"Luchando hasta al final..."

By astones

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Después de diez largos años, los personajes que tanto admirábamos en nuestra infancia, vuelven a reencontrars... More

Capítulo 1: "Fuimos niños ..."
Capítulo 2: "¿Has vuelto, viejo amigo?"
Capítulo 3: "Ya somos dos"
Capítulo 4: "Una torre de París"
Capítulo 5: "Ecos del pasado"
Capítulo 6: "Destino, Torre de Hierro"
Capítulo 7: "¿Hay alguien ahí?
Capítulo 9: "Avión Fantasma".
Capítulo 10: "La Ermita"
Capítulo 11: "5 - 1"

Capítulo 8: "El reencuentro".

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By astones

Ulrich se abrochaba el abrigo con rapidez, mirándose el reloj de pulsera deportivo.

Yumi salió de la cocina con dos tazas de té caliente, sorprendiéndole al mismo tiempo la rapidez con la que su amigo se pasaba los botones.

-¿Dónde vas? –preguntó Yumi con un hilo de voz.

-Me voy. Mi padre me ha dicho que vaya a sus oficinas centrales. Tiene una reunión importante y quiere que yo esté presente. No me preguntes por qué. –dijo caminando hacia la puerta principal de la casa.

-¿Pero vas a volver no? ¿No vas a desaparecer otros ocho años, verdad? –dijo la joven con la voz rota.

-Espero que no, es decir –aclarándose la garganta y con las mejillas sonrosándose por microsegundos- todavía nos quedan un sinfín de anécdotas que contarnos.

Yumi se acercó al muchacho, que ya siendo vergonzoso de por sí, al acercarse su amiga no recordaba ni su propio nombre. Yumi le tomó la mano con dulzura:

-Cuándo acabes dame un toque y –sonó el timbre de la puerta.

"¿Será Hiroki que ya ha terminado las clases?..." pensó la joven mientras giraba el picaporte de la puerta. Esta se abrió, y ambos dos se giraron para mirar de quién se trataba.

Dos jóvenes cogidos de la mano estaban delante de la puerta principal. Un chaval con aire enigmático, gafas de pasta negras, abrigo de pana marrón y un peinado clásico, iba acompañado de una joven un poco más baja que él, delgada, con unos largos y cuidados cabellos rosados, el abrigo y los guantes de un color similar al de su larga melena y unos pantalones vaqueros rasgados.

Yumi y Ulrich se miraron mutuamente. ¿Eran ellos dos de verdad?

La pelirrosa saltó a los brazos de su amiga gritando su nombre. Ambas dos lloraban de la emoción.

-¡Cómo has cambiado, Aelita! ¡Me encanta tu nuevo peinado! –gritó Yumi mientras le acariciaba el rostro.

-¿Y tú? ¡Estás genial!- sonrío la joven de pelo rosa.

Los chavales observaban con felicidad la escena.Uno apoyado en el marco de la puerta, y el otro, unos metros más alejado, acompañado de una pequeña mochila.

Yumi miró de reojo al chaval que acompañaba a Aelita. ¡Era Jeremie! ¡Su Einstein!

La joven de rasgos asiáticos gritó mientras abrazaba a Aelita:

-¿Qué? ¿Piensas quedarte ahí como un pasmarote? ¡Ven a saludarnos!-gritó eufórica.

Jeremie se unió al abrazo y pasó su brazo por el cuello de Ulrich.

-¿Todo bien por aquí? –dijo Jeremie con su peculiar tono de voz.

Sí, bueno, ahora... -Aelita le interrumpió- ¿Y quién es este chico tan guapo? –lanzándole un codazo a su amiga en la cintura.

Los mofletes de Yumi se encendieron, y Jeremie interrumpió la conversación mientras reía:

-¿De verdad no le reconoces? –seguía riendo.

Ulrich miraba confuso la situación, mientras Yumi seguía ruborizada al lado de su amigo.

Aelita miró al joven de ojos verdes por unos instantes, hasta que cayó en la cuenta:

-¿Ulrich? ¿De verdad? –mientras lo abrazaba con fuerza- ¿En serio? ¡Me alegra veros juntos! ¿Vivís aquí? –dijo entusiasmada.

Los dos jóvenes se miraron y se sonrojaron prácticamente al mismo tiempo. Yumi decidió contestar:

-No, Ulrich ha venido de visita unos días y ahora se iba a una reunión con su padre...

-Nada de reuniones –contradijo el muchacho con gafas de pasta. De hecho, le daban un toque hipster bastante moderno- tenemos que hablar de un serio problema.

-Dispara. –sentenció Ulrich.

-Creemos que X.A.N.A ha vuelto a la carga, pero no estamos del todo seguros. Tenemos que ir a la fábrica. –respondió Aelita con seriedad.

-Eso estará difícil. El puente cayó hace un par de años. Tendremos que cruzar el río o buscar una nueva entrada. –aclaró la muchacha de cabellos morenos mientras se limpiaba el maquillaje de ojos con un papel húmedo.

-En ese caso, vamos a la fábrica. Odd llegará esta noche. Ayer cogió un vuelo desde Miami. –dijo Jeremie abriendo su ordenador portátil.

Yumi y Ulrich miraban perplejos la situación. ¿Después de casi diez años X.A.N.A. volvía a la carga? ¿Existía peor pesadilla que aquellas palabras? Ahora mismo estaban en shock.

-¡Dejad que llame a mi padre y con un poco de suerte podré librarme del trabajo esta tarde! –dijo la hija de los Ishiyama subiendo las escaleras de su casa.

Ulrich le envió un mensaje a su padre informándole que no iría a la reunión, de todas formas, no le importaba ni lo más mínimo la respuesta que le pudiese dar aquel personaje.

El sonido de una moto de gran cilindrada hizo que los tres jóvenes, que esperaban a que bajara su amiga, giraran sus cabezas hacia la calle. Entre las verjas se podía distinguir una moto negra y roja. Un chaval alto y fuerte se sacó el casco y lo dejó encima del sillín. Agitó sus cabellos oscuros, dejando caer una corta melena despeinada, pero sensual al mismo tiempo. Giró el pomo de la puerta para acceder al jardín de la familia Ishiyama y se desabrochó la chaqueta de cuero negro que lucía con orgullo.

Un olor muy fuerte a colonia hizo que Aelita estornudara inconscientemente.

El joven se acercó al grupo:

-¿Habéis visto a Yumi? Había quedado con ella ahora –mientras forzaba una sonrisa triunfante.

Ulrich miró perplejo el rostro del joven, lo conocía a la perfección, no había cambiado nada. Era William Dumbard.

Aelita y Jeremie se apartaron para dejarle pasar. William no pudo evitar hacer un comentario de los suyos:

-¡Te veo bien Stern! ¿Para ti no han pasado los años! ¿Qué hacéis? –girándose hacia los demás- ¿De visita a ver a mi novia?

Estas palabras calaron en el corazón de Ulrich. ¿En serio Yumi había terminado saliendo con William? ¡El mundo no tiene sentido! ¿Por qué no le había dicho nada la noche anterior?

Los tres miraban complejos al joven moreno que caminaba decidido hacia la puerta de entrada. Golpeó el hombro a Ulrich:

-¿Sabes dónde está? –le preguntó con chulería.

-Sí, ha ido al piso de arriba. –respondió fijando la mirada al suelo.

Subió las escaleras sin dar las gracias.

Ulrich, Aelita y Jeremie se miraron perplejos.

La muchacha rompió el silencio:

-¿William está saliendo con Yumi? No lo creo. Yumi jamás caería tan bajo. –dijo en voz baja.

-El amor es ciego Aelita. –le contestó su novio guiñándole el ojo.

Acto seguido aparecieron William y Yumi, cogidos de la mano. La muchacha tomó a Aelita del brazo:

-En un rato voy a la Ermita, esperadme. –susurrándole al oído disimuladamente-

La chica de cabellos rosados asintió con una sonrisa e indicó con la mirada que la siguieran.

Vieron como la joven pareja se alejaba de la casa subidos en la moto.

Jeremie se detuvo y miró a su amigo de la infancia. Su rostro de tristeza era visible incluso a varios kilómetros. Para él, Ulrich era muy importante. Él siempre había sido el típico niño empollón sin amigos al que todos ignoraban, pero un tal Ulrich Stern un día se acercó a él y se creó entre ellos un vínculo fortísimo.

-Oye, Ulrich, no estés mal, tío... ¿Has visto las pintas que me llevaba William? –dijo con una media sonrisa.

Aelita le apoyó:

-Sí, es un payaso. No ha cambiado nada, para qué mentir.

Ulrich sonrió por unos instantes.

-Venga, ya hemos dejado nuestras maletas en la Ermita. Llevaremos algo de comida rápida y nos pondremos al día, pensaremos como acceder hasta la fábrica y por la tarde iremos a investigar. Por ahora no ha pasado nada realmente importante y peligroso... ¡Nos podemos permitir el lujo de cotillear y ponernos al día! –dijo Jeremie con una sonrisa satisfactoria.

La Ermita había sido la residencia de Aelita y Waldo antes de que ella fuese virtualizada en Lyoko. A la muchacha le latía especialmente rápido el corazón. Esa casa siempre escondía secretos, enigmas y mil recuerdos. Suspiró. No se encontraba demasiado bien.

Tomó a Jeremie de la mano mientras caminaba, apretando con fuerza.



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