UN ZOMBIE Y YO

By gemita_delpino

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Esta es la historia de Sara, una chica de 15 años que se ve envuelta en un caos, un virus se extiende por la... More

UN OSCURO COMIENZO
UN OSCURO COMIENZO II
UN OSCURO COMIENZO III
UN OSCURO COMIENZO IV
UN OSCURO COMIENZO V
Un nuevo comienzo
Muy lejos del desastre, ¿o no? I
Muy lejos del desastre, ¿o no? II

Siniestra normalidad

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By gemita_delpino

3 de Julio de 2013 00:43

   Hola, estoy tumbada en mi camita del hotel, hoy ha sido un día ajetreado. Cuando nos llamaron:

Tras la puerta se situaba un despacho en un espacio tan reducido que hasta me empezaba a agobiar. De pie un general, y al lado en el escritorio sentado, lo que sería el responsable de esa oficina. Al entrar nos solicitaron los DNI.

-     ¿Y bien?, ¿cuál fue el motivo de vuestro viaje?

Los tres transmitimos los diferentes motivos, y acto seguido preguntó:

-     Bueno… ¿conocéis cómo va el proceso de reconocimiento?

Y por toda respuesta tomó las expresiones de nuestros rostros por referencia.

-     Bien… verán, el proceso de reconocimiento se estableció hace pocos días. Por tanto aunque  es de carácter rutinario no ha sido puesto en práctica en numerosas ocasiones. Consiste en un proceso de declaraciones que durará unas pocas horas al día.

  Lo único que se les pide es que declaren todo lo que recuerden con sinceridad. Todas las amenazas graves que puedan alcanzar nivel mundial…

   El motivo por el cual se ha creado este proceso es por el desconocimiento de la situación. Ahora mismo señores, España está en una situación pésima, estamos actuando a ciegas y toda prevención es poca. Los medios de comunicación de EEUU apenas responden a las alarmas, es como si quisieran ocultar la gravedad de la situación. Lo han camuflado todo…-. Y de este modo concluyó la explicación.

- ¿Y bien?, ¿qué es lou que quieren?... ou déjenemeu adivinarrlo... uschedes desean que leus contemous la bonicha experience que hemous pasadou en América, ¿nou es cierrcho?

- Señora, señora, por favor cálmese. Sólo la pedimos un poco de colaboración, nada más. Sepa que todo el mundo está muy nervioso y que ha de colaborar con nosotros, si no... Sufrirá las concecuencias-. Hizo una inclinación de cabeza y lo que debía de ser el responsable de aquella oficina comenzó a teclear muy concentrado en lo que estaba haciendo.  Mientras tanto, Miss Helen nos dirigió un par de miradas impacientes.

    Miré la hora en la pantallita del iPhone 5, eran casi las nueve. Al mirarlo sentí de nuevo una gran tristeza, era una foto hecha desde detrás a contraluz, mi padre a la derecha y mi madre a la izquierda. Un precioso atardecer de verano y un largo paseo por el césped hasta casa... En ese instante recordé la promese que me hice de no volver a derrumbarme nunca, alcé la cabeza y la mantuve.

   Cuando el chico paró de teclear, extrajo un papel de la impresora y nos lo presentó:

- De acuerdo, residirán en el hotel Auditorium de Madrid, a apenas 15 kilómetros de aquí. No se preocupen pues el gobierno acarreará con todos los gastos. Su habitación es la 210. Una triple, tienen media pensión, pues los horarios de reconocimiento son muy amplios. Y he de hacerles un hueco-. Alcanzó una gorca libreta con una tapa de cuero y la abrió. Pasó las hojas y finalmente se decidió por tres horarios distintos y prosiguió:

- Mmm, de acuerdo. Dos de los horarios los he conseguido poner iguales, de mañana  de... 11:25-13:25 . Pero uno de ustedes habrá de venir por la tarde, de 17:50-19:50 .

- No os preuocupéis, cogerré io ese horario-. Comentó el inglés.

- Okey, eso eschá muy bien... perro ahorra ¿cómo nous trasladamos al hochel?-. Intervino Miss Helen

- Oh, por ello no os preocupéis, cada media hora sale un autobús gratuito hacia el hotel, sólo habéis de presentar la hoja de la reserva y no se olviden de traer las tarjetas con vuestro horario correspondiente, muchas gracias que tengan un feliz estancia.

     Sonrreí al chico y salimos afuera, la mujer salió despotricando por lo bajo en inglés. Aproveché para enviar un mensaje a mi tío mientras nos dirijimos a la salida de la terminal. Casi se me cayó el móvil cuando un grupo de reporteros y periodistas se abalanzó contra nosotros como si de una jauría se tratase. Y sin comerlo ni beberlo me vi ante las cámaras contestando a una serie de preguntas que conocía muy bien la respuesta.

                                                           A 15 km de allí, en el hotel Auditorium Madrid

  Bah, qué aburrido todo el rato auncios. Veamos qué echan en La 1. El hombre cambia de canal y vuelve a tumbarse, acaba de terminar de echar el tiempo. Hoy lo han echado un poco antes de lo habitual. En ese momento sale un avance de la programación de esta noche. Algo que han llamado "el caso Atlanta", será para darle más morbo al asunto. Cree que será algo relacionado con la enfermedad, la epidemia esa que se ha desatado en América... se convence para dejarlo puesto, le vendrá mejor saber más sobre el tema.

      Necesita una cerveza, se levanta de la acogedora cama del hotel y se dirige hacia el minibar. De éste extrae un botellín frío de Mahou y se vuelve a tumbar. Empiezan a comentar  lo ocurrido, decenas de datos acosan la pantalla. Al parecer han enviado a unos cuantos reporteros a Barajas a entrevistar a los pasajeros venidos de América. Y en primer plano, una cara muy conocida.

                                                  En Barajas, a las puertas de la terminal

- ¿ Es cierto lo que dicen?

- ¿Ha mantenido relación alguna con los infectados?

-¿De qué clase de enfermedad estamos hablando?

            Me iban a volver loca, no podía con tantas preguntas. Pero tenía que escribir ese mensaje. MIentras tecleaba intentaba responder lo que surgiera:

- Ehh... no, no es exactamente una enfermedad, aunque es de transmisión vírica, t-tiene muchos síntomas...-. Intenté decir. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que habí sido peor el remedio que la enfermedad. Ahora me acosaban multiplicado por diez, apenas podía escribir el mensaje cuando en mi buzón de recibidos apareció uno.

                                                En el hotel Auditorium

     ¡Era Sara!, estaba saliendo en la tele... normal, seguramenta le habría pillado justo en la misma terminal. Pero... la estaban acosando, apenas podía contestar... Se incorpora, sube el volumen y se vuelve a tumbar.

  Se veía a la joven sacando el móvil... ¿qué estaría haciendo? 

  ¡En efecto!, ¿cómo no había caído antes? Saca el móvil y a toda prisa escribe un mensaje.

                                   En la terminal

" Cariño, no hace falta que me escribas nada, te estoy viendo. Anda hazme un favor y regresa cuanto antes al hotel, te quiero" 

   Leí el mensaje y le dirigí una mirada cómplice a la cámara, no me faltó tiempo para espabilarme, por lo que agarré a Miss Helen y al chico y salimos fuera. Por fin en la parada del autobús me hallaba de pie, apoyada. Estaba de los nervios jugueteando con un recuerdo que me había mandado mi padre un par de meses atrás. Sin querer, la pulsera se me desprendió a un  par de metros de la acera. Y como un imán salté por la pulsera, me agaché y justo cuando me la iba a poner... oí de fondo un chillido con mi nombre, y una esbelta figura me asestó un fuerte golpe, me realizó un placaje. Me encontré tirada en el suelo al otro lado de la acera. Aturdida pero agradecida, de no ser por ello, el autobús me abría levado por delante.

     La persona seguía encima de mí y cuando logró incorporarse me ofreció su mano, se la tendí algo mareada, pero cuando alcé la cabeza se me iluminó el rostro. Aún había luz solar puesto que era verano, pero las farolas de la calle ya se habían encendido. Sus ojos a contraluz , brillantes, amables fue lo primero que vi.

- ¿Estás bien?-. Ahora le pude ver mejor, de semblante amable, tono pálido, ojos verdosos muy, muy brillantes. Unas largas pestallas rubias parpadearon ante mí incapaz de responder. Y unos labios carnosos de un rojo muy intenso se movieron a la velocidad de la luz. Ni si quiera pude oír lo que me decía así que le devolví la sonrisa.

- ¿Sara?

- Ah...  sí, estoy bien. Muchas gracias por... salvarme-. Me incorporé y me sacudí un poco.

- No es nada, no todos los días se tiene el honor de salvar a una chica tan guapa...

   Madre mía, si antes casi me mareo ahora me estaba derritiendo, encima era cortés. Tendió la mano.

- Por cierto creo que esto es tuyo-. Dijo ofreciéndome la pulsera. 

- Muchas gracias, era un recuerdo de mi padre.

- Le debes de tener mucho aprecio... por cierto, nos veremos por el hotel ¿no?

- Po-por su puesto

   Una voz desconocida nos llamó:

- Olliver beeilen, in den bus!

- Ich und papa! -. Contestó éste. - Me tengo que ir, bueno te dejo mi número y así me agregas al Watsap. Nos vemos en la cena-. Hizo un gesto de saludo con la mano y tras dejar pasar a sus padres, se incorporó al autobús.

    Yo también fui tras Miss Helen y el chico. Fuimos al final del autobús, se sentaron juntos así que tuve la oportunidad de sacar el iPhone 5. Puse música con los cascos Mirando al cielo de Huecco. Esta canción me traía muchísimos recuerdos alegres de veranos anteriores. Cerré los ojos, apoyé la cabeza contra el cristal y no me moví. Necesitaba aliviar la tensión acumulada de los últimos días.

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