-¡Corre Abdi- La chica de cabellos largos y castaños se encontraba en los árboles. Ella podía moverse a gran velocidad por los árboles y su hermano era un corredor bastante rápido.
Los chicos se movían increíblemente rápido hacia el centro del bosque, donde ningún humano llegaba con vida, hasta esa noche.
-¡Por ahí!- Minerva, la lider del grupo antimonstruos, dedicado a cazar; especialmente monstruos como los harib.
-¡Ahí!- Leo, el sublíder de los cazadores, tenía la vista nocturna desarrollada.
Cuando Leo gritó, uno de los soldados autorizado disparó con un arma especial. Era una pistola normal pero la bala salía con más velocidad, presión y al tocar con cierta temperatura explotaba o soltaba veneno. Solo los soldados autorizados usaban armas así, los soldados de segunda mano usaban armas letales y de tortura.
La bala recorrió el bosque hasta dar en la pierna de la chica oculta en los árboles. Ella se mordió el labio para evitar gritar de dolor; era muy sensible, ya no era humana y su piel, sus nervios y resistencia se dañaban fácilmente. Su labio comenzó a sangrar pero ella prefería ahogar su dolor a ser descubierta y capturada.
-Zabdi, resiste- Susurraba su hermano con la esperanza de calmarla un poco.
-¿Porqué la demora?- Un chico pelinegro, de piel morena aparecía entre la oscuridad detrás de ellos. Sus ojos brillaban de noche y la pupila se dilataba cambiando a un color amarillo.
-Abel, te necesitamos... Los humanos nos han seguido hasta aquí.
-De acuerdo, yo me encargo.
Abdi trepó al árbol y cargando a su hermana comenzó a moverse entre los árboles intentando mantener el equilibrio. Mientras ellos se iban, Abel caminaba hacia los despreciables humanos moviéndose entre las sombras.
-¿En qué les puedo ayudar?- Hablaba desde la oscuridad protegiendo su identidad.
Minerva y Leo se pusieron alerta. Tenían prohibido ellos y su equipo socializar con las bestias mortales. Era seguridad propia y del equipo.
-Ya veo, no hablan mucho- El chico suspiró suavemente y tomó aire suficiente para después soplar tan fuerte creando un pequeño pero potente tornado, empujando al grupo de humanos. Algunos cayeron al piso, otros estaban contra los árboles.
-¿Minerva?
-Sí. ¡Retirada!- Contestó con una orden al equipo y todos salieron corriendo apuntando hacia atrás por si al lobo se le ocurría seguirlos y tragárselos, pero Abel no era esa clase de monstruo: Él tenía otra especialidad.
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En una sala elegante, de alfombra terciopelo color carmesí y paredes color tinto, una discusión inútil...
-Abel, conoces las reglas- Olga, la lider de los harib regañaba al indiferente muchacho.
-Cálmate, Olga- El chico levantaba las manos en son de paz. Lucía diferente: su forma real estaba cubierta por una piel humana perfectamente blanca, una cabellera rojiza y unos profundos ojos cafés -Los hermanos Lingard estaban en peligro.
-¡Ambos sabemos que el problema no es ese!- Su voz era demasiado alta, era de entender su mal genio pues aquella mujer tenía al menos unos 65 años de edad -Te dije que no fueras solo.
-Olga, no me pasó nada. Estoy bien, todos están bien.
Zeus, el sublider guardaba silencio tras la pesada puerta de madera. De tantos harib que habitaban en esa casa, el menos indicado fue la mejor opción de Olga para ser su apoyo.
-No, claro que no.
Abel se quedó mudo. Observaba con cuidado a la mujer del cigarrillo. No entendía a lo que se refería.
-Escucha- Dijo la mujer soltando el humo -Zabdi no está en buenas condiciones... Una bala venenosa le perforó la pierna y tiene el labio reventado.
El chico mostró inevitablemente su sorpresa; mientras él se divertía molestando a la lider, una de sus compañeras sufría por envenenamiento.
Sin decir nada, se levantó del sillón de cuero color negro y salió de la sala dirigiéndose escaleras abajo hasta la puerta blanca... La habitación de descanso.
-¿Zabdi?- Abrió la puerta.
-¿Abel?- Ahí estaba, acostada en una cama. Sus verdosos ojos carecían de brillo y su piel era azul rey. El veneno había recorrido a gran velocidad su cuerpo.
Abel no dijo nada. La observó de pies a cabeza y su mirada oscureció. Ella estaba muy mal y en cualquier momento moriría a menos que...
-¿Llamaron a las gemelas?
-Sí, están un poco ocupadas construyendo las armas de defensa.
Ambos se quedaron en silencio. El chico se cruzó de brazos y se recargó en la pared. Su expresión como siempre era seria.
-¿Porqué sigues aquí?- Zab preguntó un momento después de haber guardado silencio.
-Cállate.
-Vete de aquí, lobo apestoso.
-Cierra la boca, llorona.
Abel estaba preocupado por su rival. No podía abandonarla desde el día que se conocieron, cuando aún eran humanos. El destino afectó su plan de vida con ella y terminaron convirtiéndose en enemigos amistosos apesar de la incontrolable fuerza de amor que sentía por ella.
-¿Zabdi?- Las gemelas Amy y Andy entraban con una filosa aguja llena de un líquido amarillento.
-Te pondrás bien con esto, el antídoto del libro de papá nunca falla- Las dos niñas tenían 7 años de edad pero tenían un gran cerebro. Practicaban telepatía y control mental, esas eran sus especialidades. Ambas lucían exactamente igual a excepción de la ropa y peinado. Amy llevaba su azuloso cabello suelto y Andy se lo recogía en una coleta alta.
Al inyectar el antídoto, la piel de Zabdi volvía a la normalidad. Agradeció y se levantó de la cama a toda prisa.
-Gracias a las dos.
-Solo ten cuidado- Sonrió la tierna de Amy y levantó un pulgar.
-No te muevas tanto o el líquido secará antes de llegar al corazón y el veneno volverá- Complementó Andy, la niña opuesta a su gentil hermana. Andy era más seria y tranquila.
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-¿Los humanos los siguieron?- Venus, la chica de cabellos dorados y ondulados que siempre fijaba sus preciosos ojos azules en los verdosos de Abdi, preguntaba preocupada. Ella era la representación de una perfecta muñequita inocente.
-Sí...- Para mala suerte, el único enamorado era Abdi. La amaba con tanta intensidad que no sabía si aguantaría la vida completa guardando su amor.
-¿Me acompañas con Jimmy? Hoy me toca alimentarlo- La chica era tímida y miedosa.
-¡Cl-claro! Pe-pero... Debes perderle el miedo, Venus. Él es un harib como nosotros. Recuerda que él fue el primer experimento fallido por eso es más poderoso que nosotros.
-Ya lo sé... Pero él obtiene su especialidad al comer carne humana y... Nosotros ocultamos nuestro problema con la apariencia que teníamos antes de que nos inyectaran los químicos. Parecemos humanos- La chica se tocaba la punta de los dedos índices.
-Te acompañaré, pero debes dejar tus miedos. Es familia como nosotros.
Ella sonrió y asintió. Sin decir nada más, tomó a Abdi de la mano y corrieron escaleras arriba, en la últma habitación. Abrieron la puerta lentamente y prendieron la luz.
-Jimmy, tu cena está servida.
-Venus, la chica que me pide a gritos devorarla- El chico la volteó a ver por encima del hombro; tenía una sonrisa cínica.
Jimmy era un chico alto y exageradamente flaco. Su piel era pálida y su cabello era plateado. Estaba completamente loco pero había sido el primer harib. Había sido el más afectado y gracias a él, la raza humana quería acabar con ellos.
La vida pasada de estos chicos era normal. Eran humanos por completo y de repente todo cambió...
¿Qué los volvió tan inhumanos?