No me quiero separar de él. Pero se desprende de mis brazos y me mira a los ojos y de nuevo me vuelvo a sentir insegura.
- No te preocupes, estoy seguro de que todo va a salir bien.
- Si, eso espero...
- Bueno Alis, me tengo que ir, hasta luego.
- Adiós.
Entra a su casa y cierra la puerta y yo me quedo hay plantada mirando la puerta. Y de repente noto como mi perro tira de la correa, así que voy a sacarlo. El paseo me tranquiliza aún que todavía he llorado un poco. Recuerdo muchos momentos con mi tío. Vive en casa de mi abuela ya que es viudo y ente otras cosas tampoco esta muy bien. Lo cierto es que va a días. Siempre que voy a casa de mi abuela desde que soy pequeña llego y le doy un beso, me suelo sentar con el en el sofá y siempre acaba haciéndome cosquillas. Ni aún que tuviera 30 años me cansaría de esas cosquillas... Pero tengo miedo de que se acaben pronto. Y hundida en mis pensamientos llego a casa, subo a mi habitación, me pongo el pijama y por primera vez en mucho tiempo consigo dormirme pero, para que engañarme, he llorado antes y sé que por eso me duermo.
-Suena la alarma-
Intento abrir los ojos pero a penas puedo. Me los froto y en cuanto lo consigo el sol hace que los vuelva a cerrar. Me tapo, como suelo hacer cada mañana, la cara con la almohada y mi primer pensamiento: 'Lunes de mierda, al colegio de mierda'. Pero me acabo de acordar, me voy a ver a mi tío. Y justo en ese momento entra mi madre.
- Buenos días hija, levanta ya o no te vienes conmigo.
- Si mamá, ya voy.
Y con pocas ganas de hacer nada voy a mi armario. Cojo lo primero que veo, me lavo la cara y desayuno. Mientras tanto mi madre me pone la justificación del retraso y friega. Son las 9:00 y ya nos vamos. No entiendo porque pero siento un nudo en la barriga, estoy nerviosa. Bajamos en el ascensor el cual se para en el tercero y yo deseo que sea Alberto pero no, aparece un hombre de unos cuarenta años que tiene toda la pinta de irse a trabajar. Llegamos al hospital en unos diez minutos y cuando entro en la habitación y veo a mi tío allí, en ese estado... Se me cae el mundo encima. Tengo ganas de llorar pero tengo que ser fuerte, por mi tío. Me acerco y le doy un beso. Cuanto me gustaría que ahora se pusiera a hacerme cosquillas como de costumbre.
- Mi niña, tan guapa como siempre. - me dice. Si le pasa algo me muero, estoy allí hasta las 10:00. Cuando me he ido le he dicho que le quiero y me a caído una lágrima, el me la ha secado y me a dicho que no me preocupara que todo saldría bien y que el me quería el doble. Tengo muchas ganas de sus cosquillas.
Entro en la hora de matemáticas. ¡Yuju, que ilusión! Creo que se nota de sobra la ironía. No tengo suficiente con haber visto a mi tío en ese estado que ahora me toca aguantar este rollo del cual tantas veces no me entero. Siempre consigo sacarme las matemáticas pero me cuesta lo mío. Este año esta siendo muy duro la verdad. Algún día me irán las cosas bien, algún día... O bueno, eso espero. Que con mi mala suerte nunca se sabe. Transcurre un día muy aburrido y lento y yo no puedo parar de pensar en mi tío. Se lo he contado a mis amigas que se han sentido muy mal por mi y me han abrazado. Pero... Sus abrazos no me han llenado. Los agradezco pero siento la necesidad de unos... Los de Alberto. Desde que me abrazó solo tengo ganas de que lo vuelva a hacer. Sé que soy una idiota, que no sé que hago pensando en los abrazos de un chico que le cuesta recordar mi nombre, sé que no lo conozco de nada... Pero su sonrisa hace que me vaya el corazón a mil por hora y sus abrazos parecen como una adicción. Porque al fin y al cabo todos somos adictos a algo ya sea a una droga, a la comida, a los libros, al frío, al calor, a una persona... Y yo tengo miedo de que esa sea mi adicción.