El día de la bendita fiesta había llegado. Mira que bien, me encontraba de lo más "entusiasmada”. Bienvenido fuese el sarcasmo. Dios, no sabía que era pero desde hace día notaba una angustia en mi pecho. Era como si asistir a ese lugar fuera un error. Adrian me había dicho que no habría mucha gente. Solo nuestro grupo del instituto y poco más. No le había dicho nada a él pues lo conocía y sería capaz de negarse a que asistiéramos. En las noches el insomnio hacía acto de presencia. Algo estaba mal. En esta última semana me he vuelto una enferma. Me siento observada, como si me estuviesen vigilando. Me siento ansiosa, me es muy difícil tragar la comida. Todas las tarde voy a correr a las canchas, necesito liberar todo estas malas sensaciones que llevo dentro.
Alba esta de lo más feliz, pues supuestamente va a conocer a un chico con el que habla por el facebook. Eso a mi no me gusta. A saber con quién se está relacionando. No le he dicho nada porque sé que piensa que soy una exagerada. A veces me mira como si estuviera loca pero no está de más ser precavida.
Bajé a desayunar con una mala ostia que lo flipo. Todo me estaba superando. La fiesta. Y esta opresión inmensa en mi pecho no se iba. Me dolía incluso. En momentos me quedaba sin aire.
Debía hablar con Adrian para decirle que había tomado la decisión de ir médico. Y que me gustaría que fuese conmigo. Que esté a mi lado para superarlo juntos. Yo sé que cada vez más le afectaba mi mierda. Para él era imposible hacer como que no pasa nada.
Me serví leche con cola cao y me pase todo el tiempo dándole vueltas sin probar nada.
— ¿Qué pasa nena? — Me preguntó mi tío sentándose junto a mí- Llevas una hora ahí sentada sin comer nada con la cabeza en otro lado— me dijo él serio, lo que significaba que estaba preocupado.
— Siento feo como si algo malo fuese a pasar— dije triste desbordada por las emociones que he estado conteniendo todo este tiempo. Una lágrima chiquita escapó de mis ojos.
— Nena nada malo ocurrirá, no lo permitiré— dijo él consolándome, notaba como mi tío quería tocarme, confortarme. Me levanté y me senté en su regazo como lo hacía cuando era pequeñita. Me arropó entre sus brazos mientras murmuraba "nada pasará bebé". Entre sus cálidos y fuertes brazos me perdí sintiéndome querida. Morfeo me arrastró a su mundo de forma automática. Pareciese que los brazos seguros de mi tío era lo que necesitaba.
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Todo se volvió intranquilo, negro, oscuro. Una neblina adornaba el lugar. El bosque. Casi no se podía ver nada. Miedo era todo lo que sentía pero todo cambió a dolor cuando mis ojos vieron como él le golpeaba a mi niño hasta el cansancio. Parecía una carnicería. Sangre por todos lados.
Un grito desgarrador salió de entre mis labios mientras me despertaba y volvía al mundo real. Lloraba y lloraba. Sentía como pasos apresurados llegaban a mí y que unos brazos fuertes me tomaban en brindaban el apoyo que necesitaba en estos momentos. Al sentir su magnifico olor me abracé a él con piernas y manos. Ahora si podía decir que era un monito. No lo podía perder. Él no. Si a él le pasa algo. NO. Ni siquiera puedo pensarlo. Mi cuerpo temblaba. Miedo, mucho miedo. Nunca había tenido tanto como en este momento.
— Bebé ¿Qué pasó? — me preguntó el angustiado a lo que yo simplemente negué mientras intentaba calmarme. Adrian se acostó en la cama y yo le seguí como si fuera la sombra de él.
Allí pasamos el resto de la mañana acostados en esa cama sin decir nada. Yo no podía decirlo en voz alta. Eso sería mi ruina. Los malos pensamientos no se dicen en voz alta eso sería llamar al demonio y no quería eso. Ahora me encontraba acariciando cada parte de su cuerpo que quedaba a mi alcance cerciorándome de que se encontraba bien y que todo fue producto de mi mierda.
— Tu tío me ha contado lo que habéis hablado, podemos quedarnos aquí. Mi hermano puede ir con Alba— me dijo Adrian suavemente. Negué eso sería ser demasiado egoísta. No podía quitarle eso, él merecía pasarla bien. No podía amarrarlo con mis traumas. Iríamos aunque no esté tranquila hasta que regresemos nuevamente a casa.
— Me prometes que pase lo que pase no vas a poner tu vida en peligro— le dije seriamente mirándole a los ojos.
— Me pondría delante de un cañón si es necesario para protegerte— me dijo serio
— No me digas eso, no me lo digas joder— grité como histérica. Solo podía pensar no, no, no.
Él entendió enseguida de que iba todo.
— No va a pasar nada nena, solo fue una pesadilla ¿si? — me dijo él conciliadoramente. Pero la intranquilidad no me dejaba ni muerta.
— Te quiero mi amor— me dijo suavemente
— Prométemelo, te lo suplico— le dije implorándole
— No, porque sería una mentira y sabes que las odio— me dijo depositando un suave besito en mis labios. Poco a poco me fui derritiendo entre sus brazos. Sus labios hacían magia sobre mi piel, la conquistaba, la abrazaba, la calentaba, la persuadía... Dios este hombre me va a matar. Podría convencer hasta la persona más terca del mundo.
Me alcé sobre sus labios y los besé un tanto brusco. Sacando todo los sentimientos que tenía dentro, necesitaba liberarlo. Él me seguía el juego. No nos dábamos tregua. Recorría su boca, gemía en su boca provocando excitantes gruñidos de su parte pero pronto sentí como nos separaba "no seas perversa conmigo nena" me dijo sobre mis labios.
— Te amo mi vida— me dijo en mi oído pero igual no me sentía todavía preparada para decir esas palabras. No estaba segura de sentirlo. No quería mentiras.
Le di una ligera mordida en su cuello.
— Nos vemos a la noche bebé— se despidió mi chico con un ligero beso en mis labios.
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Las ocho de la tarde. Hora de vestirse.
Me alisé el cabello que ya se encontraba bastante largo. Debería cortarlo pero no sé si a Adrian le haga mucha gracia pues se pasa el día jugando con él.
Me puse el vestido. Era largo, de un color peculiar que estaba entre el rosa y el naranja. Me encantaba. Tenía un cinto que parecía una cadena que adornaba mi cintura haciendo que destacara mi plano vientre. Amo el vestido.
Flash Back.
Adrian y yo nos encontrábamos en unos de los centros comerciales más grandes de toda Alemania. Caminábamos de la mano dando un paseo por él. Era enorme... nunca había visto un lugar tan inmenso. Sentí como soltaba mi mano y dejaba descansar la suya sobre mi baja espalda. Ese gesto hizo que sonriera. Nos dirigimos a una heladería y compramos unos helados. El mío de galleta maría y el goloso de mi novio de chocolate. Tomé el móvil y le tomé una foto comiendo el helado, parecía un niño en el día de navidad. Nos sentamos en un banco, bueno él se sentó yo quedé sobre su regazo.
Sus labios tomaron posesión de los míos de forma inesperada. Un beso dulce, sin más fin que el darnos mimos. Cada uno se centró en la tarea de comer pero mi vista se vio maravillada por el vestido más exquisito que había visto nunca. Era divino.
Adrian se dio cuenta de lo que miraba y me lo compró a pesar de los mucho que intenté hacerle cambiar de opinión
Fin del flash back.
Me maquillé dando un poco de color a mis ojos sin hacer la raya. Brillo en los labios y ya.
Me hice la raya del pelo a un lado. Laca para mantenerlo y se acabó. No estaban los ánimos para estarse arreglando mucho. Tomé el móvil y bajé.
Me senté en el salón a esperar a que Alba acabase y que llegara mi chico.
Este tiempo se me estaba haciendo tortura. Cada minuto me pesaba más. La paranoia no se iba de mi mente.
Tenía las piernas cruzadas. No paraba de moverlos. Arriba y abajo. Era como si temblara.
— Mi vida... estas hermosa, voy a ser el chico más envidiado esta noche— dijo Adrian entrando a la sala. Le sonreí. Se veían condenadamente sexy. Joder no me podría separar de él. De por sí todas las miradas se centraban en él.
— Baby, estás bellísimo— le dije con voz mimosa, a lo que él me picó el ojo.
— ¿Y la odiosa de tu prima? —preguntó Adrian sentándose junto a mí
— Todavía está en su dormitorio— dije con voz cansada. Cada vez la fiestita me parecía más un error.
Después de lo que pareció un siglo apareció Alba por las escaleras. Cuando la vi me quedé alucinada. Se veía preciosa. El vestido era azul marino con brillantinas. Entallado hasta la cintura con un escote generoso que dejaba parte de sus pechos a la vista pero sin llegar a ser vulgar. El vestido caía hasta mitad de los muslos como si fuese el de una bailarina. Su piel de porcelana relucía con ese color. Se veía divina. Mi vestido parecía trapos en comparación con el de ella. No pude evitar bajar la cabeza sintiéndome menos. Me apenaba no poder darle esas visiones a Adrian. Pero esa ropa dejó de ser para mí hace tiempo. Me hacía sentir tan sucia.
— Nos vamos— dijo Alba muy entusiasta por la salida. Asentí y me levanté para seguirla.
Adrian me retuvo, tomándome del brazo. Me atrajo hasta su pecho mientras pasaba su mano de arriba y abajo por mi espalda, musitando en mi oído "a la única que ven mis ojos es a ti". Haciendo que sonriera muy a mi pesar.
Caminamos juntos hacia el coche después de despedirnos de mis tíos.
El trayecto en coche fue relativamente corto. El pub estaba relativamente cerca.
Cuando entramos no había muchas gente. Bueno casi toda estaba en la pista de baile. Alba no paraba de chatear por el móvil. Me tenía de los nervios.
La música estaba escandalosamente alta. Los oídos me dolían. Las luces eran muy brillantes. No me gustaba nada.
Adrian y yo nos fuimos a un reservado, no me apetecía para nada estar en medio de todo ese montón de gente. Me sentía vigilada nuevamente. Esa sensación de que alguien me estaba viendo no se quitaba de mi mente. Giraba mi cabeza hacia todos lados en busca del culpable pero solo me encontraba con zorras que no dejaban de babear por mi novio.
Tensa, así era como me encontraba. Adrian no dejaba de dar besitos en mi hombro intentando relajarme y me pareció oírle decir " no ha sido buena idea". Pero quizás la locura me afectara hasta tal punto que oía cosas no dichas.
Después de lo que pareciese un siglo apareció Alba con un cubata y un Cosmopolitan. La miré como si tuviese tres ojos. Ella pensaba que yo me iba a beber esa mierda. Ni que estuviera loca. Mis sentidos debían estar al cien por cien.
— Venga Emma, diviértete un poco. No seas sosa— me dijo riendo.
— Que te jodan— le respondí simplemente, a lo que ella se carcajeó.
— Vamos, te quiero presentar a alguien— me dijo tomándome de la mano. Adrian se fue a levantar pero Alba no le dejó diciéndole simplemente " te la devuelvo en diez minutos".
Caminé con ella por la pista. Era asqueroso ver como se restregaban los cuerpos de los chicos contra las chicas y viceversa. Se veía tan sucio. En las miradas podía ver al monstruo de esa noche, nada comparado con mi chico. Parecía animales fuera de sí. Intentaba con todos mis medios no rozar ni una pulgada de mi cuerpo contra las personas que allí se encontraba. Era tan degradante. Muy pendiente en mi labor de que nadie me tocara no me di cuenta de que llegamos al lugar donde el dj pinchaba la música. Alba miraba de un lado a otro en busca de alguien.
— Emma espérame aquí, enseguida regreso ¿si? — me dijo ella de pronto haciéndome temblar de miedo.
— No me dejes sola, te lo suplico— le dije implorándole que no se le ocurriese hacer esa tremenda idiotez.
— Solo será un segundo— me dijo suplicando con la mirada.
Maldita sea.
Inquieta, histérica.
No había mucha gente a mi alrededor. Adrian ven, por favor. Tengo miedo.
— Ricura ¿cuánto tiempo sin vernos? — me dijo esa voz. No, no. NO. ¿Por qué Dios? Dime joder que he hecho para merecerlo. El terror me invadió pero igualmente intenté huir pero antes de hacer nada ya tenía un pañuelo húmedo contra mi nariz y boca haciendo que desvaneciera casi en el acto.
POV Adrian.
No me gustó nada que Alba se la haya llevado. Veía el pánico en su mirada. Había accedido a venir por mí y lo sabía. La culpa me carcomía. Era demasiado pronto. Aunque era una fiesta privada, este ambiente no es bueno para mi niña. Dios, si le pasa algo no me lo perdonaré en la vida.
Alba le iba a presentar el chico que conoció y el tipo sinceramente no me gusta. Hay algo en su mirada que no me convence. No recuerdo ni el nombre.
Han pasado veinte minutos y no aparecen. El tiempo me está pareciendo una tortura. Desde hace cinco minutos tengo una sensación de ahogo. Como si algo malo fuera a pasar. Será que Emma no estaba tan equivocada como creí. Será que su sueño era una advertencia. Dios mío no permitas que le pase nada.
Ya no aguanté más y me levanté decidido a buscarla. Recorrí toda la pista pero nada no la veía hasta que la imagen de Alba desesperada buscando a alguien apareció ante mis ojos. ¿Y Emma dónde está? Corriendo y empujando a todo el mundo llegué hasta ella.
— ¿Dónde está? — le pregunté como un energúmeno.
— No sé, la dejé aquí un segundo — me dijo asustada.
— ¿La dejaste? Joder te dije que no te separaras de ella y la dejas sola en medio de toda esta gente — le dije a voz de grito. Estaba fuera de mí.
— Adrian, yo... — dijo entrecortadamente
— Adrian nada, vine a la puta fiesta por ti, la convencí por ti y no podías cuidarla un momento — le dije para luego irme pues acabaría diciendo cosas de las que luego me arrepentiría.
Subí al escenario donde se encontraba el dj. Cogí el micrófono y bajé todo el volumen de la música bajo la mirada atónita del chico. No tenía tiempo para buscar a Emma. Necesitaba saber si se encontraba en el recinto.
— Alguien ha visto a Emma— dije alto y claro con una voz dura que dejaba claro que no estaba para gilipolleces.
— La vi salir con un tipo por la puerta trasera, parecía estar muy bebida—dijo una rubia dedicándome una sonrisa coqueta. Tiré el micrófono, salté con furia del escenario y salí por esa misma puerta. No había rastro de nadie. Ni un alma se encontraba allí fuera. Emma no bebe. La drogaron. Puta mierda. ¿Quién joder?
Flash back
—No quiero dañarte— dijo mientras me abrazaba.
— No lo harás— le aseguré abrazándola fuerte contra mi pecho desnudo.
— Prometió volver— susurró con pánico.
— Si eso pasa te juro que lo mato, nunca más te va tocar. Te lo prometo mi amor — le dije con un tono de voz duro.
Fin del flash Back
Maldito hijo de puta. Te encontraré, lo juro. Más te vale no tocarle ni un poquito porque te aseguro que te mato. Tenía que encontrarla pero dónde se la pudo haber llevado ese maldito psicópata.
Piensa Adrian. Recuerda todo lo que ella dijo. Tiene que haber una pista en algún lado. Tengo que encontrarte mi vida. Sin ti no soy nada. Los ojos picaban pero no era momento de venirse abajo.
Piensa, piensa. Un recuerdo invadió mi mente haciéndome jadear.
Flash Back.
Estábamos recostados en el claro. Ella como siempre se quedaba dormida sobre mi pecho pero esta vez noté como su pecho se agitaba y comenzaba a removerse.
Una pesadilla. Con cuidado la desperté. Ella solo se abrazó a mí mientras recuperaba la calma. Me limité a darle leves caricias para relajarla.
— ¿Con qué sueñas? — le pregunté queriendo poder ayudarla, hablarlo siempre ayuda.
— Con el lugar. Es frío, oscuro, hay muchos espejos. Es un lugar sin retorno— me dijo con voz temblorosa. No volví a preguntarle nada sobre el lugar. Pero ya sabía de dónde venía su pánico a los espejos. Los asociaba a la humillación y todo el dolor que pasó.
Fin de flash back
Espejos, espejos, espejos. Esa era la clave. Solitario difícil de encontrar.
Un bombilla se encendió en mente, la cabaña en medio del bosque dónde se impartía ballet en la antigüedad.
Tomé el móvil, le mandé un whatsapp rápido al hijo del comisario explicándole de forma breve lo que estaba ocurriendo. Con el coche fui hasta el sendero más próximo a la cabaña. Salí disparado hasta el bosque. Gracias a los cielos conocía ese puto bosque como la palma de mi mano. Era muy peligroso ingresar de noche pero a mi nadie me iba a detener en la búsqueda de mi niña. Nadie. Si tuviera que morir por ella, muy feliz lo haría. Al final ella no estaba desencaminada. Lo sabía.
Mi respiración estaba a mil. Con los nervios a mil por hora me adentré en la maldita cabaña.
No lo niego, tengo miedo
Pero mi amor por ella es mucho más grande que cualquier otro sentimiento o sensación.
POV Emma.
Cuando desperté me encontraba muy entumecida. Pero rápidamente me di cuenta de lo que había pasado. Solo pensaba en Adrian. Nene no me vengas a buscar por Dios. Me muero si te pasa algo. Me costaba moverme, pero aún así me levanté y caminé. El lugar era tan parecido al de la otra vez. Espejos había miles. Me volvería loca.
— Mi amor, volví como te lo prometí. Yo siempre cumplo mis promesas pero tú maldita puta has tenido que engañarme con ese engendro— me dijo a voz de grito desde algún lado de la habitación. Empezaba el juego. No veía nada. Solo mi reflejo en el puto espejo. El vestido estaba todo desgarrado de forma que apenas me tapaba el trasero.
— Dime que tiene él que no tenga yo, maldita zorra. Yo te amo, mi vida. Todo lo hice para que estuviésemos juntos toda la vida. La primera vez nunca se olvida— dijo el muy hijo de puta. Dios, si todavía sigues ahí arriba haz que acabe pronto. No me condenes más, pues ya no puedo soportarlo. Solo oírle hace que el dolor lacerante enterrado en mi pecho se vuelva enfermizo. Mátame pero no me hagas pasar por esto nuevamente. No podría. Eso sí cuídame al mi angelito mucho y la princesita.
— En que piensas puta de mierda— me dijo mientras tiraba de cabello hasta dejarme desmadejada en el suelo. Me temblaba todo. Intentar huir no servía de nada. Solo lograría gastar energía.
— Putita yo te amaba, eras mi vida pero tenías que ir calentando a todo el equipo de equipo de baloncesto, haciendo apuestas para ver quien lograba follarte. Todo esto es tú culpa, tú me obligaste a ello ¿verdad que si? — me dijo mientras acariciaba mi cabeza para luego descender por mis pechos. Los pellizcaba. Asco. Nene, perdóname.
— Si, es verdad— dije con odio, rencor hacia este cabrón. Ojala te pudras en el infierno.
Intentando alejarme de él, encontré un objeto en el suelo. Parecía una pala. Como las de la agricultura. Una luz tremenda invadió el lugar. Alguien había presionado en interruptor.
La imagen que vi me hizo jadear de terror. Adrian. ¿Por qué no me hiciste caso?
Pronto vi como el se abalanzo sobre mi chico arrojándole hacia los espejos. A cámara lenta vi como su cabeza estrellaba contra los inmensos cristales. Provocando que gran cantidad de sangre comenzara a brotar de su cabecita.
Paraliza así me encontraba al como mi amor yacía entre esa montaña de cristales. Veía como a cada segundo que pasaba lo iba perdiendo. Bebé.
Un grito desgarrado cargado de todo el dolor y odio salió de entre mis labios.
Mis manos temblorosas tomaron la pala con una determinación que asustaba.
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NO ME MATEN
Algún votito merezco^.^
QUE HARÁ EMMA?
Y ADRIAN MURIÓ?
:'(