—Te apresuras o no vamos.- ya eran casi las ocho de la noche y mi querida hermana no aligeraba el paso para salir de casa y venir en cuanto antes.
Se suponía que era ella la emocionada por este escándalo adolescente, no yo. Estaba vestida hace horas, unos jeans oscuros, con un par de botas cafes y una camisa de botones color menta que me llegaba debajo al trasero. No quería verme escandalosa con respecto a la vestimenta. Así que opté por lo mas adecuado, a mi estilo.
Mi madre aun estaba preocupada porque fueramos a la 'fiesta'. A estas alturas yo tampoco estaba muy convencida de ir. Pero si me estancaba en no ir probablemente Nathalie armaría el drama de su vida, así que para ahorrarme escenas innecesarias no reprochaba algo, solo el simple hecho que estaba tardando y yo ya estaba planeando el regreso a casa.
—Estoy pensado en no ir.— grité hacía las escaleras. Escuché la puerta de la habitación de Nath abrirse.
Unos tacones de escarlata, con un vestido descotado negro con vuelos, que le llegaban arriba de su rodilla, se asomaban por encima de su cuerpo.
¿Seguro que mamá la dejará salir así?
—¿Que tal me veo?— bajó el último escalón. Dio un giro de 360° sobre sus talones/tacones para que la observara.
—¿Con qué te gusta el perreo intenso?— alcé una ceja, regalandole una sonrisa ladeada.
—¿Me crees capas?— posicionó una mano sobre su pecho. Según se sintió ofendida. Ni ella se lo cree.
—¿No crees que esa pregunta esta de más? — me crucé de brazos aun con mi ceja alzada.
—Pero, Nath...— hora de la reprensión. Sonreí sin mostrar los dientes. Mi madre llegó a nuestro lado.
—Mamaaá...— comenzó Nath. Mi madre subió un dedo haciéndola callar.
Esto se va a poner bueno.
—Pero, mirate.— reprendió. Posicionó ambas manos en su caderas. Aún no quitaba la sonrisa de mi rostro.— Estas preciosa.— se borró por completo. La observé con el ceño fruncido.
—¿Qué?— escupí.
—Tu eres la envidiosa.— Nath aprovechó para sacarme la lengua.— Te espero a fuera.— caminó hacia la puerta de casa y salió. Observé a mi madre con el ceño fruncido.
—No puedo creerlo.— me crucé de brazos. Ella se acercó un poco estirando una mano a mi dirección y acarició mi antebrazo.
—Solo por hoy.— me ofreció una sonrisa, yo en cambio bufé. Era increíble.
—Si tu lo dices. — me acerqué un poco mas a ella y planté un suave beso en su frente.— No vemos luego.— ella asintió.
Sin perder mas tiempo caminé a la entrada y salí. Nathalie se encontraba frescamente recostada en la camioneta. Me apresure para llegar a ella.
—Dame lugar, sucia.— la empuje haciendo que tambaleara hacia a un lado. Encontró la manera de mantener el equilibrio para no caer.
—No es mi culpa que te duela que yo sea mas atractiva que tú. — tomé el picaporte y antes de entrar le respondí:
—Sí claro, ilusa.— entré cerrando la puerta sin mas. Por el retrovisor observe que rodeaba el auto para sentarte a mi lado mío.
—Prefiero ser ilusa a ser descendiente de los changos.— tomó el cinturón y lo presionó con la otra parte de el.
—Debo informarte que...— observé por el retrovisor acelerando en reversa. Salí de camino de concreto que llegaba al garaje donde el auto se encontraba estacionado fuera de él, llegando a la calle, jugué con el volante para quedar verticalmente sobre esta.— Los changos somos mas listos que una ilusa con un pedazo de tela mal puesta.— acelere un poco.
Me observó con el ceño fruncido. Mis labios se curvaron un poco viendo la calle. Una de mis manos dejó de tomar el volante para señalar su pecho, la observé por un momento mientras dejaba de pisar el acelerador. Mi dedo estaba muy cerca de sus bubis.
—Se te ve una teta.— rápidamente observó el lugar señalando. Mas ágil fui cuando logré bajar la parte superior de su vestido.
—¿Queeeeé?— chillo. Tapó sus bubis. Reí tan fuerte que creí que quedaría afónica.
—Eres un asco.— seguí riendo. Frustrada subió su pedazo de 'vestido'.
—Eres una...— me observó de la manera mas asesina. Dejé de observarla para seguir en lo mío. A este paso llegaríamos tarde y eso implicaría venir tarde, era lo que menos deseaba.
—Una chago astuta.— dije entre risas sonoras.
[>>>]
—Tu por tu lado y yo por el mío.— me detuvo señalándome.
—Tranquila gatita, no pienso ser tu perro.— Nath rodó los ojos.
Tocó la puerta. Dudé en que llegaría alguien a abrirla, la música estaba bastante alta, pero me equivoqué cuando no tardaron en cedernos el paso.
Nathalie entro primero, luego la seguí. Nos dio la bienvenida un pasillo que nos llevaba justo a la cocina y al lado una escalera con una manada de chicos con antifaz en sus rostros, todos esparcidos moviéndose sobre los escalones, algunos sentados con un vaso en sus manos. No me había percatado que antes de la puerta que llevaba a la cocina, al lado se encontraba otra puerta de donde provenía la música.
—¡Ey Nath!— saludó un tipo mas alto que ambas. Llevaba puesto un antifaz color rojo. En su mano sostenía más.— No hay pase a bailar si no lo tienes puesto.— le tendió uno. Me observó y sonrió.— No creí que vendrías Ayl.
Era Taylor.
—Ya sabes.— hice un movimiento con mi mano.
—Lo importante es que estas aqui.— mantenía esa sonrisa acosadora. — ¿Puedo hacer los honores? — tendió un antifaz con su mano desocupada. Asenti.
No me vendría mal un antifaz naranja. Desconsonante, lo se, pero al menos no se descifraría la mitad de mi rostro.
Taylor avanzó hacía mi, no sin antes pedirle sobre la música a Nath que sostuviera los demás antifaces. Nath los tomó de mala gana. Se posicionó detrás de mi colocando el antifaz sobre mis ojos y nariz. Lo ató muy rápido. Regresó en frente de mi y me sonrió. Lo imite. Nath le devolvió los antifaces y como siempre, se adelantó atravesando la puerta que antes observaba. Fui detrás de ella.
La música se hizo mas intensa. Era una pequeña sala con otra manada de chicos bailando como licuadora. Todos con antifaces. Creo que les está dando algún tipo de ataque en su organismo. Terrorífico.
—Ni se te ocurra seguirme. Te llamo si necesito de tu ayuda.— sin poder protestar se escabulló entre la multitud, perdiéndose de mi campo visual.
Magnífico. ¿Ahora qué?
A mi izquierda divisé una mesa llena de refrescos. Caminé hacia ella. Me sentía deshidratada. Tome un vaso descartable y vertí jugo. Giré sobre mis talones, pero fue un error. Alguien empujó a un chica, la cual se estrelló conmigo haciendo que derramara mi refresco en su vestido y yo en mi blusa.
Per-fec-to.
Observó su vestido sorprendida y luego me fusiló con su mirada. Se disponía a artícular algunas palabras obscenas, pero no le permití. Pasé a su lado en busca de la salida.
Y es aquí donde radica el porqué no me gustan las fiestas. Gente amontonada, moviéndose de lado a otro, el calor intenso de todos los cuerpos concentrados en un solo lugar, poco oxígeno, y uno que otro mal olor por el sudor combinado de una pareja bailando. Totalmente desagradable.
Salí de la habitación arrancando el antifaz de mi rostro. Observé a mi izquierda donde se encontraba la puerta que daba a la cocina. Ya que se encontraba desolada decidí entrar. Un poco de paz no estaría mal. En medio de ella había una mesa con mas botellas de refrescos y alcohol. Observé a mi derecha, en un rincón se encontraba una pareja a punto de tener sexo. Increíble. La chica me divisó por encima del hombro de su probable novio, se separó de el y me observó.
—¿Se te perdió algo muñeca?— me límite a observarla. Desvíe mi mirada encontrándome en el otro extremo una puerta. Agilice mi paso llegando a ella y saliendo por esta.
Se respiraba aire fresco y puro al fin.
Me encontré con un césped verdusco. Lástima que la superficie plana se encontraba a unos diez pasos de mi, ya que luego venía un sendero inclinado. Que si caías rodarías.
Caminé esos diez pasos hasta quedar cerca del desnivel. Era impresionante que debajo se encontrara un pequeño bosque. Tomé asiento cruzando mis piernas. Que cálido era todo desde aqui a fuera. ¿Pues cómo no? Si me encontraba conectada con la naturaleza.
—Que cálido, ¿no?— observé por encima de mi hombro. Ni una sombra.
Me provocó escalofríos.
—Estoy aquí. — observé mi derecha.— Error.— rió por lo bajo.— Al otro lado.— observé a mi izquierda. Este tipo estaba jugando conmigo.— No, no.— sentí que habló a mis espaldas.— exactamente estoy aquí. — moví mi torso para observar tras de mi. Absolutamente nada. Regresé mi vista al bosque y me quede congelada al instante. — Justamente donde te quería. — sonrió cerca de mi rostro. Con todo el impulso y sin levantarme corrí sentada hacia atrás. Traté de levantarme pero su pie fue justo a uno de mis hombros haciendo caer sentada nuevamente.— Quieta fiera.— el labio inferior me empezó a temblar. ¿Que estaba sucediendo?
—¿Qué quieres?— arrastré cada palabra colocando mis manos en puños.
—Fácil. — sonrió felizmente. — Está justo frente a mi.
—No tengo la menor idea de quien eres y mucho menos que me conozcas. Te equivocas de persona. — las piernas me estaban fallando porque empezaron a temblar.
—Te conozco todo lo que debería. — se colocó en cuclillas frente a mi.
—Imbécil, no sabes con quien te metes.— sin dudarlo abofeteó mi rostro. Empezó a temblar todo mi cuerpo.
—Respeto, ¿si?—tomó postura.— No quieres que te rompa todos los huesos.— sentenció. ¿En que estúpido problema me había metido que ni cuenta me daba?
—Cuanta cobardía corre por tus venas, golpear a una mujer. Imbécil. — me tomó del cuello con ambas manos y sentí como pegaba mi cuerpo bruscamente con la pared de la casa. Me dolió toda la espalda. Tomé sus brazos en un intento de salir de sus manos pero fue inútil. No podía respirar. Moriría asfixiada por un tipo loco que apareció de la nada maltratandome sin derecho alguno.
—Su-elta...— articulé. Golpeé sus brazos con mis puños, pero al parecer no le provocaba ni una pizca de dolor.— Po-r fav...— ya no podía más. Sentía que en cualquier momento moriría en sus manos.— suel...
—Qué la sueltes, ¿que no escuchas?— observó a su izquierda y sonrió con malicia.
—Vaya... Pero mira a quién tenemos aquí.— seguía sonriendo. En un intento de salir con vida y, lo mas importante en ese momento, con aire de esta, aruñe sus brazos tratando de dar bocanadas de aire. Pero ya no daba para aplicar la fuerza necesaria. Estaba exhausta. No podía mas.
—Sueltala. Ahora.— gritó furioso. El tipo que ya no divisaba bien en frente de mi, porque tenía la vista nublada, rió sonoramente.
—Como quieras.— me aventó contra el césped. Caí con la garganta totalmente destrozada. Empecé a dar bocanadas de aire mientras tomaba el césped con mis manos para recobrar fuerzas, ya que la garganta me dolía y el pecho me ardía. Cuando logre tomar las bocanadas de aire necesarias empecé a toser desenfrenadamente.
—Maldito. Hijo de puta.— escuché a mis espaldas. Giré mi cuello observando como ambos caían al suelo. En un forcejeo por esquivar y dar puñetazos. A como pude me puse en pie. Quería irme de aqui cuanto antes, pero no podía, sentía que todo daba vueltas. Me recoste a la pared y observé como ambos tomaban postura. El que me ayudó a salir de esta, me estaba dando la espalda, el psicópata que me atacó estaba frente al chico.
Yo lo conocía. Sabía quien era.
—¿Nathan?— formulé en un susurro. El logró escucharlo porque de inmediato me observo por encima de su hombro. Fue un grave error porque el tipo lo tomó del torso levantándolo y dejándolo caer detrás de el. Observé como se retorcía de dolor. El psicópata le regalo un par de patadas desenfrenadas haciendo que llagara hasta el final de la superficie plana. Rodaría. Nathan estaba a punto de rodar.
En efecto, le dio la última patada donde Nathan bajó un poco tomando un pie del tipo. Corrí hacia ellos, aun teniendo la respiración irregular.
—Tu vienes conmigo.— fue lo último que dijo antes de que ambos empezaran a rodar y chocar con todo lo que se encontraba en su camino.
La luz de la luna no alumbraba el pie e inició del bosque. Así que los perdí de vista. Mucho menos escuché que ambos cayeran. No podía dejar a Nathan, el me había ayudado, ahora me correspondía a mi. No servía de mucho, pero al menos era algún tipo de distracción para que Nathan lo atacara. Me arriesgue bajando el sendero inclinado. Mis pies eran muy ágiles, iba luchando con la gravedad para no caer en seco, pero mi triunfo fue muy corto porque me tropecé con algo, haciendo que rodara lo que me faltaba para llegar.
No me moví cuando caí en seco. Sentí que me fracture un par de costillas, que mis bubis habían sido remolineadas una y otra vez, que probablemente tenía el jeans roto de las rodillas ya que me ardía y lo más lógico es que me raspe.
Con mis manos temblorosas levanté mi pecho y con el ardor/dolor de mis pies y rodillas, flexione una para tomar un poco de impulso y lograr estar en pie.
Observé el bosque en la completa penumbra. El viento helado sopló un poco, haciendo que recorriera un escalofrío por todo mi cuerpo.
Con todo el temor que recorría mi organismo avancé con pasos temblorosos. Apreté mis manos para tomar un poco de valor.
Avancé diez pasos desde el lugar de donde caí. Estaba en absoluto silencio humano. Los grillos y uno que otro búho despejaba un poco el terrorífico silencio. Me apoyé en un arbol justo cuando escuché ramas ser aplastadas. Alguien venía.
Me escondí detrás del árbol con el corazón acelerado. Tenía que estar mas alerta. Escuche mas cerca las ramas ser pisoteadas en cada paso. Pero el sonido no provenía de adelante, ni de ambos lados. Sentía como el corazón se iba a desprender de mi pecho. Reaccione demasiado tarde cuando fui acorralada en el pecho de alguien con una mano sobre mi cadera y la otra sobre mi boca para amortiguar algún sonido. Sentí por un instante como mi corazón quedaba estático. Pero luego empezó a temblar, no del frío que hacia, temblaba del miedo que me causaba estar presa en el cuerpo de alguien.
¿Aquí acaba mi corto tiempo de vida? ¿Sin testigos? ¿En un bosque? ¿Sin piedad?