{ Yoongi }
No puedo sacarle la vista de encima a su vientre mientras sigue trazando movimientos circulares sobre éste con sus manos. De repente, me da la sensación de que ver como un mini Yoongi o una mini ella crece en su interior no es tan aterradora en realidad. Un bebé con sus ojos y mi color de cabello combinados... ¿Qué estoy pensando? Dios, que me he vuelto raro.
— ¿De qué te ríes, Sunbae? — me pregunta ella sonriendo también.
Ahora me río sin darme cuenta como una adolescente enamorada, estoy peor de lo que creía.
— Nada — contesto y coloco mi mano sobre las suyas que descansan sobre su vientre. — ¿Ya se pasó? — pregunto al ver que ya no se queja ni hace caras raras.
— Si, ya no duele mucho.
— ¿Viste? Te dije que esa posición en la que estabas era mala — la regaño en broma y le toco la frente con mi dedo índice.
Una figura pequeña vestida con un bata blanca se para a los pies de la cama y nos mira con tímidez. Es esa niña de la primera cama.
— Hola — la saluda __t/n__ con entusiasmo y luego yo hago lo mismo. En lugar de respondernos, empieza a decir cosas inentendibles y se cubre el rostro con ambas manos mientras da pequeños saltitos en su lugar. Volteo a ver a __t/n__ y la sonrisa que se dibuja en su rostro se me contagia.
— Suga oppa, ¿me darías tu autógrafo? — dice con voz infantil cubriendo su rostro sonrojado con sus manos.
Me levanto de la cama y me arrodillo frente a ella. Me da un papel blanco, una lapicera azul y le pregunto su nombre antes de escribirlo.
— Para Seonyeon de Min Suga. Come todas tus comidas para poder estar siempre sana — recito en voz alta lo que voy plasmando en el papel. Una vez que termino, revuelvo su cabello negro y suave y ella sale corriendo gritando como loca mientras su guardián le hace señas a lo lejos para que baje la voz.
— Qué tierna, ¿no? — me dice __t/n__ cuando regreso a sentarme a su lado.
— Y muy ruidosa — añado con una sonrisa para que no suene como algo malo.
— Los niños son así — mira en dirección para donde salió corriendo la pequeña.
Espero que no todos sean así porque no me imagino tener a un niño así de inquieto las veinticuatro horas del día.
— ¿Qué? ¿Pasa algo? — le pregunto asustado cuando veo que buscando sentarse con los pies colgando.
— Quiero ir al baño — dice y con sus puños se ayuda para bajarse de la cama lentamente.
— ¿Quieres vomitar?
— No, sólo quiero ir al baño. Hace rato que estoy aquí — me dice entre risas.
— ¿Qué es tan gracioso? — le pregunto serio.
— Si me tratas así por un simple desmayo, no quiero imaginarme si alguna vez me operan o algo parecido — explica sin dejar de reírse.
— Un desmayo no tiene nada de simple — contesto con un tono áspero.
Apenas se vuelve acostar, distingo al doctor Min abrirse camino entre un grupo de enfermeros hacia nosotros. Mi pecho parece un lugar pequeño para mi corazón que late con más fuerza a medida que se acerca.
— ¿Cómo te sientes? — le pregunta a __t/n__ con un tono demasiado amable para mi gusto.
— Mejor — responde ella con una sonrisa.
— Bueno, eso esperaba — contesta él sosteniéndole la mirada.
— ¿Qué es lo que le sucedió? — pregunto para romper ese momento del cual no parezco formar parte.
— Sólo se trató de un malestar estomacal. El otro guardián me explicó que últimamente está bajo presión debido a ensayos y puedo suponer que no está comiendo ni durmiendo correctamente. Todo eso combinado puede resultar en vómitos, mareos y cansancio.
Esas palabras y el alivio que experimento hacen que me vuelva el alma al cuerpo pero por otro lado, me siento un poco decepcionado, lo cual me sorprende. Supongo que dejé que mi imaginación divagara más de la cuenta.
— Entonces, ¿podemos irnos hoy o...?
— Tuvo un desmayo, así que sería conveniente que se quedara en observación hasta mañana. Por si acaso — explica el doctor Min.
Asiento y le doy las gracias por haberme sacado la duda que me carcomía la conciencia desde esta mañana.
— Deberías irte. ¿No tienen que ensayar? — me dice __t/n__ cuando el doctor Min se retira.
— ¿Te golpeaste la cabeza cuando te desmayaste? Ni loco te dejo sola aquí — le digo muy seriamente. Y mucho menos con ése doctor que la miraba con mucho aprecio.
— Pero...
— Pero nada — la interrumpo. — No se discute y punto.
Estando aquí adentro, es imposible percibir el paso del tiempo a no ser que mire la hora del celular. Ya casi son las 9 PM. Me termino el vaso de agua que tomé de la máquina expendedora y vuelvo a su lado. Está recostada sobre su lado derecho y tiene el rostro iluminado por su celular. Me quedo unos momentos en silencio detrás de ella, sin que se percate de mi presencia, y alcanzo a ver en la pantalla, el nombre de Haewon con un número debajo.
No se me había cruzado su nombre por la cabeza en toda la tarde y creo que por eso no me sentía tan cargado de sentimientos negativos. Me surge curiosidad por saber qué va a hacer: si va a llamarla o no pero sólo se queda con la mirada fija en el celular sin hacer nada.
Me pregunto qué pensará de todo esto, de la confesión de Haewon.
— ¿Qué haces que aún no duermes? — la sermoneo medio en broma, medio en serio. Ella se apresura a esconder la pantalla para que no pueda ver lo que tenía.
— Aún no tengo sueño — contesta con un tono extraño.
No quiero hablar de esto pero necesito saber qué es lo que pasa por su mente ahora cuando ve a Haewon. Me recuesto a su lado sobre las mantas y la rodeo con un brazo mientras acomoda su cabeza en mi hombro.
— ¿Has vuelto a hablar con ella? — pregunto un tanto nervioso.
— No — contesta, trazando figuras pequeñas en mi pecho con sus dedos. Me tomo mi tiempo para volver a hablar pero ella me gana de antemano.
— Estoy molesta con ella por lo que hizo pero... — se detiene. Cambio de posición para poder verla a los ojos. ¿Pero qué, pero qué? ¿No irá a decirme que tal vez siente algo...?
— ¿Pero qué?
— No sé, pienso en todo lo que ya tiene que pasar por tener preferencias distintas a los demás y siento compasión por ella. ¿Viste su expresión cuando salió corriendo de mi habitación? — dejo que el aire contenido en mis pulmones salga en cuanto escucho su respuesta. Las estupideces que pienso a veces me sorprenden hasta a mi mismo. La conozco muy bien y sé que no le gustan las mujeres.
— Sí — contesto pero yo no siento compasión por ella; se lo merece por todo lo que hizo.
— ¿Y Chan? — pregunto antes de darme cuenta de lo que estoy diciendo.
— ¿Qué pasa con él? — pregunta curiosa.
— ¿Estás enojada con él? — ya abrí la boca así que, ¿qué más da que le pregunte?
— Lo estuve pero ya no — dice antes de volver a acomodar su cabeza en mi hombro.
¿Qué? ¿Ya no?
— ¿Cómo que ya no? Estuvo encubriendo a Haewon — le digo molesto.
— Es verdad, debió haberme advertido pero también intentó convencer a Haewon de detenerse.
Me levanto de golpe y me siento en la cama.
— ¿Aún sigues creyéndole después de todo? — espeto bastante enojado. Ella pone su mano sobre mi boca para callarme pero la aparto.
— Escuché a escondidas como Chan le pedía repetidamente a Haewon que fuera honesta conmigo — se explica entre susurros.
— Pero, ¿por qué no te lo contó él mismo cuando veía que Haewon no le hacía caso? — no hay manera que cambie mi manera de verlo: es un mentiroso por donde lo vea.
— Chan es una persona con códigos, no le gusta andar delatando a los demás.
No puedo evitar empezar a reírme histéricamente con su respuesta.
— ¿Una persona con códigos? Se suponía que era tu amigo y dejó que Haewon te hiciera daño — hablo con más brusquedad de la que quisiera pero es que me saca su modo de defenderlo a pesar de todo.
Baja la cabeza y se queda en silencio porque sabe que tengo razón. Se lleva una mano al rostro y me percato de que está llorando. No me arrepiento de habérselo dicho, porque es la verdad, pero sí de haberlo hecho aquí. Me acerco de nuevo a ella y la abrazo con fuerza.
— Vamos a dormir, ¿sí? — digo mientras la ayudo a recostarla otra vez.
— Puede ser que tengas un poco de razón — dice de repente con voz apagada.
¿Un poco?
— Ya duérmete — le ordeno acariciando su cabeza.
— ¿Te preocupaste mucho cuando te dijeron que estaba en el hospital? — pregunta y siento su aliento cerca de mi cuello.
¿Qué parte de "ya duérmete" no entiende esta hermosa chica a mi lado?
— ¿Qué cosas preguntas? Obvio que si — contesto medio molesto. Eso ni se pregunta. Me moriría si algo le llegáse a pasar.
Mi respuesta hace que ella me abraze con más fuerza y se estire un poco para darme un beso en la mejilla.
Esos pensamientos que circundaron mi mente hasta que el doctor vino y aclaro que sólo se trató de una situación de stress, vuelven.
— ¿Te cuento algo? — digo tratando de esconder una sonrisa.
— ¿Qué cosa?
— Creí que por las naúseas, los mareos... creí que estabas embarazada — volteo hacia ella y no puedo disimular mi sonrisa cuando la veo verme con los ojos super abiertos.
— ¿Embarazada? — pregunta sorprendida.
— La última vez no usé el condón — le recuerdo o le informo, mejor dicho. No sé si habrá dado cuenta que no lo llevaba puesto porque ni yo me había dado cuenta.
Ella se acurruca contra mi pecho y percibo su risa.
— Desde que salimos, todos los meses me ponen la inyección anticonceptiva.
— ¿Qué? ¿Y por qué recién me estoy enterando? — otra vez lleva su mano a mi boca y me hace callar. Todo este tiempo usando el incómodo condón cuando no era necesario.
— Nunca me preguntaste — dice aguuantándose la risa.
— Te odio — le digo en broma y le planto un beso en los labios.