Buceando en las profundidades...

By albiita_smiles

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THALIA, UNA ADOLESCENTE CRIADA POR SU PADRE YA QUE SU MADRE MURIO CUANDO ELLA SOLO CONTABA 5 AÑOS DE EDAD. ED... More

Buceando en las profundidades de tus ojos [Liam Payne]
Capítulo uno.
Capítulo dos.
Capítulo tres.
Capítulo cuatro.
Capítulo cinco.
Capítulo seis.
Capítulo siete.
Capítulo ocho.
Capítulo nueve.
Capítulo diez.
Capítulo once.
Capítulo doce.
Capítulo trece.
Capítulo catorce.
Capítulo quince.
Capítulo dieciséis.
Capítulo diecisiete.
Capítulo dieciocho.
Capítulo diecinueve.
Capítulo veinte.
Capítulo veintiuno.
Capítulo veintidós.
AVISO IMPORTANTE
Capítulo veinticuatro.
Capítulo veinticinco.
EPÍLOGO

Capítulo veintitrés.

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By albiita_smiles

[NARRA THALIA]

El tiempo pasó anormalmente deprisa. María y su madre ya estaban instaladas en casa y ya había tenido algún que otro conflicto con ellas. María era una pesada, no paraba de hablar de Harry, su novio, chico que gracias a mí conoció. Y su madre no paraba de pedirle a mi padre dinero para chorradas y caprichos suyos.

La limusina vino a por mí a eso de las doce de la mañana. Estaba enfadada con mi padre y no me despedí de él.

Hasta dentro de una semana mundo real.

Nada más entrar en el gigantesco y lujoso automóvil, mis ojos se encontraron con el rostro afable y sonriente de Margaret.

-¿Qué haces tu en mi limusina?

-Como somos de la misma academia me pareció divertido ir juntas además que tengo muchas cosas que contarte, estoy super ansiosa, nerviosa, euforica, asustada y feliz todo a la vez –dijo muy muy rápido.

-Relájate que te ahogas con tu propia saliva –reimos ante mi comentario y notamos como el cochazo se puso en marcha- Cuéntame.

-He investigado sobre la escuela y vamos a convivir con la hija del director, tenemos que llevarnos bien con ella.

-¿Eso era todo? ¿Por eso estás así?

-No. Conocí a un chico.

Ambas chillamos emocionadas a la vez.

-¿Quién?

-Louis Tomlinson, tú misma me le presentaste. Somos almas gemelas. Estamos hechos  el uno para el otro y lo más fuerte es que le gusto. ¡Nos hemos besado!

Volvimos a chillar de emoción y la tomé las manos.

-Amiga, te felicito. ¿Ya son novios?

-No… hemos decidido darnos un tiempo, por lo de la escuela de ballet y eso.

-Qué pena. Cómo lo odio, no quiero asistir a la dichosa escuela.

-¡Mira! ¡Parece que ya hemos llegado! –dijo mirando por la ventana dando pequeños saltitos en el asiento del coche.

El chófer nos abrió la puerta y cogió nuestras maletas. Estábamos caminando por un enorme jardín lleno de césped y árboles. También había numerosas rosas. Mi amiga chillaba a mi lado. Tras unos cinco minutos andando en línea recta llegamos al gigantesco edificio. Tenía siete plantas. La fachada era de ladrillos, la puerta de cristal y en la parte de arriba de ésta había un enorme letrero con el logo de la escuela y las palabras ‘seven wings’ escritas bajo él. Todas las ventanas eran iguales, con el marco marrón y unos relucientes cristales. También había numerosos balcones en cada planta, excepto en la de abajo.

Cuando pasamos dentro ante nosotras se abrió un amplio recibidor con un escritorio de roble en la parte izquierda y una mujer de mediana edad y castaña de ojos grises detrás de él. Tecleaba algo muy deprisa en su ordenador, se la veía ajetreada. Cuando nos vio sonrió y llamó por el teléfono negro que tenía en la mesa. El chófer dejo las maletas en el impecable suelo gris y desapareció. Por la puerta que había atrás del escritorio salió el director de la academia, el señor Jones. Nos recibió cálidamente y nos invitó a pasar a su despacho.

Cuando estuvimos sentadas en los sillones negros de la habitación y él estaba sentado enfrente de nosotras en su aún más grande sillón negro nos sonrió cordialmente y comenzó a hablar.

-Más que nada, desearos una feliz estancia en la escuela donde se les impartirán clases de danza, historia del arte y demás materias. Deberán tener al menos una media de 7 en las asignaturas para poder continuar estudiando aquí. La secretaria les dará la llave de su habitación situada en la última planta. Compartirán habitación las dos con Yaiza Jones. Eso es todo señoritas, en dos horas habrá un recorrido por el establecimiento. Pueden marchar a alojarse en su habitación, espero que sea de su agrado.

Ambas le sonreimos y nos fuimos de la sala pronunciando a la vez un ‘hasta luego’.

La recepcionista nos tendió las dos llaves de metal y nos dijo que teníamos asignada la número 769 y que procuraramos no perder las llaves. Cuando ya estuvimos dentro del ascensor mi amiga pegó un agudo grito cual gata chillona.

-¿Y ahora que te pasa? –dije algo molesta y con las manos en los oídos.

-Yaiza Jones, nuestra compañera de cuarto es la hija del director. ¡Ah, estoy deseando conocerla!

Bufé y rodé los ojos. Cuando las puertas se abrieron un largo pasillo apareció ate nuestros ojos. Caminamos mirando a todos lados para encontrar la habitación. Margaret no  paraba de reír eufórica como una completa demente y dar saltitos en el sitio.

Cuando por fin dimos con la habitación metí la llave en la cerradura y la hice girar, generando que esta se abriera. Una sala común fue lo primero que vimos. Una puerta al fondo del salón que llevaba a la terraza. Estaba dotado de todo tipo de comodidades y tecnología. Había una tele de plasma de unas 30 pulgadas colgada del techo. Debajo de esta había una mesa y sobre ella un DVD y una Wii junto a una Play Station. Enfrente de todo esto se hallaba un sofá enorme con una chaise longue todo ello color Camel. A cada lado del sofá había un puff morado. La puerta que llevaba a la terraza era de vidrio transparente y estaba tapada por unas cortinas traslúcidas color morado también. Las paredes eran blancas y las demás puertas de madera. El suelo era de baldosas negras.

Abrimos la primera puerta y nos topamos con la cocina. En ella había una mesa para comer de color blanco con tres modernas sillas rojas. Todos los electrodomésticos eran negros y teníamos una lavadora secadora. Había tres cuadros: uno de una manzana roja, otro de un corazón rojo y el tercero contenía una hermosa y elegante rosa roja, todo ello sobre el lienzo blanco. Margaret y yo lo observábamos con la boca abierta y los ojos brillantes.

-Esto es… -dije yo, pero la chica me cortó.

-Gelucinástico.

-Ni yo misma lo hubiera dicho mejor.

Estaréis pensando en el significado de cierta palabra. Gelucinástico. Genial + alucinante + fantástico. 

Salimos de la cocina y abrimos la puerta que más cerca estaba de ella. Una habitación enorme. De paredes blancas y una enorme cama en medio. Tenía una colcha azul celeste preciosa. Pegada a la pared de la derecha había una mesa metálica con una silla con ruedas azul y encima unas estanterías. En la pared de la izquierda había un armario cuyas puertas eran dos espejos correderos y al lado una puerta que conducía al baño que estaba compuesto por una bañera y el lavabo.

-La colcha de la cama pega con tus ojos. Esta habitación es perfecta para ti.

-Es cierto, es perfecta.

Miramos que no hubiera ropa ni maletas, eso significaría que la habitación estaba libre. Para mi suerte no encontramos nada de eso y me apropié de esa perfecta habitación.

Pasamos a la siguiente habitación y la estructura era igual, lo único que cambiaba era la colcha de la cama, esta era morada, al igual que la silla. Había dos enormes maletas y supusimos que sería de Yaiza.

Ya por fin entramos a la última habitación, la que sería de Margaret. Esta también era exactamente igual a las anteriores solo que la colcha y la silla eran verdes. El director ha dado en el clavo, el color favorito de la loca de mi amiga era el verde. Dejó sus maletas allí y nos tiramos en el sofá.

-Es perfecto. Más que nada parece un apartamento.

-Ya ves, es genial.

Encendimos la tele e hicimos zapping. Descubrimos el canal 7news. Era el canal de la escuela. Es genial, se emitía en toda la escuela. Cuando nos quisimos dar cuenta de la hora corrimos a la entrada del edificio para la visita guiada.

Una aglomeración de chicas con hormonas revolucionadas se hallaba en el hall. Pude ver algún que otro chico entre ellas.

-Señoritas, silencio por favor. Va a dar comienzo la visita por el establecimiento. –Dijo la secretaria alzando la voz para que se la oyera.

Por la puerta del despacho salió el Señor Jones acompañado de una chica castaña de pelo rizado y flequillo con mechas californianas rubias. Tenía unas pestañas kilométricas y unos preciosos ojos color chocolate. No era ni muy alta ni muy baja y estaba delgada. Vestía con un polo rosa de hollister y unos pantalones vaqueros cortos también de hollister. Sus pies portaban unas impecables vans del color del polo. El Señor Jones le dijo algo al oído mientras miraba en nuestra dirección.

-No puede ser, esa es… -dijo Margaret emocionada mientras la castaña se acercaba a nosotras.

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