Le hicieron pasar y lo condujeron ante el líder, cerrando de nuevo la puerta y dejándolo a la merced de la comunidad. A fin de cuentas se lo merecía, él había sido quien se había arriesgado en busca de medicamentos y comida. Siguió a una joven con cara seria que le condujo a través de unas escaleras de color blanco, muy bien cuidadas, hasta un despacho con la puerta de cristal grueso. Dentro había un hombre de facciones maduras y ojos oscuros.
-¿Y tú eres...? -le preguntó a Jacke nada más le hicieron pasar. No parecía sorprendido, más bien tenía la actitud de que aquello le había pasado miles de veces. Jacke tragó saliva- Siéntate- le dijo el "líder" de aquellas personas señalando el asiento que quedaba del otro lado del escritorio donde él estaba sentado.
Jacke observó la habitación. No había ni una sola mota de polvo. Sin embargo estaba llena de mesitas con gruesos libros, tapices antiguos colgaban de las paredes, y el escritorio que usaba aquel hombre parecía terriblemente caro. Las sillas eran cómodas, de color negro, y las paredes, techo y suelo tan blancos como las escaleras que conducían allí.
-¿Y tú?-respondió Jacke- Dime tu nombre. No puedes hacerme venir aquí e intentar que me doblegue o me asuste. He encontrado esto por casualidad, no pretendo hacer ningún mal.
El hombre no mostró ninguna emoción ante su respuesta, a pesar de que Jacke creía que se sorprendería un poco. Lo único que hizo fue entrecruzar los dedos y mirarle a los ojos de forma profunda por encima de sus gafas.
-Mi nombre es Éter. Por favor...-le indicó con una educada mano que era su turno. Jacke decidió no alargarlo.
-Jacke...-inclinó un poco la cabeza y frunció el ceño. Comenzaba a pensar si realmente corría peligro en su situación. A lo mejor resultaba ser una comunidad decente. Quizá si se lo explicaba bien lo dejase marchar e incluso le diese lo que necesitaba para Yvonne.
-Lamento si te sientes oprimido, Jacke. En ningún caso querría eso -se levantó de la silla y caminó despacio por la habitación. Se paró frente a una de las mesitas con libros y comenzó a ojear uno que estaba abierto-. Dime, ¿cómo es que has venido a parar aquí?
Era obvio que aquella pregunta iba a llegar, así que Jacke le contó lo ocurrido con su compañera y la mala pata que había tenido al descubrir a todos los supervivientes. Éter no parecía escucharle, ya que estaba leyendo aquel grueso volumen, pero Jacke sabía que prestaba atención a sus palabras. Al terminar de relatar todo, Éter cerró el libro y se giró hacia él. Se apoyó levemente en la mesa y habló despacio:
-Ya veo... bueno, te daría las medicinas y te dejaría marchar, no quiero que tengas ninguna duda sobre ello, pero..., ¿quién me dice a mí que tú eres tan buena persona como yo? Es decir, si te dejo ir con tu compañera, os recuperáis y reunís la fuerza necesaria para marcharos de la ciudad, ¿cómo sé que no volveréis con más compañeros a arrasar esta comunidad y apropiaros de nuestras cosas? Jacke, estamos en un mundo donde no hay lugar para la confianza. Hace ya mucho tiempo que solo dominan los más fuertes.
Éter se incorporó y fue hacia Jacke, que continuaba sentado. El líder de la comunidad se agachó hasta poner los ojos a su misma altura.
-Te voy a dar dos opciones -levantó una mano con dos dedos. Señaló con la otra el dedo índice-, te quedas con nosotros, o...-señaló el dedo corazón- te dejamos ir a tu suerte y hacemos ruido para que los zombies bajen al primer piso. A lo mejor incluso tienes suerte -sonrió.
Jacke tamborileó con los dedos en el apoyabrazos.
-Me voy a quedar, no soy un suicida, pero quiero que hagáis una cosa, por favor -Éter mostró asombro por primera vez-. Socorred a Yvonne, sino no será incapaz de recuperarse y escapar.
Éter rió, y después asintió.
-Le haré llegar ayuda. De todos los que han decidido quedarse en los últimos años, eres el único que ha tenido el valor de pedir algo. Y créeme, no eres el único que terminó aquí por ayudar a sus compañeros.
El líder fue hacia la puerta de cristal y subió por las impolutas escaleras. Sus pasos se deslizaban en el suelo y cuanto más lejos estaba más tranquilo se sentía Jacke. Pensaba que había llegado a tener suerte. Podrían haberlo matado o no enviar ayuda. Al menos Yvonne tendría comida y medicamentos, aparte de la pistola con munición infinita. Con eso ya estaba contento. Lo único que no tendría, pensó, era su beso al regresar.