Cuando te topas con tu destin...

By JuanOrtega993

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#paraquecuandotetopascontudestinolleguea1000k No crean que al leer el primer capitulo ya sabran como terminar... More

Cap. 1: Fin a la tranquilidad (EDITADO)
Cap. 2: "La sorpresa"(EDITADO)
Cap. 3: La cena.(EDITADO)
Cap. 4: Aclaración(EDITADO)
Cap. 5: "Yo te cuido"(EDITADO)
Cap. 7: A su orden.(EDITADO)
Cap. 8: Destino.(EDITADO)
Cap. 9: Respuestas.(EDITADO)
Cap. 10: Realidad.(EDITADO)
Cap. 11: Aceptación.(EDITADO)
Cap. 12: Nuevo comienzo.(EDITADO)
Cap. 13: Primer día.(EDITADO)
Cap. 14: Guerra.(EDITADO)
Cap. 15: Estupidez humana.(EDITADO)
Cap. 16: Acosadora.(EDITADO)
Cap. 17: Confrontaciones.(EDITADO)
Cap. 18: Sospechas.(EDITADO)
Cap. FINAL: HILO ROJO.(EDITADO)

Cap. 6: Pregunta.(EDITADO)

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By JuanOrtega993

Dos días después de haber visitado a la señorita Alejandra mientras la cuidaba debido a su resfriado, y que mis padres me hicieran un juicio por no haber llegado a la casa esa noche, del cual, salí inocente debido a que les dije que me quedé durmiendo en casa de Luis haciendo un trabajo que los profesores mandaron para el otro día y no pude comunicarme con ellos... había llegado el momento de quitarme el yeso, el cual, en ningún momento desde que me lo pusieron, lamentaba el hecho de llevarlo. Después de todo, gracias a él, conocí a la señorita Alejandra y nos hicimos cercanos.

Me paré más temprano de lo usual para poder pasar por la clínica para quitarme el yeso, y así no perder clases en el liceo. Cuando llegue a la clínica, justamente me encontré con la enfermera que me atendió cuando me desmaye.

—Hola chico, ¿Qué haces por aquí?— muy alegremente

—Vine a quitarme el yeso

— ¡Ah!, bueno, ven, yo te lo quito—señalando una habitación

Entramos al cuarto y la enfermera buscó agua y unas tijeras. Mojó el yeso con el agua, esperó un momento para que se ablandara, y luego corto el yeso por la mitad. Fue algo muy sencillo, algó que pude yo mismo hacer en mi casa sin necesidad de ir hasta la clínica. Al liberarme del yeso, sentía mi brazo derecho un tanto inútil, no tenía fuerza, y existía un límite bastante pequeño hasta donde podía llegar. Pero lo importante era lo que me venía junto con quitarme el yeso. Desde ese momento era el sirviente de la señorita Alejandra.

—¿Cómo se siente?, raro, ¿verdad?

—Si— conteste moviendo el brazo

—Bueno, ahora solo tienes que hacer terapia, la puedes hacer en tu casa, agarras una pelota y te pones a apretarla. También tienes que ponerte a escribir

— ¡Entendido! muchas gracias— hice una pequeña inclinación

— ¡De nada chico!

Me retiré de la clínica y tomé rumbo al liceo. No quedaba muy lejos, y podía llegar en tan solo diez minutos caminando, y como tenía la excusa de que me estaba quitando el yeso, no importaba si llegaba un poco tarde a clases.

Llegué al salón, toqué la puerta, y el que siempre hace de portero la abrió. Entré y todos en el salón de inmediato se dieron cuenta que no traía el yeso, pero para mi sorpresa, no hicieron un escándalo, ni me molestaron, al parecer la madurez estaba llegando a su ser. El profesor me vio y me mando a sentar.

—Miguel, siéntate, tengo algo importante que decir

Me senté en mi puesto, y al lado estaba la señorita Alejandra, la cual no me quitaba la mirada de encima desde que abrieron la puerta. Estaba contenta como de costumbre. Me recibió agitando la mano y con un muy inesperado beso al aire. Lo tomé ya como normal debido a que ya en dos ocasiones la señorita Alejandra me había dado dos besos en la mejilla, pero aun así, no dejaba de ser un poco rara esa situación.

—¡Atención clase!— Gritó el profesor golpeando su escritorio— mañana es la entrega de boletines, sus representantes tienen que venir a retirarlos a las nueve de la mañana, sino, no se les dejara entrar a clase, ¿entendieron?

— ¡SIIIIIIIIII!—respondieron la mayoría de la clase

La señorita Alejandra se volteó y colocó un papelito en mi pupitre, y luego se volvió a colocar como estaba. Intrigado por saber lo que decía, lo abrí muy lentamente para mantener el suspenso. Dicho papel decía:

"Miguel, ¿listo para ser mi sirviente?, espero que no te arrepientas ahora. Te ayudaré hasta hoy, así que a partir de mañana comienza la segunda parte de nuestro contrato. Te seré sincera, lo he esperado con muchas ansias. Una última cosa, fue un placer ser tu mano derecha todo este mes <3"

Aunque no lo pareciera, la señorita Alejandra siempre tuvo en mente la segunda parte del contrato, pero no la culpaba, después de todo hizo doble trabajo durante un mes. A lo mejor quería ver los frutos de su trabajo. O simplemente estaba jugando, pero lo que era un hecho, es que a partir del otro día, sería un sirviente.

Ya en receso, estábamos comiendo en nuestra mesa de costumbre, se me ocurrió preguntar algo que me tenía muy preocupado desde hace un rato.

—Señorita Alejandra, ¿Cómo hará para mañana?— pregunté mientras le daba un mordisco a mi pastelito

—Te refieres a lo del boletín, ¿no?

— ¡Así es!

—En realidad... no sé. Puesto que siempre tuve clases en casa, nunca mis padres fueron a retirarme un boletín

Como ya esperaba una respuesta similar, tenía un rato pensando en cómo solucionar ese problema, y al final, se me ocurrió algo.

—¿Y qué tal si mis padres mañana le retiran su boletín?— sugerí, hablando como un niño pequeño

—¿Estaría eso bien?, es decir, ¿está permitido?— respondió un poco resaltada

—Claro, mis padres ya le han retirado en boletín a Gabriel y a Luis en varias ocasiones, con usted no tendría que haber problema

—Entonces, lo dejo en tus manos Miguel—dijo con su típica sonrisa

Después de esa plática, no paso algo que se pueda llamar resaltante, pero de seguro era un tiempo que se me estaba dando para que me diera cuenta como estaba todo antes de ser el sirviente de la señorita Alejandra. Al llegar a casa lo primero que hice fue ir directo con mamá. La busqué en donde ella se encontraba con más frecuencia, la cocina.

—Hola mamá, ya llegué — colocando mi bolso a un lado del comedor

—¿Cómo te fue hoy hijo?, ¿Cómo te sientes sin el yeso?—dijo sin voltear a verme mientras preparaba lo que creía yo eran helados

—Todo bien mami— tratando de hablar lo más bonito posible para poder decirle lo del boletín— siento el brazo débil, pero y que es normal. Me mandaron a hacer terapia

—Me dices si necesitas algo

—Seguro mami- mientras destapaba mi comida— mañana entregan el boletín, a las nueve

— ¡Está bien!

—Mamá—tomé un respiro bastante hondo— ¿mañana podrías hacerle el favor a la señorita Alejandra de sacarle su boletín?

—¿A la chica que hizo que te pusieran un yeso?— volteó muy extrañamente

—Sí, esa misma, sus padres están en el extranjero y no tiene quien le retire el boletín, ¿podemos hacerle el favor?

— ¡Lo haré si me dices una cosa!  — Se acercó a la mesa y puso su mano en mi hombro-—a ti... ¿te gusta esa chica?

Dijo una combinación de palabras que me tomaron completamente desprevenido. La comida que tenía en la boca se me atraganto en la garganta debido a la impresión, tome un vaso entero de agua, para pasar la comida, y también para pensar bien que iba a decir. No podía negar que tenía sentimientos por ella, pero también tenía que ser consciente de que si decía que me gustaba, mis padres se pondrían intensos, y eso no era para nada recomendable.

-¿A qué te refieres con gustar mamá?- tratando de hacer más tiempo

—¡Sabes a lo que me refiero!, golpeando mi frente con su dedo índice— ella te atrae como mujer, ¿cierto?

Antes de tratar de engañarla, me di por vencido, las madres conocen por completo a sus hijos, y no serviría de nada tratar de mentirle.

—¿Soy tan obvio?— pregunté agachando mi cabeza

—¿Hablas enserio?, hijo... te quedaste toda una noche despierto, algo que no hacías desde años, y estoy seguro que esas flores de abajo de tu cama eran para ella

—¿Cómo tu sabes de...?

—Estaba limpiando y las encontré— riéndose

—¡Claro!

—Bueno, dime, ¿cómo te va con ella?, acomodando la silla

—A decir verdad... no sé, pero desde ya te digo mamá, no puedo tener nada con ella

—¿Por qué?

—La señorita Alejandra está comprometida— metiéndome un bocado de comida a la boca

—¿Y eso que tiene?— alzando un poco la voz— hijo escucha bien esto... "El que este comprometida no significa que no puedas intentarlo", ella no está casada, así que aun puedes luchar, no te rindas. Demuéstrale que eres mejor que su prometido

Las palabras de mi madre quedaron tatuadas en mi cerebro, abrieron mis ojos, y me hicieron reflexionar. Gracias a mi mamá me di cuenta que "me gustaba mucho la señorita Alejandra". Me paré de la mesa, agarré a mi mamá y le di un gran abrazo.

—Muchas gracias mamá, tendré en cuenta todo lo que me dijiste. Entonces... ¿buscaras su boletín?— le dije sutilmente al oído

—Sí, está bien— Frotando mi cabello con su mano

—Gracias mami, ¡te amo!

Terminé de comer y subí a mi cuarto para empezar a hacer la terapia de mi brazo. Agarré una pelota de goma y empecé a apretarla, duré aproximadamente media hora haciendo ese ejercicio. Luego busqué por internet más ejercicios y me puse a hacer los que tenía la posibilidad de hacer.

Al otro día acompañé a mi mamá al liceo a retirar los boletines. Aunque no era obligatorio, puesto que todos los profesores estarían ocupados entregando boletas, no habría clases. Al entrar encontré a la señorita Alejandra sentada en un banquito cerca de la dirección. Le dije a mi mamá que se adelantara y me dirigí a donde se encontraba la señorita Alejandra.

Me senté en un banquito que estaba al lado de ella, estaba sentada muy elegante con sus piernas cruzadas, con un bello vestido rosado, tenía una mirada perdida en el horizonte, era la primera vez que la veía de tal forma. Estaba totalmente hipnotizado, el tiempo paso bastante lento, y en realidad, si se pudiera, no quería que ese momento terminara. Pero todo lo bueno tiene un límite, y ese momento no era la excepción. Al parecer notó mi presencia y volteó en la dirección en la que me encontraba. Su expresión cambio por completo, su rostro paso de estar serio a estar completamente alegre, se paró y vino corriendo a donde estaba sentado.

—Buenos días Miguel— con su ya típico beso en la mejilla

— ¡Buenos días señorita Alejandra! ¿Cómo está?— moviendo un poco el brazo derecho

—Muy bien, ¿y tú?— sentándose a mi lado

—Bien, bueno, algo nervioso por el boletín

—Tranquilo. Todo estará bien, no estabas solo—guiñándome el ojo

—Claro, por supuesto que no— le respondí con una muy feliz sonrisa

Luego de unos minutos hablando, mi mamá por fin salió de la reunión, con una expresión bastante difícil de leer. Giró su cabeza buscándome. Al encontrarme con su mirada se dirigió a donde nos encontrábamos sentados la señorita Alejandra y yo.

—¿Porque traes esa cara mamá?, ¿tan mal Salí?

—¡No!, todo lo contrario, quedaste de segundo mejor promedio— mostrándome el boletín que tenía en la mano. El primero fue el de Alejandra—miro por un segundo a la señorita Alejandra—supongo que tú debes ser la famosa Alejandra, mucho gusto—extendiendo la mano

—El gusto es mío ¿señora...?—respondiéndole el saludo

—Jazmín, mi nombre es Jazmín

—Es un placer conocerla señora Jazmín— la cara de la señorita Alejandra se coloró

—Aquí tienes Alejandra, ¡felicidades!  — dándole su boletín

—Muchas gracias por retirar mi boletín— inclinándose

—No hay de que. Ya lo he hecho varias veces con los amigos de Miguel— un poco avergonzada por la acción de la señorita Alejandra— Ahora Miguel, ¿cómo hiciste para salir tan bien con tu brazo roto?, eres bueno hijo, pero no creo que como estabas pudieras sacar estas notas

Se me había olvidado por completo decirle a mi mamá que la señorita Alejandra me ayudaba con las clases, también la parte del contrato, y que en ese momento yo era su sirviente, pero bueno, tampoco es como que fuera algo de vida o muerte, igual se lo podía explicar después.

—Pues veras, la señorita Alejandra me ayudo mientras tuve enyesado el brazo. Copiaba las clases en mi cuaderno y esas cosas, ella es la única razón por la cual salí bien

—¿Así que tu ayudaste a Miguel?, tengo que agradecerte por eso, pensé que debido a su discapacidad momentánea tendría un mal lapso. De verdad te lo agradezco mucho, abrazando a la señorita Alejandra

—No tiene por qué agradecer, después de todo, fue mi culpa que todo resultara de esa forma para él. Me disculpo sinceramente por eso— dijo frotando sus manos de una manera muy tierna

—Ya todo está bien, lo que pasó, quedó en el pasado. ¿Bien?— dijo mi mamá para levantarle el ánimo a la señorita Alejandra

Caminamos hasta la entrada del liceo, lo cual al parecer, fue tiempo suficiente para que a mi madre se le ocurriera una "brillante idea", una que de seguro acercaría más a la señorita Alejandra y a mí.

—¿Tienes algo que hacer Alejandra?— sacando las llaves del carro

—No señora Jazmín, solo ir a mi casa

—¿Qué te parece ir a nuestra casa para almorzar juntos?

—¿Lo dice en serio?, me encantaría. Qué pena— poniéndose las manos en sus mejillas y agitándose para todos lados

—Ya está dicho, ven, vamos al carro

—¿Disculpa?, ¿nadie me toma en cuenta aquí?— exclamé

—¿Qué?, ¿no quieres que Alejandra vaya a la casa?— dijo mi mamá de una forma muy hilarante

—¡Claro que quiero!

Por mi forma de decirlo, parecía como si estuviese desesperado, pero ya no había remedio, la verdad era que no me molestaba para nada que la señorita Alejandra fuera a mi casa, tan solo me molestó que en ningún momento me tomaron en cuenta en su plática.

—Entonces deja de decir tonterías y súbete al carro— con un tono un poco alto

— ¡Como digas mamá!— apenado

Nos subimos los tres en el carro y fuimos directo a casa. Donde unas horas agónicas y extrañas nos esperaban. Al llegar a la casa pasamos y fuimos a la sala, donde para mi mala suerte, estaban fotos de cuando estaba pequeño, y como no podía faltar, mi mamá y la señorita Alejandra empezaron a hablar de mí, sobra decir que era una situación bastante vergonzosa.

—¿Esas fotos de cuando son señora Jazmín?— preguntó la señorita Alejandra mientras se sentaba en el sofá

—Son de cuando Miguel tenía nueve años— respondió mi mamá que estaba acomodando sus cosas

De todas las fotos que estaban en la pared, había una que a la mayoría de las personas les llamaba la atención, una en la que salgo con la cabeza vendada, y como era obvio, a la señorita Alejandra no se le pasaría por alto.

—¿Y esta foto?, ¿qué le paso a Miguel?— señalando la foto que estaba casi de ultima en la pared

—¿Cuál...?— Se asomó mi mama en la pared que conecta la cocina con la sala—¡ah, esa!, Miguel se cayó manejando la bicicleta, se dio un buen golpe

Mi mamá se retiró y se enfocó en preparar el almuerzo, dejándonos a la señorita Alejandra y a mí, solos en la sala. Yo escuchaba su conversación mientras prendía el equipo de música para que no estuviera el ambiente tan apagado y silencioso. Después de poner la música me senté en el sofá individual, el cual estaba de frente a la señorita Alejandra.

Nuestras miradas se conectaron. Ella no dejaba de verme, y yo no podía dejar de apreciarla. Su mirada expresaba felicidad, y era definitivo que ella disfrutaba el momento. Las palabras no podían salir de mi boca, quería decir tantas cosas, como por ejemplo que estaba realmente hermosa, pero si decía eso, ella pensaría que no lo estaba en otras ocasiones, y no quería que pensara eso. También quería preguntarle ¿cómo pudo salir tan bien si ella se ocupaba de copiar mis clases?, era claro que la señorita Alejandra es una persona única, súper inteligente, súper bella, no era creída y no se creía más que nadie. No podía ocultar mi felicidad, tenía una cara de tonto que ni con jabón se quitaría. Gracias a Dios ella terminó con el silencio que había, ya que la música que puse como que no ayudaba mucho.

—¿Me cuentas lo de la bicicleta?

—Me encantaría pero... no recuerdo nada de lo ocurrido—respondí mientras me tocaba el lugar del golpe

—¿De verdad?, tuvo que ser un golpe terrible

—Me imagino que tuvo que serlo, aunque aún me pregunto cómo fue que me caí de esa forma, y al despertarme no tenía raspaduras ni otras heridas, solo ese golpe

—A lo mejor con ese golpe no fueron necearías más heridas— riéndose— ¿y qué es lo que no recuerdas?, ¿solo ese día? o ¿no recuerdas más cosas?

—No recuerdo las 24 horas antes del golpe, recuerdo que anhelaba mucho ese día, pero al final terminé con un accidente y sin poder recordarlo, gracioso ¿no?

— ¡Para nada!  — su expresión fue seria, y luego comenzó a reírse

La señorita Alejandra se paró del sofá y fue a la cocina. Ella se veía muy cómoda en la casa, como si ya estuviese acostumbrada a visitarnos. Sin decir nada agarró un delantal que estaba en una de las sillas del comedor y se lo colocó.

—¿Hay algo en que la pueda ayudar señora Jazmín?— pregunto muy cordialmente

— ¡Ay Alejandra! no me gustaría molestarte pero... ¿me ayudarías a picar las verduras?— respondió mientras señalaba las verduras que estaban en el fregadero

Conocía muy bien a mi madre, y era seguro que mi mamá no desaprovecharía la oportunidad de ver que tanto sabía de cocina la chica que me gusta, es más, toda esa idea de invitarla a la casa, era el resultado de mi afirmación a la pregunta que me hizo el día anterior.

La señorita Alejandra tomó las verduras junto con la tabla que se ubicaba al lado del lavaplatos, y empezó a realizar el trabajo que le otorgó mi madre. Como no quería parecer tan obvio, arrimé uno de los muebles en dirección a la cocina, para poder ver desde la distancia ese hermoso panorama, las dos personas que más quería, juntas y haciéndome de comer, ¿a qué hombre no le gustaría esa vista?

Tenía que admitirlo, la señorita Alejandra se veía bastante sexy con ese delantal sobre su vestido. Era tan femenina, elegante, hermosa. Es increíble que aunque la veía casi todos los días, siempre resultaba admirándola y reconociendo sus cualidades, además de recordar el día en que la conocí, si me dieran la opción de volver y remendar las cosas, dejaría todo tal cual sucedió.

Debido a que mi mamá y la señorita Alejandra trabajaron juntas, la comida estuvo lista en un abrir y cerrar de ojos, solo teníamos que esperar a que llegara mi padre, quien a menudo llegaba a las once y media según dice la leyenda que cuenta mi madre. Ella se acostumbraba a cocinar temprano, y debido a eso, siempre encontraba la comida fría luego de llegar del liceo.

Esperamos solo unos minutos, y la puerta sonó, justo a las once y treinta y dos, casi perfecta la hora de su llegada. Fui a abrir la puerta mientras destapaban las comidas.

— ¡Hola papá!

— ¡Hola!— frotando mi cabello—¿qué tal saliste?

—Bien, mi mamá puso el boletín en tu peinadora

—Está bien, más tarde lo veo—caminando hacia la cocina

Entramos a la cocina y lo primero que mi papá notó fue esa persona extra que estaba sentada en la mesa. Al parecer mi mamá no le había informado que la señorita Alejandra comería con nosotros.

—¡Buenas...!— sin disimular su mirada de sorprendido

—Hola amor, ella es compañera de Miguel, la chica a la que le hice el favor de retirarle el boletín

—¡AH!, mucho gusto

—Mucho gusto señor, es un placer— dijo la señorita Alejandra bastante nerviosa

— ¡Por supuesto que sí!  — soltando una gran risa

—Siéntense, vamos a comer— apresuró mi mamá, apenada por la respuesta de su esposo

Debido a que no almorzamos juntos muy seguido, no somos muy habladores en las comidas. Hubieron unos minutos bastante extraños debido a que mis padres solo se concentraban en comer. La señorita Alejandra apenas pudo dar un mordisco. La toqué con el pie debajo de la mesa para llamar su atención.

—¿No tiene hambre?, ¿se siente mal?—pregunté muy sigilosamente

—No es eso, es que... creo que no le caí bien a tus padres, no dicen ni una sola palabra

—No se tiene que preocupar por eso, ellos están acostumbrados a no hablar en el almuerzo ya que yo no como con ellos. ¿A quién usted no le podría caer bien señorita Alejandra?

—¿En serio?— respondió dudosa

—Claro, confíe en mí. Pero para que se sienta mejor, yo romperé el hielo

Me acomodé en la silla y dije lo primero que se me vino a la cabeza, aunque no fue muy llamativo, creo que sirvió bastante bien para mi propósito

—Papá... la señorita Alejandra sacó el mejor promedio del primer lapso

—¿De verdad? ¡WAO!, felicitaciones— haciendo unas muescas con la cara y aplaudiendo con sutileza

— ¡Muchas gracias!— respondió la señorita Alejandra antes de tomar agua

—¿A que no me crees?— le dijo mi mamá a mi papá tocándolo con el hombro

— ¿Que paso?

—Alejandra estuvo ayudando a Miguel todo el lapso para que no bajara su promedio, le copiaba las clases en su cuaderno

—¡Vaya, vaya!, que sorpresa— mirando a la señorita Alejandra con una cara de joker mientras se rascaba su barbilla—¿Puedo preguntarte algo Alejandra?

— ¡Por supuesto!

Y ahí venían...los agónicos minutos, producidos por la pregunta de mi padre.

—"A TI... ¿TE GUSTA MIGUEL?

La cara de la señorita Alejandra se puso pálida, podía sentir como movía rápido sus piernas, lo cual es señal de estrés. Ella no dejaba de ver su plato de comida casi terminado. Tenía la misma mirada con la que estaba en el banquito del liceo.

Mi corazón se estremeció bastante fuerte, había una situación bastante confusa en mi cabeza, quería y no quería que respondiera. No sería capaz de soportar que su respuesta fuera un rotundo "No".

Y a la vez, quería saber que pensaba ella de mí. Pero aun así, tenía que ser un hombre, y hacer frente a esa situación como se debe, aunque eso me impidiera escuchar la respuesta de la señorita Alejandra.

—¡Papá!, ¿porque preguntas algo así?— Golpeando la mesa— es obvio que la señorita Alejandra me ayudó solo porque se sentía culpable por lo de mi brazo, una chica como ella jamás se podría enamorar de un chico como yo

— ¡Tranquilízate Miguel!— de una forma muy relajada, haciendo un gesto con la mano para que me sentara— esa es tu opinión, pero yo quiero escuchar lo que ella piensa, así que... ¡SHIIIIII!

—No tiene por qué responder señorita Alejandra

—"SI, SI TENGO QUE"— respondió sin quitar su ceño fruncido— y más aun con lo que dijiste

Mis padres estaban expectantes por ver que era lo que tenía que decir la señorita Alejandra, mi papá tenía una cara bastante rara, era como si supiera lo que ella iba a decir. Mi mamá por su lado, parecía más intrigada que yo.

—Primero...— colocó los utensilios al costado del plat— ¡Sí!, me hice responsable de ti debido a que me sentía culpable por lo del accidente, ¡pero también lo hice porque quería acercarme a ti!— Alzando la voz— Segundo—agarrando un poco de aire— ¿Por qué no me puedo enamorar de ti?, eres un chico fantástico... que fue capaz de arriesgar su vida por mí, que siempre es gentil conmigo y que me trata de una forma que ya nadie trata a las mujeres. Ahora te pregunto... ¿Cómo no podría enamorarme de ti?— bajando considerablemente su tono

—¡WAO...! fue más de lo que tenía pensado— dijo mi padre un tanto sorprendido y con su ya fastidiosa risa

Mi mamá literalmente quedó con la boca abierta, en definitiva, ella no se esperaba que la chica tímida con la que compartió hace un rato dijera eso.

Mi pobre corazón que ya se había agitado por la pregunta de mi papá hacia la señorita Alejandra, estaba a punto de salirse de mi pecho. Mi cabeza quedo en blanco, no podía pensar. Sentía como sus destellantes ojos cafés me miraban de una forma muy intensa. ¿Será que estaba esperando que respondiera su pregunta?

El comedor se llenó de un incómodo silencio. Mi papá parecía impaciente por ver cuál sería mi siguiente acción. No podía dejar de repetirme que todo eso era culpa suya, pero ¿tenía que darle las gracias?, lo que dijo la señorita Alejandra no era algo por lo cual sentirme mal, era todo lo contrario. Luego de poder pensar solo un poco, pude finalizar con ese horroroso silencio. Aunque no creo que fuera de la mejor manera.

—La comida les quedo deliciosa, felicidades

— ¡Gracias!  — respondió la señorita Alejandra sonriendo como si nada hubiese pasado

— ¡Bien dicho hijo!  —soltó mi padre con un chasquido de dedos

Todos seguimos comiendo normalmente. Y pensar que todo ocurrió porque abrí mi boca para romper el hielo. No sÉ si es que era muy lento pero ¿lo que dijo la señorita Alejandra significa que si le gusto? No estaba muy seguro. Tal vez solo quiso decir que si se podría enamorar de mí, en ningún momento dijo que yo le gustara. Algo que siempre me he dado cuenta es que las palabras de las chicas no se pueden tomar tan en serio, a veces significan varias cosas, y otras veces, no significan nada.

De una forma u otra, estaba feliz. Sentía que habíamos avanzado un poco, y definitivamente, entre los dos ocurría algo.

Al terminar de comer la señorita Alejandra llamo a su chofer y casi de inmediato ya estaba afuera. Se despidió de mis padres y yo la acompañe a la salida como ella siempre hace conmigo. Le abrí la puerta y antes de salir agarro el cuello de la camisa que traía puesta y la jaló.

—Espero que pienses bien lo que te dije hoy— me susurró al oído, seguido de un beso bastante cerca de la boca

Soltó mi camisa y se fue, dejándome en trance. Cerré la puerta y al voltearme me esperaban mis padres en el sofá.

— ¡Esa chica es bastante particular...!  — dijo mi madre al aire

—¡No sabes cuánto mamá!— mientras subía las escaleras para ir a mi cuarto

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