El ruido del cortacésped y el olor que desprendía se marchó dejando a su vez el olor de la hamburguesa de Nilo que acababa de traer el camarero bigotudo. Mi mirada no se alejaba del vaso de agua que posaron enfrente de mí. "El agua apaga el fuego", "y tú eres el fuego". Esas palabras resonaban en mi cabeza. Si me daba una ducha o bebía un vaso de agua me arriesgaba a morir. El agua, un elemento vital, era mi veneno.
-Aún estas en fase de prueba Diana.- Dijo Néstor, como si pudiera leer mis pensamiento a través de mi mirada.- No siempre vas a estar ardiendo ¿no?
-Si funcionara así yo me habría evaporado en las olas de calor.- Comentó Nilo mientras se limpiaba mostaza de su barbilla.
-¿Evaporar?
-Diana esto no solo te ocurre a ti.- Hugo hizo una leve pausa cuando el camarero posó sobre mí un plato de espaguetis con tomate, me hizo recordar a las comidas de los domingos en casa de la abuela, casi podía oír a mis primos pequeños correteando por el comedor. Pero ahora estaba muy lejos de allí.- Anthea, Nilo y yo también tenemos habilidades. Nilo es capaz de controlar el agua. Ann la tierra, y yo el aire.
- Y tú controlas el fuego.-Añadió Nilo con su espléndida sonrisa.
-Bueno... controlar...
-Lo hará Ann.-Hugo me miró de reojo.-Solo necesita tiempo.
Dejé de prestar atención a la conversación, y me centré en el plato de comida y en el vaso de agua. La barriga empezó a rugir, dando punzadas en mi estómago. Alcé la vista y todos estaban comiendo. Lentamente cogí el tenedor y empecé a enrollar los espaguetis, como me enseñó mi abuela. Me costaba masticar, debido a la sequedad de mi boca, pero el frío tomate ayudó a tragar la comida. El plató duró unos minutos lleno, no recordaba la última vez que probé bocado alguno, no sabía cuánto tiempo llevaba en aquel zulo, pero mi estómago se alegró mucho de haber salido. Me apoyé en el respaldo de la silla, una ola de aire removió mis cabellos. Cerré los ojos para deleitarme del silencio que me acompañaba en ese momento, la suave brisa y el roce de los rayos de sol con mi pálida piel. Tras dejar la mente en blanco unos segundos recordé donde me encontraba y del extraño silencio que me acompañaba. Eché un vistazo a mis acompañantes, todos con una mirada atónita se encontraban de pie en el extremo opuesto de la mesa. Todos menos Hugo, con las palmas abiertas estaba a tres pasos de mí. Miré la mesa, el techo y el suelo, todo estaba bien, nada carbonizado.
-¿Qué has hecho?-Los ojos verdes de Hugo eran intimidantes. Tardé unos segundos de más en contestar.
-¿Comer?
La risa de Nilo sonó demasiado fuerte, pero nada comparado con la torta que le dio Néstor en la nuca. Hugo apartó la mirada de ellos y volvió a dirigirse a mí.
-Después de comer, has cerrado los ojos, ¿en qué has pensado?
-En nada... Dejé la mente en blanco.- Mi voz era débil, Hugo tuvo que esforzarse en conseguir oírme.
-Ha sabido controlarse.-Esta vez se dirigía a Néstor.
-Una vez, ¿y cuántas veces has tenido que dejarla sin oxígeno para que parara?
-Eso ahora no importa, está aprendiendo, ¡y lo ha hecho sola!
Ann pisoteó varias veces el suelo, y la tierra empezó a temblar. Los vasos y platos se caían al suelo, estuve a punto de hacerlo también pero Hugo me cogió antes de que mi silla volcara. El terremoto duro unos segundos, pero fueron caóticos. Ann fijó sus ojos negros en mí.
-Nunca subestimes a la madre tierra.-Advirtió con risa burlona.
Asentí cuatro veces, me prometí a mí misma no enfadar nunca a esa chica. Ann cogió una silla del suelo y, sentada en ella, la aproximó a la mesa. Con aire desenfadado preguntó "¿Comemos?". Me deshice de los brazos de Hugo y me aproximé a su lado, sentía el tono rojizo de mis mejillas aumentar. No pensé dos veces como iba a reaccionar.
-¿Cómo?-Empecé a decir con voz pausada.- Has provocado un terremoto dando patadas al suelo. ¡Casi derribas este establecimiento!-Mi voz fue aumentando, y el rubor también.- ¿Cómo lo has hecho? ¡Puede haber muerto alguien!-Un estallido de risas se formó detrás de mí. Clavé mi mirada en ellos.- ¿Os hace gracia? ¿Es que no veis la tele? El curso pasado estudié los terremotos y sus consecuencias y no es gracioso.- Mientras hablaba notaba como perdía el control, empecé a explicar las causas que producían, y los casos que se habían dado en los últimos años. Pero no note el fuego que empezaba a salir de mis dedos.
Todos callaron. Néstor le daba golpes a Hugo para que reaccionara, su grande y tosca mano impactaba con más fuerza en el hombro del muchacho, tanto que temí por él. Hugo, sin apartar la mirada de mis ojos, fue subiendo las manos lentamente. Vi miedo reflejado en sus pupilas verdes.
-Diana...-Comenzó a decir alejándose de mí.-Ann controla perfectamente su habilidad, la sacudida que acaba de hacer solo la hemos notado nosotros.
Me quede sin habla durante unos minutos, el orgullo de demostrar que había estudiado geografía en el colegio de esfumó. Me fijé en los árboles que rodeaban el edificio, estaban todos intactos. Después miré el cristal que reflejaba el comedor interior, las mesas estaban intactas, a excepción de algunas sillas y platos que estaban en el suelo, pero no había nadie. Un camarero joven y menudo salió temblando con un extintor en la mano.
-Por-por favor.-Tartamudeó desde la puerta.- Voy a pe-pedir que salga de aquí.-Apuntó hacía mí.-Si no es mo-molestia, claro.
Hugo me agarró del brazo y nos alejamos dando largas zancadas mientras maldecía al camarero. Ann y Nilo nos seguían.
-Todo esto es culpa tuya Anthea.- Le replicó cuando estuvo a nuestra altura.- ¿No podías quedarte quieta? Tenías que dar el espectáculo como siempre.-Su mano me agarraba con más fuerza cada vez que intentaba zafarme de él. Ann cerró su puño, pero Nilo la tranquilizo.- No deberías portarte así delante de ella, aún no es consciente de lo que ocurre en este maldito lugar.- Se paró en seco y la miró cara a cara.-No vuelvas a acercarte a ella hasta que controle su habilidad, ¿entendido?-Ann le contestó levantándole el dedo corazón, y se fue chocando con el hombro de Hugo.- ¡Y aprende modales!
Quería rechistar, él no tenía autoridad de decidir a quién podía ver, pero estaba tan cabreado que temía por mi brazo. Nilo sin decir palabra se marchó en busca de Anthea. Al fin su mano soltó mi brazo. Cuando se deshizo de su furia lo noté nervioso y apenado. Sus ojos vidriosos se posaron en los míos, y una leve sonrisa salió de sus labios. Notaba los latidos en mi cabeza, y ardor en mi estómago. Me dio una leve caricia en la mejilla, diciendo suavemente que me tranquilizara. Me sentía ligera, pero todo se cortó cuando Néstor apareció dando gritos.
-Perfecto.-Se llevó una mano a su cabeza.-Le han vetado la entrada a Diana.-Hugo se apartó de mí extrañado.
-No lo entiendo, nosotros hemos tenido problemas en el comedor y no ha pasado nada.
-Eso mismo les he dicho yo. Pero resulta que ninguno de vosotros parece, y repito textualmente, un diablo.
"Diablo". Se me vino a la mente todas las historias sobre diablos que contaba Sor Mónica, y todas eran horribles. Y ahora me veían como unas de esas historias de terror. El chico rechistaba sobre la exageración de la gente de La Isla, justo en el momento en el que apareció Marcus. Caminaba a un paso ligero, hacia nosotros, llevaba un mono amarillo y si rostro al descubierto, sin la barba parecía aún más joven y atractivo.
-¡Tú!-Con un dedo me señaló.-Engendro, ¿qué has hecho en la sala de entrenamiento?- El frío se adueñó de mí, me coloqué detrás de Hugo.
-No le hables así, no ha sido culpa suya.-Intentó tranquilizarlo Néstor.-Necesita tiempo...
-¡Cállate inútil!-Volvió a dirigirse a mí. Cada vez estaba más cerca.- Voy a meterte en un foso lleno de agua hasta que solo queden tus cenizas.- Estaba a unos pasos de mí cuando el puño de mi protector chocó con la cara de Marcus.
Los dos cayeron al suelo. Hugo apretó sus piernas al torso de Marcus, con una mano consiguió sujetar los brazos de éste, y con la otra le destrozaba su impoluto rostro. Un gritó se escapó de mis pulmones. Néstor intentó levantar al chico, tardó varios intentos pero lo consiguió.
-¡Vete! ¡Corre!- Consiguió decirme antes de desaparecer de mi vista. Mis ojos estaban llorosos, por lo que no supe como Hugo se marchó de mi lado.
En un segundo estaba sola con Marcus tendido a mi lado. Cuando sequé las lágrimas de mi rostro noté el pinchazo en mi brazo. Lo último que recuerdo es la furia de Marcus bañada en sangre.
Las semanas se volvieron monótonas. Pasaba la mayor parte del tiempo en el cuarto sin ventanas, que ahora podía llamarlo hogar. Allí estaba en calma con mis llamas, la mayor parte del tiempo eran rojas, pero cuando añoraba a mi familia, y a las personas que conocí aquí, se volvían azules. En aquel lugar, mis llamas aparecían cuando quisiera. Bailaba a su alrededor, de vez en cuando conseguía que se movieran, lo máximo que llegué a conseguir fue una espiral. Cada día me sentía más a gusto entre ellas, formaban parte de mí. El entrenamiento con Álvaro no cambió, las palizas iban en aumento, pero no volví a quemar en nuevo gimnasio. Provocaba las llamas suficientes para recuperarme. Un día me fijé en una pequeña luz roja en una esquina, una cámara. La tortura de Álvaro estaba grabada, solo tenía que esperar a que alguien las viera. Por varios momentos llegué a pensar que controlaba mi habilidad, pero no. El día que mis llamas maten al hombre de negro, significará que el fuego y yo seremos uno.
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