Hola querido lector, muy buenas, me llamo Raúl, y ésta es mi historia.
¿Te gustaría formar parte de ella?
Bueno, si estás leyendo esto supongo que sí.
Todo empezo en el año 2001, yo estaba en el vientre de mi madre y...
Espera espera, creo que será mejor que nos remontemos un poco más adelante.
Bien, nací en un pequeño pueblo de España, al sur de Madrid.
Al cumplir los 3 años, mis padres se separaron, y yo, que estaba en medio, tenía que ver como peleaban por mi custodia.
A medida q esto se desarrollaba, yo iba creciendo y cumplí los 4 años, cuando alfín declararon la custodia compartida.
Fue muy duro para mí en ese momento, con 4 años (que ya conseguía entender algunas cosas) ver como las dos personas que me habían dado la vida, y a quienes mas quería, no paraban de pelear y de gritarse cosas bastante hirientes el uno al otro.
Yo sinceramente no entendía el motivo, y solo me quedaba en la habitación, detrás de la puerta, escuchando como discutían por ver quien era el que "llevaba la razón".
En fin, cumplí los 8 años, y mi vida iba transcurriendo tal y como lo esperaba.
Unos días los pasaba con mi madre, otros con mi padre y su familia... Lo que viene a ser el día a día de un hijo de padres divorciados.
Mis demás amigos del Colegio tenían a sus padres casados, y se podría decir que felices, y yo me preguntaba que por qué no podía ser como ellos, ¿por qué mis padres no se pueden querer como todos los demás?
Hoy en día lo sigo considerando un misterio, imposible de resolver, o al menos por mí.
Con 10 años ya sabía hacer muchas cosas.
Sabía leer (que por cierto se me daba muy bien).
Sabía escribir , mi letra no era lo mejor que digamos pero, era legible. (o al menos eso creo yo) .
Y estaba aprendiendo a hacer muchas cosas por mí mismo, tales tonterías como: atarme los cordones, hacerme la cena de vez en cuando, y algunas cosas mas...
La verdad nunca me e considerado un niño privilegiado o muy listo.
Aunque siempre sacaba buenas notas, pero eso no tardaría mucho en acabarse.
Todo lo malo empezó cuando llegó la secundaria, pero bueno, de eso ya hablaremos, no nos remontemos a los hechos.
Era diciembre, y el adviento se acercaba.
Yo estaba en casa de mi familia paterna, ayudando a montar todas las cosas, el árbol, las luces, el belén...
Se podría decir que tenía una familia bastante religiosa y divertida, por qué no decirlo.
Estoy seguro de que si hubiese un concurso de decorados navideños, nosotros nos llevaríamos el primer premio sin dudarlo.
Tenía un primo llamado Carlos, junto al cual competía por ver quién le ponía mas adornos al árbol, y una abuela increíble, en este caso de parte paterna.
Siempre estaba pediente de mí y de lo que necesitaba, sinceramente la podría considerar como a una segunda madre, a la cual respetaba e intentaba ayudar de muchas formas en sus queaceres.
-¡Venid a comer! -Gritó desde el comedor grande- ¡Ya es tarde y se os va a enfriar la comida!
Al ser épocas de adviento , la familia mia y de mi padre estaba al completo, de tal manera que podíamos compartir y hablar de nuestras cosas.
La casa era súper grande, con un patio enorme, era de mi padre y de mis dos abuelos, con lo cual siempre había sitio y habitaciones para el resto de la familia.
Todos reímos, hablamos y contamos lo que nos había sucedido a cada uno en los últimos meses, mientras disfrutábamos de los exquisitos platos preparados por mi abuela.
Ella era una mujer de mediana estatura, ojos marron claro, pelo castaño y corto, y por motivos de la iglesia, siiiieeeeempre vestía de blanco. Aunque la verdad, le quedaba muy bien, era raro el día en que la veía de otro color, y cuando era así, bromeabamos sobre ello.
-¿Qué pasa abuelita? -Le decía yo- ¿ya has dejado de ser un ángel?
Y ella siempre me respondía igual:
-¿Y tú ya has olvidado lo que te dije lo de meterte con personas mayores?
La verdad, era una anciana muy activa, y eso era bueno.
Mi abuelo por otra parte, era médico, y tenía una consulta de la cual seguía sin jubilarse , con lo cual respecto a él se podía decir más de lo mismo.
Era un hombre considerablemente alto, aunque algo encorvado por la edad, de ojos con un marron oscuro , pelo blanco y corto, lleno de canas, y solía vestir camisas de cuadros y pantalones de pana. Un hombre hecho y derecho se mire por donde se mire.
El siempre decía "En esta vida no se puede estar de brazos cruzados querido nieto" y yo siempre me reía con él y de las historias que me contaba.
Terminamos de comer y cada uno se fue a hacer sus obligaciones, mis tíos se fueron a trabajar, mi padre también (era abogado y tenía un caso bastante complicado de resolver según me había contado), mi primo Carlos se fue a estudiar, y yo... Bueno, yo fui a echarme la siesta.
-¡Ey! -Gritó una voz mientras yo me despertaba- ¡Es hora de irnos Raúl, el coche de tu tía nos está esperando fuera!
Era mi madre.
Como todos los años, mi madre y yo nos íbamos en la época de navidad a Madrid capital, con mi tía (es decir, la hermana de mi madre) , mi abuela materna, y el marido de mi tía.
Llegamos por fín a Madrid, el viaje fue cansado, duró aproximadamente una hora y media, porque en diciembre siempre había mucho tráfico.
Bajamos los cinco del coche, y nos alojamos en casa de mi tía Carolina, que es como se llamaba.
Ella llevaba viviendo en Madrid desde los 20 años, que fue cuando llegó a la capital en busca de empleo y algo nuevo en lo que poder aventurarse.
De esta misma forma, dejamos las maletas en nuestras respectivas habitaciones y nos dispusimos a preparar la cena.
Finalmente nos fuimos a dormir, había sido un día agotador o al menos para mí.
Hacía buen día en Madrid para ser diciembre.
Eso fue lo que pensé mientras miraba por la ventana de la casa de mi tía.
Eran las 11 de la mañana , así que aún quedaba mucho día por delante
En ese momento una voz detrás mía dijo :
-¿Te gustaría ir al parque de atracciones esta tarde? -Dijo mi madre esbozando una gran sonrisa-
Ella era una mujer con el pelo rojo, piel morena , unos profundos ojos color miel, cuya mirada me aportaba una gran confianza y valor para hacer lo que me propusiera, tenía una estatura mediana, y era una mujer bastante fuerte, que luchaba por lo que queria y lo que mas nos convenía a los dos. Alguien muchas veces digna de admirar.
-¡Claro¡ -Grité con alegria ,era una buena forma de aprovechar el día.-
Y así fue, nada mas al terminar de comer , subimos los cuatro al coche, mi madre, mi tia, su marido, y yo, rumbo al parque de atracciones de la ciudad.