Uno de los cubículos del baño de mujeres fue mi mejor escondite para llorar y procesar lo que había pasado. El dolor en mi labio por la mordida era mínimo a comparación al dolor que me oprimía el pecho. ¿Por qué me hacía esto? Cuantas veces soñé con besarlo, con que me viera con otros ojos, pero ahora no estaba segura de qué era exactamente lo que estaba cruzando por su cabeza para actuar de aquella manera. ¿Deseaba torturarme? ¿Hacerme terminar con Bill? ¿Pero por qué? Si fue precisamente él quien me exigió que lo aceptara y que no le hiciera daño.
Suspiré muy abrumada y salí del cubículo. Me miré en el amplio espejo y luego me eché agua en la cara. Luego me enjuagué la boca. Nunca nadie me había mordido, ni siquiera Bill, y dadas las condiciones en que sucedió, era totalmente desagradable para mí.
Volví a suspirar y salí de aquel lugar.
-¿Dónde has estado? —Cuestionó Camila en cuanto me vio aparecer en la puerta del aula. No había ningún maestro, eso había sido cosa de suerte pues seguramente no me hubiera dejado entrar.
Caminé hacia mi lugar y me encontré con la mirada maliciosa de Nicole y su bando. No las tomé en cuenta y me senté en mi lugar.
Camila me dedicaba una mirada fija, esperando que le respondiera.
-Teniendo una animada charla con… ya sabes…
-Por esa cara que traes supongo que se han peleado ¿No?
-Peor que eso —Respiré profundamente.
Las clases terminaron más rápido que siempre pues un maestro faltó a la última hora. Camila, Abril y yo salimos juntas del salón hablando de la tarea que habían dejado.
-¡Melody! —Gritó una voz chillona detrás de nosotras.
Era Nicole.
Giré y me encontré con ella y sus dos amigas. La miré interrogante.
-Aléjate de él —Espetó con enojo.
-¿De quién? —Cuestioné cruzándome de brazos. No me respondió.
Pasó por mi lado y me empujó.
-¿¡Qué te pasa!? —Le gritó furiosa, Camila.
-Contigo no es el problema —Levantó la mano e hizo una señal de indiferencia y siguió su camino con las dos chicas a su lado moviéndose con gracia por el pasillo.
-¿Quien se cree esa? —Dijo furiosa.
-Vamos, no le haga caso —Le dije y seguimos nuestro camino.
Iba en silencio, pensando. ¿Qué iba hacer cuando viera a Bill? No quería mentirle pero cómo iba a decirle que su hermano me besó dos veces, la primera sí le correspondí.
Al salir de la escuela nos encontramos con Bill y los demás que integraban la banda, Tom incluido. No lo miré, evité hacerlo y tampoco fue tan efusiva al saludar a mi novio. De hecho, fue él quien se acercó a mi al ver que yo me había quedado a cierta distancia.
-Hola princesa —Me dijo con voz dulce para después darme un beso corto en los labios, lo cual agradecí. Tenía una herida en mi boca que me dolía y que probablemente se iba a convertir en un fuego labial o algo parecido. — ¿Te encuentras bien? —Cuestionó mirándome con una sonrisa. Asentí rápidamente mintiendo vilmente. ¡Qué bien me iba a sentir!.
-Sólo estoy un poco preocupada —Dije finalmente.
-¿Por qué?
-Valentina está saliendo con tu hermano —Abrió los ojos asombrado —y tu hermano, según tengo entendido yo, ya tiene novia y creo que Valentina no lo sabe.
-Nunca pensé que fueran la misma persona
-¿Tom ha hablado de ella?
-En alguna ocasión, pero cuando la conocí ni si quiera me pasó por la mente que fuera la misma que salía con mi hermano.
-Le tendré decir que Nicole es la novia de Tom… —Murmuré pesadamente.
-¿De eso era de lo que querías hablar con él? —Asentí costosamente.
-¡Melody, ya llegó tu hermana! —Gritó Abril. Miré hacia la calle y vi al auto de ella estacionado enfrente. Mi estómago se retorció al ver a Tom inclinado en la ventanilla del copiloto, hablando animadamente con ella.
-Vamos, ya llegó Valen —Le dije a Bill. Él pasó su brazo por encima de mis hombros después de quitarme la mochila y sujetarla con la mano del brazo libre.
Mi pecho comenzó a moverse con mayor intensidad conforme nos acercábamos. ¡Cómo era posible que hablara tan feliz con ella después de lo que me había hecho! ¡Maldito sínico! ¡Cerdo! ¡Arhg!...
-¡Melody! ¡Bill! —Exclamó mi hermana desde el auto moviendo la mano de un lado a otro pareciendo una niña de cinco años. Tom se reincorporó y volteó a vernos. Mi mejor mirada de odio hacia él no se hizo esperar.
-Con permiso —Murmuré a duras penas. Quiera que se quitara de ahí para poder subir al auto.
-He invitado a Tom a casa —Me dijo Valentina como respuesta una vez que Tom ni siquiera se inmutó
-¿¡Qué!? —Dije exaltada
-¿Que tiene? Si quieres puedes invitar a Bill —Miré a Bill tratando de controlar la ira que me recorría dentro y este me sonrió felizmente.
Tom terminó sentado en el asiento de adelante, donde siempre iba yo. Cerré los ojos y recargué mi cabeza en el hombro de Bill. Bueno, al menos tenía su consuelo.
-Melody ¿te siente bien? —Cuestionó mi hermana con preocupación.
-No es nada, sólo me duele la cabeza y mi boca —Dije y solamente uno entendió lo último.
-¿Qué? —Dijo tono exaltado — ¿Desde cuándo te duele la cabeza?
-Desde esta mañana —Murmuré.
-¿Pero estas bien?
-No es nada, Valentina —Susurré. Volví a cerrar los ojos y de camino a casa no dije ni una palabra. Los tres iban platicando entre sí y ahí se enteró Valentina que Tom y Bill eran hermanos, que me tocaban muchas clases con su querido “amiguito” y que tenía la misma edad que yo.
Luego de algunos minutos de charla me hundí en mis pensamientos y dejé de escucharlos. Si sólo Nicole hubiese aparecido a la hora de la salida seguramente le hubiese hecho la mejor escena de celos a Tom, era una lástima que la plástica esa sólo aparecía en los momentos más inoportunos.
El auto rápidamente se detuvo, habíamos llegado a casa.
-Siéntense —Dijo Valentina una vez que estuvimos dentro de casa. Señaló la sala — ¿Quieren algo de tomar?
-¿Tienes cerveza?
-¿Crees que estamos en un bar? Te recuerdo que esta es nuestra casa —Escupí furiosa.
-Cálmate Mel, es sólo una broma —Me regañó Valentina y puso los ojos en blanco —No tenemos cerveza pero si tenemos jugo o agua natural.
-Agua estaría bien —Dijo Bill.
-Me voy a cambiar —Anuncié. Era una excelente manera se huir de ese momento tan incómodo. —Ahora vuelvo.
Subí rápidamente las escaleras y me metí a mi habitación. Me recargué en la puerta inhalé y exhalé. Esto me sobre pasaba, no iba a poder soportarlo.
Para cuando me decidí volver a la sala, vestida con unos jeans y una playera azul estampada, Vale y los dos invitados estaban observando una pizza mixta que acababa de llegar. Comimos rápido pues lo chicos tenían que marcharse y continué con mi mutismo elegido.
-¡Está deliciosa! —Exclamaba Valentina.
-Es una suerte que tengan una pizzería tan cerca, a nosotros casi siempre nos llega fría ¿Verdad Bill? —Comentó Tom. Bill asintió al no poder hablar pues tenía la boca llena.
En cuanto la pizza desapareció ellos se levantaron y comenzaron a despedirse.
-A sido un placer su compañía
-Te llamo mañana —Le dijo Tom con una sonrisa. Mi hermana le correspondió embobada. Estúpido, ¿cómo podía hacer como si nada pasara?
-Claro, estaré esperado —Respondió mi hermana.
-Adiós Mel —Dijo mostrándome a los ojos por primera vez en toda la tarde. Tragué saliva disimuladamente.
-Soy Melody... —Murmuré — Adiós…
Lo odiaba más que antes, más que nunca. ¡Ojalá desapareciera de mi vida para siempre!
-Hasta mañana —Dijo Bill y todos comenzamos a caminar hacia la salida. Valentina y Tom salieron primero, iban despidiéndose.
-Hasta mañana, Bill —Le dije. Me tomó de la cintura y pegó sus labios con los míos. Lo bese lo mejor que pude, aguantando el dolor en mi boca, pero los labios de Bill eran tan suaves que casi ni me lastimaban.
-Te voy a extrañar —Me dijo.
-Mejor no te vayas —Bromeé. Me dio un último beso y continuamos caminando. A fuera los esperaba una camioneta negra, la misma de siempre.
Entré a casa una vez se marcharon y me senté en la sala. Tenía muy mala cara, pero qué cara podía poner con todo lo que me atormentaba y preocupaba.
-¿Qué? —Cuestionó Valentina, después de cerrar la puerta.
-Tengo algo muy importante que decirte —Dije seriamente.
-¿Qué cosa? —Pregunto mirándome intrigada.
-Es algo muy... complicado...
-Dime...
-Es sobre Tom —inhalé para agarrar aire — Tiene novia... —Dije como puede. La miré y está ni se inmutó. Parecía no sorprenderle lo que le estaba diciendo.
-Sí, tiene novia —Dijo ella con obviedad.
-¿Ya lo sabías?
-Claro, él me lo dijo.
-¡Y aun así sales con él!
-Me dijo que la iba a dejar —Rodó los ojos. Eso significaba que no creía en él.
-¿No la va a dejar? —Vale negó y yo me exalté más.
-No importa, Melody. Yo no siento nada por él, la hemos pasado muy bien, me he reído mucho con él y hemos salido varias veces pero no, no me interesa románticamente hablando —Abrí la boca sin dar crédito a lo que escuchaba. —Bueno, una vez has dicho todo lo que te preocupaba yo me voy a mi cuarto, tengo que hablar con mis amigas. Creo que mañana nos iremos de party.
Tardé varios minutos en asimilar las palabras de mi hermana. ¿Cómo era posible que ella hablara de esa manera tan liberal? Y lo peor de todo, que por ella había hablado con Tom, por ella me había metido en tremendo lio interno. ¡Por andar ayudándola su amiguito me había besado!
Los días pasaron rápido después de eso. Decidí cerrar mi boca y ahorrarle un mal trago a Bill. Decidí no contarle lo del beso. Era lo mejor, de cualquier manera ese beso no tenía ningún significado más el de joderme la vida.
Todo hubiera sido perfecto de no ser porque el viernes tuve una intensa pelea con Nicole. De nuevo me agarró en los baños diciéndome tonterías, que no quería verme con Tom, que me alejara de él. Lo raro era que él y yo apenas teníamos contacto, y generalmente era porque estaba junto a Bill y a fuerza tenía que decirle un frio “hola”. La pelea fue grave, más que la última vez, pues ella me empujó y me golpeé la cabeza con la pared. Terminé desmayada y en el hospital donde fui internada tres días. Sábado, domingo y lunes. Evité mencionar la pelea con Nicole, les dije que me había tropezado y me había golpeado sin querer ¿Por qué no les decía la verdad? Tenía miedo de que no me creyeran o de que me señalaran también como responsable y terminar suspendida junto con Nicole. Lo bueno de estar internada fue que salí de mi rutina escolar, no tuve que ver a Tom ni mucho menos a la plástica de su novia, el lunes. Lo negativo del problema, además que mi estado se salud se volvió más riesgoso, fue que mi madre me tenía prohibido salir de casa salvo para ir a la escuela, así que las siguientes semanas del “accidente” opté por escaparme en las noches para ver a Bill. Bill pensaba que mi madre no me dejaba salir porque yo era torpe y podía hacerme daño en cualquier lado, él desconocía la verdadera razón, desconocía las indicaciones rigurosas del doctor quien había dicho que sólo podía ir a la escuela y en cuanto llegara debía tener reposo total; por eso mi querido novio apoyaba la idea de que me saliera de casa.
La banda de Bill comenzó a ensayar más tiempo, razón por la que las escapadas de casa no eran tan constantes. Él decía que pronto me daría una gran sorpresa sobre eso y no tenía idea de qué podía ser. Quizá tocarían en un lugar muy grande de la ciudad.
Los días así fueron transcurriendo, hasta que pasaron dos días en los que sólo recibí un mensaje de él: “Hola princesa. Lo siento, no he tenido tiempo ni de llamarte. Te lo compensaré, Te quiero".
Me enojé mucho al terminar de leer su mensaje tan impersonal y carente de interés y cariño. Todos en mi casa notaron mi comportamiento esa tarde y de hecho así fue durante el resto de la semana, días en los que solo veía a Bill en clases, porque hasta el receso lo tomaba para ensayar con su banda. Gracias a eso comencé a sentir que ya no era tan importante para él, porque a mí me encantaba estar a su lado, viéndolo, pero a veces ni eso podía, pues la banda se concentraba tanto en sus cosas que yo y quien quiera que los estuviera observando pasaban a segundo plano. Especialmente para Bill, yo pasaba a segundo plano.
Mi ánimo continuó decayendo y el siguiente lunes me levanté de manera diferente. La cabeza me daba vuelta, me palpitaba y sentía muchas nauseas.
Salí del baño con muy mala cara, hacia mucho que no vomitaba. Mierda ¿y si volvía a ponerme mal como antes? Sí, había estado abusando un poco de mis fuerzas últimamente. Que inconsciente era.
Mis ojos se empañaron por las lágrimas y me puse a llorar porque realmente no quería volver a eso. Realmente había sido la peor época de mi vida. No otra vez no.
-Mel ¿ya estas despierta? Levántate que se te hará tarde... —Me dijo Valentina del otro lado de la puerta. Pegué un brinco y corrí hacia el espejo tocador.
-Sí, ya voy, me estoy cambiando —Le mentí mientras limpiaba mis mejillas con las palmas de las manos. En cuanto dejé de escuchar la presencia de mi hermana, las lágrimas descendieron por mis ojos. No quería fallarle, no quería verla como entonces, tan triste y siempre con una sonrisa para hacerme sentir bien. La mayoría de esas sonrisas fueron fingidas y por alguna razón nunca pudo engañarme, pero aun así siempre me hizo sentir mejor. Le estaba fallado, si esto volvía le fallaría a ella, a todos e incluso a Bill que ni idea tenia de lo que me sucedía.
Salí de mi habitación cuando logre dejar de llorar. Me maquillé como nunca, pues mis ojos estaban hinchados y con el maquillaje se simulaba un poco. También había dejado mi cabello suelto y caía a sobre mis hombros. Me veía bien pero sobre todo no parecía que habia llorado desde que me levanté.
Llegué al comedor Mamá y Valentina me miraron extrañadas-
-¿Que te paso? —Cuestionó mirándome con atención.
-¡Te has maquillado! —Exclamó mi hermana y se levantó y me abrazó fuertemente —¡Te vez preciosa, Melody! —Volvió a exclamar.
-No tanto —Murmuré avergonzada.
-Valentina tiene razón —Dijo sonriendo. Se levantó y se acercó para darme un beso en la frente y luego otro a mi hermana —Me tengo que ir, se cuidan mucho.
-¿Mi papá se fue temprano a trabajar? —Pregunté porque se me ocurrió.
-Tu papá ha salido de viaje, pero volverá pronto. Creo que llamará más tarde —Respondió mamá.
-Ah… —Dije simplemente.
Era raro que mi padre saliera de viaje y no se despidiera de mí. Quizá no quiso despertarme o quizás los problemas con mi madre se iban intensificando. Pero yo no deseaba que fuera nada de eso.
Cuando llegué a la escuela al primero que me encontré fue a Tom. Me dedicó una amistosa sonrisa y se acercó a mí. Nos estábamos llevando mejor pero aún, aunque las semanas habían pasado, no podía sacarme de la cabeza lo que sucedió en la azotea. Y aún mi corazón no me dejaba perdonarlo. No me gustaba estar cerca de él, verlo o estar con Bill cuando estaba por ahí él. Lo evitaba lo más que podía y era lo mejor para mí.
-¡Hola Mel! —Saludó.
-Melody...
-Oh, cierto, Melody… —Se hizo el disimulado -—¿Te pasó algo? Tienes los ojos hinchados —Dijo mirándome fijamente por un momento. Fruncí el ceño, extrañada y sorprendida, las dos cosas a la vez. Si tenía los ojos hinchados, pero se suponía que por el maquillaje no se me iba a notar. ¿Cómo lo notaba?
-Me maquillé —Murmuré.
-Y te ves preciosa, pero yo no digo eso… —Contuve el aliento y mi corazón se aceleró. Me dijo preciosa, me dijo preciosa…
-Gracias —Musité débilmente y muy avergonzada —No me pasó nada —Dije intentando sonreír.
-¿Pero estas bien?
-Sí.
Comenzamos a subir las escaleras y él no dejó de ir a mi lado en ningún momento. A veces me daban ganas de preguntarle por qué me había besado pero qué caso tenía, tampoco era como si él fuese a decir que me quería, aunque hacia un momento me había llamado preciosa.
-¿Cómo está Valentina?
-Bien.
-Ah…
-¿Y Bill? ¿Ya llegó?
-Sí, subió rápido porque pensó que ya estabas en el salón.
Terminamos de subir las escaleras y yo me encaminé hacia el pacillo izquierdo, el que me llevaba a mi clase. Él iba hacia el derecho.
-Adiós —Le dije. Lo miré y me dedicó una sonrisita.
Llegué al salón sin ánimos, deseando haberme quedado en casa a dormir. Me sentía mal, mareada y la punzada en mi cabeza no se iba con nada. Abrí la puerta y al primero que busqué fue a Bill y lo encontré hablando muy felizmente con la Plástica. ¿Por qué demonios le estaba sonriendo? ¡No que le caía mal!
Me acerqué observando cada una de las reacciones que tenía mi novio y aborreciendo a Nicole porque estaba sentada en mi lugar junto al chico más hermoso de toda la escuela.
-¿Me puedes dejar mi lugar? —Espeté en cuanto llegué hasta ellos.
-Si lo pides por favor quizá lo considere.
-Quítate, es mi lugar —Escupí furiosa.
-Si no me lo voy a robar —Dijo sonriendo. Estúpida, simplemente no la soportaba, y encima mi cabeza me mataba —Adiós cariño, después seguimos hablando —Le dijo a Bill. Este asintió como no queriendo y luego me miró.
-Tu también aléjate de mi lugar —Susurró en mi oído cuando pasó cerca de mí.
-¿Cómo?
-No te hagas tonta —Dijo y se alejó. La miré sin comprender durante uno momento, luego volví la vista hacía mi novio.
-Hola —Sonreí de medio lado mientras me sentaba.
-Hola, princesa —Me dijo sonriendo y luego me dio un beso corto en los labios. Generalmente no nos besábamos en público pero había sus excepciones y me encantaba cuando sucedía.
-Olvidaste algunas cosas en días pasados —Le recordé. Me miró sonriente, pidiéndome disculpas con los ojos.
-Lo siento, en realidad estaba bien ocupado —Dijo encogiéndose de hombros. Valla, una excusa.
-Sí, claro —Dije irónicamente. Su rostro cambió a uno más serio.
-Melody, no estoy mintiendo —Dijo rolando los ojos.
-Por favor, Bill —Hice una pausa tratando de medir mi enojo — Cinco minutos al día, era todo lo que pedía… pero ni si quiera eso. No. Sólo me mandaste un mensaje. —Tomé una bocanada de aire —Mejor di que no te importo y te lo creería más.
No me respondió, sólo se levantó y salió del salón. Ni hice el intento de seguirlo, él había tenido la culpa. Además, no andaba de humor y si iba a buscarlo terminaríamos discutiendo.
Las clases pasaron rápidamente y la pelea que tuve con Bill pasó a segundo plano cuando el dolor de mi cabeza se intensificó. Faltando pocos minutos para que el receso terminara, dejé a mis amigas y volví al salón para ver si reposando un poco se me pasaba el mareo y el dolor de cabeza.
Terminé sentada en mi lugar con la cara escondida entre mis brazo tratando de dormir. Luego de varios minutos de total silencio y de que mis malestares en lugar de cesar se intensificaran sentí que alguien tocaba con delicadeza mi hombro. Levanté la mirada y vi a Bill dedicándome una expresión entre asustada y preocupada.
-¿Te sientes bien?
-No, no me siento nada bien —Dije con voz baja.
-¿Qué te pasa? —Cuestionó, se puso en cunclillas y quedó cerca de mi cara, la cual estaba sobre mis brazos.
-Me duele mucho la cabeza —Dijo honestamente.
-¿Te tomaste algo? —Asentí.
-Pero a veces esta migraña no me deja —Mentí una vez más.
-¿No quieres irte a casa?
-No, es que… las clases…
-Puedes pedirle una nota a tu madre y mañana se la das al resto de tus maestros —Suspiré. Parecía una buena idea.
-Okay, me iré.
Tomé mi celular y marqué rápidamente a mi hermana. El timbre sonó tres veces en mi oído y luego la voz mecánica de una mujer que siempre hablaba igual. Suspiré.
-No contesta —Murmuré después de insistir tres veces.
-Entonces, te llevo yo —Tomó sus cosas y las mías y se las colgó al hombro. No me permitió discutir el hecho y me dediqué a caminar a su lado.
Para cuando salimos del colegio la enorme camioneta negra ya nos estaba esperando.
…
-Gracias —Dije mientras me sentaba en la sala de mi casa. Habíamos llegado bien rápido. Lo dejé pasar porque al llegar noté que ningún carro de la familia se encontraba en la cochera, eso significaba que la casa estaba completamente sola.
-¿Te parece bien que me quede hasta que alguien llegue?
-Sí, pero no creo que sea buena idea —Me eché hacia atrás en el sillón recostándome. Me llevé la mano a la frente y cerré los ojos por un momento.
-No te voy a dejar sola —Me cortó. Sonreí agradecida.
-Me quiero recostar, vamos a mi habitación. Ahí podrás ver alguna película para que no te aburras.
-No me aburriría jamás estar a tu lado —Me dijo. Sonreí ampliamente.
Me levanté del sillón y lo sujeté de la mano para guiarlo hasta mi cuarto. En cuanto llegamos él se puso a inspeccionar todo, yo sólo pude llegar a la cama y recostarme de lado. Mi cabeza no me dejaba estar de pie o levantarme, ni siquiera un momento.
Bill encendió la televisión luego de algunos minutos y puso un canal de películas. Estaba una que le gustaba, Armageddon.
Bill terminó sentado en el piso, al costado de la cama, muy cerca de mi cabecera. Aproveché ese acercamiento para llevar mi mano a su hombro para poder tocarlo. Los minutos pasaron rápidamente y pronto me quedé dormida. Cuando desperté la película ya había terminado.
-Me gusta tu habitación —Me dijo acomodándose de manera que su cuerpo y rostro dieran en dirección a mí.
-Sí, me divertí mucho aquí. Era mi lugar favorito en toda la casa porque podía pasar tiempo sin que nadie me molestara.
-Es muy tú —Me dijo volviendo el rostro para darle una rápida mirada a toda la habitación.
-Mira, en ese armario hay una caja blanca de tapadera verde —Dije señalando el mueble que estaba enfrente de nosotros, a un lado de la televisión —Tráemela por favor.
Se levantó y se dirigió hacia el armario. Lo abrió y tomó la caja cuidando no tirar las que estaban encima de ella. Tenía muchas cajitas, de todos tamaños donde guardaba notas, recuerdos, regalos, escritos, todo.
La puso sobre la cama, le quité la tapa y saqué todo lo que en ella. Estaba llena principalmente de fotos, objetos como una conchita que encontré una vez que nos fuimos de vacaciones a la playa, también había unos zapatitos míos de cuando era bebé y un osito de peluche que dice mi mamá nunca lo quería soltar.
-Puedes ver todo —Le dije. Y así lo hizo. Inspeccionó cada foto, cada objeto y me preguntó la historia que tenía todo. Le conté desde anécdotas graciosas hasta los momentos más tristes, obviamente nunca hablándole sobre mi enfermedad.
Luego de unos minutos de risas, estas fueron interrumpidas por un timbrazo. Era mi celular.
-¿Mamá? —Respondí después de ver la pantalla.
-Melody, estoy en una reunión, no voy a poder llegar temprano y Valentina salió con sus amigas, así que cierra todo en la casa, prepárate algo de cenar y cualquier cosa me llamas.
-Sí, mamá.
-¿No te has sentido mal?
-No, mamá. Estoy bien —Le dije. No quería preocuparla además qué caso tenía que volviera a casa, el dolor en mi cabeza no iba a detenerse por su presencia.
-Bueno, entonces no te desveles mucho y cena bien.
-Okay, mamá.
-Cuídate —Me dijo y colgó.
-Mi mama llegara tarde —Le dije a mi novio. —Si quieres puedes irte, tú mamá debe estar esperándote…
-No, ya le mandé un mensaje para explicarle.
-Igual, si quieres irte… yo estaré bien. Tengo mi celular para cualquier cosa. —Le dije y una punzada me obligó recostarme una vez más.
-¿Estarás bien? —Asentí con los ojos cerrados — ¿Segura?
-Sí. No te preocupes.
-Melody… —Abrí los ojos y su rostro estaba a centímetros del mío —De verdad no quieres que me quede —Contuve el aliento. La verdad es que no quería quedarme sola, me daba miedo, además que su compañía era todo un lujo.
-Sí.
-¿Sí? —Inquirió sonriendo.
-Bill, no te vallas, quédate conmigo.