Siete Años en Hogwarts.

By RubiGalasanz

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"A pesar de que estaba destinada a la casa Ravenclaw y deseaba ir a Slytherin, el sombrero seleccionador la... More

Advertencia.
Prólogo "Por culpa de la maldición"
Una nueva vida en América
Cynthia y Aliccie
Los años del horror
Una visita sorprendente
Tiempo de confesiones
Aniversario
Las jóvenes Zadi
Una historia muy triste
Cumpleaños, navidad y una dolorosa despedida.
Una importante decisión
Londres
Elfos:
Profesores malvados:
De regreso en el callejón
Una promesa
El primer viaje
Gryffindor
Los de Slytherin
La lección de vuelo
Vacaciones navideñas
Fotografías, Quidditch y Pociones.
Valery y Marie Anne
Música
El fin de la infancia
El hombre Murciélago
Cedric
Primer beso
Adolescencia
Una disculpa
Enojo, castigo y celos.
Amigos y enemigos
Perdida en tus ojos.
Collette Le Blanc
Profesor y alumna
Thomas Feldom
Hechicera entre muggles. Muggle entre hechiceros.
Harry Potter, el niño que vivió.
El lado humano del profesor de Pociones
Lágrimas de amor
La novia de Diggory: Capitulo 1.
La novia de Diggory. Capítulo 2.
¡Adiós Hogwarts! Primera parte.
¡Adiós Hogwarts! Horas expectantes.
¡Adios Hogwarts! La partida.
Aplazados
De padres e hijas. Primera parte.
De padres e hijas. Segunda parte.
Elizabeth Parker y la extraña desaparición de Harry Potter
Sentimientos encontrados.
Ruptura, primera parte: Entrevista en las mazmorras
Ruptura, segunda parte: Club de duelo.
Amargos 16.
Dulces 16
La heredera de Slytherin, primera parte
La más bella historia de amor.
La heredera de Slytherin. Segunda parte.
Un cobarde en las sombras.
Demasiada tristeza, demasiado dolor.
La mejor clase de Pociones
T.I.M.Os.
La cenicienta de Pasadena y el príncipe de Cokeworth, primera parte:
La cenicienta de Pasadena y el príncipe de Cokeworth, segunda parte.
Malos recuerdos
El profesor de D.C.A.O.
Una gran decepción
Frialdad
Confesiones entre amigos
Zachery
La maldición de los Zadi, primera parte.
La maldición de los Zadi, segunda parte.
Febril
Legeremancia
Confrontación.
La maldición de los Zadi, desenlace.
Daniel
Rencor 1
Rencor 2
Insoportable sabelotodo.
Estúpido ególatra.
Celos profesionales.
La poción Matalobos.
Oscura dinastía.
Luna llena.
No es un adiós. Solo un, hasta pronto.

Desilusión

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By RubiGalasanz


Tal como Aliccie imaginó, el viaje en tren se hizo corto y muy divertido.

Las amigas de Dora, quien prefería que la llamaran simplemente Tonks, que era el apellido de su padre, le contaron anécdotas muy interesantes con respecto a su hermana. 

Cynthia había sido apreciada por los profesores y muy querida por sus compañeros de casa y por muchos estudiantes más. Incluso llevaba una relación de amistad con algunas chicas de Slytherin. Lo que resultaba sorprendente, porque los chicos de aquella casa eran muy elitistas y no se daban con nadie que no fuera como ellos, es decir magos de sangre pura. No había tenido enemigos porque incluso los chicos de Slytherin preferían ignorarla antes que iniciar una discusión con ella, porque siempre tenía la última palabra.

Tonks y sus amigas pertenecían a Hufflepuff y siempre que debían compartir una clase con los de Slytherin, surgían discusiones, y hasta alguno terminaba encerrado en el baño, llorando.

Eran muy crueles y nadie les ponía freno.

Para colmo, con el profesor Snape, convertido en el jefe de esa casa, habían aumentado su cuota de abuso para con todos los demás. Pero desde que Cynthia se había metido a defender a Tonks, a quien los de Slytherin molestaban, porque su madre, que había pertenecido a una de las familias de magos más influyentes, se había casado con un hijo de muggles, habían parado los abusos.

La chica tenía carácter e inspiraba respeto. Desde que había dado cuenta de algunos mocosos que se burlaban de su acento extranjero en el primer año, nadie se burlaba de ella y preferían no tenerla como enemiga.


Finalmente el viaje concluyó y comenzaron a bajar del tren.

Tonks y sus amigas se despidieron de Aliccie, quien debía tomar un bote para llegar a Hogwarts, mientras que aquellas lo harían en un carruaje.

 Eso no le gustó para nada. Ahora se encontraba sola en el embarcadero del pueblo, rodeada de niños que conversaban entre ellos y que parecían conocerse de toda la vida. En realidad se habían encontrado por primera vez en el tren y habían tenido tiempo de charlar y de conocerse durante el viaje.

Se arrepintió entonces de haber preferido quedarse con las chicas de Hufflepuff. Ahora estaba allí, sin un solo conocido, mientras Hagrid, el guardabosque de Hogwarts, los llamaba para que fueran acomodándose en los botecitos.

Afortunadamente no era la única en la misma situación.

Una niña de piel morena, y otra más, a quien Aliccie no podía verle la cara, esperaban su turno para abordar la embarcación. La primera de ellas, adivinando que Aliccie estaba sola, la llamó para que hicieran el recorrido juntas y le anunció a la otra chica que serían tres en el bote.

Por suerte el equipaje no viajaba con ellas. De ser así, el bote se habría hundido. 

Aliccie tenía un nudo en el estómago. El movimiento del bote le provocaba nauseas, pero disimuló.

—No te vi en el tren—le dijo la niña morena, que parecía la más comunicativa de las dos—¿Dónde estabas?

—Yo la vi cuando entraba al vagón de los prefectos— indicó la otra—. Pero después desapareció.

Aparentemente se encontraba frente a dos chismosas, el tipo de gente que Aliccie detestaba. De modo que no respondió a la pregunta.

—¿A qué casa quieres entrar?—insistió la morena, que tenía el cabello castaño oscuro y los ojos de un color indefinido, posiblemente a causa de la escasa luz del lugar—. Yo quiero ir a Gryffindor, como mi papá.

No se molestó en esperar la respuesta de Aliccie, como si supiera que ésta no le iba a responder

— Por cierto, me llamo Valery— acotó. Y le extendió la mano.

Aliccie le correspondió. Al parecer,se había adelantado en su juicio. La tal Valery no era tan desagradable. Y por lo visto, tenía buenos modales. Tan solo era más comunicativa de lo que Aliccie solía soportar . 

La otra niña le sonrió vagamente y se presentó también.

—Me llamo Marie Anne—dijo— ¿Y tu nombre, cual es?

Marie Anne tenía porte aristocrático, aunque no se veía como una chica presumida. Tenía pelo de color castaño, ondulado, muy claro,que le llegaba más abajo de los hombros. Ese detalle no pasó inadvertido para Aliccie, quién nunca había podido tener el cabello largo porque, simplemente, no le crecía. Apenas lograba llevarlo un poco más abajo de su nuca y había que cortarlo nuevamente, porque las puntas se le abrían en dos y comenzaba a caer.

Los ojos de Marie Anne eran del color de las  almendras.

—Me llamo Aliccie—respondió, distendiéndose al fin—. Y supongo que iré a Ravenclaw. Mi hermana y todas las mujeres de la familia, estudiaron allí.

—¡Ah!— repuso Valery, y hubo un breve silencio. Como si aquella respuesta la hubiera decepcionado.

—-Mi familia toda, pertenece a Slytherin— señaló Marie Anne—. Pero yo no quiero. Estoy cansada de todos esos presuntuosos.

—¿Y cómo vas a hacer entonces?— quiso saber Valery—. Se supone que la decisión del sombrero es irrefutable.

—No lo sé. Pero a Slytherin no quiero ir— determinó Marie Anne—. Así me convierta en la oveja negra de la familia.

La chiquilla parecía algo tímida, pero tenía determinación y eso le agradó a Aliccie. Era muy diferente de las muchachas estiradas que iban a su colegio anterior. Siempre queriendo destacar por sus calificaciones o hablando de los viajes que hacían al continente asiático en vacaciones o porque sus padres les regalarían un Rolls Royce, si terminaban sus estudios sin un aplazo. O simplemente, porque eran novias de los muchachos más populares. 

Aquellas chiquillas tontas y engreídas, no habían cumplido los quince años, y ya estaban planificando una boda más espectacular que la del príncipe Carlos y Lady di.  Y las que cursaban su mismo año, no se quedaban atrás: cada nuevo cuaderno o cada par de aretes de oro, eran motivos suficientes para jactarse.

Entre tanto, sus acompañantes del botecito, parecían mucho más maduras y se podía tener una conversación interesante, sin tener que escuchar estupideces.


Por fin llegaron al embarcadero del castillo, que era la construcción más fabulosa que Aliccie había visto jamás. Ni siquiera el castillo de Cenicienta era tan hermoso.

Poco tiempo después, se encontraban en el gran comedor, esperando su turno para sentarse en el taburete y saber a qué casa serían asignados. Eran al menos treinta chicos o un poco más. Y como serían llamados por orden alfabético, Aliccie sería la última.

Fueron pasando uno a uno, y dependiendo la casa a donde los colocaba el sombrero seleccionador, sus integrantes aplaudían dándoles la bienvenida.

Tres niños habían sido asignados a Hufflepuff, cuatro a Ravenclaw y tres a Slytherin, cuando le tocó el turno a Marie Anne.

—Aquí viene otra para nosotros—gritó un chico de la casa Slytherin. Aliccie lo reconoció: era el mismo que la había interrogado en el tren.

Dumbledore, sentado en  el centro de la mesa de los profesores, ordenó que se mantuviera silencio durante la ceremonia. El profesor jefe de la casa, a su vez,  le lanzó una mirada reprobatoria al mocoso fanfarrón. Lo que a Aliccie le dio mucho gusto; en especial al ver la cara que ponía cuando el sombrero gritó el nombre de Gryffindor, mientras los alumnos de aquella casa aplaudían a rabiar, porque Marie Anne, que saltaba de alegría mientras iba a reunirse con sus nuevos compañeros, era la primera que el sombrero elegía para ellos.

Después siguieron dos más para Hufflepuff, que no daban mas de alegría y dos más para Ravenclaw, que eran los únicos que festejaban con un poco más de decoro. Por lo que Aliccie pensó que eran un poco aburridos.

¡Ojalá el sombrero hiciera como con Marie Anne: olvidara sus antecedentes familiares, y en vez de Ravenclaw, la enviara a Slytherin!

—¡Hufflepuff!— gritó el sombrero una vez más, mientras los chicos de esa casa aplaudían y Aliccie sentía que el corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento. 

—¡Parker Elizabeth!— llamó la profesora a cargo de la ceremonia y quien colocaba el sombrero a los estudiantes. Este volvió a gritar el nombre de Slytherin y la mentada se dirigió a su mesa, lanzando una mirada despreciativa a los que aun faltaba asignar.

-¡Salk Valery!— llamó la profesora tiempo más tarde.

Esta corrió a sentarse al taburete. Estaba realmente ansiosa por saber donde sería asignada y caminó con un gesto de triunfo a su nueva casa, cuando escuchó el nombre de Gryffindor.

—¡Spencer Harry...! ¡Staunton...! ¡Stebbins...! ¡Trewlis...! ¡Wellington...!—continuó llamando la profesora, con tono admonitorio cada vez. Hasta  que llegó al final de la lista.

 — ¡Zadi Aliccie...!

Su apellido provocó un silencio repentino. ¿Tan conocida era su hermana realmente?

Entonces caminó lentamente hacia el taburete, mirando a la mesa de los profesores, especialmente al que estaba vestido completamente de negro. Este la observó también, pero con indiferencia. Se sentó al fin esperando a que le colocaran el sombrero, mientras rogaba que la asignaran a Slytherin, porque lo que más deseaba en ese momento era pertenecer a esa casa. No le importaba que estuviera integrada por chiquillos presuntuosos, o por niñas de cuello estirado que miraban por encima del hombro. Le daba lo mismo incluso, tener que convivir con el rubio mal teñido del tren, o con Elizabeth Parker: la mocosa de ojos saltones que la había mirado con desprecio. Ella quería pertenecer a Slytherin y nada más.

El sombrero destacó sus cualidades en cuanto a aprender rápido, prestar atención, su astucia para resolver problemas y su valentía para enfrentar situaciones difíciles. Y eso fue lo que marcó su destino. 

Aliccie sabía (al igual que todos,en Hogwarts) que aquella cualidad era apreciada en una casa más que en otras. Por lo tanto, el sombrero la envió a Gryffindor, para sorpresa de los de Ravenclaw, la alegría de los de Gryffindor y la enorme emoción de Valery y Marie Anne, que le dieron un caluroso abrazo de bienvenida, como si ambas pertenecieran hacía mucho tiempo a esa casa y Aliccie fuera su amiga de toda la vida, y sin percatarse del enorme gesto de desilusión en su rostro.


El banquete era espectacular. La comida se veía deliciosa y todos se abalanzaban sobre las fuentes de plata, para comer como si se tratara de su última cena. Iba a ser la primera de muchas, en realidad, pero lo cierto es que no habían comido más que golosinas durante el viaje en tren y ahora tenían mucho apetito.

Aliccie no había comido ni siquiera un caramelo desde esa mañana, porque los nervios del viaje y la ansiedad no le dejaban pasar bocado. Pero seguía inapetente. La rabia que sentía por no haber sido elegida para Slytherin, le había cerrado el estómago. Así que se limitó a responder los saludos de los muchachos mayores que le daban la bienvenida y tomar solo una bebida muy sabrosa cuyo sabor había probado algunas veces en la casona de sus abuelos. Era jugo de calabaza.

Entre los alumnos mayores, se encontraban los dos hermanos pelirrojos del tren. Uno se llamaba William Weasley, quien la había ayudado con su equipaje y a quien llamaban Bill. El otro era Charles, aunque todos le llamaban Charlie.

Uno de los chicos nuevos, también se llamaba Charles. Tenía la cara redonda y muchos bucles de color castaño. Todos estuvieron de acuerdo en que, para no provocar confusión entre los tocayos, lo llamarían Chuck. Tanto el mayor como el más joven, estuvieron de acuerdo.


Aliccie sufría una gran decepción. De vez en cuando miraba hacia la mesa de los de Slytherin sin  poder evitar su tristeza. Y miraba también al profesor vestido completamente de negro, que conversaba con otro profesor, de pequeña estatura, y se sentía aun más triste, porque sabía que aquel odiaba a los chicos de Gryffindor y lo que menos deseaba era provocar ese sentimiento en las personas que ella apreciaba.

Y es que, sin entender por qué, sentía un poco de aprecio hacia el profesor Snape.


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