Pasaron unos días desde que Benedict visitó mi hbitación.
Aún sabiendo que podía meterme en problemas, Ben siempre iba a mi dormitorio.
Aquella mañana estaba cocinando con los niños una tarta de manzana cuando Benedict entró en la cocina.
-Hola papá- dijo Claudia con una sonrisa.
-Hola pirncesa- dijo besando su mejilla -(T/N)_____ necesito hablar contigo-
-Si señor Cumberbatch- dije limpiando mi delantal -Niños continuad mezclando los ingredientes-
-Si- dijeron los tres a la vez.
Benedict y yo salimos al jardín para charlar tranquilamente.
Sabía perfectamente lo que iba a decirme.
-Solo quedan un par de días para irnos- dijo él -tienes que venir-
-No puedo Ben- dije -jamás me dejarán irme-
-He traído los papeles que demuestran que eres mi esposa- dijo con una suave sonrisa -si los presento al juez serán cómplices de secuestro y irán a la cárcel por comerciar con una persona libre y muy importante en Reino Unido-
-Ben...- dije con los ojos llorosos -eso aquí no vale nada. Estamos en América-
-Me da igual- dijo él -hablaré con el juez esta tarde y conseguiré meterles en la carcel a todos-
-¿Cómo está Fred?- dije -él intentó ayudarme-
-Fue él quién me avisó que estabas aquí- dijo acariciando mis mejillas -y le ayudé a pagar todas sus deudas-
-Solo espero- dije -que te sirvan de algo esos papeles-
-Lo harán- dijo él antes de besar mi frente -volveremos a ser felices-
-Tengo algo que decirte...- dije nerviosa.
-¿Qué ocurre?- dijo él.
De pronto el señor Graham salió fuera y nos vio hablando.
Su rostro mostraba algo de molestia y sabía perfectamente lo que pasaría.
-(T/N)_____- dijo Richard -¿Por qué están los niños solos?-
-Culpa mía Richard- dijo Ben -pasaré la mañana en el pueblo y no sé a que hora volveré. Quería que supiera lo que debía hacer con Claudia-
-Está bien- dijo él -pero que sea la última vez que la distrae y ahora vuelve a tu trabajo jovencita-
-Si señor Graham- dije yendo a la cocina.
Terminé de hacer el pastel con los niños y les llevé a desayunar.
Claudia era absolutamente preciosa y no sabría cual sería su reacción al saber que yo era su madre.
Cada vez que quería pasar tiempo conmigo o me hablaba de como era su madre me daban ganas de decirle toda la verdad.
Cuando su padre le dijo que tendría que ir al pueblo ella mostró un gesto de tristeza me miró y una sonrisa cruzó su rostro.
-No importa- dijo ella sonriendo -(T/N)_____ me cuidará muy bien-
-Me alegro de que estés tan contenta- dijo Ben sonriendo.
-Si- dijo ella -se parece mucho a mamá ¿Verdad?-
De pronto los Graham me observaron detenidamente, parecía que ya habían descubierto quien era yo en verdad.
Mi corazón latía deprisa y los nervios comenzaron a invadir mi cuerpo.
Me fui a mi habitación y me senté en la cama con ganas de llorar, ya que si descubrían mi secreto me matarían a golpes.
Sin previo viso, Bill entró en mi habitación y tomó mis brazos con fuerza.
-¿Qué tenéis tú y Cumberbatch?- dijo molesto.
-No hay nada Billy te lo juro- dije mientras me zarandeaba.
-Sé que escondéis algo- dijo él -¿Acaso crees que no sé que va a tu habitación casi todas las noches?-
-No- dije cayendoseme lágrimas -por favor no me hagas daño Billy-
-Él ha tocado algo de mi propiedad- dijo él - y para que aprendas que no debes irte con otros hombres vas a aprender-
-¡No Bill por favor!- lloré.
Me lanzó sobre el colchón y se puso sobre mí con violencia.
Intenté librarme de él pero era demasiado fuerte.
Las lágrimas salían de mis ojos como dos cascadas y el dolor de sus mordiscos hacían que gritase con intensidad.
Cuando se sació, me dejó allí tumbada llorando y arrepentida de lo que había hecho con Benedict.
Sabía que no tenía la culpa de nada pero haber pasado tantos años como esclava me había hecho ver las cosas de otra forma.
Me vestí y salí al jardín donde el señor Graham me esperaba con un látigo en la mano.
Los niños estaban con Alice y los tres lloraban, sabían lo que pasaría.
El señor Graham me ató al árbol y Bill rompió la espalda de mi vestido para dejarla a disposición de su padre.
Cerré los ojos con fuerza mientras mis lágrimas caían por mis mejillas.
Los niños le suplicaban a su padre que no hiciese nada porque no había hecho nada malo.
El primer latigazo abrió las heridas que estaban todavía recientes y el dolor hizo que gritase.
El segundo y el tercero abrieron mis cicatrices haciendo que mi espalda comenzase a llenarse de sangre.
Apreté la corteza del árbol con fuerza y pedía a Dios que aquello cesase por una vez.
De pronto unos cascos de caballo se aproximaban a la mansión y una voz masculina llamó nuestra atención.
Benedict estaba acompañado de varios policías y de un hombre barrigón con un espeso bigote.
-Richard Graham- dijo el hombre -como vuelva a posar el látigo sobre la espalda de esa mujer, se verá en prisión por el resto de su vida-
Graham tiró el látigo al suelo y uno de los policías soltó mis manos con ayuda de Benedict.
Cuando estuve liberada, abracé a Benedict y rompí a llorar.
-¡Mamá!- Gritó Claudia corriendo a mi lado mientras lloraba.
-Claudia- dije arrodillándome en el suelo para abrazarla con lágrimas en mis mejillas.
-Sabía que eras tú- dijo ella -desde el primer día que te vi lo supe-
-Mi hermosa princesa- dije con una sonrisa para estrecharla entre mis brazos con fuerza.
-Nana- dijo Benedict -cura sus heridas y empaqueta sus cosas-
-¡No!- dijo Bill -Esa mujer es de nuestra propiedad-
-Para nada- dijo el hombre de espeso bigote.
El hombre sacó el certificado de mi matrimonio con Benedict y pruebas de que yo en realidad era una mujer libre.
-Esta mujer es la esposa del señor Cumberbatch- dijo él -y como una mujer libre que es no puede comerciarse con su persona-