"Las almas más puras nunca nos dejan. Se quedan para ayudarnos a seguir de pie y enseñarnos que la vida es dolorosamente hermosa"
—Un mes después—
NARRA ASHLEY
El viento cálido sacude mi cabello rojizo hacia todos lados. El inmenso mar azul que tengo frente a mí arrasa con todo a su paso, hasta llegar a la orilla y que sus olas rompan para luego mojar mis pies con su agua tibia. Detrás de la inmensidad del océano se distinguen unas montañas, muy a la lejanía y apenas se ven como una sombra borrosa. También se distingue el sol, ocultándose en horizonte pintando el cielo de unos tonos anaranjados y rojizos. Pensaba esto cuando era pequeña y lo sigo manteniendo: no hay nada más hermoso que observar el atardecer en la playa.
Fijo la vista en la arena humedecida, observando cómo mis pies se entierran en la misma y sonrío. A mi izquierda hay un montón de gente tomando sol y algunos niños jugando a la pelota, corriendo de aquí para allá chapoteando sobre el agua de tanto en tanto.
A mi derecha, hay un conjunto de enorme rocas grises y algunas amarronadas. Algunas pequeñas olas espumosas llegan a ellas, chocando y bañándolas de agua salada.
Respiro el aire fresco que predomina en el ambiente y vuelvo a sonreír. Hacía ya mucho tiempo que no me sentía así de bien. Cuando Melany nos ofreció viajar, me pareció demasiado precipitado, pero ahora entiendo: viajar es la forma más rápida de curar el dolor.
Nosotros tenemos muchas muertes que superar y un dolor casi inimaginable para mitigar. Hemos perdido a amigos, familiares y conocidos y sé que ellos desearían que la pasemos bien, que cumplamos nuestros sueños y que no decaigamos. Es por eso que finalmente acepté la propuesta de mi mejor y ahora única amiga.
Una persona se posiciona a mi lado y mi corazón comienza a latir cuando siento su mano uniéndose a la mía. Giro un poco la cabeza y me encuentro con los hermosos y profundos ojos verdes de Frank, mirándome con una mezcla entre amor y admiración.
—¿Te gusta el lugar?—me pregunta, clavando la vista en el horizonte.
Asiento reiteradas veces y me acerco más a él, apoyando mi cabeza sobre su hombro. Él me besa la frente y sonrío.
Cuando le dije a mi madre que me iría de vacaciones con unos amigos y que entre ellos estaba Frank incluido, se negó a permitirme venir. Entiendo que él le parezca demasiado mayor para mí, puedo comprender eso porque incluso Frank lo creía, pero, afortunadamente, ahora termino aceptando lo que siente por mí. Ninguno de los dos sabemos con exactitud cuándo comenzamos a sentir amor, pero sí que ese amor puede luchar contra el qué dirán de la sociedad.
Al final, luego de abrir mi corazón ante ella y contarle que estaba enamorada de él, me permitió hacer lo que quiera.
—¡Hey, tortolitos!—la voz de Melany se oye detrás nuestro y ambos nos giramos. Lleva puesta una bikini de color rosa y trae una tabla de surfear en la mano. A su lado, está William, quien la mira completamente embobado. Aún tiene una venda en el pecho, justo donde Alissa le clavó el sable, pero su recuperación está respondiendo bastante bien. De hecho, hasta él ya se siente mejor y eso se nota.—Pensé en que podríamos surfear más tarde, ¿les parece?
Frank y yo asentimos enérgicamente.
—Este lugar está que arde.—opina William, tomando a Melany por la cintura, envolviéndola entre sus brazos. La acerca a su cuerpo y besa suavemente su frente.
Ella hace una mueca de asco, pero finalmente se ríe, pues sabe que ya no puede fingir más. Está enamorada de William y sé que no le gusta admitirlo porque ella cree que debería odiarlo por lo que le hizo a su hermana hace unos años. Yo también lo creo, pero uno no elige de quién enamorarse y a pesar de que antes de todo esto William no me caía del todo bien, he aprendido a quererlo con todos sus defectos y sé que él realmente quiere a Melany. He visto cómo la mira cuando ella no se da cuenta y además hacen una muy buena pareja.
—No te quedará otra que acostumbrarte a mí.— le dice William con una sonrisa de medio lado.
Los miro confundida.
—Me iré a vivir con él por un tiempo, porque no quiero estar sola en esa casa tan enorme.— me explica Melany, dándose por vencida.
Yo me río. Así que Melany y William viviendo juntos... tengo que ver eso.
Entiendo su decisión. Alissa mató a su madre y a su padre, a quien encontraron hundido en un río, con la marca de unos veinte cuchillazos en el pecho. Pero bueno, ahora no es momento de recordar eso.
Luego de que Alissa muera, Melany me contó todo sobre su bulimia y cómo William la ayudó a salir adelante. Ahora ella ya está bien y hace varias semanas que no vomita, desde que empezó el tratamiento con la especialista. Estuve muy sorprendida, pues a pesar de haber conocido a la mamá de Melany y saber que no era una muy buena madre, jamás imaginé que podría hacerle ese daño tan grande a su hija.
—¿Y ustedes cuándo se irán a vivir juntos?— pregunta William, quitándome de mis pensamientos y Melany le propicia un codazo en las costillas.
Frank y yo nos ponemos nerviosos y miramos hacia todos lados.
—Apenas aclaramos nuestra relación entre nosotros, danos tiempo.— respondo y todos se ríen.
Melany me dice que irá a comprar la cena para esta noche y William la acompaña. Ambos caminan juntos, abrazados, riéndose y mirándose de tanto en tanto, y yo sonrío por la alegría que me genera ver a mi amiga feliz de nuevo.
Frank y yo volvemos a girarnos hacia el mar y notamos que el sol ya casi ha desaparecido, dando lugar a las primeras estrellas y a una luna llena brillosa y gigante.
Nos sentamos sobre la arena, abrazados y tomados de la mano. Nuestra relación apenas está comenzando y siento que durará mucho tiempo más.
Él ha estado conmigo en las situaciones más difíciles de mi vida, me ha ayudado a salir adelante y me ha contagiado con su valentía y su fortaleza. Nadie había hecho eso por mí antes y a pesar de haber querido muchísimo a Alex, jamás había sentido lo que siento por el alemán.
Lo miro con una sonrisa tonta en la cara y él se gira hacia mí, mirándome incrédulo. Por un simple impulso, me acerco a él y lo beso en los labios. El sonido del mar se oye y nos envuelve en una paz completamente única.
Cuando nos separamos, volvemos a abrazarnos y fijar la vista en las majestuosas olas. Apoyo mi cabeza nuevamente sobre su pecho y cierro los ojos al sentir el latir de su corazón.
Este lugar tan paradisiaco y relajante me hace pensar con claridad y he llegado a la conclusión de que la vida no es justa. Me ha quitado mucha gente preciada pero también me ha dado muchas cosas.
Yo creo que esto es vivir: tener miedo, enfrentarlo, ser fuerte, reír, llorar, perder, ganar, caer y levantarse. Pero sobre todo, vivir dignamente es no rendirse. Es luchar por lo que quieres y por quienes aprecias y que, a pesar de que las cosas se pongan difíciles, nunca dejar de resistir.
La cobardía no tendría que ser bienvenida en ninún lado porque eso solo incentiva al factor miedo.
Vamos, he llorado más de la cuenta en todo este tiempo desde que el asesino apareció y hasta ahora me doy cuenta que, a pesar de que la vida me haya quitada muchas personas, me hizo más fuerte. Me hice crecer.
El dolor te hace fuerte y menos vulnerable. Pero cuidado, no por esto tienes que dejar de confiar en las personas porque así como hay oscuridad, también hay luz. Bondad y maldad. Y no puedes permitir que eso se escape de tu vida solo por miedo a que te lastimen. O a que alguno de tus amigos sea un asesino despiadado. Ja! Por suerte para nosotros, Alissa está muerta y su madre ha ido a prisión.
Tienes que vivir, experimentar cosas y aprender de tus errores porque en esta vida nada cae del cielo. Forma amistades, entabla conversaciones, inventate un ejemplo a seguir y sigue. Nunca te dejes caer.
Ni siquiera cuando creas que todo está perdido, porque creeme... no lo está. Siempre vale la pena seguir luchando porque tarde o temprano, la felicidad llega a tu vida.
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
—William Shakespeare.
¿FIN?
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Ojalá les haya gustado mucho el último capítulo!!
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