Capítulo 17: Juego de Elfos
La noche era hermosamente iluminada con la luz de la luna y el día llegó con un pestañeo. Legolas fue el primero en llegar al comedor y casi de inmediato apareció su hermana con ambos gemelos escoltándola.
Pronto en la mesa se comenzaron a escuchar pequeñas risitas que en su mayoría eran provocadas por algún comentario de Elladan o Elrohir -Legolas continuaba sin saber distinguirlos-.
Minutos después, entró Thranduil vestido de gris y a su lado Elrond con una túnica café claro al igual que sus pantalones y botas. Tomaron asiento en sus respectivos lugares; la servidumbre comenzó a llevar las diversas bandejas con comida. La conversación comenzó con trivialidades de la cena, para después continuar elogiando las habilidades de los príncipes.
-Araya* -habló uno de los gemelos-; su palacio es magnífico -Thranduil hizo un gesto de agradecimiento-; esta mañana mientras nos dirigíamos al comedor pude observar los hermosos jardines -sorbió un poco de hidromiel-; y quería saber si me permitiría conocer los jardines exteriores y poder explorar los alrededores.
El rey pareció dudarlo un momento; los hijos de Elrond eran mayores que su Legolas pero aun así no sabía que tanto les permitía su amigo. Buscó consejo en los ojos grises de Elrond y éste con una rápida mirada asintió sin mayor inconveniente.
-No encuentro mayor inconveniente -pensó un poco más el asunto-, pero será acompañado por una escolta -en definitiva el bosque Negro no era Rivendel y aunque fuera muy audaz el príncipe no estaba acostumbrado a los peligros de su reino.
-Hanon le* -el joven inclinó la cabeza, pero la idea de la escolta no le fue de gran agrado-; aunque realmente, mi señor, no requiero de tanta seguridad -rápidamente Elrond lo fulminó con la mirada.
-Comparto el deseo de mi hermano -habló el otro gemelo en auxilio de su hermano; no había forma de saber cómo se llamaba cada uno-, estando los dos juntos difícilmente nos sucederá algo -Thranduil meditó un poco-... además con la guía de Legolas será suficiente y si sus habilidades son como se rumora, no podemos estar en mejores manos -el señor de Rivendel suspiró con fuerza, ese tipo de comentarios aunque fueron con las palabras correctas no dejaban de ser un insulto.
-En efecto no podrían estar en mejores manos -la quijada de Thranduil se había endurecido y por supuesto que ese último además de molestarlo lo había dejado sin argumentos.
-Pero ahora que lo pienso -habló el primer gemelo que Lúthien desde un principio ya había identificado como Elladan-, es descortés abandonar a la princesa. Con Lúthien, Hîr nîn*, le aseguro que nuestro retorno será antes del anochecer.
De inmediato la joven negó con la cabeza y el príncipe comprendió que algo había dicho mal; por su parte Thranduil no pudo reprimir una tenue sonrisa, aquel elfo tanto había abogado por salir sin escolta y ahora él mismo acabada de asignarse un sequito de guardias.
-Estoy completamente de acuerdo -habló Thranduil con naturalidad-, no pueden dejar a la princesa sola en el palacio -algo en el tono del rey hacía que a los gemelos se les erizara la piel-, mi hija tiene que acompañarlos -tomó un poco de vino-. Por seguridad de la princesa, a donde ella va siempre la acompaña media docena de guardias.
-Como prefiera el rey -no era digno de un príncipe retractarse de su palabra, así que no le había quedado de otra más que aceptar.
-Ada* -aquella palabra dejó impresionados a los elfos de Rivendel-; el comandante ahora se encuentra en el palacio y si se lo pides con mucho gusto aceptaría acompañarnos, al igual que Joshufel -nadie a excepción de Thranduil comprendió el porqué de las palabras de la joven-. Además, Legolas tenía entrenamiento con él después del desayuno; sería de gran ayuda para él comenzar a prepararse fuera del campo de entrenamiento y qué mejor si Elladan y Elrohir son sus adversarios.
Sin mucho ánimo Thranduil asintió y dio su permiso. El gran rey elfo había quedado sin argumento frente a su hija, pues en más de una ocasión él mismo le había dicho que con Annatar y Joshufel bastaba -pensaba que ellos tendrían cosas que platicar, o quizá recuerdos que compartir- y lo peor era que eso lo sabían todos los guardianes de la entrada.
En cuanto terminaron sus alimentos, los príncipes salieron del comedor con rapidez pero con un andar elegante -que usaban por estar en presencia de sus protocolarios padres-; los dos dirigentes dejaron que su hijos se marcharan, pues de así podrían discutir tranquilamente. Con andar lento y lleno de gracia salieron del lugar rumbo al despacho del rey.
Los jóvenes cambiaron sus vestiduras por ropa cómoda a excepción de Lúthien, pues el rey no les permitió ir tan lejos y la joven no consideraba necesario su cambio de ropa -no haría nada más que estar sentada en una roca y observar-.
En cuanto llegaron al campo de entrenamiento Annatar y Joshufel ya los esperaban; con un hostil movimiento el comandante indicó que llevaran arco, flechas, espada corta y larga, puñales, dagas y cuchillos.
Sin decir más salieron del lugar rumbo a las caballerizas para salir de ahí con la velocidad del viento; los guardias permitieron su partida sin decir nada, la presencia de Annatar dejaba sin argumento a cualquiera.
A pocas leguas del palacio en un pequeño claro el joven comandante se detuvo; no los conduciría más lejos, aquella zona aún era segura y se reusaría a ir un metro más lejos.
-¿Desde cuándo el temerario Annatar considera expedición ir diez leguas fuera del palacio? -Elladan estaba muy confundido.
-La seguridad de los príncipes es primordial -respondió Joshufel; pero el único que mostró asombro fue Legolas-. Desmonten -ordenó mientras su comandante continuaba observando el entorno; acercó sus pasos a Annatar.
-No es el mismo -susurró Elrohir mientras bajaba de su caballo.
-Sin duda alguna -confirmó Elladan; aunque Legolas no logró identificarlos.
-Lúthien -llamó Elrohir-, déjame ayudarte -se acercó a la joven, pero mientras le ayudaba pegó sus labios a su oído y susurro-: ¿desde cuándo es tan distante?
-Desde que llegamos -fue la sencilla respuesta de la joven.
-Desenvainen espadas -por primera vez se escuchó la voz del comandante.
Los tres príncipes obedecieron al instante; rápidamente Annatar dio instrucciones de cómo bloquear ataques enemigos. Los gemelos combatieron entre sí, dejando sin otra opción a Legolas más que enfrentarse nuevamente al comandante.
No había querido decir nada, pero el dolor en sus brazos era insoportable y dudaba que esta vez fuera capaz de poder siquiera bloquear uno de sus feroces ataques. Como un suspiro el ruido de metales se hizo presente, mientras Joshufel y Lúthien solo se dedicaban a observar.
-Suficiente -aquel paro tan repentino dejó con los ojos abiertos a los gemelos, no llevaban más de diez minutos-. Arco y flechas listas.
Los jóvenes obedecieron y rápidamente comenzaron a lanzar saetas al punto donde había indicado el comandante. Con gran extrañeza los príncipes de Rivendel veían cómo Annatar decía cosas por lo bajo a Legolas y con movimientos bruscos acomodaba la posición de manos del joven.
Lo mismo ocurrió con el lanzamiento de dagas y puñales, pero al llegar al manejo de cuchillos ambos príncipes ya no pudieron continuar. Aunque no podían escuchar lo que Annatar le decía a Legolas, eran testigos de que el comandante poco controlaba su fuerza y su ceño esta fruncido al extremo... ese no era el elfo que ellos conocían y que tanta admiración le tenían.
Aquel era frío, sombrío y cruel; no era el serio amigo con el cual podían bromear y de muy buena gana ayudaba a cualquiera con sus armas. Recordaron que incluso en una ocasión él había jugado con unos pequeños elfos.
-Muestra un poco de dedicación -y esas palabras fueron las que hicieron que las quijadas de Elladan y Elrohir tocaran el suelo-; no puedo continuar entrenándote si no te esfuerzas... he corregido más de una vez tus errores y continúas cometiéndolos -iba a seguir hablando pero se comió sus palabras para otra ocasión-. Por hoy es suficiente.
El comandante dejó a Legolas clavado al piso para avanzar unos metros y continuar observando.
-¿Quién soy? -uno de los gemelos se colocó al flanco derecho del comandante; éste solo lo observo como un rayo.
-Elrohir -habló por lo bajo para volver a concentrar su atención en el lugar.
-Sí eres Annatar -el príncipe parecía que había descubierto a una nueva criatura por el tono que utilizo.
-Claro que soy yo... -no comprendía el porqué de las palabras del joven.
-Lo dudé las últimas horas -el comandante no demostró ni una sola reacción-. No recordaba que fueras tan exigente, yo cometía más errores con el arco y jamás me trataste de esa forma.
-Es diferente; no compares -nuevamente su tono frío salió a relucir.
-¿Diferente en qué?, ambos somos príncipes y manejamos las armas lo mejor posible -su entrecejo se frunció dejando ver su molestia.
-Tú no eres hermano de Lúthien -Elrohir sopesó aquellas palabras y de inmediato comprendió lo que sucedía-. La vida de la persona que más amas no pende de las manos de un joven que aún no llega a cadete -Annatar era un mar de lágrimas, pero sus vetos no dejaban que demostrara un atisbo de la penumbra de su corazón.
-¿Confías en mí? -dijo después de unos segundos de silencio; el comandante posó sus verdes ojos observando aquellas estrellas que le prometían una vida mejor.
-Sabes que sí -el pelinegro colocó una mano en el hombro del rubio y con una sonrisa le susurro:
-Confía entonces en que Legolas hará lo imposible por su bienestar -aunque no se veían los labios de Annatar, Elrohir adivino que se habían fruncido dudando de sus palabras-. Pues mi confianza está en el hijo de Thranduil -culminó manteniéndole la mirada y esa sonrisa que tranquilizaba a los soldados de Rivendel.
-Hanon le, mellon nîn* -Annatar posó su mano en el hombro del joven agradeciendo sus palabras.
-¿Cómo sabía que era yo? -cuestionó el elfo de cabellos oscuros antes de dejar solo al comandante.
-Aunque Elladan conoce mejor mi forma de entrenar a los demás y mi manera de actuar en general; él no se me hubiera acercado con la tranquilidad que tú lo haces -pensó un poco sus palabras-. Él hubiera llegado diciendo "Un entrenamiento corto" o "No reconozco al elfo que conocí"; o cualquier otra frase para llegar al epicentro del asunto.
-¿Solo por eso? -estaba sorprendido, era el primero que los distinguía por la forma de iniciar una conversación.
-Y por el lunar de tu mejilla -inconscientemente el joven tocó su cachete como si estuviera frente a un espejo.
-No tengo ningún lunar que Elladan no tenga -dijo en cuanto notó la broma del comandante.
-No podría estar más de acuerdo; son como gotas de agua... dejen de atormentar al príncipe con sus juegos de palabras -Elrohir hizo un gesto inocente levantando sus manos-. ¿Cuándo madurarás?
Sin decir más, el príncipe se regresó con los demás; solo Legolas había puesto atención en los movimientos de uno de los gemelos, mientras Lúthien, Joshufel y el otro hijo de Elrond platicaban de lo más ameno sobre la vida en el Bosque Negro.
A penas había pasado una hora del medio día y para los gemelos que estaban acostumbrados a salir a cabalgar por el bosque, entrenar duramente, inspeccionar los senderos o simplemente dar un paseo sin rumbo fijo, aquella estabilidad comenzaba a desesperarlos.
Sin previo aviso comenzaban a entonar canciones alegres de su pueblo y con ello el comandante comprendió cómo estaban sus amigos... sintió una opresión en el pecho seguido del silbido de una flecha que chocaba contra un tronco; buscó a su alrededor pero solo estaban los príncipes cantando entre sonrisas.
El olor a humo y el crujir de los árboles mientras caían presos de las llamas, la tierra temblando bajo sus pies y una mirada que helaba lo huesos clavada en su nuca; pero nadie parecía percatarse.
-¡Monten! -todos lo observaron con extrañeza- ¡Ahora! -gritó con nerviosismo.
Los primeros en obedecer fueron los hijos del medio-elfo, la princesa con ayuda de Legolas subió a su caballo y los tres elfos de cabello rubio con un silbido sus equinos llegaron y en un hábil movimiento ya se encontraban en el lomo del animal.
Con la velocidad de un huracán comenzaron a galopar por las veredas del Bosque... tres arañas salieron de entre el espeso follaje. Annatar saltó a la espalda de una de las alimañas y clavó una flecha en el cráneo del arácnido, antes de que el animal cayera por completo a la tierra había lanzado otra flecha a la garganta de la araña más cercana, mientras Joshufel clavaba sus dagas en el estómago de la escoria restante.
Los demás habían continuado su camino; era la primera vez que Legolas veía cómo el comandante se desarrollaba en el campo y realmente se había sorprendió de su forma de ejecutar las maniobras.
Casi al instante los dos guerreros dieron alcance a los príncipes, pero los ataques no cesaron ahí. Una flecha pasó rozando la cabeza de Legolas y en el acto Annatar acabó con la criatura.
Las puertas se abrieron de inmediato apenas distinguieron a los jinetes y estos penetraron el lugar como alma que lleva el diablo. De inmediato desmontaron y la cara desencajada de los jóvenes sorprendió a los guardias.
-Localiza a Elenwë y ordena que venga con un sequito de guardias para custodiar a los príncipes -ordenó Annatar al instante a uno de los soldados.
Apenas terminó la frase y abandonó el lugar con Joshufel pisándole los talones. Los jóvenes apenas empezaban a recuperar el aliento y percatarse de lo sucedido; los rubios eran los más desconcertados -cosa paradójica, puesto que ellos vivían en ese lugar- y los más tranquilos eran los hijos de Elrond que parecía era de lo más común que te lanzaran una flecha a la cabeza.
-Legolas, no puedes tener mejor centro de entrenamiento que tu bosque -bromeó Elladan, aunque el joven no supo distinguirlo-. Si a diario salieras de caza, serías el guerrero más fiero que haya pisado Arda.
-¡Casi nos matan! -Thranduilion estaba desconcertado y poca gracia le causaba lo sucedido.
-Pero no lo hicieron -respondió con naturalidad.
-No sales mucho del palacio ¿verdad? -Elrohir tenía una ceja levantada y más que una pregunta era una afirmación.
El silencio del rubio era mejor respuesta que sus palabras; de inmediato los gemelos cruzaron miradas... la joven se percató y rápidamente comenzó a negar con la cabeza, no sabía lo que pasaba por la mente de los hermanos pero esa mirada cómplice no le agradaba mucho.
Sin pensarlo, los gemelos tomaron a los hijos de Thranduil y con elegancia comenzaron a caminar como si conocieran cada rincón del lugar. Los guardias no se atrevieron a decir nada; la impresión que daban Elladan y Elrohir era de responsabilidad, elegancia, tranquilidad y un poco de frialdad, por tanto creyeron que con los dos hermanos bastaba para que sus príncipes no se metieran en problemas. En cuanto llegara la guardia real indicarían el rumbo y con eso bastaría para encontrarlos.
-No puedo salir sin escolta -Lúthien trató de sacar la idea que Elladan y Elrohir tenían en la cabeza (cual fuera).
-No hemos dicho nada de salir -el tono despreocupado de Elladan lo definía a la perfección.
-¿Requieres de guardias para estar en el palacio? -continuó Elrohir.
-No; pero...
-No saldremos de las murallas del castillo -la interrumpió Elladan con un tono que ya no daba lugar a otro argumento en contra.
-Parece que conocen a dónde nos llevan -Legolas había escuchado lo suficiente como para saber que los gemelos se aferraban a su plan y difícilmente cambiarían de parecer.
-En efecto -fue la corta respuesta de Elladan; la cara de desconcierto de Legolas era digna de narrar en las canciones de los gemelos.
-Antes del alba -continúo el menor de los dos gemelos-, fui a la biblioteca y ahí encontré algunos mapas del castillo escondidos en lo más recóndito de los estantes.
-Sabemos que existen varios manantiales -ahí iban de nuevo, a completar las frases del otro- y algunos dentro del castillo...
-...otros son públicos...
- ...unos son especiales para los soldados...
-...el de sanación es especial, al igual que su diseño...
-...pero a donde vamos, es muy poco frecuentado.
-Tranquila Lúthien -Elrohir pasó una mano por sus hombros-; no saldremos del lugar. Lo prometo.
-Confía en nosotros -exclamaron al unísono.
Nuevamente sin argumentos, los príncipes anfitriones se dejaron guiar dentro de sus propios dominios. En el camino pasaron a la cocina por unos bocadillos, además de avisar a Galion de su llegada y de que planeaban pasar el resto del día en un manantial dentro del palacio; el mayordomo asintió y casi de inmediato mandó a un sirviente para informar al rey y así detener a la escolta.
Las cocineras pusieron en una canasta lo necesario para la comida de los cuatro príncipes. Con una enorme sonrisa se despidieron los hijos de Elrond -cosa que asombró a las más jóvenes- y salieron con elegancia que juraban era natural.
Legolas y Lúthien caminaban sin poner la mayor resistencia; pero poco a poco se fueron percatando de que se acercaban a la parte del bosque que aun pertenecía al palacio, los peredhil* comenzaron a adentrarse a la espesura de la arboleda caminando como si se tratara de un sendero muy conocido.
Los pasos de los más jóvenes comenzaban a ser vacilantes; pero efectivamente aun no abandonaban el palacio -aquel lugar era restringido para el resto del pueblo-. El camino comenzaba a ser cada vez más difícil, se podía adivinar con facilidad que no era usado con frecuencia.
Hoja Verde ayudó a su hermana en cualquier obstáculo haciendo gala de su caballerismo, incluso en algunas ocasiones la había cargado para evitar que su vestido se manchara.
Poco tiempo después llegaron al manantial; tenía más la finta de un pequeño lago en medio de espesas arboledas. Estaba perfectamente construida la parte de la orilla simulando una alberca; algunas bancas adornaban el lugar, pero estas estaban completamente llenas de polvo y algunas ya comenzaban a formar parte del paisaje natural cubiertas casi por completo por enredaderas.
Se podía observar unos muros, que en sus mejores días debieron de ser blancos, pero ahora las raíces de los árboles y algunas plantas los cubrían por completo. No tenía techo, pues ese lugar fue construido para poder pasar la noche en total armonía y observar el cielo despejado.
Aunque no se podía observar muy bien, el agua emanaba un poco de vapor y en el lugar solo se podía escuchar es susurrar del viento, las ardillas royendo los troncos y el sube caer de las hojas.
Ni siquiera Legolas recordaba haber estado en aquel lugar, que aunque lucía en exceso descuidado y abandonado, tenía cierta magia y misticismo; esa aura de seguridad, tranquilad y paz... era hermoso a su manera.
-Por la poética expresión de sus caras -la voz de Elladan acabó con el silencio del lugar-, puedo asegurar que no conocían el lugar.
-Además de su desconcierto mientras caminábamos -Elrohir se colocó al lado de su hermano-; es obvio que no conocen ni su palacio.
-Parecen elfitos -se mofó el medio-elfo-; su cara es tan digna de pintarse. Son niños muy buenos -agregó con ternura.
-¿Por qué lo dices? -la compostura regresó a Legolas.
-Ambos son muy... -no sabía que palabra los describiría mejor.
-Nobles -ayudó Elrohir.
-Sí; los dos son tan nobles que no se atreven a llevarle la contraria al rey ni una sola vez...
-Es como si toda su vida hubieran estado exentos del mal -los hijos de Thranduil vieron penetrantemente a los gemelos-. Sé que son en extremo curiosos... pero su curiosidad tiene un límite...
-Y muy marcado -Elladan dirigió una rápida mirada a Lúthien-; aunque no lo crean.
-Pero eso tiene remedio -Elrohir trató de quitar la tensión que se había formado-, para eso...
-Estamos aquí -concluyeron los dos con enormes sonrisas en sus rostros.
Durante unos momentos todo continuó en silencio, así que los pelinegros sin saber que más decir comenzaron a sacar las cosas de las canastas y limpiar superficialmente las bancas.
Casi de inmediato Legolas y Lúthien se unieron a la faena, pero notaban cómo los gemelos se dirigían miradas, parecía que conversaban en silencio, en ocasiones con tenues sonrisas y en otras frunciendo un poco el ceño.
-Legolas -llamó Elrohir después de una última mirada con su hermano; el rubio levantó ligeramente su rostro-. ¿Puedes ayudarme a quitar este ramaje?
La pregunta sorprendió mucho al príncipe del Bosque Negro, pero aceptó; lo más normal era que su hermano le ayudara, pero lo que más nervioso lo ponía era que aún no sabía cómo dirigirse a él.
-No creas que no nos dimos cuenta -comentó juguetón Elladan en el oído de Lúthien, en cuanto se percató que Legolas estaba lo suficientemente lejos.
-¿De qué hablas, Elladan? -la joven alzó sus dos cejas.
-No soy Elladan -trató de confundirla e incluso fingió indignación.
-¡Oh! Lo siento, Elrohir -la princesa se sonrojó ligeramente y acto seguido el pelinegro comenzó a reír.
-Es una broma -la elfa le vio con mala cara y el príncipe lo único que hizo fue encogerse de hombros de la manera más tierna posible-. Hablando en serio, no está bien lo que haces y francamente no entiendo cómo el rey lo permite.
-No te comprendo... -la joven se veía claramente confundida; los dos se sentaron en uno de los escalones.
-Anoche, no regresaste a la cena después de tomarte "un suspiro" -fue directo al grano y de inmediato Lúthien bajó la mirada avergonzada-. Además fue más que obvio el elfo ese -inconscientemente su voz se tiñó con la ira-; en cuanto te fuiste, de inmediato se levantó de su lugar y qué coincidencia que por el mismo rumbo que tú tomaste...
-Elladan -jamás lo había visto tan alterado, pero el joven pareció no escuchar nada.
-Por fortuna Annatar aún conserva el sentido común y mantiene firme la promesa que nos hizo -calmó un poco el tono de sus palabras.
-¿Annatar? -ahora sí estaba desconcertada.
-Sí, Annatar -dijo una voz a sus espaldas; al parecer Elrohir había persuadido a Legolas para que fuera a buscar leños para encender una fogata-. En seguida de que el ¿capitán? -Lúthien asintió-; en seguida de que el capitán fue tras de ti, él lo siguió y por su forma de caminar no creo que se desviara unos metros después.
-Eres realmente hermosa -continúo Elladan- y era un hecho que algún día tendrías pretendientes... pero aun eres muy joven para eso -él la abrazó frotándole los brazos, mientras Elrohir se sentaba del otro lado de la joven.
-Para nosotros eres como nuestra hermana pequeña -Elrohir se unió al abrazo-, somos lo más cercano que tienes a un hermano... sanguíneo -agregó al instante-, siempre nos tendrás a nosotros que siempre cuidaremos de ti...
-...Créeme te lo decimos por tu bien -comenzó a acariciar sus cabellos-; si no hubiéramos visto lo que vimos, no te estaríamos diciendo esto -estas palabras provocaron que la joven subiera su mira.
-¿Qué vieron? -sabía que ellos jamás hablaban sin argumentos.
-Soló no te acostumbres a su compañía... -Elladan jugueteó con uno de los rizos de la joven.
-...Sus ojos brillan cuando te ve...
-...Pero mostró algo diferente en la cena...
-...La misma mirada de ayer por la tarde...
-...Mientras se perdía su vista en la comitiva...
-Quizá solo son exageraciones nuestras -dudó un poco Elrohir-... no queremos que salgas lastimada.
-Las cosas pueden cambiar en un parpadeo.
-Te adoramos, prima querida -susurraron los dos mientras apretaban más el abrazo.
Tanto Elladan como Elrohir conocían el lazo sanguíneo que tenían con Lúthien; pero ignoraban por completo que también lo compartían con Annatar. Elrond fue muy minucioso con la información que les proporcionó, puesto lo único que les dijo fue que lo compartían por parte de Celebrindal -esposa del señor de Rivendel- pero no fue muy específico.
Los jóvenes fueron muy cuidadosos con sus palabras y por lo que escucharon, Legolas sabía mucho menos que ellos; por tanto los príncipes de Imladris no tenían el derecho de divulgar que la joven era su prima, pues su padre les dijo que era por seguridad de la princesa y aunque no comprendía bien el asunto decidieron acatar por completo los deseos de su padre.
Ambos besaron al mismo tiempo una mejilla de Lúthien; Elrohir se levantó al escuchar los pasos cercanos de Legolas y comenzó a ayudarle con algunos leños. Thranduilion sólo posó su penetrante mirada en la parejita de elfos.
-Es muy celoso -susurró Elladan en el oído de Lúthien-. Por eso nos dimos cuenta que no sabe que somos primos... no digas nada, a Elrohir y a mí, nos encanta ver sus ojitos despectivos y de odio.
-No cambiarán jamás -correspondió con una tímida sonrisa.
-Solo tratamos de pasar un buen rato -se puso de pie extendiendo una mano para ayudar a su primita.
-A costa de los nervios de Legolas.
-Exactamente -la abrazó con fuerza por la cintura procurando que el rubio los viera.
Casi al instante Elrohir logró encender el fuego para comenzar a calentar la sopa que les habían enviado. Comieron apaciblemente mientras los gemelos gastaban bromas con los hijos de Thranduil, en especial con el príncipe que no paraba de maldecirlos con la mirada.
Extendieron una manta y se acostaron los cuatro observando el cielo mientras reposaban la comida. Legolas abrazaba con protección a su hermanita mientras su brazo le servía de almohada; era la primera vez que estaba así, aunque habían pasado muchas tardes juntos, nunca se les había ocurrido recostarse en el pasto.
La tarde era muy hermosa, no hacía ni frio ni calor; un clima perfecto. Los hijos de Elrond tarareaban algunas canciones y con silbidos los pajarillos trataban de imitar sus melodías.
Por un momento Legolas se perdió sin saber qué ocurría a su alrededor; habían pasado bastantes años desde la última vez que realmente se sintió tranquilo y sin preocupaciones. Sintió aquel peso en su brazo y un leve soplido de viento.
Giró su rostro hacia la persona que tenía a su lado; sus ojos estaban completamente cerrados, los caires revoloteaban con la suave briza, sus comisuras ligeramente levantadas en la más tenue de las sonrisas, su respirar tranquilo... se detuvo observando cada detalle de su hermana.
No era la primera vez que se perdía en su belleza; el sentimiento de protección y amor se hizo presente, en silencio juró a Ilúvatar que siempre procuraría la felicidad de su hermana, buscaría más días como ese. Besó con adoración su coronilla.
Sin previo aviso los gemelos se levantaron con rapidez, comenzaron a despojarse de sus prendas quedando en interiores... un chapoteo se escuchó en el lugar seguido de otro.
-¡Vamos! -animaba uno de los peredhil* mientras con su mano hacía para atrás su largo cabello negro totalmente empapado.
-¿No creerán que vinimos a un manantial solo para comer y echarnos? -sonreía el otro deshaciendo sus trenzas.
-Vienen por sus propios pies, o...
-... nosotros les ayudamos a meterse -Lúthien se levantó casi de inmediato.
Con una mirada le indicó a Legolas que si eran capaces de lanzarlos al agua con todo y ropa. El príncipe fue el primero en despojarse de sus vestiduras y meterse en el manantial de aguas termales.
Los tres jóvenes se giraron de espaldas, dándole la privacidad a la joven para poder quitarse el modesto vestido. Apenas sintieron las ondas de agua y pidiendo permiso se giraron, pues el agua aunque era limpia la falta de un iluminación directa hacía que no se trasluciera los cuerpos de los principes.
El manantial medía aproximadamente un metro con setenta centímetros en la parte más baja y casi dos metros y medio en la más profunda; por tanto la joven apenas y lograba rozar con sus pies la parte más baja y aun así la cabeza se le cubría por completo, mientras sus compañeros perfectamente pisaban sin que se les cubriera la cabeza.
Comenzaron a nadar mientras jugaban a lanzarse agua como su fueran unos elfitos. Tanto Elladan como Elrohir aparentaban por lo menos veinte años humanos, Legolas al principio se mostró reticente para jugar, pero a ver el comportamiento de los gemelos no tardó mucho en formar parte de las bromas.
En muchas ocasiones alguno de los gemelos salió del agua para meterse de nueva cuenta con alguna pirueta, dejando ver el resultado de tantos años de arduo entrenamiento, eran elfos de más de un metro ochenta y seis, cabellera negra como las alas de un cuervo y tan sedosa como la más fina seda, ojos tan grises y brillantes como las estrellas, piel blanca como la más pura nieve y tan suave como pétalos de rosa.
Los dos eran muy alegres y se pasaban la vida gastando bromas a cuanto elfo se encontraran; pero en el palacio eran la viva imagen de la responsabilidad y elegancia, contrastando magníficamente cuando llegaban con la ropa llena de barro y hojas en sus cabellos.
Pero aunque nadie se lo imaginara, cuando estaban solos lo que menos existía era el ruido; no hacían falta las palabras para saber qué era lo que pensaba el otro; con miradas y tenues sonrisas se decían todo, eran el mejor amigo del otro. No había cosa que no hieran juntos. Incluso hasta se vestían igual, pero no era a propósito. Durante varios años cada uno escogía su guarda ropa y sin darse cuenta salían con los mismos atuendos, se metían a cambiarse y era exactamente lo mismo.
Eran muy unidos y se coordinaban para todo; desde hacer sus labores juntos hasta cómo reprender a su hermana Arwen... eran los únicos en toda Arda que podían comprender cuál era la relación de Lúthien y Annatar, pero ni siquiera ellos se podían enterar de eso.
El cariño que les tenía la joven era grande, porque comprendía muy bien a los gemelos y durante su estancia en Rivendel ellos fueron de mucha ayuda para poder alejar aunque fuera por un instante la tristeza que sentía al saberse lejos de todo lo que conocía.
-¡Por Eru, Legolas! -Exclamó entre risas Elladan; por ahora el príncipe sabía quién era quien porque no perdía de vista a uno de los dos- casi me caes encima...
-...eres ligero, pero casi...
-...me rompes el cuello -lejos de estar molesto mostraba una gran sonrisa.
Las risas llenaban todo el lugar y sin previo aviso pequeñas gotas de agua comenzaron a caer. Los elfos fueron los primeros en salir para pasarle alguna capa a la princesa; pero apenas salieron del agua buscaron sus pendas y las encontraron completamente empapadas -resultado del chapoteo cada vez que alguien se lanzaban al agua-, pero para su mayor sorpresa algunas de las prendas no se encontraban por el lugar.
Buscaron con preocupación una camisa de Elladan, los calcetines de Elrohir, el cinturón de Legolas y el vestido de Lúthien; ese último les preocupa más porque era la única prenda extra de la joven.
Un fuerte viento comenzó a soplar sacudiendo todas las hojas de los arboles; los príncipes no resentían el brusco cambio de temperatura, pero la joven que aun aguardaba en el agua ya comenzaba a castañear de frío.
Los príncipes, por diversos motivos, sabían de la sensibilidad de la joven; con movimientos entorpecidos comenzaron a vestirse a medias, la lluvia comenzaba a ser más tupida y con el agua fría.
Como si se hubieran puesto de acuerdo los tres ofrecieron su capa sin pensarlo a la joven, que se apresuró a salir y se enrollo en la de su hermano, pero como estaba mojada y el viento y la lluvia eran fuertes se vio en la obligación de tomar las tres capas.
Las sandalias de Lúthien estaban completamente mojadas por la lluvia, en ese estado poco le servirían puesto que lo único que ocasionarían era que se resbalara con el lodo que se comenzaba a formar.
Los pelinegros recogieron lo mejor que pudieron todo lo que utilizaron metiéndolo en las canastas. Elladan -sin camisa- sin decir nada cargó en brazos a la princesa y Elrohir tomó una de las canastas dándole la otra a Legolas y comenzó a correr por el sendero.
Lúthien no hacía más que aferrarse al cuello del príncipe -que de los tres era el más fuerte- sin que las capas la descubrieran. Sus dientes titiritaban incesantemente; ahora el clima era en extremo frío y el crepúsculo era totalmente gris. Los labios de la joven comenzaban a tornarse ligeramente morados.
El mayor de todos comenzó a correr a mayor velocidad saltando las raíces de los árboles, mientras Elrohir y Legolas lo seguían de cerca. Apenas vislumbraron la entrada del palacio un nuevo problema surgió.
Legolas comprendió de inmediato y les indicó un camino muy poco transitado. Se ocultaban tras las columnas y se escabullían con sigilo por todos los pasillos. Elladan bajó a la joven y la llevaba de la mano para ayudarla a caminar.
Un nivel arriba escucharon las voces de Orel, Annatar y Borlach; ocultaron sus cabezas y se rejuntaron en un pequeño hueco. Continuaron su camino de la misma forma, tratando de evitar todos los pasillos transitados y ocultándose de a momentos en algunos cuartos completamente vacíos.
El sol ya se había metido por completo cuando los príncipes llegaron al palacio, ahora solo faltaba una hora para la cena. Apresuraron sus pasos y comenzaron a subir la escalera que llevaba a las habitaciones.
Giraron en una esquina, solo faltaba un nivel para llegar...
-¡Por los valar!, ¿Qué demonios sucedió? -exclamó Thranduil a punto de infartarse; Elrond solo clavo la mirada en sus hijos.
Los cuatro choreaban por completo, el lodo estaba salpicado en las prendas inferiores, sin mencionar que Elladan no portaba la superior. El aspecto de la joven era el que más les preocupaba, su piel pálida y los labios morados.
-¡Este comportamiento es indigno de un príncipe! -continuó colérico el rey elfo.
-Ada*... -habló bajito la princesa.
-No digas nada -sentenció con frialdad; escudriñó con fiereza a los tres jóvenes-. Quiero una explicación, para todo esto; tenían prohibido salir del palacio.
-Pasamos la tarde en un manantial -comenzó a hablar Elladan un poco apenado.
-Dentro del palacio -se apresuró a decir Elrohir-. Comimos en el lugar...
-...descansamos un poco...
-...y nadamos hasta que comenzó a llover.
-Se mojó nuestra ropa -Legolas pensó que ya era momento de decir algo- y otras se... perdieron. Le dimos nuestras capas a Lúthien para que no paseara en...
-¡¿No trae ropa?! -los ojos del rubio comenzaron a expulsar fuego y sin perder tiempo abrazó a Lúthien sin importarle que estuviera completamente empapada.
-Elladan, Elrohir -la voz potente de Elrond se escuchó haciendo que ambos bajaran su cabeza-; a sus habitaciones. No es forma de comportarse con una dama; ¿en qué momento se hizo apropiado el dejar que una princesa solo se pasee con un par de capas encima? -Suspiró-. Váyanse antes de que añada algo más a la lista de deberes para cuando lleguen a Rivendel.
Los dos realizaron una reverencia y se marcharon con rapidez. Legolas seguía clavado en el piso sin atreverse a soltar su pantalón. Thranduil se quitó su enorme capa y la coloco sobre los hombros de la fría elfa; en cuanto se cerró la capa avellana del rey, se deshizo de las otras tres que estaban completamente mojadas.
Con una mirada el rey del Bosque Negro le indicó a Legolas que se marchara y así lo hizo sin perder tiempo, caminaba sin dejar de sostener sus pantalones y con la otra mano aun llevaba una de las canastas.
Elrond tomó las capas y comenzó a caminar en busca de una elfa; sabía que su anfitrión necesitaba de un momento a solas con la joven para poder reprenderla. Pero dudaba que en realidad lo hiciera con la fiereza que utilizó con los jóvenes, con ella se mostraba más tranquilo y cariñoso. Incluso sintió a su espalda cómo Thranduil la arropada mejor con su capa.
-Lúthien -su voz era en extremo fría; la joven solo bajó apenada la mirada-. ¿Me puedes decir qué pensabas cuando nadaste enfrente de tres elfos?
-Lo siento -fue todo lo que dijo, pero no por miedo sino porque literalmente sus músculos estaban completamente congelados como para articular palabra alguna.
-¿Estás bien? -esta vez fue más cálido y tocando su mejilla se percató de la baja temperatura de su hija.
Sin decir más comenzaron a caminar mientras él la abrazaba brindándole todo su calor. Al llegar a las escaleras la princesa no era capaz de subir un escalón, sus dedos completamente hechos hielo no le permitían poder tener el equilibrio que necesitaba.
Eso era nuevo para el rey, en todo ese tiempo sabía lo mal que se ponía la joven en temporadas de baja temperatura; pero en esos sesenta años él jamás fue testigo de lo complicado que le resultaba moverse.
Tomó el ligero cuerpo de la elfa en sus brazos y comenzó a subir; la niña sólo susurró un "gracias", mientras se acunaba en el cálido pecho de su padre. Pocas veces él se mostraba tan afectivo y era la primera vez que la cargaba de esa manera. La calidez poco a poco la embargaba y para cuando estuvo frente a su habitación ya estaba visiblemente mejor.
-Es la última vez que llegas en estas condiciones -sentenció recobrando su arrogancia habitual-; no es propio de una princesa nadar en medio de puros elfos... me preocupas más de lo que debería y parece que a ti poco te interesa tu salud. Cámbiate de ropa antes de que te... enfermes -estaba tan poco familiarizado con aquella palabra; se dio media vuelta sin decir más.
La joven se internó en su cuarto, mientras aún se aferraba al calor que el rey había dejado impregnado en la capa; sonrió al recordarse en los brazos de su padre y saber que tanto la quería que se había preocupado de sobre manera con solo verla. Respiró su aroma, para después colocarse uno de sus vestidos otoñales y cubrirse nuevamente con la prenda del rey, para después meterse a urtadillas al cuarto de Thranduil y dejar la capa sobre la enorme cama.
Mellon nîn*- Amigo mío
Araya*- Mi rey
Hanon le*- Muchas Gracias
Hîr nîn*- Mi señor
Ada*- Papá
Peredhil*- Medio(s) elfo(s)
~*~
Hola; ¿qué les pareció esta segunda parte?
Antes que nada quiero agradecer a mi queridísima Mell-chu que me ayuda a corregir mis textos.
Bien, me temo que este (oficialmente y 100% segura esta vez) es el último alegre....
Saludos desde México xD
Pd: tratare de subir el siguiente en dos semanas, besos