Pongo la radio mientras me visto para bajar a desayunar, el reportero está dando un informe de la situación actual de cada Sector y de las afueras de la Colmena, donde se han instalado los hostiles.
Bajo al comedor, donde Ágata está preparando el desayuno.
-Buenos días -me saluda con una amplia sonrisa. Los años la han cambiado, su pelo está completamente gris, más de una vez le he dicho que fuese a la peluquería, pero ella siempre me contesta "¿para qué? Mis arrugas y mis canas son el vivo ejemplo de cuanto he vivido".
-Buenos días, Ágata -le contesto devolviéndole la sonrisa mientras cojo un bollo y me siento en uno de los taburetes de la barra de la cocina.
-¿Has dormido bien?, esta noche a hecho mucho calor -dice quejándose.
La conozco a la perfección y sé que ella no lleva nada bien el verano, prefiere el frío invierno, no como yo que odio el frío.
-Me desperté a mitad de la noche, pero me volví a dormir en seguida -es verdad que esta noche ha hecho demasiada calor.
-Este verano está haciendo más calor que otros años.
-Si -digo distraída mientras me hecho un vaso de leche y cojo otro bizcocho. Escucho la música del pequeño equipo de Ágata que siempre tiene encendido por las mañanas.
-Por cierto, voy a salir -le anuncio como si nada.
-No. Estás castigada, ¿recuerdas? -me dice en tono de reproche y poniéndose de pronto seria, pero por mucho que lo intente le es imposible ponerse realmente seria, sus facciones dulces no se lo ponen nada fácil.
-No te he pedido permiso, tengo dieciocho años y puedo hacer lo que quiera -le suelto sin mirarla.
-Te he dicho que no, además me da igual que seas mayor de edad, estoy harta de que te traiga algún soldado o de que me tengan que llamar diciéndome que tengo que ir a recogerte porque te has metido en algún lío -me dice poniendo los brazos en jarra.
La verdad es que tiene razón, siempre ando metiéndome en líos y siempre tiene que estar disculpándose. Más de una vez los soldados me han tenido que traer porque no puedo mantenerme en pie, también ha pasado que Ágata ha tenido que recogerme del calabozo cuando me han pillado robando o haciendo cualquier otra cosa que no esté bien como meterme en alguna pelea.
-No tienes porqué venir a buscarme, no tienes porqué hacer nada por mí -le digo seria y viendo cómo se entristecen sus tiernas facciones. Sé que me he pasado al decir eso, ella me quiere mucho y sé que le estoy haciendo daño con mis palabras, yo también la quiero pero no he podido evitarlo.
Ambas nos miramos fijamente, intentando descifrar los pensamientos de la otra.
-Te prometo que esta vez no me meteré en líos -le digo menos seria, en tono conciliador.
-Eso es lo que siempre me dices -me dice sin apartar su mirada de la mía.
-Esta vez te lo digo en serio, de verdad -la miro fijamente intentando que me crea y le estoy diciendo la verdad, esta vez intentaré no meterme en problemas.
-Amber, ¿te das cuenta que te has vuelto una chica demasiado conflictiva? -me pregunta agitando la cabeza, sin entenderlo.
"Si" pienso, me he vuelto una chica problemática para ser hija de una familia de buena posición social e hija del Gobernador. Puede que me haya vuelto así por naturaleza. No. Es porque he querido llamar la atención, porqué sé que Ágata se escribe con mi padre para informarle de cómo me van los estudios y cosas por el estilo y él siempre le contesta al contrario que a mí. Así que se me ocurrió meterme en problemas y pensé que así, quizás volvería o me escribiría, pero al parecer le he dejado de importar, se ha olvidado de mí.
La vuelvo a mirar y le dedico una media sonrisa que ella finalmente me devuelve y negando con la cabeza, como diciendo que no tengo remedio. Lo sé, no lo tengo.
-¿Eso significa que me dejas? -le pregunto, me mira fijamente, suspira y asiente, me levanto de mi taburete y la abrazo con fuerza-. Gracias -susurro.
-Pero te quiero aquí antes de las once y más te vale que no te metas en líos, me has dado tu palabra -me dice agitando su dedo índice en mi dirección.
-Lo prometo -le digo poniendo la mano en alto con una sonrisa, ella mueve la cabeza con resignación y una sonrisa.
Subo a mi habitación para prepararme, me doy una ducha rápida y quedo con Eric y Emma al final de la calle. Ellos son en parte la causa de que me meta en líos, Ágata dice que con esos piercing y tatuajes es normal que me haya vuelto tan rebelde, ella no los aguanta cuando los invito a casa, pero a mi me caen bien. Con ellos me río, aunque muchas veces siento que no encajo, pero ese es el problema, creo que no encajo en ningún sitio.
Siempre vamos a comer a casa de Eric, ya que su padre murió y su madre siempre está trabajando. Siempre estamos solos, pedimos pizza y pasamos el resto de la tarde hablando, viendo la televisión o jugando a las cartas. En mitad de una de las partidas, Emma se levanta del sofá para traer más cervezas. Pierdo la cuenta de cuantas me he bebido, pero solo estoy un poco mareada. Cuando vuelve con su corta melena roja, deja las cervezas sobre la mesa y empieza a besarse con Eric, por lo que me levanto, un poco tambaleante y decido volver a casa. Ni siquiera se percatan de que me levanto y salgo fuera. El aire en la calle es fresco, lo que hace que me despeje.
Cuando llego a casa miro mi reloj, es pronto, por lo decido no entrar aún, me tumbo en la suave hierba del jardín como cuando era pequeña y observo el cielo, como las nubes se mueven lentamente, de un lado para otro, como en un mar completamente en calma, los pájaros vuelan de un lado para otro para resguardarse, el sol se va terminando de ocultar, la noche cae sobre mi. Cierro los ojos e inspiro lentamente dejando que la brisa acaricie mi cara.
Al cabo de un rato vuelvo a mirar el reloj y decido entrar. Como le prometí a Ágata llego antes de las once. Me está esperando en el salón, cuando me escucha llegar sale a la entrada con una de sus novelas de misterio.
-Me alegro de que llegues a tu hora -suena satisfecha y a la vez orgullosa porque haya cumplido la promesa.
-Te lo había prometido -digo con una leve sonrisa-. Bueno me voy a la cama, estoy cansada.
-Buenas noches cariño -me dice mientras me da un beso en la mejilla.
-Buenas noches -contesto y luego subo las escaleras hasta mi habitación.
Me echo sobre la cama y me fijo en uno de los folletos del ejército en el que te animan a unirte a ellos y combatir la Guerra. Llevo toda mi vida desde que tengo uso de razón queriendo formar parte de ellos, de los soldados. No se que hacer con mi futuro, mi padre y Ágata tienen pensado que vaya a la universidad, pero eso es lo que quieren ellos. Pero ¿Yo quiero eso? ¿Quiero ir a la universidad? Si pienso que no encajo en ningún sitio, mucho menos en la universidad. No quiero ser abogada, aunque el hecho de que mi madre lo fuese hace que la idea no me desagrade tanto, pero no me agrada lo suficiente como para aceptar ir a la universidad y estudiar derecho. De pronto tomo una decisión, porque aunque sea por una vez quiero ser yo quien tome la decisión sobre mi futuro, pienso ingresar en la Academia Militar. No se si lo hago por llevarle la contraria a mi padre o porque así tal vez consiga alejarme de todo. Pero lo que si sé es que así tal vez pueda vengar la muerte de mi madre. Busco una mochila y empiezo a llenarla de ropa, calzado y todas las cosas que voy a necesitar ya que no volveré en mucho tiempo si todo sale como espero. Miro el reloj de pared, marca la una de la madrugada, Ágata a estas horas ya estará acostada. Cojo la mochila y bajo las escaleras directa a la cochera pero dejando antes una nota en la mesa de la cocina para Ágata.
En la cochera se encuentra mi moto de carretera negra, me la compré el mismo día de mi cumpleaños con todos mis ahorros. Ágata dice que estos trastos los carga el diablo.
Tengo que darme prisa, una vez que arranque Ágata se despertará y ella nunca me permitiría alistarme en la Academia Militar, solo de pensarlo le daría algo. Pulso el botón que activa la puerta metálica de la cochera, arranco la moto y salgo a la calle, antes de dar la vuelta en la esquina freno y miro en dirección a la casa que hace tan solo unos segundos acabo de abandonar y allí está Ágata, en mitad de la carretera con su bata, llamándome a gritos para que regrese a casa. Vuelvo a fijar la vista al frente y me sumerjo en la oscuridad de la noche hasta llegar justo a la salida del Sector.
Ágata corre al interior de la casa, tenía que poner al corriente de lo sucedido al Señor Wayans, sabía como era Amber y nunca había cogido su moto a estas horas de la noche, algo rondaba su mente. Entra en la cocina, descuelga el teléfono y cuando está marcando el número del Señor se da cuenta de que hay una nota descansando sobre la mesa de la cocina, es la letra de Amber, cuelga de nuevo el teléfono y lee la nota con total atención:
Ágata, has sido para mi como una madre. Todos estos años has estado conmigo, a mi lado, cuidándome a pesar de los innumerables líos en los que me he metido. Nunca has dejado de quererme. No he tenido el valor de despedirme de ti cara a cara, por un lado porque me resulta doloroso y por otro porque se de ante mano que avisarías a mi padre en cuanto termines de leer la carta. Cuando pase un tiempo te escribiré otra carta e incluso puede que vaya a hacerte una visita.
Con cariño, tu problemática Amber.
Ágata termina de leer la nota, se seca las lágrimas con la palma de la mano, piensa en que locura se le habrá ocurrido ahora a esa niña y sabe que a la larga eso le traerá problemas. Pero no puede evitar sonreír al pensar en ella. Decide que hoy no avisará a Salomon de lo ocurrido, decide darle un poco de tiempo a la joven y ayudarla a lo que sea que estuviera tramando y que al parecer para ella es importante. Mañana avisaría al Señor Wayans.
Han pasado tres días desde que me marché de casa, saqué dinero de la cuenta de mi padre y me instalé en un pequeño hostal cerca de la salida del Sector. Antes de salir necesito una documentación falsa para entregar a los soldados que vigilan la salida para que me dejen pasar al otro lado.
Llamo a Eric ya que entre otras cosas se dedica a falsificar documentos, le digo todo lo que necesito y me contesta que por una buena cantidad de dinero hay trato.
Así que ahora estoy en la puerta del hostal esperándolo con el dinero acordado. No se hace esperar.
-Hola -lo saludo y él me responde con un movimiento de cabeza.
-¿Estás segura de lo que vas a hacer? -me pregunta directo.
Él no sabe exactamente lo que voy a hacer, no tiene ni idea de lo de la Academia Militar, pero sabe que si necesito documentos falsos se trata de algo peligroso y no me refiero a que la Academia Militar sea peligrosa, lo de después si, pero lo peligroso es el riesgo que voy a correr saltándome por lo menos la mitad de las leyes de la Colmena.
-Claro -le digo como si no tuviera importancia.
-Sabes como es tu padre, cuando se entere de esto no tardará en remover cielo y tierra para encontrarte.
Su mirada es cautelosa, intenta protegerme. A pesar de su apariencia dura y de chico desastroso es una buena persona.
-Se cuidarme sola, no te preocupes, toma -le digo entregándole la bolsa con el dinero, él me da a mi un sobre con todo lo que le pedí.
-Cuídate -me dice dándome un pequeño abrazo.
-Lo haré -le contesto y lo veo marcharse en su coche.
Entro en el hostal recojo mis cosas y a los pocos minutos me encuentro en el otro Sector, los soldados se lo han tragado, así que ahora estoy en la Ciudadela. Acelero al máximo sin detenerme ni un solo segundo para llegar lo antes posible a la Academia Militar.
Me siento libre, sin preocupaciones, es el Sector más grande y aunque mi padre viva aquí dudo mucho que exista la posibilidad de encontrármelo, además durante todos estos años me ha mantenido alejada de sus negocios por lo que nadie me conoce y dudo que sepan de mi existencia, para el resto de las personas soy una simple adolescente.
Me introduzco en el centro de la Ciudadela, siguiendo las grandes calles en mi moto, este Sector es más hermoso y grande de lo que imaginaba. Me fijo en la gente, en como van de un lado a otro comprando o simplemente dando un paseo. Vuelvo a mirar la calle pero esta vez para encontrar una tienda donde poder comprar comida, me fijo en una pequeña tienda, aparco la moto y entro.
Solo cojo cosas ligeras, cuando termino de comprar comida busco un apartamento donde instalarme, no me cuesta mucho trabajo encontrar uno que no está nada mal. Dejo mis cosas en la habitación y vuelvo a salir a la calle para ir al edificio de la Sede Militar, donde entre otras cosas se encuentra la Academia. Según me ha dicho el portero del edificio no está muy lejos, a unos quince o veinte minutos andando.
Paso por una plaza en la que hay una fuente con niños que juegan alrededor de ella, estoy absorta en mis pensamiento por lo que no miro al cruzar la calle, me paro en medio de la carretera cuando me doy cuenta de que un coche está a punto de atropellarme pero justo cuando lo va a hacer alguien me agarra de la cintura y me empuja hacia el otro lado de la calle con una fuerza brutal, aterrizamos sobre el suelo, mi corazón late a cien por hora, cuando me recupero un poco me doy cuenta de que estoy encima del hombre que me acaba de salvar la vida, me hecho a un lado avergonzada para dejar que se levante, lo cual hace con agilidad, me tiende la mano para ayudarme a ponerme en pie.
-¿Estás bien? -me pregunta echándome un vistazo de arriba abajo con gesto preocupado.
-Si, eso creo -contesto dudosa pasándome la mano por el pelo-. Gracias -le digo con una leve sonrisa.
-Si, ha faltado poco - en ese momento me fijo en que lleva un uniforme militar-. Soy Bratt- me dice tendiéndome la mano presentándose, miro su mano durante un segundo dudosa y después lo miro a él.
-Amber -contesto estrechando su mano y ambos nos dedicamos una pequeña sonrisa.
-No eres de por aquí, ¿verdad? -me pregunta y una alarma se enciende dentro de mi cabeza.
-No, ¿cómo lo sabes? - le pregunto esperándome lo peor, me han pillado, saben que me he colado, que mi documentación era falsa.
-Esta es mi zona y nunca te había visto por aquí - me dice con una leve sonrisa, suelto una gran bocanada de aire, aliviada. - Bueno, ¿hacia dónde ibas antes de este percance?
-Hacia la Academia Militar.
-Bueno, entonces supongo que a lo mejor nos volveremos a ver por allí - me dice, se señala el uniforme mientras, se aleja un poco para volver a seguir con su camino, solo asiento y sonrío levemente.
La entrada de la base es impresionante, con grandes columnas a ambos lados, todo es de mármol blanco con algún detalle en negro. Me paro en la puerta con determinación y repitiéndome una y otra vez la misma pregunta:
¿De verdad es esto lo que quiero? ¿Una vida llena de riesgos?