INTENTANDO ODIARNOS ♥︎

By MaddoxDian77

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Zachary Manson es dolorosamente atractivo y enigmatico, dando la impresión de tipo engreído. Los demás chicos... More

INTENTANDO ODIARNOS.
0 ~ Principio del fin.
2 - ¿Por qué no Zachary?
3 - Estúpido secador.
4 ~ Dirección.
5 ~ A veces.
6 ~ Muévete más rápido.
7 ~ Te diré todo.
8 ~ No ahora, no aquí.
9 ~ ¿Apuestas?
10 ~ ¡Pensé que había algo aquí!
11 ~ No me confirme lo que estoy pensando.
12 ~ Nos salvaste.
13 (Parte I) ~ En tu cara, Barbie.
13 (Parte II) ~ Tatuado.
14 ~ Ironía.
15 ~ Somos amigos.
16 ~ Vamos a pasarla bien, bebé.
17 ~ ¿Celoso?
18 ~ El plan.
19 ~ Fui cruel.
20 ~ Lo amas.
21 ~ Realidad, dulce realidad.
22 ~ ¿Mercancía?
23 ~ ¿Quién es?
24 ~ Ella es mi chica.
25 ~ Te amo.
26 ~ Buenos días, cariño.
27 ~ Necesito que estés bien.
28 ~ Manson equivocado.
30 ~ Rojo.
31 ~ La loca de la pistola.
32 ~ ¡Cierren la puta boca!
33 ~ Te amo, snob.
34 ~ Epílogo.

1 - Escalofriante acosadora.

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By MaddoxDian77

No deseao estar en la escuela esta mañana, y, sin embargo, allí me encuentro. Como un remedo de mi ser; estoy deprimida y detesto admitirlo. Mi buena racha viene en picada desde el año anterior y no me he detenido a pensar en la cantidad de resentimiento y estrés que estoy almacenando en mi interior, hasta este momento.

Ugh, magnífico lugar para darme látigo con mi miseria.

Deseé con todas mis fuerzas que una tormenta con granizo cayese sin piedad, pero ya era tarde. Mi culo está incómodamente sentado y somnoliento tratando de ignorar toda alma existente, incluyendo a Jade que no hace más que parlotear sin cesar. La quiero muchísimo, pero incluso, escucharla hoy, es demasiado.

Parpadeo mecánicamente con la vista fija en ningún punto en particular. Quiero marcharme a casa pronto, estar sola en mi habitación viendo CSI en la televisión y comiendo chocolates a montón.

También está el hecho de que es una total mierda tener una familia disfuncional a la que tengo que ignorar prácticamente todo el día, todos los días, para evitar discusiones. Así como también es una mierda pensar en mi ex novio, y que ese imbécil, el primer, único y último chico al que técnicamente he idolatrado, me engañó vilmente el día de nuestro jodido aniversario.

Hijo de perra.

Me cobijé con gusto en aquellos brazos cuando todo estaba yendo de cabeza con mi madre. Me había motivado a tener confianza y aumentar mi autoestima. Me sentí tan amada y feliz y luego el muy imbécil lo arruinó de una manera monumental. Porque eso es lo que hacen los chicos, arruinar las cosas. Era mi apoyo y base, y me destruyó. Estoy absolutamente convencida de que todas esas son razones más que suficientes para mi actitud casi hostil y obstinada con los hombres que se interesaban en mí. Viéndome forzada a crear un muro de hielo hacia todo ser viviente del otro sexo para proteger mi corazón.

Trato inútilmente de mordisquear mi mejilla interior para no soltar una maldición en voz alta y que todas las personas a un radio de cinco metros se giren para ver como enloquezco y sollozo patéticamente. Necesito tranquilizarme de una buena vez.

El divorcio de mis padres y la llegada del nuevo marido de mi madre, con el que no tengo una buena historia, también ha hecho mi vida de cuadritos. Al menos me encuentro sana y salva, pero tengo que salir de aquella casa apenas reciba aquel diploma y largarme lejos para vivir como toda una universitaria sin amenazas de violación.

Mi madre es otro asunto lejano. Nuestra relación pasó de ser una mala, a una peor. No insisto, y decido que lo más razonable es defenderme con mis propias manos, pase lo que pase. Estoy agotada de todo.

—¿Estás escuchándome? —parpadeo desorientada y centro la mirada en ella por un segundo, o de lo contrario va a golpearme. No estoy haciéndolo, por supuesto, ¿acaso Jade entenderá lo que es querer que la soledad y el silencio te rodee y absorva?

Aclaro mi garganta tratando de darme algo de tiempo para no perder los papeles allí y ser el centro de atención de todos, ganándome un reporte por gritar en los pasillos, dañando el considerable esfuerzo que ya me cuesta no hacerle una broma de bienvenida a Albert Miller. Aunque pensé en algunas realmente buenas. Sin embargo, ninguna iba a superar el día de la Feria de Clubes del año pasado, dónde Jade, Ales y yo rociamos slime sobre todo el patio del instituto desde un remedo de helicóptero, ganándonos dos semanas de detención y un sermón por parte de mi madre. Sonrío divertida al recordarlo —Lo siento, ¿qué decías?

La pelirroja frente a mí lanza una pajilla en mi dirección. Se que me nota molesta por algo que no le he comentado y que no pensaba hacerlo pronto, eso la molesta a ella también.

No se que hacer, jamás he sido muy abierta respecto a mi vida y Jade hasta el momento lo respeta, pero incluso, a veces, necesito sacar aquello que me oprime el corazón y recibir algo de apoyo. Mierda, es tan difícil transformar todo el enredo de mi cabeza en simples palabras.
Percibo que mi amiga trata de no suspirar frustrada para no hacerme cabrear por intentar inmiscuirse en mis asuntos privados, una vez más.

—No te lo tomes a mal, pero estoy a punto de mandarte a la porra, Bea.

—¡Vamos, no te enojes! —Le brindo un guiño encantador, causando que Jade caiga inmediatamente en mis encantos. Siempre me salgo con la mía cuando se trata de ella.

Me siento culpable por un segundo, Jade trata de alejarme del rumbo que estan teniendo mis pensamientos y lo se, simplemente no puedo luchar con el deseo de querer estar entre las sábanas con la mente en blanco y dejando al resto del mundo de lado. Me gustaría explicárselo, pero no se cómo.

—¿Un nuevo bolso? ¿Eso te haría sentir mejor?

—¿De qué hablas ahora?

Jade rueda los ojos con fastidio —Claro, has estado allí, ignorándome todo este tiempo. Estaba hablándote acerca de aquellos maravillosos y costosos bolsos que vi en Gucci el fin de semana pasado —se abanica exageradamente con las manos. No ruedes los ojos. No ruedes los ojos —¡Señor Jesús, apiádate de mi y mándame dinero!

—Sólo son bolsos, no le pidas dinero a Jesús. ¿Que tu familia no es católica?

Jadeline abre los ojos, luciendo seriamente ofendida por mi poco o nulo interés por la moda y los diseños de privamera recién salidos al mercado —¡Por eso le pido dinero a Jesús y no a Buda, tonta! —.Me señala con el tenedor plástico con el que antes apuñalaba los trozos de fruta de su ensalada mientras frunce el entrecejo un tanto dramática —¡Ésta es la segunda vez que me haces enojar hoy!

—Lo sé. Eso no quita el hecho de que has gastado una fortuna en bolsos que tienes en el fondo de tu armario, Jade. Seamos un poco realistas aquí.

La pelirroja replica a la defensiva, y yo me desconecto de nuevo recorriendo el lugar con la mirada hasta que me detengo en una figura al otro lado. A pesar del gentío y el escándalo, Zachary Manson siempre ha destacado entre la multitud.

Mordisqueo mi ya lastimado labio inferior mientras lo analizo con detenimiento. El chico se encuentra junto a aquel otro castaño de siempre. Nos hallamos aproximadamente a menos de diez mesas de distancia, y él asiente un tanto relajado y concentrado en el tema de conversación con los demás a su alrededor. Los mismos chicos y chicas de siempre, su grupo cercano de estirados y cerebritos.

Su cabello creció en vacaciones y tiene varias perforaciones nuevas en las orejas.

Gruño desde el fondo de mi garganta al darme cuenta de lo que estoy haciendo, ¿por qué le observo con tanto interés de todos modos? Estoy siendo una escalofriante acosadora.

Ya basta. Quita la mirada de él. Ahora. Ya.

Bueno, ¿acaso es tan malo hacerlo? Él es irresistible.

Un cretino irresistible.

Aquella estatura de uno ochenta y tantos, esa piel de porcelana de muñeca oriental, con abundante cabello negro brillante y despeinado, y estos labios carnosos y provocativos que se desfiguran en una sonrisa perezosa y sexy, mientras de manera distraída acaricia con los dedos las argollas en sus orejas. Y esos ojos miel tan atractivos... Maldita sea, él es sumamente apuesto.

Manson es, para mi pesar, caliente. Y desgraciadamente, me provoca cosas indecibles.

Trata de verse como un nerd, con gafas enormes que no pueden ocultar lo que la pubertad ha hecho con él. Y yo tengo ojos, al igual que las groupies que lo persiguen día y noche, de arriba a abajo, mientras salivan desagradablemente a su alrededor tratando de conseguir una pizca de él. Dios, es molesto ver tanta barbie caliente y pechugona junta. Al menos yo no salivo, o eso me gusta creer.

Zachary tiene un cuerpo adecuadamente marcado y se divisa un poco, a pesar de que sus remeras sean de mangas largas siempre, aunque el clima fuese de infiernos, ¿nunca tiene calor aquel idiota?

Es bastante inaceptable que un ratonsillo de biblioteca esté tan bueno, por no decir follable. Tan deliciosamente atractivo, varonil, reservado y sensual. Su mirada me hipnotiza desde kilómetros de distancia y me cuesta anteponer mi fastidio cuando él me observa fijamente, justo como lo está haciendo en este momento.

Mierda.

¡Es un dolor en mi culo considerar deseable al chico que me odia también!

Ese cretino sabelotodo siempre cree tener la razón y yo odio eso, y todo lo que tenga que ver con él. Su sarcasmo, petulancia y que me haga ver estúpida con sus réplicas snobs e ingeniosas. Vale, que el tipo es demasiado apuesto, pero también es irritante e insoportable y saca lo peor de mi con sólo abrir su bocota.

Zachary no deja de mirar en mi dirección, pillándome con las defensas bajas mientras me observa descaradamente antes de plantar una mueca que se asimila a la burla.

¡Osa burlarse de mí!

El chico tiene que agradecer que estamos en lados opuestos de la maldita cafetería o el pie en su trasero no sería suficiente.

Jade y yo nos arrastramos por un bocadillo rápido antes de correr al segundo periodo. Todos se reunen aquí y allá en el patio y cafetería del instituto. La primera hora no ha sido más que formalidades y una fila enorme que abarcaba todo el lugar para que nos asignaran los grupos y un horario nuevo. Cada año lo mismo, es tan molesto.

—¿Qué es lo que miras sin espabilar? —la pelirroja coloca algunos mechones rebeldes de su cabello en su lugar y me observa detenidamente. Está a punto de sufrir un tic en el ojo de tanto contener su lengua, se que va a interrogarme o morir en el intento. Se de antemano que cuando no soporta la situación va a hacérmelo saber —Ahora, dime.

—¿El qué? —mi amiga aprieta los dientes entre sí. Bebo de mi malteada y evito escupirla de inmediato. Está caliente, gracias a que dedico mi tiempo a acosar chicos engreídos.

Jade rueda los ojos, irritada. Por supuesto voy a tratar de desviar el tema, porque para mi es más fácil amputarme un brazo que sincerarme sobre algo personal.

—No quieres cabrearme hoy, tengo una resaca hija de perra.

Lo que era gracioso porque Jade no bebía...

—¡¿En serio?!

—¡Deja de ser tan ruidosa!

—No.

Gruñe —¿En qué piensas? Estás aquí y a la vez no, siento que estás ignorando el universo, lo que por supuesto me incluye a mi... ¡Justo como ahora! ¡Deja de hacer esa cara!

Suspiro con resignación y parpadeo un par de veces antes de concentrarme en su cara familiar, finalmente. Necesito centrarme y dejar de poner mi cerebro a volar si no quiero tener a Jade sobre mi cuello hasta que suelte la verdad sobre lo que realmente me preocupa.

—Nada importante, Jade. Sólo estoy algo cansada por despertar temprano, lo siento. —cosa obviamente cierta, porque acosar a Zachary Manson no es algo que voy a admitir en voz alta, nisiquiera es algo en lo que pensar o mencionar, pero obviamente no puedo evitarlo. Él es el tipo de chico que me hace cabrear y mojar las bragas, todo al mismo tiempo, y yo no puedo evitarlo. O quiza, no quiero.

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