Pegué tal portazo, que el murmullo de la gente se hacía notar. Me llegó un mesaje "Iria no te vuelvas a presentar; estás despedida". Por una parte me alegraba, porque ese hombre nunca me ha valorado; pero por otra ¿de dónde saco dinero para comer?.
Era tal mi impotencia que volví a tirar el móvil contra una papelera, me gusta este de romper móviles, empecé a pegar patadas a troncos de árboles, papeleras de la zona, sillas de la terraza del restaurante; no tenía el control de mi cuerpo.
Alguien me cogió, me agarró con fuerza, me pegó a su cuerpo intentando tranquilizarme; sé quien es, por eso me dejé. Empecé a pegarle puñetazos en sus pectorales llorando, repitiendo "No, no, no" una y otra vez.
-Iria, Iria tranquilízate -me abrazaba con fuerza Daniel-
Esta vez la furia se adueñaba de mi persona y la fuerza era mayor que los brazos que me rodeaban. Me solté de él y seguí gritando como tal loca.
-Iria, estoy aquí, reacciona.
Me volvió a agarrar con más fuerza haciendo que me sentara en la acera muy pegada a él. Quitó el pelo que me cubría la cara y las lágrimas de mis ardientes mejillas. Su mirada se hincaba en la mía, haciendo que mi corazón quedase hipnotizado.
-¿Ya? ¿Estás mejor?
- Contigo siempre estoy bien Daniel.
Me abrazó pareciendo que el autobús que pasaba enfrente nuestra frenara, fue intenso.
-¿Con que os conocíais? -nos sorprendió la mujer que me dio la propina-
-Sí tía Carmen, es la chica de mi instituto, la que vive enfrente.
-Oh, hola bonita. Este chico habla maravillas de ti.
No pude evitar mirarle, era como un semáforo en rojo, era divertido.
-Debo irme, se me hará tarde y tengo que madrugar.
-¿Ahora que vas a hacer? -susurró él para que su tía no se diera cuenta-
-No lo sé Daniel, no lo sé
¿Despedida? ¿Sin dinero? ¿Sola? ¿De qué voy a vivir yo? Mañana iré a buscar trabajo de lo que sea; no puedo pedirle dinero a Daniel, vamos ni loca.