El Sol de Dorne

By MyDearLady

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Año 282 AC, La Guerra del "Usurpador"; Robert Baratheon está comenzando; Stark, Targaryen, Baratheon, Martell... More

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Capítulo XV
Capítulo XVII
Capítulo XVIII
Capítulo XIX
Capítulo XX
Capítulo XXI
Capítulo XXII
Capítulo XXIII
Capítulo XXIV
Capítulo XXV
Capítulo XXVI
Capítulo XXVII
Capítulo XXVIII
Capítulo XXIX
Capítulo XXX
Capítulo XXXI
Capítulo XXXII
Capítulo XXXIII
Capítulo XXXIV
Capítulo XXXV
Capítulo XXXVI
Capítulo XXXVII
Capítulo XXXVIII
Capítulo XXXIX
Capítulo XXXX

Capítulo XVI

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By MyDearLady

*El momento más esperado entre Elise y Oberyn ha llegado :) para todas los/as fans. Gracias por ser así y me motivan a seguir escribiendo*

Symond fue quien propuso repetirlo, y esta era la tercera vez en la semana que lo hacían.

El grupo estaba compuesto por siete personas, ocho contando a Elise.

Estaba su padre, Doran, Oberyn, Dagos Manwoody (señor de Sepulcro del Rey, un hombre fornido de cabello castaño y ojos color avellana. Bastante alto y fuerte) él cual se dedicaba a contar los chistes más obscenos que Elise hubiese escuchado en toda su vida, su hijo mayor y heredero Mors (un muchacho larguirucho unos cuantos años menor que Elise), Franklyn Fowler, también llamado "el viejo Halcón" (señor de Dominio del Cielo. Un hombre elegante, aunque demasiado serio de cabello negro y canoso, poseía una barba oscura que cubría sus mejillas. Elise dedujo que debería tener al rededor de cincuenta años) y por ultimo Lord Tremond Gargalen, (señor de Costa Salada. Y al parecer uno de los mejores amigos de Oberyn).

No podía negarlo, el grupo era bastante divertido: todos recitaban historias, cantaban canciones, o contaban algún que otro chiste.

Elise agradeció a los Dioses el hecho de no ser la única mujer del grupo aquel día. Pues a a diferencia de los viajes anteriores, Mellario de Norvos (esposa de Doran, y señora de Lanza del Sol) también iba en el grupo, montando un corcel color blanco. Habían entablado varias conversaciones en las ultimas horas y parecía ser alguien muy agradable.

La mujer era muy exótica; de piel oscura, cabello rizado de color negro largo hasta la cintura.

Elise no la consideró exactamente bella, pero si era atractiva. Además de gentil, Mellario era bastante carismática y alegre. Sin embargo, a la joven le llamo la atención el poco contacto que había entre Mellario y Doran. Pues para ser un matrimonio no demostraban mucho afecto el uno por el otro. Pero Elise decidió no entrometerse, ya que no era asunto suyo.

Elise montaba la misma yegua que montó en los últimos días: de color café, bastante fornida, muy bonita. Se llevaron bien enseguida.

Tremond y Dagos cantaban a lo alto "la mujer del dorniense", una canción común de Dorne. Todos en el grupo reían y los acompañaban en algunas estrofas.

El clima era terriblemente húmedo, a pesar de que el cielo se encontraba nublado desde hacia un par de días. Sin embargo, Elise ya se había acostumbrado, y no le resultaba una molestia.

La joven llevaba el cabello suelto, sin ningún arreglo. Vestía una camisa color crema de seda bastante holgada y unos pantalones beige algo ajustados. Se veía muy bonita y bastante natural, y le agradaba.

A Oberyn parecía agradarle mucho también, pues no apartaba la vista de la joven. Y viceversa.

Durante los viajes, en sus cabalgatas, no hacían mas que dedicarse miradas, sonrisas y comentarios por lo bajo. Mantenían pequeñas conversaciones, y Oberyn se las empeñaba para hacerla reír una que otra vez.

Symond estaba muy ocupado conversando con Doran y el resto de los hombres. Mientras que nadie más parecía notarlo.

Elise sabia a la perfección que no era la única mujer en la que La Víbora Roja se mostraba interesado, y claramente no estaba solo en las noches. Pero decidió no prestarle atención, después de todo...no los unía ningún vinculo. Y además, no le importaba. Lo quería a él, eso era todo lo que necesitaba.

Decidieron cabalgar hacia el sur de la cuidad, cerca de las orillas del mar de Dorne, como lo habían hecho antes...tristemente siempre recorrían el mismo camino. Elise se sintió aburrida. Conocía esa ruta como si fuera su propia mano, y al parecer el grupo no tenia planeado cambiarla.

Sin embargo, dos días antes, al volver de su trayectoria Elise había divisado un camino a lo lejos: un camino empedrado bastante angosto. Y se sintió bastante intrigada con respecto hacia donde dirigía. Pues había flores al costado del camino, y varios guardias de los Martell custodiando la entrada.

Elise decidió preguntarle a Doran al respecto, ya que la curiosidad la carcomía por dentro.

El príncipe respondió sin rodeos.

—Te llevará hacia los Jardines del Agua, es un atajo que utilizamos solo los Martell...—respondió Doran amablemente montado en su semental dorniense color oscuro—. Puedes ir si quieres, pero te sugiero que vallas otro día. Pues ahora esta oscureciendo, y la noche siempre es peligrosa...

Elise le sonrió y asintió. Eso haría sin duda, necesitaba estar sola unos momentos...Demasiada compañía en tan pocos días. Y era algo a lo que ella no estaba acostumbrada.

Decidió hacerlo ese día, pero primero hablaría con Symond para pedirle su permiso.

Acercó su yegua hacia su padre, quien montaba tranquilo a su caballo entre canciones. Todos iban lento, disfrutando del aire y la vista del mar. Doran y Mellario iban a su lado.

—Padre...—dijo ella colocándose junto a su padre—. ¿Puedo ir hacia los Jardines? —pidió la joven amablemente. «Dioses, espero que si». Algo de ellos le llamaba mucho la atención, y algo en su interior le decía que fuera, tenia que hacerlo.

Por la expresión de su padre, Elise dedujo que no le causó mucho agrado la idea.

—No lo se Elise, no me gustaría que fueses sola...—dijo disgustado y frunciendo el ceño—. Eres una mujer, estoy consciente de ello. Pero aun así no deberías divagar sola por los caminos...Incluso en Dorne.

Elise sabia que su padre tenia razón, pero sus deseos por conocer los Jardines fueron mas fuerte que el sentido común.

—¡Por favor! Hemos venido hasta la capital, ¿y no me dejas conocer los famosos Jardines del Agua? —dijo ella con una mueca, en modo de reclamo—. Ademas ustedes estarán por aquí cerca, por si algo sucede...—dijo ella buscando tranquilizarlo—. Te lo suplico padre... Siempre he querido verlos.

Symond lo pensó por unos instantes, pero antes de que pudiera responder Doran habló.

—Despreocupate Symond, estos caminos son muy seguros. Me he encargado yo mismo de que así fuera —dijo el príncipe con seguridad en sus palabras y una sonrisa en su rostro—.

—Es más, —añadió Mellario— yo misma he viajado sola, montada a mi caballo junto con Quentyn, que tiene apenas un año y medio...—dijo con un acento norvoshi muy marcado, aunque su voz era cálida y pacifica—. No hay porqué temer.

Symond dudó, aunque claramente se sintió mas tranquilo ante las palabras del matrimonio. Elise pudo verlo en su rostro. Ella le suplicó con los ojos que la dejara ir, después de todo...eran tan solo unos cuantos pies.

—De acuerdo —dijo Symond cediendo al fin, con ternura en sus ojos—. Pero te cuidas mucho, ¿de acuerdo?

Elise asintió y acercando su yegua lo más posible al caballo de su padre, se inclinó para darle un beso en la mejilla.

—Gracias padre, volveré lo más rápido que pueda —dijo Elise sonriendo de punta a punta y le dedicó una mirada de agradecimiento a Doran, la cual él captó rápidamente y se la devolvió con un gesto y una sonrisa.

Elise se alejó del grupo con dirección a los Jardines. Tan solo al cabalgar un par de metros se podían escuchar los gritos y risas de niños jugando en las piscinas.

Cuando llegó al camino de piedra, dos guardias la detuvieron para saber quien era, y porqué usaba aquel camino.

—Elise Dorlaihs —respondió la joven algo intimidada—. El príncipe Doran me ha dado su permiso para usar esta ruta.

Los guardias se miraron entre si, y asintieron. Luego hicieron un gesto para indicar que ella pasara.

—Pase Milady —dijeron ambos.

Cuando Elise entró, el aire se inundó de olor a naranjas. Había arboles de éstas por doquier, también limoneros y otros arboles frutales.

Los Jardines estaban compuestos por varias fuentes hechas de mármol rosado muy delicado, y flores de colores vibrantes cubrían el suelo formando soles, o figuras de animales.

Nunca pensó que vería algo tan bello en toda su vida. Le ganaba a cualquier jardín en el que hubiese estado.

Según tenia entendido, los Jardines habían sido construidos por Maron Martell hacia mucho tiempo. Habían sido un regalo de bodas para su esposa; Daenerys Targaryen, hija de Aegon IV.

Decidió bajar de su yegua y amarrarla a algún árbol cercano. Luego comenzó a caminar y caminar, hasta adentrarse en lo mas profundo de los Jardines. Eran infinitos, y mientras mas caminaba, más hermoso se tornaba todo ante sus ojos.

Al parecer se encontraba en alguna parte trasera de los Jardines, una parte privada solo para el uso de los Martell.

Caminó y caminó, hasta llegar a una pergola bastante extensa, cubierta de rosas de un olor exquisito.

Los pájaros cantaban, la risa de los niños se escuchaba a lo lejos, la brisa soplaba. Todo era tan perfecto, se sintió en su hogar. Sintió que todo estaba bien, y que nada podría suceder allí.

Se acercó hacia un rosal cercano, tomó una rosa con sus manos y la acercó a su nariz para olerla «Exquisita ».

Elise solo sonreía. Parecía que todo era un sueño, demasiado bello para ser verdad... y entonces, algo la despertó, alguien la trajo de vuelta.

Sintió que alguien la tomaba del hombro, lo que la asustó bastante. Y como acto de reflejo se volteó sobre sus pies para ver quien se encontraba tras ella...

Pues para su sorpresa, (o tal vez no) quien se encontraba frente a ella era Oberyn Martell, la Víbora Roja de Dorne. Ese hombre que ella conocía muy bien últimamente, quien ocupaba mas lugar en su mente de lo que ella estaba dispuesta a admitir.

—Elise, ¿te encuentras bien? —dijo el príncipe esbozando una sonrisa picara. Elise parpadeó varias veces mientras sentía sus mejillas arder, sin razón aparente. Asintió varias veces y en aquel preciso momento se percato de que estaba lloviendo. Había estado lloviendo desde hacia ya varios minutos, y su ropa se encontraba algo mojada. También su cabello, y todo al rededor. Pero no le importó. Las gotas de lluvia recorrían su rostro; frescas, puras. Esta era la lluvia de la que su padre le había hablado "-... de esas lluvias frescas que traen vida a las tierras secas y rotas...". Y sin duda algo había cobrado vida en su interior...

Oberyn también estaba mojado, las gotas de lluvia cubrían su frente y su cabello oscuro como el ébano. Su túnica estaba empapada también, y Elise podía divisar su esbelta y marcada figura a través de ésta. Se veía demasiado atractivo, o eso le pareció a ella.

—Oberyn, —dijo en un susurro— ¿qué haces aquí? —preguntó ella y su corazón comenzó a acelerarse.

Oberyn sonrió nuevamente y se acercó a la joven.

—No iba a dejar que anduvieras sola por ahí —dijo él, observándola de pies a cabeza. Claramente mirándola por sus atuendos mojados.

Elise se sonrojó, otra vez.

«¡Que considerado de tu parte!».

—Estoy bien, gracias —dijo ella mirándolo a los ojos.

Oberyn dejó escapar una risita y arrugó los ojos.

—Dime Elise, ¿qué es lo que quieres? —preguntó el príncipe algo molesto, confundido pero sin quitar esa sonrisa arrogante de su rostro. Y se acercó a ella.

Elise podía sentir su aroma... ese claro aroma que tan solo él tenia...Oberyn.

Ella no comprendía.

—¿De que estas hablando? —dijo ella molestándose ante el tono del príncipe. Ya estaba cansada de sus preguntas sin sentido y sus acertijos, no era una niña. Ya no más—. ¡No lo se Oberyn, no lo se! —dijo enojada y dio la vuelta para alejarse de él. Lo que fue inútil ya que Oberyn, rápido como la serpiente que era, la tomó del brazo en apenas segundos.

—¿No lo sabes, o no quieres saberlo? —dijo él, tomándola de ambos brazos y acercándola a él. La joven se paralizó ante aquello; estar tan cerca de ese hombre la hacia débil—. Vamos Elise, no juegues conmigo. ¿Acaso has venido hasta aquí sola, sin tener ni una sospecha de que yo vendría detrás de ti a buscarte?

Ella sintió su sangre arder. ¡Por supuesto que no, idiota! ¿Acaso piensa que he venido hasta aquí solo para ser rescatada? ¡Ja, se equivoca!

Elise dejó escapar un bufido.

—Estás equivocado —dijo ella, y él la interrumpió.

—Yo se muy bien lo que quiero, y es muy claro lo que esta sucediendo aquí —anunció Oberyn con pasión en sus ojos negros.

Sintió sus mejillas arder, y su corazón saltaría de su pecho en cualquier instante. Sus piernas temblaban, sus manos también. No sabia si era por la lluvia, la brisa fresca a su alrededor, o por ese hombre que afectaba sus sentidos...

—Yo... —dijo ella, pero Oberyn la interrumpió nuevamente.

—Puedes seguir pretendiendo que no sucede nada Elise, que tu y yo...—hizo una pausa—. Pero yo no voy a fingir...—advirtió Oberyn.

Elise pudo darse cuenta de lo nervioso que estaba por su voz, la cual se encontraba en un volumen bastante elevado... «Oberyn Martell, nervioso. ¿Quién lo diría?».

Estaban tan cerca, lo tenia a tan solo centímetros de ella...y una idea cruzó por su mente. Una idea que se convirtió en impulso, un impulso que se convirtió en beso. Era allí, en ese momento o nunca.

—Yo no...—dijo Oberyn. Y esta vez quien interrumpió fue ella, lo interrumpió...con un beso. Un beso tímido e inseguro, tierno y cálido: como todo primer beso.

Y así; sellando sus labios con los de ella el beso se fue haciendo más profundo. Se sentía raro, húmedo, extrañamente dulce al principio, pero tan...delicioso a medida que pasaba el tiempo.

Oberyn se sorprendió sin duda, no estaba esperando aquello. Aunque aquel estado le duró muy poco...pues luego de pasar unos segundos, él apretaba a Elise contra su cuerpo, pegándola a él. Fundiéndose en ella, y fundiéndola a ella en él. Uno no podría diferenciarlos: parecían uno solo.

Y el beso se tornó pasional; labios con labios, lengua con lengua. Se besaban y él llevó sus manos a la espalda de Elise, atrayendola mas hacia él, si es que eso era posible. Luego apretó con ambas manos el trasero de la muchacha para acercarla más. Elise se exaltó ante el tacto, pero no detuvo el beso. No estaba tan loca como para hacerlo...

Ella llevó sus manos al cuello del príncipe y atrajo más su boca a la de ella, reclamándola, ya sin vergüenza alguna. Pudo sentir en sus labios que Oberyn estaba sonriendo ante aquella acción.

Elise sentía cada centímetro de su cuerpo arder, le costaba respirar, y la lluvia cayendo sobre ellos los empapaba a ambos.

Luego de unos instantes, finalmente se separaron. Y con respiración entre cortada Elise consiguió hablar. Sin pensar siquiera en las palabras que salían de sus labios hinchados por aquel beso.

—A ti, Oberyn —dijo en volumen muy bajo, en casi un susurro—. Te quiero a ti.

No terminó de pronunciar aquellas palabras, pues Oberyn ya estaba besándola de nuevo, de manera mas profunda y pasional que antes.

Elise se agradeció a si misma por haber el hecho de, a pesar de todo, haber ido a los Jardines aquel día...

¡Edit hecho por Val_Wildling :) mil gracias belleza!


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