SASCHA

By GiselleBSilva

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-Nadie se va de Hughroom Alex, al final siempre hay una razón que retiene a las personas aquí, no te irás, no... More

TRAILER
Primer Capítulo
Segundo Capítulo
Tercer Capítulo
NOTAAAA
Cuarto Capítulo
Quinto Capítulo
Sexto Capítulo
Séptimo Capítulo
Octavo Capítulo
SASCHA PROMO
Noveno Capítulo
Décimo Capítulo
NOTA IMPORTANTE D:
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Doceavo Capítulo
Treceavo Capítulo
Catorceavo Capítulo
SASCHA PROMO II
Quinceavo Capítulo
Dieciseisavo Capítulo
Diecisieteavo Capítulo
Dieciochoavo Capítulo
Diecinueveavo Capítulo
Vigésimo Capítulo
Vigésimo Primer Capítulo/ Promo
Vigésimo Primer Capítulo
Vigésimo Segundo Capítulo
Vigésimo Tercer Capítulo
Vigésimo Cuarto Capítulo
Vigésimo Quinto Capítulo
Vigésimo Sexto Capítulo
Vigésimo Séptimo Capítulo
Vigésimo Octavo Capítulo
Vigésimo Noveno Capitulo
Trigésimo Capítulo
Trigésimo Segundo Capítulo
AVISO IMPORTANTE
Trigésimo Tercer Capítulo
Trigésimo Cuarto Capítulo
Trigésimo Quinto Capítulo
Trigésimo Sexto Capítulo
Trigésimo Séptimo Capítulo
Trigésimo Octavo Capítulo
Trigésimo Noveno Capítulo
Cuadragésimo Capítulo
Cuadragésimo Primer Capítulo
RESUMEN
Cuadragésimo Segundo Capítulo
Cuadragésimo Tercer Capítulo
Cuadragésimo Cuarto Capítulo

Trigésimo Primer Capítulo

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By GiselleBSilva

<<David>>

Fue lo primero que apareció en mi mente. Cerré mis ojos con fuerza, deseando una vez más, que todas aquellas perturbadoras ideas creadas por mi mente se alejaran; ésta acción hizo que de alguna manera se agudizara mi sentido del oído, fue difícil no imaginar quién estaba detrás de esa puerta y las circunstancias que podrían hacerle crear tan desgarradores sonidos.

La linterna de Greta iluminó indirectamente el rostro de Sascha, sus ojos estaban completamente abiertos, podía imaginar sus pupilas dilatadas tratando de poder captar un poco más el espacio. Después de un par de segundos pareció reaccionar, dejó caer la linterna y se abalanzó hacia la puerta, como si todos aquellos objetos que obstaculizaban el paso no existieran, y con la fuerza de ambas manos, comenzó a tratar de abrir la puerta, sin importarle los demás archiveros que aún había por quitar; aún con la poca luz pude ver cómo los músculos se marcaban.

Greta tomó la pequeña linterna del suelo y me la dio, nuestras miradas se cruzaron por unos segundos y, como si ambas hubiéramos dicho algo, nos dirigimos hacia los archiveros; Greta se puso la linterna entre los dientes para dejar sus manos libres, yo hice lo mismo. Nos miramos, rápidamente y con todas nuestras fuerzas, intentamos hacer todos los papeles y muebles a un lado, para que cada vez fuese más fácil para él hacer más grande aquella abertura. Intenté directamente mover un archivero, pero mis fuerzas eran inútiles, fue ahí cuando entendí que no sólo era vulnerable emocionalmente, sino que a cualquier persona se le haría fácil fracturarme un hueso o desmayarme con un golpe, y no tendría oportunidad de defenderme. Quizá era una carga, la típica niña inútil que necesita quien la salve.

—¡Mierda!— gritó Sascha cuando notó que su fuerza no serviría si primero no nos encargábamos por lo menos de la mayoría de lo que nos estorbaba.

Sus facciones exaltaron repentinamente su desesperación. Se agachó para comenzar a hacerlos a un lado al mismo tiempo que nosotras, mientras el sonido de aquellos ruidos se hacían más fuertes y constantes.

Sascha terminó quitando la mayoría de los archiveros, mientras Greta y yo, juntas, aún con su fuerza superior a la mía logramos ayudar muy poco. Sascha, sin pensarlo dos veces, al ver el área más despejada, comenzó a abrir la puerta, nuevamente pensé que no lo lograría, pues sus venas azuladas se marcaron, recorriendo sus brazos hasta sus manos, sin embargo, lo juzgué mal. De repente soltó un grito que denotaba el esfuerzo, junto con una mueca; logró dejar un pequeño espacio, pero suficiente para que su cuerpo pasara. Los sonidos cesaron. Volteó al piso en busca de la linterna, al notar ésto se la extendí con la mano y la tomó. Rápidamente asomó medio cuerpo por la abertura, con la linterna y el sigilo de un detective de los programas de televisión.

—Alex, Greta, escúchenme bien, no quiero que ninguna entre aquí— dijo en un tono moderado pero muy rápido.

—Sascha...— fue todo lo que logré pronunciar cuando la puerta se cerró tras él, simplemente se había encerrado, sin decir más.

Una desesperación desmedida se apoderó de mí, ¿por qué había dicho eso? ¿Qué... qué carajos?¿Qué cosa podría ser peor de todo lo que he visto para que Sascha tan solo haya cerrado la puerta tras él?

—¡No, no, no!¡Sascha abre la maldita puerta!— grité mientras golpeaba mis puños contra el acceso que se me había negado. Miré a Greta repentinamente, que no había movido ni un dedo.

—¿Qué solo te quedaras ahí mirando?— pregunté molesta.

—Sí Sascha no quiere que entremos debe ser por algo, Alex— pude ver miedo en sus ojos. Probablemente había imaginado lo que se encontraba detrás.

Quizá había imaginado lo mismo que yo. El cuerpo sin vida de David, desgarrado por la bestia que producía aquellos sonidos.

—¡Por favor!— exclamé  con las lágrimas de ansiedad ante esta idea—¡Sascha, abre la puerta, ahora!— grité. —¡Sascha! ¡Basta! ¡Abre la puerta!— nuevamente no obtuve respuesta, rápidamente miré a Greta —¡Tienes que ayudarme a abrir la puerta!

—Alex, Sascha dijo claramente que no entráramos.

—¡Al diablo con lo que Sascha dijo! ¡Ayúdame!

Repentinamente un golpe que provenía del otro lado me hizo brincar, pero al escuchar a Sascha gruñir, fue cuando perdí completamente el control.

Greta corrió hasta la puerta que estaba atascada, comenzó a jalar con fuerza una de las orillas, que por la humedad, claramente se había ensanchado.

—Debe de tener algún seguro por dentro, ¿podemos moverlo no es así?— pregunté y Greta negó con la cabeza.

—Será muy complicado....

—¡Inténtalo!

Greta se vio dudosa por unos segundos, pero asintió, y con mucha fuerza, comenzó a forzar el picaporte de la puerta, haciéndola vibrar. De repente, como si alguien hubiera quitado el seguro por dentro, la puerta se abrió con facilidad. Greta me miró extrañada, le correspondí, ambas jalamos con toda nuestra fuerza la vieja puerta, sentí un dolor en la palma de la mano, pero la adrenalina me hizo continuar, me había astillado. Cuando el espacio fue suficiente, echamos la luz esperando ver a Sascha. No fue así.

Lo único que alcanzaba a verse era un angosto, infinito  y solitario pasillo, puertas equidistantes eran los únicos vanos, no había ventanas ni tragaluces, era un pasillo subterráneo, probablemente clandestino pues, las paredes no parecían tener ningún tipo de acabado, los muros putrefactos denotaban la escasa limpieza e interés de mantener habitable aquel lugar. Tal escena me hizo transportarme a un hospital psiquiátrico típico de terror.

—¿Qué diablos?— escuché susurrar a Greta, mientras entraba por la pequeña abertura.

Entré tras ella, en realidad, por primera vez,  lo lúgubre del lugar no fue aquello que me hiciera un vuelco en el corazón, fue no ver a Sascha.

—¡Sascha!— grité, creando un eco que se expandió, hasta la infinita penumbra que no dejaba ver el final del pasillo.

No hubo respuesta. Me mordí los labios con ansiedad, me pase los dedos por el corto cabello para despejar mi visión, y pasándolo por detrás de las orejas. Agarré coraje, comencé a dar pasos largos. De alguna manera se me cruzó por la cabeza que, quizás, Sascha y lo que sea que estuvo con él, hayan entrado en alguna de estas puertas, quizás eso explicara que no lo vimos inmediatamente detrás de la puerta. Cada una de las puertas tenían una pequeña abertura a la altura de los ojos, éstas sólo podían abrirse por quien deseara observar lo que estuviera dentro; con un poco de temor, quité el seguro oxidado de una de las aberturas, al abrirlo se veían barrotes de protección y un sucio vidrio. Bajé la mirada a la perilla de la puerta e intenté moverla para sentir si estaba bajo llave, y sí, lo estaba. Regresé la mirada hacia la ventanilla, eché un poco de luz y un rostro sonriente me miraba penetrantemente. Me quedé muda y retrocedí a fin de pegar con pared y recobrar un poco el equilibrio. Él seguía mirándome, y su sonrisa parecía hacerse cada vez más grande. Detrás de mí escuché otro golpe, repentinamente volteé y vi a una mujer, igualmente, sonriéndome desenfrenadamente, ambos comenzaron a carcajear.

Negué con la cabeza y miré el resto del pasillo, cada habitación con un paciente diferente y risas descontroladas. Busqué a Greta con la mirada, pero los dos extremos del pasillo terminaban en penumbra.

—¡Alex, no te separes!— escuché a lo lejos la voz de Greta.

Caminé de la dirección por donde venía, no recuerdo haber caminado más de tres metros, sin embargo lo único que podía ver eran puertas. Las carcajadas detrás de éstas no cesaban.

—¡Sascha!— volví a gritar, pero esta vez más fuerte, tratando de callar las risas, sin saber si eran reales, o provenían de mi mente. Me llevé las manos a la cabeza pensando hacia dónde debía dirigirme. Decidí caminar en dirección contraria.

Puertas, puertas y más puertas, todas de las mismas dimensiones y características, separadas por muros manchados. Más puertas, más risas y más oscuridad.

—¡Sascha!— volví a gritar, deteniéndome para tomar aire —¡Sascha, por favor!— mi vista comenzó a nublarse, por lo cual cerré los ojos unos segundos.

Sentía que la piernas no soportaban mi propio peso, mi respiración y mi cuerpo ya no podía. Pero algo, volvió a despertar mis  cinco sentidos. Entre un juego de sombras pude ver una silueta en lo que parecía ser el final del pasillo. Una silueta distorcionada de postura desorbitada, sus extremidades parecían torcerse al borde de la fractura, su espalda parecía no tener columna que le diera la forma humana a la que acostumbramos. Dirigí un poco de luz hacia el rostro, temerosa de lo que podía encontrar; su ropa desgarrada con grandes manchas color escarlata se me hacía conocida. Subí temerosa poco a poco, tratando de guardar la calma y reconociendo la figura que el poco alcance de la luz de la linterna me permitía.

<<David>>

Sus ojos desorbitados y su boca torcida apenas me permitieron reconocerlo. Mis ojos se acristalaron y las brotantes lágrimas temblorosas comenzaron a nublar mi vista, la luz comenzaba a temblar debido al ansioso pulso que la situación me había obligado a tener, mi respiración se agitó y mi mente comenzó a arrojar una única pregunta al aire ¿de quién era esa sangre?

<<Sacha, Sacha, Sascha>>

—¿Tienes miedo Alex?— preguntó con una voz débil, totalmente diferente a la suya, a la vez que comenzaba a caminar, y su columna se movía de lado a lado  —¿Por qué me miras así Alex? Soy yo, David— dijo regresando a su tono habitual de voz. No podía moverme.

—¿Dónde está Sascha?

—¿Sascha? ¡Pero pensé que todo este alboroto era por mí!— dijo con el primer tono de voz.

Sentí como mi vista se volvía negra otra vez, no podía controlar más mi cuerpo.

—Deja de correrle a la muerte Alex, a donde vayas estará esperándote— pronunció acercándose nuevamente.

—Tú no eres David, ¡devuélveme a David, a Sascha!— inmediatamente, lo que fuera que se apoderó de él, se echó a reír, de manera desmedida.

Su cuerpo, comenzó a torcerse más, estaba siendo controlado por algo ajeno a él, aquella fuerza sobrenatural lo hizo caer. Y yo, yo no podía hacer nada, era muy tarde.

Empecé a retroceder cuando lo vi completamente apoyado sobre sus cuatro extremidades, y se acercaba más y más aún con la sonrisa en los labios. Dudé en acercarme y tratar de hacerlo volver en sí, en decirle que volviera a mencionar a Dios una vez más y rezara la oración que más tranquilidad le diera, convencerlo de que tomara aquel rosario que seguramente carcaba y jurara que su Dios jamás permitiría que algo así le pasara. Dudé en correr, en dejarlo solo, era mi mejor amigos.

—Estas muerta en vida, Alex— su voz tomó un volumen ensordecedor con un tono grave.

Estas fueron las últimas palabras que lo escuché pronunciar antes de intentar correr, tambaleándome a cada paso, tratando de  guiarme con la palma de mi mano astillada por la pared. Aquel lugar se había convertido en un laberinto para mí, ya no estaba en sí, la falta de alimento, de sueño, por fin le estaba cobrando factura a mi cuerpo, después de aguantar tanto. Mi corazón comenzó a palpitar más de lo debido, perdí el sentido auditivo, y mis piernas empezaron a detenerse, estaba a punto de dar un paso más antes de caer al piso, y terminar con esto, era cierto, estaba muerta en vida.

Lo último que mi linterna alumbró antes de resbalarse se mi mano, fue otra figura cercana a mí, una silueta humana sin rostro, como una sombra. Mis piernas no aguantaron, caí de rodillas.  Mi cuerpo caía rendido al frío piso, tomando la posición en la que probablemente alguien me encontraría sin vida. Deseaba disculparme con todos, por no haber tenido las suficientes fuerzas para luchar; pero sobre todo deseaba volver a ver a Sascha, volver a besarlo. Decidí dedicarle mi último pensamiento a él, a mi único amor, al amor de mi vida.

<< A Sascha>>


Colab: BaldeMes

¡Esperamos les haya gustado el capítulo, perdón por la tardanza! Les tenemos una sorpresa, ¡hemos estado trabajando en un nuevo trailer!

Pronto subiremos el otro capítulo y el trailer, muchas gracias por la espera y su apoyo.

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