El Caballero Carmelo y otros...

By Maria2015ArAre

15.2K 155 17

Abraham Valdelomar nació en Oca el 27 de abril de1888 y murió a edad temprana(31 años), en 1919. En su corta... More

El Caballero Carmelo
:O
:(
Hebaristo el árbol que murió de amor
:)
II
IV
V
VI
El alma de la Quena
Los ojos de Judas
Parte sin título 15
Parte sin título 16
:O
:(
Parte sin título 19
Parte sin título 21
Parte sin título 22
Parte sin título 23
Parte sin título 24
Parte sin título 25
Parte sin título 26
El Buque Negro
Parte sin título 28
Parte sin título 29
Parte sin título 30
Yerba Santa
Parte sin título 32
Parte sin título 33
Parte sin título 34
Parte sin título 35
Parte sin título 36
Parte sin título 37
Parte sin título 38
Parte sin título 39
Parte sin título 40
La Paraca
Parte sin título 42
Parte sin título 43
Parte sin título 44
Parte sin título 45
El palacio de hielo
Parte sin título 47
Parte sin título 48
La Virgen de cera
Parte sin título 50
Parte sin título 51
El beso de Evans
Parte sin título 53
Parte sin título 54
Parte sin título 55
Parte sin título 56
Parte sin título 57
Parte sin título 58
Parte sin título 59
Parte sin título 60
Parte sin título 61
Parte sin título 62
Parte sin título 63
El círculo de la muerte
Parte sin título 65
Untitled Part 66
Parte sin título 67
Tres senas, dos ases
Parte sin título 69
Parte sin título 70
Parte sin título 71
Untitled Part 72
Parte sin título 73
Parte sin título 74
Parte sin título 75
Cuentos chinos(sátira política)
Parte sin título 77
Las vísceras del superioro seaLa historia de la poca vergüenza
El Hediondo Pozo Siniestroo seaLa historia del Gran Consejo de Siké
El peligro sentimentalo seaLa causa de la ruina de Siké
Los Chin-fú-tóno seaLa historia de los hambrientos desalmados
PaWhong-Fau-Sang o sea La torva enfermedad tenebrosa
Cuentos humorísticos
La tragedia en una redoma
La historia de una vida documentada y trunca I
II
III
La ciudad sentimental Un cuento, un perro y un asalto

El vuelo de los cóndores

98 1 0
By Maria2015ArAre

II

Aquel día demoré en la calle y no sabía qué decir al volver a casa. A las cuatro salí de la Escuela, deteniéndome en el muelle, donde un grupo de curiosos rodeaba a unas cuantas personas. Metido entre ellos supe que había desembarcado un circo.

-Ese es el barrista -decían unos, señalando a un hombre de mediana estatura, cara angulosa y grave, que discutía con los empleados de la aduana.

-Aquél es el domador.

Y señalaban a sujeto hosco, de cónica patilla, con gorrita, polainas, fuete y cierto desenfado en el andar. Le acompañaba una bella mujer con flotante velo lila en el sombrero; llevaba un perrillo atado a una cadena y una maleta.

-Éste es el payaso -dijo alguien.

El buen hombre volvió la cara vivamente:

-¡Qué serio!

-Así son en la calle.

Era éste un joven alto, de movibles ojos, respingada nariz y ágiles manos. Pasaron luego algunos artistas más; y cogida de la mano de un hombre viejo y muy grave, una niña blanca, muy blanca, sonriente, de rubios cabellos, lindos y morenos ojos. Pasaron todos. Seguí entre la multitud aquel desfile y los acompañé hasta que tomaron el cochecito, partiendo entre la curiosidad bullanguera de las gentes.

Yo estaba dichoso por haberlos visto. Al día siguiente contaría en la Escuela quiénes eran, cómo eran y qué decían. Pero encaminándome a casa, me di cuenta de que ya estaba oscureciendo. Era muy tarde. Ya habrían comido. ¿Qué decir? Sacóme de mis cavilaciones una mano posándose en mi hombro.

-¡Cómo! ¿Dónde has estado?

Era mi hermano Anfiloquio. Yo no sabía qué responder.

-Nada -apunté con despreocupación forzada- que salimos tarde del colegio...

-No puede ser; porque Alfredito llegó a su casa a la cuatro y cuarto...

Me perdí. Alfredito era hijo de don Enrique, el vecino; le habían preguntado por mí y había respondido que salimos juntos de la Escuela. No había más. Llegamos a casa. Todos estaban serios. Mis hermanos no se atrevían a decir palabra. Felizmente, mi padre no estaba y cuando fui a dar el beso a mamá, ésta, sin darle la importancia de otros días, me dijo fríamente:

-Cómo, jovencito, ¿éstas son horas de venir?...

Yo no respondí nada. Mi madre agregó:

-¡Está bien!...

Metíme en mi cuarto y me senté en la cama con la cabeza inclinada. Nunca había llegado tarde a mi casa. Oí un manso ruido: levanté los ojos. Era mi hermanita. Se acercó a mí tímidamente.

-Oye -me dijo tirándome del brazo y sin mirarme de frente-, anda a comer...

Su gesto me alentó un poco. Era mi buena confidente, mi abnegada compañera, la que se ocupaba de mí con tanto interés como de ella misma.

-¿Ya comieron todos? le interrogué.

-Hace mucho tiempo. ¡Si ya vamos a acostarnos! Ya van a bajar el farol...

-Oye, -le dije-, ¿y qué han dicho?...

-Nada; mamá no ha querido comer...

Yo no quise ir a la mesa. Mi hermana salió y volvió al punto trayéndome a escondidas un pan, un plátano y unas galletas que le habían regalado en la tarde.

-Anda, come, no seas zonzo. No te van a hacer nada... Pero eso sí, no lo vuelvas a hacer...

-No, no quiero.

-Pero oye, ¿dónde fuiste?...

Me acordé del circo. Entusiasmado pensé en aquel admirable circo que había llegado, olvidé a medias mi preocupación, empecé a contarle las maravillas que había visto. ¡Eso era un circo!

-Cuántos volatineros hay -le decía-, un barrista con unos brazos muy fuertes; un domador muy feo, debe ser muy valiente porque estaba muy serio. ¡Y el oso! ¡En su jaula de barrotes, husmeando entre las rendijas! ¡Y el payaso!... ¡Pero qué serio es el payaso! Y unos hombres, un montón de volatineros, el caballo blanco, el mono, con su saquito rojo, atado a una cadena. ¡Ah, es un circo espléndido!

-¿Y cuándo dan función?

-El sábado...

E iba a continuar, cuando apareció la criada:

-Niñita ¡A acostarse!

Salió mi hermana. Oí en la otra habitación la voz de mi madre que la llamaba y volví a quedarme solo, pensando en el circo, en lo que había visto y en el castigo que me esperaba.

Todos se habían acostado ya. Apareció mi madre, sentóse a mi lado y me dijo que había hecho muy mal. Me riñó blandamente, y entonces tuve claro concepto de mi falta. Me acordé de que mi madre no había comido por mí: me dijo que no se lo diría a papá, porque no se molestase conmigo. Que yo la hacía sufrir, que yo no la quería...

¡Cuán dulces eran las palabras de mi pobrecita madre! ¡Qué mirada tan pesarosa con sus benditas manos cruzadas en el regazo! Dos lágrimas cayeron juntas de sus ojos, y yo que hasta ese instante me había contenido no pude más y, sollozando, le besé las manos. Ella me dio un beso en la frente. ¡Ah, cuán feliz era, qué buena era mi madre, que sin castigarme, me había perdonado!

Me dio después muchos consejos, me hizo rezar "el bendito", me ofreció la mejilla, que besé, y me dejó acostado.

Sentí ruido al poco rato. Era mi hermanita. Se había escapado de su cama descalza; echó algo sobre la mía, y me dijo volviéndose a la carrera y de puntitas como había entrado:

-Oye, los dos centavos para ti, y el trompo también te lo regalo...

Continue Reading

You'll Also Like

28.7K 3.2K 33
Aún en medio de conflictos bélicos el amor puede florecer. Se prohíbe su copia y/o adaptación. Todos los derechos reservados. Fecha de inicio:...
156K 16.1K 52
―¿Prometes no apuntarme otra vez si te digo algo... bonito? Él sonrió. A esas alturas no podía entender cómo un rostro tan angelical podía ser tan de...
77.2K 8.6K 33
Abril jamás esperó encontrarse de frente con unos ojos azules que hicieran tambalear todo en lo que creía, derribando las murallas de un corazón que...
784 11 20
" Vamos a querernos como se quieren la noche y el día cuando hablan de ti. " ♥ - - - - - - - - - - - - - - Karol es una chica que, desde que su cor...
Wattpad App - Unlock exclusive features