hago? —preguntó y en cada pausa besaba su cuello.
Elliot estaba perdido en sus besos y sus caricias pero todavía le quedaba un poco de cordura. Ella había bebido mucho, no estaba ebria pero tampoco estaba del todo sobria así que no se quería aprovechar de la situación.
—Deberíamos hablar.
—¿Me trajiste aquí para hablar? —susurró cerca de su oído y mordió su lóbulo—. No lo creo.
—No quiero que mañana te arrep...
—¡Shhhh! —puso su dedo índice sobre sus labios—. Sólo cállate, Elliot. Cállate y bésame...
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Buenas noches!!! No iba a actualizar hoy pero como Yas y Ale tuitearon (Yas sigue tuiteando) a Mariska y a Chris para que me digan feliz cumpleaños creo que actualizar es mi señal de agradecimiento aunque ninguno de los dos me de bola.
Quier agradecerles otra vez por todo lo lindo que comentan sobre lo que escribo. En serio me suben mil el autoestima y si escribo es porque a uds les gusta si no ni me apareciera por acá.
Chicas este cap va para uds ♡♡♡
Sweet