Tyler Hoechlin nos estaba mirando con diversión. Desvié la mirada avergonzada al suelo, con horror vi que tenía unas manchas en los pantalones. ¿Pero de qué eran? Intenté sin éxito quitarme las manchas.
"Cómo te odio Dylan."
Pensé enfadada. Eran mis pantalones favoritos.
- Hola Ty – dijo Dylan – Estábamos buscando algo de intimidad.
"¿Ty?"
Miré a Dylan, él estaba sonriendo como un bobo. Controlé mis ganas de tirarle al contenedor de basura o simplemente estrangularlo en ese mismo instante.
- ¿En serio? - Ty levantó una ceja.
- Vaaale. Estábamos buscando la entrada a Narnia - puso los ojos en blanco.
Dylan pasó a su lado dándole un puñetazo amistoso en el hombro y salió a la calle principal, dejándonos solos. Yo seguía ahí plantada, intentando quitarme por milésima vez las manchas del pantalón. Como no se vayan las manchas al lavarlos, habrá un actor menos en el mundo.
- ¿En qué lío te ha metido este? - dijo Ty acercándose a mí.
Levanté la mirada para ver una sonrisa perfecta. Mejor era decir la verdad, total no se me ocurría algo tan lógico y realista cómo lo de Narnia.
- Estábamos escapando de la jauría de fans de Dylan.
- Como no – me quitó un palito de helado del pelo - Dylan y sus admiradoras.
"¡Dios!, ¿por qué no me muero aquí?"
- ¿Os vais a mover o tengo que pillar una pulmonía? - gritó Dylan.
Puse los ojos en blanco.
- Tampoco exageres, es verano – dijo Ty sonriendo.
Salimos a la calle principal. Como me lo imaginaba, la gente no paraba de mirarnos. Suspiré. Dylan y yo llevábamos unas pintas de haber sobrevivido a una guerra de zombis. El día no podía ir mejor. Dylan y Ty (me parecía raro el apodo) no paraban de hablar con mucho entusiasmo, con toda normalidad, sin percatarse de nadie... ni de mí. Nada nuevo para mí, pero me parecía demasiado, ya que estábamos en la misma serie. Nos paramos en un semáforo rojo. Mi móvil sonó dentro del bolso con la canción de "Give me love"de Ed Sheeran. Al lado mío, Dylan la empezó a cantar desafinando un montón.
- ¿Si?
- ...
- ¿Si?
- ...
Podía oír perfectamente una respiración en la otra línea.
- Samantha si eres tú no me hace gracia – dije.
- Soy tu peor pesadilla.
Sí, era Samantha. Siempre con sus bromitas.
- ¿Qué quieres? - pregunté.
Pasamos el paso de cebra y perdí de vista a los chicos.
- ¿Sigues con Dylan?
Con tanta gente no podía ver. Al ser un fin de semana, las calles estaban llenas de turistas y los ciudadanos de la ciudad. Empecé a buscar con desesperación una camiseta azul o una chaqueta de cuero negra. Después de varios segundos, vi que Ty estaba a varios metros de donde estaba yo. Y se estaba riendo a mandíbula abierta.
"¿Pero qué...?"
Y vi el motivo. Dylan O'Brien estaba bailando y cantando la canción de antes. Y no era un baile normal, esos bailes normales que no te traumatizaban de por vida. ¿Pero qué coño le pasaba a ese chico? Parecía que le estaba dando un ataque. Empezó a moverse como un loco, moviendo las caderas exageradamente y las manos.
- ¿Shelley? - Samantha interrumpió mis pensamientos.
- ¿Eh? Lo siento. Es que acabo de ver una cosa que ha disminuido el sentido de mi vida. Y de toda la humanidad. ¿Qué decías?
- ¿Qué si Dylan está contigo?
- Lamentablemente sí.
Y sin más colgó. Otra rara.
- ¡MIRA UN PAYASO! - gritó Dylan a pleno pulmón.
Pasó corriendo como un loco al lado mío hacia el pobre payaso.
"Tengo que alejarme lo más lejos posible de este loco."
Entré en la primera tienda que vi y me perdí por las estanterías. Seguía sin dejar de mirar la entrada, por si entraban.
- ¿A dónde crees que vas muñeca? - un chico con pintas horribles y cuando horribles me refiero a mil piercing, pelo de colores y ropa oscura, se acercó a mi.
- Que te importa.
- ¡Aquí estas S! - gritó la voz de Dylan.
"¿En serio? ¿S?"
- ¿Quieres pasarlo bien con nosotros? - el chico ni se percató del grito.
¿Pero qué gente entraba en esta tienda de...? Percaté que era una tienda erótica. Qué sutil por mi parte no haberme dado cuenta antes.
- Ya tiene a mí para pasarlo bien – dijo Dylan.
Se miraron con odio. Para colmo, Dylan pasó una mano por mi cintura y me guiño un ojo. Pasó una eternidad y al final los chicos nos dejaron en paz. Dylan me obligó a caminar a la salida. Al salir, Ty apareció con una bolsa.
- Ya lo he comprado – le dijo a Dylan sonriendo.
- ¡Qué bien! Puede que...
- ¿Puedes soltarme? - le dije al darme cuenta de que seguía su mano en mi cintura.
- No he acabado de hablar.
- ¿Y qué? ¡Suéltame! - grité cuando Dylan me acercó más a mí.
- ¿Por qué? ¿Te incomodo?
- ¡Dylan! O me sueltas o...
- ¿O qué?
- Siento interrumpir esto, lo que estáis haciendo. - empezó a decir Ty.
- ¡Cállate! - gritamos los dos a él.
Me solté de Dylan y caminé enfadada. No sabía a donde ir pero me daba igual.
- ¿A dónde vas? - me siguió Dylan de cerca.
- Lejos.
- ¿Lejos?
- Lejos de ti.
- ¿No pensarás ir a casa con esas pintas?
Me giré mirándole con cara de odio. Se le cambió la cara. Parecía asustado. Me observó con los ojos como platos y la boca medio abierta. Sí, se había asustado.
- ¡Por TÚ culpa estoy así!
- Por eso he mandado a Ty a que te compre este vestido.
Me pasó la bolsa. Yo estaba muda por el asombro. Cogí la bolsa avergonzada.
- Gracias.
- Dylan – interrumpió Ty, y estuve muy agradecida por eso – Por ahí viene un grupo de fotógrafos de la revista Too Popular.
- ¿Queeee? - gritó Dylan mirando a la derecha.
Efectivamente, un grupo de personas con cámaras se acercaban corriendo a nosotros.
- Hay que salir de aquí corriendo – dijo Dylan.
- ¿No estás un poco harto de correr? - pregunté.
- Así me pongo en forma para la segunda película del corredor – me guiñó un ojo.
- ¡No me refiero a eso! ¡Además, me niego correr!
Me crucé de brazos mirándole con desafío. Ty soltó una pequeña sonrisita, parecía que eso le divertía.
- Shelley, si me ven con estas pintas harán muchas preguntas. ¡No puedo salir así en las fotos! - me dijo Dylan.
- Eso tenía que haber pensado antes de tiranos de cabeza al contenedor de basura. ¡No voy y punto! Iros sin mí.
Dylan me miró durante un rato. ¿Qué coño se le pasará por esa cabeza de idiota perdido? Y sin más me cogió de la cintura, mientas con la otra mano me arrebataba la bolsa. Me levantó del suelo y me cargo a su hombro derecho. Y hecho a correr a dirección contraria a los fotógrafos, seguido por Ty que me dedico una sonrisa.
"Yo a estos dos los mato."
- ¿Pero qué haces? ¡Suéltame! - grité.
- Tenemos que llegar al hotel – dijo Dylan sin hacerme caso – Allí ya no podrán...
- ¡Suéltame Dylan!
- ¡No he acabado de hablar!
- ¿Y qué? ¡Suéltame!
- Qué pesada estás con eso. Pienso que tenemos que coger este atajo para...
- ¡Que me sueltes! - grité otra vez.
- Qué maleducada eres, ¿lo sabías? - dijo Dylan.
- ¡Dylan O'Brien! ¡Exijo que me sueltes!
- ¿O qué? No estás en condiciones para amenazarme – y me dio una palmadita en el culo.
- ¡DYLAN!
Por muchas patadas y empujones, Dylan seguía corriendo como si nada. Tenía que reconocer que era fuerte y tenía una buena capacidad para sujetarme sin que cayese. Al rendirme ya, seguí gritándole, y él a mí. Así durante un buen rato.
- Siento interrumpir vuestra charla, pero ya hemos esquivado a los fotógrafos – dijo de repente Ty.
Dylan y Ty pararon de correr.
- Que bien, hemos llegado al hotel y todo! - dijo feliz Dylan.
- ¿Me puedes soltar ya? - pregunté.
Ni puto caso del sujeto. Dios, cómo lo odiaba.
- Voy a buscar a los demás – nos dijo Ty y se perdió por uno de los pasillos.
- ¿A donde vamos? - le pregunté a Dylan.
Él seguía callado. Deduje que no quería hablarme. ¿Y yo qué le había hecho? Al menos yo no caminaba. Tenía que admitir que el chico era fuerte, me sentía muy cómoda en sus brazos.
"¿Qué estás pensando Shelley?"
Entramos en el ascensor. Un momento incómodo. Y un silencio interminable.
- ¿Me vas a soltar o hablar? - le pregunté.
- ...
- Eres insoportable.
Salimos al pasillo desierto. Podía pegarle para salir pitando de allí, pero me retuve en el último momento.
Dylan me sujeto con una mano y sacó la llave para abrir la puerta. Era una suite lujosa. Con un salón amplio y muy luminoso. Con un sofá y varios sillones blancos y una amplia mesa al fondo con sillones. Una televisión plasma gigante en una pared y varios cuadros en las demás paredes. Había dos puertas.
Dylan entro en una. Era una habitación amplia con dos camas. Y un baño al fondo. Sin aviso me tiró a la cama. Le miré asombrada, pero se perdió en el baño. Oí que habría el grifo. Volvió a la habitación.
- El baño – me dijo pasándome la bolsa del vestido.
Y sin más, salió de la habitación cerrando la puerta.