<KoineDemon>
No. No, no, no y no.
-No -se me escapó en un susurro.
-¿Qué pasa, Koine? ¿Se abrió la herida? ¿Qué ocurre?
-No es nada.
No puede ser...
Si pasa...
No, no va a pasar nada; eso espero...
Llegamos a una posada y nos dedicamos a armar el arma. Al final, adquirió forma de llave. Una llave más grande que una cabeza con un par de patas más, si estamos siendo precisos.
Pero no la activamos. No era el momento para hacerlo. Simplemente lo presentíamos.
Y fuimos a dormir.
A la mañana siguiente, no podía creer lo que ocurría. Era mi cumpleaños número 17.
(Koine tenía dieciséis, perdón por no especificar bien, pero me equivoqué. Ella debería estar en cuarto año, pero se me pasó el detalle, jeje...
Seikō tiene 17, para que sepan)
No me había acordado.
Hasta que Seikō me tomó como una dama en apuros y me dirigió hasta la sala, me mostró una caja de regalo.
-Feliz cumpleaños, Koine.
La dulzura con que sus labios jugaban con mi nombre fue lo que me hizo sonrojar. La ternura con que me miraban sus ojos...
Entonces abrí el regalo.
Dentro de esa caja había un colgante, en forma de clave de Sol, de diamantes de muchos colores tornasolados.
Las lágrimas invadieron mis ojos, pero estas eran de felicidad, la alegría se desbordaba de mi corazón... Mas que todo al ver sus ojos resplandecientes viéndome con dulzura y sencillez.
Él era el único capaz de hacerme sentir así. De hablar sin palabras...de hacerme sentir especial con tan solo sentir su mirada. Seikō...
-Seikō...yo...
Pero fui interrumpida por un dulce y pequeño beso de Seikō.
Un beso corto, rápido...pero lo suficientemente lento como para sentir su aroma, su piel cerca de la mía, su contacto...
El era la única que persona que, en un solo instante, podía detener el tiempo.
Yo amo a Seikō.
Lo amo.
El me tomó de la mano, y me miró un momento, con esa sonrisa que me hacía sentir débil, pero a la vez me daban la fuerza necesaria en momentos álgidos.
Fuimos hasta un restaurante, de sushi.
En múltiples ocasiones había probado el sushi, y me encantaba.
He de admitir que era la cosa más deliciosa después de la pizza&pasta.
Comí como Gokú, Naruto, Luffy y Natsu fucionados. Me encantaba el sushi, ¡De veras!
Después de comer, me llevó a un parque. Nos sentamos a ver a los pájaros, las mari, mari, maripositas (XD) y caminamos, hablando de temas superfluos, mirándolo sin abandonar ni un segundo mi vista de él.
-¿Qué quieres hacer? -le oí decir.
-Uhm...bueno, ¿Que tal jugar uno que otro videojuego?
-Vale.
Llegamos a mi casa donde habían videojuegos. Mi padre nos recibió, y entramos. Empezamos jugando Call of Duty, GTA V, The Last Of Us, Kingdom Hearts, etc.
Hasta que nos cansamos.
Me acosté en mi antigua cama a descansar un rato.
Había sido un día divertido, pero me había cansado ya.
Fuimos a la casa donde nos habíamos quedado, nos pusimos unos traje de baño y volamos a la playa. Nadé, nadé y nadé como si fuera un pez hasta el crepúsculo.
Me reuní con Seikō, y juntos vimos el atardecer.
-Feliz cumpleaños, Koine. Te amo y eres mi mayor debilidad. No quiero nunca separarme de ti.
Una lágrima se salió de mi ojo, porque cabía la posibilidad de separarnos al exterminar el mal de la tierra...
Junto conmigo.
-Feliz cumpleaños a ti también...Seikō, te amo. Pero falta mi regalo.
Y le di un beso. No era de pasión, ni de deseo. Era un beso dulce, sencillo, lleno de todos mis sentimientos hacia él.
De verdad que lo amaba.
Y mi deseo egoísta de no perderlo nunca iba a ceder.
Aún cuando estemos lejos, el uno del otro.