Venus era una chica de 17 años, de baja estatura, piel aceitunada y cabello extremadamente lacio, sus rasgos eran asiáticos, solo que no era pálida, sus mejillas normalmente estaban sonrojadas. Era un poco callada y le restaba importancia socializar con la gente, pasaba las tardes encerrada en su cuarto, leyendo o dibujando, pues, era lo único que se le daba bien a parte de estudiar, a veces sentía tan extremadamente aburrida que, esas tres cosas era lo único que la mantenía cuerda, muchas veces le preguntaban como podía apiñárselas para tener unas notas tan buenas, pero ella siempre respondía: "Solo presto atención a la clase" lo cual no era cierto en lo absoluto, habían momentos en que, la clase se ponía tan difícil que tenía que pasar semanas estudiando el mismo fragmento de un libro, y pues si, también prestaba atención, pero al final tenía que estudiar lo mismo unas cuantas veces para poder memorizarlo y sin embargo seguía pensando que era un poco holgazana. Al menos eso le serviría de algo, después de vacaciones entraría en la universidad.
Era el último día de clases 24 de Junio del año 2000, Venus por fin había superado todas las expectativas con la mayoría de las asignaturas con máxima calificación, ya estaba en la universidad desde hace bastante tiempo, en fin, la brisa fresca del verano se aproximaba y un sol radiante envolvía la ciudad de un calor abrazador. Ese día, Venus salía del colegio junto a su amiga Lena, ya caminaban por el pequeño parque infantil para luego, cruzar la calle.
- Dios mío Venus! A estas alturas deberías tener un doctorado o algo así!!!!- Lena era una chica alta de pelo rizado y usaba anteojos.
- Bueno yo solo entiendo las cosas rápidamente- A Venus le cansaba tener este tipo de conversación con su amiga, que era la única que tenía al parecer...
- Siempre respondes eso- Dio un bufido- no entiendo como nunca hablaste mucho con la gente por más de 5 años, claro que a mi tampoco me caen muy bien todas estas personas
Miraron a su alrededor, un montón de jóvenes desgarbados, algunos ya con bastantes rasgos adultos, paseaban por el parque con sus uniformes, conversando y riendo en medio de grandes grupos. Venus solía preguntarse, si de verdad entre ellos había lealtad, aunque, "honestamente me hago la misma pregunta sobre Lena" pensaba. Estaban cruzando la avenida, después del colorido parque.
- ¡¡¡Oh, ahí está papá!!!- Dijo Lena sonriendo mientras señalaba una gran camioneta Ford de cuatro puertas y de color negro. De la ventana del piloto saludaba un señor de cabello castaño claro y aparentaba unos 50 años, Venus le devolvió la sonrisa- Adiós Venus, espero que la pases bien estas vacaciones, llámame si quieres salir!
- Adiós.
Siguió caminando por la acera con bastante gente, de un lado la calle con bastantes automóviles, y de su lado izquierdo, pequeños edificios con abastos de chucherías, panadería o ventas de cds y películas. Venus extrañaba que su padre la buscara al colegio, pero su trabajo como agente de policía era cada vez más duro por lo que le mantenían un poco ocupado, ahora estaba investigando el caso del asesinato de un tal Fernando Gómez, que lo mantenía muy estresado, además en la cena de la noche anterior, dijo que fue el que pudo encontrar las tres únicas pistas que tenían y que los dos compañeros que compartían el caso eran todos unos holgazanes.
En medio de sus pensamientos, tomó el bus que la llevaría su casa, una pequeña urbanización de Altamira con bonitos muros de color crema, pequeños jardines y calles cerradas donde solo podían entrar los residentes, ese era uno de los pocos lugares donde le gustaba estar, todo era de buen aspecto, y había una paz y tranquilidad muy agradable, hace tres años que se había mudado de un barrio de Guarenas donde todo era agitado y donde ninguno de sus vecinos compartían la misma forma de ser que su familia, era desagradable estar ahí, pero de igual forma nunca salía de su casa que era lo mejor de todo. Pero ahora, sus vecinos la saludaban, todos eran amables, pero Venus como siempre, les devolvía la sonrisa, pensando si en realidad les caía bien o solo estaban siendo amables para no parecer lo que realmente eran, incluso a veces se preguntaba si era una buena persona, cosa dudaba todo el tiempo.
- Última parada- dijo con gran aburrimiento el conductor.
A parte de Venus, solo quedaban dos hombres, que se bajaron del bus inmediatamente, iban conversando en voz baja y caminaron en dirección contraria a la de Venus que se dirigía a la verja de la urbanización, tomó la llave y abrió la puerta de residentes. Su casa nueva (así le decía desde que se mudaron) estaba al fondo de la calle justo del otro lado de la segunda calle que estaba en perpendicular con la que estaba cruzando Venus, formando una gran T. Todas las casas tenían el mismo diseño, Dos pisos, un tejado delantero mas alto, y el que daba hacia el jardín trasero, más bajo, solo que los colores de sus paredes eran diferentes, las había rojas, amarillas, blancas, y una celeste, la del fondo, su "nueva casa".
Cruzó la pequeña cerca y llegó hasta el porche, justo iba a sacar las llaves cuando...
- Mi preciosa hija!!! Por fin llegas! Te estábamos esperando- Alicia, su madre le hizo un ademán para que entrara- Te preparé un pastel
- Hola mamá, oh gracias- Sin darse cuenta ya le había puesto un pequeño plato con pastel sobre sus manos- No es necesario... Gracias
- Hermanita!!- Una niña de casi seis años con un vestido rosa y desgastado se le acercó corriendo y se le abalanzó encima.
- Melissa!!! Que linda estás toma mi pastel, no quiero más
- Eres la mejor hermanita te quiero mucho!!!- Melissa sonreía.
Quizás, su hermana menor era la única que realmente le alegraba la vida
- Yo te quiero más tontita- Dijo Venus suavemente
Melissa puso cara de sorpresa y salió de la sala de estar, mas allá se escucharon sus pasos subiendo las escaleras. Ella era totalmente diferente a Venus, su cabello era castaño claro, casi rubio, ondulado, ojos grandes y vivarachos verde oscuro, de piel muy blanca y pálida, tanto que, solo cuando sonreía demasiado, sus mejillas lograban sonrojarse un poco, además era una niña muy alegre que se la pasaba jugando con todos los niños del vecindario, siempre tenía alguna ocurrencia divertida y era la única que hacía que Venus se sintiera realmente feliz y segura de que su hermana era totalmente sincera con todo lo que hacía, por más diferente que fueran.
- A donde se fue?
- Tiene un regalo para ti- Dijo Alicia sonriendo
- Bueno lo veré después, de verdad tengo mucho sueño
- ¿Marcaron tu franela?
- Claro que no!- Me parecía algo sin sentido- Hacer eso no es para nada lógico.
- ¿Pero y tus amigos?- Alicia puso cara de preocupada.
- Ninguno se marcó la franela, no fue necesario, igual nos seguiremos viendo- Mintió ¿Cómo su madre se preocupaba de cosas tan estúpidas?
- Ah esta bien, mucho mejor- Alicia parecía resignada- Al menos los hubieras invitado a casa.
- Estarán viajando desde hoy creo
- Bueno recuerda salir con tus amigos
- Si, claro...- Odiaba que le hablara como si todo en el mundo fuera asquerosamente perfecto- Bueno ¿y mi papá?
- Ronald sigue trabajando, está sumamente atareado, es muy probable que llegue tarde.
- Bueno nos vemos mamá.
Subió con cuidado las escaleras, sin que su hermana la escuchara, y entro a su habitación. El calor estaba insoportable, así que se cambió de ropa, y se puso un vestido ligero y desgastado, era perfectamente cómodo, abrió la ventana, que daba a la calle un aire cálido entró, entonces Venus se recostó en su cama, que estaba justo bajo la ventana y se echó a dormir una siesta, sin soñar ni pensar, eso era lo mejor, sentirse lejos de todos, en silencio, descansando casi que eternamente...
Despertó tarde, eran las 11:22 según el reloj de su teléfono, todo estaba silencioso y oscuro, pero no logró entender por qué aún se sentía tan cansada, pues no hizo más que aburrirse todo el día en su último día del colegio escuchando los alegres y exagerados comentarios de Lena, que a veces las estresaban hasta casi reventar. Su estómago rugió, cielos ni siquiera había almorzado ese día, el estómago le dolía bastante, así que decidió salir de su habitación y bajó las escalera hasta la sala de estar, las luces estaban apagadas, a excepción de aquella que venía del televisor, en la habitación de su derecha, estaban dando un anuncio de vestidos, de esas irritantes propagandas que gritan con emoción fingida: ¡LLAME YA Y EN CUESTIÓN DE SEGUNDOS OBTENDRÁ UNA MUESTRA COMPLETAMENTE GRATIS! Venus, definitivamente no soportaba esos horribles anuncios, encendió la luz, allí en un mueble gris, desgastado pero limpio, su mamá estaba tendida bajo una gruesa manta verde dormida, acurrucada y con el ceño fruncido "¿tendrá pesadillas?" pensó, llevaba mucho tiempo que no había visto a su mamá durmiendo, pero ahora, tenía el ceño fruncido, gesto que no observó nunca mientras alguien dormía, quizás papá no había regresado y mamá estaba preocupada, si, si era eso. Entonces dejó la luz encendida, salió de la habitación y se dirigió a la cocina, del otro lado de la salita de entrada, encendió las luces y abrió la nevera, que bien, que bien se sentía al tener frente a sí ese montón de comida, para calentar, sopas, hamburguesas, manzanas, peras, la mitad de una sandía, embutidos por doquier y leche fría, así que sacó el litro de leche, y lo calentó, le agregó chocolate en polvo y tomó un montón de galletas de la vitrina, se las comió rápidamente, aún tenía hambre pero con eso bastaba. Sin embargo, había dormido suficiente, y no le quedaba nada de sueño, prefirió esperar a su padre, así que se acercó al porche de la puerta, todo estaba completamente silencioso, la calle, justo frente a ella estaba desierta, hoy había luna nueva, seguro que sí, y el cielo estaba asombrosamente estrellado y despejado, si no fuera por los postes de luz a cada lado de las calles, sería el momento excelente para contemplar las estrellas, era hábito que le fascinaba llevar a cabo en noches como esas, así que aprovechó el momento, sentada en el porche pensando en la hora en la que regresaría papá. Ronald un hombre de 45 años y el mejor investigador del estado, uno de los mejores del país, era muy inteligente, agradable y sonriente, contaba los mejores chistes del mundo, según Melissa claro.
Venus estaba segura de que papá, al igual que ella, solo era así con su familia y los más allegados, pero esa personalidad cambiaba por completo en el trabajo, un jefe de policía muy estricto y severo, de carácter fuerte al que todos le tenían mucho respeto,"en realidad amo esa forma de ser en momentos de seriedad, es como un súper héroe de las historietas, de esos carismáticos que a la hora de la verdad no se tragan cuentos" pensaba Venus sonriendo a las estrellas, entonces en medio de sus pensamientos todo se sumió en la oscuridad. Sin previo aviso se había quedado dormida, por fin había soñado. Algo la seguía en un laberinto, mientras cargaba a Melissa en brazos, no sentía miedo, sabía que era un sueño, pero todo le resultaba extraño, hace mucho tiempo que no había tenido sueños, normalmente dormía sin imágenes en su mente o cosas por el estilo.
Ronald llevaba treinta largos minutos discutiendo con el Sr Pérez, mejor conocido como la rata Pérez, o la perezosa gorda, en fin, estaba en su estudio discutiendo que no dejaría el caso por la mitad y que los familiares del chico asesinado se sentían muy preocupados. Y que, esas personas no le pagarían el sueldo de todas maneras, pues aunque fueran pobres, de todas maneras no dejaría que esas personas corrieran peligro por dejar el maldito caso.
- ¡Es que no lo entiendes! Ya he avanzado lo suficiente, solo unas pistas más, unos cuantos nombres, y quizá, en la escena del crimen puedan haber huellas dactilares- Explicó Ronald, resistiéndose tanto a un impulso de darle un coñazo en la cara, a punto de explotar.
- Claro, lo único que falta es que publiquen en el periódico, la Agencia Policíaca de Accesos Violentos, reconocida como la mejor del país, ha fracasado en un simple caso, al intentar resolver el caso de un muchacho de ciudad, que, al parecer andaba en las drogas- El Sr Pérez, haciendo un esfuerzo por esconder sus enormes dientes hizo una pausa y suspiró- Ronald, hemos trabajado juntos en muchas ocasiones, y a ninguno de nosotros nos conviene continuar con el caso, estamos seguro de que no lo resolveremos en todo cas...
- ¡De ninguna manera! Usted cree que no soy capaz, y yo si estoy completamente seguro de que puedo terminar con esto.
Pérez hizo ademán para reprocharle lo dicho, pero Ronald continuó.
- Ni usted ni los muchachos se verán afectados por esto- Ya se estaba calmando- Estoy dispuesto a continuar el caso solo, tengo la seguridad, de que un par de días buscando en la escena del crimen y unas cuantas conversaciones pendientes, terminaré el trabajo y mandaré al asesino a la cárcel.
Pérez volvió a suspirar, su cara se había puesto roja de cólera y sus ojos se veían enfermizos y llenos de furia, pero no llegó ni a gritar ni a explotar en insultos, solo dijo:
- Está bien, te daré el permiso pero si llegas a fracasar, serás despedido inmediatamente- Dijo suavemente
"Maldita rata" Pensó Ronald.
- Soy un adulto, no necesito que un tipo igual de viejo que yo me amenace con un despido, tu y yo, estamos a la misma altura, yo no hago las cosas por amenazas, y por desgracia no le daré el placer de irme para siempre de esta pocilga, pues como usted sabe nunca he fallado en esto y tampoco lo haré ahora.
- Nunca falla en la insolencia - El Sr Pérez se había relajado un poco
Ronald sonrió.
- Usted tampoco, ahora si me disculpa...- Salió del despacho sin decir más nada.
Cuando ya se estaba alejando por el pasillo escuchó como si un montón de libros fueran arrojados con una fuerza inmensa, sonido que venía del despacho de Pérez, que seguramente había arrojado el estante de libros de un solo golpe, para sacar toda su cólera.
Al acercarse a la salida, observó un momento su reflejo en el vidrio de la puerta, estaba cansado, pero sus rasgos no demostraban ni el menor indicio de enojo, pálido inexpresivo y de rasgos finos, europeos, de cabello castaño, anteojos y mirada intelectual. Finalmente salió, recordó los tiempos de su juventud mientras llegaba al estacionamiento, buen mozo, callado e inteligente indiferente, hasta que conoció a Alicia en su último año de secundaria, una hermosa morena de ojos rasgados que se había mudado. Una mujer que se ganó su atención desde el primer instante.
Llegó hasta la camioneta, estaba lloviznando y aminoró la marcha, pensando en todas las piezas del rompecabezas de cierto asesinato, cruzó la autopista suavemente en medio de la torrencial caída de agua.
Venus se resbaló de la escalera y cayó en un charco, se despertó inmediatamente.
- ¡Ay mierda!- Dijo mirando a su alrededor.
¿Pero si hace cinco minutos el cielo estaba despejado? cinco minutos, claro, seguro había pasado horas dormida. En fin, le gustaba la lluvia, se quedo un rato tendida al lado de los tres escalones que llevaban al porche, estaba muy empapada a lo mejor la regañaban... "A la mierda con eso".
Hace tiempo que no se quedaba viendo la lluvia caer hacia sus ojos, se sentía raro, como volar o entrar en una nube talvez, que bueno que su mamá no se había despertado, porque si no, estaría riñéndole ¡Ve a bañarte, te vas a enfermar, pórtate como una niña, son las tres de la mañana, que tal si alguien te ve, está muy oscuro uno nunca sabe! y todas esas cosas que dicen las madres cuando les da su ataque de paranoia. Ella recordaba que nunca había tenido un accidente por salir a ver las estrellas o por salir a jugar en la lluvia, de hecho casi nunca se enfermaba, un vez se le fracturó la pierna derecha porque sus "amigas" de la escuela la habían empujado por la escalera, desde atrás claro, le llegaron por la espalda las malditas cobardes, y que dieran gracias de que no era rencorosa, porque si hubiera tomado venganza las habría casi matado.
A veces se sentía sola, falta de una amiga de verdad o un amigo, ¡quien sea! pero le hacía falta alguien con quien sonreír de verdad, pues en primaria y ahora en la secundaria, hacía el intento de socializar con las personas. Claro, nadie en el maldito mundo le prestaba atención o le hablaba siquiera, Lena fue la única con la que pudo entablar una amistad fácilmente aunque, fueran diferentes, se hablaron y fueron amigas, eso era lo que importaba, pero seguía sintiendo una desconfianza extrema ante todo incluso a veces hacia su madre.
Pero esa soledad que sentía muy en el fondo, no era igual a la de ahora, una soledad muy diferente, disfrutaba sin que nadie la molestara, eso si era vida.
Mientras todos estos pensamientos le llegaban tan rápido cuales gotitas de lluvia en su cara, escuchó las ruedas de un auto en la grava, era papá que había llegado, así que se incorporó como pudo y se fue al lado del garaje viendo la camioneta pasar y entró tras ella, pulsó el botón que estaba justo al lado de la salida, en la pared, y cerró la puerta del garaje y luego pulsando otro justo debajo, encendió la luz, el pequeño estacionamiento estaba colmado de un montón de cosas diferentes, dos escobas, una pala, una bicicleta maltrecha y vieja, unos carritos de juguete acumulados bajo un muro muy bajo que sobresalía de la pared como un banquito de los parques, éste tenía trapos sucios, envases de gasolina, aceite y otras cosas que no llegó a recordar sobre la limpieza para los autos y cosas así, había un hacha de aspecto amenazador en el suelo, cerca de la otra pared. En una esquina una manguera estaba guindada y enrollada hasta el piso, un montón de sogas mugrientas esparcidas en el suelo, cajas de herramientas por todos lados, y en las paredes de pintura gris desconchada, guindaban ollas viejas, y botas para lluvia desgastadas. Su héroe policía salió del auto y ella se contentó un poco, hace tiempo que no lo veía llegar del trabajo, pues últimamente estaba en casa muy pasadas las doce de la noche.
- Hola Venus- Dijo cálidamente pero con voz somnolienta. Se le quedó viendo fijamente.
- Hola papá, ¿como te fue en el trabajo?- Dijo la adolescente.
- ¡Estás completamente empapada! saliste a la lluvia de nuevo? A veces pienso que estás tan desquiciada como este policía loco- Sonrió, papá era el único que la entendía casi completamente, el único que se divertía con sus gracias sin gracia de adolescente solitaria.
Venus se echó a reír.
- No estoy loca papá, estoy bien cuerda de la nariz- Sonrió, esa broma la decían desde que estaba pequeñita, antes de que naciera Melissa.
- ¡Estamos locos, he dicho!- Estallaron en carcajadas ¿por qué? Ni ellos lo sabían, ya era más que suficiente estar juntos para sonreír un rato.- Ahora ve a bañarte o a cambiarte o vendrá tu mamá a reñirte.-
- Bueno pero ¿y el trabajo?- Ya estaban saliendo del garaje hasta la sala de atrás.
- Te cuento después, mañana en el desayuno. Estoy muy cansado
- Bueno iré a cambiarme adiós papá, descansa.
- Igualmente Venus
Venus se fue rápidamente mientras su padre estaba en el garaje apagando la luz. Llegó hasta la salita de la entrada y recordó los sucios que estaban sus zapatos, se los quitó y subió las escaleras con los pies empapados, dejando pequeños charcos de agua con cada paso "ya se secará solo" pensó. Cuando entró a su cuarto, en medio de la penumbra, tropezó con algo, pero no le prestó atención, seguro era alguna chaqueta sucia o algo así. Encendió la luz para inspeccionar el suelo, justo donde tropezó había una muñeca de trapo azul, que nunca había visto, probablemente era de Melissa, se veía vieja, pero en buenas condiciones, así que la puso en una montaña de ropa en la única silla de su cuarto que estaba dispuesta para un escritorio que tenía tremendo desorden encima, un montón de ropa libros y lápices mezclados, ¿Hace cuando que no limpiaba su habitación? Lo único que le hacía falta a ese lugar, era que se cubriera de muchísimo polvo y que guindaran telarañas horripilantes del techo. Sonrió, la idea le parecía probable. "Mañana estarás como nueva" dijo en voz baja, con tantos exámenes finales no le había dado mucho tiempo de mantener las cosas en orden, aunque sinceramente ni le importaba arreglar nada, la mayor parte de los últimos días la pasó descansando, o estudiando. Se secó y se cambió de ropa tomando un camisón de un montón del escritorio, se echó en la cama, su piel aún estaba fría, y la lluvia repiqueteaba fuertemente contra el tejado, afuera se escuchó como la brisa aumentaba su fuerza, incluso los truenos sonaban aterradores, las sábanas y la cama estaban frías pero logró dormirse rápidamente.
Se despertó a las diez de la mañana, su estómago rugía de hambre, fue al baño a cepillar sus dientes, que quedaba justo al lado del final de la escalera y luego fue a la cocina. Sentada a la pequeña mesa para cuatro personas, Melissa untaba un pan de sándwich con chocolate.
- ¿Hola Melissa, dormiste bien?- Dijo Venus mientras se sentaba al lado de su hermana.
- Los truenos no me dejaron dormir- Dijo como si no fuera la cosa, luego dio un gran mordisco a su sándwich de chocolate.
- ¿Que hay para desayunar?
- Pan y huevos revueltos, ya desayuné- Luego puso cara de malas pulgas- No le vas a decir a mami que me he estado comiendo el chocolate esta mañana ¿verdad?
- Claro que no tonta, por cierto ¿y mi mamá?- Dijo mientras se servía el desayuno.
- En el jardín, sembrando unas rosas que le trajo una amiga, temprano- Dijo Melissa con la boca llena del último bocado.
- ¿Y papá?
- Salió temprano! Ni siquiera me despertó para despedirse!- Melissa tomó un aspecto tristón- Talvez mañana se quede en casa. Y seguro se le olvida traerme un chocolate...
- Bueno talvez sea que tiene mucho trabajo- Dijo Venus, que empezó a comer- Por cierto, ¿no entraste ayer en mi cuarto? En la noche?
- ¿Qué? No, pasé toda la noche en la recámara.
"Parece decir la verdad pero si está mintiendo, es una muy buena mentirosa" Pensó Venus
- No mientas, no te reñiré, es que encontré una de tus muñecas en el suelo.
- ¡Pero si no entré en tu habitación en todo el día!
- Mira tu puedes pasar todo lo que quieras en mi habitación siempre y cuando no revises mis cosas ni que la vuelvas un desastre- "aunque es un desastre ya" pensó- Está sobre la ropa del escritorio, es la azul.
- ¿Azul?- Dijo Melissa extrañada-
- No tengo muñecas azules,- dijo Melissa "¡Seguro es un regalo de mi hermana!" Sonrió mientras lo pensaba.
- ¿De qué te ríes?
- Nada- Y salió de la cocina, sus pasos se escucharon corriendo en la escalera
- Sabía que estaba mintiendo- Dijo Venus para si misma.
Luego de que Venus terminó de comer, se dirigió al jardín trasero para buscar a su mamá. El sol brillaba con gran esplendor, y el cielo estaba completamente azul, sin nubes a pesar de la tormenta de la noche anterior. El jardín consistía en un rectángulo de unos cinco metros de ancho. Rodeado por una cerca de piedra, que lo separaba de la otra casa. En la esquina derecha del jardín al lado del muro de piedra, había un árbol mediano, de naranjas, que nunca había dado frutos por cierto. El suelo estaba cubierto de césped perfectamente cortado, con un par de caminitos de piedra que además de recorrer el largo jardín, rodeaban los lados de la casa hasta llegar a la parte delantera. Al lado del árbol había un pequeño tobogán y un columpio. El resto de jardín tenía unos cuantos arbustos con flores blancas y amarillas, así como diente de león que nacía en el muro de piedra.
Alicia estaba agachada frente a un matorral largo como un brazo adulto delgado con espinas y con dos capullos rojos en el extremo, Venus se acercó a su madre, que usaba dos guantes azules cubiertos de tierra.
- Hola mamá- dijo agachándose también, ayudándola a tapar las raíces con la tierra húmeda
- Te despertaste tarde
- Supongo que es el cansancio- Mintió
- Creí que sabías que un fantasma acuático llegó hasta tu habitación- Detuvo su trabajo y se volvió para ver a Venus.
- ¡Pero solo quería ver a papá! Luego, luego me quedé dormida y desperté cuando llegó ¿Ves que no me pasó nada? Estoy excelente.
- ¡Ya eres bastante mayor! Tienes diecisiete años ¿acaso no tienes sentido común?
- ¡Bueno, no lo vuelvo a hacer!- Dijo Venus irritada.
- ¡Conoces los riesgos! Que no te haya pasado nada no significa que no debas ser prudente- Alicia inspeccionó la tierra- Creo que así está bien, entremos.
Venus prefirió no protestar, pero su madre tuvo parte de la razón, así que entraron a la casa, su madre fue al baño a lavarse las manos, en cambio Venus, solo se sacudió las manos en su pantalón, y se acostó en el sofá donde la noche anterior, su mamá había estado dormida, la manta ya no estaba allí. Encendió la tele y cambió de canal hasta un documental de animales, la invadía el aburrimiento pero tampoco quería hacer nada. Se escucharon unos pasos rápidos que bajaban la escalera.
- ¡¡¡Venus!!! Gracias por la muñeca- Dijo Melissa sentándose en las piernas de su hermana. Luego puso cara de desagrado- Aunque está un poco vieja pero no importa, ¿es tuya?
- No, creí era tuya... ¿Acaso nunca habías visto la muñeca?
- No, nunca. Jugué un rato con ella es graciosa como se mueven sus piernas- Tomó la muñeca de trapo por un brazo y la balanceó de un lado a otro, haciendo que sus largas piernas parecieras gusanitos moviéndose.
- Que extraño...- Dijo Venus viendo al suelo- Bueno quédatela si quieres
- ¡¡¡Gracias!!!- Melissa estaba muy contenta- ¡Guerra de cosquillas!
- No! Por favor no!- Venus se estaba quedando sin aire, la risa la consumía.
Las dos hermanas jugaron casi dos horas, con la casita de muñecas, a los disfraces, al escondite, y a la comidita en el jardín, y después de almorzar pasaron bastante rato armando un rompecabezas de un castillo encantado. Ya en la tarde se turnaron para bañarse.
- Ahí viene mi papi. ¡Llegó temprano!- Dijo Melissa asomada en la ventana, luego salió corriendo hasta el porche de entrada.
Venus estaba de nuevo tendida en el sofá viendo documentales aburridos como siempre, a veces ni ella misma se soportaba.
- ¡Ronald!- Dijo Alicia contenta, cuando su esposo entró con Melissa en los brazos
- Hola querida- Hoy parecía de buen humor, no tan cansado como siempre. Se besaron.- Hola Venus ¿qué tal eh?
- Hola papá- Dijo Venus sonriendo- te fue bien en el trabajo y resolviste el caso ¿A que si?
- ¡Exacto! Lo hice en menos tiempo de lo que esperaba, aunque creo que me precipité demasiado, pero lo logré. Falta atrapar al asesino, pero ya sabemos como sucedieron cada una de las cosas.
- ¡Papi es el mejor!- Repetía Melissa que se había puesto los anteojos de su papá
- ¡Esto hay que celebrarlo! - dijo Alicia- Quien quiere panqué!
- ¡Yoooooooo!- Dijeron todos riendo.
Ya era de noche y entre todos empezaron a preparar la mezcla, Melissa no dejaba de robar pequeños trocitos de chocolate de taza, el molde para tartas era lo suficientemente grande para ocupar todo el espacio del horno, después la familia se reunió en la mesa de la cocina para disfrutar del panqué.
- Que rico está mamá!- Dijo Melissa comiendo de un gran trozo de tarta.
- Gracias preciosa. Aún sobra tarta sigue disfrutando!- Respondió Alicia sonriendo- Ronald, ¿como lograste el caso?
- Obtuve el nombre del asesino, y mañana temprano unos hombres de la agencia le seguirán la pista. Pronto tendré vacaciones.
- ¡Excelente Ronald! Quizás viajemos unos días al parque nacional de Mérida para ver la nieve- Sus ojos brillaron- Me da tanta ilusión.
- Si!!! Yo quiejo vej la ne...ve- Dijo Melissa con la boca llena
Venus callaba, estaba pensando en la muñeca, no recordaba haberla visto en ningún momento, quizás le perteneció hace mucho tiempo y no lo recordaba, talvez debería preguntarle a mamá... No, eso ni en sueños después le preguntarían donde la encontró y todo se volvería un poco complicado, talvez debería decir que una amiga se la regaló o algo por el estilo.
- Venus, escuchaste?- Era la voz de mamá
- No... ¿Decías?
- Melissa...
- ¿Te vas a comer lo que queda en tu plato?- Interrumpió Melissa
- ¡Oh lo siento! No, toma- Y se lo ofreció, apenas saliendo de sus pensamientos respecto a la muñeca.
- ¿Hija tienes algo?- Preguntó Ronald
- Ah no, solo quiero ir a recostarme- Ya estaba levantándose de la silla.
- No te vayas! No puedo creer que hayas pasado todo el día vagando- Ya estaba comenzando el discurso "madres obstinadas al ataque".
- ¿Qué tengo que hacer ahora?- Preguntó Venus irritada
- Ten, guarda la tarta en el horno, colócale un pañuelo encima- Dijo Alicia con voz baja pero con una mirada acusadora y de malas pulgas.
-Bueno, ¿Melissa quieres más?
-S...
- No puedes comer tantos postres Melissa. Venus, ¡apúrate!- Dijo Alicia realmente irritada. Y la pequeña bajó la vista totalmente resignada.
Venus no dijo nada y se dirigió a la cocina con la tarta en las manos, luego colocó la bandeja en el horno y después le puso el molde encima de la torta. Cerró el horno de una forma violenta, (hace tiempo que no se molestaba por pequeñeces) haciendo que se moviera de una forma muy brusca, entonces detuvo el movimiento con sus manos amainando el alboroto.
- ¿Venus? ¿Qué pasa?- Dijo Ronald. Siempre tan tranquilo...
- Oh nada me resbalé y sostuve el horno para no caerme...- Dijo mintiendo y haciendo todo lo posible para ocultar su rabia. Su madre la miró con recelo.
- Ya basta chicas, suban a sus recámaras. Tengo que hablar con papá.
- Si mami- Dijo Melissa un poco más agitada de lo normal.- Los quiero- Y les dio un beso en la mejilla a cada uno. Y salió disparada a las escaleras.
- Que descansen, buenas noches papá- Dijo Venus de forma un poco cortante, indicando su indiferencia hacia su madre y se retiró con pasos largos, al salir de la cocina subió corriendo las escaleras, para luego encerrarse en su habitación, aislada de todo el mundo, sumida en sus pensamientos.
Melissa estaba apoyada en el espaldar de su cama jugando con la muñeca azul, solo la luz de la lámpara iluminaba la habitación. Aún no sabía que nombre ponerle a la muñeca.
- Un dos tres... que nombre te pondré uno dos tres que nombre te pondré...- Cantaba suavemente, según había dicho mamá, esa era la canción que cantaba cuando le faltaban unas semanas para dar a luz a Melissa.
Entonces mientras cantaba la melodía vio un pequeño rayo de luz o un reflejo talvez, que venía de la muñeca, la observó por un momento, talvez fue su imaginación pero por un momento pensó que los ojos de la muñequita brillaron, como los ojos humanos quizá, con un aspecto vidrioso y extraño. Pero no, en sus manos tenía una simple muñeca vieja de aspecto regordete con su piel de tela, cabello y vestido azules y unos singulares ojitos negros muy grandes y redondos, sin ningún tipo de brillo singular.
- Aún no se cual será tu nombre...hummm. Mañana, sí mañana lo haré.-Abrazó a la muñeca con cariño un largo rato. Y luego se acostó en la cama observando la lámpara.
¿Por qué mamá pelea con mi hermana? Pero Venus no ha hecho nada malo... ¿o sí? Venus no pelea con mamá, es mamá la que pelea con ella, estoy segura.
- ¿Qué opinas muñequita?- Dijo viendo la lámpara.
- Pues, ¡siempre tienes razón!- Dijo Melissa respondiéndose a si misma agudizando la voz.
- No muñequita no siempre tengo razón.
- Pero eres inteligente
- Es hora de dormir muñequita, dime, ¿Te gusta como es Venus? ¿Qué hacías en su habitación?
- No lo sé solo estaba ahí.
- ¡Bueno! Vamos a dormir- Dijo Melissa con su voz normal.
- Vale buenas noches Melissa.
- Buenas noches muñequita.
Melissa estaba segura de que Venus pensaba que mamá era tonta o un poco ridícula, pues cada vez que mamá regañaba su hermana mayor, ésta ultima no hacía exactamente gestos de molestia, sino leves gestos de asco y a veces gestos suspicaces. Pero Melisa no lo veía así, mami era la mujer más dulce de todas, y era cariñosa y le gustaba mucho el rosa, como a Melisa, aunque muchas veces no la dejara comer mucho chocolate era una mamá genial, aunque papá contaba chistes geniales y la hacía reír, aunque cuando llegaba cansado, era muy amargado y callado.
Después de varios minutos pensando en esas cosas, Melisa apagó la lámpara y casi inmediatamente después quedó rendida ante un agradable sueño donde "muñequita" paseaba con ella sobre un oso gigante de colores en las montañas de Mérida, todo estaba nevado, pero no era nieve, eran copos de helado los que caían, chocolate por todos lados.
Y así, en medio de un sueño extremadamente feliz, Melissa dormitaba en la quietud del aire de su habitación.
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