Lo Daría Todo

By LucianaGM

13.1K 754 191

Linda Phelps es una adolescente que cumplía los dieciocho cuando su novio, siendo dos años menor que ella, de... More

Sinopsis
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

Capítulo 11

441 38 8
By LucianaGM

Max terminó de subir los escalones y se adentró por el angosto pasillo. Incluso desde a esa altura podía escuchar la música y los murmullos provenir del departamento de Linda. Se plantó frente a la puerta y respiró hondo antes de levantar la mano y tocar con los nudillos. Sintió como las voces cesaban, y luego unos pasos acercarse. La puerta se abrió y la figura de un hombre de compostura alta apareció.

—Hola —dijo él, mirándolo de arriba abajo y frunciéndole el ceño—. ¿Quién eres?

Max, que se había quedado perplejo desde un principio mirando al niño que dormía plácidamente entre los brazos del hombre, no fue capaz de reaccionar hasta que lo escuchó hablar otra vez.

—¿Y bien? —insistió él con voz más dura, impaciente.

—Emmm —Max carraspeó—. La verdad es que venía por Linda, ¿Está ella por aquí?

—Sí, pero está ocupada. —dijo receloso, luego le entrecerró los ojos—. ¿Tú eres Max?

Max se tensó.

—Sí.

El semblante de él se endureció.

—Lárgate.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste. Linda no quiere volver a verte y si regresas yo mismo me encargaré de...

—¿Anton?

Una voz suave y femenina sonó desde el interior del departamento, que poco a poco fue oyéndose cada vez más cerca.

—¿Anton, por qué tardas tanto?, ¿Quién es la persona que...? —Linda enmudeció de golpe al abrir más la puerta y plantarse a un lado de Anton. Iba vestida sencilla, con unos vaqueros oscuros y tenis gastados. Traía un delantal de cocina amarrado a la cintura y la sudadera arremangada.

—Lo siento, muñeca. Estaba devolviendo a este idiota por donde vino.

—Eh —de pronto Max alzó la voz, frunciéndole el ceño y enderezándose en toda su altura frente a él—. Vigila el tono de tu voz, imbécil.

—¿Cómo me has dicho? —dijo Anton furioso.

Linda se alarmó y rápidamente retuvo a Anton del brazo al ver que hacía ademán de acercarse a Max.

—Bueno, Anton, ¿Por qué no regresas al departamento con los niños mientras me quedo hablando con Max un rato?

—¿Qué? —Anton la miró como si estuviese loca—. Linda, ¿Hablas en serio?

—Sí —dijo seria—. Y hazme el favor de acostar a Curt de una vez por todas, son más de las once y el pobre ya debería de estar en la cama hace rato.

Anton se la quedó mirando, pero asintió a regañadientes.

—Como quieras. Llámame si necesitas cualquier cosa —y tras echarle una última mirada de advertencia a Max, se giró y desapareció dentro del departamento.

Linda suspiró, pasándose una mano por la cara y cruzándose de brazos antes de mirar a Max.

—¿Qué haces aquí? Pensé que había sido clara la última vez que te dije que no quería volverte a ver en mi departamento.

—Linda, por favor. He tratado de comunicarte contigo pero ni caso haces de mis llamadas. Dime, ¿De qué otra forma podría verte?

Ella no dijo nada. Max suspiró y se agachó para recoger algo del suelo.

—He traído algo para tu hermana.

—¿Cómo?

Linda jadeó cuando lo vio alzar una jaula transportable, y al ver mejor a través de la rejilla, pudo apreciar el pequeño cachorro que había en su interior.

—Max —dijo despacio, mirándolo con los ojos abiertos como platos—. ¿Por qué?

—Bueno, tu hermana aún no tiene a una perrita como regalo de cumpleaños y pensé en darle una personalmente.

—¿Cómo estás tan seguro de eso?

—¿A caso me equivoco?

Ella le entrecerró los ojos.

—Estás tratando de manipularme.

—No. Sólo estoy tratando de pedirte disculpas. ¿Me permites ver a tu hermana? Por favor.

Linda se lo quedó mirando, hasta que finalmente suspiró y se hizo a un lado para permitirle la entrada.

—Pasa.

—Gracias.

Al entrar, lo primero que le llamó la atención a Max fue la decoración. Había globos que colgaban en distintos puntos altos de toda la sala de estar junto con un enorme cartel que decía "FELIZ CUMPLEAÑOS". Vio también que alguien estaba barriendo el suelo, y dedujo que la celebración ya había terminado y que estaban limpiando antes de que él llegara.

—Hola. —dijo hacia el muchacho que permanecía de espaldas hacia él.

Al voltearse, Max se encontró con unos ojos grises iguales a los de Linda, que se lo quedaron mirando extrañados, pero curiosos.

—Hola —dijo el chico después de unos instantes—. Uhm, ¿Eres amigo de Linda?

Linda intervino en la conversación a un lado de Max.

—Nolan, él es Max, un viejo amigo. Y Max, él es Nolan, mi pequeño hermano.

—¿Eres Max? —de pronto Nolan pareció entre sorprendido y encantado al mismo tiempo. Dejó la escoba apoyada contra la pared y se acercó hasta quedar frente a él—. ¿Tú fuiste el que me regaló la guitarra?

Max sonrió.

—Sí, fui yo.

—¡Wow!, —exclamó energético— ¡Cuando vi la guitarra frente a mis ojos no lo podía creer!, El mejor regalo de mi maldita vida.

—Esa boca —el tono de Linda era de advertencia.

—Lo siento, pero es que... ¿Por qué darme una guitarra, si ni siquiera me conoces? —preguntó esta vez con curiosidad.

Linda miró a Max para ver su reacción, porque esa era una pregunta que le interesaba mucho saber la respuesta.

Él se encogió de hombros sin dejar de sonreír.

—Digamos que fue un gesto que simplemente me nació al escuchar a Linda hablarme de ti.

—Vaya. Ha sido más de lo que alguna vez imaginé poder tener —dijo, mirándolo con ojos brillantes. Después miró la jaula transportable que estaba en el suelo—. Uhm, ¿Qué traes ahí?, ¿Y por qué se mueve?

—Este es un regalo que traje para tu hermana, pero no la veo por ningún lado.

—Está en el dormitorio ordenando, pero ya mismo voy por ella.

Al instante que Nolan se giró yendo hacia el dormitorio, Linda se dirigió hacia Max, hablándole con voz suave, pero que demostraba autoridad:

—Max, por favor, procura ser prudente con Chloe. Ha estado un poco triste porque no logré conseguirle su regalo a tiempo.

—Descuida, todo saldrá bien. Confía en mí.

Linda sólo asintió, aunque seguía estando intranquila, y respiró hondo cuando divisó a Chloe entrar a la sala de estar con su hermano siguiéndola por detrás.

—Hola —dijo Max cautelosamente, enterrando sus ojos pardos en la mirada grisácea de ella—. ¿Tú eres Chloe?

—Sí —respondió tímidamente—. ¿Y tú?

—Yo soy Max.

—¿Eres el hombre que le regaló la guitarra a Nolan?

—Sí. Linda me ha hablado mucho de ti, y déjame decirte que eres más hermosa en persona de lo que me imaginé.

Chloe se ruborizó ligeramente, pero no dijo nada.

—He traído algo para ti.

—¿Para mí? —sus ojos bajaron hasta la jaula transportable y frunció levemente el ceño—. ¿Qué hay ahí dentro?

—Acércate.

Ella se acercó, aunque dubitativa, y permaneció de pie frente a él mientras lo veía agacharse y abrir la puerta de rejilla de la jaula transportable. Unos instantes después, un pequeño cachorro salió del interior, avanzando con pasos lentos y torpes.

—¡Oh, Dios mío!, ¡Es un perrito! —Chloe se arrodilló en el suelo y se estiró para acariciarle la pequeña cabeza.

—Es ella —comentó Max, observándola sonriente como derrochaba felicidad.

—¡Es adorable! —exclamó emocionada—. ¿Cuál es su nombre?

—Puedes escogerle el nombre que tú quieras.

Chloe alzó la mirada hacia Max, con la interrogativa reflejada en sus ojos.

—¿Qué?

Él se colocó en cuclillas a su lado.

—Chloe, soy veterinario, y en cuanto tu hermana me contó lo mucho que significaba para ti tener una perrita no dudé ni un segundo que ésta pequeña es para ti —estiró la mano para acariciarle el lomo al cachorro—. Trabajo como voluntariado en una asociación de animales y con mi equipo tomamos el caso de Destiny, una perra preñada que parió a la orilla de la calle. Rápidamente la cogimos a ella y a todos sus cachorros por el peligro a que fuesen atropellados en cualquier momento.

Se tomó un segundo para reflexionar, pero al verla que lo observaba con tanta atención, continuó en seguida.

—La madre y los cachorros fueron cuidados y regalados a distintas familias cuando cumplieron los tres meses. Excepto esta pequeña, ¿Y sabes por qué?

—Porque es hembra —susurró.

—Exacto. Por eso estoy más que convencido de que esta perrita es para ti, porque por tu manera de pensar y ver lo que otros no, sé que estará en buenas manos.

—¿Entonces es mía? —dijo con voz trémula.

—Solamente si me prometes que la cuidarás y amarás con todo tu corazón.

—Lo prometo —dijo volviéndose a la perrita, que ya comenzaba a agarrar más confianza con ella al acercársele con ganas de jugar.

Mientras tanto, Linda se alejó silenciosamente para sentarse en el sillón de la sala de estar, porque las piernas le temblaban tanto que tuvo que buscar apoyo para no caerse. Permaneció ahí, tomando bocanadas grandes de aire para normalizar el latido presuroso de su corazón mientras oía a sus hermanos seguir conversando con Max, hasta que Anton entró desde el pasillo que daba acceso hacia los dormitorios y entonces se levantó, casi de forma automática.

—Anton —dijo ella acercándose—. ¿Acostaste a Curt?

—Sí. Se había despertado y tuve que leerle para que conciliara el sueño, pero ya está durmiendo —tras quedársela mirando detenidamente unos segundos, frunció el ceño—. Linda, estás pálida. ¿Te sientes bien?

—Sí, sí. No lo sé, ha de ser el cambio de temperatura —susurró—. ¿Ya te vas al trabajo? —preguntó al notar que se había cambiado de ropa, dejando a un lado la vestimenta sencilla por algo formal de terno y corbata.

—Sí. Ya sabes, por cualquier cosa que ocurra sólo llámame, ¿Si? —se inclinó para besarle en la frente y después acercó los labios a su oreja, diciendo en voz baja: — ¿Hasta qué hora piensas mantener a ese idiota en el departamento?

—Anton —suspiró—. Por favor, yo sé lo que hago.

—¿Segura?

—Sí.

—Bien —le plantó un rápido beso en la mejilla antes de separarse, y esta vez no pudo evitar sonreír con satisfacción al distinguir el fruncimiento de cejas que Max hacía a su dirección—. Buenas noches, chicos. Los quiero.

—¡Adiós! —dijeron los mellizos al unísono, demasiados distraídos con la perrita como para prestarle mayor atención.

Anton puso los ojos en blanco y salió del departamento cerrando la puerta con un golpe seco.

Linda suspiró, y al volverse, observó que Max la miraba fijamente.

—¿Todo bien? —preguntó él.

—Sí, ¿Por qué?

—Por nada.

Ella se mordió el labio y se dirigió hacia la cocina para sacarse el delantal y dejarlo en su lugar, consciente de que Max se había levantado del suelo para seguirla.

—¿Quieres un trozo de pastel? —le ofreció Linda, rindiéndose a la idea de que era imposible alejarse de él dentro de su propio departamento.

—Eso suena bien —dijo, sentándose en una de las sillas despegables frente a la encimera sin quitarle los ojos de encima.

Linda abrió la nevera y se inclinó para sacar medio pastel. Lo dejó contra el mesón y cortó un trozo antes de devolverlo a la nevera.

—Gracias —dijo Max cuando le dejó el plato servido frente suyo.

Linda se sentó y lo miró, ansiosa por ver su reacción al probar del pastel.

Max cogió el tenedor y se llevó un pequeño trozo a la boca, sus cejas disparándose hacia arriba en el instante que el dulce sabor del chocolate le invadió el paladar.

—Esto está delicioso, ¿Dónde lo mandaste a hacer?

—En ningún lado. Lo hice yo misma —dijo orgullosa.

—¿En serio? —preguntó, sorprendido.

—Sí, bueno, con la ayuda de Ben.

—¿Quién?

—Un amigo que trabaja conmigo en el restaurante. Es cocinero, y le pedí que me enseñara a preparar un pastel —dijo emocionada—. Ha quedado estupendo, ¿No? Todos quedaron fascinados cuando lo probaron.

Max asintió y empezó a comer en silencio, aunque no con el mismo entusiasmo de antes.

"Se ha atrevido a invitar a su departamento a un hombre que no la conoce ni la mitad del tiempo que la conozco yo... ¿Y aun así se avergonzaba de decirme su verdadera dirección?".

Linda apoyó la barbilla contra la mano.

—Max... ¿Cómo estabas tan seguro de que no había logrado conseguirle una perrita a Chloe?

—Kate me lo dijo.

—¿Ah, sí? —dijo alzando las cejas.

—Sí. No te molestes con ella, fui yo quien insistió hasta obtener respuestas teniendo en cuenta que te negabas a verme otra vez. Me pareció una buena oportunidad para poder darle el cachorro a Chloe, y de paso también para disculparme contigo.

Estiró la mano sobre la encimera hasta tomar la suya y ella contuvo la respiración.

—Linda —dijo suavemente—. Me comporté como un idiota la última vez que nos vimos. Ese día me cegué por la rabia y dije cosas que realmente no sentía. Eres una mujer fuerte, que ha logrado salir adelante a cuesta de todo y te admiro por eso. Admiro cada cosa que hay dentro de este departamento, porque sé que es fruto de todo tu esfuerzo y realmente lo aprecio.

Linda botó el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta todo ese rato, y se mordió el labio antes de suspirar con tristeza.

—Cada una de las palabras que dijiste ese día... me lastimaron, sí, pero es la verdad y supongo que te envidio un poco por eso, porque a diferencia de mí, tú lo tienes todo.

—Linda, ser pobre no es un motivo por el cual debas avergonzarte. Mírate. Te has transformado en una mujer increíble. No dejes que ninguna persona te lastime de ninguna manera, incluyéndome.

Ella le regaló una sonrisa trémula, pero que consiguió aliviarlo al menos un poco.

—Gracias. Y acepto tus disculpas, después de lo que hiciste por mi hermana... no hay manera de que pueda seguir enojada contigo.

Max sonrió y Linda se lo quedó mirando ensimismada, hasta que sintió que comenzaba a acariciarle el dorso de la mano con el pulgar y rápidamente lo soltó, cambiando de postura y acomodándose un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Bueno —dijo, ruborizándose y tratando de disimular su nerviosismo sin mucho éxito—. ¿Qué te ha parecido ver a mis hermanos, después de tantos años?

Él se la quedó mirando por tanto tiempo que Linda pensó que no respondería.

—Están muy grandes. —dijo finalmente—. Si no fuese por esa mirada yo no los reconocería jamás, pero se ven bien. Y el niño... mmm, el bebé.

—¿Curt?

—Sí.

—¿Qué hay con él? —inquirió alzando una ceja.

Max se removió en la silla, visiblemente incómodo.

—¿Es tuyo?

Linda abrió los ojos como platos.

—¡No! Es decir, lo adoro como si fuese mío, pero es de Anton. Es padre soltero y le hago el favor de cuidarlo cuando va a trabajar, así como él cuida de mis hermanos cuando yo no estoy en el departamento.

—¿Y en qué trabaja Anton?

—Él... no tiene un trabajo fijo, simplemente va cuando lo llaman —dijo, no queriendo dar mayor información.

Max lo entendió y no insistió en conseguir una respuesta más extensa.

—¿Y ustedes están juntos?

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que si son novios.

—Ya te dije que no tengo novio —negó con la cabeza, divertida.

—Bueno, es que esa no fue la impresión que me dio él.

—Te equivocas. Anton y yo sólo somos amigos.

Él asintió y de manera inconsciente se echó para atrás contra el respaldo de la silla. No se había dado cuenta de lo tenso que estaba hasta que obtuvo la respuesta que quería oír.

"Espera, pero, ¿En qué diablos estoy pensando?".

Se pasó una mano por la cara y se levantó con la excusa de que iría al baño, pensando que el agua fría lo ayudaría a refrescarse para ordenar las ideas en su mente.

Pero al regresar y ver que Linda lo estaba esperando gentilmente con una taza de té y otro trozo del pastel, supo que no había manera de liberar de sus pensamientos la presencia de ella.

Continue Reading

You'll Also Like

49K 4.1K 57
Liz, una joven de 26 años, con un hermano y una sobrina que adora, que son su luz. Con metas en la vida y ganas de crecer, pero con una relación un t...
14.7K 295 11
¿Qué haces cuando el amor llega en el momento menos esperado... y en la forma más improbable? Martina ha pasado toda su vida siguiendo las reglas. A...
292K 16.6K 32
[Secuela de Amor Prohibido] [Completa] Aome y Maximiliano tienen la felicidad que siempre desearon. Una vida de lujos, sus hijos, familia y sobre to...
130K 8.1K 29
MI VIDA DESPUÉS DE UN NIÑERO [Secuela/Spin-off DE "¿UN NIÑERO?"] Para poder entender al completo esta historia es recomendable haberse leído el prime...
Wattpad App - Unlock exclusive features