Inciso previo a la lectura, se mencionan varias canciones en una escena. Aquí os pongo las referencias necesarias para poder tenerlas en mente (o en el reproductor) cuando aparezcan.
Ginebra... "What Ever Happened" The Strokes BSO Marie Antoniette.
Lara... "The Lady of Chalott" Loreena McKennitt
Draco... "Human" Metallica
Draco y Luca... "Loverman" Metallica.
Draco, Luca y Tony... "Whiskey in the Jar" Metallica
Baile entre Draco, Ginebra e Isa…
"Right Round" Florida Feat Kesha
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Observaba dormir a Hermione como muchas veces había hecho en el pasado. Pero en esta ocasión era diferente. Ella ya no era la misma y yo también había cambiado. Demasiados años habían transcurrido desde aquel momento en que nuestras miradas se habían cruzado en un andén inundado de vapor. Su cuerpo había cambiado hasta convertirse en el de una mujer fuerte y hermosa, sus caderas se habían ensanchado al dar a luz, sus pechos se habían llenado y cambiado ligeramente de forma. Sus piernas, largas y bien torneadas, se enlazaban con las mías en el lecho, mientras su rostro, con ese eterno tono broncíneo que el sol le otorgaba, estaba relajado en una expresión de paz absoluta, recostado contra mi brazo. Su corazón ahora latía de un modo ligeramente más lento, el mío no volvería a latir.
Recordaba entonces todos los momentos que habíamos compartido cuando yo pensaba que estaba soñando con un ángel, con un ser perteneciente a un mundo que jamás existiría, con un futuro que nunca podría ser. Nuestras conversaciones a la luz de las velas en mi lecho, tantas palabras de amor vertidas por la libertad que daba el mundo de Morfeo, cuando en realidad estaba abriéndole mi corazón a la mujer que siempre había amado y aún no lo sabía. Ahora, con las ventajas de la memoria de un vampiro, podía buscar en esos recuerdos y analizarlos una y otra vez, dándome cuenta así de ligeros detalles que perfectamente la habrían delatado si no fuese porque yo deseaba fervientemente creer aquella mentira.
- ¿Por qué te gusta tanto mirarme cuando duermo? – Preguntó sin abrir los ojos.
- Porque jamás me cansaré de ver cuán perfecta eres. – Le dije, acariciando su rostro al mismo tiempo que apartaba un mechón de cabellos.
- Mentiroso. No soy perfecta. Mi cuerpo ha cambiado mucho después de tener a los dos gemelos. – Protestó frunciendo el ceño. – Tú sí que eres perfecto. – Abriendo los ojos al fin y buscando los míos. - ¿Sabes que echaba mucho de menos tenerte cada noche a mi lado?
- ¿No disfrutaste acaso de no pasar frío por una temporada? – Me sonreí, descendiendo para besar sus labios. – Y eres perfecta, no me importa lo que digas, nada me hará cambiar de idea.
- Tu piel fría habría sido un bálsamo en mitad del calor que hacía en Alamut… - Abrazando mi cuello y amoldándose a mi cuerpo. – Incluso hubo un par de noches que le pedí a Tony que se quedase a mi lado para lograr dormirme… echaba de menos el cuerpo duro de un vampiro junto al mío.
- Eso no es que me haga mucha gracia. – Alzándome con una mueca de disgusto. – Tú con Tony, en una cama… no es una imagen que quiera tener en mi mente.
- Fue todo un caballero, Draco. – Se sonrió. – Es cierto que se ofreció varias veces a calmar los efectos de las hormonas en mi cuerpo, pero entonces no sería Tony. – Se mordió el labio inferior, como siempre hacía cuando había algo que le preocupaba. – También estuvo presente cuando te seducía…
- Ese morboso… - Pero ella selló mis labios con sus besos.
- Era necesario, tú podías rechazarme o hacerme daño, luego lo hizo por tu propia seguridad, para que yo no te revelase más de lo necesario acerca de tu futuro. – Explicó. - ¿De verdad no estás enfadado porque te utilizase igual que Voldemort?
- Hermione, Voldemort habría tomado cualquiera de mis descendientes para convertirlo en sabe Caín qué aberración, tú sólo querías que ambos pudiésemos ser padres. – Recorriendo el contorno de su cuello. – Y ya te lo dije, tanto entonces como cuando volviste, esos sueños, a falta de poder llamarlos de otro modo, fueron lo que me mantuvieron cuerdo durante tanto tiempo. También fueron la razón de que te salvase la vida matando a Rockwood. Cuando entré en mi cuarto y te encontré allí… deseaba poder correr y besarte, hacerte el amor como había soñado cada noche. – Besando primero sus labios y descendiendo por su cuello con mis besos. - ¿Es cierto lo que me dijiste mientras me seducías? ¿Es cierto que te enamoraste de mí en tercero? – Llegando al hueco de su clavícula.
- Sí… - gimió. – No te mentí, puede que omitiese algunos detalles pero no te mentí. – Asiendo mi rostro y obligándome a mirarla antes de besarme nuevamente. – Tus ojos han sido los que han ocupado mi mente cada noche desde que tenía catorce años… - Confesó sin dejar de besarme vorazmente. - Cada vez que cerraba los míos para dormir, los tuyos aparecían para atormentarme y encenderme. – Situándose a horcajadas sobre mí, rodeándome con sus fuertes piernas. - Dos fragmentos de un cielo nublado que enturbiaban mi juicio. – Mirándome fijamente a los ojos antes de apoderarse de mi boca una vez más.
- Los tuyos también eran fuente de tormento para mí… - Abrazándola y obligándola a rodar por la cama hasta situarme sobre ella. – Dos orbes dorados que eran mi perdición, mi condena y también aquello que me ataba a la realidad. – Acariciando su cuerpo deseoso por conocer cada cambio que se había producido en él.
- Dos majaderos enamorados… - con una risa ahogada en jadeos. - ¿Por qué fuimos tan tontos y no nos dejamos llevar por lo que sentíamos en lugar de escuchar las estupideces de los que nos rodeaban? – Abrazándose a mí y tirando de mi cuerpo para unirlo al de ella sin demora.
- ¿Crees que disfrutaríamos tanto estando juntos si no nos hubiese costado tanto el encontrarnos? – Me sonreí, escuchando el delicioso sonido que salía de su garganta al llenarla.
- ¿Qué más da? – Jadeó.
- Una pregunta… - meciéndome lentamente para prolongar aquel momento. – ¿Me prefieres vivo y cálido o siendo un vampiro frío? – Ella estalló en carcajadas.
- ¿Acaso existe alguna diferencia? – Aferrándose a mí y acelerando el ritmo de nuestra unión.
- Malvada…
Fue lo último que pude decirle, pues pronto dejé de lado cualquier cuestión y me dediqué a disfrutar del regalo que era tener una esposa fogosa y resistente que no iba a quebrarse bajo mi abrazo. Las horas pasaron sin que ninguno de los dos llegase a hartarse nunca de sentir nuestros cuerpos unidos, de saborearnos o descubrir nuevos puntos en los que hacer que el fuego que nos consumía se encendiese una y otra vez.
Era la primera vez que podíamos estar a solas tras haber salido de aquella sala repleta de vampiros. Después de que ella bebiese del cáliz que le confirió todos los poderes de un ghoul sin sus ataduras. Tras aquella ceremonia, muchos insistieron en poder estar con Hermione, preguntarle cómo se encontraba, qué había ocurrido. Las odaliscas subieron para poder saludarla ahora que ella ya era consciente de su relación con ellas. Lavender también se unió a la fiesta, llorando como una loca porque Hermione sí que había podido ser madre, después de todo. Probablemente por saber que era una reunión tan especial, no nos interrumpieron ninguno de ellos. Hasta que no nos quedó más remedio que salir de la cámara, nos habíamos saltado demasiadas clases ya, no sería apropiado que siguiésemos haciéndolo. Fue divertido el encontrarnos con Blaise a punto de atreverse a llamar a la puerta cuando la abrimos.
- Como ahora soy tu ghoul… - con una sonrisa brillante en sus labios que se extendía hacia sus ojos. – Me dijeron que bajase a sacaros de la cama, antes de que bajase alguno de ellos.
- Muchas gracias, Blaise. Pero, como puedes observar por ti mismo, hemos sido capaces de desperezarnos nosotros solitos. – Le sonrió Hermione mientras acariciaba su mejilla con ternura maternal. - ¿Nos hemos perdido algo importante?
- No, todo ha sido bastante rutinario. – Me miró entonces. - ¿Deseáis que os ayude en algo, mi señor? – Pudiendo percibir el aprecio en cada una de sus palabras.
- No te pongas pomposo, Blaise, por favor. – Protesté mientras me carcajeaba y lo abrazaba. – Sabes que no te voy a estar mangoneando todo el rato.
- Es que es mi primer día como tu fiel y eterno vasallo… - carcajeándose también. – Bueno, técnicamente es el tercero, pero es que estabas demasiado ocupado haciéndole el amor a tu mujer como para darme órdenes. Sabes que siempre estaré encantado de ayudarte con eso también, ¿verdad? – Esquivando la colleja que iba a darle. – Si ves que estás muy ocupado sirviendo a tu sire y si Hermione quiere… - Guiñándole un ojo a mi esposa con picardía.
- Muchas gracias por ofrecerte, Blaise… y yo que pensaba que estarías más deseoso de ocupar mi lugar y no el de Draco. – Devolviéndosela.
- Eso también, Hermione… pero sólo cuando te vayas de juerga con Tony. – Intentando arreglarlo.
- Deja de intentar ser tan servicial y vamos al comedor. – Asiéndolo por el cuello de la camisa y tirando de él.
- Sí, mi señor… - continuó riéndose.
- ¡Serás bufón! – Protesté sonriéndome.
En el comedor sí que pude apreciar ligeros aspectos a tener en cuenta. Muchos susurraron al ver a Hermione ligeramente cambiada físicamente. En realidad no es que fuese un gran cambio general, pero no hay que olvidar que estuvo más de un año fuera de nuestro tiempo y que, puesto que ahora era madre, algunas zonas de su anatomía sí habían cambiado un poco. Sus caderas eran un poco más anchas, sus pechos más firmes y rellenos, su cintura seguía siendo estrecha, ideal para ser rodeada por mi brazo. Pero estaba mucho más delgada que antes, algo que resulta extraño si piensas que ha dado a luz a dos gemelos, es decir, que antes tuvo que engordar. La explicación que me dio fue que, a pesar de los cuidados que recibió en Alamut, ella adelgazaba mientras su vientre crecía. También había cambiado en otros aspectos, no sólo físicos. Ahora se la veía mucho más relajada, su presencia era diferente. Incluso, en ocasiones, resultaba un poco intimidante.
- Hola, desgraciada… - La saludó una enfurecida Ginebra. - ¿Cómo se te ocurre pasar por todo eso sin una amiga a tu lado?
- Debía ser así, Ginebra, lo siento. – Le respondió con serenidad. – Pero tuve el consuelo de hacer veinte maravillosas amigas en el proceso. – Sonriendo con gracia y complicidad a las odaliscas que comenzaban a acariciar las dagas que llevaban al cinto.
- Bueno, vale, si no había más remedio, entonces te perdono. Pero que sepas que voy a ser una de sus madrinas.
- Lo sé, Ginebra. – Ampliando su sonrisa. – Sé que no podré evitar que os escapéis cada dos es tres para visitarles, pero os prohíbo que les influenciéis más de lo imprescindible. – Borrándose la sonrisa de sus labios, como si jamás hubiese estado allí. - ¿Queda claro?
- Sí, Herms… - Balbuceó Ginebra. – Sólo bromeaba… lo sabes, ¿verdad?
- Por si acaso. – Tomando asiento en la mesa.
- Hablando de los niños… - Intentando tranquilizarla un poco. - ¿Cuándo crees que podría conocerlos?
- No quiero hablar de eso ahora, Draco. – Viendo una sombra de preocupación en sus ojos. – No es el momento apropiado para tener esa conversación. – Sirviéndose café. – Quizás esta noche podamos discutirlo.
Pero esa noche estuvo demasiado ocupada estudiando para los exámenes que tendríamos que afrontar en breve. Igual que las noches siguientes. Sabía que Hermione deseaba proteger a los niños de que viviesen en el castillo, pero no sabía exactamente la razón. Decía que tenían que tener una educación normal y no estar rodeados de vampiros o ghoules, también deseaba que dispusiesen de una vida sencilla y que no se acostumbrasen a lujos innecesarios. Todo esto pude sacarlo de las distintas conversaciones que mantuvo con otros y no conmigo. Cada vez que yo sacaba el tema, se encerraba en sí misma, no deseaba hablar de ello. Hasta que me dije que no podía retrasar aquello por más tiempo, me estaba preocupando en demasía su silencio.
Faltaba una semana para los exámenes, Hermione tenía decenas de libros esparcidos por la cámara y estudiaba varias partes de ellos, así como pergaminos que se derramaban por la mesilla de noche hasta alcanzar el suelo. Hacía demasiado que evitaba hablar conmigo y no iba a permitirle que se escapase una vez más. Mientras se giró para rellenar su taza de café, envié todo su trabajo al Abismo.
- ¿Qué has hecho, Draco? – Levantándose como una furia. - ¡Tenemos que estudiar para los exámenes!
- No hasta que no hables conmigo de nuestros hijos, Hermione. – Cruzándome de brazos y afirmándome en mi sitio. - ¿Por qué evitas hablar conmigo?
- Porque no creo que sea necesario que discutamos eso ahora mismo… - Bufando hastiada. – Draco, los niños están en el futuro… tendríamos que esperar un tiempo desde que se los entrego a mis padres hasta que sea seguro el ir a visitarlos… - Dando vueltas por la cámara, intentando encontrar algún libro que se me pudiese haber escapado.
- ¿Seguro para quién, Hermione? – Dándome cuenta de que la clave se encontraba en aquella elección de palabras.
- Me has malinterpretado, Draco. – Negando con la cabeza. – Quería decir que a mis padres les extrañaría que les diese a los niños y al día siguiente nos presentásemos para verlos, ¿no crees? Deberíamos esperar un tiempo prudencial…
- ¿Cuánto tiempo consideras tú que es prudente, Hermione? – Sin abandonar el interrogatorio, aprovechándome de que estaba distraída en la búsqueda de libros y pergaminos por toda la cámara.
- Quizás unos años…
- ¿Años? – Exclamé. – ¿Me estás diciendo que no me permitirás ver a mis hijos hasta que transcurran años, Hermione? – Asiéndola por las muñecas y obligándola a enfrentarse a mí. - ¿Por qué? ¿Temes acaso que les haga algo a los niños?
- ¡No! – Gritó horrorizada. – Sé que tú nunca les harías daño… yo… sólo quería que… bueno… claro que podrás verlos cuando quieras, pero… sería más inteligente esperar.
- No me mientas, Hermione… - Le advertí. - ¿Cuál es la verdad en todo esto? Existe una razón que no me has dicho para enviarlos con tus padres en esa fecha precisa y por la que quieres demorar al máximo el ir a verlos… ¿cuál es? ¿Acaso no están del todo bien? ¿Tienes miedo de que no los pueda querer porque les ha pasado algo?
- ¡Son dos niños sanos, fuertes y hermosos de los que cualquier padre estaría orgulloso! – Rugió furiosa.
- ¿Entonces por qué no me dejas conocerlos? – Le grité a mi vez.
- ¡Porque no quiero hacerles daño! – Protestó desasiéndose de mí. - ¿Estás contento ya?
- Hermione, puede que sea un vampiro joven… pero sé controlarme más de lo que aparento y estamos hablando de conocer a mis hijos… ¡Por Caín, no voy a dañarles! – Seguí protestando.
- ¡Ya sé que tú no les harías daño!
- ¿Y por qué dudas de mí?
-¡No dudo de ti… dudo de mí! – Estallando en lágrimas. De inmediato la rodeé con mis brazos. – No quiero verlos recién convertida… no quiero borrar todo lo que siento por ellos y sustituirlo por la sed de sangre de una vampira… - Llorando contra mi pecho.
- Eso no va a ocurrir, cariño… - besando su cabello. – Y no tendrás que esperar durante años para verles. – Acariciando su espalda con ternura. – Sólo unas pocas semanas, lo que tardes en acostumbrarte.
- Pero tú tardaste mucho más… - protestó con la voz ahogada.
- Todos te dirán que yo tardé porque soy un testarudo cabeza hueca que no quiso hacer caso de muchos consejos, pero tú eres Hermione Granger, no eres como yo. – Besando su frente. – Eres una alumna aplicada que atiende siempre a las instrucciones de su profesor… - Dedicándole una sonrisa de consuelo. – A veces creo que eres mejor vampira que yo… y eso que eres humana todavía. – Besando su nariz. – Lo siento… - Besando sus labios.
- No, yo lo siento, por hacerte pensar que yo temía que fueses tú el malo de la película. – Murmuró acurrucándose contra mí.
- Supongo que es la costumbre… - me sonreí. – Siempre me tocaba ser el malo en todas las conspiraciones de Potter… ¿no?
- A veces también le tocaba a Snape. – Puntualizó.
- Bueno, pero ahora sabes que los vampiros no siempre somos los malos de la peli, y tú tampoco lo serás.
- ¿Me devuelves ahora mis libros? – Pidió mirándome con esos ojos dorados suyos.
- ¿Qué me harías si no te los devolviese? – Pregunté volviendo a besarla.
- ¿Ves el sofá al fondo de la cámara? – Fue lo único que dijo.
- Convencido. – Afirmando con la cabeza mientras ella se reía divertida. – Todos tuyos. – Haciendo aparecer de nuevo los pesados volúmenes y los pergaminos.
xxx.
Con la cercanía de los exámenes, parecía que el castillo volvía a su normalidad, la que habría tenido de no estar ocupado por un grupo de vampiros con mala leche. Era habitual ver a grupos de estudiantes reunidos con las cabezas muy juntas en los terrenos del castillo, estudiando todos alguna materia. Los que no tenían que enfrentarse a exámenes, estaban más relajados porque podían disponer de algunas áreas para ellos solos. Algunos de los que tenían que hacer el examen, superaron sus reticencias y miedos e incluso se acercaron a preguntarle cosas a Lameth y Jules
Pero nos dimos cuenta de que había otro tipo de corrillos que poblaban los pasillos. Muchos estaban formados por los supervivientes a las torturas de Tony, aquellos que se habían librado de la muerte para caer en la tortura. No dejamos de observarlos con ojo avizor y escuchar sus conversaciones. Nos sonreímos al enterarnos de cuáles eran sus vanas esperanzas. Al parecer, se creían que, cuando llegasen los examinadores, se acabaría el dominio de terror que habíamos impuesto en el castillo. Pobres ilusos. Resultó divertido ver sus caras cuando al fin llegaron los examinadores.
No hizo falta que recibiese ningún tipo de aviso o advertencia para saber exactamente cuándo llegarían los examinadores. Los enviaba el Ministerio, en acuerdo con el Consejo Escolar, por lo que Lucius sabía cuándo iban a llegar, ergo, tenía a mi alcance la lista exacta de cuántos examinadores vendrían, sus nombres y todo lo necesario. Es lo bueno de tenerle como mi marioneta, puedo acceder a su mente en cualquier momento y extraer toda la información que necesito. Por eso estábamos preparados para recibirles aquella mañana de mayo.
Filch les abrió las puertas y les condujo hacia el despacho del director, que ocupaba Lameth, por supuesto. Allí disfrutaron de un desayuno en compañía del atlante y de César. Si los examinadores tenían alguna intención de protestar por la situación de la escuela, una vez pasaron por el Ventrue, desapareció por completo. No iban a influir en sus decisiones académicas, tan sólo impedirían que fuesen capaces de transmitir nada de lo que descubriesen acerca de nosotros al Ministerio. Para ellos, simplemente se habían adelantado las fechas de los exámenes por considerarlo apropiado a tenor de algunos eventos ocurridos en el colegio. Cuando salieron de aquella reunión, dieron comienzo las pesadillas de muchos de los alumnos.
El primero de todos fue el Extasis teórico de Encantamientos. Como siempre, tuvo lugar en el Gran Comedor. En cuanto terminó el desayuno se desalojó para que Lameth lo convirtiese en una gran sala de exámenes. Sorprendió a varios de los alumnos el ver que muchos de los vampiros íbamos a realizar los exámenes. Pero no sé por qué se sorprendieron tanto, Lucian les había dejado muy claro que yo estaba allí para terminar con mi educación y los otros cuatro vampiros habían demostrado su interés en poder realizar aquellos exámenes. Nos tuvimos que sentar en orden alfabético, para no variar. Fue divertido cuando comenzaron con la lista.
Las listas de Hogwarts son mágicas. Desde un principio, una pluma registra los nombres de los nacidos con el don de la magia y, a partir de ahí, todos nuestros nombres pasan a ser gestionados mágicamente mientras estemos en el colegio. Probablemente Lameth y su relación con el castillo hubiese hecho efecto en aquellas listas, pues el primero en ser llamado fue él, no por su pseudónimo, sino por su verdadero nombre.
- ¡Maldito saco de piedras! – Rugió hacia las paredes. - ¿Por qué demonios tuviste que toquetear las malditas listas? – Se calló un momento, como si escuchase. - ¡Sólo te pedí que modificases esos dos nombres, no el de todos los demás! – Siguió protestando mientras se encaminaba hacia el pupitre.
Quien supervisaría el examen era el propio Dumbledore, su rostro estaba blanco cuando revisó la lista tras aquel arrebato de ira de Lameth, algo poco usual en el atlante. Nos lo explicamos cuando dijo el siguiente nombre. Mirdin.
- Tú y yo vamos a tener una larga conversación con este saco de piedras… - Le dijo Ziva cuando se dejó caer en el pupitre al lado de Lameth.
Sammael no protestó, simplemente negó con la cabeza y se sentó en el tercer pupitre. Hubo otras sorpresas para algunos. Como el que a Isabel la llamasen Farida, que al parecer era el nombre que le daba su padre, a ella le extrañó, pero ocupó su puesto sin otra cosa que un encogimiento de hombros. Las exclamaciones vinieron a partir de que Ginebra fuese asignada a la letra D, su apellido ahora era Deveraux. Debía de habérselo cambiado en cuanto abandonó por completo toda ligadura con sus padres y su hermano, cuando se convirtió en ghoul de Lucian. Crucé los dedos para que ese cambio no se aplicase a todos los demás ghoules. Curiosamente, los dos de Isabel resultaron ser hermanos, tanto Ayden como Zanaa’h fueron llamados para realizar el examen con el mismo apellido, Ibn Haquim. Lo poco que sabía de árabe me permitió adivinar que Ibn significaba “hijo de”.
Reconozco que crecí varios centímetros cuando, después de llamarme a mí, llamaron a Hermione con mi apellido. Ella se sentó a mi lado con una radiante sonrisa, el castillo reconocía nuestro matrimonio de facto aunque no se hubiese realizado ninguna ceremonia. Quizás por eso no había llamado a Daphne, que no dejaba de dirigir varias miradas nerviosas a Dumbledore mientras terminaba con la lista. Después de nosotros, vino Lavender cono el apellido McCaan, en lugar del suyo que era Brown. Y sí, exactamente después de nombrar a Blaise, llamaron a Daphne Zabini. Ella le lanzó una mirada de reproche, pero mi pobre ghoul no pudo hacer otra cosa que disculparse con la mirada.
Los cuestionarios aparecieron ante nosotros, junto con un tintero, una pluma y varios rollos de pergamino. De inmediato nos pusimos a escribir. Se notó perfectamente quiénes tenían sangre vampírica a partir de entonces. Los ghoules comenzaron a escribir a una velocidad asombrosa, lo que hizo que muchos de los que estaban a su alrededor alzasen la mirada al escuchar el rasgar de la pluma contra el pergamino a esa velocidad. Los vampiros tampoco nos quedábamos atrás, una vez concentrados en aquella tarea de escribir, dimos rienda suelta a nuestra propia naturaleza y nos olvidamos por completo de las apariencias.
- ¡Ya terminé! – Anunció Tony diez minutos más tarde de empezar el examen.
- Creí que estaba interesado en hacer el examen, señor… - Dumbledore se atascó, no sabía cómo llamarle.
- Déjelo en Tony, es más fácil. – Le sonrió el druida. – Y no dije que no quisiese hacerlo, dije que ya terminé. – Entregándole un grueso rollo de pergamino.
- Disculpe, ahora que él ha hablado… me permite una pregunta. – Intervino Lameth. - ¿Puedo hacer el examen en otro idioma que no sea el inglés?
- No toques las narices… - Protestó Ziva. – Ya me está costando un mundo no meter nada en hebreo…
- Por eso lo pregunto… es que llevo medio examen en atlante. – Se disculpó Lameth.
- Dirk, tendrás que usar una lengua que esté viva o de la que existan registros con los que puedan hacer comparaciones. – Suspiró Tony. – O haz como yo, primero lo hice en britano y luego lo traduje al inglés. – Encogiéndose de hombros. – Terminas antes.
- ¡Buena idea! – Exclamaron Ziva y Lameth juntos. Y se pusieron a escribir como locos en sus pergaminos.
- Eso sí… - Tony se dirigió a Dumbledore. – ¿Por qué carajo los llaman Éxtasis? Vale que es divertido hacer exámenes, pero no tiene ni pizca de erótico… mucho menos estando en primera fila.
- Son las siglas de
Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas
. – Explicó Dumbledore.
- Tampoco tienen nada de terribles… - El druida se marchó de la sala mascullando para sí. – Estos magos de tres al cuarto… si llegan a estar durante las pruebas para druida, otro gallo les cantaba.
Una hora más tarde, Hermione y yo nos levantamos para entregar nuestros exámenes, casi al mismo tiempo. Isabel y los dos ghoules también se levantaron y entregaron varios rollos de pergamino. Isabel negó con la cabeza al mirar en dirección a Lameth y Ziva. Sus rollos de examen caían de sus pupitres hacia delante y hacían ondas contra la tarima en la que estaba situado el gigante reloj de arena.
- Alguien tendría que decirles que aún tienen que traducir todo eso… - Murmuró Ayden.
- Y que dudo mucho que se lo vayan a leer todo. – Añadió Zanaa’h.
- Yo no digo ni pío… que luego llevo las culpas. – Se encogió de hombros Isa. – Ya se pelearán más tarde.
- Eso es lo que me preocupa. – Protestó Ayden mientras salíamos del examen. – Que van a discutir como fieras porque no les van a tener en cuenta ninguna de sus teorías.
- ¿Cómo es que vosotros también hacéis el examen? – Preguntó Hermione cuando estábamos fuera.
- Es que nos gusta hacer exámenes. – Dijeron a coro los dos ghoules con sendas sonrisas en sus rostros.
- Ya está, chicos… - Dijo Adriana saliendo de la sala. – Ya les he dicho a esos dos locos que dejen de poner chorradas y que se concentren en traducirlos.
- ¿Al final en qué idioma lo está haciendo cada uno? – Pregunté por mera curiosidad.
- Dirk está haciéndolo en atlante, AJ en una mezcla de atlante, hebreo y latín. – Encogiéndose de hombros. – La pobre me da penita… tiene tal cacao de idiomas en su joven cabecita. – Suspiró. – Yo hice como mi marido, primero lo escribí en italiano y luego lo traduje al inglés. – Con una risita divertida. – Por eso tardé tanto.
- Nosotros hicimos lo mismo… - comentó Ayden. – Pero es preferible tardar un poco más a meter la pata y estar borrando cada tres párrafos que escribes.
- ¿Qué pusisteis en la cuarta pregunta? – Comenzó Hermione. – El encantamiento era “anapneo”… ¿verdad?
- Sí. – Le confirmé.
- ¿Y en la pregunta numero veinte? – Preguntó ansiosa, viendo cómo retorcía las manos como nunca le había visto hacer. - ¿Qué pusisteis? Porque a lo mejor me equivoqué…
- No, paso de tus neuras este año… - Dijo Harry en cuanto la vio al salir por la puerta. – Esta vez que te aguanten otros… - Retrocediendo hacia un pasillo. – Me llega con hacer el examen una vez, no voy a repasar cada una de mis respuestas una por una sólo para que te quede claro qué has puesto y qué no en cada una de ellas.
- Draco… - Cogiéndome del brazo nerviosa. - ¿Y si me he equivocado? ¿Y si suspendo? – Preguntó totalmente fuera de sí.
- Fida’i, tranquilízate… - Isabel la tomó de las manos y deshizo la presa que tenía sobre mí. – Eres una mujer muy inteligente, has rellenado todas las respuestas, no has dejado ninguna en blanco y seguro que sacas la nota más alta de todas, no has de preocuparte ni ponerte nerviosa por ello.
- Pero… puedo equivocarme… no soy perfecta. – Temblando.
- En ese caso, no pasará nada. – Le sonreí, permitiéndole que estrujase mis manos con su nueva fuerza, no me hacía daño. – Te seguiremos queriendo aunque te hayas equivocado en una respuesta… y no pasará nada malo, porque nuestras vidas no dependen de las notas que saquemos en estos exámenes.
- ¡Pero yo quiero aprobar! – Exclamó aterrorizada.
- ¡Por Maat! – Bramó Tony. – No voy a soportarte yo también si esto es lo que nos espera tras cada examen… - La tomó por los hombros y la obligó a mirarle fijamente a los ojos. – Vas a aprobarlo todo, ¿vale? Sólo preséntate y escribe. – Soltándola. - ¿Alguien quiere tomarse una copita mientras esperamos al próximo? – Sonriéndonos a todos. – Le dije a Barbie que organizase un refrigerio en la explanada de enfrente.
- ¿Tú, sentándote en el suelo? – Se burló Ayden.
- ¡Por supuesto que no! – Mirándolo horrorizado. – Tenemos mantas, han sido lavadas varias veces para eliminar cualquier tipo de infección y le he dicho a Ennoia que aleje a todos los bichos de la zona… no quiero que afecten a la comida.
- Y yo que quería tirarme en la hierba un ratito… - suspiró Zanaa’h.
- Pues si lo haces no te acerques a mí… - la amenazó el druida saliendo por la gran puerta principal.
- Y pensar que ese mismo tipo se dedicaba a bailar desnudo y lleno de barro en torno a una hoguera… - murmuró Ayden.
- Probablemente le viene de su sire… - comentó Isabel encogiéndose de hombros y siguiendo al druida al exterior.
Salimos todos al exterior y fuimos esperando a los que aún estaban en el examen. Bárbara y Luca estaban fuera con todo un picnic organizado. Teníamos varias mantas para poder tumbarnos o sentarnos, un cesto repleto de comida y un delicioso sol primaveral que intentaba calentar un poco la mañana. Casi podía dar la impresión de que no nos preocupaba nada en absoluto y que simplemente íbamos a disfrutar de un refrigerio campestre totalmente inocente. No tenía nada que ver el que la mayoría fuésemos vampiros, que el resto fuesen ghoules o magos y que estábamos en plena época de exámenes mientras nos preparábamos para ser atacados por una pandilla de vampiros sanguinarios.
Nos tumbamos en las mantas en torno a Bárbara, que era la encargada de repartir los platos de comida, mientras Luca servía vino en las copas. Pronto se nos fueron uniendo más miembros de la familia, hasta que organizamos una verdadera fiesta campestre. Las odaliscas prepararon una zona con alfombras y cojines mullidos para Haquim a la sombra de un roble y se dedicaron a depositar frutas y manjares directamente en sus labios. César también se acercó, curtido en cientos de expediciones, no dudó en sentarse en el suelo y escuchar atentamente todo lo que Hermione tenía que contar acerca de su examen.
- ¿Qué tal, estudiantes? – Se mofó Lucian dejándose caer en la hierba, entre los dos grupos que disfrutábamos de ese pequeño relajo entre exámenes. – Ya veo que no os podéis separar de los libros… - Tomando un poco de fruta y queso que le ofreció Bárbara.
- Mientras estás examinándote está totalmente prohibido revisar los apuntes y libros. – Comentó el druida con una sonrisa en los labios. Estaba recostado en una manta, reposando su cabeza en el regazo de su esposa, como siempre. – Eso sólo puede embotar la mente.
- ¿Y este Ribera del Duero del 80 no embota? – Dándole un sorbo a la copa que le tendió Luca.
- Eso ayuda a que la mente se abra a la magia… - Se carcajeó Julia.
- ¿Cómo te va, Hermione? Te veo un poco nerviosa… - Comentó con una ceja levantada en mi dirección.
- Lo siento, Luc, pero siempre me ocurre lo mismo con los exámenes… tengo tanto miedo de fallar. – Se disculpó Hermione.
- ¡Ya está bien! – Protesté. – Tony te ha asegurado que aprobarías siempre que te presentes, César ha sido un oyente paciente y ha escuchado cada una de tus cuitas, ahora vas a relajarte. – Tomándola por la cintura y tirando de ella, haciendo que cayese sobre mi pecho en el proceso.
- Draco… olvídalo, nada puede hacer que me relaje. – Protestó intentando zafarse de mí. – Ron y Harry intentaron de todo durante los TIMOs…
- Pero no intentaron esto… - Besándola.
- ¡Ese es mi chiquillo! – Me jaleó Lucian.
Lentamente Hermione fue relajándose entre mis brazos, olvidándose de pergaminos, plumas, pupitres y varitas, concentrándose únicamente en mis besos. No iba a hacerle el amor con toda mi familia presente, eso se daba por descontado, pero sí podía hacer que su mente se librase de todo el lastre y dejase su nerviosismo a un lado. Cuando su cuerpo se relajó contra el mío por completo rodé levemente para hacer que descansase sobre el colchón de mullida hierba que cubría la manta, pero no cesé de besarla ni un segundo.
- ¡Menudo espectáculo estáis dando! – Protestó Ginebra de fondo.
Eso hizo que alzase ligeramente la mirada y escrutase nuestros alrededores. Tony también estaba en brazos de su esposa, Haquim tenía a una de sus odaliscas en el regazo, Luca abrazaba a Justin que sólo tenía ojos para él. Muchos más habían salido del examen y estaban reunidos en torno al picnic. Pero comprendí las palabras de Ginebra cuando escuché unas exclamaciones de asombro en la cercanía. Varios alumnos de cursos inferiores nos observaban estupefactos, algunos tenían caras de verdadero asombro, las chicas se habían sonrojado, los chicos miraban con avidez, intentando captar algo que no iba a ocurrir ni siquiera en sus sueños.
- ¿No ha salido Ziva? – Preguntó Isabel a la pelirroja.
- Me temo que alguien va a tener que sacar a esos dos de ahí, están discutiendo con los examinadores si es necesario encuadernar o no su examen. – Le respondió encogiéndose de hombros.
- ¡Por favor! – Protestó Isabel mientras se levantaba y salía en dirección al castillo. Escuché las carcajadas de César y Lucian.
- Muchacho, deja ya de aturdir a tu mujer y bebe un poco para recuperar fuerzas… - Me instó mi sire entre risas.
- No sé, mi señor… - Dije con una sonrisa, viendo los labios hinchados de Hermione y sus ojos dorados con las pupilas dilatadas. – No quiero arriesgarme a que mi empeño se vea frustrado… - Acariciando el contorno de su rostro. - ¿Estáis más relajada, mi dama?
- Quizá… - Correspondiendo a mi sonrisa. – Aunque no deberíais atribuiros todo el mérito, mi señor. – Alzando la cabeza para besarme una vez más, atrapando mi labio entre sus dientes, acariciándolo con ellos. – Creo que el vino también ha tenido algo que ver…
- Es bueno saberlo… - Irguiéndome pero acariciando su brazo en el proceso. – Tony, hazte con un buen surtido de esta añada… ¡Por lo que más quieras!
- ¿Quieres emborrachar a tu mujer? – Se carcajeó el druida.
- No, pero lo necesitaremos si queremos seguir cuerdos al final de esta semana. – Riéndome con él.
Alguien encontró el valor, entre el grupito de curiosos, para acercarse a nosotros. Me sorprendí al reconocer a Ronald, con el rostro congestionado por alguna razón, quizás vergüenza o ira. ¿Quién puede saberlo a ciencia cierta con este individuo? Avanzó hasta casi llegar al límite que marcaban las mantas y se puso firme, mirando a su hermana e intentando hacer caso omiso de todos los demás. Ginebra estaba sentada en el regazo de mi sire y recibía de él pedacitos de queso, entre carcajadas de absoluto alborozo, pues lo estaban tomando como un juego.
- ¿Ginny, puedo hablar contigo un momento? – Dijo con tono grave.
- Di lo que quieras, Ronnie. – Tragando el último cachito de queso y tomando la copa para mojarlo.
- En privado… si es posible, claro. – Carraspeó.
- Ron, estoy con mi familia, puedes hablar libremente. – Ella lo miró con seriedad.
- ¿Tu… familia? – Preguntó turbado.
- Sí, creí que había quedado claro cuando Dumbledore pasó lista. – Encogiéndose de hombros tras darle un sorbo al vino. – Ahora ellos son mi familia… - haciendo un gesto para abarcarnos a todos. – Mi señor, mis hermanos, mis primos, mis tíos… ellos son los que me han acogido con los brazos abiertos tal como soy, sin pedirme que cambie nada de mi personalidad.
- ¿Por eso te has cambiado de apellido? – Preguntó entre dientes. Sus puños estaban apretados y blancos, debía de estar conteniendo buena parte de su rabia para no provocarnos.
- Pues sí. No me siento una Weasley desde hace mucho, a Lucian le gustó que quisiese adoptar su apellido y no creo que le haga ningún mal a nadie. Si me hubiese casado, habría cambiado igualmente. – Le explicó con absoluta tranquilidad. – Puedes escribirles una carta a nuestros padres comunicándoles ese detalle insignificante…
- ¿Insignificante? – Bramó. – ¡Estás diciéndome que ya no reconoces a nuestra familia como tuya y dices que es un detalle insignificante!
- No te pongas así, Ronnie, por favor. – Protestó Ginebra con hastío. – Es algo que sabes desde hace mucho tiempo, no veo por qué le das tanta importancia ahora. Sí, he dejado de reconocer la autoridad que nuestros padres puedan tener sobre mí. Sí, me he entregado por completo a estar con un vampiro, beber su sangre, servirle en todo lo que desee… Pero hay algo de lo que te olvidas en todo lo que pasa por tu mente… - enarcando una ceja y sonriendo con malicia. – También me dedico a ser feliz, sin remordimientos y sin estar pendiente del qué dirán.
- ¿Ya empezamos otra vez? – Recriminó Harry tras Ronald. – Ron, no le des vueltas, Ginebra es feliz, Hermione es feliz, yo soy feliz… el único amargado aquí eres tú.
- I want to be forgotten, and I don't want to be reminded… -
Comenzó a canturrear Ginebra, obviando por completo a su hermano.
(Traducción aproximada: Quiero ser olvidada y no quiero ser recordada) - ¿Os suena a alguno? – Preguntó a la concurrencia.
- You say “please don't make this harder.” No, I won't yet. – Completó Luca con una carcajada. (Traducción aproximada: Tu dices “por favor, no lo hagas más duro”.
No, no lo haré todavía.)
- I want to be beside her.
She wanna be admired. – Siguió Harry, entrando en el círculo que formábamos todos, dejando atrás a Ron. Se arrodilló frente a Ginebra y le ofreció un pedazo de fruta con sus labios. Ella lo aceptó con una sonrisa, besándolo como jamás había hecho frente a su hermano. (Traducción aproximada: Quiero estar a su lado. Ella quiere ser admirada)
- ¡Bárbara, querida, ve a por una lira que nos hemos puesto cantarines! – Propuso Tony divirtiéndose con el curso que estaba tomando su idea de un picnic.
- ¿Sólo la lira, mi señor? – Preguntó ella mientras se ponía en pie para cumplir su orden.
- ¡Bah! Trae los instrumentos que encuentres por ahí, malo será que no se nos ocurra algo. – Dándole una palmada cariñosa en el trasero cuando pasó a su lado.
El pelirrojo no entendió las indirectas de su hermana y su amigo, continuó allí, enfadándose cada vez más porque le ignorábamos completamente. Aunque no sé con exactitud qué fue lo que más le indignaba, si el que no le hiciésemos el más mínimo caso o que su hermana fuese el centro de atención, recibiendo besos tanto de mi sire como de Harry, comida que caía en su boca de forma impúdica o que todos fuesen testigos de aquello. Porque aún disponíamos de un nutrido grupito de curiosos en los alrededores que no perdían detalle de cada uno de nuestros gestos.
- Voy a intentar razonar con él. – Me dijo Hermione mientras se ponía de pie.
- Cariño, no te lo recomiendo… - Amagando el detenerla al acariciar sus tobillos. – No creo que sea una buena idea…
- Tranquilo, cariño, sabes que ahora no puede hacerme nada… - Agachándose para besarme con dulzura.
- No temo a sus puños o a su magia, sino al daño que pueda hacerte con sus palabras y su amargura. – Suplicándole con la mirada que no fuese.
- Por suerte en eso tengo mucha experiencia también. – Acariciando mi mano al alejarse de mi lado en dirección a Ron. – Vamos a hablar, Ron. – Le propuso, tomándolo del brazo y tirando de él lejos del corrillo que todos formábamos. Aunque no pudo evitar que tanto Ayden como Zanaa’h se irguiesen de inmediato y se pusiesen en alerta ante cualquier eventualidad.
- Todo esto es culpa tuya, Hermione. – Le reprochó el pelirrojo cuando estuvieron a cierta distancia.
- Ron… aunque no te lo creas, no soy la culpable de todos los males del mundo. – Suspiró Hermione. – De lo único que soy culpable es de enamorarme de alguien que no es de tu agrado, por lo demás… todo ha ocurrido por razones completamente ajenas a mí. – Hablándole en tono calmado.
- ¡No! – Protestó el chico. – Tú metiste a Malfoy en nuestra torre, con él vinieron todos los demás vampiros… pero si no lo hubieses metido en Gryffindor, mi hermana seguiría con Harry…
- Eso no puedes saberlo con seguridad, Ron. – Le atajó Hermione. – La relación entre Ginebra y Harry, hacía tiempo que estaba sentenciada. No eran compatibles en demasiados aspectos. Ella es demasiado liberal para la mente de Harry, necesita emociones que él no puede proporcionarle. Desde que conozco a Harry, él sólo ha querido que lo dejen en paz y tener una familia. ¿Sabes que va a casarse y ser padre este verano? – Le anunció. El chico se quedó mirándola estupefacto. – Sí, Harry va a formar una familia con Felicia. Como puedes ver, no todo son desgracias, también hay aspectos positivos en todos los cambios que se han producido.
- ¿Y cómo puede estar seguro Harry de que el niño será suyo? – Atacó Ronald con un tono venenoso. – Recuerdo perfectamente lo fulana que era Felicia.
- No, Ron, me temo que ahí estás muy equivocado, tú crees que Feli es una fulana, pero eso no la convierte en ello. – Le sermoneó mi esposa. – Felicia no es más que un espíritu libre, igual que Ginebra, pero hace tiempo que escogió a Harry para compartir su vida con él. Ella no necesita más emociones que las que él puede ofrecerle. Pero Ginebra sí que quiere mucho más. Intenta ponerte en su lugar por un segundo, Ron. – Le pidió con calma. – Intenta ver las cosas desde su punto de vista y no desde el tuyo. Ella se encontraba atrapada, como si estuviese enjaulada, ahora puede hacer lo que quiera, estar con quien le plazca, manejar una serie de poderes con los que nunca soñó, tener una familia que no intenta empujarla a un estilo de vida que no es el que ella quiere. ¿Preferirías que tanto tu hermana como tu amigo se hubiesen visto obligados a casarse por las conveniencias sociales y que fuesen desdichados toda la vida? ¿No lo ves en sus ojos o lo escuchas en sus risas? Los dos son felices a su manera y aceptan perfectamente las diferencias del otro. Les he escuchado bromear y reír más desde que forman parte de esta familia que cuando estábamos juntos en la sala de Gryffindor.
- ¿Y tú? ¿Me vas a decir que tú también eres feliz con ese muerto viviente? – Rumió entre dientes.
- Más de lo que jamás pude imaginar, Ron. Draco y yo estamos enamorados desde mucho antes de que todo esto ocurriese, pero no podíamos dejar que los demás viesen nuestros sentimientos, teníamos que ocultarlos por nuestro bien y el de todos los que nos rodeaban. – Le confesó. – Ahora él es mi marido, es el padre de mis hijos, será mi compañero para toda la eternidad… Puede que te resulte difícil de comprender porque sé que aspirabas a que, con el tiempo, me fijase en ti como algo más que un amigo. Pero eso no iba a suceder. Igual que con Harry, me resultaba imposible verte de esa manera. Si entendieses eso, a lo mejor no te resultaría tan difícil de aceptar que…
- Un momento… ¿has dicho que es el padre de tus hijos? – La interrumpió. - ¿Cómo es posible que ese fiambre te haya dejado preñada?
- Ron, no pienso explicártelo… y te agradecería que intentases ser un poco más cortés cuando te refieras a mi marido. – Poniéndose firme. – Estaba intentando decirte que…
- Y dices que va a ser tu compañero para toda la eternidad… ¿acaso va a convertirte en una más de ellos? – Con el rostro lívido.
- No, lo hará Lucian. – Le corrigió ella. – Pero nos estamos yendo del tema…
- ¡Qué tema ni qué rabos de gaitas! – Bramó. - ¿Cómo puedes estar hablando tan tranquila de convertirte en otra sanguijuela?
- Ron, te pido que dejes de insultarles, por favor. – La mandíbula de Hermione se estaba tensando. – Estoy intentando tener una conversación racional contigo… no me vuelvas a interrumpir…
- ¿O qué? – Retándola con la mirada y los gestos. - ¿Vas a darme una paliza? ¿Vas a maldecirme? ¿Vas a burlarte de mí?
- No, dejarás de importarme un bledo… - Le advirtió, furiosa.
- Pues a lo mejor prefiero que dejes de preocuparte tanto por mí… no vaya a ser que luego quieras chuparme la sangre. – Poniéndose ufano.
- Ya te gustaría… - Mirándolo con desprecio. – Está visto que sólo tienes la cabeza para sostener sombreros. – Girándose y dando la conversación por zanjada.
- ¡No te vayas todavía! – Tomándola del brazo. Ayden y Zanaa’h se situaron de inmediato al lado de Hermione.
- ¿Te molesta este piojo? – Preguntó Ayden, mirando a Ron desde arriba.
- ¡Vaya, ya me había olvidado de que siempre te sabes rodear de buenos guardaespaldas! – Se burló Ron. - ¿Tu perfecto maridito no viene a defenderte también?
- Mi marido está calculando cómo arrancarte el brazo sin salpicarme con tu sangre… - lo amenazó Hermione. – Te recomiendo que me sueltes, si no quieres comprobar lo que puede hacer a distancia…
- Ya ha demostrado que es un asesino como todos los demás de su calaña. – Soltándola bruscamente.
- No, en eso te equivocas. – Repuso Zanaa’h con una sonrisa. – Él sólo es un vampiro, nosotros somos los asesinos profesionales.
- Dejadlo, vosotros dos. – Alejando de allí a los dos ghoules Assamitas. – No merece la pena que os molestéis… debí de hacer caso a Draco y pasar de él.
- No pasa nada, H, es normal… - Zanaa’h rodeó sus hombros con cariño. – Tú siempre ves lo mejor de las personas, por eso te pasan estas cosas.
- Tú confía en nosotros, que tenemos experiencia. – Ayden abrazó su cintura y besó su frente. – No intentes razonar con mentes vacías de juicio y corazones rebosantes de odio.
- Sólo quería intentarlo… - murmuró Hermione mientras la dejaban a mi lado.
- Lo sé, amor mío. – Le dije mientras la rodeaba con mis brazos. – Pero no tiene remedio. No es culpa tuya… no le hagas caso. – Besando su mejilla.
- ¿De verdad no es culpa mía? – Acurrucándose contra mí, como siempre hacía cuando estaba deprimida. No escuchaba los cánticos a los que se habían dedicado todos en cuanto Bárbara llegó con los instrumentos.
- Bueno, a lo mejor tiene razón y es culpa tuya… - Dije burlón. – Según su lógica, también eres la culpable del agujero de ozono, del asesinato de Kennedy, del hambre en el tercer mundo, del holocausto nazi y de la creación de la bomba nuclear… ¿Estás segura de que no fuiste tú la que bombardeó Hiroshima?
- Te adoro cuando te pones muggle para animarme. – Mirándome con una leve sonrisa.
- Y yo te adoro cuando me das razones para protegerte como lo más preciado en este mundo. – Besando sus labios dulcemente.
Poco después, Isabel regresó con los que se habían quedado hasta el último minuto para hacer el examen. Lameth y Ziva no dejaban de discutir en atlante acerca de las respuestas apropiadas, de que cada uno había escogido una encuadernación fabulosa y que deberían de haberles hecho caso y permitirles usarlas. Isa negaba con la cabeza ante tanta discusión, parecía contenerse para no usar el poder de la Extinción para dejar de escuchar su incesante parloteo. Pero su rostro se tensó de un modo diferente cuando vio la expresión que tenía Hermione en el suyo. En segundos se situó a nuestro lado y tomó la mano de Hermione, preocupada, buscando en su mirada la respuesta a una pregunta no formulada o la invitación a ejecutar a quien la hubiese dejado en ese estado de pesadumbre.
- No, Hashashiyyin, no debes matar al responsable… - murmuró Hermione comprendiendo perfectamente todo lo que la asesina le estaba diciendo con su mirada. – Es sólo un necio. No merece el honor de morir por tus manos. – Acariciando el rostro de Isa antes de darle un suave beso en los labios como gesto de agradecimiento y cariño.
Se suponía que tendríamos el examen teórico de las asignaturas durante la mañana y el práctico por la tarde, como siempre. Algunos teníamos bastantes asignaturas, por lo que tendríamos que realizar distintos exámenes en un mismo día. Aunque aquel lunes sólo estábamos obligados a realizar los relacionados con Encantamientos, el resto de la semana sería un poco más caótico. Por eso la fiesta campestre continúo en cuanto todos estuvimos reunidos.
Nos saltamos la comida en el Gran Comedor pues disponíamos de todo lo necesario allí. No sólo estaba para que quienes teníamos que examinarnos nos relajásemos, también para que el resto de los alumnos no tuviesen que sufrir nuestra ominosa presencia aquel día. Ya tenían suficiente con la sombra de los exámenes sobre sus cabezas. Bárbara había cumplido las indicaciones de su señor y traído varios instrumentos para amenizar la reunión. Los magos se animaron a cantar, desafinando bastante, algunas canciones que conocían de los grupos de brujas y magos que escuchaban en la radio. Muchos se sorprendieron cuando Lucian comenzó a tocar el arpa y Lara lo acompañó con su voz, cantando una dulce y triste canción medieval. Más tarde, Tony se animó a tocar Greensleeves. Aaliyah también tomó un instrumento y quiso unirse al ambiente relajado de la reunión con una deliciosa melodía.
- ¿Todos los vampiros tienen la obligación de saber tocar algo? – Preguntó Blaise a mi lado, arrobado por la música.
- No. – Me sonreí. – Lo que pasa es que para nosotros es un pasatiempo más, también ayuda a que nuestras manos se vuelvan más ágiles, agudiza nuestros sentidos y es un buen ejercicio mental. – Le expliqué.
- Recuerdo cómo tocaste en Navidades… nos dejaste a todos de piedra. – Me confesó. - ¿Echas de menos tu piano?
- Sé tocar varios instrumentos, Blaise, no sólo el piano. – Le aclaré. – Pero ahora no estoy de humor… - Estrechando ligeramente a Hermione contra mí.
- A lo mejor si tocases algo, tu humor mejoraría. – Me propuso mi esposa.
- No sé… sólo tengo una canción en la mente en estos momentos… - protesté. – No sería tampoco muy apropiada y no están todos los instrumentos… - Intentando zafarme.
- Toca para mí, por favor. – Me pidió Hermione.
- Eres una embaucadora… lo sabes, ¿verdad? – Protesté.
- Se supone que ese es mi deber como esposa… - replicó con una sonrisa pícara. – Controlarte y hacer que te doblegues ante mis deseos.
Negué con la cabeza pero no podía resistirme a su petición, me incorporé y me acerqué a Lameth para susurrarle aquello que necesitaba para poder ejecutar la pieza que tenía en mente. En cierto modo sabía que Hermione tenía razón, ella sabía cómo me entregaba a la música cada vez que me ponía a tocar. Lo más probable era que, dejándome llevar por completo por el ritmo, permitiendo que parte de mi rabia se deslizase en las notas, luego me encontrase mejor.
Tomé la guitarra más cercana, Lameth se había encargado de lanzar un encantamiento para que sonase como una guitarra eléctrica. Arañé las cuerdas con suavidad, al principio, intentando encontrar el punto apropiado. Pronto percibí el estruendo de la batería tras de mí, el atlante se había preocupado de todo, de algún modo se las había arreglado para que pudiese disponer de todo el acompañamiento necesario. En breve me entregué por completo a la pieza que no cesaba de rondar por mi mente. Lara conocía mi pasión por el grupo Metallica, por lo que no le extrañó que escogiese una de sus piezas para dejar salir mi rabia.
Era el odio que había sentido al ver cómo Ronald trataba a mi esposa, la manera tan vil en la que se había comportado con ella, rechazando su ayuda y su compasión. En aquel momento sentía que toda la furia se escapaba con cada uno de los acordes, descargando todo aquel sentimiento en las palabras que salían desgarradas de mi garganta. El deseo de haberlo estrujado entre mis manos cuando la tocó y se dirigió a ella con tanto veneno en sus palabras, se traslucía en la letra de aquella canción en particular.
Interiormente sabía que, el que hubiésemos empezado a dejarnos llevar por la parte más lírica de nosotros mismos era otro medio más para que, las presiones que habían estado allí durante toda la ocupación del castillo, desapareciesen en un momento de absoluta entrega y olvido de aquello que nos acechaba. En aquel momento no existía el Sabbat, ni Hogwarts, no había diferencia de clanes, de sangres, de nada. Sólo estábamos nosotros, como una familia unida que pasaba un buen rato.
Luca se animó a acompañarme en la siguiente pieza, a él también le gustaba el grupo y conocía bastantes de sus composiciones. Una vez que mi rabia se había disipado, sólo quedaba el ánimo de pasarlo bien. Por eso la siguiente pieza fue diferente. Se trataba de una canción sugerente y picante. Nos divertimos interpretándola, invitando a nuestras respectivas parejas a que se uniesen a nosotros. Justin se quedó asombrado al ver a Luca acariciar las cuerdas del bajo. Hermione se sonrió por todo lo que implicaba la letra. Directamente les indicábamos que éramos sus amantes, que les acechábamos como dos diablos malvados, que nos arrastrábamos por el suelo para buscarlos y entregarnos a los placeres de la carne con ellos.
La última pieza fue una petición de Tony. A él siempre le habían gustado las canciones de borrachos, supongo que por haber frecuentado tantas tabernas y burdeles. Nos entregamos divertidos a interpretar aquella que narraba las aventuras de un asaltante de caminos que roba a un hombre para ir a los brazos de una prostituta, pero que termina con sus huesos en la cárcel. El druida conocía la letra igualmente y se unió a nosotros dos para cantarla. Aquello demostraba cuán poco nos importaban ya los exámenes, sólo queríamos divertirnos y dejarnos llevar por aquella armonía que siempre existía entre nosotros.
El corrillo de curiosos había ido en aumento cuando nos dedicamos a cantar y tocar. No nos importaba en absoluto que se quedasen mirándonos y escuchándonos. Cuando primero se interpretaron las antiguas canciones, las melodías más suaves y delicadas, tristes en algunos casos, se quedaron asombrados. Algunos se rieron de las interpretaciones libres de los magos cuando intentaban emular a los grupos que ellos conocían. No se atrevían a acercarse más. Se quedaban en una prudente distancia y se sorprendieron cuando me llegó el turno de coger la guitarra. La primera de las canciones, en cierto modo, les dejó una clara impresión de cuán peligrosos éramos, la letra no es que fuese muy sutil. Hablaba de estrujar el mundo y dejar que su jugo cayese por mi garganta, era lo suficientemente gráfica en lo que respectaba a la naturaleza de un vampiro. La siguiente, la más picante, los intranquilizó un poco. La última, ya animó un poco más sus espíritus. Lo más probable es que, si no nos hubiesen tenido tanto miedo, se hubiesen contagiado del ambiente festivo que nos rodeaba.
Entre los curiosos había algún profesor, una de ellas era McGonagall. Por su gesto adusto y agrio pude deducir que no aprobaba en absoluto nuestro comportamiento. Seguramente pensaba que no era correcto que nos dedicásemos a festejar de ese modo nada más verse iniciada la temporada de exámenes. No en vano, nosotros éramos quienes habíamos acelerado las fechas de los mismos, los responsables de que algunos de sus alumnos pudiesen obtener notas insuficientes por no estar debidamente preparados. Quizás lo veía como una burla hacia toda la institución de la escuela, como si, divirtiéndonos de esa manera, nos estuviésemos mofando de la seriedad y concentración necesarias para poder enfrentarnos a los exámenes. Pero la verdad era muy diferente, no buscábamos meternos con nadie, sólo disfrutar de nuestras alegrías de vivir.
Después de aquella canción, Tony se animó para cantar otra de borrachos más cercana a la época medieval, con la ayuda de Lucian que se unió a él con entusiasmo. Contentos como estábamos, Haquim se atrevió a pedirles a sus odaliscas que danzasen para nosotros. Aaliyah y los ghoules de Isabel fueron los músicos, sus odaliscas se entregaron gustosas a interpretar la sensual danza, animando incluso a algunas de las chicas a que se les uniesen. Me sorprendió sobremanera que Hermione aceptase, todavía más el ver cómo se movía perfectamente al compás y no erraba ningún paso. Pero me recordé que había pasado mucho tiempo en su compañía.
Lameth fue el encargado de poner fin a la diversión recordándonos que teníamos el examen práctico de Encantamientos. Los que estábamos obligados a asistir protestamos por tener que abandonar al grupo cuando mejor nos lo estábamos pasando. Los que se quedaban nos intentaron animar asegurándonos que intentarían que la fiesta no decayese en nuestra ausencia y que nos esperarían hasta que terminásemos con aquella obligación. Así es que nos levantamos y partimos hacia el castillo, con sonrisas en nuestros rostros a pesar de estar a punto de enfrentarnos a la prueba más complicada de todas.
No es que tuviésemos miedo de suspender por no ser capaces de realizar los Encantamientos que nos propusiesen los examinadores, todo lo contrario. Nuestra preocupación estaba en acordarnos de utilizar las varitas, pronunciar las palabras o realizar los movimientos apropiados. Isabel rumiaba acerca del “maldito palito de los cojones” y miraba su varita con verdadero odio. Temí que se inflamase ante las furiosas miradas que le lanzaba.
Igual que durante los TIMOs, pasamos de tres en tres a la sala en que esperaban los examinadores. Eran dos mujeres con rostros serios que no invitaban en absoluto a que nos encontrásemos cómodos con el proceso y un hombre con expresión afable. Se suponía que cada uno de ellos tendría que evaluar a uno de nosotros, a mí me tocó situarme frente al caballero, Hermione y Lavender quedaron frente a las dos brujas.
- Entiendo que sería correcto el darle mi enhorabuena, señor Malfoy. – Comentó el anciano.
- ¿La enhorabuena? – Confuso.
- Por su matrimonio. – Señalando hacia Hermione con una sonrisa. – Me alegra ver que las diferencias entre ustedes se han resuelto de este modo.
- Bueno, en realidad aún estamos ultimando algunos detalles de la ceremonia… sin embargo el castillo parece considerarnos ya casados. – Le expliqué, también con una sonrisa.
- La magia resulta difícil de explicar en algunas ocasiones. – Negando con la cabeza. – Bueno, no voy a entretenerle más, será mejor que demos comienzo a la prueba práctica para que pueda retirarse a estudiar para el resto de sus exámenes.
Como en los TIMOs, se trataba de realizar varios encantamientos de manera continuada, ver si realmente sabíamos la mecánica de la magia, al menos como ellos lo tenían pensado. Hermione y yo, así como el resto de los vampiros y ghoules con magia, no requeríamos el uso de varita para poder canalizar nuestro potencial mágico. Pero hicimos lo que pudimos para que se creyesen que aún la utilizábamos. Seguro que se sorprendieron de que los resultados fuesen los mismos aunque no saliese ningún rayo de luz de la varita.
En cuanto terminamos, salimos de la sala y nos encontramos con Ginebra que nos esperaba con Ayden y Zanaa’h. Atravesamos las puertas del castillo y nos encontramos con la fiesta que estaba en pleno apogeo a la sombra de los árboles. Habían dejado a un lado los instrumentos y ahora era un equipo de música el que amenizaba la fiesta. Ginebra empezó a contonearse al ritmo frenético que sonaba cuando aún estábamos acercándonos. Ayden la cogió por la cintura y se unió a ella en el baile, la pelirroja se reía feliz. Nosotros nos dejamos caer en una de las mantas, Hermione no tenía ganas de bailar en ese momento, por lo que me limité a rodear su cintura con mis brazos y ver cómo el resto de mi familia se dedicaba a bailar sin control.
Las que más disfrutaban de todos nosotros eran Ginebra y Pansy. Las dos bailaron con la mayoría de los presentes, incluso entre sí. Consiguieron aumentar bastante la temperatura con sus movimientos seductores, Tony y Lucian se les unieron y dejaron a un lado la seriedad, sobre todo mi sire. Ziva estaba sentada cerca de nosotros y observaba con deleite cada uno de los contoneos de la pelirroja, en breve el aire se llenó con el aroma de las hormonas disparadas de la joven bruja. Hermione le dirigió entonces una mirada divertida, aunque se arrellanó más contra mi pecho, remarcando el poco interés que tenía ella por bailar. Ginebra vino entonces a pedirme que me uniese a ella en un baile.
- ¡No seas aburrido, Draco! – Protestó cuando me resistí a seguirla. – Ya llega con que Hermi esté en plan pachorras…
- Ve, Draco… - me dijo mi esposa. – No me importa.
- ¿Estás segura? – Mirándola a los ojos para cerciorarme.
- En serio, así disfrutaré un poco más de la vista. – Replicó con una sonrisa maliciosa.
- Yo cuido de tu esposa mientras tanto. – Se ofreció Blaise sentándose junto a Hermione.
- ¿Ves? Estoy en buenas manos… - recostándose contra mi ghoul, amigo y amante.
Me levanté entonces y seguí a Ginebra al centro del círculo que habíamos formado con las mantas. Estaba terminando la canción que sonaba en ese momento y, cuando comenzaron a sonar los acordes de la siguiente, me giré para ver quién era el responsable. Isa, por supuesto, había puesto la misma canción que habíamos bailado ella y yo en la discoteca de Mithras. Negué con la cabeza cuando vi cómo ella se acercaba también para bailar con Ginebra y conmigo. Ambas comenzaron a recorrer mi cuerpo con sus manos. Ginebra se retorcía entre Isabel y yo, encendiendo aún más el ambiente, contoneando las caderas a un ritmo lento, rozando su trasero contra mí y sus pechos contra Isabel. Giró entre los dos para poder cambiar de postura, enfrentándose a mí entonces, rodeando mi cuello con uno de sus brazos y así mecerse conmigo. Isabel se unió a nosotros en ese cadencioso movimiento, sonriéndose al ver cómo la pelirroja se entregaba por completo a la música.
- No sabía que Draco podía bailar de esa manera tan… sugerente. – Comentó Blaise al oído de Hermione.
- ¿Por qué será que no te creo? – Le replicó ella riéndose por lo bajo. - ¿A que es una delicia verlo? – Comentó cuando cambió la canción y ahora bailaba con Lavender, una pieza un poco más tranquila, pero igual de erótica en su ritmo.
- Reconozco que me están entrando ganas de bailar. – Abrazando la cintura de Hermione y acercándola más a él.
- ¿Eres feliz, ahora que has podido obtener lo que querías? – Le preguntó ella, acariciando sus brazos con ternura.
- En cierto modo. – Sintiendo la mirada de mi amigo en cada uno de mis músculos. – Me gustaría poder disfrutar un poco más de él, pero está contigo.
- ¿Y si yo te diese permiso para estar con él, de vez en cuando? – Reclinando la cabeza en su hombro.
- ¿De verdad harías eso? – Mirándola sorprendido.
- Sí. – Acariciando su mejilla y besando su mentón cariñosamente. – Sé lo que sientes por él, lo entiendo y lo comparto. Ahora no vas a hacerle daño y tienes el detalle de no presionarle, como hiciste antes.
- En cierto modo me arrepiento de mi manera de actuar, pero… - intentó explicarse.
- Tranquilo, Blaise… sé lo mal que se pasa al querer expresar algo y no poder hacerlo por temor a las consecuencias. – Palmeando su muslo. – Pero vas a tener que ser sincero con Daphne. – Le advirtió. – No consideraría justo que la mantuvieses en la ignorancia de tu situación con Draco.
- Lo sé, pero es difícil de explicar. – Suspiró mi amigo. – A ver, la quiero mucho, me llevo bien con ella, es una delicia estar a su lado y… bueno, somos bastante compatibles en distintos temas. – Sonriéndose con picardía.
- Eso también me intriga un poco, ¿sabías? – Comentó ella con ese tono de curiosidad tan propio de ella. - ¿Cómo te las arreglaste todos estos años para disimular y dedicarte a seducir cientos de chicas a pesar de lo que sentías por él?
- Es fácil. – Riéndose. – Digamos que me interesan los dos bandos, pero tengo especial predilección por tu marido. ¡No veas lo mal que lo pasaba cuando estábamos los dos con chicas en la misma habitación! – Suspirando y mordiéndose el labio. – Me entraban ganas de apartar a la chica con la que él estaba para que me besase a mí o que fuesen sus manos las que me acariciasen y no las de la chica con la que yo estaba. – Negando con la cabeza. – Salvando esos momentos, no tenía problema. Ya te digo que me llevo bien con Daphne y, creo que ella no tiene queja por el momento.
- No, no la he oído quejarse. – Soltando una risita divertida. – Pero eso no deja que tengas que ser sincero con ella. No vería justo que la mantuvieses en la ignorancia en algo que no sólo implica un encuentro físico, sino también algo más serio por tu parte.
- A veces creo que lo sospecha. – Confesó Blaise. - ¿Tú cuándo te diste cuenta?
- ¿De que tú bebías los vientos por Draco? Más o menos al principio de todo, tu manera de mirarlo es muy elocuente. ¿De que tú y él habíais compartido algo? Eso no me quedó del todo claro hasta antes de que me marchase con Tony.
- ¿De verdad no te molesta que esté enamorado de tu marido? ¿En serio no te importa dejar que, de vez en cuando, tenga algo con él? – Mirándola en busca de esa seguridad que le faltaba.
- Blaise, ahora mismo mi marido está bailando con Bárbara, una de las mujeres más seductoras y voluptuosas de toda la familia. Sé que él no siente nada por ella, es más, simplemente está disfrutando de la velada, como todos los demás. Hace tiempo que aprendí que, ser celosa en esta familia, era el mejor modo de ganarte una úlcera o una habitación en un psiquiátrico. – Le explicó. – Tú, su mejor amigo, estás abrazándome de un modo que muchos podrían malinterpretar. – Se sonrió. – Blaise, eres su amigo, estás enamorado de él, eres su ghoul, formas parte de él y de la familia. ¿Quién dice que yo algún día no te pida que ocupes su lugar durante una ausencia suya?
- No sé, creo que antes acudirías a Isa que a mí. – Depositando un suave beso en su cuello, justo bajo su oreja izquierda, uno de los puntos sensibles de Hermione. Ella dejó escapar un suave gemido ante ese detalle.
- No lo sabremos con seguridad hasta que ese momento se presente… - murmuró ella, acariciando sus brazos y haciendo que la abrazase con más fuerza. – Mientras tanto, no me importa que disfrutes un poco con él, siempre que él esté conforme, claro.
- ¿Crees en serio que sería capaz de decirme que no? – Volviendo a besarla en ese punto y sembrando más besos alrededor. – Puedo ser muy convincente cuando quiero.
- Sin juegos, Blaise. – Protestó ella en un gemido. - Se lo pedirás directamente, sin presionarle y dándole la opción a negarse. – Deslizando una mano por su muslo nuevamente y apretándose contra él. – No hace falta que me hagas más la pelota, por cierto. – Sonriéndose. – Sé perfectamente que eso que estoy sintiendo no lo he provocado yo, sino los contoneos de Draco.
- No te estoy haciendo la pelota. – Susurró él en su oído, mordisqueando el lóbulo ligeramente. Una de sus manos acarició el abdomen de mi mujer, presionándola un poco más contra él. – ¿Y qué importa quién lo haya provocado cuando eres tú la que lo está sintiendo?
- Si yo fuese tú, iría corriendo a hablar con Daphne… - murmuró Hermione.
- ¿Por? – Preguntó él concentrado en besar su cuello.
- Porque esta noche estoy muy cansada a causa de tanto estrés con los exámenes, quizás vaya directa a dormir… - Girando el rostro para encontrarse directamente con la mirada de Blaise. - ¿Necesitas que te lo diga más claro? – Dándole un profundo beso.
- Sí, tienes razón… - Suspiró Blaise tras ese beso. – Voy a hablar con Daphne ahora mismo. – Amagó levantarse pero se lo pensó dos veces y se quedó quieto. – Creo que esperaré un ratito. – Hermione se carcajeó porque sabía perfectamente la razón por la que mi amigo era incapaz de levantarse.
- ¿Necesitas que te ayude a calmarlo un poco? – Le propuso con una sonrisa maliciosa.
- ¿Qué propones? – Preguntó con curiosidad.
- Algo… frío. – Realizando un gesto sencillo con su mano, Blaise lanzó una exclamación al sentir cómo sus partes eran bañadas por gélida oscuridad.
- Realmente has nacido para ser su mujer. – Protestó él con los ojos cerrados y entre dientes a causa del susto que acababa de darle. – Aunque es una delicia ver cuán Slytherin puede llegar a ser una Gryffindor. – Depositando otro beso en el cuello de Hermione antes de levantarse, ahora que ya podía hacerlo sin llamar la atención a su entrepierna.
- Me siento utilizado. – Le dije a Hermione cuando me dejé caer a su lado.
- ¿Dejarás de ser tan cotilla alguna vez? – Protestó ella.
- Jamás, mientras sigas teniendo conversaciones tan interesantes a mis espaldas. – Repliqué divertido. – Así que, no te importa que Blaise me acose, ¿eh?
- Se sentía mal desde la última vez que te manipuló. Ahora es tu ghoul y no se atrevía a pedírtelo, también estaba el factor importante de lo que yo podía opinar, sólo hablamos. – Recostándose a mi lado. – Y es cierto que hoy estoy cansada y que no veo la hora de llegar a la cama para dormir toda la noche, pero tú no. Seguro que te encantaría poder seguir de fiesta un poco más.
- Pero eso no implica que no pueda irme contigo a dormir y observarte, como hago siempre.- Acariciando su rostro.
- Ya, pero reconoce que te gustaría mucho más poder pasar buena parte de ese tiempo en otro tipo de tarea más… gratificante. – Sonriéndose.- Luego tendrías remordimientos de conciencia por hacerlo a mis espaldas. De esta manera no tendrás que preocuparte por ponerme excusas, a lo mejor le quito parte de la emoción de lo prohibido, pero es una manera de quedar con la mente tranquila. – Me explicó.
- ¿Serías tan comprensiva si Blaise fuese una mujer? – Le pregunté con curiosidad.
- Probablemente no cambiase mi manera de verlo, Draco. – Respondió ella al cabo de un rato. – Sigue siendo tu ghoul y sigue estando enamorado de ti. Casi me parece egoísta por mi parte el no permitirle que disfrute de esos momentos en los que yo no estoy disponible para ti. Ahora la pregunta más lógica sería… ¿aceptarías tú que él ocupase tu lugar cuando tú no estuvieses disponible para mí?
- He comprendido algunas cosas de un tiempo a esta parte y… creo que sí. Precisamente por la misma razón que tú me has dado… - Besándola con fuerza. – Es mi ghoul. Por lo que forma parte de mí… Creo que, buena prueba de ello, es que no vine corriendo cuando empezó a meterte mano y besarte. – Obligándola a tenderse en la manta con la fuerza de mis besos. – Incluso, si tú quieres, podemos decirle que se una a nosotros alguna noche… - Recorriendo el mismo sendero por su cuello que había besado Blaise anteriormente. – A lo mejor lo encuentras… interesante.
- Puede… - Abrazando mi cuello. – Pero no esta noche, realmente estoy cansada y quiero dormir.
- Como desees, amor mío. – Dándole un suave beso en los labios.
A medida que empezaba a acercarse la noche, fuimos recogiendo todas las cosas de la fiesta improvisada que habíamos celebrado aquel día. Hermione había terminado por caer dormida a pesar de toda la algarabía que la rodeaba. La tomé en brazos y la llevé hasta el dormitorio, de camino, Blaise se me acercó para preguntarme si podía hablar conmigo un poco después de dejarla en la cama. Le guiñé un ojo para que comprendiese que la respuesta implicaba mucho más que sólo hablar y le dije que sí, que me reuniría con él en la sala de descanso de la torre para poder hablar.
Mientras la llevaba en brazos por el oscuro pasadizo que conducía hacia la cámara, me di cuenta de que también quería estar con ella aquella noche. En realidad no me gustaba nada el estar separado de ella. Sabía que no había mentido cuando dijo que no le importaba que pasase la noche con Blaise, haciendo lo que me diese la gana, pero también sabía que a ella le gustaba dormir teniendo mi cuerpo cerca del suyo. Se había acostumbrado a ello y ahora le costaba conciliar el sueño sin tenerme allí. Pensé que era un buen momento para intentar hacer lo mismo que Ennoia y mi sire. Cuando la posé en la cama, me desnudé como si fuese a meterme en la cama, no quería tener que concentrarme en duplicar también la ropa. Cerré los ojos y pensé en estar en dos sitios a la vez, en disponer de dos cuerpos idénticos que me permitiesen estar con mi esposa y con mi amigo al mismo tiempo. Cuando los abrí, me encontré conmigo mismo, igual que si estuviese frente a un espejo, aunque hacía ya muchos años que no recordaba cómo era mi reflejo. Una parte de mí se acostó en la cama, junto a Hermione, la otra se vistió y salió por la puerta.
Era extraño ser consciente del cuerpo de mi esposa abrazándome, al mismo tiempo que sentía las ropas rozando mi cuerpo y escuchaba el sonido de mis zapatos contra el suelo de piedra mientras caminaba por el pasadizo. Blaise se paseaba nervioso en el descansillo en que estaban las puertas de acceso a nuestro túnel y a la casa de Slytherin. Consideré que sería una buena manera de calmar sus ánimos si respondía directamente a la pregunta que rondaba su mente. Por eso tomé su cuello y acerqué su rostro al mío para besar sus labios, sin darle oportunidad alguna a mencionar una sola palabra. De inmediato su cuerpo se pegó al mío, sus manos recorrieron mi espalda, una de ellas descendió hasta mi trasero y lo apretó en un gesto posesivo, como si así se cerciorase de que era yo.
- Quizás deberíamos continuar con esta conversación en un lugar más apartado… - Deslizando una mano por su cintura para pegarlo más a mí. - ¿Tu cuarto o el mío? – Él seguía con los ojos cerrados, concentrándose en respirar. – El mío, entonces. – Decidí volviendo a besarlo. Nos rodeé de sombras y caímos en un vacío de oscuridad, cuando hicimos pie, las sombras se disiparon y mostraron que estábamos en mi cuarto de Slytherin, abandonado hacía tiempo. – Con lo parlanchín que eres y ahora no dices nada… - Me metí con él mientras comenzaba a desnudarlo. – Y yo que pensaba que querías hablar conmigo… - Sin dejar de besarle y acariciar su cuerpo, impidiéndole pensar, haciéndole olvidarse hasta de su nombre. Él no se quedó quieto y también comenzó a quitarme la ropa, tampoco es que hiciese falta mucho, apenas me había puesto algo por encima antes de salir de la cámara. – Dime, Blaise… - Lo insté mientras besaba su cuello y descendía por su pecho hasta el borde de sus pantalones. - ¿Qué querías decirme? – Desabrochándoselos y bajándoselos de un tirón.
- Yo… - Pero no fue capaz de decir nada más cuando comencé a besar y lamer su pelvis. Hundió sus dedos en mi cabello y luego apartó mi rostro de su cuerpo. – No… - Tirando de mí hacia arriba, me erguí hasta estar de nuevo a la altura de sus ojos.
- ¿Qué deseas entonces? – Le pregunté con mis labios pegados a los suyos. Me besó una vez más, hambriento. Metió su mano en mis pantalones y comenzó a masajearme, gimiendo al percibir que estaba completamente dispuesto para él. – Blaise… - jadeé. Abandonó mis labios y se giró, dándome la espalda y pegándose contra la pared, jadeando igual que yo. – No tiene que ser así… - Besando sus hombros y acariciando sus costados, apretándome contra él para que me sintiese perfectamente. – Sabes que hay más posturas, ¿verdad? – Me sonreí, arañando el lóbulo de su oreja, pero él me buscaba con su cuerpo. Lo que no era capaz de expresar con palabras me lo decía con sus gestos, deslizando su mano nuevamente hacia mi pelvis, presionándome con sus nalgas. – Como quieras. – Acepté. Me hundí lentamente en él, arrancándole un primer gemido de placer que también expresaba alivio.
De esa manera pasé buena parte de la noche haciendo gozar a mi amigo y ghoul con una parte de mi cuerpo, mientras la otra velaba el sueño de mi esposa. Reconocí que, el estar dividido era algo fabuloso. Ya que era la primera vez que lo hacía, me vino bien que uno de mis dobles no tuviese que hacer otra cosa que estar recostado en la cama, junto a Hermione. En ocasiones me sorprendía reaccionando a los estímulos que el otro estaba recibiendo pues, aunque el cuerpo se había duplicado, la mente seguía siendo la misma. Tenía que esforzarme en relajarme para no molestar a Hermione en su sueño, mientras lidiaba con la vorágine de sensaciones que se agolpaban en mi mente. Las caricias de Blaise, sus besos, sus gemidos y jadeos, era perfectamente consciente de todo ello aún mientras estaba a solas con Hermione en nuestro lecho.
Por la mañana, decidí hacer otro experimento con esta peculiar manera de sentir las cosas. En los brazos de mis dos versiones descansaban tranquilamente los cuerpos de las dos personas más importantes para mí en aquellos momentos, a falta de poder conocer a mis hijos, claro está. Recorrí sus cuerpos con lentitud, primero con mis manos y luego con mi lengua. En todo momento me concentraba sobre todo en las sensaciones, en diferenciar la piel de Hermione de la de Blaise en mi mente. La de ella era blanca como la porcelana, con el tacto de la seda y un sabor suave y dulce. La de él era oscura como el ébano, su tacto era completamente diferente, como si estuviese acariciando terciopelo y su sabor era mucho más complejo, pero igual de agradable. Los dos comenzaron a emitir distintos gemidos y ruiditos de placer ante mis avances, me deleité en observarlos, en ver cómo se movían de manera inconsciente ante mis caricias. Ella me buscó con sus brazos para rodear mi cuello y hundir sus dedos en mi cabello, arrastrándome hacia sus labios para besarme, signo de que empezaba a despertarse. Él aún siguió dormido un poco más, hasta que me acerqué con mi lengua al punto que tanto le había enardecido y que tan poco me había permitido explorar, su pelvis. Entonces fue cuando abrió los ojos desmesuradamente y se alzó sobre sus codos para mirarme sorprendido, justo cuando recorrí todo el contorno con mi lengua.
Hermione sabía perfectamente qué implicaba aquel despertar, por eso ella no dijo nada y se entregó silenciosamente a mí. Sabía que aún no estaba del todo despierta como para complicarse con conversaciones, se deleitaba con cada una de mis caricias, mis besos y mis avances por su cuerpo. El indicativo de que se acercaba cada vez más a la consciencia era el aumento de participación por su parte, así como los jadeos que escapaban de su garganta cada vez que estimulaba algún punto en concreto de su anatomía. No tardó mucho en exigirme con sus movimientos que la llenase con mi cuerpo, enlazando sus piernas en torno a mi cintura, apretándose a mí con fuerza, dominando mi boca con la suya.
Blaise, sin embargo, se despertó de un modo completamente diferente. No se dejó llevar en absoluto y retrocedió hacia el cabecero de la cama, impidiéndome que siguiese con aquella tarea tan agradable. Lo examiné con curiosidad y me acerqué a él, hasta que mi rostro quedó a la altura del suyo. Busqué en su mirada algún rastro de arrepentimiento o miedo, pero no lo encontré, sólo confusión. Podría haberme metido en su mente y sacar todas las respuestas a mis dudas, pero no sería apropiado. Le regalé una sonrisa mientras acariciaba con mi mano su pecho, acercándome cada vez más a sus labios para besarlos. Con ligera timidez respondió a mi beso, lentamente se fue relajando ante mis atenciones, al menos en lo que respecta a su actitud, pues por lo demás me había encargado de que no presentase un aspecto relajado en absoluto. Sin dejar de besarlo, mi mano fue descendiendo cada vez más por su abdomen, igual que mis labios recorrían su barbilla, ligeramente áspera por la barba incipiente de la mañana. Terminó por atreverse a rodear con un brazo mi cuello, acariciando mi nuca mientras se concentraba en volver a besarme, olvidándose así de lo que mi mano comenzaba a hacerle. Abrió los ojos con asombro al sentirme rodeándole con mis dedos.
- Para, Draco, por favor. – Rogó, aunque en sus ojos podía ver las pupilas dilatadas por el placer que le estaba provocando.
- ¿Por qué? – Pregunté con una sonrisa traviesa. Abandoné su rostro y tomé uno de sus pezones entre mis labios, succionando y acariciando la piel más oscura a su alrededor.
- Sabes por qué perfectamente… - Protestó en un jadeo, arqueando su cuerpo sin darse cuenta.
- ¿Y si te dijese que no tengo ni la menor idea de por qué te muestras tan reacio a ello? – Le dije sin dejar de lamer su abdomen, recorriendo sus costados también con mis besos. – Anoche tú lo hiciste… ¿por qué no puedo despertarte así? – Internamente estaba deseando dejar de discutir, pues deseaba adentrarme en él de una vez y compartir el mismo placer que estaba sintiendo con Hermione en aquellos momentos.
- No quiero que tú me hagas eso… por favor. – Volvió a rogarme. Avanzó hacia mí, buscándome de otra manera, no deseaba mis labios, sino que deseaba lo mismo que yo en aquel momento. El abandono que le iba a producir en cuanto me internase en él.
- Algún día terminaré por convencerte de que me permitas hacerlo… - Asiendo sus caderas para impedir que se pudiese escapar entre las sábanas y tomándolo con fuerza, aprovechándome de lo mucho que había inflamado su deseo y de la resistencia que mi sangre le proporcionaba.
Entonces sí que pude comprobar la deliciosa sensación de estar haciéndole el amor a mi esposa y estar al mismo tiempo con Blaise. Era algo que no me esperaba en absoluto, descubrí el inmenso placer de que todos mis sentidos se viesen saturados por completo, amplificando cada uno el ansia que sentía por el otro. Lo mejor de todo es que no estaba traicionando a ninguno de los dos, pues estaba completamente entregado a ellos con cada una de mis identidades, pero al mismo tiempo podía añadir a mis esfuerzos por complacerles, aquello que cada uno de ellos me estaba proporcionando. La suavidad de Hermione contrastaba con la dureza de Blaise, pero no se anulaban, sino que se complementaban entre sí, proporcionándome un placer ilimitado. Todo ello provocó que alcanzase el clímax mucho antes de lo acostumbrado para mi resistencia, escuchar sus jadeos y gritos al compás de los míos fue lo que hizo que ya no pudiese soportar aquel huracán de emociones que se agolpaban en mi mente. El experimento tuvo un final abrupto en ambas mitades de mi cuerpo, dejándome totalmente agotado. Caí al lado de Hermione en el lecho que compartíamos en la cámara y al lado de Blaise en mi antiguo cuarto de Slytherin, estremeciéndome todavía por las oleadas de placer que iban y venían de uno a otro de mis cuerpos, en un interminable final.
- ¿Draco? – Preguntó Hermione al ver que no cesaba de temblar. - ¿Cómo es que estás aquí y no con Blaise? – Pero no era capaz de responderle coherentemente.
- También… - jadeé - …estoy… - tragando con fuerza para intentar aclarar mi voz - …con él.
- ¿Has usado el Protean para estar con los dos al mismo tiempo? – Inquirió abrazándome con una sonrisa. Sólo fui capaz de asentir. – Veo que no te esperabas esto… - Comentó divertida, acariciando mi cabello. Negué ligeramente con la cabeza. - ¿Crees que podrías hacerlo otra vez cuando estemos tú y yo? – La miré con extrañeza, vi cómo se mordía el labio de un modo delicioso, invitándome a besarla. Logré superar los temblores, lo suficiente para tomarla y besarla con fuerza. – Entenderé eso como un sí… - jadeó cuando al fin le permití tomar aire. - ¿Blaise lo sabe?
- No… él no es tan perspicaz como tú. – Abrazándome a ella.
- Bueno, pues será mejor que tu otro yo venga para unirse a ti… tenemos otro examen dentro de hora y media. – Acariciándome otra vez el cabello. – Y seguro que estarás mejor para afrontarlo si te encuentras completo, aún no creo que controles por completo toda la complejidad que conlleva el dividirte, cariño. – Soltando una risita divertida.
- ¿No estás enfadada porque lo haya hecho con los dos al mismo tiempo? – Pregunté, comenzando a recuperarme. – No quería dejarte sola por la noche y tú ya le habías casi prometido a Blaise que iría…
- No me importa, Draco. – Me aseguró ella. – Es más, me parece bien que se te haya ocurrido esa solución. Sólo remarco que aún no es algo que tengas del todo dominado… es más, estaré encantada de ayudarte a practicar todo lo que quieras en el futuro.
- No sabes qué hacer por tener un trío, ¿verdad? – Me sonreí.
- Bueno… si puedo tenerte por partida doble, ten por seguro que voy a insistir en disfrutar de esa experiencia. – Acariciando mi rostro. – Reconoce que te gusta más esa perspectiva que la de invitar a Blaise…
- Touché. – Abrazándola con fuerza. – Ve arreglándote… yo aún voy a tardar un rato en poder moverme. – Protesté.
- ¿Y eso? – Preocupada.
- Blaise no está por la labor de dejarme ir con tanta facilidad… - Cerrando los ojos con fuerza al recibir en mi mente todo lo que mi otro cuerpo estaba sintiendo en ese momento. – Y no tengo suficiente voluntad como para ordenarle que pare… lo siento… - Disculpándome por algo que estaba por completo fuera de mi control.
- ¿Te ayudo? – Propuso.
- Por favor… - Gemí.
No tenía ni idea de qué se proponía hacer Hermione. Sólo sabía que Blaise, en lugar de preocuparse por mi tembloroso estado, se había dedicado a agradecerme ese despertar de un modo que estaba acabando con mi autocontrol. Mis manos asieron las mantas en busca de algo que no importase que rompiese, desearía poder acceder a uno de los postes y así reducirlo a trizas con mi fuerza, por lo que estaba consiguiendo, alimentando nuevamente todo lo que había sentido anteriormente. Mis ojos se abrieron desmesuradamente cuando Hermione decidió hacer exactamente lo mismo que estaba haciendo Blaise en mi cuarto. ¿Cómo era posible que pensase que aquello me iba a ayudar? ¿Acaso no había visto cómo me había quedado antes? Pero, en mi mente embotada por el placer comenzó a hacerse la luz, lo que ella estaba haciendo intensificaba de tal manera lo que estaba sintiendo, que muy pronto volvería a perder el control y dejarme llevar mucho más rápidamente que si sólo uno de los dos estuviese haciéndolo.
En cuanto mi cuerpo dejó de convulsionar me ayudó a levantarme y llegar hasta el estanque, donde me dejé caer hasta el fondo, intentando concentrarme en el agua que me rodeaba, olvidándome de intentar controlar esa parte de mí y concentrarme en la que se encontraba con Blaise. Tenía que impedir que siguiese demostrándome todo lo agradecido que estaba por aquella noche a mi lado. No fui consciente siquiera de que Hermione salía de la cámara. Pero resultó evidente cuando ella entró en el cuarto en que estábamos Blaise y yo. ¿Qué dirían mis antiguos compañeros de casa al ver a Hermione pasearse por los pasillos de Slytherin con uno de mis batines como única prenda de ropa?
- Blaise, tienes que dejarle marchar. – Le dijo a mi amigo.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó sorprendido y avergonzado, intentando taparse con una sábana. – Lo siento, no me di cuenta de la hora que era, debería haberte devuelto a tu marido mucho antes… - Disculpándose con ella con la cabeza gacha.
- No te mortifiques, Blaise. – Lo tranquilizó ella dándole unas palmaditas en el hombro. – Pero sería buena idea que te adecentes un poco y me ayudes a llevarlo de vuelta a la cámara.
- ¿Qué te ayude a llevarlo? – Se alarmó mi ghoul. - ¿Qué le ocurre?
- Nada que no se cure con un buen baño frío en el estanque. – Sonriendo ella con malicia.
- Cruel. – Protesté yo. – A este paso me lanzas al Abismo de cabeza.
- No, cariño… pero la próxima vez, explícale los pormenores a tu ghoul para que pueda servirte como le corresponde. – Reprendiéndome. – Draco se dividió anoche para estar con ambos, lo que ocurre es que es la primera vez que lo hace y no estaba preparado para el bombardeo que le ha supuesto a su mente. – Le explicó a Blaise. – No le ocurre nada malo, pero sería buena idea que lo dejásemos descansar en la cámara, hasta que recupere la capacidad de coordinarse como es debido y vuelva a ser uno solo.
- ¿Cómo sabes lo que le ocurre exactamente? – Preguntó Blaise mientras se ponía los pantalones a toda prisa. Hermione también buscó entre las ropas mis pantalones para empezar a ponérmelos.
- No lo sé con certeza, sólo me lo supongo. He pasado mucho tiempo con Ennoia y Lucian, también con Tony, por lo que sé cómo funcionan buena parte de los poderes vampíricos. En y Luc llevan siglos dividiéndose cuando la situación lo requiere, Draco acaba de hacerlo por primera vez. Lo que me ha quedado muy claro es que, cuando hacen eso, sólo dividen el cuerpo, no la mente. – Explicó Hermione mientras ella y Blaise me ayudaban a vestirme. - ¿Cómo crees que ha debido de quedar cuando ha estado haciéndonos el amor a los dos al mismo tiempo? Ya es un bombardeo para la mente de un humano, más cuando es un vampiro… imagínatelo por partida doble.
- Creo que me hago una idea… para mí también fue una pasada la primera vez que lo hice siendo ghoul. – Se sonrió Blaise. – Quieras que no, eres más consciente de todos tus sentidos y percibes cosas que antes no eras capaz siquiera de vislumbrar…
- ¿Por qué te crees que lo tuve secuestrado tras tomar la poción del Amr? – Le soltó ella con una risa maliciosa.
- Sois un par de pervertidos crueles que os aprovecháis de mí… vilmente… - Protesté cuando tuve que apoyarme en los hombros de Blaise para caminar.
- Ya se está quejando, eso es un buen síntoma. – Anunció Hermione cuando abrió la puerta. Allí nos encontramos con dos de los guardias de Lucian.
- Hola, chicos…- Logré saludar.
- Buenos días, señor. ¿Requerís nuestra ayuda? – Se ofrecieron al ver mi lamentable estado.
- No hace falta, gracias. Yo me ocupo. – Sonrió Blaise sosteniéndome por la cintura. – Se supone que me ha convertido en su ghoul para esto, ¿no? – Riéndose.
- Aún estoy a tiempo de matarte… - mascullé.
- No lo harás, cariño. – Me advirtió Hermione. – Gracias, quizás no estaría mal que nos escoltaseis hasta la torre, por si acaso.
- Muy bien, Dama Hermione. – Cuadrándose ante ella.
- ¡Cómo va a reírse Lucian cuando se entere! – Me lamenté mientras Blaise me llevaba por los corredores, siguiendo a Hermione que iba delante y con los dos guardias a nuestras espaldas.
- No te lamentes, Draco… seguro que la primera vez a él tampoco le fue tan bien. – Intentó consolarme mi esposa.
- Te recuerdo que hablamos de Don Perfecto… - mascullé. – El que no me dejó venir a estudiar al castillo hasta que no fui capaz de controlar por completo mi sed de sangre, el que reunió a la familia para que me entrenasen durante veinte años, el mismo que es capaz de controlar el Abismo sin siquiera despeinarse…
- Sí, sí… vale… pero te recuerdo que también es el que empezó siendo un mindundi de novena, que tuvo mucho más tiempo que tú para adaptarse a todos sus poderes, que no los obtuvo nada más ser creado y que contó con otro tipo de ayuda… - Replicó Hermione.
- ¿Cómo sabes todo eso de Luc, Hermione? – Preguntó Blaise.
- Fácil… - Encogiéndose de hombros. – Escuchándole hablar… - Girándose para dirigirle una mirada de asombro. - ¿No te has dado cuenta de que les encanta hablar de los viejos tiempos? Se dejan llevar y muchas veces dicen más de lo debido, sólo has de saber escuchar y atender a ciertos detalles de la narración para sacar algunos datos en claro.
- Lo dicho… has nacido para ser su esposa. – Protestó mi ghoul mientras entrábamos en la torre. – Yo he pasado tiempo y tiempo con Isa… pero no he sido capaz de aprender tantas cosas de ellos como tú. – Enfilando por el pasadizo hacia la cámara.
- No te mortifiques, Blaise. Lo que pasa es que yo estoy mucho más acostumbrada que tú a tener que deducir las cosas por mí misma a través de textos crípticos de los libros de la biblioteca… - Restándole importancia. – Por eso logro aprender tantas cosas de lo que no dicen y de lo que dicen.
- ¿Ves por lo que estoy enamorado de ella? – Le dije a Blaise.
Una vez en la cámara, Blaise y Hermione volvieron a desnudarme y me dejaron caer en el estanque. Hermione tenía razón, en cuanto pude relajarme lo suficiente, volví a tener el control de mis cuerpos. Me concentré para unirme en un solo ser ya que estaban juntos. Cuando emergí, Blaise ya no estaba en la cámara y Hermione estaba terminando de vestirse para asistir al examen.
- ¿Te encuentras mejor, cariño? – Me preguntó mientras hacía el nudo de la corbata.
- Sí… gracias por rescatarme del lujurioso de mi ghoul, amada mía. – Acercándome para depositar un beso en su mejilla.
- Para eso estamos las esposas, ¿no? Para sacar a los maridos de las camas de los amantes. – Riéndose.
- Te recuerdo que fuiste tú la que me arrojó en su cama… - Me disculpé mientras comenzaba a vestirme como correspondía.
- Lo sé. – Ayudándome a peinarme con sus dedos. - ¿Qué tal la experiencia de dividirte?
- Mientras sólo tenía que concentrarme en controlar una parte de mí, bien… en cuanto tuve a las dos con tantas… sensaciones… bombardeándome el cerebro… - negué con la cabeza. – Realmente voy a tener que practicar mucho antes de plantearme hacer lo mismo que Lucian y Lara.
- Me lo imaginaba. – Haciéndome el nudo de la corbata con una sonrisa. - ¿Y qué tal con Blaise?
- ¿En serio quieres saberlo, Hermione? – Le pregunté tomando sus manos.
- Si no quisiese una respuesta, no preguntaría. – Mirándome con sus hermosos ojos dorados antes de besarme. - ¿Sientes lo mismo que cuando estás conmigo? – Rodeándome con sus brazos y sentándose a horcajadas en mi regazo.
- Por supuesto que no… hay una gran diferencia, cariño. A ti te amo, a él no. – Abrazando su cintura y besándola. – Supongo que fue bien… él obtuvo lo que deseaba, yo simplemente obtuve placer físico, nada más.
- ¿Qué ronda tu cabeza? – Preguntó poco después. – Te conozco muy bien y sé que hay algo que te preocupa.
- No es que me vaya a quitar el sueño, pero… es algo que me tiene un poco extrañado, nada más. – Levantándome y posándola en el suelo. Aún tenía que calzarme y coger mi varita. – Recuerdas que te dije que yo era activo, ¿no?
- Sí. También recuerdo lo que aquello implicaba. – Respondió. - ¿Acaso ha intentado que cambies de opinión?
- Todo lo contrario. – Mirándola extrañado. – No me deja apenas que le toque, se concentra únicamente en un aspecto de la relación… no digo que me moleste, pero…
- Será que no sabe realmente cómo reaccionar ante eso, Draco. – Tomando mi mano para salir juntos de la cámara. – Piensa que tampoco es que él tenga tanta experiencia como tú en ese tipo de cosas.
- ¿Y tú qué sabes de mi experiencia? – Le pregunté curioso.
- ¿Tengo que recordarte que he pasado más de un año con Tony? Tu compañero de orgías. – Me sonrió ella.
- Vale… a veces me desconcierta que sepas más de mí que yo mismo. – Abrazando su cintura. – Pero me gusta.
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Por suerte tuvimos que entrar temprano al teórico de Transformaciones y no tuvieron mucho tiempo para meterse conmigo. De nuevo ocurrió lo mismo que el día anterior. La mayoría de los vampiros y ghoules nos pusimos a escribir como locos y muchos salimos antes de que siquiera hubiese transcurrido la primera hora. La ansiedad de Hermione casi había desaparecido. Sólo estaba un poco nerviosa porque no sabía si había dejado todo lo suficientemente claro. También en esta ocasión nos esperaban fuera todos los integrantes de la familia que no tenían nada que ver con la magia. Parecía que se había acordado tácitamente que les daríamos esa semana de descanso a los alumnos durante las comidas. También nos enteramos entonces que se habían aligerado un poco las medidas de seguridad durante la noche, porque no se fiaban que cumpliesen los toques de queda al estar tan concentrados en los estudios. Pero era normal, tampoco teníamos especial interés en matarlos a todos, por mucho que no nos creyesen.
- ¿Qué tal, cachorro? – Preguntó Lucian sentándose a mi lado. – Tengo entendido que tuviste un percance esta mañana y tu ghoul tuvo que rescatarte.
- No fue nada… una tontería. – Intentando sacarle hierro al asunto.
- ¿Qué hiciste? – Inquirió ya más serio. Estaba claro que no iba a librarme de tener que contárselo.
- Probé a dividirme… - Jugueteando con una brizna de hierba. – No pude soportar tanto y… me quedé como un pelele. – Suspiré avergonzado.
- Es normal, la primera vez no es fácil sobrellevar tanta información al mismo tiempo y de golpe. – Dándome palmaditas en la espalda. – Aunque te recomiendo que vayas haciendo pruebas cuando sepas que una parte de ti va a estar en reposo. De ese modo vas acostumbrándote a sentir dos cosas al mismo tiempo, pero sin tener que esforzarte en que tu mente coordine dos cuerpos al mismo tiempo. – Me explicó. – Aunque somos capaces de utilizar mucho mejor nuestra mente que cuando éramos humanos, porque la vitae nos permite acceder a partes de nuestro cerebro que antes nos estaban vedadas, sigues necesitando entrenarla para este tipo de situaciones.
- Gracias… - Mirándolo a los ojos. – Creí que te meterías conmigo por ser tan… patoso.
- Draco, estamos hablando de un nivel avanzado de Protean, ni siquiera es una disciplina propia de nuestro clan… es normal que se te atragante un poco al principio. – Sonriéndome. – No te avergüences por preguntar o porque los primeros intentos salgan un poco mal. ¿Qué hiciste para quedar como un pelele? – Me preguntó, aunque no era por curiosidad morbosa, sólo por querer ayudarme.
- Tener relaciones con mi esposa y mi ghoul… al mismo tiempo. – Reconocí.
- ¿No podías haber empezado por algo más suave, hijo? – Me miró con una sonrisa cómplice. – Tú tranquilo… ya te digo que es cosa de práctica… pero tómatelo con más calma la próxima vez, ¿vale?
- Sí, mi señor. – Me sonreí.
Aquel día, el picnic no fue una gran fiesta como la anterior, porque muchos tuvimos que volver para realizar más exámenes teóricos. Aquel día también teníamos el de pociones, Zach y Hermione tuvieron que ir al de Runas Antiguas, mientras el resto tomábamos un refrigerio con la familia. Los exámenes prácticos de Transformaciones y Pociones también tuvieron lugar aquella tarde. Fue muy divertido al ver cómo Lameth realizaba diez pociones distintas, mientras los demás sólo teníamos que preparar dos. Pero ya ha quedado claro que el atlante no está conforme nunca con los métodos y sistemas de los magos modernos.
Por la noche regresamos temprano a la torre. Hermione volvía a estar agotada a causa de los exámenes y estaba deseosa de echarse a dormir en la cama. Muchos de los ghoules de los otros vampiros estaban reunidos en la pequeña sala de descanso de la torre y a mí me apetecía quedarme con ellos, para charlar tranquilamente. Pero en cuanto vi que Hermione cabeceaba me dispuse a llevarla al dormitorio. Sin embargo, Blaise me impidió que me levantase y fue él quien tomó a Hermione en brazos para llevarla hasta la cámara. Daphne estaba allí y no protestó al ver a su novio/prometido/amante/marido ofreciéndose para llevar a otra mujer a la cama de esa manera. Era de esperar que Blaise ya le hubiese explicado el nuevo cariz que había tomado nuestra relación.
- ¿Estás segura de que no te importa, Daphne? – Le pregunté cuando se acurrucó a mi lado, ocupando el sitio que Hermione había dejado libre.
- No, para nada. – Encogiéndose de hombros. – Ayer mantuvimos una larga conversación acerca de sus obligaciones contigo y con Hermione, de ciertos aspectos a mayores y… bueno, aunque no entiendo todo lo que implican algunas cosas… sería una tontería que protestase, él seguirá entregado a ti por completo y no importará lo que yo le diga.
- Tampoco es para tanto, Daph. – Suspiré, no quería ser la razón de que su vida fuese desgraciada, mucho menos ahora que empezaba a tomar un rumbo en el que ella podía ser feliz. – Será sólo al principio, ya verás, se siente tan contento que cree que tiene que hacer méritos… tampoco lo voy a tener trabajando de sol a sol.
- Esa es la parte que entiendo, Draco… la que no entiendo es… la otra. – No se atrevía a ser más explícita porque estaban otras personas presentes. Aunque, teniendo en cuenta quiénes eran, Dom, Laurent, Harry, Ginebra, Bárbara, Luca, George y Zach… todos los otros ghoules, muchos de ellos perfectamente conscientes de lo que pasaba entre Blaise y yo. – Esa parte es la que me deja un poco… descolocada. – Frunciendo el ceño al no ser capaz de expresarse con claridad.
- Si lo que no entiendes es la parte en la que Blaise está enamorado de mí y ha solicitado disponer de mis atenciones de vez en cuando… - dije con toda naturalidad. – Reconozco que yo tampoco lo tengo muy claro. No sé qué ha sido lo que ha despertado ese sentimiento en Blaise pero, Hermione dice que ocurría antes incluso de que lo convirtiese en ghoul, he intentado sonsacarle sin presionarle… pero ya le conoces. – Sonriéndome. – No suelta prenda en lo referente a lo que pasa por su cabeza.
- Tú tranquila, Daph. – Bárbara se sentó al otro lado de la chica. – Blaise te aprecia mucho, puede que no esté loco por ti, pero sabe que es muy afortunado por poder tenerte a su lado. – Abrazando su cintura y besando su mejilla. - ¿Crees que podremos organizar vuestra boda también? – Pidió con una sonrisa traviesa mientras apoyaba su barbilla en el hombro de la chica.
- Primero tendrá que pedírmelo como corresponde… ¿no crees? – La miró con el ceño aún fruncido. – Me fastidia que el castillo ya se haya decidido a ponerme el apellido de Blaise, así como así.
- Da gracias a que no os lo ha cambiado directamente a Malfoy. – Se carcajeó Ginebra. – Y por lo de Blaise, dale un par de semanas más para que se acostumbre a esto. Draco no está dándole órdenes, si te das cuenta todo sale de él… yo creo que es su manera de demostrarle que no va a arrepentirse de haberle convertido en ghoul.
- Ya, ya… - Masculló Daphne.
- Y en lo que respecta a lo otro… no volveré a estar con él, si tú no quieres. – Le dije.
- ¿Para que se suba por las paredes y me odie eternamente por mantenerle alejado de ti? – Mirándome a los ojos. – No, gracias por la oferta, pero no me queda más remedio que rechazarla.
- Tampoco es para tanto, Daph. – Comentó Luca. – Aunque estos días está como un tonto intentando hacer méritos con su domitor, Blaise te quiere más de lo que aparenta o incluso más de lo que él mismo es capaz de reconocerse a sí mismo. Lo que siente por Draco es algo diferente, no tiene nada que ver con que sea su domitor, o que sea un vampiro, pero todos hemos visto cómo te trata y cómo te mira. – Intentando tranquilizarla.
- Daph, se supone que yo soy la más liberal y loca de todos nosotros… - Dijo Ginebra arrodillándose delante de Daph. A esas palabras siguieron algunas carcajadas, carraspeos y risas ahogadas. – Me refería a que lo soy de todos los nuevos ghoules y magos presentes, ¿vale? – Lanzándoles una mirada de advertencia a todos los demás. – Bien, lo que te quería decir es que… Aunque eres una Slytherin, te hemos ido cogiendo cariño, si alguien intentase hacerte daño de manera intencionada o no, le cortaríamos las piernas. Blaise te quiere, cielo, vale que está enamorado de este tempanito de hielo de ojos grises, pero sigue queriéndote. Si no fuese así, yo misma le habría dado una paliza.
- Y yo le habría echado una mano. – Añadió Harry. – Tú no te preocupes, Daph, se le pasará en unos días.
- Ya… pero lo que me preocupa no es lo que ocurrirá dentro de uno o dos días, sino lo que pasará dentro de uno o dos años. – Murmuró con tono amargo aferrada a mi pecho. - ¿Y si luego se da cuenta de que no es feliz a mi lado y que sólo quiere estar con Draco? ¿Y si yo no soy capaz de soportar que pase media vida pendiente de ti?
- No va a ser así, Daphne. – Abrazándola y besando su frente. – Como ellos te han dicho muy claramente, esta faceta tan sumisa se le va a pasar pronto, lo de que quiera estar conmigo, no va a ocurrir todos los días… te recuerdo que yo estoy con Hermione y ella tampoco va a querer compartirme siempre con Blaise. Él te quiere, será un buen marido, se preocupará por ti, te cuidará y será un padre ejemplar para los hijos que tengáis… aunque todavía no haya sacado la valentía de pedirte que te cases con él. – Me sonreí.
- ¿Y si todo eso no es suficiente para mí, Draco? – Preguntó en un hilillo de voz. – Me dijo que lleva años enamorado de ti… ¡Años! – Protestó contra mi pecho.
- Daphne, cariño. – Ginebra tomó una mano de la chica entre las suyas. – Mira, yo me pasé años pensando que estaba enamorada de Harry, hasta que no estuve con él no me di cuenta en realidad de que no era más que una ensoñación infantil y que no éramos compatibles en absoluto. Ahora él está encantado de la vida con Felicia y yo soy feliz haciendo lo que me da la gana. – Acariciando su mano. – No digo que tú vayas a hacer lo mismo, o que a Blaise se le vaya a pasar lo que sea que le ocurre con Draco, pero sí te puedo asegurar que, con el paso del tiempo, verá las cosas de otra manera y será perfectamente capaz de organizar sus prioridades como corresponden. Antes que perseguir una quimera, estará a tu lado y se esforzará por hacerte feliz.
-¿Me estás diciendo que se conformará conmigo porque no puede tener a Draco? – Concluyó Daphne.
- No, quiero decir que se dará cuenta de que tú eres la realidad y que Draco no es más que una ilusión imposible. – Le corrigió Ginebra.
- Si quieres puedo hablar con él acerca de esto… - me ofrecí. – Intentar que sea más explícito en lo que realmente quiere…
- No, no quiero que le presiones… - Negando enérgicamente con la cabeza. – A lo mejor es peor todavía. Ya le viste la cara que tenía hoy por haber pasado la noche contigo… - masculló. – Nunca lo había visto así, ni siquiera cuando estaba con Isabel.
- No se lo digas a Isa… o me torturará para averiguar qué he hecho con su bombón… - bromeé.
- Yo creo que te lo estás tomando demasiado a la tremenda. – Opinó Bárbara. – Tu novio tiene una ligera tendencia a estar con un hombre en particular, que coincide que es su domitor… peor sería quizás si se dedicase a estar con todos y todas a tus espaldas, ¿no crees? – Abrazándola con ternura. – Además, ya has comprobado que en esta familia todos nos llevamos muy bien y no tenemos inconveniente en satisfacer las necesidades que pueda tener uno de nosotros. – Acariciando su pierna con sensualidad. – Piensa en lo bien que te lo puedes pasar disfrutando con cualquiera de nosotros cuando él consiga que Draco le conceda un encuentro… - Besando su hombro. - ¿O no te lo pasaste bien aquella noche?
- No todo se reduce al sexo, Bárbara. – Le dijo Daphne acariciando la mejilla de la hermosa rubia. – Mi preocupación no es por pasar una noche o dos a solas, es por si realmente tendré un marido que esté allí cuando lo necesite en el futuro. – Suspiró. – Me pongo a pensar en lo que puede ocurrir dentro de unos años, cuando tengamos nuestra casa, él tenga un trabajo en el mundo mágico, haciendo lo que sea que Draco quiera que haga… y entonces pienso en cómo me sentiré si, por ejemplo, estoy embarazada y me vienen contracciones mientras él está por la noche… disfrutando en los brazos de otro hombre.
- Eso puedes borrarlo ya de tu imaginación, porque no se va a dar el caso ni en sueños. – Me sonreí. – Lo primero que has de tener claro es que, sí, Blaise trabajará principalmente para velar por mis intereses, pero esos intereses también serán en vuestro propio beneficio. Lo segundo, si tú quedases embarazada, lo más probable es que insistiésemos en que vinieses a pasar toda esa experiencia con nosotros, en la Fortaleza y… tercero, pero no por ello menos importante, en el momento de que te lleguen las contracciones o que vayas a dar a luz, vas a estar rodeada de mujeres encantadas de estar ayudándote, Blaise no estará entre mis brazos, sino que estará dando paseos de un lado a otro, fumando como una chimenea y bebiendo whisky para intentar superar los nervios.
- ¿Me tomas el pelo? – Mirándome sorprendida.
- ¿Pero es que aún no te has dado cuenta de lo mucho que nos gustan los niños? – Exclamó Dominique. – Estamos deseando poder conocer a los vástagos de Hermione y Draco en el futuro, hemos querido torturar a Tony por no dejarnos conocerlos antes de tiempo, hemos obligado a las odaliscas que nos hagan dibujos lo más precisos posibles para poder hacernos una idea de cómo son… estamos extasiados porque Felicia va a ser madre… ¿Tú es que no te enteras o qué?
- No te metas con la pobre… - Le recriminó Luca con una sonrisa maliciosa. – Aún está intentando superar el que su futuro marido esté enamorado de un hombre… piensa que ella no es tan comprensiva como nosotros… - Terminando por carcajearse. – En serio, Daphne, no debes preocuparte tanto por el mañana, céntrate en disfrutar todo lo que te otorga el día de hoy… exámenes incluidos.
- ¿Y a ti no te preocupa lo que puedan estar haciendo en la cámara esos dos solos? – Me preguntó Daphne.
- En absoluto. – Me sonreí. – Hermione está genuinamente agotada y Blaise sólo le está haciendo compañía mientras duerme.
Así es que, al llegar a la cámara me los encontré a los dos dormidos en la cama, Blaise sobre las mantas y Hermione, debajo de ellas. Me daba rabia tener que despertar a Blaise, pero sabía que aquella noche, más que ninguna, Daphne le necesitaba a su lado. Mi amigo se despertó aún atontado y tuve que guiarlo hasta la puerta para que no cayese en el estanque de camino. En cuanto regresé junto a Hermione en la cama, me encontré a mi esposa durmiendo como siempre, pero con el ceño fruncido. ¿Sería porque me echaba de menos a su lado o porque le atormentaba algo que no deseaba decirme? En cuanto me reuní a ella en el lecho, su gesto se suavizó y me abrazó como cada noche. Sí, reconozco que aquello hizo que mi sonrisa fuese aún más amplia todavía.
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El tercer día de exámenes otra vez tuvimos que vérnoslas con dos teóricos, tanto el de Defensa Contra las Artes Oscuras como el de Historia de la Magia. ¿Cómo expresar en palabras lo que ocurrió en esos exámenes? Quizás sólo sea necesario decir que la primera pregunta del de Defensa era “¿Cómo reconocer a un vampiro?”. El descojone fue general, por lo menos en nuestro lado. En la mayoría de los exámenes me había concentrado en no irme mucho por la tangente y procurar responder como correspondía a todas las preguntas, siguiendo los parámetros de los magos. Pero en este no pude contenerme. Me daba igual sacar una mala nota en ese examen si no comprendían nada de lo que iba a decirles, pero me iba a quedar a gusto respondiendo la verdad a cada una de las preguntas.
¿Cómo reconocer a un vampiro?
En el caso de no ser ya un vampiro se pueden utilizar distintos métodos, lo más característico de los vampiros es que, al ser seres muertos, provocan pavor a buena parte de los animales que hay cerca. En caso de no tener a ningún animal cerca para comprobar su reacción, también resulta útil observar la manera en la que se mueve. Si se sospecha de que una persona puede ser un vampiro, se moverá de un modo artificial, con pasos lentos principalmente, para no destacar en medio de los lentos humanos. También tendrá una manera de girarse y observar todo lo que hay a su alrededor, pues no deja de ser un depredador.
En el caso de ser ya un vampiro. Lo más importante es disponer de la disciplina de Auspex y haberla desarrollado hasta el segundo nivel, cuando no sólo agudizas los sentidos sino que también lees las auras. En ese caso, el aura en torno al vampiro será de un tono pálido, en contraste con los vivos colores de los humanos que están a su alrededor. Para poder determinar el clan al que pertenece, simplemente echa un vistazo a cómo va vestido… si es un Nosferatu, probablemente estés maldiciendo por estar usando el Auspex y ver lo horrible que es.
¿Cómo eliminar a un vampiro?
Si eres un humano normal y corriente, ni lo sueñes. Es más rápido que tú, más fuerte y raramente se les pilla por sorpresa. Se recomienda utilizar un arma de fuego y apuntar directamente a la cabeza. Guardar siempre la última bala para uno mismo.
Si eres un mago. Estás perdido. La sangre de los magos es como una droga para los vampiros y te habrá identificado de inmediato entre la multitud, te está cazando para poder darse un empacho con tu sangre. Desaparecerse de inmediato y no volver a pisar esa zona nunca más.
Si ya eres un vampiro. Está claro que lo que quieres es merendarte a ese otro vampiro, o no te estarías planteando la posibilidad de matarlo. Estácalo para que no represente una amenaza, llévalo hasta una zona tranquila y bébetelo con calma.
¿Cómo identificar a un hombre lobo?
Suelen ser personas normales en su estado habitual. Durante los tres días que dura la luna llena tienen tendencia a convertirse en cosas peludas de unos tres metros de alto con unas fauces bastante temibles. El mordisco de un garou es infeccioso, provocará que un humano se contagie de la licantropía. Lo mejor que se puede hacer es mantener todo bien cerrado durante esos días en particular, para que esas alimañas no se cuelen en la casa.
¿Cómo matar a un hombre lobo?
Si eres un humano normal… ya estás muerto en cuanto te ha olisqueado. Eres su comida.
Si eres un mago. Puedes intentar utilizar varios encantamientos que lo distraigan lo suficiente para correr por patas.
Si eres un vampiro. Preferiblemente no te lo bebas, la sangre de un garou hace que la Bestia en tu interior se ponga juguetona y pierdas el control sobre ti mismo. Un buen método es atravesar su pecho de un puñetazo y arrancarle su corazón, también puedes cortarle la cabeza o lo que sea. Aprovecha sus restos para atraer al resto y acabar con todos ellos de una sentada. No quieres tener a una manada de garous sueltos por el patio de tu casa. No son buenas mascotas.
¿Cómo identificar a un hada?
Todo dependerá del tipo de hada en sí, si es un elemento inanimado, como que no lo vas a reconocer hasta que no te dé en la cabeza. Si es un “cambiado” entonces, puede que lo reconozcas por las orejas puntiagudas o la manera de ser tan traviesa que tienen. En el caso de ser un hada de origen puro… sal corriendo en la dirección opuesta.
Enumera los distintos tipos de hadas.
Empecemos con los orígenes. Tenemos tres orígenes básicos. Los cambiados, los puros y los inanimados. Los primeros son bebés que las hadas dejaron en lugar de bebés humanos, los segundos se trata de hadas que descienden directamente de otras hadas, luego tenemos los inanimados que son los elementos en sí, algunos suelen ser identificados como espíritus del bosque o cosas así.
Aunque lo que más marca a un hada no es su origen, sino la Corte a la que pertenece. Desde la corte de Verano, Primavera, Otoño, Invierno o Solsticio. Cada uno tiene un motivo diferente para andar por el mundo, aunque siempre es preferible no intervenir en nada que tenga que ver con las hadas.
¿Qué hadas puedes considerar como elementos de las artes oscuras?
Todas las pertenecientes a la corte de Invierno y aquellas que se encuentran en el Solsticio. Tampoco sería recomendable enredarse con ninguna que haya sido expulsada de alguna corte y no haya sido aceptada por ninguna otra.
¿Cómo eliminarías una amenaza de un hada?
En serio… no es bueno meterse en asuntos de hadas. Cuanto menos te entrometas mejor. Si no queda más remedio, se intenta la vía diplomática primero y luego, intentar averiguar qué estúpida cancioncita o tontería de folclore puede hacerles rechinar los dientes. Eso hará que se enfaden bastante o al menos conseguirá ahuyentarlas el tiempo suficiente para pensar en cómo eliminarlas más eficazmente.
Define la falta de corporeidad de un fantasma. Razona por qué algunos se quedan atrás y otros no.
La mayoría de las almas tienen tendencia a irse al inframundo donde están con el resto de las almas de los muertos. Se trata de un lugar alternativo al existente, separado por un velo del de los humanos, el que habitualmente está habitado por las cosas vivas. En ocasiones, algunas almas, son retenidas en este plano de existencia, abandonan su cuerpo, razón por la cual no son materiales, y vagan por el mundo lamentándose. Puede que no se dediquen a vagar y se queden en un punto en particular, suelen sentirse atraídas a las zonas en las que hay magos que puedan verles o vampiros a los que puedan atormentar. Otras veces se entretienen fastidiando a humanos.
Lo mejor que uno puede hacer es hacerse con un buen nigromante, que identifique a los fantasmas correspondientes, seleccione cuáles merecen pasar al inframundo y les ayude a realizar dicho paso. Los restantes quedarán, lo más probable, bajo el control del nigromante y no queremos saber lo que va a hacer con ellos.
Momias. ¿Mito o realidad?
Bueno, tenemos dos tipos de momias y es preferible no toparse con ninguna. Por regla general andan a lo suyo y no se meten en el mundo de nadie, pero si les tocas las narices… es absoluta e irremediablemente imposible matarlas. Ni aunque las conviertas en cenizas y esparzas las mismas al viento conseguirás matarlas. Son capaces de ir reuniendo partícula por partícula a lo largo de los milenios hasta terminar de recomponer su cuerpo y entonces tendrás a una momia muy cabreada que empezará a buscarte para aniquilarte.
El resto de las preguntas ya tenían relación con el mundo mágico. Aunque tampoco dejé de utilizar ese mismo tono con todas ellas, como por ejemplo cuando pedían que se diese una explicación de por qué no utilizar un cruciatus. Evidentemente dije que un buen cruciatus a tiempo evita muchos inconvenientes.
En el de Historia de la Magia, bueno, tuvimos los mismos percances de siempre. Entre que la mayor parte de los vampiros habían vivido esa historia y eran capaces de destacar cada uno de los errores y olvidos de los magos, que los más quisquillosos de todos fueron, para no variar, Lameth y Ziva, cuando aparecieron los inicios de la magia como pregunta trampa. En esta ocasión no se molestaron siquiera en realizar las traducciones, se pusieron a escribir como dos locos en el idioma que fuese para no parar de rellenar metros y metros de pergaminos. Al final debían de tener ya kilómetros escritos. Con varios gestos de la mano, los dos con gestos ofendidos, comenzaron a duplicar los pergaminos y a enrollarlos en cilindros de metal. Hubo unos que sellaron con lacre, otros simplemente los metieron en unos cartuchos de piel y los cerraron con correas antes de entregárselos a Flitwick con un gesto altivo. El profesorcillo se vio, literalmente, enterrado en pergaminos y cartuchos. Isabel negó con la cabeza mientras mordía su pluma al intentar cuadrar algunas fechas con lo que había leído en los libros de Hermione.
El picnic casi se vio frustrado porque ese día amenazaba lluvia. La ventaja de contar con vampiros y ghoules experimentados en acampadas es que tuvieron una tienda organizada en poco tiempo. El exterior estaba realizado con lona encerada para que fuese impermeable a la lluvia, el interior estaba decorado con alfombras, cojines y sillas de campaña. Un par de mesas a un lado estaban repletas de comida. Pero hay que recordar que dos de los vampiros, y alguno de los ghoules, habían servido en el ejército romano. Sólo faltaba una percha con la armadura colgada y dispuesta a ser utilizada por el general.
Nos vino bien el descanso, pues aquella tarde tendríamos el práctico de Defensa Contra las Artes Oscuras, seguido por la noche del práctico de Astronomía. Esperaba que Hermione fuese capaz de soportar el sueño llegado el momento de esta última prueba. Los demás exámenes que quedaban para el resto de la semana eran principalmente teóricos, salvo el de Herbología, que también tendría una parte de práctica. Hermione se quedó horrorizada cuando le dije lo que había respondido en el examen de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero la tranquilicé diciéndole que no era importante. Tampoco pasaba nada porque fuese a suspender uno o dos exámenes. En sí no se trataba de obtener una gran nota en todos ellos, simplemente el pasarlos y cerrar por completo esa etapa de mi vida.
Empezaba a compartir el sentir de mis familiares, estaba harto de estar en Hogwarts, cansado de tener que pelear con los alumnos, con los profesores y soportar sus miradas y sus desprecios. Quería poder disfrutar de la tranquilidad de la Fortaleza, incluso pensar en buscar un apartamento en Londres en el que Hermione y yo pudiésemos vivir sin demasiadas trabas. Vale que tendríamos que presentarnos a Mithras y hacerle saber que nos instalaríamos allí por una temporada, pero tampoco sería algo que pudiese preocupar en demasía al Matusalén. Dos antediluvianos con la capacidad de no tener que beber sangre de los humanos, con más protecciones mágicas de las que le gustaría a un Tremere. No, no le íbamos a causar problemas al Príncipe de Londres.
Desde ese apartamento podría controlar los negocios que fuese emprendiendo en el mundo mágico, acercarme de vez en cuando al Callejón Diagon, fomentar una relación con el Ministerio, seguir los progresos de Blaise y Theo, cuidar de Crabe y Goyle. También estaríamos cerca de los Granger, para poder atender a cualquier emergencia que se pudiese plantear con los niños, incluso ir a visitarlos alguna vez. Esa parte era quizás la que más me llamaba para establecernos en Londres, estar cerca de mis hijos, aquellos a los que todavía no conocía. Pero sabía que aquello sería un imposible, por lo menos en los primeros años de nuestra relación. Hermione debería habituarse a ser una vampira, por su propia decisión. Lo más probable es que mi familia no quisiese separarse de ella tan pronto e insistiesen en que comenzase con su entrenamiento y su aprendizaje lo antes posible.
Regresamos al castillo y nos situamos en el vestíbulo para esperar a que nos llamasen para realizar la parte práctica del examen, como siempre estábamos separados del resto de los alumnos que iban a realizarlo con nosotros. En esos momentos es cuando nos dábamos cuenta de cuántos habían perecido estúpidamente en estos meses. Snape se acercó a mí para comentarnos que a los examinadores se les había ocurrido que, la mejor manera de comprobar si realmente estábamos versados en la materia, era un sistema de duelos. Me lo quedé mirando sorprendido, no era posible que esos viejos estuviesen tan dementes.
- ¿Sabes lo que eso puede significar? – Le susurré.
- Lo temo. – Murmuró con la cabeza gacha.
- La mayoría de nosotros somos inmunes a todas las artes de los magos… será imposible que ellos consigan superar el examen con cualquiera de nosotros como contrincantes. – Expliqué.
- ¿Y cómo reaccionaréis cuando ataquen de manera deliberada a quienes no disponen de esa invulnerabilidad? Porque hay unos cuantos que os tienen ganas en ese bando. – Replicó a su vez, señalando con la cabeza al grupo de magos que esperaban su turno, como nosotros.
- Esto puede terminar en una masacre. – Negué con la cabeza. – Sólo espero que la organización de las parejas sea lo más equitativa posible.
- Intentaré encargarme de ello, pero no puedo prometer nada. – Me aseguró. – Creí que era mi deber advertírtelo para que pases la voz… entre los tuyos.
- Muchas gracias, padrino. – Asintiendo con la cabeza para asegurarle que haría lo necesario para impedir cualquier desgracia durante el examen. Me dirigí directamente a Isabel, que estaba mirando la varita con un desdén que parecía que deseaba convertirla en cenizas. – Isa, tenemos problemas. – Ella me miró con una ceja enarcada, en su rostro desapareció el desdén para dar paso a la frustración. – La prueba va a consistir en duelos.
- ¿Duelos? – Inquirió confusa. - ¿Quieren que matemos a los pocos alumnos que les quedan?
- No exactamente. – Suspiré con amargura. – Pero me temo que van a terminar por conseguirlo si no intentamos encontrar el modo de remediarlo. La asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras no sólo está para enseñarnos a identificar los peligros que podamos encontrar en el mundo mágico. Cuando existían Voldemort y los Mortífagos, también estaba dirigida a que los magos aprendiesen a defenderse de un ataque proveniente del uso de magia oscura y peligrosa. Por eso, supongo, se les ha ocurrido que el mejor modo de evaluar nuestros conocimientos sea que utilicemos todo lo aprendido para luchar entre nosotros. – Razoné. – Con lo que no cuentan los examinadores es que, la mitad de nosotros es inmune a todo tipo de magia que los otros magos lancen contra nosotros… ellos aún no se han dado cuenta… - Señalando a los mismos magos que esperaban con verdadera ansiedad el entrar en la sala, seguro que alguien ya les había dicho en qué iba a consistir la prueba. – El problema no será lo que nos hagan a nosotros directamente, sino las posibles represalias que tomen contra los pocos de los nuestros que no tienen la posibilidad de eludir sus poderes. – Mirando a Justin que estaba en un rincón mientras Luca lo abrazaba para relajar sus nervios.
- Comprendo. Se supone que no podremos saltar en su defensa porque se trata de una prueba oficial, ¿no? – Dedujo sabiamente la Assamita. – Pero nada nos impide que utilicemos nuestras habilidades de manera subrepticia para impedir que les dañen, ¿no? – Dirigiéndome una mirada de inteligente malicia.
- Tienes razón, pero ante todo debemos ser discretos… tampoco estaría de más que fingiésemos que algunos de los hechizos tienen algún efecto en nosotros, no sólo para que se confíen, sino porque no merecen que les suspendan sólo por toparse con un oponente que no encontrarían de otro modo si no estuviésemos aquí, ¿no crees? – Sin olvidar que algunos de los magos que esperaban para ser examinados no habían dado ningún tipo de razón para que estuviésemos en su contra, todo lo contrario, habían aceptado las normas y nuestra presencia estoicamente. – Además, Snape intentará influir en la elección de parejas para que tampoco se produzca una escabechina.
- Tu padrino es más astuto de lo que quiere aparentar. – Se sonrió la Assamita. – Entiendo por qué Ari lo ha adoptado como mascota.
- Bueno, era un agente doble en las filas de Voldemort, hay que ser astuto e inteligente para seguir vivo después de esa experiencia. – Guiñándole un ojo.
- Quizás te convendría tenerle de tu lado en el futuro… ¿te lo has planteado? – Me preguntó, cambiando completamente de tema.
- Más de una vez. – Reconocí. – Pero no creo que él estuviese dispuesto a aceptar y… antes debería pedirle permiso a Jules. ¿Tú qué opinas? – Pregunté sinceramente.
- Ari estaría perfectamente dispuesta a ayudarte a convencerle de que sería un gran honor y una buena idea el que pasase a estar a tu servicio. – Respondió pensativa. – Es un hombre maduro, tiene influencia, conocimientos amplios, un puesto de relevancia en el colegio… - Me miró directamente a los ojos y vi la determinación en ellos. – Sí, sería un valioso aliado para nosotros.
- Entonces se lo plantearé a Julia en cuanto tenga ocasión, para poder contar con su bendición y ayuda. – Afirmando con la cabeza para remarcar mi decisión. – Muchas gracias por tu consejo Isabel. – Realizando una inclinación de cabeza para remarcar mi agradecimiento por su ayuda en un tema tan controvertido.
- Para eso estamos, sajón. – Sonriéndose mientras tomaba mi mentón y me obligaba a mirarla nuevamente a los ojos. – Aún te queda mucho por aprender, por eso seguimos siendo tus maestros. Siempre resulta un placer el comprobar que aprovechas nuestras enseñanzas. – Me soltó y lanzó una mirada furibunda a las puertas de la sala en la que tendría lugar la prueba. – Estoy deseando terminar ya con esta farsa… me gustan los exámenes escritos, me lo paso bien hilvanando mis pensamientos y conocimientos sobre el pergamino, pero estas pantomimas me ponen del hígado. – Bufó y volvió a mirar la varita como si fuese un pescado podrido. – Porque me la ha regalado la fida’i y sé que lo hizo con cariño que si no…
- Cuando todo esto termine la puedes guardar en tu casa como recordatorio de lo bien que te lo pasaste en este castillo de locos… - bromeé.
- O como recordatorio de cuán necesaria es la paciencia en ocasiones…
En lugar de ir llamándonos de uno en uno o de tres en tres, nos dijeron que entrásemos todos a la sala. Igual que siempre, los examinadores ocupaban una mesa en un extremo de la sala, nos indicaron que nos situásemos en torno a la sala, contra las paredes, para dejar el centro de la estancia libre. Luego procedieron a explicar lo que muchos ya sabíamos, que habían decidido que la mejor manera de discernir si realmente habíamos aprovechado nuestra enseñanza durante los últimos años en el castillo, era batirnos en duelo utilizando todos nuestros conocimientos para derrotar a nuestro adversario. El primer par de nombres que pronunciaron hizo que Isabel y yo intercambiásemos miradas de aprehensión. No podían haber escogido peor pareja para empezar. Ziva David contra Ronald Weasley. Miré a mi padrino, que estaba tras los examinadores, con un pergamino con los nombres de todos los que íbamos a examinarnos, sus labios estaban curvados en una sonrisa maquiavélica. Seguro que él mismo había decidido ese emparejamiento, le tiene tantas ganas al pelirrojo como todos nosotros. Enfrentar al alumno más patoso de todo el colegio contra el propio Merlín, muy propio de él.
Ziva se situó en el centro de la sala, haciendo malabares con la varita con una mano, mientras examinaba el estado de sus uñas en la otra, haciendo caso omiso de cómo su contrincante se acercaba a su posición, frente a ella. Ronald apretaba con fuerza la varita en su puño y lanzaba miradas a Ziva de pura aversión. No tenía muy claro si alguien, aparte de los profesores, se habían percatado de que Ziva era la encarnación de Merlín. En cierta lógica, tendrían que haberlo deducido cuando se situó junto a Lameth cuando la llamaron como Mirdin, pero no todos conocen el nombre original de Merlín. Quizás Ronald, con la poca atención que prestaba a detalles significativos o a las explicaciones que los profesores daban en clase, no se hubiese dado cuenta de que no le estaban enfrentando a una simple jovencita de dieciséis años a la que habían adelantado de curso por la influencia de un vampiro. Me fijé en su actitud antes de lanzarle un hechizo a Ziva, no, él creía firmemente que su contrincante era inferior a él por ser más joven. Pronto iba a lamentarlo. Y mucho.
Ronald le lanzó un hechizo de impedimenta a voz en grito. Se suponía que ya debería de tener perfectamente dominados los hechizos no verbales, pero se veía a las leguas que aquello no iba con él. No era consciente de que así daba demasiada información a su oponente. Ziva no se movió. El hechizo salió de la varita de Ronald con fuerza e impactó contra un escudo que brilló con la fuerza del mismo y que mostró que rodeaba a la joven por completo. Ella le había dado la oportunidad de ser el primero en golpear, probablemente para evaluarlo. Dejó de examinar sus uñas y clavó su mirada en el pelirrojo que la observaba confundido y con la frente perlada de sudor por el nerviosismo. La joven realizó una filigrana con la varita, meramente para hacer el paripé frente a los examinadores. No salió ningún rayo de colores, pero sí que sentimos la fuerza de su poder. Ronald se alzó del suelo y fue a dar contra la pared opuesta con un golpe sordo.
El pelirrojo se levantó con dificultad y miró a la chica con asombro, estaba claro que no se esperaba aquello. Le lanzó otra maldición, esta vez sí que se la cayó para sí. De nuevo salió un rayo de su varita e impactó contra el escudo que protegía a la joven, haciendo que brillase a su alrededor con una tonalidad rojiza. Ella se sonrió con malicia. Sabía perfectamente qué había usado en su contra, pero no iba a darle la satisfacción de devolvérselo con la misma fuerza. De nuevo realizó otra floritura con la varita. El cuerpo de Ronald se alzó una vez más del suelo, en esta ocasión dio contra el techo y volvió a precipitarse contra el suelo. Le estaba dando una paliza. Weasley se levantó, resollando por la boca porque se habría quedado sin aire en los pulmones con los dos impactos y le lanzó otro hechizo. Un rayo azul dio contra el escudo, igual de inefectivo que los anteriores. Ziva ya no se molestó en mover la varita, la enredó en su cabello, como si se tratase de un mero accesorio. Alzando un dedo le obligó a ponerse de pié, sus ojos se entrecerraron y lo observó con detenimiento por un segundo, como si estuviese calculando dónde golpearle esta vez. Con dos dedos hizo un gesto que imitaba el lanzar una piedrecita al aire, Ronald se quejó y llevó una mano a su hombro. Ziva repitió el gesto y el chico se dobló y llevó las manos a una rodilla, pudimos escuchar perfectamente cómo el hueso se había partido. La joven bruja con los conocimientos de tantas vidas, le dirigió una mirada de absoluto desprecio, estaba claro que se estaba cobrando cada ofensa que el pelirrojo había dirigido a sus seres queridos, en especial hacia Hermione.
Puso ambas manos, encerradas en un puño, a la altura de su propio pecho. El mago se alzó de nuevo, a duras penas se podía mantener en pie con el poco castigo recibido, pero la fuerza de Ziva le obligaba a sostenerse. La bruja comenzó a estirar dedos, con cada uno que alzaba se escuchaba un crujido en el cuerpo del pelirrojo, la sangre comenzó a manar de algunas zonas cuando continuó alzando los dedos de la segunda mano. Estaba completamente entregada a castigarlo. Yo podía ver a la perfección cada una de las heridas internas que el mago tenía en su cuerpo, ninguna de ellas era de severidad, Ziva le estaba castigando metódicamente y no buscaba su muerte, sólo su sufrimiento. Cuando todos los dedos de sus manos estuvieron alzados, Ronald se mantenía erguido sólo por efecto de la voluntad de la bruja. La varita del mago hacía tiempo que había caído al suelo y era incapaz de alcanzarla, tampoco tenía la suficiente consciencia como para llamarla con su magia, estaba absolutamente a merced de Ziva. Entonces ella comenzó a reírse. No era una risa contagiosa, sino que era mordaz y maliciosa. Con una mano imitó el darle una bofetada, el rostro de Ronald se volteó en la misma dirección y en su mejilla apareció la rojez propia de haber recibido dicho golpe. Con la otra mano, la bruja imitó un puñetazo ascendente. La mandíbula de Ronald se rompió y su cabeza se echó hacia atrás con toda la potencia del golpe. La carcajada de Ziva fue en aumento, comenzó a recordarme a Julia.
Los examinadores presenciaban el espectáculo asombrados. Era la primera vez que veían a alguien realizar magia sin la necesidad de canalizarla a través de la varita, estaban tan absortos en la complejidad y potencia que requería la proeza de Ziva que no eran capaces de reunir la voluntad necesaria para detener la prueba. Tras ellos, Snape mantenía su sonrisa, no sólo en sus labios, sino también en sus ojos. Estaba disfrutando de lo lindo del espectáculo. Los demás alumnos estaban aterrorizados al ver las señales que iban apareciendo en el cuerpo del pelirrojo, el labio partido, los ojos hinchados, los pómulos rotos, la sangre manchando sus ropas. Isabel, Julia y Tony miraban con un interés enfermizo cada progreso de la bruja con el joven mago, ellos también estaban gozando al ver cómo Ziva descargaba su ira y frustración contra el que tantos dolores de cabeza les había provocado durante tanto tiempo. Ginebra y Harry estaban sentados en el suelo, uno al lado del otro, no mostraban emoción alguna ante el castigo que estaba recibiendo Ron. Hermione tampoco.
Llegó un momento en que el cuerpo de Ron se balanceaba como si estuviese sostenido por una cuerda, hacía varios golpes que había perdido la consciencia. Ziva cesó de propinarle golpes, frustrada porque su víctima ya no podía sentir el dolor o ver su expresión durante el proceso. Se giró hacia los examinadores con altivez.
- Puedo seguir todo el día, si quieren… pero ahora que está inconsciente ya no resulta divertido. – Les dijo. - ¿He pasado el examen? – Preguntó como si tal cosa.
- Sí… sí… - Balbuceó uno de ellos. – Ha quedado perfectamente claro que puede usted defenderse contra cualquier tipo de arte oscura… - carraspeó el mago.
- Bien. – Con un simple gesto de la mano liberó el cuerpo de Ronald, cayó pesadamente contra el suelo. – Por cierto, yo no pienso limpiar todo eso… pero creo que sería recomendable que alguien lo lleve a la enfermería. – Caminó con tranquilidad hacia las puertas, pasando de largo del desmadejado y ensangrentado mago, como si no fuese más que un desperdicio que alguien había dejado allí.
- Yo me encargaré… - suspiró Lameth, negando con la cabeza. Con un gesto de su mano, el cuerpo de Ronald desapareció de la vista así como los charcos de sangre y sudor que había bajo él. – Ahora ya podemos continuar con el examen, ¿no? – Dirigiéndose a los examinadores que lo miraban boquiabiertos.
Los siguientes en batirse fueron dos magos normales. Asistimos al intercambio de rayos de colorines que indicaban los distintos hechizos que se lanzaban el uno al otro. Al poder meterme en su mente era capaz de saber exactamente qué hechizos estaban usando. Se trataba sobre todo de encantamientos sencillos que buscaban paralizar momentáneamente al contrario, pero los dos se encargaron de levantar escudos bastante eficientes que desviaban una buena parte de los mismos. Si no fuese por el efecto pirotécnico de las varitas, habría resultado bastante aburrido.
Les siguieron Ginebra y Harry. Los dos se pusieron en pie y avanzaron al centro de la sala. Con sendas sonrisas maliciosas sostuvieron las varitas como si fuesen espadas ante su frente, saludándose como hacían los caballeros antiguamente antes de un duelo, luego las guardaron en los bolsillos de sus pantalones y procedieron a practicar todo lo que habían estado aprendiendo durante estos meses. Esquivaban encantamientos y los burlaban mediante escudos, pero pronto se animaron con la lid y se dejaron llevar un poco más. El momento álgido fue cuando Harry invocó una bola de fuego en su mano, no más grande que una pelota de tenis, y se la lanzó hacia Ginebra. Ella la evitó haciendo una pirueta, pero Harry no había abandonado el control de la bola y la guió de nuevo hacia ella. La pelirroja se arrojó al suelo y rodó por él para evitarla una vez más. Cuando él se la volvió a arrojar ella la detuvo con sus manos y una neblina comenzó a formarse en torno a la esfera de fuego, la envolvió por completo hasta que la dejó caer al suelo donde se deshizo en añicos. La había congelado. Lo miró traviesa y formó una pistola con sus dedos, guiñando un ojo para apuntarle. El primer disparo fue una llamarada de fuego que salió directamente del dedo que imitaba el cañón, Harry la esquivó con un escudo hacia el techo donde dejó una oscura mancha de hollín. El siguiente disparo fue directo a su hombro, en esta ocasión no pudo esquivarlo y se encontró con que estaba congelado, en realidad su ropa, no su cuerpo. Harry no dudó y se dedicó a corretear esquivando los siguientes disparos de la pelirroja, al mismo tiempo se dedicó a invocar dagas de hielo en sus manos y lanzárselas a su amiga. Ginebra se vio obligada a tener que esquivarlas, pues muchas de ellas iban dirigidas con certera puntería hacia puntos vitales de su cuerpo, alguna logró rasgar sus ropas y provocarle heridas superficiales en la carne. En un descuido de Ginebra, Harry realizó un gesto que la pilló por sorpresa, hizo más denso el aire frente a él y lo empujó contra ella, de ese modo Ginebra perdió el equilibrio en mitad de una pirueta y cayó al suelo. Harry aprovechó ese pequeño instante y se abalanzó sobre ella, sacó la varita del bolsillo y le golpeó la nariz con la punta.
- Te gané. – Le dijo con una sonrisa.
- ¿Estás seguro? – Le preguntó ella enarcando una ceja. Alzó la pierna izquierda y rodeó a Harry con ella haciendo que se doblase hacia el otro lado. En cuanto se desembarazó de su peso lo tiró al suelo y se sentó a horcajadas sobre él, presionándole con sus muslos para impedirle mover las piernas y afianzando sus brazos al suelo con sus manos. - ¿Quién ha ganado ahora, ojos verdes?
- Me rindo. – Anunció Harry riéndose a carcajadas.
- Así me gusta. – Ronroneó la pelirroja descendiendo para besarlo con deleite. Estaba claro que se habían encendido durante la pelea. Harry respondió al beso y se olvidó por completo de todos los presentes.
- Ehem… - Carraspeó uno de los examinadores. Pero los dos chicos seguían entregados al beso, Ginebra ya había soltado los brazos de Harry y éste sostenía su cintura, presionándola contra él. - ¡Ya está bien! – Alzó la voz el examinador. Ahora sí que se dieron por aludidos y dejaron de besarse, pero sus respiraciones seguían agitadas.
- Lo siento… - Se disculpó Ginebra, levantándose y ofreciendo una mano a Harry para que la imitase. A pesar de los pantalones, quedaba bien claro que el chico lo sentía mucho más que ella.
- Nos dejamos llevar… - Reconoció él sin dejar de mirar a Ginebra. – Esta me la pagas… - le susurró a la pelirroja entre dientes.
- ¿No prefieres que te ayude en cuanto salgamos con cierto “problemilla” de vestuario? – Replicó ella con una sonrisa lujuriosa y situándose frente a él, tomando su brazo para que rodease su cintura y la atrajese hacia él. - ¿Qué me dices?
- Sólo por esta vez y porque me apetece un cuerno darme una ducha fría. – Susurró él a su oído, mordisqueándole el cuello en el proceso. Eso hizo que Ginebra entornase los ojos, encantada de recibir esa caricia. - ¿Hemos pasado el examen, profesor? – Preguntó en voz alta.
- Sí, sí… pueden retirarse. – Les anunció una de las examinadoras, tenía el rostro congestionado por el curioso comportamiento que había presenciado entre esos dos. – Aunque… permítame decirle que esperaba un poco más de seriedad de usted, señor Potter. No me parece que ese sea el modo de conducirse de un mago en presencia de otras personas.
- Es que este demonio tiene la capacidad de hacer que un hombre se olvide del mundo que le rodea, señora. – Alzando a Ginebra en brazos y cargándosela al hombro, provocando que ella se riese estentóreamente.
- Hasta dentro de un buen rato… - Se despidió la pelirroja entre carcajadas.
En cuanto escuché quienes eran los siguientes en batirse en duelo, supe que estábamos condenados al fracaso en esta asignatura. Me recosté contra la pared y dejé que mi espalda fuese deslizándose contra ella hasta terminar por sentarme en el suelo. Estaba claro que íbamos a dar la nota sin importar un bledo lo que hiciésemos. Guardé la varita en el bolsillo, porque tenía muy claro que no iba a tener que utilizarla, fuese quien fuese mi contrincante, se las vería con el verdadero Draco Malfoy, vampiro, mortífago y mago natural, no con el farsante que me había obligado a representar en la mayor parte de los exámenes prácticos. Julia y Tony se encargarían de animar aún más las ansias de cada uno de nosotros por dejarnos llevar por la verdadera magia, igual que habían hecho antes Ginebra y Harry, por lo que ya no hacía falta continuar con las apariencias. Hermione se reunió conmigo en el suelo, lo mismo hizo Isabel a mi lado. Las dos me entregaron sus varitas, no hizo falta que me dijesen nada, sabía perfectamente qué querían que hiciese con ellas. Las metí en el bolsillo, junto con la mía, las tres descansaron entonces en un cajón de la cómoda que tenía en la cámara para ese tipo de contingencias.
Tony avanzó al centro de la sala con tranquilidad, pero sin dejar de pavonearse ligeramente, Julia lo hizo de un modo grácil y elegante. En cuanto ambos se situaron uno frente al otro, sus ojos brillaron con la malicia que siempre les gobernaba. Tony se sonrió de ese modo tan peculiar en él, consiguiendo que muchos de los presentes se estremeciesen sólo al ver su blanca sonrisa. Lanzó la varita por encima del hombro, sin darle importancia a dónde cayese, procedió a hacer crujir cada hueso de su cuerpo. Comenzó con las manos, cada falange resonó en cuanto las cerró en garras, siguió crujiendo sus brazos mientras los retorcía en una postura imposible, continuó con su cuello y terminó estrechando la columna en una pose que le daba el aspecto de lo que era: un depredador listo para saltar sobre su presa. Julia no se dejó impresionar por ese despliegue, sabía que no era más que otra de las diversiones de su marido, pero también se deshizo de la varita lanzándomela a mí. Supongo que quería que se la guardase, igual que había hecho con las otras. Se preparó para lo que Tony tuviese preparado para ella girando su cuerpo cerca de noventa grados con respecto a su marido, de esa manera podría esquivar mucho más fácilmente cualquier cosa que él arrojase contra ella.
Durante diez eternos segundos nada ocurrió. Quizás estaban maquinando cómo dejar aterrorizados a todos los magos presentes del modo más efectivo, o puede que tan sólo se estuviesen midiendo el uno al otro. Pero algo me decía que no era la primera vez que estos dos se enfrentaban de esa manera. Entonces fue cuando comencé a ver las distintas olas de magia que rodeaban a ambos, en realidad estaban calculando quién haría el primer movimiento. Sorprendentemente fue Julia la primera en atacar. Bajo los pies de Tony comenzó a brotar agua del suelo, comenzó como un sordo borboteo hasta que salió con toda la potencia de un geiser, por cómo la sala se llenó de vapor, también con la misma potencia calorífica que si hubiese manado del centro de la tierra. La neblina se fue aclarando ligeramente y vimos cómo el agua había escaldado las ropas del druida hasta dejarlas hechas jirones, él seguía sonriéndose, como si nada. Sin darle importancia alguna a estar en medio de un chorro de agua hirviendo.
- Amorcito, sabes que prefiero que calientes mi cuerpo de otra manera… - Se mofó. – Pero me encanta que me muestres tu temperamento volátil… eso me da una excusa para poder castigarte por ser una niña traviesa.
De las grietas del suelo en torno a Julia surgieron enredaderas espinosas que se enroscaron en sus piernas y subieron por su cuerpo, aprisionándola, rasgando su ropa y clavándose en su carne, arañándola y haciendo que la sangre brotase en su blanca piel. Cerró los ojos con fuerza, pero en su rostro no se vio un gesto de dolor, por supuesto, sino de absoluto placer al sentir cómo las ramas de espino laceraban su piel.
- ¿Estás suficientemente prieta, querida, o deseas que presione un poco más? – Le preguntó con una voz cargada de lujuria.
- Sólo tus brazos pueden aprisionarme como corresponde, amor mío. – Jadeó ella, entregada por completo al goce del dolor que su marido le provocaba. – Quizás si inflamo un poco más tu entusiasmo…
La columna de agua que contenía el cuerpo de Tony se transformó en gasolina, en décimas de segundo Tony estaba ardiendo. Pero en lugar de escucharle gritar por lo que el fuego podía estar haciéndole, le escuchamos gemir de placer. Lameth negó con la cabeza y alzó la mirada al techo. Entonces fue cuando vi cómo más ramas de espino descendían para seguir aprisionando a la nigromante, de algunas brotaron brazos terminados en hermosas flores rojas que se abrieron para mostrar unas afiladas púas que fueron clavándose por distintos puntos del cuerpo de Julia. Más sangre manó de sus heridas, resbalando por los tallos hasta el suelo de piedra.
- Sé que prefieres que sea yo quien te muerda, cielito… - Jadeó el druida desde el interior de la pira. – Pero en estos momentos… no me resulta posible.
- Sabes que me encanta cuando me regalas flores tan hermosas… - Gimió Julia, completamente cubierta por la enredadera espinosa, sin apenas quedar un espacio de piel a la vista.
- A la porra con esto… - Protestó el druida, avanzando a través del fuego, saliendo completamente desnudo pues el fuego había consumido toda su ropa, su piel humeando, pero intacta. – Me encantan los preliminares, pero sabes que soy un impaciente… - Tocando la zona de la enredadera en que estaba el rostro de su esposa y haciendo que ardiese ante su contacto, permitiéndole así acceder hasta ella y besarla. Ella mordió su labio.
- Lo sé… - Saboreando la sangre que recorría sus labios. – Pero también sé que te gusta más cuando me resisto con todas mis fuerzas. – El espino abandonó a Julia y se lanzó contra Tony, lacerando ahora su piel enrojecida. La sangre del druida se unió a la de la nigromante en el suelo.
- Me encanta cuando me atacas con mis propias armas… - siguió jadeando él, ajeno a todo lo que le rodeaba, pendiente sólo de los ojos de su esposa frente a él. Las losas de piedra del suelo temblaron bajo Julia y se rompieron, decenas de picos de roca afilada surgieron de pronto, cortando la carne de la nigromante y atravesando sus brazos. La sangre los tiñó de rojo.
- No sabes qué hacer para atraparme, reconócelo… - Se burló ella alzando una ceja de manera traviesa.
- En realidad, no sé qué hacer por meterme entre tus piernas, cariño. – Gimió él, una aguja de piedra subió hasta casi rozar el cuerpo de Julia, deteniéndose apenas a milímetros de su vientre. - ¿Dejamos de jugar y nos vamos al dormitorio? – Propuso alzando una ceja también, pero implicando mucho más con ese sencillo movimiento, pues la aguja de piedra comenzó a subir con una lentitud extrema con toda la intención de empalarla.
- Por favor… - Jadeó ella, incapaz de soportar más de aquel doloroso placer que su marido estaba proporcionándole.
Tony debió de utilizar el temporis porque desaparecieron por completo de nuestra vista. No quedaba rastro alguno de ellos, ni siquiera una ramita de espino o una losa fuera de sitio. Se habían esfumado por completo. Pero sí que pudimos ver a los elfos domésticos que aparecieron raudos a limpiar la sangre que había caído durante el encuentro entre esos dos. Los examinadores carraspearon ligeramente, intentando encontrar algo de lógica a lo que acababan de presenciar. Pero es que resulta imposible, ese matrimonio no sólo es la unión de dos almas por toda la eternidad, sino el de dos mentes enfermas y absolutamente dominadas por el dolor.
Los siguientes fueron Crabe y Goyle, ellos se limitaron a las maldiciones más habituales, quizás alguna más propia de los Slytherin, pero nada del otro mundo. Les siguieron otros dos magos normales que también utilizaron varias versiones de lo que habíamos aprendido durante las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras. Fue entonces el turno de Pansy y Theo. Advertí con la mirada a Pansy, no quería que se dejase llevar y le lanzase alguna imperdonable a Theo. Empezaron bien, varios hechizos de los habituales, caídas, escudos, pero el momento que tanto temía llegó. Pansy se entusiasmó demasiado y Theo cayó al suelo retorciéndose de dolor mientras ella se carcajeaba.
- ¡Señorita Parkinson! – Exclamó una examinadora. - ¿Está usted utilizando la maldición Cruciatus contra su compañero? – Inquirió sorprendida, como si no resultase del todo claro.
- Puede. – Pansy la miró con rostro inocente, llevándose las manos a la espalda y sujetando la varita sólo con dos dedos.
- Está terminantemente prohibido utilizar ese tipo de métodos… - Le reprendió.
- Lo siento, se me olvidó. – Bajando la cabeza y mirando sus pies. – Pero seguro que a él no le ha importado mucho… ¿Verdad, Theo?
- No… - Suspiró él en suelo, luchando por lograr ponerse en pie. – Tranquila, Pans… sé que no lo hiciste con mala intención. – Tosió con esfuerzo, probablemente le dolía el pecho, se notaba que le costaba respirar. - ¿Alguien me ayuda a ponerme de pie? – Pidió al ver que era incapaz de lograrlo por sí mismo. – ¿Por favor? - En vista de que nadie movía un músculo por ayudarle, yo mismo me acerqué y lo tomé entre mis brazos. – Gracias… - Su cabeza cayó a un lado, estaba inconsciente.
- ¿Cuántas veces hay que advertirte, Pansy? – Le reñí. – Theo es humano, no puede recuperarse tan fácilmente. – Saliendo por la puerta para dejarlo en brazos de Crabe. Les di instrucciones de que lo llevasen a la enfermería para que Madam Pomfrey se ocupase de él. – Ve con él y cuídalo hasta que se recupere por completo, ¿entendido? – Le ordené a mi amiga cuando regresé a la sala.
- Lo que tú digas, Draco. – Saliendo cabizbaja de la sala.
- ¡Y ten por seguro que les diré lo ocurrido a Tony y Jules para que piensen en un modo de aleccionarte por tu mal comportamiento! – La amenacé mientras salía.
El examen siguió su curso, parecía que los ancianos no se daban por satisfechos con todo lo que estaban presenciando. No tenía del todo claro qué era lo que les habían hecho César y Lameth cuando llegaron el primer día, fuese lo que fuese, no parecían mostrarse demasiado sorprendidos por ver a tantos magos y brujas realizando magia sin varita.
Les tocó el turno a los dos ghoules Assamitas. Ayden y Zanaa’h se enfrentaron en silencio y sin moverse. Sólo sonriéndose el uno al otro durante varios minutos. Hasta que comencé a percatarme de los morados que iban apareciendo en su piel, probablemente fruto de golpes que se lanzaban el uno al otro sin hacer uso de otra cosa que el aire que les rodeaba. Pero debieron de cansarse pues ambos hicieron que sus dagas saliesen de sus fundas, sostenidas en el aire, sin necesidad de tocarlas con sus manos. Las arrojaron al mismo tiempo y se frenaron en medio de los dos, comenzó así un duelo de voluntades, manejando las dagas con sus mentes en un frenético enfrentamiento. Cada una de las dagas buscaba un punto débil por el que llegar a arrojarse contra su oponente al mismo tiempo que frenaba los ataques enemigos. Isabel observaba este duelo con verdadero entusiasmo, sonriendo al ver la pericia de ambos ghoules.
Al fin le tocó el turno a Isabel. Su oponente, por desgracia para él, era Blaise. Mi ghoul me lanzó una mirada de absoluto pavor, conocía mejor que yo cómo la Assamita se las gastaba. Me encogí de hombros, no podía hacer nada por ayudarle en este caso. Cometió el error de ser el primero en atacar. Con el poder de su mente desenganchó la lámpara del techo y la lanzó contra la asesina, ella la esquivó como si nada. Pero aprovechó para avanzar un paso hacia él, Blaise retrocedió otro. Siguió arrojándole cosas, sillas, mesas, las lámparas de las paredes, todo lo que podía encontrar a la vista. Ella se limitó a esquivarlo todo, realizando una danza divertida mientras iba acercándose más y más a él. Cuando se quedó sin proyectiles fue cuando recurrió a lo que habían hecho los dos ghoules antes que él y Ziva, volver denso el aire para golpearla e intentar así detener el avance de la vampira. Ella continuó evitando cada ataque con movimientos felinos, sin dejar de reducir la distancia que los separaba con cada movimiento. Aún no había hecho nada para devolver sus ataques, temía lo que ella podría hacerle cuando al fin lo tuviese a su alcance. Ese momento llegó cuando Blaise permitió que lo acorralase en una esquina de la sala, sin escapatoria alguna. Isabel simplemente adelantó un brazo y tocó su frente con un dedo. El cuerpo de la asesina se relajó, sabía que Blaise ya no era una amenaza. Mi amigo cerró los ojos y sus facciones se contrajeron en una mueca de placer.
Isabel acababa de invocar uno de los poderes que había aprendido de sus muy buenos amigos Tony y Julia, la senda del placer. Un simple roce y la fuerza de su voluntad habían sumido a Blaise en un goce continuo, no tenía la capacidad de resistirse a eso. Cada fibra de su cuerpo estaba entregada a disfrutar de hasta el más mínimo movimiento que hiciese, incluso estando inmóvil. El simple acto de respirar le provocaba una delicia indescriptible, su mente no podía concentrarse en otra cosa que no fuese gozar.
- Gané. – Sentenció Isabel encogiéndose de hombros. – Os veo fuera. – Nos saludó mientras tomaba en brazos a Blaise. – Aún tiene para rato, creo que me lo llevaré a un sitio donde esté cómodo. – Riéndose a carcajadas cuando mi amigo lanzó un grito de placer al ser alzado en el aire. – Va a quedar exhausto. – Saliendo de la sala.
Nos tocó entonces a Hermione y a mí. Tras tantos años de rivalidad entre nosotros, tendría que resultar fácil verla como un blanco de mi magia, pero no era capaz. Al mirarla sólo veía al amor de mi vida, a la mujer con la que deseaba pasar la eternidad, a la madre de mis hijos. Ella me evaluó con una sonrisa, se daba cuenta de lo que estaba ocurriéndome, quizás lo tenía escrito en mi mirada.
- Draco… simplemente recuerda cómo era antes. – Me dijo.
- No es fácil, cariño… - Suspiré. – Incluso entonces me costaba un mundo ser capaz de lanzarte una maldición. – Encogiéndome de hombros. – Tómatelo como una revancha bien merecida y lánzame tu mejor golpe… no pienso resistirme. – Quedándome ante ella con los brazos inmóviles a mi costado.
- Al menos ayúdame a practicar un poco. – Abriendo las palmas y haciendo aparecer en sus manos dos espadas. – Seguro que Isa se subirá por las paredes por no poder ver cómo nos batimos tú y yo en duelo. – Lanzándome una espada.
- Tampoco puedo hacer nada contra ti de esta manera. – Protesté mientras tomaba el arma al vuelo.
- ¿Ni siquiera vas a detener mis estocadas para que pueda entrenar un poco? – Rogó con un mohín encantador en su rostro mientras se lanzaba contra mí con la intención de hacer un barrido hacia mi torso.
- Vale, pero sólo porque me lo pides con esa carita… - interceptando la hoja con la mía sin esfuerzo alguno. – Y porque tienes razón, tienes que entrenar.
Comenzamos así una danza por toda la sala de acero contra acero. Ella amagaba con todas sus fuerzas hacia puntos vitales de mi cuerpo y yo los esquivaba con rapidez, sin tampoco esmerarme demasiado pues no era necesario. Aunque Isabel la había entrenado correctamente y conocía buena parte de los movimientos básicos, aún no era una espadachina a la que hubiese que temer. Ni aún teniendo la fuerza y rapidez que le proporcionaba la sangre vampírica, yo seguía siendo mucho más rápido que ella y podía ver cada uno de los gestos que delataban cual sería su siguiente movimiento. Por supuesto que no era una pelea igualada, pero me asombraba ver el empeño que le ponía en practicar como era debido. Cuando llevábamos un buen rato, vi asomar una sonrisa a su rostro.
- ¿Crees que puedes ayudarme con otros detallitos que deseaba practicar? – Preguntó mientras nuestras espadas estaban cruzadas entre nosotros.
- ¿Qué se te ha cruzado por esa mente perversa? – Inquirí a mi vez.
- Sólo una cosita con la que he estado jugando en mis ratos libres… - Encogiéndose de hombros y liberando su espada mientras se alejaba un poco de mí, lo más natural en el caso de que estuviese con un contrincante que sí le devolviese las estocadas.
Entonces percibí las sombras moverse a nuestro alrededor, la miré con curiosidad, pero no hizo falta que me dijese qué estaba planeando. Dos zarcillos de sombra avanzaron con rapidez en dirección a mis brazos, con toda la intención de inmovilizarme. Invoqué otros dos que los interceptaron. Así continuamos un rato más, acero contra acero y sombra contra sombra. Hasta que vi que empezaba a agotarse, su frente se perlaba de sudor por el esfuerzo extra de controlar las sombras con la mente y, al mismo tiempo, intentar atacarme con su espada. Lástima que Lucian no pudiese verla, se sentiría orgulloso de ver los avances que aún siendo mortal había alcanzado. Dejé de defenderme para permitirle tocarme en un hombro con la punta de la espada, ésta se partió en dos al dar contra mi dura piel, al mismo tiempo obligué a todos los zarcillos, los suyos incluidos, a que se reuniesen de nuevo con las sombras.
- Me has dejado ganar. – Protestó, cuando tiré mi espada al suelo. Ella jadeaba de cansancio.
- Por supuesto, querida. – Me sonreí. – No soy un oponente digno. – Realizando una reverencia y concediéndole así la victoria. – Ahora será mejor que nos retiremos para que puedas recuperar tus fuerzas como te mereces.
Lástima que tuviésemos que abandonar la sala tras el examen, porque habría resultado divertido ver qué hacían los que aún quedaban por examinarse. Una vez en el vestíbulo, escuchamos la algarabía que tenían organizada fuera los demás. Sólo nos quedaba un día más de exámenes, pronto terminaríamos con todo el proceso que nos había llevado hasta allí en un principio. Seguimos el sonido de la música y nos encontramos con otra fiesta campestre, esta vez mucho más sonada. Las odaliscas danzaban a la luz de varias antorchas en torno a una hoguera, mientras algunos las animaban con palmas, uniéndose al ritmo de los tambores. Para no variar, algunos alumnos observaban petrificados desde las galerías del castillo todo el despliegue que armaban.
- ¿Tienes alguna idea de qué es lo que celebran? – Preguntó Hermione mientras descendíamos las escaleras para unirnos a la fiesta.
- No sé… - reconocí. – Puede que les haya llegado el soplo de que cierta persona se ha graduado con honores en el uso de las disciplinas, aún siendo un ghoul que no es un ghoul. – Comenté abrazando su cintura.
- ¡Por favor! Sabes que estamos más que suspensos en Defensa, ¿verdad? – Resopló. – Va a ser el único suspenso que tenga en mi vida… no creo que pueda perdonármelo jamás.
- Cariño, es un poco difícil que puedas aprobar una asignatura que se llama Defensa Contra las Artes Oscuras cuando tienes planeado convertirte en una Maestra de las Sombras, ¿no crees? – Bromeé. – Además, tu marido es un ex – mortífago, eso tampoco ayuda mucho.
- Puede… pero formaba parte de la Orden del Fénix… Eso contará para algo, ¿no? – Comentó ella un poco más animada.
- Por supuesto… - riéndome a carcajadas. – No te olvides de ponerlo como actividad no lectiva en tu currículum.
- En momentos como estos es cuando me paro a pensar lo mucho que ha cambiado mi vida… - Murmuró con un tono ensoñador.
- ¿Estás contenta con el cambio o preferirías que fuese diferente? – Deteniéndome para evaluar su expresión.
- Puedo decir que no me arrepiento de ninguna de las decisiones que he tomado hasta ahora. – Tomando mi mano entre las suyas. – Antes mi mayor aspiración era profesional, porque no sabía que podía alcanzar todo lo que tengo gracias a ti. – Mirándome fijamente a los ojos. – Tengo una familia adorable, toda una eternidad para disfrutarla, un marido que es capaz de mirarme como si fuese lo único que existe en el mundo cada mañana, dos hijos maravillosos… - Poniéndose de puntillas para besarme. – Gracias a ti puedo decir que no me importa en absoluto lo que ponga en mi carta de calificaciones, algo que antes sería lo único en lo que podría pensar tras salir de un examen. – Volviendo a besarme. – Aunque insistas en que me estás arrastrando hacia la muerte… creo que en realidad me estás enseñando a vivir. – Rodeando mi cuello con sus brazos y fundiéndose conmigo en un beso que nos hizo olvidar todo lo que nos rodeaba.
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En el último día de exámenes decidimos organizar otra fiestecita, pero en esta ocasión nos desplazamos hasta la sala que usábamos antes, para poder caber todos y celebrarlo como corresponde, sin tampoco armar demasiado jaleo. Muchos de los alumnos nos tenían verdadera ojeriza por tanta fiestecita en los terrenos del castillo, supongo que no les hacía ninguna gracia que rompiésemos su concentración con nuestra música, las carcajadas o las conversaciones hasta bien pasado el toque de queda. Pero era la ventaja de que a nosotros no nos iba a ocurrir nada aunque anduviésemos por los pasillos a determinadas horas. Como mucho, podíamos encontrarnos con un demonio del abismo, lo que nos entretendría al tener que charlar con él.
- ¡Ven aquí, cachorro! – Me llamó Lucian desde un extremo de la sala. – Brinda conmigo para celebrar que ya has terminado con toda esta estupidez de los magos. – Ofreciéndome una copa de champán.
- Sigo siendo un mago, Luc. – Protesté para meterme con él mientras aceptaba la copa y la hacía chocar con la suya con extremo cuidado. – Aunque veremos qué sale después en las calificaciones… quizás me quieran quitar la varita.
- ¡Para lo que la usas! – Se burló Blaise a mi lado.
- A ti más te vale sacar buenas notas, jovencito. – Le reprendí. – Tú vas a ser una de las cabezas visibles de mi plan, necesito que tengas algo más que el prestigio para que te avale en el Ministerio.
- No os preocupéis por eso… - Intervino César uniéndose a nosotros. – Lameth y yo nos hemos ocupado de todo.
- ¿Quiere decir que estamos aprobados? – Preguntó Blaise.
- Sólo nos hemos encargado de que los examinadores no caigan en la cuenta de algunos detalles acerca de vosotros, tampoco hemos hecho que os aprueben sin más. Por lo de pronto, no se han enterado de algunas cosas que habéis hecho sin la varita y, cuando revisen los escritos, bueno, puede que consideren válidas algunas respuestas que de otro modo nos podrían traer problemas. – Tomando un sorbo de su copa. – Eso último es más que nada porque sabía que él y su amiguito de toda la vida iban a dejarse llevar en cuanto tuviesen una pluma en sus manos.
- ¡Luc, César! – Llamó Tony con urgencia desde el sofá, levantándose con nerviosismo. - ¡Ya está, ya se han terminado de organizar las variables!
- ¿Cuándo? – Preguntaron los dos generales al unísono. Sus cuerpos tensos de inmediato ante la cercanía de la batalla.
- Dentro de una semana… por la noche. – Anunció el druida con una sonrisa maliciosa. - ¡Sí, vamos a machacar algunos cráneos! – Alzando su copa en un brindis.
Así. Simplemente con un brindis y un grito de júbilo de buena parte de los presentes, nos preparamos para luchar contra el Sabbat tras haber terminado con la ronda de exámenes del Ministerio de Magia. Resultaba casi irreal. Pasaríamos de utilizar plumas y pergaminos a sostener espadas y pistolas. Hermione me miró desde el sofá en el que estaba sentada, con Isabel y Ziva, vi cómo en sus brazos se le ponía la piel de gallina y en sus ojos aparecía un rastro de miedo. Con sólo pensarlo ya estaba a su lado, rodeándola con los míos y besando su sien, susurrando en su oído que no debía preocuparse por nada, que teníamos todas las de ganar y que no debía tener miedo por nuestra suerte. Isabel escuchó mis palabras y también se unió a mí para abrazarla y consolar su nerviosismo. Los dos teníamos muy claro que Hermione no temía por sí misma, sino por nosotros, por su familia. Lo que ella no era capaz de entender era que… ella era nuestra única preocupación y por ella, acabaríamos hasta con el último Sabbat que se atreviese a asomar sus colmillos a un kilómetro de distancia.