El frío recuerdo del pasado

By mige_07

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“Tras perder a su hermano asesinado por su amigo y descubrir que todo su sufrimiento se debe a un ser poderos... More

Prólogo
Capítulo 1 Una vida de guerra
Capítulo 2 La pesadilla
Capítulo 3 Los ojos muertos
Capítulo 4 El señor de los colmillos
Capítulo 5 El mago de fuego
Capítulo 6 Los cabrones
Capítulo 7 El Sin Rostro y el caraquemada
Capítulo 8 Vientos de fuego

Capítulo 9 Caza vampiros

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By mige_07


—¡Rápido! Yo iré a buscar a los curanderos, los demás, ocupaos del resto, pero la prioridad son los dragones, son los que están más heridos —el gnomo subió por las escaleras de madera y se encontró en cubierta, la cual para su desgracia estaba sometida a una gran tormenta de arena, y los curanderos estaban al otro lado. 

Avanzó con dificultad y lentitud apoyándose en las cuerdas y los mástiles que se encontraban en la superficie con la función de imitar a la cubierta de un barco, pero en tierra, sin duda se sentía muy orgulloso de su vehículo, era innovador y grande, pero en ese momento lo de grande era su problema. Cuando consiguió llegar al otro lado de la cubierta, entró en la primera habitación de la derecha y entró. En ella había a varios elfos y hombres tumbados en literas o sentados de grandes mesas, todos estaba leyendo o escribiendo, en total solo eran seis, tres elfos tres hombres. 

—Venid todos conmigo. 

—¿Qué sucede Greg? —el elfo anciano estornudó nada más decir aquello. 

—Invitados heridos, todos conmigo ahora. 

Cuando todos salieron uno de ellos hizo un chasquido de dedos y el viento pareció apaciguarse un poco, y pudieron llegar al otro lado bastante deprisa. Volvieron a entrar en la habitación central y a bajar las escaleras hasta llegar al dormitorio común, donde unos veinte gnomos y cinco enanos estaban atendiendo a los heridos, de los cuales ocho gnomos y dos enanos atendían solamente a Danior vertiéndole alcohol y sujetándolo para que no se moviera por el escozor, seis gnomos y tres enanos se ocupaban de Draket y los restantes atendían a los demás. 

Inmediatamente, los tres elfos se dirigieron hacia Danior y los otros tres hacia Draket, sacando varios cuencos y moledores y utilizando ungüentos, pomadas y líquidos extraños que fabricaban allí mismo en los cuencos utilizando raíces, hojas, agua, sales y especias mezcladas con varios hechizos.

Tras repetir varias veces este proceso dio como resultado una pasta azul, que extendieron sobre las heridas de los hermanos, pero esto producía un gran escozor, lo que produjo un gran rugido de los dos, hasta que el escozor pasó y se durmieron de agotamiento. Al terminar con los dos dragones, los seis curanderos se dividieron para atender a los otros heridos, pero Greg tenía cosas más importantes que hacer y no podía perder el tiempo en curar a unos desconocidos que no sabía si llegarían a sobrevivir o terminarían muriendo, tenía algo más importante entre manos. Salió hacia cubierta y se metió en una habitación que estaba a la derecha, bajó unas viejas escaleras y se encontró en su cuarto, el cual disponía de una cama de plumas blanca y un escritorio de madera oscura con varios cajones, sobre la mesa había una pluma de color gris y un tintero a rebosar. Se sentó en una silla una vieja y fea que nada más sentarse crujió y abrió un cajón con varios pergaminos, cogió el primero, cerró el cajón y lo abrió sobre la mesa. 

"Saludos Greg el gnomo, mi nombre es Fredred, señor de Colgat. He tenido la desgracia de escuchar ataques de no-muertos sobre Menzobar y de pueblos arrasados por zombies y esqueletos, presiento que el próximo ataque se hará contra mi reino, y nada temo más que eso, por tanto me gustaría contratar tus servicios caza vampiros, ya que se sospecha que un vampiro está detrás de todo esto, igual que estaba detrás de la batalla de Tierra vacía, y además sospecho que es el mismo. Me gustaría poder negocia un precio razonable, y pienso, ya que es un gran enemigo, que cien monedas de oro sería más que generoso por mi parte. Si tenéis interés ruego que me visitéis en mi castillo, situado en el corazón de Colgat. 

Un cordial saludo: Fredred, señor de Colgat." 

El gnomo leyó esto con gran interés, y tal como terminó, volvió a meter el pergamino en su sitio para sacar de debajo de su cama una ballesta con recámara de veinticuatro virotes, y en el lado derecho de la ballesta una manivela de maderaje conectaba con la cuerda. "La usaré pronto" se prometió el caza vampiros.

Aquella noche aún no habían salido del desierto del destino y Greg preguntó a su tripulación si se habían perdido, pero ellos lo negaban rotundamente, también fue a visitar preocupado a sus nuevos inquilinos, pero todos ellos estaban durmiendo en el mismo sitio donde se curaron. Según los curanderos aquello era normal, ya habían sufrido varias quemaduras graves, e incluso habían perdido una gran cantidad de sangre, así que lo más seguro es que durmieran durante casi un día completo. 

Al despertar a la mañana siguiente, el gnomo comprobó que aún no habían salido del desierto y aún sus invitados no se habían despertado, por tanto aprovechó la mañana para practicar esgrima y el tiro con las ballestas. Esa misma tarde, de una manera lenta, todos se despertaron cansados y con hambre. 

—¿Dónde estamos? —Danior apenas se podía mantener de pie, lar heridas del combate le ardían como si aún tuviera el fuego besando con acidez su piel a la vez que el acero cortaba su dura carne.

 —Supongo... que... será el... el... barco de tierra de aquel gnomo —Jasper no podía siquiera decir dos palabras seguidas sin soltar un suspiro al aire.

Raksdax, sin decir nada, comenzó a hacer flexiones sobre el astilloso suelo de madera. 

—¿Qué haces ahora? —Nero parecía ser el que mejor se encontraba de todos ellos. —Nunca más —el minotauro mostró la furia en su mirada—. No volveré a perder. 

—Yo voy a ver al gnomo, tendremos que agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros —de repente, Draket rugió y soltó un grito suave, pero su rostro reflejaba dolor—. ¿Estás bien Draket? 

—Sí, o eso creo... 

Tras esto, Malek salió de la habitación y Raksdax terminó de hacer flexiones. 

—No te mereces esto, Raksdax —Rant se puso de pie de un salto y se dirigió hacia el minotauro—. Esquivaste un golpe sabiendo que me daría a mí y podía morir y aun así lo hiciste por el mero hecho de luchar, no te mereces que te hayan salvado.

—La vida consiste en ser el último en llegar al final del camino, en la batalla soy mejor que tú, y si me hubiera alcanzado ese fuego con seguridad hubiera muerto, y detrás de mí tú, si los dos teníamos que morir, mejor que yo me salve antes que tú.

Rant dio un rápido vistazo con un solo movimiento de ojos a la habitación, y apoyados en la pared había dos magníficas espadas cortas, pero con la forma de una daga, la hoja poco ancha y el mango de una mano. Con rapidez las cogió, y en ese tiempo Raksdax desenfundó su hacha. Rant esquivó el primer golpe y fue rápido en el contraataque, pero el minotauro se apartó con facilidad, seguido de esto comenzó un enorme torrente de goles rápidos por parte de Rant, hasta que Danior y Draket, con dificultad, separaron a ambos. 

—Siempre has estado en contra de todos y solo velabas por tu seguridad Raksdax —el fauno estaba exhausto —, pero yo siempre te he defendido... hoy eso se ha terminado minotauro, ahora estas solo.

 —Estoy menos solo de lo que tú piensas Rant, al acabar esta mierda de misión lo comprobarás, estoy cansado de todos vosotros y de vuestros "principios" ¡A la mierda los principios! Todos morimos dejando algo atrás, pero a mí no me queda ya nada que perder, eso me hace fuerte, al contrario de vosotros. 

Raksdax envainó el hacha y salió a cubierta de una forma agresiva y haciendo crujir la puerta. Se hizo un silencio durante unos segundos hasta que se volvió a escuchar la puerta y los pasos al bajar la escalera.

—Bienvenidos todos al "La estaca sagrada", yo soy Greg, el diseñador y capitán de este gran barco andante y cazador de vampiros —los ojos de color azul marino de Greg se clavaron en cada uno de ellos junto con una picaresca sonrisa—, Malek ya me ha hablado de cada uno de vosotros y tengo una mala noticia que daros, nos queda este día y otro más de camino hasta salir del desierto y si deseáis permanecer aquí tendréis que dormir en esta habitación junto a los demás miembros de mi grupo, ya que no dispongo de más habitaciones. 

—Solo me extraña una cosa —replicó Draket—. ¿Qué es lo que has hecho para meternos a mí y a mi hermano aquí? 

—Jejeje... Muy fácil ¡Abrid las compuertas! El techo de la habitación comenzó a levantarse lentamente y a abrirse en dos. 

—¿Cómo has conseguido todo esto? —Hestyon estaba atónito con el vehículo y no podía creerse lo que veían sus ojos—. ¿Magia? ¿Alquimia quizás? 

—No, Tecnología. Todo se basa en un sistema de engranajes que va aumentando el tamaño uno con respecto a otro para así multiplicar la fuerza que se ejerce sobre estos. 

—Nunca había oído hablar de tal instrumento, pero eso me recuerda a la tecnología enana... 

—Es parecida, pero no plagiada, los enanos suelen utilizar carbón y otros materiales procedentes de minas, nosotros utilizamos la mecánica apoyada con el vapor de agua. 

—Interesante... ¿le importaría dejarme ver los planos? 

—No veo porque no, pasarán aquí dos días y es mejor que estén entretenidos, sino los días pueden parecer siglos, os lo digo yo... Sígueme, te llevaré hasta mi habitación.

Ambos hermanos dragones aprovecharon la apertura de la compuerta para salir al exterior, aunque estaban heridos era imposible estar un día entero sin batir las alas, imposible e insoportable. 

—Jasper, cuando salgamos del desierto te marcharás, ¿verdad? —la voz de Nero era ronca, demasiadas emociones en muy poco tiempo. 

—Si, Tal y como me encomendó Kronos, ¿por qué lo dices? 

—Necesito un favor... algo muy personal. 

—Lo que necesites amigo. 

—Es... lo que quiero es... —Nero se mostraba inseguro y apartaba la mirada varias veces—, que se recupere el cadáver de mi hermano. 

—Eso es casi imposible y lo sabes. 

—Por favor, no solo el de mi hermano, sino el de todos, las personas necesitan velar sus difuntos a los Tres Padres. 

—Hablaré con Kronos, pero no prometo nada.

—Gracias Jasper, es muy importante para mí el poder darle un último adiós —los ojos de Nero comenzaron a llenarse de lágrimas, pero se aguantó las ganas de llorar—. Voy arriba a ver a Raksdax y procurar que no haga ninguna locura.

Nero salió de la sala y contempló la increíble obra arquitectónica de madera que había creado aquel gnomo, con una cubierta tan grande que era capaz de soportar los seis mástiles con cuerdas y sus velas para mejorar la velocidad. La cubierta tenía en cada uno de sus extremos con grandes camarotes divididos en tres habitaciones, y subido en la del otro extremo de la estaca sagrada se encontraba Raksdax, haciendo abdominales con su hacha en el suelo, a su lado. 

—¿Estás enfadado por lo de antes? 

—Déjame en paz, humano, o no... —Raksdax se levantó bruscamente y desenfundó su hacha—. Lucha contra mí. 

—¿Qué? 

—Que luches, necesito descargar energías, necesito entrenar. 

—¡Pero podemos herirnos! 

—Eso me da igual, desenfunda de una vez Nero. 

Nero desenfundó su espada con la mano derecha y sujetó su escudo con la zurda. 

El primer golpe lo dio Nero, fue suave y no muy rápido, pero Raksdax reaccionó bruscamente, lo bloqueó y le intentó barrer con el filo del hacha, obligando al soldado a saltar a la vez que realizaba un golpe vertical hacia la cabeza de Raksdax, que tobo que evitar su muerte bloqueando la hoja con su mango y retirándose un poco hacia atrás. Ambos contrincantes se movían como dos hojas dentro de una tempestad, con movimientos precisos, ligeros, y utilizando las piernas en cada uno de estos movimientos. Solo cuando llevaron dos minutos seguidos entrenando Nero pudo apreciar por primera vez la fuerza de un minotauro, cuyos golpes eran ligeramente más lentos que los de él pero el triple de fuertes y agresivos, atacando mayoritariamente al pecho y a la cabeza, e incluso varios golpes llegaron a contactar con la armadura de Nero, pero los supo detener a tiempo para no tener que conseguir una armadura nueva. Al cabo de un tiempo, tras cientos de golpes por parte de cada uno, Nero se tropezó sobre sí mismo y cayó al suelo, entonces Raksdax hincó su rodilla en el pecho de Nero e hizo el amago de clavarle el hacha en la cara, pero terminó clavándola en la madera con tal fuerza que todo el filo y una pequeña parte del mango se hundieron en la madera, obligando al minotauro a sacar la madera de una forma brusca y rompiendo el techo de la habitación de los curanderos. 

—Te puedo matar cuando yo desee Nero, nunca lo olvides. 

—Si algún día nos tuviéramos que enfrentar a muerte, utilizaría un arco. 

Nero soltó una carcajada y miró el gran desierto, aun no se veía siquiera el final del mismo, miró hacia atrás y se acordó de aquel ser monstruosos que no tenía rostro, salvo aquellos impactantes ojos amarillos, ¿qué habría pasado con él? Se preguntó, se acordó de la leyenda de Sombra y Merdek, podría ser la misma sobra que en su día lo derrotó... no, ya habían pasado demasiados años desde aquello, ningún ser excepto un elfo podría vivir tanto tiempo, que fuera el mismo del que se hablaban en las leyendas era una locura, "Bienvenido al reino de la locura", de nuevo se acordó de esa frase, la cual aún no comprendía el significado. En ese momento Danior bajó y se posó al lado de Nero. 

—Súbete a mí, creo que deberías ver esto. 

Nero se subió de un salto encima de él, y se colocó entre las alas y las patas delanteras, sujetándose con fuerza al cuello. 

—¿Qué ocurre? 

—Ahora lo verás. 

Danior emprendió el vuelo con fuerza batiendo las alas con rapidez y se adelantó con rapidez hacia el frente, Nero se ocupó de intentar no caerse, sobre todo cuando el dragón se situó a mucha altura con respecto al suelo y fue bajando progresivamente a la vez que batía y planeaba más rápido para ganar velocidad. Al cabo de unos pocos segundos, Danior se paró en seco. 

—Mira al frente y dime que hacemos.

Nero, con dificultad debido al fuerte viento y a los granos de arena, pudo ver como una mancha negra sobe el suelo se movía con lentitud y se iba deformando, pero cuando adaptó su vista a la zona vio que no era una mancha, eran cientos de personas moviéndose con torpeza y cuyos rostros eran oscuros, podridos, eran zombies. 

—De momento, llamar a los demás, y luego matarlos y quemarlos a todos —a Nero le entró un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, y a Danior unas enormes ganas de empezar la tarea.

Hestyon se encontraba en la habitación del gnomo junto al mismo observando los planos de la estaca sagrada, el mago se estaba estudiando la forma en la que combinaba el vapor de agua con la energía y el mecanismo de los engranajes y las poleas para mejorar el rendimiento del barco. 

 —Sin duda es una brillante idea —Hestyon dejó los planos en su sitio y se dirigió a Greg—, pero creo que se puede utilizar todo esto de otra forma mejor. 

 —Me gustará escucharla. 

—Si consigues una gigantesca tela y la pones alrededor de un círculo de cuero que sea ligero, y consigues que no haya otra forma de que el aire se escape aparte de esa apertura, podrá volar.

—¿Cómo? —Greg se sentó rápidamente en su escritorio y comenzó a dibujarlo. 

—Pues llenándolo de aire de manera que la tela esté puesta de forma vertical, y llenándola con un gas denso poco a poco. 

—¿Y de dónde saco un gas denso? 

—Enciende unas antorchas y átalas a la anilla de cuero, así el gas se dirigirá hacia arriba y llenara la tela, haciendo que esa se eleve, si consigues varios de estos podrás volar. 

—¿De dónde has plagiado esa idea? 

—Era de mi padre. 

—Ah... ¿Y quién  era el genio tu padre? 

—Solo era un campesino —notó como algo se le revolvía en el estómago—, pero le encantaba investigar, al igual que a mí. 

—Es raro encontrar a un campesino elfo, y menos uno al que le guste investigar —el gnomo sacó de un cajón de su escritorio una botella de aguamiel y bebió un poco—. ¿Quieres? 

 —Sí, gracias —el gnomo le dio la botella y Hestyon dio un largo sorbo, la bebida le bañó toda la garganta, sintió como caía en su estómago y le daba un placentero calor que le recorrió todo el cuerpo—. Investigación, alquimia, ciencia... e incluso magia, todo esto nos ha gustado a mi padre y a mí desde siempre. 

—Espera... ¿acaso hay diferencia entre alquimia, ciencia y magia? 

—Sí, y pequeña no es —Hestyon volvió a beber—, la ciencia es el intentar comprender como funciona el universo y el saber de qué está formado, la magia es poder modificar y controlar los elementos y todo lo que es posible controlar tanto física como psicológicamente, y la alquimia es la magia embotellada ayudada por la química, pero también intenta comprender cómo se producen los hechizos, es una mezcla de las dos. 

—Interesante, Y tú... ¿Qué eres Hestyon? 

 —Siempre me ha gustado la ciencia, pero a día de hoy los medios no son muy destacables y no puedo investigar con tanta libertad como quisiera, y aunque es cierto que adoro la magia tanto como la ciencia, no he podido estudiarla, solo en ratos libres y de forma extraoficial, así que estudié como pude las tres cosas, y de todas la que más he podido estudiar ha sido la alquimia, así que se puede decir que soy alquimista. 

Greg miró al elfo y sonrió. 

—Sígueme, te quiero enseñar algo —el gnomo dio siete golpes suaves a un metro situado a la derecha de la cama a la vez que Hestyon depositaba la botella sobre el escritorio, tal y como los dio se escuchó funcionar unos engranajes y la pared de madera comenzó a bajar lentamente. 

 Bajaron por unas escaleras de madera vieja que crujían con cada paso que daban, aunque no era una escalera muy profunda, ya que el barco no era muy profundo, pero aun así era muy oscuro, y tuvo que sacar de un par de piedras de una de sus bolsas del cinturón, con las que se acercó hasta una antorcha que estaba a mitad del pasillo e hizo rozamiento entre ambas piedras hasta que produjo chispa y la antorcha que estaba sujeta a la pared gracias a un cono de hierro invertido se encendió y alumbró toda la escalera. 

—Cierra los ojos, es una sorpresa —Hestyon obedeció y de inmediato cerró los ojos. Todo estuvo en silencio durante varios segundos—. Ya puedes abrirlos. 

Al abrirlos el alquimista pudo apreciar una pequeña habitación con cuatro librerías de gran tamaño que estaban clavadas en la pared, una a la pared derecha, otra en la izquierda y dos en el fondo, y estaba entera llena de libros. 

—Esto es... Increíble —Hestyon miró con inocencia, estaba sorprendido de que tal información se encontrara en tal poco espacio. 

—Eso es lo que quería, no hay excusa para no avanzar en el conocimiento, el límite te lo pones tú, y si dices que no has podido estudiar, te doy la opción de avanzar, escoge varios libros, los que quieras, todos son buenos, y te los regalaré. 

Hestyon le dedicó una sonrisa al gnomo y miró absolutamente todos y cada uno de los libros de las cuatro estanterías, y de la primera le impactaron dos libros, en uno de ellos estaba escrito "Gerrit" en marrón sobre una pasta negra y con unas páginas amarillentas y viejas, y el otro era un libro con una pasta gris en cuyo título ponía "Los moldeables". De la segunda estantería del fondo le impactó un título, "Guadaña", ponía sobre la negra y sucia pasta. De la estantería de la derecha se quedó observando varios libros, ya que no quería abusar de la generosidad de Greg, hasta que se decantó por tres libros, todos de pasta verde oscura, sus títulos eran "Filacterias y calaveras", "El brazo de la antorcha" y "las monedas tienen cuatro caras". De la última estantería solo cogió un libro de pasta marrón que ponía "psicoanálisis". 

—Lo sabía —Greg miró con una sonrisa a Hestyon. 

—¿Ocurre algo? —la duda se hizo con el alquimista durante un segundo. 

—Sí, que aún hay esperanza... pero no te centres en eso, toma —el gnomo le dio una correa a Hestyon—. Sé que en tu mochila no hay espacio para los libros, ya que necesitas ese espacio para tus instrumentos de alquimia, así que lo tendrás que llevar con esta correa, no todo va a ser un camino de rosas. 

—Pero, ¿tú sabes magia? 

—La sé, pero no la practico, es demasiado poderosa y no puedo controlarla. 

—¿Acaso tienes miedo de la magia? —comenzó a colocar los libros. —No tengo miedo de ella, pero si respeto. Muchos de los personaje más tiranos que han existido han sucumbido al poder de la magia, el poder corrompe Hestyon, si de verdad estas dispuesto a emprender el camino del conocimiento te apoyaré, pero es un camino peligroso y demasiado arriesgado de emprender, es una locura. 

—Eso le da emoción al mundo, a la vez que riesgo.

Malek salió de la habitación en la que todos se despertaron junto a su cimitarra, sus flechas y su arco, todos sin desenfundar, con la intención de poder observar la zona. Al salir de la gran habitación se encontró como Nero y Raksdax entrenaban con fuerza, furia y técnica sobre los camarotes. "Por mucha fuerza que tengan, todos mueren si tienen una flecha en la cabeza" pensó. La cálida brisa del desierto hizo que le entrara sueño, así que se tumbó en la ardiente y placentera madera y se apoyó junto a uno de los mástiles para intentar descansar un poco más, pero algo no le dejaba dormir, nada externo, era algo que sentía dentro de él. Abrió con brusquedad los ojos de nuevo y se encontró en medio de una ciudad quemándose, casi en ruinas, con toda la población huyendo de algo y un gran terror anidaba en los ojos de los ciudadanos, que eran todos hombres y mujeres. Se levantó del suelo asustado y de golpe, tenía puesta una cota de malla sobre una fina capa de cuero endurecido de color gris que le recorría tanto su parte de humano como su parte de caballo, tenía un cinturón de cuero bueno puesto en la cintura, del cual descansaba una enorme cimitarra fina con varios picos puntiagudos antes de llegar a la punta de la espada situados en la parte redonda, y cuya curvatura no era muy exagerada, a su espalda un carcaj agarrado a una cinta de cuero que conectaba con la armadura y tenía dentro el doce flechas de hierro

con buenas plumas, y un arco de acero con una buena cuerda de color negro, todo era una obra maestra. 

"Las casas de madera y las posadas estaban ardiendo, había un gran castillo que cuyo tejado se estaba derrumbando, y había varios dragones que tan solo eran huesos surcando el cielo en aquella bella y sangrienta noche. Malek avanzó con rapidez por las calles intentando salir de allí a la vez que todos los asustados ciudadanos, pero tal como pasó la primera esquina se encontró a varios zombies mordiendo a los ancianos y niños que intentaban escapar, y cuando vieron a Malek una decena de aquellos monstruos muertos se acercaron a una increíble velocidad hacia él, y tuvo que preparar el arco y cargar la primera flecha, le acertó a uno en la cabeza, y así con los diez, pero notó el aliento de alguien o algo en su culo, y sin mirarlo le asestó una coz, se giró a la vez que guardaba el arco y desenfundaba su bella cimitarra y apreció cómo un vampiro con una gran cantidad de peo en sus antebrazos y hombros, dorsales, gemelos y espalda orientado hacia atrás, con la boca, que parecía más el hocico de un lobo que una boca, llena de afilados dientes de los cuales sobresalían dos de ellos, con los ojos de un color rojo que era tan vivo que parecía dos gotas de sangre a la luz de la luna y con dos orejas puntiagudas de gigantesco tamaño, utilizaba sus largas extremidades y sus afilados y enormes dedos para estabilizarse de la coz a la vez que rugía como un perro que le habían quitado la comida. Malek se abalanzó hacia él y viceversa, y cuando intentó cortarle la cabeza saltó tan alto y tan veloz que pasó por completo al centauro, y arto seguido le cogió de su torso de caballo y lo arrojó contra una pequeña casa de madera en llamas, y al caer las ardientes vigas cayeron sobre él, que emitió un grito de dolor al sentir el fuego sobre su piel mientras que el extraño ser encorvado se dirigía hacia el a cuatro patas y corriendo mientras, pero un virote le atravesaba la cabeza y le hizo caer muerto al suelo, de repente, Rant corrió hacia él y le ayudó a quitarse las incendiadas vigas, a levantarse y a salir de allí ileso, pero Rant iba vestido con un armadura completa de cuero marrón, con botas incluidas, barias bolsas sobre su cinturón y dos dagas largas, acompañadas por una ballesta y una bandolera que llevaba puesta y tenía varios cuchillos muy pequeños. 

—Recoge tus flechas, hay más trabajo en la entrada-le dijo el fauno." 

Se despertó bruscamente y notó el batir de las alas de Draket y Danior a su lado, con Nero montado encima de Danior e intentando bajarse. 

—¿Qué ocurre? —Malek bostezó y se puso de pie lentamente, recordaba el sueño de una manera muy borrosa. 

—Levántate —Nero consiguió bajarse sin dificultad del dragón—. Tenemos que hablar con Greg. 


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