Aprendiendo a amar; hs

By torres-isabeel

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La amistad no tiene límites, el amor puede terminar. El dolor es silencioso, pero sus sentimientos... son rea... More

Sinopsis
01: Apuesta
02: Ryan
03: Queda entre nosotros
04: No cambies tu esencia
05: Enamorado
06: Invitación
07: Controla a tus perras
08: Disponible para ti
09: Emma Smith
10: Encuentro
11: ¿O acaso la amas?
12: Hermosa confesión
13: Graduación
14: Más que eso
15: Feliz cumpleaños Kate
16: Perfecto
17: El amor
18: "Me robaste el corazón"
19: Sufrimiento tortuoso
20: Reunión
21: Demasiadas coincidencias
22: Dolorosa revelación
23: Pizza
24: Totalmente mío, Styles
26: En casa
27: Feliz Cumpleaños, Harry
28: Encuentro peligroso
29: Días dolorosos
30: Destello verde
59: Finalmente
Epílogo
One shot: Kate & Harry

25: Charlie Sullivan

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By torres-isabeel

—¿Y ahora tienes miedo? Eres un cobarde –dijo ella riéndose.

Tomó la mano de su novio, casi arrastrándolo mientras abría la puerta de su casa. Harry se mordía el labio o se sacudía el cabello a cada segundo. Katherine rodaba los ojos, después de todo, Harry le había pedido conocer a su padre y ahora estaba muerto de miedo.

—¿Y si no le caigo bien? –preguntó el rizado. Ella lo hizo pasar y cerró la puerta tras ella.

—Te adoraran, yo lo sé –le sonrió. Harry la miró con desconfianza, caminó tras ella—. ¡Llegamos! –dio un grito para que su padre bajara. Harry se sacudió el cabello otra vez, como si eso le fuese a quitar el nerviosismo.

Entonces apareció el padre de Katherine. Harry no lo conocía, ya que se había ido antes de que él conociera a Kate. Era un hombre bastante alto, de contextura delgada.

Sus ojos eran color café verdoso, reflejaban una alegría y una vitalidad dignas de imitar, tenía las facciones algo finas, Katherine se parecía bastante a él.

Al sonreír, tenía dientes blancos y bonitos, y su sonrisa parecía iluminar el lugar, tal como la de su hija mayor. Se acercó al muchacho y le tendió la mano con amabilidad.

—Hola muchacho, soy Charlie Sullivan, padre de esta hermosa chica –dijo dándole una sonrisa cariñosa a Kate, quien sonrió ampliamente.

—Hola señor, soy Harry Styles... novio de esta hermosa muchacha –dijo sonriéndole a su novia.

Ella se rio divertida.

—Solo dime Charlie –dijo el hombre. Volteó en dirección a las escaleras de la casa y gritó —. ¡Hija, ven a saludar a tu cuñado!

Harry sonrió al escuchar eso. El padre de Kate lo había aceptado bastante bien, y al parecer le agradaba Harry.

Una muchacha bajó las escaleras mirando curiosa. Era increíble el parecido que tenía con Kate.

Cabello largo y oscuro, ojos cafés, piel blanca y esa misma iluminadora sonrisa. Miró a Harry, y le dio una amable sonrisa. Harry le respondió la sonrisa.

Su novia tenía una hermana muy bonita, era casi de la misma altura de ella, delgada y curvilínea, aunque su rostro la hacía ver más dura y ruda que su hermana, pues Kate inspiraba ternura y fragilidad.

—¡Así que tú eres el famoso Harry! –dijo la muchacha divertida, se acercó y besó la mejilla del muchacho con total naturalidad —. Soy Nicole, la bebé de la familia –dijo divertida.

—Harry Styles –repitió.

Así que la cena transcurrió bastante grata. Ambos se sonreían cuando se miraban. Harry charlaba con el padre de Kate como si lo conociera de toda la vida. La menor era mucho más extrovertida que su hermana, pero tenía aquella simpatía natural que caracterizaba a su novia.

—¿Y cuánto tiempo te queda de estancia en Nueva York? –preguntó el padre de Katherine.

—Cuatro semanas –contestó el chico.

Kate comenzó a toser. La sorpresa la había hecho tragar demasiado rápido. No se había dado cuenta como había volado el tiempo desde que Harry llegó. Lo pasaban tan bien, incluso estudiando se divertían.

La pregunta tomó por sorpresa a Kate y más aún la respuesta. Harry la miró algo preocupado y confuso.

—Estoy bien –musitó ella evitando su mirada.

—¿Y qué tal te ha tratado nuestra ciudad? –preguntaba Charlie.

Harry le contaba todo lo que habían hecho, y lo que más le gustaba. Mientras tanto, Katherine meditaba ¿qué pasaría cuando pasaran las cuatro semanas? Harry debía irse, debía seguir estudiando.

Pero ¿y ella? ¿volvería a Londres o se quedaría allí, lejos de su tortuoso pasado? No quería volver, pero tampoco quería dejar a Harry. Y sería muy egoísta de su parte permitir que Harry pensara siquiera en quedarse en Nueva York. Tenía a su familia, a sus amigos, y en realidad tenía toda su vida en Inglaterra. Y allí era donde pertenecía.

La cena se pasó volando. Era bastante tarde, y aunque Kate le había pedido a Harry que se quedara, él no había llevado ropa y no le parecía correcto, pues había conocido recién a su padre.

—¿Por qué no te vas a mi apartamento? –preguntó él —, ¿o prefieres quedarte?

—Quiero ir contigo –dijo ella—, y disfrutar el tiempo que queda...

Harry sonrió y la espero mientras guardaba ropa. Ella se despidió de su padre y fue con Harry.

Llegaron al apartamento, estaban callados, no había demasiado que decir. Ella estaba pensando en el hecho que solo tenían cuatro semanas para estar juntos, y le parecía poco. En realidad, ella quería estar toda la vida con él, ni sesenta años serían suficientes.

—Estás muy callada –observó Harry —, ¿pasó algo nena?

—¿Realmente te vas en cuatro semanas? –soltó mirándolo con desesperación. Si Harry la dejaba, todo volvería. Absolutamente todo.

—Amor... –dijo Harry entendiendo el motivo de su silencio —, eso está establecido desde que llegué, no puedo quedarme –dijo de inmediato. No quería hacerle ilusiones a su novia.

—Lo sé –suspiró—, solo no quiero dejarte.

—Yo tampoco quiero irme sin ti princesa –se acercó a ella y la rodeó protectoramente, ella se refugió en su pecho intentando no llorar—. No estés triste, las cosas irán bien, ya verás.

—No irán bien si no estamos juntos –dijo mientras se separaba para mirarlo a los ojos—. Gracias a ti estoy bien Harry, gracias a ti he comenzado a sentirme un poco mejor. ¡No me pidas que esté sin ti otra vez! –sus ojos se llenaron de lágrimas—. No me dejes...

—Mi amor... debo irme, ya lo sabes –murmuró Harry —. Disfrutemos el tiempo que queda, y luego veremos qué hacer. A no ser... que quieras volver a Londres conmigo –propuso.

Kate se quedó helada viéndolo. ¿Volver? Si lo había pensado, pero su pasado estaba allí, y el culpable de que su vida se hubiese transformado en una verdadera mierda, vivía allí.

Harry la miraba atento de sus reacciones, viendo el temor nacer a través de sus ojos—. Solo si quieres.

—Harry... –dijo ella en tono de súplica —, tengo miedo.

—Lo sé cariño, pero sabes que conmigo nadie volverá a hacerte daño, jamás –le aseguró acercándose a ella.

Sus labios buscaron de inmediato los de ella. Necesitaba sentir su boca sobre la suya, quería seguir demostrándole que él era capaz de cuidarla, de asegurarle que podía ser su superhéroe otra vez, aunque sin volver a fallarle.

—No sabes cuánto te amo... –susurró sobre sus labios.

Kate se abrazó al cuerpo de su novio, sintiéndose segura otra vez. Al parecer su decisión estaba tomada.

No tenían idea como el tiempo había pasado tan rápido. Quizás entre viajes, salidas, risas, estudios, todo se había ido tan velozmente, pero lo habían pasado de maravilla.

Se amaban, y disfrutaban demasiado juntos. Katherine y Harry se encontraban besándose como si el mundo se fuera a acabar. Sus labios estaban tan hinchados que comenzaban a arder.

La lujuria se apoderaba de ambos a medida que sus pasos los dirigían a la habitación de Harry. Tropezó intencionalmente contra su cama, y cayeron riéndose sobre la boca del otro.

—Me hiciste golpearme –dijo ella sobre sus labios—. Tonto.

—Lo siento –dijo divertido—. Amor, tienes boquita de pato.

—Tú también –dijo rozándole los labios con la punta de los dedos—. Dios, te ves tan sexy con la boca de pato.

—¿Tengo boca de pato? –preguntó divertido mientras estiraba más los labios, con expresión divertida. Kate rio y asintió. Harry le miró los labios y le dio un corto beso —. Te amo tanto preciosa. No puedo creer que mañana me voy...

—Pero recuerda que nos veremos pronto, lo he arreglado con papá –dijo ella tocándole la punta de la nariz—, ofreció enviarme el dinero para arrendar un apartamento, lejos de la casa de mamá.

—Gracias a Dios –dijo Harry acercándose a su boca. Le mordisqueo sensualmente el labio inferior—. No podría estar sin ti.

—¿Quién diría que Harry Styles sería tan cursi? –dijo ella susurrándole en el oído.

—Eso ya me lo has dicho, pero siempre he sido cursi, solo que supe ocultarlo muy bien –dijo el muchacho pasando su mano por el largo cabello de su novia.

—Sigo sin creer como nunca me había fijado en ti, si eres tan guapo –le sonrió mientras jugueteaba con su cabello.

—Siempre supiste que era guapo, pero odiabas mi personalidad –concluyó Harry —, solo lo hacía porque tenía miedo de que me rechazaras preciosa.

—Es divertido recordarlo. Jamás creí que estuvieras enamorado de mí. Yo soy solo Katherine, mientras tú tenías a toda la preparatoria a tus pies.

—Nunca fue suficiente, faltabas tú. Pese a que eras mi mejor amiga, yo quería besarte, quería poder demostrarte que yo no era esa máscara que los demás veían. Y después de todo lo que hice mal, tú seguías ahí y solías hablarme de que yo era bueno, solo que me gustaba hacer estupideces. Siempre fuiste una de las personas que sabía que en el fondo, no era así. Y eso fue lo que más me enamoró de ti, tú podías ver lo que otros no. –susurró Harry mientras la miraba fijamente.

» No sabes cómo me moría por decirte que te amaba. Cuando salías con el imbécil de Ryan, fue un golpe bajo. Dolía verte con él, así que yo me tiraba alguna chica fácil para pasar el rato. Ni siquiera así salías de mi mente... y ¡dios! Como te deseaba, el día del baile de primavera, sentí que te violaría ahí mismo. Y el baile de fin de curso, revolucionó mis hormonas más que nunca. Ese sensual vestido rojo te quedaba perfecto... –le dijo en el oído.

—Gracias –dijo sintiendo calor en su rostro. Harry sonrió con ternura —. ¿Y tú? Debo admitir que a pesar de que no me gustabas, siempre pensé que eras guapo. Con traje, me hacías sentir extraña. Te veías tan jodidamente bien, que dudé si me gustabas o solo era el momento. –Harry sonrió—Además, siempre fuiste atento y preocupado conmigo.

—Te amo, te amo y te amo –dijo él atrapando sus labios con intensidad y pasión.

Esa noche, planearon tener una hermosa cena de despedida. Harry volvía a Londres, y según Kate, ella iría uno o dos meses después. Katherine preparó todo. Al fin y al cabo, era Harry el que se iba.

Le preparó comida mexicana, la favorita del rizado. Apenas él llegó de la universidad, pues había hecho unos trámites para comprobar su regreso a Inglaterra, sonrió al ver la mesa con velas y a ella vestida para la ocasión. Llevaba un ligero vestido blanco, con un cinturón pequeño café, su cabello caía ondulado, y llevaba tacones. Se veía como una diosa.

—¡Guau! –exclamó mirándola. Ella se acercó y lo miró coqueta. Harry la tomó por la cintura y le plantó un beso en los labios —. Estás...

—¿Qué?

—Dios mío, estás bellísima. –dijo tomándole la mano y la hizo dar una vuelta, admirando su belleza.

—Gracias por el cumplido –dijo guiñándole un ojo. Harry sonrió —. Siéntate amor, te traeré algo que te gusta mucho.

Sirvió comida, charlaron y rieron. Harry la observaba, grabando cada detalle de ella en sí mismo. Harry se sirvió una copa de vino. Tomó un sorbo sin dejar de observarla minuciosamente. ¿Cómo podía ser tan jodidamente hermosa?

—Está delicioso –dijo Harry sonriéndole. Kate sonrió complacida.

—Me alegra que te guste.

Harry tendió su mano sobre la mesa, y ella la tomó con gusto. El muchacho acarició con sus dedos el dorso de la mano de la chica.

—Harry... –él la miró atento—, quiero que vivas conmigo en el apartamento que tendré. –ella se mordió el labio coqueta, mientras él procesaba lo que ella había dicho ¿realmente quería vivir con él? Harry estaba callado, Kate en un principio pensó que no quería, pero él sonrió luego de eso.

—¿Enserio? –preguntó emocionado. Ella asintió —. Amor... estaría encantado.

—Es un hecho entonces–concluyó y terminaron de comer.

—¿Damos un paseo? –preguntó él. Ella sonrió y asintió. Harry tomó la mano de la chica y salieron del apartamento.

Nueva York era maravilloso de noche. Las luces de cada una de las publicidades y edificios iluminaban el lugar y le daban ese aspecto propio de una ciudad que está viva de noche.

Harry pasó el brazo alrededor de su novia y le dio un beso en la frente. Extrañaría un poco Nueva York, aunque no cambiaba la vida más relajada de Londres. Aun así, lo había pasado de maravilla.

—Tengo una sorpresa para ti –comentó Kate.

—¿Otra?

—Sí, sé que te gustará –ella sonrió mientras sacaba algo de la cartera. Entonces tomó los papeles y se los enseñó—. Iremos al piso más alto del Empire State. –Harry abrió los ojos como platos y sonrió. Se comenzó a reír. Era algo miedoso a las alturas, pero definitivamente no se perdería eso.

—Eres maravillosa –dijo embobado. La agarró por la cintura y le plantó un beso.

—Vamos, estamos en la hora –dijo agarrándole la mano.

Caminaron hasta llegar a la Quinta Avenida, con la calle West 34th Street y miraron el Empire State en todo su esplendor. Se dirigieron a la entrada, la emoción se hacía parte de ellos.

Había una fila de personas, así que se pusieron allí. Se registraron en la entrada por el personal de seguridad, quienes les proporcionaron mapas, y algunos recuerdos del edificio.

El edificio contaba con 73 ascensores. Así que los condujeron por los pasillos para ir al observatorio de la construcción. Harry estaba un poco nervioso, su miedo a las alturas le podía jugar una mala pasada.

Tomó con más fuerza la mano de su novia cuando subieron al ascensor.

—Los ascensores son algo rápido ¿estarás bien? –preguntó Kate. Harry asintió sacudiéndose su cabello con la mano, algo que solía hacer cuando estaba nervioso.

—Se tarda en subir cuarenta y cinco segundos al piso ochenta –aseguró un hombre del personal del edificio.

A Harry casi se le salieron los ojos de sus cuencas. ¿45 SEGUNDOS? Dios, sintió que tendría un ataque cardíaco ahí mismo.

El ascensor llegó, junto a ellos subirían una pareja con un niño de alrededor de diez años y ellos. Harry tomó una bocanada de aire y entró.El ascensor cerró las puertas, y apenas partió, todos soltaron un grito ahogado pues la sensación de vértigo por la ascensión se apoderó de ellos.

Kate sonrió a Harry.

—¿Estás asustado amor? –preguntó. El negó pero ella rio pues sabía que Harry estaba algo asustado—. Tranquilo, mira hasta el niño tiene menos miedo –El muchacho pequeño se volteó y dio una sonrisa de suficiencia, Kate carcajeó.

Las puertas se abrieron en el primer observatorio, era alrededor de veinte pisos más abajo del último. Harry rogó por salir, pero aún faltaba un poco.

La familia bajó allí. Ellos siguieron en el ascensor hasta el final. El ascensor por fin se abrió, y una chica del personal del edificio los recibió.

—Bienvenidos al observatorio del piso más alto del edificio –dijo la muchacha de ojos celestes.

Harry le dio una de sus sonrisas coquetas. Katherine le apretó la mano y enterró sus uñas en las palmas del muchacho. Harry gimió suavemente y su novia sonrió con arrogancia.

—Si me siguen, podrán ver totalmente la vista de la ciudad.

Ambos sonrieron, mientras Kate sacaba la cámara de su bolso. Harry la miró sonriendo ante de alzar su vista ante la gran ciudad que se presentaba ante ellos.

—Espero que disfruten la vista –dijo la muchacha. Ellos estaban embobados. Podían ver la ciudad totalmente iluminada, y desde una altura inimaginable.

Kate suspiró fuertemente por la sorpresa. Harry abrazó a su novia por la cintura, observando la imagen. Su miedo a las alturas desapareció al contemplar la maravillosa vista que tenían. Kate enfocó la cámara y tomó algunas fotos.

—Dios... esto es maravilloso –dijo Harry sorprendido—. Mira lo grande que luce la ciudad frente a nosotros... tan pequeños.

—Es increíble que mirando tan solo una ciudad, te imagines lo grande que es el mundo entero... y lo más increíble, es saber que el mundo es enorme, y haber tenido la suerte de haberte conocido... –dijo ella volteándose.

Harry la miró con ternura, y se acercó a ella. Juntaron sus labios y se dieron un apasionado beso.

Estaban en la cima del mundo, y hasta allí tenían que sellar su cariño. Kate sacó la cámara, rozaron sus labios y tomó la foto con toda la vista de la ciudad iluminada en fondo. Luego sonrieron a la cámara y sacaron otra foto.

—¿Puedes tomarnos una foto? –le preguntó Harry a la muchacha rubia. Ella les sonrió y asintió.

Posaron para la foto abrazados, y luego besándose. Agradeció a la chica que lo miró algo embobada.

—Te amo –dijo Kate rodeándolo con sus brazos. Harry la levantó un poco y ella se rio.

—Gracias a Dios, entre tantas personas, te conocí Kate –dijo Harry. Luego sacó algo de su bolsillo y dio una sonrisa—. Tengo algo para ti. Cierra los ojos.

Ella lo hizo. Harry se dio la vuelta y sacó la cadena de oro que había comprado para su novia. La dejó caer en el pecho de ella. Sacó un espejo que le había robado de la cartera, y le mostró.

Katherine dio un grito ahogado. Era hermosa. La figura que había era una imitación en oro de una casa de lego. Volteó con los ojos algo llorosos.

—Sé que te gustan las casitas de lego –dijo cerca de ella —, ya sabes lo que significa.

La canción, pensó Kate.

Lego House, una de sus canciones favoritas de Ed Sheeran. Era un gran significado para ella. Volteó la cadenita frente al espejo.

Solo habían tres letras. H&K.

La muchacha sonrió mordiéndose el labio y lo miró para agarrarlo por la nuca y darle un beso.

—Siempre te levantaré cuando te caigas, siempre haré lo mejor para ti. Y recuerda, siempre te voy a amar. Y ahora sé que te puedo amar mejor. –dijo haciendo una metáfora de la canción del pelirrojo. Ella lo abrazó fuerte.

—Te amo Harry –susurró en su oído.

—Te amo Kate.

Unieron sus labios y se miraron con una enorme sonrisa.

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