Desirée.
El despertador sonó!
Ummm… quiero seguir durmiendo… - Dios tengo que levantarme-
Me senté en la cama aún casi dormida y miré a mi alrededor - ¿Dónde estoy? – pensé- en pocos segundos recordé que ya no estaba en mi apartamento en Roma, me levanté me bañé, después de alistarme bajé y fui a la cocina.
- Buenos días doctora, ¿va a desayunar algo? –
- Solo unas tostadas con mermelada y un poco de café, por favor – contesté –
Mientras desayunaba me dí cuenta que parecía que solamente yo estaba en esa mansión tan grande.
-Disculpe, y ¿que se hizo todo el mundo?- pregunte a la empleada que me había servido el desayuno.
-Los señores se han ido para el club y el Dr. Andreas salió muy temprano, creo que para su trabajo- dijo, mientras me servía un poco de agua-
-mmm… ya, ok, nos vemos mas tarde- le dije, sonriendo-
Como las mañana las iva a ocupar para buscar apartamento, empecé la busqueda, pero mientras manejaba me preguntaba- ¿Por qué Andreas se habrá ido tan temprano? Seguramente no quería toparse conmigo- pero ¿que le he hecho? –pensé- me haré la de la vista gorda e ignoraré su actitud hacia mi.
No dejes que esto te afecte- dijo una pequeña voz en mi interior, mientras seguía diciéndome – nunca antes habías sentido que algo te afectara de esta manera verdad? – Preguntó – ¡Ya deja de decir tonterías! ¡Déjame buscar mi apartamento en paz!- le dije enojada-
Busque toda la mañana, solo encontré uno que se desocupaba en una semana, los demás dilataban hasta tres semanas o meses. Ya era hora de ir al hospital, fui y empecé con mi nuevo trabajo, la gente con la que trabajé ese día había sido muy amable pero no ví a Andreas, pero yo sabía que estaba en el hospital, traté de no pensar en él ya que no quería enamorarme – Creo que ya estas enamorada- volvió a decirme esa pequeña- no hice caso y seguí con mis cosas.
Llegué a casa de los Di Gennaro y tampoco lo ví durante la cena, era como si no quisiera verme, me despedí de todos y subí a mi cuarto y llamé a Lita.
- Lita, ¿como estas?
- Hola, amiga, por aquí todo bien, pero ¿a ti como te va? – preguntó entusiasmada-
- Todo bien – contesté cortante –
- Ohhh, no, algo está pasando, cuéntame que es, te conozco y sé que algo te pasa-
- No es nada Lita
- Claro que sí, pero si no quieres contarme, ok esperaré a que te sientas bien para decirlo, pasando a otro tema te cuento que Evan ha estado triste desde que te fuste, lo traes por la nubes.
- Tu sabes que a Evan solo lo quiero como amigo, él ha sido un buen amigo para mi – le contesté
- Lo, sé pero es un buen muchacho
- Eso no te lo discuto, pero luego te llamo, tengo que preparar unas cosas para mañana, salúdame a todos por allá.
- Claro que si, cuídate, bay – dijo, colgando el teléfono.
Los días pasaban y no había visto a Andreas era como si la tierra se lo hubiese tragado, era extraño por que estando en el mismo trabajo en la misma casa no lo veía, una de las tanta noches que llegue a casa de los Di Gennaro, doña Antonella salió a mi encuentro
-Desirée ¿Cómo va todo?- pregunto sonriéndome, era una señora muy agradable-
-Todo bien, me estoy acostumbrando dije mientras me sentaba en el salón-
-Que bien, me alegra por que el próximo viernes haremos una fiesta familiar en mi casa y me encantaría que estuvieras presente.
-Claro que si, me encantaría- dije sonriendo, a la misma vez que pensaba que talves ese día podría ver a Andreas-
-Entonces cuento contigo, te dejo por que debes estar cansada, buenas noches- dijo mientras salía del salón.
Al siguiente día tenía que ver un apartamento, fui, y ese apartamento me encantó, y lo mejor de todo es que para el siguiente jueves ya iba a estar disponible y por fin me mudaría.
Los días pasaban y solo había visto a Andreas un par de ocasiones. Uno de esos días iba hacia mi consultorio, recordé que tenía que pasar monitoreando a un paciente en coma, así que entre a la habitación y me llevé una sorpresa desagradable.
¡Era Andreas besándose con una mujer! Al ver esa escena sentí como si me echaran un balde de agua fría y tragué gordo.
-Disculpen, yo no sabia…-dije dando la vuelta para salir del cuarto-
Ellos no contestaron nada, solo quedaron viendo, pero Andreas parecía asustado. Yo salí, empecé a correr por el pasillo queriendo olvidar lo que había presenciado, llegué a mi consultorio y me encerré.
¡Que tonta que soy! Como pude hacerme ilusiones con él, ¿como no iba a tener novia? Un hombre así no podía estar solo, tengo que olvidarlo, no es tiempo para mi corazón- pensé, mientras una lágrima rodaba por mi mejilla, me sentía impotente ante lo que me hacía sentir ese italiano.
Tomé mis cosas y salí del hospital, maneje sin rumbo, quería despejarme, después de manejar por un rato aparqué el carro y llegué al Parco Sempione, me senté a la orilla del lago a pensar; tenía que ordenar mis ideas y lo mas importante ordenar mis sentimientos.