"Compañeros de piso"

By LCT1973

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Joe Morgan nunca fue una chica con suerte. Desde pequeña tuvo que buscar la forma de sobrevivir por su cuenta... More

Prólogo
Capítulo dos

Capítulo uno

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By LCT1973

Capítulo uno: Barrio Sesamo

Dejé que el idiota que parecía ser el líder me guiara por el inmenso pasillo.  La segunda planta contaba con ni más ni menos que ocho habitaciones.

El idiota número tres abrió una de las puertas e hizo una reverencia.

—Su nueva habitación, princesa.

Observé el enorme dormitorio que tenía frente a mí. Era grande, muy grande, pero solo contaba con una alfombra circular en el centro.

—No hay cama.

Los chicos rieron a coro, y el idiota número uno volvió a hablar.

—Aquí vivimos todo el equipo de fútbol, natación y tenis. ¿Crees que nos sobra espacio, pequeña saltamontes?

Dos chicos entraron y bajaron las puertas de los armarios, eran camas plegables. Muy listos.

No tardé más que un par de segundos en darme cuenta de lo que aquello significaba.

—Un momento. Aquí hay cuatro armarios.

Me sentí estúpida al decir aquello, pero era mejor que me quitara las dudas desde un principio.

—Oh, si sabe contar.

El comentario lo hizo el idiota numero dos, un moreno alto, de ojos negros que parecía querer matarme con la mirada.

—Aquí duermen también Tyler, Seth y Zack.

Los miré con cara de póker. Pero si...

—¡Yo soy una chica!

Todos volvieron a reír.

—Querida saltamontes, no tienes nada que no hayamos visto ya. Se podría decir incluso que estás algo deteriorada.

Lo miré sin dar crédito. ¿A que se refería el muy idiota con deteriorada?

—Bien, pero como alguno me toque un solo pelo se va.

Todos asintieron aburridos y me dejaron a solas para que organizara mis cosas.

(...)

Si me lo hubieran dicho antes no lo habría creído. En el cuarto que iba a compartir con tres chicos tenía más espacio que en la minúscula habitación donde estaba metida anteriormente.

Terminé de guardar mis cosas en el armario y me eché sobre la cama a leer. Lolita. Nunca me había llamado la atención el libro, pero me lo habían recomendado tantas veces que la curiosidad había podido conmigo.

—No sabía que te iba lo depravado, pequeña saltamontes.

El idiota número uno se tiró en plancha a mi lado. Mi cara se tornó roja. El libro ciertamente no dejaba mucho a la imaginación. La mayoría de personas lo habían leído, o al menos sabían de su argumento.

—¡Es solo con fines literarios!

El chico del cual aún no sabía su nombre, arrancó el libro de mis manos y le echó una ojeada rápida.

—Para mi gusto, La Divina Comedia o Ulises superan con creces a Nabokov.

Lo miré atónita.

—¿Acaso tu...?

El chico soltó una risa carente de humor.

—Sí, leo. Al igual que muchos de mis compañeros. No somos unos musculitos sin cerebro como quieres hacerte creer.

Me devolvió mi libro y me miró con fijeza. Algo le llamaba la atención de mí, podía verlo.

—Por si aún no te has dado cuenta, saltamontes. Somos universitarios. Se nos dan bien los deportes, pero no basta con eso para mantener una beca.

El idiota número uno bajó de mi cama de un salto y aplastó parte del colchón.

—Se me olvidó comentártelo. Estas camas se doblan con mucha facilidad.

Lo último que vi fue su sonrisa triunfal antes de que el armario me engullera.

—¡Vendetta!

(...)

Até mi delantal y cogí la libreta de pedidos. Mi turno acababa de comenzar.

—Atiende a la mesa ocho, yo iré a la doce.

Me acerqué distraída a la mesa y dije de forma monótona:

—Bienvenidos al Rockland, ¿que desean tomar?

Al no escuchar respuesta alcé la mirada. Al igual que ellos, me quedé helada.

Allí estaban sentados varios de los idiotas, incluidos los números uno y dos junto a un grupo de chicas.

—¡Saltamontes!

El rubio apartó a la chica de su regazo y me dio un abrazo. Las chicas sólo pudieron jadear horrorizadas.

—¡Es la camarera, Derek!

"Bonito nombre", pensé.

—Ella es Joe, vive con nosotros, no es una simple camarera, Rose.

La pelirroja gruñó y se levantó de la mesa enfadada. Derek fue tras ella.

—Yo quiero un cafe descafeinado, con dos gotas de leche y una cucharada de azúcar.

El idiota número dos volvió a dirigirme su mirada asesina y apartó la mirada con desprecio.

—Yo quiero una cerveza.

(...)

Con cuidado de que la bandeja no se me cayera de las manos me acerqué a la mesa número ocho. Estaba a punto de dejar los cafés sobre la mesa cuando sentí un líquido helado recorrer mi espina dorsal.

Dejé la bandeja sobre la mesa lo más rápido que pude y me di la vuelta. Enfrente mía tenía a la pelirroja y a sus secuaces.

—Lo siento, fue un accidente, no te vi. Pero ya debes de estar acostumbrada a ser invisible ¿no?

Los ojos se me aguaron de forma involuntaria. Iba a dejarle la cara hecha un cuadro cuando la voz del idiota número dos se filtró por mis oídos.

—No vale la pena.

Esperó a que bajara el puño y tiró de mi brazo hacia la salida trasera.

Se quitó su chaqueta y me la puso encima.

—Esto no va a servir de mucho si no te quitas la camiseta.

Sabía a lo que se refería, pero quería hacerle pasar vergüenza. Alcé las cejas aparentando sorpresa.

—Quiero decir... estás mojada. ¡No! ¡Mojada no! ¡Húmeda! ¡No! ¡Húmeda tampoco!

Sus pómulos tomaron un leve color carmesí. A pesar de su aspecto intimidante, resultaba adorable.

—Ya lo he pillado, Einstein.

Me quité la camiseta sin pudor y me puse su chaqueta encima. ¿Que por qué no tuve vergüenza? Simple. Se notaba a la legua que el idiota número dos se las llevaba de calle y no les prestaba ni la más mínima atención. Yo no iba a ser distinta.

—No le hagas caso a ese grupo de estiradas. Lo único que quieren es que Derek les preste atención.

—¿Por qué?

El moreno resopló y tiró de las mangas de su camisa hacia abajo.

—Derek y yo somos hermanos. Digamos que él es quien heredará los millones y yo me quedaré con el apellido, si es que no se dignan a quitármelo.

La noticia me dejó conmocionada. Los idiotas eran hermanos. Rápidamente intenté buscar similitudes entre ellos.

—Ni lo intentes. Tenemos el mismo padre, pero distinta madre. No nos parecemos en nada. Él tiene raíces rusas y yo latinas. Somos como el día y la noche.

Inconscientemente puse mi mano sobre su mejilla derecha. Cuando tomé conciencia la retiré como si su piel quemara.

—¿Como te llamas?

El moreno suspiró.

—Dustin Falls.

—Así que tu hermano es ¿Derek Falls?

Dustin me miró con aburrimiento. Lo cierto era que mi pregunta resultaba obvia y estúpida.

—Vamos, te llevaré a casa.

Aquí esta el primer cap :D espero que les guste. Si hay algún fallo pido disculpas lo e escrito a toda prisa. Voten y comenten 🙈 Muchos besos.

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