Tenía la mirada fija en el vaso de café con leche mientras lo removía con una cuchara. Y es que me esperaba una larga mañana, fuera. Después de unos días, ya me había mentalizado tendría que salir y esa experiencia sería mejor con la compañía de Ben.
- ¿Estás preparada? – Me dijo mientras cogía las llaves y se paraba en el umbral de la puerta de salida a mi espera.
- Sí, claro. – Respondí al reaccionar después de estar inmersa en mis pensamientos. Terminé mi bebida y lo dejé todo en un rincón. Con prisa cogí el jersey del sofá y me apresuré hasta donde se encontraba mi primo. Ben empezó a encaminarse hacia el coche y yo me dispuse a seguirle, pero cuando estaba cerca, antes de bajar las escaleras algo me hizo parar de golpe. Me había quedado a la salida como si un sexto sentido me dijera que no debía continuar.
- Ben. – Dije tímidamente. – No van a encontrarme, ¿verdad? – Le pregunté asustada. Mi primo me miró y se acercó a mí con una sonrisa impresa en los labios.
- ¿Confías en mí? – Aquellas palabras me conmovieron, no me las esperaba. Creía no haberlas oído nunca. Pero él era Ben, mi primo y quería ayudarme, así que no dudé en darle una oportunidad.
No tuve que responder a aquella pregunta ya que mi cara de satisfacción lo decía todo. Me acerqué a él y lo abracé con fuerza. Después de las palabras que habíamos intercambiado los días anteriores, podía sentirme un poco mejor. Alguien que me escuchaba, me entendía, me ayudaba y sobretodo me respetaba.
- Gracias. – Le susurré. Aquel abrazo me gustó, porque por una vez en mucho tiempo me sentí protegida.
- Vamos, tenemos que irnos. – Los dos subimos a su furgoneta vieja.
Durante todo el camino no cruzamos muchas palabras ya que yo quería observar cada detalle del camino por el cual pasábamos. Dejé la mirada perdida buscando la perfección de la travesía. Esta era de tierra, había árboles solitarios a lado y lado esperando a que alguna alma pasara por allí. Había hojas por el suelo que jugaban con el viento. No tardamos en llegar, y vislumbrar las primeras casas de Warrior Crowd. Ben me contó que había decidido buscar en los registros del pueblo para ver si podían encontrar a mi padre ya que él no le conocía. También había preguntado si sabía cualquier tipo de información para que así la búsqueda fuera más fácil, pero lo negué.
Ben bajó para dirigirse al Ayuntamiento. Yo me esperé unos segundos dentro del coche y terminé de observarlo todo, cualquier cara conocida, pero no hubo rastro. Después de haber visto aquel pueblo pensé que los que me estaban buscando nunca irían allí a encontrarme. Era demasiado pequeño y aislado. En frente del Ayuntamiento vi un cartel que anunciaba una biblioteca cerca del edificio.
- Ben, ¿te importaría ir tú? Me gustaría ir a la biblioteca. – Dije, Ben aceptó con mucho gusto y cada uno continuó por su camino.
Aun vigilando a mi alrededor pensé que coger algún libro podría ayudarme a conocer el mundo o tal vez alguna novela sería mejor. Así que me adentré hacia un universo de imaginación. Aquella biblioteca era enorme, había estanterías que iban desde el suelo hasta el techo. Empecé a andar desorientada por los pasillos buscando algo pero sin tener ningún rumbo. Todas eran iguales, de color marrón oscuro, llenas de títulos, autores y cada una escondiendo muchas palabras.
Después de deambular asombrada por los pasillos me detuve en uno y me centré. Empecé a leer título a título y me di cuenta que estaba en el apartado de historia. No me importó, a lo mejor estaría bien conocer un poco sobre el pasado. Cogí uno al azar que me llamó la atención su portada, parecía viejo, pero daba gusto leerlo con aquellas páginas amarillas. Después de hojearlo me fijé en las letras retorcidas que formaba el nombre del libro: Verdades y leyendas. Las reseguí con el dedo intentando descifrar que habría dentro.
- Perdona, ¿necesitas ayuda? – Aquellas palabras sonaron un poco molestas. Sobresaltada, me giré para ver de donde provenían. Era el hombre que había visto en la entrada, el encargado de la biblioteca.
- Sí… quiero llevarme este libro. – Dije tímidamente. Aquel señor hizo una mueca al ver el que me iba a llevar.
- Bueno... sígueme. – Anduvimos otra vez por los largos pasillos hasta llegar a la entrada, donde aquel señor se apuntó algunos datos. – ¿Por qué lo has escogido? – Me dijo mirándome por encima de las gafas.
- No lo sé. – Le respondí con sinceridad. Cuando me dio el libro, me fui a toda prisa. Antes de salir a la calle, me paré y volví a mirar el libro otra vez. Sonreí.
Ben salió del edificio del Ayuntamiento, yo me encontraba sentada en el portal de la biblioteca mirándo como se iba acercando. Me hizo una señal para decirme que marchábamos del pueblo.
- Vaya, ¿qué libro has cogido? – Dijo al subirse al coche.
- Uno sobre la historia de este pueblo, creo que puede ser interesante. – Respondí abrochándome el cinturón. – ¿Y tú?, ¿has encontrado algo sobre mí familia? – Pregunté intrigada.
- Me han dejado unos archivos con el apellido Damber, a ver que puedo encontrar. – Me dijo dedicándome una sonrisa.
- Escucha, Ben… Muchas gracias por todo lo que estás haciendo por mí. Ni siquiera nos conocíamos y estás ayudándome y acogiéndome. De verdad que me haces muy feliz.
- Bueno, eres mi prima, ¿no? Tú habrías hecho lo mismo. – Aquellas palabras terminaron la conversación. Volví a fijarme en el camino de vuelta.
Por la noche, después de cenar, decidí sentarme en el sofá y con calma empezar a descubrir el mundo con mi nuevo libro. Lo abrí con delicadez y me fijé en el índice que tenía, mientras iba acariciando la página. Me di cuenta de que casi todos los capítulos tenían nombre extraños así que cogí uno al azar. Cronwell se llamaba, así que pasé las páginas hasta que me detuve en la indicada. Apareció un pozo dibujado y empecé a leer:
Cronwell es un pozo situado en el bosque de Warrior Crowd. Hay muchas leyendas de hadas, duendes, ogros y dragones que hablan de él. Estas leyendas las crearon los abuelos para contarlas cerca del fuego junto a los niños. Con los personajes fantásticos lo que querían era asustarles para que no se acercaran al bosque ya que era peligros, pero se dice que hay una explicación verdadera del origen del pozo.
Sentí un escalofrío. ¿En qué parte del bosque se situaba el pozo? Con mucha intriga decidí continuar leyendo:
Aquel pozo pertenecía a una bruja que iba por el pueblo buscando conjuros y productos misteriosos. Todo el mundo le tenía mucho respeto aunque no creían que pudiera hacer magia ya que era una cosa imposible. Pensaban que era una mujer vieja que había perdido un poco la cabeza. Pero un día ella desapareció juntamente con un niño. Estuvieron buscando el cadáver, y lo encontraron al lado de un pozo que antes no estaba. Los que recuperaron el cuerpo del niño dijeron que escucharon una voz que pedía ayuda, por eso pensaron que la bruja había caído por allí. También se dice que cada luna llena, el día que pasó la desgracia, si te acercas al pozo puedes oír la voz de la mujer. Por eso, este pozo lo llamaron Scylia Cronwell, el nombre de la hechicera, pero con los años se quedó simplemente en Cronwell.
Debajo de aquella explicación había varios dibujos del pozo en diferentes perspectivas.
El viento hizo vibrar las ventanas que me separaban del exterior, con mucho miedo cerré el libro de un golpe y me fui a mi habitación sin pensarlo dos veces. Parecía una historia de terror y fascinante al mismo tiempo. Dejé aquel pequeño tesoro encima de la mesa y me acosté. Agarré bien la sábana, lo que había leído me despertó curiosidad, y quería descubrir más sobre aquel pequeño encuentro. Estaba pensando sobre el tema cuando, sin darme cuenta cerré los ojos lentamente me quedé dormida.
Corría torpemente hacia el bosque, la señora Diuck me había encontrado. Muchos hombres vestidos de negro me perseguían entre los árboles. Yo tropezaba con cada raíz, con cada piedra que se cruzaba en mi camino, pero seguía luchando para escaparme de aquellos monstruos. Los hombres corrían con agilidad, pero aunque parecía que me rozaran los talones, estaban muy lejos. Por un momento, vislumbré algo diferente, tenía la forma de un cilindro. Un pozo, sí, eso es lo que estaba buscando. Mientras me esforzaba a llegar a mi salvación, los pies empezaban a sangrarme más y cada vez me dolía con más intensidad. En un último intentó conseguí llegar hasta él y me agaché a esperar que todo pasara. Unas lágrimas se derramaron por mis mejillas y me acurruqué. Pasó un rato y todo parecía calmado, no sabía cómo llegar otra vez a casa, pero me daba igual, lo importante era que había escapado. Mientras pensaba como iba a regresar oí una pequeña voz que decía:
- Hola pequeña. – Me habían encontrado.
Abrí los ojos de golpe muy asustada. Intenté calmarme al darme cuenta que aquello era una simple pesadilla. Casi eran las tres de la mañana, tendría una noche larga.
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Aquí el segundo capítulo, ya disponible! No olvidéis leed, comentad y votad y sobretodo disfrutadlo!
Besos! :)