boxing →j.b (pausada)

By lookingforH

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idea de canadianhotboy. More

prólogo
uno
tres
Lo siento

dos

336 44 9
By lookingforH

este capítulo contiene escenas sexuales.

Narra Justin

6:24 am.

Tenía mucho frío. Muchísimo. Nueva Orleans es preciosa en invierno, eso sí, pero a ver quién cojones aguantaba 21 inviernos aquí. Yo debería haber sido inmune. Miraba al suelo mientras iba andando hacia el gimnasio. Me puse la capucha de la sudadera y después, encima, la de la chaqueta. Metí las manos en los bolsillos de mi pantalón y pasé la lengua por mis labios. Estaba completamente seguro de que estaban morados, ya que parecían dos cuchillas.

Giré a la izquierda en el cruce. Esas Navidades iban a ser las terceras sin mamá. Todo había cambiado mucho desde que ella no estaba. En Navidad, nuestra casa ya no tenía luces navideñas colgadas del balcón, ni el portal de Belén en la entrada del salón, y tampoco el árbol con las bolitas y la estrella arriba. No era lo mismo sin ella, ella era la que traía el espíritu navideño a casa.

Metí las manos en los bolsillos traseros de mis pantalones para sacar una cajetilla de Chesterfield, junto con un mechero rojo mate. Empecé a fumar tras la muerte de mi madre, ya que necesitaba un mecanismo para liberar el estrés.

Me apoyé en la pared de un callejón, que estaba un poco antes de llegar al gimnasio. Puse un cigarrillo entre mis labios y lo encendí. Una calada. Dos. Echaba el humo, mirando hacia el cielo y suspirando, rezando y esperando que mi madre estuviera mejor ahí arriba, o donde quiera que esté.

- Hola Justin.

Me asusté, ya que no me esperaba su presencia aquí.

- Hola, Zoe -Sonreí.

Zoe era una chica muy simpática, estaba muy enamorada de Matt y le hacía muy feliz, encima era muy guapa. Tez blanca, ojos azules y pelo largo, liso y castaño.

- No sabía que fumabas, pensé que lo habías dejado hace tiempo.

Subí los hombros y sonreí. Una última calada y tiré el cigarro al suelo para luego pisarlo. Quedaban tan solo dos minutos para las siete de la mañana, eso significa que ya tendríamos que estar abriendo el gimnasio. Nos dirigimos hasta la puerta y fui yo quien subió la persiana de metal, para después poder abrir la puerta y dejar que los socios y trabajadores entraran. Zoe se fue hacia el vestuario de mujeres para cambiarse de ropa, y yo me dirigí hacia el sótano en el que entrenaba, aquel sótano que podía llamar casa.

Puse la calefacción, ya que hacía mucho frío y yo tenía la mala costumbre de ponerme a boxear sin camiseta. Esperé a que se calentara el sótano mientras iba sacando mis pantalones de deporte y mis guantes negros. Saqué la esterilla, la puse sobre el suelo y me tumbé mirando al techo.

No sé cuánto tiempo pasó, quizá cinco minutos, o una hora. Me quedé muy relajado, simplemente dejando mi mente en blanco, hacía bastante tiempo que no me quedaba así de bien. Me senté en la esterilla y me quité la camiseta, acto seguido, me coloqué los pantalones de deporte y me volví a tumbar. Esta vez no iba a quedarme pensando en nada. Empecé a hacer abdominales. No iba a cargar mucho el cuerpo hoy, ya que estaba sin fuerzas. Lo dejé en cincuenta abdominales y veintisiete flexiones, antes de ponerme a dar porrazos al saco.

Estaba a punto de acabar cuando noté que la puerta se abría, haciendo un ruido de lo más molesto. Me senté en la esterilla.

- Zoe, ¿qué haces aquí?

No respondió. Entró, cerró la puerta y anduvo hasta donde yo estaba y, sin yo esperarlo para nada, se quitó la camiseta dejando sus pechos al aire.

- Oye, oye, ¿qué hac...

No me dio tiempo a terminar la oración, ya que sus labios ya habían conectado con los míos, sentándose encima de mi cadera. Tenía muchas ganas de hacerlo con ella, ya que hacía mucho que no follaba.

Tumbé a Zoe en la esterilla poniéndome encima, sin dejar todo mi peso y empecé a besarle el cuello, mientras mis manos buscaban salvajemente el botón de su pantalón. Notaba como ella gemía a mi tacto mientras me despeinaba. Conseguí quitarle la minúscula prenda que tenía como pantalón deportivo y empecé a bajar mis besos desde su cuello, hasta el borde de sus bragas pasando por sus pechos.

Lamí por encima de la goma de sus bragas, haciendo que ella perdiera el control.

Paré. Definitivamente, no podía hacerle esto a lo más cercano que tenía a un amigo.

- ¿Qué pasa Justin? -Preguntó Zoe extrañada.

- Eres guapísima Zoe, enserio, pero no puedo hacerle esto a Matt.

Me levanté y sacudí mis pantalones. Pasé la mano por el pelo y cerré los ojos pensando en lo que podría haber pasado si yo no hubiese parado. Yo sabía que Matt quería muchísimo a Zoe, y también sabía que Zoe quería muchísimo a Matt, ya que antes era como yo. Matt tenía diferentes problemas que le hicieron engancharse al boxeo, pero cuando Zoe llegó a su vida; la cambió entera por completo. Nunca me habría imaginado que Matt se enamoraría y se engancharía tanto por una chica por como lo hizo con Zoe. Y le envidiaba, porque, todos queremos que alguien nos salve.

Cuando me fui a girar para hablar con Zoe de lo que había pasado, ella ya no estaba. Se había ido. Y lo entendía. Ninguno de los dos diríamos nada, no queríamos hacer el mínimo daño a Matt.

Después de esa tarde, no pude hacer boxeo hasta el día siguiente. Me vestí, y me fui a casa. No era costumbre, pero estaba empezando a serlo así que saqué un cigarro de la cajetilla de Chesterfield y lo coloqué entre mis labios. Llevé mis manos a la parte de atrás del pantalón, intentando encontrar el mechero. No lo noté ahí así que pasé a buscarlo en los bolsillos de la chaqueta. Tampoco. A lo mejor se me había caído al quitarme los pantalones para ponerme los de deporte. Una voz a mi espalda me interrumpió mientras pensaba dónde podría estar mi mechero.

- ¿Quieres fuego?

Reconocí esa voz sin necesidad de pensarlo dos veces. Bethany. Mi primer amor. No sé si me llegué a enamorar de ella, pero me enganché mucho a esa persona. Todo esto pasó mucho antes de que mi madre falleciera. ¿Sabéis ese sentimiento que tenéis en el momento que ves a una persona, que sientes que va a ser muy importante para ti? Bueno, pues yo lo sentí. Pobre de mi al no darme cuenta de que todo lo que decía era falso, y pobre de mi al darme cuenta de que ella no me quería.

Me giré para verla. Alta, de pelo negro con ligeras ondas y los ojos oscuros. No había cambiado en nada. Estiré el brazo para coger el mechero y encender el cigarro. La boquilla estaba demasiado húmeda de estar entre mis labios, no sabía cuanto tiempo había estado pensando en lo que me había hecho Beth.

- ¿Desde cuándo fumas? - Me preguntó.

- ¿Desde cuándo fumas tú? - Me anticipé.

- Desde que lo dejamos.

Solté una carcajada. Sabía perfectamente que estaba haciendo una película de todo esto, como siempre hacía cuando las cosas no le iban bien. En fin.

Ella rodó los ojos.

- Mira Justin, cada vez que me acerco a ti, te vas como si no quisieras nada conmigo, cuando ambos sabemos que aún me quieres. Justin, yo te quiero, nunca he dejado de quererte.

Miré a sus ojos, y como era costumbre, solo vi mentiras. Eché una última mirada de asco a Bethany y me fui a mi casa.

Sin haberme dado a penas cuenta, el cigarro ya se había consumido. Estaría bastante bien que el cigarro se consumiera a la vez que los recuerdos y las personas.

Narra April

Estaba cansadísima de rellenar currículos y de pasear por las calles de Nueva Orleans y sus afuertas, intentando ver algún garito (o algo por el estilo) para entregar mi currículum.

Pasaron las horas y ya había entregado mi currículum en cientos de sitios, por no decir miles. Desde las típicas cafeterías en las cuales los ancianos van a desayunar, hasta en los más mugrientos e inmundiciados garitos, donde había muchísima venta de sustancias ilegales. Y yo pensaba que Nueva Orleans era normal.

Seguí paseando por las calles de esta ciudad, hasta entrar a un supermercado. Tenía que comprar comida, ya que últimamente comía comida embasada por la pereza de bajar a la calle. No era por vagueza (sí), pero con todo esto de los currículos y la mudanza, a penas tenía tiempo para hacer las cosas básicas como bajar a la tienda.

Entré y cogí un carrito. Empecé metiendo botellas de agua, pasta, fruta, y demás. Fui por cada pasillo, y seguí metiendo más alimentos. Cogí patatas, carne y verduras. Me apetecía cocinar, así que iba a hacer carne guisada con patatas.

Cuando acabé, fui a la caja. Estaba posando los alimentos en la cinta, cuando divisé un cartel justo al lado de la caja registradora: Se necesita cajera.

Bien, ya tenía un nuevo lugar donde entregar mi currículum.

Narra Justin

Desde que murió mi madre, mi casa parecía una granja. Estaba desordenada, mucho. Mi padre era demasiado machista para recoger y yo no tenía nada de tiempo. Inculso, mi padre llegó a replantearse lo de meter a una señora en casa para recogerla, pero tampoco teníamos tanto dinero como para permitirnos ese lujo. Fail.

Entré a mi habitación, estaba medianamente recogida, ya que a penas pasaba tiempo ahí, todo lo malgastaba en el gimnasio. No sé si malgastar es la palabra correcta, pero me siento a gusto al describirlo así. Sonreí al ver al mini Justin colgado de la pared en un marco de madera barnizada. Era tan inocente y tan frágil...

- Justin, hoy va a venir Astrid, ¿te acuerdas de ella?

Mi padre interrumpió mis pensamientos. Cómo no me iba a acordar de ella, es mi tía. Me limité a asentir con la cabeza mientras seguía mirando la foto en la pared.

- Bueno, pues hoy va a venir a cenar a casa. Está en el avión, ha venido desde Canadá para verte.

- ¿Astrid? ¿Para verme a mí? -Reí irónicamente- Jeremy, no soy tonto.

- No sé de que hablas, Justin.

Mi padre sabía perfectamente que yo sabía que Astrid y mi padre tuvieron algo hace años. Sí, la hermana de mi madre y mi padre estuvieron juntos secretamente mientras mi madre moría de cáncer. Y yo lo sabía. Y mi madre también. Pero ambos nos callamos por el miedo a la reacción de mi padre. Lo que mi padre hizo, fue acortando la vida de mi madre. Ella no se lo merecía.

- Bueno, ¿necesitas algo?

- Que vayas a por algo de comer a la tienda -Carraspeó- Astrid se queda aquí una semana, quiero darle una buena bienvenida.

Suspiré. ¿Por qué no vas tú, si eres el que quiere darle la bienvenida? Pensé. Por una parte, me interesaba salir. Así me despejaría y mi amigo el nicotinoso me ayudaría a ello. Miré a mi padre sin decir ni una palabra, esperando que el entendiera que quería que se marchara. Me había pasado de todo; Zoe y yo casi follábamos, me encontré a Bethany, mi padre me dijo que Astrid iba a venir aquí una semana, ¿qué sería lo siguiente?

Salí de casa y cuando anduve unos cuantos metros, saqué un cigarro. Esa vez no se me había olvidado meter un mechero. Lo encendí. Ya tenía ganas de fumar. En casa no podía hacerlo. Tenía 21 años, pero si mi padre me veía fumar, sería el final de mi corta carrera como boxeador. Fumar te hace perder la resistencia, te jode el sistema respiratorio y te acorta la vida. Pero también te libera del estrés.

Cuando llegué a la puerta del supermercado, di una última calada al cigarro, lo tiré al suelo y lo pisé para apagarlo. Entré por la puerta y miré al frente. Olía muy bien, a fresa.

En ese momento, el mundo me pareció pararse cuando el olor a fresa iba aumentando. La chica que estaba pagando en la caja, había pasado por mi lado. Era la chica más guapa que había visto en bastante tiempo, y Dios, que bien olía. Me giré para preguntarle que quién era, pero no estaba. Miré hacia la cajera, que en sus manos tenía una hoja de papel. Un currículum.

Me acerqué a ella, se lo quité de las manos y me fui de allí, leyendo con cuidado cada una de las letras que componían el nombre de aquella chica con olor a fresa:

April Murphy.


Hooola!!

perdón por tardar en subir capítulo, pero he estado muy liada con los exámenes :(

no odiéis a zoe, xfavor :(

este capítulo va a dedicado a sandra por nombrarme el otro día en el libro de recomendaciones y jasboua, muchísimas gracias guapa.

espero que os haya gustado :)



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