Lluvia de Estrellas

By IvonneAvella

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Un pasado, todos tenemos uno. ¿Pero cómo pueden tener un mismo pasado Vachel y Haniel? Dos personas que se a... More

Sinopsis
Estrella rosa
Nuevos alumnos
Encuentro cercano del primer tipo
Desaparecida
Arrepentido
Estación de policia
Pesadilla
El rubio de ojos azules
Una cita
Morgue
¡No me grites!
Apoyate en mi
Memorias
Bésame por educación
Querido Andrés
Bienvenido
Sorpresa
Me gustas, Haniel
Algo especial
14 de febrero
Consiguiendo un trabajo
Primer día
Fin del viaje
No lo quiero
Sentimiento suicida
Alas
Demonio
Epílogo

Otra cita

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By IvonneAvella

—No, no, no, no, no —unas manos me sujetaban por los codos —no te desmayes, por favor.

Abrí los ojos un poco.

—¿Qué sucedió?

—Nada, —me respondió Haniel. Diego se encontraba atrás de el. —Creo que te gusta mucho desmayarte, lo haces con frecuencia.

—¿Cómo que nada? —sacudí la cabeza intentando acomodar mis ideas. —Haniel, alas, había...yo ví..tu espalda..—Diego recostó la frente contra la pared y Haniel se tornó preocupado —¿Que ocurre? Necesito una explicación.

—No ocurrió nada —dijo Diego algo cortante

—¿Nada? —reí sarcástica —¿Que tan estúpida me creen?

—Vachel, yo...—

—Me van explicar que sucedió. Quieran o no. —Haniel me miraba preocupado, sus alas ya no estaban, en su lugar había sangre que brotaba de las heridas, que ahora sabía, eran por las enormes alas de Haniel. —¿Eres un pájaro?

—No, no soy un pájaro. ¿Has visto la pelicula de los X-men? —asentí —creo que soy uno de esos.

—¿Eres un mutante?

—Eso creo..

—Entonces tu poder o ...mutación, ¿es tener alas?

—Supongo. —se encogió de hombros.

—Wow, siempre creí que los mutantes no existían, y ahora estoy en frente de uno...—Y besé a uno —esto es genial.

—No lo había pensado así, ¡soy único! —sonrió triunfante.

—Quien sabe, quizás existan mas mutantes como tu allá afuera... Como en la película, que siempre todos pensaban que eran únicos y nadie los comprendía y bla bla bla.

Su rostro se decepcionó —Aún así..—volvió a sonreír —soy el mutante mas guapo y sexy. Pero no le digas a nadie, porque los científicos querrán hacer experimentos conmigo y ...—

—A ver, a ver, a ver...Tú —señaló a Haniel —no eres un mutante.

—¿Estás seguro? —le pregunté a Diego

—Toma asiento —suspiró Diego. Pasamos a la sala.

Ninguno de los dos hablaba. Yo los miraba de hito en hito. —¿Y bien? —pregunté, porque al parecer, ninguno de los dos quería decir algo, así que decidí comenzar con el interrogatorio yo. —¿Quién eres? ¿Porqué tus ojos brillan rosas y morados? ¿De dónde vienes? ¿Tienes mil años? Si no eres un pájaro ni un mutante.. ¿Eres un extraterrestre o algo así?...—

—No tan rapido —me cortó Diego —Haniel no sabe lo que hace con la pose del arco y las flechas, bueno, si sabe, pero no está consciente de ello.

Miré a Haniel. ¿Cómo que si sabía pero a la vez no? Se encogió de hombros. —Estoy tan confundido como tú —dijo leyéndome el pensamiento —Yo, bueno, la verdad es que no recuerdo nada desde...el día que desperté en el hospital.

—La vez que tu lo encontraste —me indicó Diego

—Pero, tu si sabes quien es Haniel ¿O no? —ambos miramos a Diego, dudó un poco y luego asintió no muy seguro.

—Algo así.

—Explícate mejor —le pedí.

—Sé quien es Haniel, por que yo...bueno, se de donde viene, pero eso es algo que yo no les puedo decir.

—¿Porqué no?

—No me lo permiten.

—¿Quién? —le cuestionó Haniel.

—Mis superiores.

—¿Trabajas con el FBI? —pregunté yo y Diego rió.

—No, no trabajo con el FBI. Alguien como Haniel.

—Pero aun no nos dices quien soy. Diego..—

—Sinceramente no se porque no recuerdas nada, pero yo tengo la obligación de cuidarte, mas bien, de cuidar a la gente de ti y de guiarte.

—¿Guiarme? ¿A dónde? ¿Porqué vas a cuidar a la gente de mi? Soy una especie de ...¿monstruo? —Haniel sonaba preocupado y Diego rió divertido.

—Amigo, eres todo menos un monstruo.

Yo creo que Diego tenía razón, alguien tan guapo y bueno como Haniel, que se sintió pésimo por patear accidentalmente a alguien no podía ser un monstruo.

—¡Entonces dime quien soy!

—¡No puedo!

Haniel gruñó frustrado.

—¿Desde cuando...mmm..te salen alas? —le pregunté

—Desde que tengo memoria, que no es mucho tiempo.

Medité por unos segundos. No había explicación científica para sus alas, y la teoría de los mutantes había quedado descartada. Como Diego no había respondido básicamente ninguna de las preguntas, tenía una pregunta nueva entorno a Diego.

—Entonces...¿Tu quien eres?

****

Miré el reloj. Faltaban exactamente tres minutos para que terminara la primer hora de clase. Y no pude prestar atención por que mi mente estaba ocupada dandole vueltas a la pregunta sobre Diego, ayer no había contestado y se excusó diciendo que tenía práctica de fútbol. Sonó el timbre y salí disparada hacia mi casillero, que por si nadie se acordaba, quedaba en el otro lado del infierno. Observé los demás casilleros que estaban sin ocupar y me di cuenta que uno ya estaba en uso. Me pregunté de quien podría ser. Abrí el mío, saqué los libros de la siguiente materia y lo volví a cerrar. Me sobresalté al encontrar a un chico algo moreno, con unos tres días visibles sin rasurar en su cara, sonrió y me enseñó sus chuecos dientes amarillos. No era muy... mas bien, nada atractivo.

—¿Te puedo ayudar en algo? —pregunté intentando quitarlo de enfrente para poder avanzar.

—Pues...—me miró de abajo hacia arriba e hizo un sonido parecido a cuando asan carne. Asqueroso —¿Que te parece si vamos a un lugar mas...privado mientras tu...gritas mi nombre, una y otra vez? —Que directo.

—¿Que te parece si mejor te alejas unas tres millas de ella? —preguntó una voz familiar detrás de el.

El tipo se giró para ver a la cara quien le hablaba.

—¿Y tu eres..? —preguntó superior

—Soy el que hará que vayas a chingar tu madre cada que respires. —contestó tranquilo y a la vez amenazante Adrián.

—No me digas —exclamó sarcástico el de dientes amarillos

—Vete ahora y no la vuelvas a molestar o te meterás conmigo. —el tipo se abalanzó a Adrián y le tiró un golpe a la cara que esquivó, despues Adrián lo tomó de los hombros e hizo que se agachara y con un movimiento rápido lo golpeó en la nariz, despues se dirigió a sus costillas. El de dientes amarillos parecía un muñeco de trapo.

—¡Alto! —tomé a Adrián del codo y lo separé antes de que dejara en coma al otro pervertido, cuando estuvimos lo suficientemente lejos de los casilleros le agradecí por ayudarme.

—Puedes aceptar una cita conmigo. —lo miré —como agradecimiento, quiero decir.

Lo pensé un momento. ¿Porqué no? El me caía muy bien y la ultima vez no terminamos la cita.

—Encantada —sonrió y me dió un rápido beso en la mejilla. Nos despedimos y me dirigí a clase.

—¿Que hacías con él? —me preguntó una vez que me senté.

—Nada, solo platicabamos.

—¿Solo platicaban? Tu labial está corrido.

—Haniel, yo no uso labial.

—Aaah...

La profesora entró. De nuevo no me pude concentrar. No podía evitar pensar en las alas de Haniel. Eran enormes, del tamaño de una persona, y no eran blancas como había visto en la mayoría de las peliculas, eran como color perla, tenían destellos como si tuvieran cristales en ciertas partes, y repletas de plumas, se veían impresionantes. Magestuosas.

Me recosté en el asiento a modo que mi cabeza tocaba el respaldo. Comencé a sentir que mi cabello se movía ligeramente. Alcé la vista y ví a Haniel con mechones entre sus dedos moviendose sincronizadamente.

—¿Que haces? —le pregunté

—Te peino —respondió.

—Ah. —Me estaba peinando. ¡Peinando! ¿Que clase de hombre peina a una mujer? Lo miré de reojo, se veía tan concentrado y fruncía los labios de vez en cuando. Era una imagen adorable, tan adorable que me dieron ganas de tomar sus mejillas y apachurrarlas como hacen las abuelitas, pasé saliva y me tragué un "awww".

Mi celular sonó, era un número desconocido, así que no podía ser Santiago. Rechazé la llamada y volví a mirar a la profesora.

Cuando la clase terminó me levanté, me miré en el reflejo de la ventana. Haniel me había hecho una trenza, y le quedó bien, mucho mejor que a mi.

—No contestaste mi llamada —me sorprendió Adrián

—¿Era tu número? Lo siento, no lo conocía y además estaba en clase.

—Esta bien. —se quedó pensante unos segundos —¿Qué te parece si salimos hoy? —sonaba nervioso.

—De acuerdo.

Sonrió. —Paso por ti a eso de las cinco ¿Ok?

—Perfecto. Hasta entonces, tengo que ir por mis demás libros.

—Yo igual. —se despidió.

Comenzamos a caminar hacia la misma dirección, nos miramos y reimos. —¿Me estas siguiendo? —preguntó divertido.

—¡Por supuesto que no!...¿Me sigues tu a mi? —

—Si. —abrí los ojos —es broma, claro que no.

Caminamos hasta llegar a mi casillero y resulta que el casillero que ahora estaba ocupado era de el.

Me acompañó hasta mi próxima clase y en la puerta del salón Haniel estaba esperando a alguien.

—Nos vemos —me despedí

—Adios. —besó mi mejilla y sentí ponerme colorada, no por el beso, sino por la manera en que Haniel nos observaba. Como un hermano mayor vigilando a su hermana.

****

La escuela terminó y me encontraba sentada en el asiento del copiloto del auto de Haniel. El encendió la radio y cortó el silencio, sonaba "Demons" de Imagine Dragons. Miraba a Haniel de reojo de vez en cuando. Me gusta su perfil, sus pestañas, su cara cuando es un pervertido, un amigo, cariñoso y sensible, su nariz, sus ojos azules, sus labios....eso me hace pensar; despues del beso ¿qué somos? El no habia dicho nada al respecto, actuaba como siempre. Y eso me decepcionaba un poco. No fue nada, solo un beso que se dió por el ambiente del momento, un beso que aunque fue corto, hizo desaparecer mis temores, elevó mi esperanza y avivó mi fé. Un beso, solo con un beso. ¿Será posible enamorarse solo con un beso? Como dice la canción:

"Que solo por un beso

Se puede enamorar

Sin necesidad de hablarse

Solo los labios rozarse

Cupido los flechará..."

Pero mas bien, no sería solo por un beso, sino su manera de ser conmigo, su personalidad...había algo en el que hacía que lo voltearas a ver y sintieras algo parecido a un amor platónico.

Qué rápido se pasa el tiempo. Ya son las cuatro con diez. Me metí a bañar y estaba escogiendo que ponerme para la cita con Adrián, no tengo idea de a donde me llevará. Quería mandarle un mensaje, pero me preocupó que eso sonara desesperado. Me decidí por un vestido color crema con flores, unos flats, me alacié el cabello y me maquillé con rímel y labial. Nada más. Era un atuendo lo suficientemente casual y formal al mismo tiempo, por si las moscas.

Cuando me dí cuenta, ya eran las cinco y el timbre sonó.

Que puntual.

Bajé corriendo las escaleras y me encontré con Haniel a punto de abrir, me detuve de golpe. —¿A donde vas tan arreglada? —me miró de arriba a abajo y frunció las cejas.

—¿Me veo mal? —le pregunté preocupada de verme fea por la mueca que hizo. El timbre volvió sonar.

—Te ves hermosa. —sonrió —¿Vas con Sant...—su sonrisa se esfumó cuando vió a Adrián.

—Hola —lo saludó pero Haniel se limitó a mirarlo con cara de guardaespaldas.

Caminé hasta la puerta. —Hola —lo saludé y su expresión fue de asombro.

—¡Wow! Te ves....wow.

—Ese no es un adjetivo para describir a una persona. —¿desde cuando Haniel era experto en reglas gramáticas?

Adrián lo pasó por alto, extendió su mano y me ofreció una rosa junto a una cálida sonrisa.

—Gracias —tomé la rosa. Haniel bufó burlón. —¿Pasa algo?

—Te regaló una rosa.

—¿Y? —le preguntó Adrián

—Yo habría comprado la florería.

Miré por todos lados buscando de donde agarrarme para no caer de ternura.

—Es la rosa mas bonita que ví, —respondió Adrián —la única que se asemeja a tu belleza.

Que dulce.

—¿Crees que esa rosa se acerca a su belleza? —rió sarcástico -ni siquiera la majestuosidad del cielo le haria competencia. —quedé en shock por un momento que pareció eterno.

Oh. My. Fucking. God.

Si Adrián era dulce, Haniel ya me provocaba caries.

Adrián parecía enojado con Haniel. —Vámonos.

—¿Vas a salir así? —preguntó Haniel.

Me miré —Ehh..si.

Negó con la cabeza. —Al menos, ponte...suéter.

Reí. Parecía mi mamá. —No me pondré suéter, no pienso volver a subir las escaleras, además, no hace tanto frío.

—Pero en la noche va a bajar la temperatura...ponte suéter. —ordenó.

—Tiene razón —lo apoyó Adrián.

—Pero...

—Pero nada. Ponte suéter.

—No quiero subir de nuevo.

—Entonces...—se quitó su chaqueta —ten.

—Haniel...—

—Tómala. —me ordenó. Con mala gana la tomé. —Ahora póntela, que para eso es, no para traerla como accesorio.

Me puse la chaqueta negra, inmediatamente sentí menos frío. Porque admito que si hacía.

Adrián tomó mi mano, nos despedimos de Haniel y nos fuimos de ahí. A mi espalda pude escuchar que la puerta se cerraba fuertemente.

Adrián me abrió la puerta de su auto y luego lo rodeó para subir. —¿A dónde vamos? —le pregunté.

—A ver una pelicula. —respondió

Una pelicula. Que...predecible. Me gustan las peliculas, pero me imaginé algo mas...original. Tampoco esperaba una cena de lujo en el ultimo piso bajo la luz de la luna con un montón de velas en un edificio alto, eso era muy cursi, pero...¿que estoy diciendo? Solo es una cita, no una declaración de amor.

—¿Te gustaría comer algo? —preguntó

-mmm...¿pizza? —no se me ocurrió nada mas, la pizza estaba bien, no me pondría exigente y pediría langosta. Fuimos a la pizzeria, pero no comimos ahí. —¿Cuando comeremos?

—Cuando veamos la pelicula.

—Pero no podemos entrar con comida al cine. —deduje

Rió. —No iremos al cine...—¿Iríamos a su casa? Eso no era bueno, no me gustaba estar sola con alguien en su casa, alguien que no conocía bien...—Llegamos.

Me abrió la puerta. Estábamos en un lugar abierto, con pasto, árboles, más carros y una manta enorme colgada frente a muchas parejas sentadas en mantas.

Ya entendí. Es uno de esos lugares donde ponen peliculas de antaño y te sientas a disfrutar la velada de manera romántica con tu novio.

Novio.

Ahora esto sería incómodo. Era algo muy bonito, el lugar y el ambiente tenían buena vibra.

—¿Que te parece? —sacó una manta de la cajuela y la extendió en el piso a una distancia prudente de la pantalla y cerca del tronco de un árbol.

—Es muy bonito, creí que estos lugares solo existían en las peliculas.

—Bueno, es mejor que en las peliculas. —Sacó la pizza y la puso en medio de la manta. Nos sentamos.

—¿A que hora comienza la función?

—En unos...—miró su reloj —...diez minutos.

—¿Que pelicula es?

-No lo se.

—Quizás pasen una película XXX.

Rió. —lo dudo mucho, pero estaría genial.

Lo miré. —Claro, y sería un bonus excelente para invitar a alguien a salir de nuevo. —dije sarcástica.

Me miró expectante. —¿Saldrías conmigo de nuevo?

—Bueno, eso depende de que tal salga esta cita.

—Prometo esforzarme.

La película comenzó y guardamos silencio, comenzamos a comer.

Era acerca de un mujer que vivia en los suburbios, entonces contrataba a un guardaespaldas para protejerla de quienes querían robar su dinero. Pero el hombre era pobre y no se lo dijo.

—Eso es tan cliché —comenté

—Y apuesto a que te puedo adivinar el final.

—Ilumíname.

—Dale, pero si adivino, aceptarás salir conmigo nuevamente. ¿Es un trato?

Lo pensé unos segundos. —es un trato.

—Ella se va a enterar de que es pobre, se pelearan pero como estan enamorados, no soportan no verse. Se encuentran por casualidad en algun lugar que les trae buenos recuerdos, sin decir nada se besan y...fin.

—Bueno, tendremos que esperar a que se acabe la pelicula para saber si mientes o no.

Como a tres quintas partes de la pelicula, el sonido falló y solo se veían las imagenes. Estaban sentados en un comedor y ella recibió una llamada misteriosa que la paralizó y le lanzó una mirada enojada a el.

—En este momento le acaban de informar que el se comió toda la comida de la mesa. —dijo Adrián.

—Y el le dice que no fue el, fue su...rana.

—No te creo. —imitó la voz de la actriz

—Lo prometo, fue mi rana.

—Me has decepcionado, jamas creí que por tu culpa el país esté en crisis.

—Perdoname Anacleta, no fue mi intención abrir la puerta del baño cuando estabas dentro.

—Pero lo hiciste, y eso...no te lo perdonaré nunca.

—Por favor, no lo haré de nuevo. Dejame hacerte muchos hijos.

—¿Te burlas de mi infertilidad?

—No fue mi intención...

—Pero lo hiciste...ahora, vete al rincón.

—Todo menos el rincón...hay monstruos.

—Tu te lo ganaste.

—¿Pues sabes que? Tambien me compré ropa.

—¡¿Qué?!

—Toda la que necesitaba...

—No, esto no puede ser verdad.

—¿Aun me vas a mandar al rincón? ¡Recapacíta!

En eso el sonido regresó y comenzamos a reír como locos.

—Eres la mejor persona con la que he inventado los dialogos de una pelicula. —Reí.

—Fue un honor. —respondí.

Adrián estaba recostado en el árbol y yo me recargué en su pecho. En ese momento una suave ráfaga de viento pasó y el aire se impregnó con el olor de la chaqueta de Haniel.

¿Me la habría dado de adrede? Para que lo recordara durante la cita...lo dudo, pero si es así, le funcionó muy bien.

Adrián comenzó a hacer cosas con mi cabello. Pero no se sentía como los trazos de Haniel, los de el eran mas delicados y precisos.

La pelicula terminó y Adrián sonrió victorioso.

—Supongo que tendremos una segunda cita ¿no?

—Si, aunque presiento que ya habías visto esa pelicula y por eso supiste el final. —le acusé.

—Quizás solo un poco.

Llegamos a casa y Adrián me acompañó hasta la puerta.

—Me la pasé muy bien.

—Yo igual, la proxima vez, no veremos peliculas que ya hayas visto.

—Rió. —La trampa valió la pena. —se hizo un momento de silencio. Adrián se acercaba a mi despacio, y yo había visto muchas peliculas, es el momento del beso. Pero el problema es que yo no lo quería besar. Bueno, quizás solo por educación, pero no lo deseaba.

Siguió acercandose a mi sin notar mi incomodidad ni mi lucha interna de si debia besarlo o no. Ahora estaba a unos escasos centimetros de mi boca. Casi podia sentir sus labios sobre los mios. Ahora, definitivamente estaban juntos.

Entonces, Haniel abrió la puerta de golpe.

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