Déjame quererte

By maryvinas1

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Serenity le ha guardado rencor a su hermana gemela Usagi desde niñas, al irse de Japón cree que al fin es lib... More

Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19

Capítulo 1

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By maryvinas1


Todos los personajes de Sailor Moon son propiedad de Naoko Takeuchi


-Muchas felicidades es usted el padre de unas maravillosas niñas, las dos están en perfectas condiciones

-Gracias muchísimas gracias doctor ¿y mi esposa?

-Está reponiéndose, en unos minutos más podrán entrar a verla y les subirán a las niñas para que las alimenten.

El médico dejo el lugar mientras Kenji celebraba con su padre Amade y su suegra Luna el nacimiento de sus hijas.

-Mis princesas nacieron, están bien al fin...

-Lo ves hijo te dije que todo saldría bien y sólo estabas poniendo nerviosa a Luna

-Es verdad Kenji ya comenzaba a desesperarme ¿Cuándo nos dejarán entrar? – decía la mujer mientras buscaba con la mirada a alguna enfermera que les diera más información y que por supuesto la dejaran entrar a ver a su hija

-Espero que pronto, quiero tenerlas en mis brazos al fin en mis brazos –Kenji sonreía y abrazaba a su padre emocionado

-Calma hijo, verás que pronto las tendrás contigo, Luna te invito un café mientras nos dejan entrar a verlas

-Te lo acepto solo porque me hace falta porque si no

-Anda no te hagas la difícil –le ofrecía su brazo y Luna se colgaba de él

-¿Nos acompañas Kenji?

-No papá, no pienso moverme de aquí, esperaré a que pueda verlas

-Te traeré algo no tardamos

-Gracias Luna – Kenji veía a su padre y a Luna caminar hacia la salida, cuando una enfermera le llamaba por su nombre

-Señor Tsukino acompáñeme por favor

-¿Ya puedo verlas?

-Sí, acaban de subir a su esposa a su habitación, venga conmigo lo llevaré

Kenji caminaba tras la enfermera no cabía de la emoción por fin tendría en sus brazos a sus dos mujercitas, quería también besar a su esposa y darle las gracias por hacerlo el hombre más feliz del mundo.

La enfermera se detenía y le abría la puerta dejándole pasar, Kenji entraba y veía a su esposa Ikuko con los ojos cerrados y sus manos descansando en su vientre aun pálida por el esfuerzo de traer a sus hijas al mundo, camino despacio y sintió más amor que el que nunca había sentido su mujer le había dado la mayor felicidad del mundo, cuando se acercó, ella abrió los ojos y le sonreía.

-Kenji ¿Las has visto ya?

-Aun no mi amor me han dicho que pronto las traerán –acariciaba su cabello y la veía con tanto amor – mil gracias Ikuko me haces el hombre más feliz

-Son hermosas Kenji rubias y sus ojos azules cuando me vieron por primera vez sentí – unas lágrimas salían y su esposo las secaba con sus pulgares y le dejaba un beso en sus labios.

-Tranquila mi amor no llores, sabes que no soporto verte llorar

-Está vez son lágrimas de felicidad Kenji

La puerta se abría y entraban Luna con Amade, Luna dejaba los vasos en una mesita y caminaba al lado de su hija besándola en la frente.

-Mi amor ¿Cómo te sientes?

-Adolorida, pero muy feliz mamá -la puerta se abría una vez más, una enfermera empujaba la cunita con las dos pequeñas en ella, la dejaba a un lado de la cama y le entregaba una a Kenji, un poco nervioso y dudando si lo hacía bien la enfermera le sonreía y lo ayudaba a sostenerla en sus brazos, Kenji observaba a su pequeña no podía dejar de repetir que era hermosa y perfecta sin poder apartar la mirada de ese pequeño ser que hacia algunos gestos mientras se acurrucaba en su pecho.

La enfermera le entregaba la otra pequeña a Ikuko y le ayuda para que la alimentara, Luna se acercaba para ayudarla y Amade iba con Kenji para conocer a su nieta

-Es... perfecta- dijo en un susurro Kenji

-Hijo es hermosa mi nieta la más linda de todas

-Ella se llamará Serenity –Ikuko amamantaba a su pequeña Kenji levantaba la mirada y veía a su mujer con su otra hija en sus brazos caminaba hacia ellas y se sentaba a su lado

-Son iguales- exclamaba Kenji pasando su mirada de una pequeña a otra- como vamos a diferenciarlas

-Sencillo –interrumpía Luna mientras le ponía una cinta roja en la muñeca a la pequeña que tenia Kenji en sus brazos- listón rojo para...

-Usagi, se llamará Usagi mamá –Kenji asentía y le sonreía a Ikuko.

-Es increíble como la vida da tantas vueltas aquí nosotros celebrando el nacimiento de estás pequeñas y aquí al lado dos pequeños se han quedado huérfanos

-¿De qué hablas Amade?

-Nuestros vecinos los Chiba tuvieron un accidente Ikuko

-No puede ser, estás seguro papá

-Si Kenji, preguntamos cuando veníamos, escuchamos que unas enfermeras hablaban al respecto y cuando escuchamos el apellido Chiba...

-¿Pero qué sucedió?

-Las enfermeras dicen que los Chiba iban en su auto cuando volcaron, Zafiro y Mamoru iban en el asiento trasero están heridos pero Diana y Mamoru –bajaba la cabeza- creo que iré para ver en que puedo ayudar, tienen que avisarle al abuelo de los niños

-¿Artemis? –Dijo Luna levantándose de golpe- ese hombre no creo que quiera saber de los pequeños cuando Diana se casó con Mamoru dijo que para él había muerto ni a su boda fue, cuando nacieron los niños ni siquiera se acerco, no creo que quiera ahora hacerse cargo de ellos.

-Kenji, querido nosotros podemos hacernos cargo de ellos Zafiro es un bebé apenas tiene dos meses de nacido y Mamoru cumplirá seis pronto entre mamá y yo podemos hacernos cargo

-Creo que tendremos que esperar Ikuko, es mejor que vaya y averigüe como está la situación para poder pedir que nos entreguen a los pequeños, pero creo que le darán preferencia al abuelo al ser el único familiar.

-Yo te acompaño Amade-decía Luna mientras ponía a la pequeña en la cuna- quiero entrar con Mamoru el pequeño debe estar destrozado, hija puedo...

-Si mamá ve, no te preocupes por mí

-Tu hermana Neherenia me llamó está por llegar, fue a dejar sus maletas a la casa y vendrá para ayudarte con las niñas, ponla al tanto por favor ella y Diana eran inseparables

-Vayan ustedes en cuanto Neherenia llegue los alcanzo tenemos que hacernos cargo de todo, seguramente Artemis no tendrá cabeza para todos los trámites, los Chiba han sido nuestros amigos y no podemos dejar en el desamparo a sus hijos.

-No esperaba menos de ti Kenji estoy muy orgulloso hijo, iré a ponerme al tanto de todo para poder actuar

Luna y Amade salían de la habitación Kenji le entregaba a la pequeña para que la alimentara mientras se sentaba en la cama observando la cunita donde su hija Serenity dormía

-No lo puedo creer Ikuko, apenas ayer hablaba con Mamoru sobre negocios estaba interesado en asociarse con mi padre y conmigo, su negocio estaba mejor que nunca, quería invertir con nosotros en la maquiladora, por fin le iba a demostrar al padre de Diana que era capaz de salir adelante sin su dinero.

-Siento un nudo en la garganta Kenji

-No te angusties- acariciaba su mejilla- les puede hacer mal a nuestras hijas, es difícil Mamoru y Diana eran nuestros amigos y vecinos pero vamos a hacernos cargo de sus hijos.

-Kenji –acariciaba su rostro- eres un buen hombre siempre daré gracias a Dios por ponerte en mi camino y que nos rescataras

-Te amo Ikuko, por ti por nuestras hijas daría la vida –la besaba cuando tocaron a la puerta una hermosa mujer de cabellos negros se asomaba y sonreía

-Me han dicho que hay dos pequeñas princesas por aquí

-Neherenia, hermanita

-Ikuko – entraba, con un vestido lila con vivos negros y zapatillas del mismo color caminaba despacio para no hacer ruido con sus tacones se asomaba a la cunita y una sonrisa se dibujo en su rostro- es hermosa hermana

-Se llama Serenity

-Hola hermosa princesa Serenity –acercaba su dedo a su manita y la pequeña como reflejo se lo apretaba- mira hermana me ha saludado es tan linda –dejaba un beso en su cabecita y se acercaba a Kenji –felicidades papá – lo abrazaba dándole dos besos en la mejilla.

-Gracias Neherenia por venir a ayudarnos

-Yo encantada Kenji, ya era hora de regresar definitivamente a Tokio

-¿Estás bien?

-Mejor que nunca cuñado, gracias

-Me voy a poner celosa –decía Ikuko haciendo un puchero que hizo sonreír a ambos

-Hermanita debes de estarlo voy a conquistar a tu marido con mis mejores recetas que traigo de Paris y está hermosa pequeñita es...

-Usagi – Ikuko le entregaba a la niña, Neherenia la tomaba en sus brazos sonriendo y Kenji ayudaba a su mujer a recostarse le acomodaba la almohada y la dejaba lo más cómoda dándole un beso en la frente.

-Son iguales hermanita ¿Cómo vamos a diferenciarlas?

-Tu madre le ha puesto una cinta roja a Usagi –decía Kenji señalándole.

-Por cierto ¿Dónde está mamá?

-Neherenia por favor siéntate, tengo que decirte algo

-Ikuko, me estas espantando ¿Mamá está bien?

-Sí, pero por favor siéntate –Kenji tomaba en sus brazos a la pequeña y la mecía.

-No sé como decírtelo, de hecho a mi me duele tanto, pero

-Deja de darle vueltas Ikuko ya estoy nerviosa dime ¿Qué sucede?

-Es Diana

-¿Qué pasa con ella?-los ojos de Ikuko se llenaron de lágrimas, Diana y su hermana eran las mejores amigas desde niñas y fueron juntas al mismo colegio, no sabía cómo decirle que su mejor amiga había fallecido.

-Tómalo con tranquilidad, Diana y Mamoru tuvieron un accidente y ellos...

-¡Dios! –Exclamo Neherenia llevándose las manos a la boca mientras unas lágrimas recorrían su rostro imaginando lo que quería decirle su hermana – quieres decir que ellos...

-Lo siento tanto hermanita, yo sé cuanto se querían ustedes, yo la quería muchísimo a ella... –Neherenia se lanzo a los brazos de su hermana mientras lloraba por su mejor amiga a la única con quien había hablado y que le había guardado sus secretos sus más profundos dolorosos y terribles secretos.

.

.

.

-Entonces ¿Artemis viene a Tokio?

-Si hijo, yo hable con él, no puedo decirte que tanto le ha afectado la noticia ya sabes cómo es, siempre tras esa armadura de frialdad, dijo que tomaría un vuelo a Tokio y estaría aquí en cuanto pudiera.

-Eso quiere decir que se llevará a los niños, Amade sinceramente no creo que sea lo mejor, si, es el abuelo pero nunca ha estado presente en la vida de los pequeños, ni siquiera lo conocen

-Luna no sabemos que suceda cuando los vea todo puede suceder, así que solo nos queda esperar y ver que decidirá.

-Mi padre tiene razón Luna la ley le da la patria potestad a él pero si no quiere hacerse cargo de los niños nosotros lo haremos, es cuestión de hablar y planteárselo

-Ese hombre... no tiene sentimientos, no puede criar a dos niños que han perdido a sus padres, debemos hacer algo, Mamoru, ese pequeño, me ha destrozado el corazón ha estado llorando todo el tiempo recuerda todo lo que sucedió tiene miedo y no quiero imaginar que llegue ese hombre sin sentimientos a empeorar todo.

-No saquemos conclusiones hasta que Artemis llegue, vamos a proponerle que podemos hacernos cargo de los niños

-Entre Neherenia, Ikuko y yo lo haremos, pero por ahora pueden ver que no los lleven a una casa de asistencia mientras llega ese hombre

-Voy a ver qué se puede hacer Luna, vamos hijo hablemos con asistencia social, para ver que nos los entreguen ya los van a dar de alta no tienen nada grave afortunadamente

-Ahora regresamos Luna –ambos hombres caminaron por el pasillo, Luna los veía hasta que entraron en el ascensor, Neherenia salía de la habitación y caminaba hasta su madre que abría los brazos para que se refugiara en ellos.

-Mamá me siento tan mal

-Lo sé mi amor, yo lo siento tanto, Diana y tú eran muy buenas amigas

-Era como una hermana más, ¿recuerdas cuando escapó de su casa y se quedó con nosotras?

-Pareciera que fue ayer, llegó con sus ojitos rojos de tanto llorar, su padre Artemis era tan despiadado, y sinceramente no creo que cambiara mucho en estos años

-¿Cómo está Mamoru?

-Lo dejé dormido le pusieron un calmante, el pequeño no ha dejado de llorar recuerda todo lo sucedido va a ser difícil que lo supere

-No puedo imaginar el dolor del pequeño

-Vamos a ayudarlo, le he dicho a Kenji y Amade que arreglen todo para llevarlos con nosotros

-¿Están heridos?

-Mamoru tiene un golpe en la cabeza y varios rasguños pero nada grave, el pequeño Zafiro salió ileso milagrosamente.

-Diana hablaba conmigo ayer todo me parece increíble no lo puedo creer aún–decía sentándose en una de las sillas que había en el pasillo, Luna lo hacía a su lado abrazándola- habíamos hecho planes ahora que regresaba íbamos a recuperar el tiempo perdido, estaba tan emocionada con mi llegada- una vez más lloraba mientras su madre la consolaba acariciando su espalda.

-Calma hija, debemos ser fuertes esos dos pequeños nos van a necesitar ¿Tu hermana?

-Se quedó dormida y las niñas también –se separaba de su madre y secaba las lágrimas con el dorso de su mano- ¿nos haremos cargo de Mamoru y Zafiro?

-Tenemos que esperar han llamado al abuelo de los niños

-¿Qué? ¿Artemis? Debes estar bromeando, ese hombre no puede hacerse cargo de ellos, es cruel y despiadado, todo lo que le hizo a Diana y a Mamoru, él no puede quedarse con los niños mamá no podemos permitirlo, sabes el infierno de vida que les hará pasar

-Lo sé hija, vamos a luchar para que no se los den, pero él lleva las de ganar es el único familiar que tienen los niños, así que la ley está de su lado ahora.

-Diana ni Mamoru lo permitirían tenemos que hacer algo

-Lo haremos hija, primero trataremos de hablar con él y negociar

-Mamá por favor como si no conocieras a ese hombre era igual que...

-Sí... que tu padre.

-Lo siento mamá no quise...

-Hare lo que sea para que esos niños no se queden con él y no vivan lo que ustedes con su padre, no volveré a permitir que unos niños sufran como ustedes

- No mamá-Neherenia abrazaba a su madre- tú hiciste mucho por protegernos no te culpes de nada.

-Debí dejarlo y no permitir que les hiciera daño, más a ti mi princesa tú sufriste tanto

-Mamá... -Neherenia por un momento sintió que las palabras saldrían de su boca esas que tanto se había guardado para sí y que solo una vez las contó a su amiga, pero de inmediato fue consciente que no era adecuado, ya no, el tiempo había pasado y ahora no tenía sentido traer al presente los dolorosos recuerdos del pasado, se abrazo con fuerza de su madre y guardo nuevamente esas palabras en el fondo de su ser- solo no dejemos a los hijos de Diana en manos de Artemis

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-Hola Mamoru –Neherenia se sentaba en el borde de la cama y acariciaba su cabecita con ese cabello color negro azabache, sus ojos azul zafiro tenían esa tristeza que desgarraba el alma, se hizo ovillo cubriéndose casi hasta la cabeza, era su forma de protegerse de todo lo que le daba miedo, ahora no era la obscuridad a lo que le temía sino cerrar los ojos y recordar- ¿Mamoru te acuerdas de mí? Vine a visitarlos en navidad y te traje un regalo, soy amiga de tu mamá.

Asomaba sus ojos zafiros por un extremo de la cobija para tratar de reconocer a la mujer que estaba sentada junto a su cama, la recordaba era hermosa, la navidad pasada los había visitado y el cochecito rojo que le había regalado ese día lo hizo muy feliz, cuando su mamá lo arropaba le confesaba que cuando fuera grande buscaría una novia muy hermosa como su amiga Neherenia.

-Te recuerdo ¿Qué haces aquí?

-Sabes, ayer nacieron mis sobrinas un par de hermosas bebés que están en el cuarto de al lado ¿te gustaría conocerlas?

-No, no quiero salir de aquí –hizo una mueca de dolor llevándose la mano a la cabeza que tenía un vendaje a consecuencia del accidente.

-¿Duele mucho? –dijo Neherenia intentando acariciarlo pero Mamoru se alejaba de ella

-Estoy bien ¿Qué es lo que quiere?

-Tú sabes que era muy amiga de tu mamá, hoy tenemos que irnos del hospital, vas a venir con nosotros a casa para cuidar de ti y de Zafiro ¿Te gustaría?

-No lo sé –el pequeño se cubría nuevamente solo mostrando sus ojos azul zafiro, Neherenia le sonreía con ternura

-Puedes ayudarme a cuidar de mis sobrinas

-Yo solo quiero... quiero ver a mi mamá y mi papá quiero regresar a mi casa con mi hermanito quiero que termine esta pesadilla

-Mamoru... lo siento tanto –dijo sin poder contener las lágrimas- eso no puede ser

El niño se sentó y se abrazó de la mujer llorando juntos, ya lo había consolado su vecina Luna pero necesitaba sentirse protegido, tenía miedo como nunca lo había sentido, estaba solo y se sentía perdido.

La puerta se abrió Luna entraba con Zafiro en sus brazos se sentaba en la cama a un lado de Mamoru.

-Es hora de irnos tú y Zafiro vendrán con nosotros

-Si lo sé –bajaba la cabeza con tristeza mientras tallaba sus ojos- ¿nos quedaremos por siempre con ustedes?

-Al menos por ahora, hasta que llegue tu abuelo

-No lo conozco, no quiero ir con él.

-Cuando llegue tu abuelo vamos a hablar, para que los dejen con nosotros Mamoru ¿Te parece?

-Si señora

-Dime Neherenia – le sonreía mientras el pequeño observaba a su hermano en brazos de Luna- ¿Quieres que te ayude a cambiarte Mamoru?

-Puedo hacerlo solo –el pequeño tomaba la ropa que Luna había llevado y que estaba sobre la cama, caminaba al baño para cambiarse.

-¿Saben algo de ese hombre mamá?

-Retraso su llegada un par de días, no esperaba menos de él –decía Luna susurrando para que Mamoru no escuchara.

-Eso quiere decir que no le importara que ellos se queden con nosotros ¿Darán de alta hoy a mi hermana y las niñas?

-Si más tarde, yo me iré con los niños por favor quédate con Ikuko y Kenji para que los ayudes, Amade me va a ayudar para llevarlos a casa.

-Tendremos casa llena mamá –acomodaba la manta que cubría al pequeño Zafiro.

-¿Estas mejor hija?

-Aun no lo puedo creer pero sé que Diana querría que me hiciera cargo de sus hijos y eso haré.

-Estoy listo –Mamoru salía del baño vestido con un pantalón negro, un suéter café y zapatos negros, Neherenia caminaba hasta él acomodaba el cuello de su camisa y le sonreía, Mamoru era idéntico a su padre el mismo color de cabello los mismos ojos zafiro, Neherenia le sonreía y lo tomaba de la mano caminando a la puerta con Luna tras de ellos en el pasillo los esperaba Amade al verlos salir se acercaba y se agachaba quedando a la altura de Mamoru.

-Hola Mamoru

-Hola Señor Amade

-Vendrán conmigo y Luna a casa, ¿te gustaría que retomáramos las clases de piano Mamoru?

-Me gustaría señor Amade, para mí es un honor

-Bien, lo haremos tendremos tiempo para practicar

-Te veré más tarde Mamoru, voy a ayudar a mi hermana con sus bebés - Neherenia le dejaba un beso en la mejilla haciéndolo sonrojar

-Las bebés de la señora Ikuko, ¿también irán a casa pronto?

-Así es, más tardes las conocerás, ahora ve con mi madre y con el señor Amade, te han preparado una habitación para ti y tu hermanito.

-Gracias Neherenia –Amade tomaba la mano del pequeño Mamoru y caminaban a la salida, mientras Neherenia los observaba, se abrazaba ella misma mientras unas lágrimas escurrían por sus mejillas, el pequeño era muy valiente y había pasado por tanto, una mano se posó en su hombro haciéndola saltar

-Lo siento ¿te asuste?

-Kenji, si –decía sonriendo y secaba sus lágrimas, su cuñado caminaba para quedar de frente y la tomaba de los hombros

-Lo siento tanto Neherenia, tú y Diana eran

-Como hermanas, aunque Ikuko es apenas dos años menor que yo, el lazo de amistad con Diana era –sin poder evitarlo nuevamente comenzaba a llorar, Kenji la abrazaba mientras acariciaba su espalda.

-Tranquila cuñada, eres una mujer muy valiente has pasado por cosas terribles y las has superado, a Diana no le gustaría verte así.

-Tienes razón –se separaba de él y secaba sus lagrimas con la mano, Kenji sacaba su pañuelo y se lo daba- ¿Qué ha dicho el médico?

-Está preparando los papeles para darlas de alta, ¿podrías ayudar a Ikuko a darse una ducha?

-Claro que si

-Neherenia –la detenía del brazo cuando pasaba a su lado- gracias por estar aquí y ayudarnos

-Ya era tiempo de regresar Ikuko y tú me necesitan ahora con las niñas bueno nuestra familia creció de repente, ahora serán cuatro niños en lugar de dos

-Siempre quise una casa grande con muchos hijos, pero mi madre murió tan joven y mi papá no quiso rehacer su vida.

-Sabes que si necesitas una hermana cuentas conmigo

-Lo sé Neherenia, gracias

-Bueno iré con Ikuko conociéndola querrá irse lo antes posible del hospital

-La conoces muy bien Neherenia.

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Ikuko mecía en sus brazos a su pequeña para calmarla cuando Mamoru se asomaba por la puerta

-¿Te despertó?- Mamoru iba descalzo y con una pijama blanca con osos azules, llegaba hasta al lado de Ikuko

-No podía dormir, ¿Qué le pasa?

-Creo que tiene cólicos

-Mamá le daba un masaje a Zafiro en su pancita para que se le pasará porque no lo intenta señora Ikuko

-Bien, lo intentaremos – Ikuko recostaba en la cama a la pequeña que aun lloraba, Mamoru subía quedando a su lado observándola, ponía un dedo cerca de su manita y la pequeña le apretaba calmándose- ¡Vaya! Mira eres muy bueno la has calmado

-Es muy bonita ¿Cómo se llama?

-Usagi

-Es un nombre lindo, como ella, ¿Por qué tiene los ojos azules y el cabello rubio? No son como ustedes

-Bueno, es herencia de su abuelo, mi padre si –dijo con tristeza

-Yo me parezco mucho a mi papá, mi mamá siempre me lo decía que éramos muy parecidos

-Es verdad Mamoru

-Shhh –decía llevando su dedo índice a los labios para después seguir acariciando con ternura la cabecita de la bebé que se quedaba profundamente dormida y susurraba para no despertarla- se ha dormido

-Eres muy bueno

-Siempre le ayude a mamá con Zafiro, si quiere señora Ikuko puedo ayudarle con sus bebés también.

-Gracias Mamoru, me ayudaras bastante

-Gracias a ustedes por traernos a su casa a mi hermano y a mí, eso jamás lo olvidaré, seré grande y cuidaré de sus hijas

-¿Ya has conocido a Serenity?

-No, aun no

-Ven –decía extendiendo su mano, Mamoru daba un beso a la pequeña y tomaba a Ikuko que lo llevaba hasta la cuna donde dormía Serenity

-Son iguales –decía sorprendido

-Sí, son gemelas

-¿Cómo hará para saber quién es Usagi o Serenity?

-Mi madre le ha puesto un listón rojo a Usagi, pero yo, las puedo diferenciar con o sin listón

-¿Cómo lo hace?

-Una madre siempre reconoce a sus hijas

-Es como una clase de súper poder de mamá

-Si –decía sonriendo- es un súper poder de mamá –Ikuko tomaba en brazos a Usagi y la llevaba a la cuna recostándola a un lado de Serenity, en cuanto ambas se sintieron se tomaron de la manita.

-Wow vio eso señora Ikuko

-Lo vi –dijo Ikuko con la voz entrecortada- es hora de dormir Mamoru

-Aun no tengo sueño ¿puedo quedarme aquí viéndolas un ratito más?

-Debes dormir Mamoru

-Puedo dormir ahí –señalaba un sofá- puedo empujarlo para quedar al lado de las dos, voy a cuidarlas y si lloran iré a avisarle

-Pero Mamoru- el pequeño iba hasta el sofá y lo empujaba para dejarlo al lado de la cuna se sentó y pegaba su frente a los barrotes de la cuna mientras las observaba, Ikuko sonrió y salió de la habitación, dejando la puerta abierta para escuchar si sus pequeñas lloraban, en el pasillo se encontró con su esposo, lo tomó de la mano y haciéndole una señal para que guardará silencio lo llevó a la puerta de la habitación para que viera como Mamoru velaba el sueño de sus hijas.

-Es un niño muy valiente –le susurró en el oído

-¿Crees que Artemis los deje a nuestro cuidado?

-Eso espero Ikuko, eso espero.

Una hora más tarde, Ikuko regresaba a la habitación Mamoru dormía recargado en la pasamanos del sofá hecho un ovillo, lo tomo en sus brazos recostándolo en la cama que había en la habitación sacó una frazada y lo cubrió mientras le daba un beso, se aseguró de que sus hijas estaban bien y salió de nuevo.

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-¿Quién se creen ustedes para tomar esa decisión?

-Artemis cálmate, por favor pasa y hablemos no tienes porque alterarte.

-No quieres que me altere Amade han secuestrado a

-Tus nietos dilo y no lo secuestramos, pensamos que era mejor que estuvieran aquí que en una casa de asistencia, han estado bien y también preparamos todo para los funerales

-¿Quién te crees tú para tomar ese tipo de decisiones?

-Lo hice porque tú no te apareciste aquí como lo dijiste, pasó más de una semana y apenas vienes

-Tenía negocios importantes

-¿Son los negocios más importantes que los funerales de tu hija y su esposo? ¿Más que tus nietos?

-Mi hija murió hace casi siete años cuando decidió dejar todo lo que yo le daba por irse con ese hombre, se lo dije le iba a arruinar la vida y mira tenia la razón.

-No puedo creer que digas eso es tu hija

-¿Dónde está ella?

-Ya no pude localizarte no tuvimos noticias tuyas así que hicimos los funerales

-¿Dónde?

Amade saco un papel del bolsillo interno de su saco y se lo extendió, Artemis se lo arrebató y camino de regreso al auto que lo esperaba aun en marcha sin decir más se fue, Luna salía de la casa, Amade aun seguía con la vista hacia donde Artemis había desaparecido hace poco.

-¿Qué haces aquí? No me digas que ya sufres de Alzheimer y ya no localizas la casa

-Estuvo aquí

-¿Quién?

-Artemis

Luna abrió la boca para decir algo pero después la cerró quedándose pensativa, Amade volvió la mirada a Luna

-Aun te afecta ¿verdad?

-Lo nuestro sucedió hace mucho éramos unos niños y

-Ustedes se amaban pero te decidiste por Wiseman

-Ambos eran iguales son iguales, debí elegirte a ti Amade

- No Luna, nosotros no hubiéramos funcionado somos agua y aceite seria el matrimonio más corto de la historia

-Tienes razón –fingió sonreír pero Amade la conocía muy bien- todos elegimos caminos diferentes y después nuestros hijos crecieron quien diría que tu hijo y mi hija...

-Soy feliz Luna tienes razón cada quien tomó el camino que le correspondía

-¿Nos dejará a los niños? ¿Pudiste plantearle la situación?

-No hablamos de ellos, ya sabes como es, quiso saber donde está sepultada Diana –ambos regresaron a la casa y se sentaron en la banca del jardín, Luna bajaba la mirada a sus manos recordando- ¿Qué piensas?

-¿Crees que me escuche? O será contraproducente

-Artemis ha cambiado no es nada el amigo que conocimos, cada vez está más amargado y me da tristeza.

-Hemos pasado por muchas cosas todos, quien lo diría, tu el famoso pianista Yusuke Amade, empresario, viudo y te hiciste responsable de Kenji tú solo.

-Bueno y tú Luna a pesar de todo lo que sucedió, ahora estás tranquila con tus dos hijas y con dos nietas, sin embargo Artemis... me preguntó ¿Qué le pasaría para estar así de amargado? Los tres hemos sufrido pero salimos adelante a pesar de todo pero él.

-Supongo que fue por lo sucedido con la madre de Diana

-No Luna, estaba muy mal desde antes pero ya sabes cómo es no se deja ayudar y esperemos que regrese más calmado para poder plantearle lo de los niños.

-Eso espero, vamos tenemos que almorzar tienes que alimentarte bien ya estás muy viejo y puedes desmayar de hambre

-Luna, nunca cambias –Amade le ofreció su brazo para que Luna se colgará de él y regresaron a la casa.

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-Neherenia, no quiero conocerlo, yo quiero quedarme siempre aquí con ustedes con Usagi y Serenity

-Yo qué más quisiera pero aun no podemos convencerlo, vamos yo estaré a tu lado solo lo vas a saludar y después dejaremos que hablen con él así nos ayudas con los pequeños ¿Te parece bien?

Mamoru asintió, no del todo convencido, algo le decía que su vida cambiaria a partir de este día ya habían pasado dos semanas desde que habían muerto sus padres, estaba comenzando a gustarle la idea de vivir en casa de los Tsukino pero, ahora aparecía un hombre que decía ser su abuelo y al que nunca había visto, tomó de la mano a Neherenia y salieron de la habitación, caminaba por el pasillo con la vista fija en sus zapatos negros, estaba nervioso antes de entrar en la sala se sacudió el pantalón y tomo la mano de Neherenia una vez más.

Cuando entraron a la sala todos guardaron silencio Luna y Amade estaban de pie junto a la ventana, por la expresión de Luna sabia que algo no andaba bien sus ojos estaban llorosos y Amade trataba de calmarla en uno de los sofás Ikuko con Kenji como siempre tomados de la mano y en un sofá estaba un hombre de cabello cano de traje y con rostro serio que lo veía de una manera que no le gustaba, le costó pasar la saliva y se acerco para saludarlo con una reverencia

-Buenos días señor soy Chiba Mamoru es un placer conocerlo –el hombre no dejaba de lanzarle esa misma mirada, no respondió si quiera a su saludo, Mamoru regreso al lado de Neherenia y trataba de no mirarlo a los ojos, le daba tanto miedo como el tigre que había en el zoológico donde sus padres lo llevaron una vez

-Mamoru cariño, el señor es padre de tu mamá tu Abuelo el Señor Artemis

-Es hora de irnos –dijo levantándose del sofá

-Señor Artemis ¿Por qué no piensa en lo que le hemos planteado? –Dijo Ikuko con voz conciliadora- aun tiene que pasar unos días en Tokio y debe tomarse su tiempo para...

-No tengo nada que pensar –Mamoru lo escuchó y su voz fuerte y ronca lo hizo dar un salto Neherenia al percatarse apretó su mano.

-Déjenos explicarle nosotros a...

-Mamoru –dijo Luna interrumpiendo a Kenji- Ve a cuidar de tu hermano y las niñas por favor

-Sí –camino de regreso al pasillo pero se quedo pegado a la pared necesitaba escuchar de que hablarían que no querían que escuchará, esperaron un tiempo considerable y Luna tomó la palabra.

-Es increíble que te comportes así Artemis, por Dios son tus nietos ¿Es que no tienes corazón?

-No Luna no tengo corazón, ahora me pueden entregar a mis nietos tengo que volver a Holanda a seguir con mis negocios, no puedo esperar más

-¿Qué vas a hacer solo con dos pequeños niños?

-Eso es asunto mío Amade, ahora entréguenme a los niños o me veré obligado a traer a las autoridades.

-Por primera vez en tu vida o tal vez por una vez en tu vida, puedes dejar de pensar en ti, esos niños necesitan amor, cariño, comprensión, paciencia y sinceramente contigo no van a tener nada de eso

-Tú que sabes Luna

-Te conozco y sé que no está bien que ellos estén contigo, déjalos con nosotros podremos cuidarlos y Mamoru va a superar lo que ha sucedido, podrás verlos las veces que quieras

-Me los entregaran ¿sí o no? –dijo tajantemente, Luna lo vio con coraje y desprecio, ese hombre no tenia sentimientos, iba a pelear por esos dos niños no los iba a dejar en sus manos tan facilmente.

-No, Artemis no te los voy a entregar, puedes ir y buscar a tus abogados pero esos niños no se irán de aquí

-Ya veremos –sin decir más Artemis salió hecho una furia de la casa, Mamoru corrió a la habitación con los niños cerró la puerta a sus espaldas, su corazón latía con fuerza, no quería irse de esa casa con ese hombre que no le gustaba como lo veía, camino a la cuna y vio a las niñas dormidas, luego se asomo a la cuna donde dormía Zafiro apretó sus puños con fuerza, no quería irse, no con ese hombre.

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-No, Amade me niego a entregarlos, esos niños sufrirán con él, no fue suficiente nuestro testimonio, decirles que nunca vio por ellos tenemos todo para hacernos cargo de ellos, no puede ser que nos los quiten

-Mamá cálmate por favor –Ikuko abrazaba a su madre para tratar de calmarla

-Hicimos todo lo posible Luna, créeme pero no sirvió de nada, solo logre que una asistente social les haga visitas a menudo pero nada más.

-¿Cómo le explico a Mamoru?

-Ya Kenji está hablando con él para explicarle, no podemos mentirle al pequeño, vamos a estar al pendiente de ellos

-Se los va a llevar Amade, tal vez si yo voy y hablo con él...

-No creo que sirva de nada –decía Neherenia que se levantaba del sofá y caminaba para el pasillo tenía que hablar con Mamoru.

-Mamoru, me has entendido –el niño estaba sentado en la cama con la mirada fija al suelo, apretaba sus puños y trataba de controlar las lágrimas, Kenji estaba de cuclillas frente a él.

-¿Por qué no puedo decidir yo que me quiero quedar con ustedes?

-Las leyes son las que deciden Mamoru

-Ese hombre no nos quiere, y yo tampoco quiero estar con él –Neherenia entraba a la habitación y se sentaba al lado de Mamoru pasando su brazo por sus hombros

-Eres un niño muy valiente como ningún otro, también muy inteligente, hicimos todo para que Zafiro y tú se quedaran con nosotros pero no fue posible y me duele tanto porque yo quería cuidar de ustedes.

-¿Tengo que irme ya?

-Van a venir por ustedes en cualquier momento, sé valiente cuida de Zafiro, demuéstrale a tu abuelo que son unos niños maravillosos yo creo que cuando los conozca bien los va a querer muchísimo

-Lo crees Neherenia

-Si, además ya te anote mi número en este papel y podrás hablarme las veces que quieras, cuando te sientas triste o solo, cuando quieras contarme algo lo que sea tu puedes llamarme

-Lo haré –tomaba el papel y lo guardaba en el bolsillo de su pantalón- ¿Por qué nos lleva lejos?

-Tu abuelo tiene muchos negocios la mayoría fuera de Tokio pero van a venir con frecuencia y cuando estén aquí iré a visitarlos

-Gracias por cuidar de nosotros nunca lo olvidare –bajaba de la cama y caminaba a la puerta decidido, Luna estaba en el pasillo con Zafiro en brazos- Luna ¿puedo despedirme de Usagi y Serenity?

-Por supuesto cariño –decía Luna conteniendo las lágrimas

Mamoru entraba a la habitación y empujaba el sofá para poder alcanzar la cuna donde Serenity dormía, pero Usagi movía sus manitas en cuanto lo vio, el ponía su dedo y ella lo apretaba haciéndolo sonreír

-Princesa Usagi, vengo a despedirme, Zafiro y yo iremos con mi abuelo, no sé cuando te vuelva a ver pero ya serás más grande, por favor no me olvides princesa porque yo nunca te olvidaré, cuida de Serenity y dile que no duerma tanto, voy a regresar y cuidaré de ti.

Soltaba su manita y salía de la habitación Neherenia y Kenji tenían sus maletas listas, Ikuko se unía a ellos con Zafiro en su silla para el auto.

-Ya llegaron por ustedes –se agachaba y abrazaba a Mamoru dándole un beso en la mejilla- cuídate mucho y cuida de Zafiro, háblanos a la hora que sea

-Gracias señora Ikuko por cuidarnos

-Eres un niño muy valiente Mamoru

-Profesor Amade no olvidare las lecciones y seguiré practicando

-Si tienes dudas llámame, vamos ya los esperan.

Todos muy tristes salieron de la casa un auto Mercedes Benz negro estaba en la puerta dos hombres vestidos de negro lo custodiaban en cuanto los vieron salir uno de ellos abrió la puerta trasera mientras el otro caminaba para ayudarles con las maletas, Artemis bajó del auto vestía un traje gris Oxford de tres piezas un camisa blanca y una corbata roja el custodio caminaba hasta Luna y tomaba la silla donde estaba Zafiro para subirlo al auto Luna le daba un beso antes de entregarlo, Mamoru se despedía de todos con una reverencia

-Sube al auto se nos hace tarde –el pequeño lo hacía sin responder ayudado por el custodio, Artemis caminaba hacia el auto cuando Luna lo detuvo tomándolo del brazo.

-No te atrevas a hacerles daño, ellos son los menos culpables de tus rencores Artemis.

-Luna no sabes nada no te metas

-Me meto porque los conozco más que tú, porque estuve al lado de Diana cuando tú le diste la espalda.

-Todo este tiempo tuve razón mira como ha terminado todo, ese hombre es el culpable de la muerte de Diana, pero está por demás tratar de explicarte, siempre quieres tener la razón Luna

-Espero que recapacites y les des a esos niños el amor que tanto necesitan

Sin decir más Artemis regreso al auto el custodio lo esperaba apenas entró al auto cerró la puerta y se puso en marcha, Mamoru se asomaba por la ventana despidiéndose de la familia que los había acogido y con quien se sintió feliz, ahora de nuevo se sentía solo, tomaba la manita de su hermano Zafiro y mantuvo la mirada al frente igual que su abuelo, todo el camino no se escucho ni una sola palabra.

.

.

.

7 años después.

-¿Hijo te has enterado?- Amade entraba a la oficina y le entregaba un periódico a Kenji

-No se habla de otra cosa en Tokio, vaya lección que le ha dado la vida al viejo Artemis –leía el periódico y lo dejaba sobre su escritorio.

-Ahora va a vivir de la herencia de Mamoru y Zafiro, definitivamente el karma existe

-No sólo eso también será nuestro vecino, ya han llegado a arreglar la casa de Diana y Mamoru, otro golpe más al orgullo de ese viejo testarudo. Lo bueno de todo es que volveremos a ver a Zafiro y Mamoru.

-Seguramente Luna estará feliz con la noticia ¿verdad papá?

-Me ha llamado para darme la noticia esta que no cabe de la alegría, quiere hacerles una fiesta de bienvenida

-No creo que Artemis quiera asistir, le han pegado en el orgullo

-Aun no me explico que sucedió siempre fue bueno en los negocios

-Al parecer la gente que trabajaba para él lo han defraudado por años y algunas malas decisiones de su parte lo han llevado a la ruina, así son los negocios papá

-No me alegro de lo que le sucede, espero que pronto se recupere ahora va a hacerse cargo de las empresas de Mamoru mientras sus hijos no sean mayores de edad él va a tener el control.

-Mamoru ya tiene 13 años y por lo que platica con Neherenia y Luna solo espera cumplir la mayoría de edad para reclamar su herencia y a Zafiro

-No creo que el viejo Artemis lo permita ahora es él quien necesita de sus nietos, bueno aun faltan 5 años para que Mamoru pueda heredar. Me voy hijo tengo que llevar a Serenity a su clase de natación y conociéndola debe estar desesperada

-Ve con cuidado papá y dale un beso a mis princesas

-Claro hijo te veo en casa

.

.

.

Usagi recargaba sus codos en el borde de la ventana mientras sus manos sostenían su rostro, la casa de los vecinos ahora tenía mucho movimiento, continuamente entraban personas llevando cosas, su madre, tía y abuela le habían contado muchas veces sobre sus vecinos y hoy estaban más felices que nunca al fin conocería a Mamoru y Zafiro por una extraña razón sentía una emoción porque al fin los conocería, una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando pensaba en ellos.

-Usagi ¿Qué haces ahí?

-Serenity, te tengo noticias el abuelo Amade por fin termino la casa del árbol ya podemos subir y jugar ¿Qué quieres hacer? ¿Llevamos unas muñecas? ¿O un libro?

-¿Yo subir ahí? ¡Qué horror! no Usagi ni lo pienses, jamás subiré ahí, puede salir un animal o ensuciar mi vestido –quitaba una pelusa imaginaria de su vestido de tirantes blanco- es toda tuya puedes hacer lo que quieras yo prefiero estar en mi habitación ¿Ya llego el abuelo Amade?

-Aun no ¿No te da curiosidad saber cómo son los vecinos?

-Ese tal mmm ¿cómo se llama? –decía llevando su dedo a su mentón tratando de recordar

-Mamoru

-Ah si eso y el otro Zafiro, no la verdad no me interesa, yo solo quiero ir a mi clase de natación, espero que el abuelo Amade no olvidará que tenía que llevarme

-Aun estas a tiempo Serenity no debe tardar

-Eso espero voy por mi maleta –Serenity subía las escaleras mientras Usagi nuevamente regresaba la mirada a la casa de al lado, Ikuko y Luna entraba a la sala

-Mamá conoces el carácter de Artemis si te ve rondando la casa....

-Solo fui a preguntar si sabían a qué hora llegaban, ¿Usagi qué haces aquí princesa?

-Veía el alboroto, ¡vaya! cuanta gente entra y sale ahí

-Si cariño ya no tardan en llegar nuestros vecinos y estoy feliz por ver de nuevo a mis niños Mamoru y Zafiro

-¿Mamá puedo ir a la casa del árbol?

-Eso es peligroso no sé como Amade se atrevió a ponerla no debiste permitirlo Ikuko

-Pero es muy segura abuela Luna además solo quiero leer un libro ¿puedo?

-Mamá necesito un traje de baño nuevo- decía Serenity desde las escaleras cargaba en su hombro una bolsa con sus cosas apenas bajaba las dejaba en el suelo y caminaba hasta donde su madre- ese que tengo ya no me queda bien

-Crecen tan rápido mis niñas Ikuko

-Serenity puedo darte el mío –decía Usagi quedando frente de ellas las dos eran idénticas el mismo color rubio los ojos azules la misma estatura si no fuera porque estaban vestidas y peinadas diferentes pareciera que era la otra un reflejo en el espejo

-¡No!, primero muerta, tu traje de baño es tan simple, yo prefiero uno nuevo de mi estilo ¿mamá?

-Está bien Serenity iremos mañana después de comer

-Ya llegue familia –decía Amade que aparecía por la puerta

-Abuelo qué bueno que llegas vámonos ya es tarde y quiero llegar antes que Minako y Rei

-¿Vienes con nosotros Usagi?

-Yo me quedo abuelo, quiero ir a la casa del árbol, voy a leer un libro

-Vamos abuelo se nos hará tarde –Serenity tomaba de la mano a su abuelo para jalarlo a la salida

-Calma Serenity vamos a llegar temprano-decía viendo su reloj de pulsera

-Eso espero abuelo, vamos –Serenity tomaba su maleta del suelo se despedía de su madre y su abuela y tomaba de la mano a su abuelo para casi arrastrarlo a la salida.

-Yo iré por mi libro

-Usagi ten cuidado por favor

-Si mami no te preocupes lo tendré

Usagi subía a su habitación buscaba su bolsa favorita color rosa con blanco la pasaba por su cabeza y la cruzaba debajo de su brazo, bajaba emocionada las escaleras y entraba a la biblioteca, iba al primer estante y tomaba el libro de mujercitas lo guardaba en su bolso y cruzaba el jardín hasta llegar a un frondoso roble donde su abuelo le había construido su casita, sonreía y subía las escaleras, cuando entraba se dejaba caer en el piso y extendía sus brazos y piernas cuando escucho un auto detenerse, se asomaba por la ventana de la casa y veía a un niño de su misma edad con cabello negro correr hacia la casa, estuvo tentada a gritarle pero al ver a un hombre mayor de cabello cano y con cara de pocos amigos prefirió guardar silencio, daba un vistazo más a su casita, estaba aun vacía pero su papá le había prometido comprarle lo necesario para que estuviera cómoda, se sentó a la mitad y sacó su libro de su bolsa se dejo caer y lo abrió en la pagina que había marcado.

Mamoru bajaba de la camioneta nada había cambiado la casa seguía igual que hace 7 años atrás y eso le gustaba sentía que al fin regresaba a casa, veía hacia la casa de sus vecinos unos arbustos bajos delimitaban ambas casas, pero todo estaba igual, excepto porque en el árbol de roble había una casita de madera, sonrió al verla seguramente Usagi y Serenity jugaban ahí por horas

-¡Mamoru! –Zafiro corría a darle el encuentro- vamos dame un recorrido por la casa es enorme, el abuelo ya se encerró creo en la biblioteca, ya sabes que anda enojado desde hace días.

-¿Cuándo el abuelo no anda enojado? Bueno vamos –alborotaba el cabello negro de su hermano y este lo tomaba de la mano para llevarlo a la casa, Mamoru quería ir a visitar a los Tsukino, pero Zafiro no lo dejaría tranquilo hasta que le mostrara la casa, dejó para más tarde la visita a casa de sus vecinos y entro con su hermano para enseñarle la casa donde él creció y donde estaban los recuerdos de sus padres.

.

.

.

-¡Usagi! Esto no te lo voy a perdonar –gritaba Serenity y entraba furiosa a la habitación de Usagi haciéndola brincar

-¿De qué hablas hermanita?

-Mi vestido azul –caminaba al armario y lo abría mientras buscaba entre sus cosas

-Yo no lo tengo

-No está en mi armario y desde que la tía Neherenia me lo compro vi como lo deseabas y es mi vestido devuélvelo

-De verdad Serenity no lo tengo

-No mientas regrésalo

-Te juro que no lo tengo puedes revisar bien

-Lo has ocultado seguramente –decía mientras comenzaba a desordenar su ropa y votándola por todas partes mientras buscaba

-No de verdad no lo tengo-Usagi trataba de detener las lágrimas que inundaban sus ojos

-¿Por qué no puedes respetar mis cosas? Muchas veces te he dicho que no te quiero cerca de mi habitación Usagi

-Pero yo no

-Ya es suficiente compartir la misma cara contigo y no sabes cómo desearía no tener una hermana gemela

-¿Qué has dicho Serenity?-la voz de Kenji se escucho haciendo que está saltara

-Papá es que Usagi...

-Eso que dijiste Serenity es horrible y te vas a disculpar con tu hermana –Serenity apretaba los puños hasta dejar sus nudillos blancos mientras fulminaba con la mirada a Usagi- no te escucho Serenity

-Papá estas siendo injusto es que Usagi me ha escondido un vestido

-Quiero escuchar que te disculpas

-Lo... Lo siento –dijo apretando los dientes, Kenji se acercaba a ellas y ponía una mano en el hombro de Usagi

-Ustedes son hermanas y no deben pelear ahora Usagi ¿Qué sabes del vestido?

-No sé nada, yo no lo tomé papá te lo juro

-¿Buscaste bien Serenity?

-Claro que sí pero como siempre le darás la razón a Usagi

-Eso no es verdad Serenity

-Sí lo es papá, mejor voy con mi tía Neherenia –Serenity salió de la habitación, Kenji tomaba entre sus manos el rostro de Usagi, secaba las lágrimas que corrían por sus mejillas

-No llores, a veces tu hermana dice cosas sin pensarlo bien, porque no vas a ayudarle con el vestido tal vez tu tengas suerte y lo encuentres

-Si papá –Usagi le dio un beso y fue tras de su hermana llegó a su puerta y dudó en tocar, se mordió el labio y se armo de valor, toco a la puerta, cuando escucho a Serenity que le permitía entrar, lo hizo.

-Sere puedo ayudarte a buscarlo... -Serenity la veía con coraje haciendo que Usagi retrocediera unos pasos más

-Siempre haces lo mismo

-¿De qué hablas Serenity?

-Usagi la hija perfecta, la que no da problemas en la escuela, la que todo lo hace bien, no sabes cómo te odio, odio verte y verme yo, no entiendo porque naciste tú, solo debí ser yo

-Serenity –abría los ojos y se llevaba una mano a la boca mientras las lágrimas salían sin control- eso que dices...

-Es lo que siento, no quiero que siempre me comparen contigo y sabes bien que no te soporto así que mejor vete de mi habitación y nunca vuelvas a entrar nunca –la empujo hasta sacarla y cerró la puerta, Usagi camino y salió de su casa caminaba atravesando el jardín con la mirada al suelo no entendía porque su hermana era así con ella, en qué momento dejaron de jugar juntas como lo hacían antes, en compartir sus cosas, Serenity había pedido una habitación para ella sola y eso le dolió pero ahora le dolían mas las palabras que le dijo.

Sin darse cuenta que unos ojos zafiros la observaban caminó hasta el roble y se dejo caer apoyando la espalda en el tronco y pego su frente en sus rodillas abrazándose mientras lloraba, Mamoru sintió que le oprimían el corazón al ver a la pequeña llorar de ese modo, miro a todos lados al ver que no había nadie cerca brinco los arbustos y camino hasta donde estaba la pequeña rubia quedando de cuclillas frente de ella.

-Hola

Usagi levantó la cara para encontrarse con unos ojos zafiros afligidos, abrió los ojos como plato y seco con su mano las lágrimas

-No llores princesa, tomó su rostro en sus manos y secaba con sus pulgares las lágrimas, sus ojos azules estaban rojos por llorar pero aun así eran hermosos, sonrió de lado y se aventuro esperando no cometer un error pero algo le decía que era ella - ¿Usagi?

tachmen9P

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