Después de esto los chicos se retiraron a un lado de la sala y se sentaron para hablar tranquilamente.
-¡Guau! Una mansión.- exclamó Luna.
-Si, esque mi hermanito es muy afortunado
-Lo tuyo tampoco está mal, no te puedes quejar.- dijo éste dandole un abrazo ya que ambos sabían que el peor era el de Luna.
-Veréis cuando me ponga todas esas cosas. Les he hechado un ojo y están genial. Hay vestidos, adornos, sombreros, zapatos...-interrumpió el abrazo la extraña chica, ya que esa situación le resultaba un poco incómoda.
Así pasaron la tarde, con Luna, su sombrero y las galletitas de limón hasta que llegó la noche.
-Hijos, me voy a tener que ir antes de tiempo. Ha surgido un imprevisto y los padres de Luna necesitan ayuda. Podíais ir a la mansión a pasar la noche, mi tía siempre comentaba que estaba muy bien y que no había problemas.
-Vale.- respondió Luna al instante. Los hermanos se miraron con cara de poco convencimiento.
Pidieron un taxi para que los llevara. Tardaron una hora y poco en llegar pero a los hermanos el trayecto se le hizo eterno ya que era de noche y Luna no paraba de hablar.
Imcluso antes de bajar del coche se podía contemplar una gran mansión de 3 o 4 plantas (no estaban muy seguros pues era de noche). Tenía pinta de ser bastante vieja, y estaba hecha de piedras y madera, con una gran puerta central. También tenía un maravilloso jardín lleno de árboles. Pero había uno que destacaba entre los demas...