Su príncipe elfo

Por NicteCR

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Mina no tiene madre, su padre la ignora, tiene una odiosa hermanastra por si fuera poco, su mejor amigo y pri... Más

Su príncipe elfo
1.- Como llegue...
2.- ... y como me fui
3.- Al final... me dejo
4.- Un nuevo amigo, un nuevo nombre
6.- Celos
7. Tengo miedo de mi y de él
8. Primer beso
9. Planes
10. El ángel caído
11. El protector
12. Las mujeres en la vida del príncipe
13. Esa Bruja
14. El despertar
15. El fuego mágico
16. Verdades insospechadas
17. Los Elfos de la Luz de Fuego
18. La historia de los hermanos
19. Las decisiones de Marian
20. Verdades que Duelen.

5.- Tres años después

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Por NicteCR

La vida como el agua del rio sigue su curso, aunque los caminos se separen la vida sigue y así les pasó a Aren y a Mina aunque el dolor de la separación fue inmenso ambos eran lo suficientemente decididos para no dejarse caer.

Aren comenzó un largo viaje en busca de la que sería su compañera aunque no estaba muy seguro de encontrarla pues en su corazón ese lugar ya estaba ocupado por la única a la que podría llamar su princesa, Mina.

Visitó muchos pueblos elficos, pues al parecer todos tenían una candidata, incluso el suyo, pero la descarto por considerarla tan cercana como una hermana, aunque a veces pensaba que tal vez por eso sería la mejor opción ya que estaba seguro de que no podría volver a enamorarse. O al menos eso pensaba hasta que se encontró con ella.

Ya habían pasado más de tres años desde que se había separado de Mina quien debería estar rondando los 16 años convirtiéndose en toda una mujer. Todos los días se preguntaba como estaría ella, se la imaginaba con sus risos rojos enmarcando aquel rostro lleno de pecas iluminado por un par de joyas verdes, sus ojos; seguro estaba más hermosa que nunca y suspiraba por volver junto a ella. Muchas veces había esperado escuchar el llamado de Mina, incluso aguzaba el oído tratando de escuchar su nombre de labios de ella, pero nada, después del primer día, no había vuelto a decir su nombre ni siquiera en sueños. Se preguntaba si se había olvidado de él, y esa idea le dolía.

Al fin llegaron al país de nieve, donde se encontrarían con una princesa de la que se decía que además de bella tenía grandes habilidades proféticas y de adivinación. Tenía mucha fe en este encuentro, ya que si esta princesa no era la indicada al menos podría señalarle el camino. Como siempre iba acompañado por una pequeña caravana donde había grandes soldados entre ellos su casi hermano y brazo derecho Kaesen, si, ese mismo que lo había ido a buscar la noche en que partieron, el único que sabía cómo se sentía realmente el corazón del príncipe.

Los recibieron con toda clase de atenciones y se preparó para conocer a la princesa Eirny. La cita fue en un salón del palacio de Nieve, esa habitación en particular parecía esculpida en hielo y no dudaba que así fuera, estaba iluminada por una luz blanca que hacia parecer todo más frio y en medio de la sala había dos sillas de cristal en una de ellas había una joven de rubios cabellos que llegaban hasta el piso, en ese momento era todo lo que podía ver pues la joven le daba la espalda.

Aren hizo una reverencia y se presentó, la princesa se giró lentamente, cuando la tuvo de frente Aren contuvo el aliento por unos segundos, él nunca había visto un ángel, pero estaba seguro que Eirny era la viva imagen de uno. Su cabello dorado y ondulado, su piel blanca y sus labios rosados, solo le faltaban un par de alas y salir volando de ahí. Pero lo más impactante que eran aquellos ojos azules, tan profundos que parecía que te perdías en ellos. En cuanto Aren los vio supo que no podría esconder nada de ellos.

Semanas después una caravana del triple de tamaño salió del país de la Nieve hacía las tierras de Aren pues en ella viajaba la princesa que llevaba entre su equipaje un sinfín de planes y secretos.

Mientras tanto la vida de Minerva había mejorado desde que había conocido a Leandro, que como bien lo decía su nombre era un gran protector. Gracias a él Neva, como le llamaban ahora, se había dejado de sentir sola incluso hablaba con alguna compañera de clase aunque su único amigo seguía siendo Leandro, ahora se permitía que otros se acercaran a ella. Adam incluso se había vuelto en un verdadero hermano con ella, todo gracias a Leandro.

Una tarde en que estaban Leandro y Neva en la cocina comiendo helado, ya que Leandro pasaba mucho tiempo en casa de Neva para evitar a la odiosa de Cristina que no salía de su casa por estar con su primo, Adam llego echando fuego.

-          ¿Adam estas bien? – pregunto Leandro, ya que si Neva lo hacía era muy posible que no recibiera respuesta.

-          Si… bueno no – dijo sentándose junto a ellos rendido – El profesor de matemáticas me mandó a llamar dijo que si no apruebo su próximo examen me regresara un año, el problema es que el examen es en una semana y yo no sé absolutamente nada. Pensé en comprar el examen, pero el viejo me va a hacer un examen especial en su despacho. No tengo salida.

-          ¿Por qué no le dices a Neva que te enseñe? Ella es muy buena explicando y le va muy bien en mates, a mí me ha sido de gran ayuda – Adam la miro dudoso, pero la necesidad pudo más

-          Minerva ¿Me a- ayudarías?

-          Claro  - dijo ella sonriendo y Adam se relajó como si toda la vida hubiera esperado un rechazó de ella.

Pasaron una semana repasando todas las lecciones de Adam, esa semana no vio a Leandro pues él ya había pasado a la preparatoria y las tardes ella estaba con Adam, sin embargo antes de acostarse él siempre la llamaban y pasaban un buen rato conversando.

El último día de las clases particulares Neva le aplico un examen a su hermano, el cual aprobó con ocho, ambos estaban felices y de repente Adam la abrazó, enseguida ambos se separaron, se sentían avergonzados por la falta de costumbre. Neva un poco incomoda se preparó para salir de la habitación de Adam, de todas formas ya habían acabado las clases.

-          Adam mucha suerte en tu examen – dijo antes de salir – y gracias por los regalos que me diste en mis dos últimos cumpleaños, me gustaron mucho y bueno… en verdad me gustaría que el próximo me lo dieras en persona, claro si hay próximo – al final se puso roja, le sonrió a un asombrado Adam y se fue.

Dos meses después, la mañana de su cumpleaños Trent salto sobre su cama con un pastel de fresas como se había vuelto costumbre en él y al salir del baño se encontró con un sonriente Adam sentado en su cuarto esperándola con dos entradas para el cine.

Ambos fueron al cine y de vuelta Adam le pidió que se dejara vendar los ojos que le tenía una sorpresa, llegaron a la casa y le llevo hasta el jardín donde le quito la venda - ¡SORPRESA! – gritaron algunas chicas de su clase que se habían reunido junto con su mejor amigo. Neva corrió a abrazar a Leandro mientras les agradecía a todas por estar ahí tratando de controlar las lágrimas de felicidad, ese había sido su mejor cumpleaños, entonces desvió un poco la mirada hacia el árbol donde se había encontrado con un pequeño y mal educado hombrecito, ese cumpleaños sería perfecto si tan solo estuviera él. Se regañó a si misma por pensar en cosas tristes y continuó disfrutando la fiesta.

Paso el tiempo, terminó la secundaria con el mejor promedio del estado y comenzó la preparatoria, Leandro estaba feliz de tenerla en la escuela de nuevo, pero se lamentaba constantemente que no estuvieran en el mismo grado, quien iba pensar que as cosas cambiarían, durante las primeras clases sus profesores se dieron cuenta que sus capacidades estaban muy por encima de su curso, así que lo hablaron con el director y después de hacerle una prueba la promovieron a tercer semestre donde su mejor amigo no cabía en la dicha de tenerla en su clase. Desafortunadamente también compartía clase con Cristina quien no tardo en comenzar a fastidiarla. Sin embargo ya no había tantos que la seguían si bien eran mayoría algunos comenzaron a acercarse más a la pelirroja, que si bien los gorros y las gafas lo ocultaban se había vuelto una mujer muy hermosa, incluso más que en los pensamientos de Aren. Pasó el tiempo y un nuevo cumpleaños. Neva tenía 16, habían pasado once años desde que se habían conocido en aquel árbol, habían pasado tres años desde que él se había ido, pero ahora tenía a Leandro quien le había dado la llave del mundo en que había nacido, ahora sentía las dos partes de ella viviendo por fin en armonía, seguía teniendo a sus amigos del mundo sobrenatural, pero ahora también los tenía en el mundo humano.

Una tarde saliendo de clases Leandro insistió en ir al rio donde se habían conocido. Ambos se tiraron en la hierba uno enfrente del otro,  Neva se sacó los lentes y comenzó a leer un libro que le había regalado Leandro hacía poco. Estuvo leyendo un buen rato hasta que una insistente mirada la saco de su lectura.

-          ¿Qué haces? – preguntó a Leandro que no apartaba la mirada de ella.

-          Te miro – contesto sin más – ¿sabías que parece que tienes polvo de hada en las mejillas? – Neva se sonrojo levemente, él hablaba de sus pecas.

-          Tú nunca has visto polvo de hada.

-          Claro que si – contesto sonriente.

-          ¿Dónde? – lo reto ella, estaba segura que nunca había visto un hada, él se lo había dicho.

-          Aquí, aquí y aquí – dijo señalando sus mejillas y nariz causándoles cosquillas.

-          Eres un tonto.

-          Lo sé – aún seguía con esa sonrisa encantadora y Neva sentía que se estaba poniendo más roja – suéltate el cabello.

-          No

-          Vamos, suéltalo o lo hare yo – amenazó con un brillo travieso en los ojos.

-          Ya te dije que no – le mostró la lengua y se preparó para pararse pero antes de que lo pudiera hacer él se lanzó sobre ella en un ataque de cosquillas y en un descuido le soltó el cabello que se liberó como si lo hubiera estado esperando por años cayéndole rebelde sobre los hombros y el rostro, ambos quedaron tumbados sobre la hierba aun riendo, ella sobre su pecho y él sujetándola de la cintura con el brazo para que no se alejara. Le retiro el cabello de la cara con la mano libre.

-          Me encanta tu cabello es tan suave y hermoso ¿Por qué lo escondes? - dijo serió.

-          Ya te he contado…

-          Sí, pero aquí no está la bruja de tu hermana – Neva rio recordando los viejos chismes.

-          Pensé que la bruja era yo – dijo entre risas.

-          Puede que sea así porque me tienes completamente hechizado – se hizo el silenció, ambos se miraban a los ojos. Era obvio que él sentía más que amistad por ella y era obvio que ella también sentía cosas, solo que ella aún no estaba tan segura de sus sentimientos como él que desde hacía mucho tiempo había asumido que estaba enamorado de su peculiar mejor amiga. Neva se giró sin separarse de él pero si aparando su mirada de la de él. – Neva, prométeme una cosa – comento Leandro mientras acariciaba la cabellera de su amiga.

-          ¿Qué?

-          Qué cuando estés sola conmigo no te vas a esconder, ni detrás de esos odiosos lentes ni de tus sombreros o cualquier otra cosa que se te ocurra. Quiero verte tal como eres, así de hermosa por dentro y por fuera. – Neva estaba completamente roja y su corazón latía tan fuerte que sentía que se le salía del pecho.

-          Ok – fue lo único que atino a decir. Así se quedaron los dos en silencio hasta que la noche les cayó encima, así se quedaron abrazados sin tener idea lo que les esperaba.

°°°°°°°

Cuando estaba escribiendo este capitulo varias veces me pareció un final, pero no, la historia apenas comienza... espero que la disfruten.

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