Pasé unas fiestas buenas dentro de lo que cabe. La Nochebuena en Alcorcón con mis padres, mi tía materna soltera y mis tíos paternos sin hijos (nunca pudieron tener) estuvo bien. La Nochevieja con amigos en Madrid, también. El 8 de enero por la mañana, quedamos con Salva, Raúl y un amigo suyo, que se llamaba como yo. Lo que pasa que a él le llamábamos Javier y a mí, Javi. Las únicas que tienen permiso de llamarme Javier, son mi madre y mis tías y aún gracias que se lo permita a ellas. Yo iba con Javier y ganamos. Laura no apareció en ningún momento y me extrañó muchísimo. Se lo pregunté a Salva y me contestó que desde el día de Reyes que no la había visto, que no sabía ni si estaba en Madrid porque no le cogía el teléfono. Era muy raro que, contándose todo lo que se cuentan, él no supiera el paradero de su hermana menor.
Comí en mi piso y por la tarde decidí ir a pasear solo por Madrid. Menudo cubo de agua fría me cayó encima cuando vi a Laura con un tío. Iban unos metros más adelante que yo. Él le pasaba el brazo por el cuello y ella le cogía la mano que le colgaba. Me tuve que parar en medio de la acera para recapitular. Álvaro me lo dijo, la perdía y la perdí de nuevo. Vi como se despedía de ese misterioso chico con un corto pero tierno beso en los labios. Más o menos, debía ser de nuestra quinta. Hizo media vuelta y vino hacia mi dirección. Se me cortó la respiración. Entré en la primera tienda que encontré, un supermercado.
Sabía que por ahí dentro estaba él. Ya era casualidad encontrármelo una tarde de domingo en pleno Madrid. En todas las vacaciones no había tenido ni idea de donde estaba. Solo nos enviamos un WhatsApp para felicitarnos el año nuevo. Sabía que aquella mañana habían quedado con mi hermano y mi sobrino para jugar a fútbol pero yo había estado fuera desde el viernes y no había ido. Me hubiera gustado estar ahí y ver sus habilidades con la pelota pero Carlos, mi pareja de aquel tiempo, me propuso ir a pasar un par de días fuera y no quise rechazar.
Estaba ahí, lo sabía. Estaba en la sección de bollería y yo en el pasillo de detrás. Lo noté enseguida. La vi entrar y pasar por delante de mí. No me vio. Mejor, era lo que menos ganas tenía, encontrármela. Me daba miedo salir de aquel espacio y verla. Involuntariamente me había roto el corazón de nuevo. Pero me tenía que afrontar a la realidad y no podía quedarme ahí toda la vida. Respiré hondo y cogiendo un paquete de galletas para aparentar algo que no sabía del todo que era, caminé hacia la caja. Que "casualidad" que ella estuviera justo detrás de mí. El olor a vainilla que tanto me gusta la delató. Si no me giraba y la saludaba se enfadaría conmigo y me dejaría de hablar por un tiempo indefinido. Me giré disimuladamente y como si no la hubiera estado evitando, saqué una sonrisa y la saludé. Me dio dos besos y un corto abrazo. Parecía la misma chica de siempre pero había algo en su mirada que me decía que le ocurría algo. La primera opción que me vino a la mente fue algún problema con Carlos, pero lo descarté. Llevaban poquísimo juntos. La segunda era más creíble y fue algo en el ámbito familiar. Y la tercera y la que me aseguré a mí mismo que era, fue la del cansancio. La esperé a que pagara y andamos un ratito contándonos las fiestas y hablando de todo un poco.
No le quise contar mi escapada fugaz a Ribadesella. Me sentía mal por ello. No había pasado nada entre Carlos y yo pero no pude decírselo. Nuestra relación sobrepasaba los escenarios. Con él al lado, era como tener a David 1 pero Carlos intentaba conquistarme de forma muy dulce. Mi corazón estaba dividido a dos bandas y media: Javi, Carlos y una pizca de mí aún recordaba a David aunque lo quisiera olvidar, ahí seguía. Pensad que siempre que diga David, es el primero a no ser que especifique.
El paseo con Laura no hizo más que incomodarme. Volví a Alcorcón. Fui a casa de mis padres. Sólo deseaba que mi padre no estuviera allí para poder hablar con tranquilidad con mi madre. La relación con mi padre era bastante fría desde que decidí meterme en el mundo de la música, con 14 años, cuando empecé a tocar la guitarra. Según él, la música era una pérdida de tiempo y solo me llevaría a la ruina. Se equivocaba. El sueldo de cada bolo con Laura es alto y aparte, trabajo con otros artistas, que también es un plus para la economía. Mi padre y yo no nos llevábamos demasiado bien. Lo pillé poniéndole los cuernos a mi madre hace años y me molestó más aún que ella lo perdonara. Por suerte no estaba. Tenía viaje de negocios, en la empresa en la que quería meterme para ser su heredero y en la cual no me presenté a trabajar ningún día. Mi madre estaba sola mirando Qué tiempo tan feliz.
-Ay Javier, que raro que estés aquí.
"Vivo al fondo de la calle"
-¿Qué te pasa? No haces buena cara. ¿Alguna chica? ¿El trabajo?
-Una chica - me dio paso para que le contara la historia.
Laura tiene muy buena relación con su hermano y su primo. Todas las confidencias que se dicen, yo las hago con mi madre.
-Pues hay una chica, cercana a mí que me gusta desde hace años. Me encanta y estoy enamorado de ella. El problema es que tiene novio desde hace muy poco y los he encontrado.
-¿A los dos?
-Sí pero no me han visto. Sólo ella porque luego me la he encontrado en un supermercado.
-¿Es Laura, verdad? ¿Laura Montes, la cantante, no?
¿Cómo lo sabía? Nunca le había hecho referencia al amor que le tengo. Me puse rojo.
-Javier...que te he pillado. Lucha por ella. ¿Cómo es el novio?
-Sólo lo he visto de espaldas pero te aseguro que es un pijo.
-¿Y no le van a ella los pijos?
-No.
-Le van más un estilo como tú.
Mi madre seguía con la tele abierta y la vi de nuevo. Laura Montes me perseguía. Ahora en televisión. ¿Por qué yo no sabía de esa actuación? Claro, era un playback que no necesitaba guitarrista. Iba vestida igual que antes. Con leggins negros y una blusa blanca. El pelo recogido en una cola alta y contestando a todas las preguntas que le hacían. Incluso a la del "novio". A esa se las empeñó para no cagarla.
-Bueno... no me quejo de mi situaciónl.
-¿Has visto? - dijo mi madre - Si estuviera tan bien con el pijo - ya está, ella ya lo tenía bautizado - lo diría creo.
-Discrepo mama. Es muy reservada y lo de decir en público que está enamorada, le cuesta. Siempre me ha dicho que quiere mantener sus relaciones en secreto aunque le cueste.
-Vale, vale.
Llegó mi padre, maldición. Pensaba que el viaje era más largo pero no. Ahí estaba. Con su habitual cara de mala leche. Ayudé a mi madre a hacer la cena. Me quedé a cenar. 'Así comes bien', como dice mamá. Por cierto mi madre se llama Carmen y mi padre Pedro. Mientras cenábamos oíamos las noticias. Mi padre criticaba y yo sólo deseaba acabar para irme de ahí.
-¿Y qué? ¿Cómo te va con la música? ¿Ya te han echado?
-Pedro... - lo avisó mi madre.
-¿Qué?
-Pues no papá. Tengo cuatro bolos en quince días con Laura y arreglos de dos trabajos de artistas.
-Que poco.
-¿Poco? - no me quería pelear pero me lo ponía a huevo - Ven tú. Levántate a las seis, vete a dormir a las dos. A ver luego que dices.
Mi madre me lanzó una mirada furtiva que capté al instante. Me vio las yemas de los dedos. Aunque durante vacaciones no hubiese tocado, tenía las pieles levantadas de tanto tocar. Me gusta tocar con los dedos pero a partir de ese momento me acostumbré más a la púa.
-¿Tú has visto como tienes los dedos?
-Sí - respondí tranquilamente haciendo postres.
-¿Y qué piensas hacer? ¿Seguir así?
-Sí.
-Si Laura te lo ve...
-Que lo vea, no sería la primera vez - contesté con indiferencia.
-¿Un respeto, no? - me regañó mi padre - Que es tu jefa.
-No es mi jefa. Es la cantante a la cual acompaño. Mi jefe es su hermano.
Estaba enfadado con Laura. Sé que es libre de elegir de quien se enamora pero me dolió. Después de lo de Barcelona, pensaba que me la tenía ganada pero no era cierto.
-Javi - mi padre continuaba - Sea quien sea tu jefe, a Laura la tienes que respetar porque si no fuera por ella, ahora mismo estarías haciendo otra cosa.
-Oye papá. Yo no me quejo de Laura. Digo que no será la primera vez que me vea así las manos y nunca me lo ha reprochado. Yo estoy encantado de tocar con ella. Es súper dulce. Llevo más de 4 años a su lado y no he tenido problemas con ella por nada.
Acabé los postres y excusándome de que el día siguiente me tenía que despertar temprano, me marché. No fui a casa. Volví al bar al que había ido con Álvaro. La misma camarera fue la que me puso un chupito como el anterior día. Se quedó ahí, apoyada en la barra mirándome. Yo pasaba de ella. No era mi tipo y su actitud provocadora no era de mi agrado. Tenía unos buenos pechos pero no pasaba de aquí.
-¿Tienes problemas amorosos? - me preguntó.
-No - mentí.
-Seguro... necesitas sexo.
-Estoy satisfecho, gracias - mentira, llevaba mucho sin mojar.
-No te lo crees ni tú.
-Vale, no me creas.
-Eres guapo y me caes bien. ¿No te lo han dicho nunca?
-Sí.
-Pues no entiendo porque no tienes novia. ¿Eres gay? - negué. Me puso otro chupito delante y me lo bebí de un trago. Era más fuerte aún. ¿Por qué hacía yo esas cosas? La causa: Carlos, el novio de Laura, que se me había adelantado.