Capítulo 1
A través del espejo puedo apreciar mis vidriosos ojos azul intenso, al borde de dejar caer esas gotas saladas llenas de incomprensión, tristeza y dolor. Esos ojos sin brillo alguno analizándome, juzgándome.
Llevo más de 10 minutos en el baño simplemente mirándome al espejo, con ganas de encender un cigarrillo, llevarlo a mis labios y dejar que esa acción me haga olvidar lo que mis vidriosos ojos azules vieron.
Tres años, tres años han pasado y simplemente no puedo superarlo, ahora a mis 24 años sigo intentando continuar con mi vida, decido seguir avanzando pero sigo estancada y esta arena movediza solo me sigue succionando.
Mis manos tiemblan, mi cuerpo se estremece por el miedo, el miedo al ayer, al mañana y al ahora. Con manos temblorosas purifico mi rostro con la cristalina y fría agua que me brinda el lavabo, la seco en pequeños toquecitos con trozos de papel.
Me acaba de dar otro ataque, otro ataque simplemente por ver a esa pequeña de rubios cabellos y ojos alegres rogarle a su madre un poco de helado de chocolate y mis traicioneros oídos inmiscuyéndose en una conversación que no me pertenecía y así poder escuchar el nombre de la pequeña salir de los labios de la mujer "Isabella", no puedo creer que in simple nombre, una simple cabellera rubia y la insistencia de comer helado me desarmaran por un momento.
Una traicionera lágrima rueda por mi mejilla llena de recuerdos y agonía, con rudeza y frustración me deshago de ella tomando una gran respiración.
Tomo mi bolso y saco mi "liquido de los engaños" como me gusta llamarlo ¿Por qué? Simple, siempre oculta mis rojos e irritados ojos después de cada llanto y así escondiendo mi sufrir.
Me quito el maquillaje y me vuelvo a maquillar para seguir escondiéndome de los demás.
Rebusco en mi viejo bolso café donde se esconden las pastillas que calman mi sufrimiento cuando yo no me puedo calmar a mí misma.
Cuando las encuentro las observo fijamente entre mis manos y analizo las opciones que puedo tomar: el medicarme y estar bien rápidamente o no hacerlo y luchar por mí misma contra mi cuerpo.
Mi mente se aclara por lo que introduzco las pastillas en el bolso dejando que se pierdan dentro de nuevo.
El reloj de mi celular marca las 16:54 han pasado 27 minutos desde que estoy aquí y considero que es hora de salir. Tomo una última respiración para poco después dirigirme fuera del tocador.
Lo que es interesante es que pase 27 minutos dentro del baño y nadie fue capaz de ir a buscarme, me pregunto si alguien se dio cuenta de mi falta de presencia.
A lo lejos puedo vislumbrar la mesa en donde mis amigos se encuentran charlando, comiendo entre risas y disfrutando el momento que se supone yo también debería disfrutar.
Planto en mi rostro mí ya tan conocida y mejor amiga la sonrisa más falsa pero creíble para las personas que me rodean.
Mientras más me acerco a la mesa mis manos comienzan a sudar, el lado bueno es que ya no están temblando.
Cuando llego a la mesa todos se callan llevando sus miradas hasta mi presencia.
-Emmm Hola! ¿De qué me perdí?- pregunto tomando asiento en mi lugar donde se encuentra una hamburguesa con queso que supongo esta fría y una soda
-¿Dónde estabas y porque te tardaste tanto?- pregunta Lucy una chica de estatura promedio, cabello cobrizo, ojos avellana y mi mejor amiga.
-Estaba en el baño- hable tomando la hamburguesa entre mis manos y dándole un pequeño mordisco- me distraje en el celular por esa razón me demore ¿también quieres que te diga lo que desayune?- pregunto con obvio sarcasmo para poder aligerar el ambiente
Lucy con una gran sonrisa me responde- no hace falta gracias, de todas formas dudo que desayunaras tan... rico... como desayune yo- comenta mordiéndose el labio y con tono algo lujurioso
-cariño, créeme por 1500 vez a tus amigos no les interesa lo que hacemos o no- habla Leo el novio de Lucy desde ya hace un año, él es muy distinto a ella en el sentido de que Lucy es divertida, extrovertida, relajada y no piensa antes de hablar pero Leo es culto, callado, tímido y algunas veces de pocas palabras.
-Amor y yo te he dicho 1500 veces que no me importa, si no quieren escuchar que se tapen los oídos así de simple.
Devon, Amber, Silas, Cristal y yo simplemente reímos y nuestras pequeñas risas se vuelven carcajadas cuando Lucy nos vuelve a hablar sobre los beneficios de "no tener pelos en la lengua"
Aunque la gran mayoría de mis risas y sonrisas no son reales disfruto mucho estar con ellos, a veces son un escape de la realidad.
-me gustaría quedarme aquí y escucharte hablar estupideces pero me tengo que ir- digo levantándome con la hamburguesa a medio comer en una mano, mi bolso en mi brazo y la soda en la otra- ¿Quién será tan increíble y pagara por mí?- pregunto mirando a mis amigos con lo que considero un muy adorable pucherito
-lárgate antes de que me arrepienta victoria- dice Silas apuntando hacia la puerta y sus ojos color tierra mirando directamente los míos azul intenso
-te amo sile ¿lo sabias?
-sí, si claro vete- le lanzo un beso y salgo casi corriendo del establecimiento rumbo a mi auto
Cuando ya me encuentro instalada en mi auto me dirijo a mi departamento para poder estar sola y ver películas recostada en el sofá.
Necesitaba huir de ese lugar, necesitaba estar sola, me gusta la soledad.
Me gusta estar con mis amigos ya que prácticamente son lo único que me queda pero a veces simplemente me siento sofocada y me debo ir.
Al ritmo de Sugar de Maroon 5 llego a mi edificio introduciendo mi auto en el estacionamiento subterráneo, desciendo de él y me dirijo al ascensor, ingreso en él y pulso el botón con el número 4 para poder llegar al apartamento 4B mi hogar dulce hogar.
Ingreso a mi lindo y solitario lugar dejando el bolso junto con las llaves en la mesita a un lado de la puerta, me quito los zapatos arrojándolos por ahí y me dirijo a la cocina para poder preparar palomitas y que se vayan haciendo mientras me doy una ducha rápida.
El apartamento consta de dos habitaciones, cocina, un baño y la sala de estar, perfecta para mi soledad.
En el baño me deshago de mi ropa, unos vaqueros ajustados azules y una camiseta sencilla blanca. Dejo caer mi castaño cabello sobre mis hombros sacándolo de ser prisionero de una coleta.
Enciendo la regadera para poder modular la temperatura y mientras esa acción se realiza me voy desenredando el cabello con paciencia y cuidado.
Ya terminada la segunda acción mi cuerpo se encamina debajo del chorro de agua, me tenso al sentir las primeras gotas caer sobre mi piel.
El simple sonido del agua caer contra el suelo, las tibias gotas acariciando mi piel, los olores exquisitos de los productos de aseo entrando por mis fosas nasales, me hacen pensar que una simple ducha puede ser la gloria.
Sin esperarlo el agua de la regadera comienza a fallar saliendo fría y muy caliente cortando el flujo de la corriente, sin imaginarlo el tubo de la ducha explota mojando todo a su paso, cuando intento cerrarla la manija del agua caliente se desprende y rápidamente cierro la llave de paso de agua para poder controlar un poco la desastrosa situación.
Con una toalla alrededor de mi cuerpo salgo rápidamente del baño para poder buscar el teléfono y el cuadernillo lleno de los números que yo considero importantes.
Busco el número del fontanero totalmente frustrada y mojando el suelo al no haberme secado, ya encontrado el número le marco con la esperanza de que puedan enviar a alguien.
-Hermanos Calixo buenas tardes- una chillona voz que ingiere ruidosamente algún tipo de líquido habla al otro lado de la línea telefónica.
-buenas tardes me llamo Victoria Shane necesito de sus servicios estoy al borde de la desesperación, necesito ayuda ¿podrán enviar a alguien ahora?- pido mientras ella seguía bebiendo lo que sea que bebía y mi desesperación aumentaba
-no se preocupe señorita dícteme su dirección y le enviaremos a alguien lo antes posible.
Y así fue, le di mi dirección para rápidamente dirigirme a mi habitación y vestirme con unos pequeños shorts de franela rosa con dibujitos de rosquillas y como un hombre ha de venir en cualquier momento me coloco un brasier color carne y una camiseta blanca de mangas largas la cual termina mojada por mi húmedo cabello.
Regreso a la cocina de donde saco del microondas las palomitas y las coloco en un tazón y del frigorífico una jarra de jugo de sandía que prepare esta misma mañana.
No puedo terminar de colocar el líquido en un vaso porque el sonido del timbre hace que mi mirada se dirija hacia la puerta de entrada.
No han pasado ni 20 minutos desde que llame al servicio de fontanería ¿es posible que ya hayan llegado? Mis pies llevan mi cuerpo hacia la entrada y por el orificio de la puerta puedo vislumbrar a un chico.
El timbre vuelve a sonar haciéndome sobresaltar, después de un par de profundas respiraciones abro la puerta encontrándome con un hombre alto, su cabello casi tan castaño como el mío, sus penetrantes ojos esmeralda viendo el azul intenso de los míos, sus rosados y carnosos labios que me provocan querer besarlo.
Viste un pantalón de mezclilla, unas botas de trabajo negras y una camisa polo color vino que hacen que sus músculos sean apreciables y dejen mucho, bastante a la imaginación.
El recorre mi cuerpo con su mirada descaradamente como yo lo hago con el suyo para detenerse en mis labios y para que sus penetrantes ojos terminen en los míos.
-Buenas tardes ¿Victoria Shane?- siento que voy a desmayarme en cualquier momento su ronca, tranquila y rasposa voz me ha dejado alucinada.
-si... si... soy yo... soy Victoria Shane- tartamudeo, no puedo creer que haya tartamudeado y mi estupidez le provoca a él una estúpida sonrisa que hace preguntarme si no estoy en el cielo y estoy viendo a un ángel.
-claro ¿pidió servicio de fontanería?- y ahí es cuando veo una caja roja sostenida por su mano derecha.
-sí, pasa por favor...
-Belmond, Aaron Belmond señorita Shane
-no me llame señorita Shane no me fascina, soy Victoria por favor- le comento tras llevarlo por lo que él está aquí, la ducha.
-muy bien Vic, a mí me puedes llamar Aaron- dice tras dejar la caja roja en el suelo junto a la ducha
-Victoria, me llamo Victoria odio los diminutivos
-Vic- dice el retándome con la mirada y con una estúpida sonrisa bobalicona en el rostro
-como sea- digo rodando los ojos fastidiada por la situación y soltando un resoplido- el problema es la ducha, se volvió loca, cualquier cosa estaré en la sala- no espero a que responda y me dirijo a la cocina para ir en busca de mi comida.
Han pasado 15 minutos de película y ya voy por la mitad de las palomitas, hace 15 minutos que se acabó el jugo que mi vaso contenía.
Hace mucho tiempo no he escuchado ningún ruido proveniente del baño y hasta casi me olvido de que Aaron está trabajando en mi ducha.
Aaron lindo nombre, lindo chico, debería dejar la fontanería y dedicarse a ser modelo.
Con cansancio me levanto del sofá después de haber pausado la película, con el vaso de vidrio ya entre mis manos me dirijo a la cocina para rellenarlo de ese elixir que se hace llamar jugo de sandía.
Mañana es sábado y tengo terapia por lo que mientras me sirvo más jugo ordeno un poco mis pensamientos para poder hablar con la única persona que sabe cómo en realidad me siento.
Un estruendoso sonido proveniente del baño me sobresalta y el vaso resbala de mis manos haciéndose añicos en el suelo, rápidamente quedo sobre mis rodillas recogiendo los pequeños pedazos de vidrio.
Un gritillo sale del fondo de mi garganta cuando uno de los pedazos se clava en mi mano, las lágrimas llenan mis ojos dificultándome la vista.
Aaron aparece en mi campo de visión y se acuclilla junto a mi tomando mi sangrante mano entre las suyas examinándola.
Me levanta del suelo y abre el agua del fregadero colocando mi mano bajo el frio chorro de agua haciendo que la herida arda un poco.
Otra traicionara lagrima en el día escapa de donde la quería mantener prisionera.
Me tenso al sentir los dedos de Aaron sobre mi mejilla apresando la lágrima entre sus dedos y perdiéndola en el viento.
-no llores por favor, ya va a pasar y te sentirás mejor- dice el suavemente muy cerca de mi rostro acunando mi cara entre sus manos.
La voz simplemente no me sale, siento que la he perdido y tengo que encontrarla para no parecer una tonta.
-no lloro- le expreso ahogadamente sintiendo mi boca totalmente seca.
La mano ya casi no me duele, cierro la llave de agua y dejo caer mis manos a ambos lados de mi cuerpo.
-¿ya no te duele? Pregunta el bajando una mano de mi mejilla a mi cintura pegándome mucho más a su cuerpo.
-solo un poco- digo en un pequeño susurro
-dicen que la distracción es una buena medicina- pregunta rozando mis labios con los suyos tentándome
-¿Distracción?- pregunto totalmente nerviosa, me pega a las encimeras mientras acaricia mi rostro con sus dedos y sus labios tan cerca de los míos- yo tengo una muy buena idea y no sé qué te parezca
-¿Qué clase de...- no puedo terminar porque suaves labios ya se encuentran sobre los míos.
Me besa lentamente de una manera tan sensual que me sorprende.
Sus besos no son rápidos, bruscos, apasionados o demandantes.
Son lentos, suaves, sensuales y lujuriosos.
Paso mis manos alrededor de su cuello para poco después jugar con los cabellos de su nuca.
No estoy pensando, mi cerebro no reacciona simplemente me estoy dejando llevar.
Esta no soy yo, esta era yo una chica libre, sin miedo, sin preocupaciones, completa y plena.
Ahora soy insegura, temerosa, en cierta parte fuerte y al mismo tiempo libre pero ya no más, ya no soy feliz y no debo tener estos atrevimientos con alguien que ni siquiera conozco.
Cuando la razón vuelve a mi ser rápidamente separo a Aaron de mi cuerpo.
-¿Qué? Espera... no... yo... lo... no... lo siento- dijo el con preocupación al ver la expresión de miedo que adorna mi rostro.
-ti... tie... ti... tienes que... tienes que ir... irte... ahora- le digo para al instante empujarlo a la puerta principal.
-no, espera... déjame...
-vete, por favor vete y no regreses
-Vic espera no...
-VICTORIA, me llamo victoria, vete Aaron, ya vete, por favor
-lo siento
-yo mas
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No es mi primera historia pero es una historia importante, espero les guste y que me tengan paciencia.
BR