Quizás nosotros.[#WYNA2016] #...

By marieTM6

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¿Hasta qué punto puede cambiar una persona tu vida? ¿Y si esa persona jamás te ha interesado? ¿Si esa persona... More

1.El viaje
2.Nueva vida
3.Él
4.Persona non grata
5.Magic
6.Trouble
7.La cena
8.Hoyuelos
9.Bajo la lluvia
10.Aceptación
11.Juguemos
12.Despedida
13.Gritar
14.Adiós
15.Nueva York
16.Reencuentro
17.Escondite
18.Miedo
19.Familia
20.Baño
21.Más
22.Confesiones
23.Las estrellas
25.Abandono
26.Casa
27.Matt
28.Sorpresa
29.Cerveza
30.Persistencia
31.Revelación
32.Paloma
33.Confusión
34.Omisión
35.Cazada
36.Suya
37.Preocupación
38.Tower Bridge Hospital
39.Explosión
40.Anne
41.Cerca
42.Resultados
43.Caída
44.Valiente
45.Joe
46.Biopsia
47.Primera vez
48.Gemma
49. Electric cinema
50.Home
51.Negro
52.Carcinoma
53.Luchar
54.Fantasmas
55. Escapar
56. El paquete
A LOS LECTORES
57.Confrontación
58. Holmes Chapel
59.El prado
60.Fin
EPÍLOGO
A los lectores.
NOSOTROS
¡Noticia!
Redes sociales
Si solo yo.

24.Tormenta y calma

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By marieTM6

Hola a todos.

Quisiera plantearos unas preguntas para continuar con el desarrollo de la historia, preguntas importantes.

No tengo claro aún si hacer una única novela (bastante larga) o partirla en dos para poder meter más historia y que quizás, no se haga tan pesada.

No sé si os está gustando todo lo que leéis o quisierais que cambiase algo. Todos los comentarios se agradecen.

¡Gracias!


-Creía que me habías traído a ver las estrellas.

-¿No ha sido así? Creo que han sido un par de orgasmos de matrícula. De nada, por cierto.

Pongo los ojos en blanco y me tumbo encima de él. Aparto el pelo de su cara, algunos mechones se le han pegado cuando el sudor recorría su piel.

-De nada a ti también.

Acaricia mi espalda y me enfado un poco por tener puesto el vestido. Es mucho más agradable cuando mi piel está desnuda. Le siento mucho más.

-¿Te quedas esta noche a dormir?

Sé que no está bien preguntarle. Mierda, no debería haberlo hecho. Me mira con los ojos entrecerrados y no sé en qué demonios está pensando. Caben dos opciones: vaya pesada o claro que sí.

-Mañana tengo que madrugar.

Vale, es la primera opción.

Me despego de su pecho para tumbarme a su lado, apoyando la cabeza sobre mis manos cruzadas.

-Pero me gustaría ir. Aunque te advierto: a las seis tengo que sacar el culo de la cama. Nada de hacer el amor por la mañana.

-Siempre nos podemos levantar un poco antes...

Me mira haciéndose el sorprendido, pero yo sé bien que él también estaba pensando lo mismo.

-¿Piensas en algo que no sea en sexo?

-Cuando te tengo al lado es difícil.

Frunce el ceño como si no me creyese y le doy un beso que calma al instante su rostro.

Es verdad, no le miento. Es más que complicado pensar en otra cosa cuando siento sus caricias y aún siento su lengua recorrer mi cuello. Es un afrodisíaco todo él. Y juro que nunca me había pasado.

Siento que no podría cansarme nunca de él. Aunque claramente, él no pueda decir lo mismo. Y si lo dijese, estaría mintiendo como un bellaco.

-Sé lo que es. Yo también me miro al espejo. Soy endiabladamente guapo.

Pongo los ojos en blanco. Claro que lo sabe. Claro que se mira al espejo. Claro que es jodidamente perfecto. Prosigue antes de darme tiempo a darle una respuesta ácida.

-¿Sabes qué me gustaría hacer también? Si nadie me conociese-aclara- Me gustaría besarte.

Lo miro desconcertada.

-Ya me has besado. Mira, se hace así.

Me acerco a sus labios y los atrapo. Se ríe entre dientes y me despeina.

-Me gustaría besarte en la calle. Bajo todas las farolas de la ciudad. Llevarte a Washington Square y besarte bajo el Arco del Triunfo también.

-Podríamos sentarnos en la fuente. Tocar el agua con los pies descalzos...

-Y escuchar música callejera. Comer un perrito caliente.

-Y beber cerveza.

-Y beber cerveza.

Me tumbo de lado, apoyo la cabeza en su brazo extendido sobre el mantel y le miro directamente. Él gira la cabeza para mirarme también. Y entonces, le sonrío. Le sonrío de una manera tan ñoña que o bien sale a correr por miedo a tener una acosadora de por vida o me devuelve la misma sonrisa.

Y cómo no, me sonríe de la misma manera estúpida. Parecemos un par de adolescentes.

Intento no darle muchas vueltas a lo que acaba de pasar, pero se sucede repetidamente en mi cabeza. ¿Hemos estado soñando despiertos o ha sido mi imaginación?

¿De veras le gustaría a Harry besarme de esa manera?

Despreocupado, íntimo conmigo. Sería increíble.

Hago acopio de todas mis fuerzas para visualizarnos sentados en la gran fuente central de la plaza. Los niños suelen chapotear en el agua y sus risas te contagian.

Iría con un vestido estampado y fresco, perfecto para el tiempo primaveral. Harry llevaría unos pantalones negros y una camiseta blanca, o negra. Realmente lo que llevase puesto es lo último que me importaría.

Su mano acariciando la mía, su brazo rodeando mis hombros, mi cabeza descansando en su pecho y escuchando su latido. Harry jugando con los niños...un momento, ¿le gustarán los niños siquiera?

Dejo la pregunta para otro momento.

Acaricio su nariz con la mía, en un gesto cariñoso y tierno. Vuelvo la cabeza al cielo para mirar el firmamento y es casi tan bello como Harry lo que veo. Casi.

Las estrellas brillan desde lo alto, dispuestas sin orden. Algunas brillan más que otras, ¿por qué?

Supongo que pasa igual que con las personas.

Si mis amigas fuesen estrellas serían de las que brillan con más fuerza. Pienso durante un instante y apunto mentalmente que debo regalarles una estrella. Una a cada una de ellas. Para todas mis personas especiales.

-Harry, ¿alguna vez te han regalado una estrella?

-No, creo. ¿Por?

-¿Qué pensarías si te regalasen una?

Me mira receloso. No, Harry, no estoy pensando en regalarte una. Ni a ti, ni a Matt. Deja eso ya.

-Me gustaría regarles estrellas a mis amigas. Estrellas que estén juntas, así cuando estemos lejos podremos mirar al cielo y vernos.

Sus ojos adquieren un tono dulce y me sonríe con timidez.

-Creo que les encantaría. Pero ¿de veras es solo por eso?

Mierda, ha mirado dentro de mí de nuevo.

-No. Me gusta pensar que cuando nos despidamos...ya sabes, para siempre, podremos encontrarnos allí arriba. Y estar juntas de nuevo. Que incluso allí podremos sonreírnos y contarnos historias, que siempre estaremos cerca.

-Eres muy pesimista. ¿Por qué piensas eso?

-Los accidentes suceden.

Me encojo de hombros sin querer darle más explicaciones y doy gracias a que sea a veces tan comedido. No pregunta nada más.

Noto las lágrimas agolpándose en mis ojos y la desesperación en mi garganta. Tiene razón, soy muy pesimista y no debería haberle dado opción a ese pensamiento para que acuñase en mi delirante mente. Mierda, mierda. Destierro los recuerdos dolorosos para intentar encontrar en el cielo felicidad, pero tan solo veo nombres y caras.

Me abrazo a él cerrando los ojos con fuerza. No llores, María. No llores.

-Eh, no te preocupes. Estoy aquí. Todo va bien.

He de haberle abrazado con mucha desesperación si ha visto necesario consolarme.

Suspiro profundamente para intentar controlar mi respiración. Qué difícil es ser feliz.

¿Cómo es posible que la gente lo consiga? Yo no paro de intentarlo y cagarla en el camino.

¿En qué momento de tu vida es más grande la necesidad de encontrar la felicidad que el miedo de la tristeza absoluta?

Sé por experiencia que lo primero va acompañado de lo segundo y no creo estar dispuesta a pasar de nuevo por largos periodos de hastío y soledad.

Intento tranquilizarme y que un ataque de ansiedad no se apodere de mi cuerpo, pero gracias a Dios, tan solo estoy triste. No alterada por una pelea o nervios. Es solo amargura y melancolía. Puedo vivir con ello.



Espero un tiempo prudente para poder levantarme. Soy de esas personas que lloran con facilidad una vez tienen una herida abierta. Y la mía está sangrando como hace meses que no ocurría.

Hay días que el hecho de que no me salga bien la coleta es una buena razón para echarme a llorar y otros me obligo a torturarme viendo "Posdata: te quiero".

Durante los primeros cuatro minutos de película ya empiezan a desbordarme las lágrimas y la cosa no para hasta quince minutos después de terminarla.

No es que no existan más películas de amor, pero el hecho de la trágica historia del marido recién fallecido que manda mensajes a su esposa me rompe el corazón.

Más de una vez he llegado a la conclusión de que no soy feliz porque estoy esperando un amor trágico, uno de los que a sabiendas que acabarás destrozada y sin ganas de vivir, lo buscas con desesperación.

¿Acaso soy una mártir del siglo veintiuno?

Para nada. Es solamente que no creo ser merecedora de un amor tan puro como el que te hace volar.

¿Por qué yo?

No soy buena persona. No hago nada por la comunidad. Bebo hasta emborracharme incluso entre semana. Soy antipática la mayor parte del tiempo. Insegura y cobarde, a pesar de lo que otras personas puedan creer.

No tiene nada que ver con mis inseguridades acerca de mi físico-que son muchas-sino más bien me rijo por el hecho de que hay mucha más gente alrededor que está sola, sin nadie a su lado.

Esas personas seguro meritan alguien en sus vidas. Alguien que le quiera y le cuide. Alguien que sienta devoción.

Mierda, esto va a peor.

¿Por qué incluso en compañía de Harry me tienen que atacar los pensamientos más huraños y perniciosos?

Me levanto sin avisarle y me mira desde abajo, con ternura. Se me hiela la sangre cuando lo veo.

¿Es que acaso no se da cuenta de lo atractivo que es? ¿Por qué yo, de todas las mujeres del mundo? ¿Por qué a mí me ha traído a ver las estrellas? ¿Por qué me hace el amor con pasión?

Cojo una botella de agua que llevaba en el bolso, que está en el asiento trasero del coche. Me apoyo sobre el mismo mientras bebo para que toda la amargura baje por la garganta y los fantasmas dejen de perseguirme.

Antes de que pueda guardar la botella para volver junto a Harry, éste se levanta y llega a mi lado.

Sus brazos rodean mis hombros y cuando me estrechan, me siento más pequeña de lo que nunca me sentí.

-¿Quieres que nos vayamos?

Joder, esto no es lo que quería. Me siento una auténtica mierda. He estropeado nuestra primera cita.

¿Será también la última? En el caso de que las divinidades actúen de nuevo a mi favor y Harry no salga huyendo, en nuestra próxima cita tendré que compensarle mi estupidez repentina de hoy.

Asiento mirando a sus ojos y por respuesta, me besa en la frente. En los ojos. En la barbilla. En las comisuras. En los labios. Qué dulce es...

Entramos al coche en silencio y tan solo la música nos acompaña durante el trayecto de vuelta.

Intento dejar la mente en blanco para no pensar en lo estúpida que soy por estropear esta noche, en los recuerdos tristes que me arañan la piel o simplemente en lo que pueda pensar Harry de mí.

Desde el primer día he intentado mostrarme como una persona fuerte, pero incluso yo puedo flaquear. El caparazón que me rodea se resquebraja más de lo que debería y cuando eso ocurre, las lágrimas se abren paso.

Se me da bien, bastante bien, esto de suspender los pensamientos durante un corto periodo de tiempo. Tan solo hay que centrarse en un color en concreto: el negro. El color más oscuro de todos te hace divagar la mente, encontrar paz y estabilidad, estar fuera de peligro de crisis nerviosa en mi caso.

Incluso cuando los ataques de ansiedad me atenazan, cierro los ojos e intento vislumbrar oscuridad.

Antes de que pueda darme cuenta, estamos cerca de mi casa. Reconozco el grafiti pintado que hay dos manzanas antes de llegar. Es de una niña pequeña volando un diente de león. Ojalá fuese tan fácil deshacerse de los miedos y los malos recuerdos como eso.

Harry aparca el coche delante de mi puerta y nos quedamos en silencio.

-María, ¿quieres que me quede?

-Sí, por favor.

Las palabras salen raudas de mis labios. El desasosiego es más que latente.

La calle está casi desierta, salvo por una pareja de ancianos que pasean cogidos de la mano.

Harry no sonríe, no frunce los labios para reprimir un gesto gracioso. Su rostro es inescrutable y serio. Parece... ¿preocupado? ¿Por mí? Tengo que estar equivocada. El vino...

¡Eso ha sido! El vino ha abierto la vereda a todos mis demonios. No tendría que haber bebido más de la cuenta.

Haciendo un cálculo rápido, la menstruación me bajará la semana que viene y por eso ando más sensible de lo normal.

Si al descontrol hormonal le sumamos vino, tenemos el cóctel molotov perfecto: yo llorando.

Harry desconecta las llaves y antes de salir, hace una llamada por teléfono.

-¿Podrías venir a recoger el coche? Sí, en su puerta. Bien, espero.

Me hace un gesto para que salga del automóvil y le obedezco. Nos sentamos en las escaleras de mi edifico, esperando no sé a quién ni a qué.

Mis respuestas encuentran salida cuando al cabo de diez minutos aparece Jason en coche, solo que esta vez él es el copiloto. No consigo reconocer a quien conduce pero deduzco que forma parte del grupo de seguridad de los chicos.

-Hola, María-me saluda el recién llegado.

-Buenas noches, Jason.

Mi voz suena autómata y sin vida. Esto solo va en peor.

Quizás debería pedirle a Harry que me dejase dormir sola hoy...pero la parte egoísta de mí es mucho mayor.

-Recógeme mañana sobre las 6 y cuarto.

-De acuerdo. Hasta mañana. Buenas noches, María.

Le despido con la mano y me levanto del escalón.

Harry está detrás de mí cuando abro la puerta, y me sigue dentro.

Subimos a mi habitación, de nuevo en silencio y cuando cierro la puerta tras de mí, me siento en el borde de la cama.

Me tumbo en el colchón, apoyándome sobre mis manos cruzadas y respiro profundamente. Me siento una auténtica imbécil por haber echado por alto una noche tan especial.

-Eh...-oigo a Harry y me incorporo.

Está en el suelo de cuclillas. Acerco mi mano hasta su pelo y despejo su frente. Qué guapo es.

-Lo siento.

-No tienes que pedir perdón.

-Siento haber estropeado la cita.

-No te preocupes, María.

-Por mi culpa estás encerrado de nuevo.

Intento no pensar mucho en el hecho de que me haya confesado que le encanta estar al aire libre por lo complicado de su situación y que por mi culpa, de nuevo esté entre cuatro paredes.

Para mi sorpresa, se echa a reír.

-¿Estás preocupada porque me acabas de encerrar en tu habitación? ¿De veras?

Lo miro perpleja. Sí, es lo que acabo de decir. ¿De qué se ríe?

-¿Sabes la suerte que tengo de que te quieras encerrar aquí conmigo? Anda, levanta y quítate el vestido sino quieres que te lo arranque yo.

¿Qué él tiene suerte? ¿Y entonces cómo he de llamar yo a la infinita potra que he tenido con él?

¿No se da cuenta de que él es el premio gordo? ¿La estrella que más brilla?

Niego con la cabeza y por primera vez desde que salimos del lago, consigo esbozar una sonrisa.



Cuando vuelvo del cuarto de baño estoy desvestida totalmente salvo por las braguitas negras y Harry me mira impasible desde la cama. Él está vestido tan solo por unos calzoncillos también negros. Por eso, y por la tinta que cubre su pecho.

Retira la ropa de la cama para que entre a su lado y en cuanto me dejo caer, me abraza con fuera apretándome contra él. Mi piel entra en contacto con la suya y arde en llamas.

Nos encontramos tumbados de lado, mirándonos de frente. Acaricia mi mejilla con suavidad y sus ojos verdes centellean.

-Me lo he pasado muy bien hoy. ¿Y tú?

Sé que lo dice para animarme y aunque eso hace que me sienta peor, quiero que vea que no soy tan solo un mar de lágrimas.

-También. Lo siento.

-O dejas de disculparte o voy a tener que follarte y no quiero.

-¿No?-ahogo un grito.

-Esta noche vamos a dormir juntos. Sé que estás mal aunque no me quieras contar nada. Quizás en otra ocasión...-medita un poco y las mariposas en mi estómago revolotean-Vamos a darnos mimos y abrazos, como un par de viejecitos. Y si por la mañana estás bien, tendremos sexo antes de irme.

Me echo a reír ante la sus palabras y le beso en el pecho. Qué dulce es.

-Gracias por quedarte.

-Gracias a ti por ir casi desnuda, es toda una alegría para los sentidos.

Pongo los ojos en blanco.

¿Es que él no se ve? Es toda una delicia. No me extraña que la gente se lo coma con los ojos.



-¿Estás mejor?-pregunta tras unos minutos en silencio.

-Sí.

-¿Quieres hablar del tema?

-No. No quiero que me veas triste.

-No creo que estés más fea de lo normal.

Le pego suavemente y me pongo de morros. Giro hacia la izquierda en la cama para alejarme de él y le doy la espalda.

Oigo como se ríe por lo bajo y se acerca hacia mí muy despacio.

-Ven aquí, venga.

Sin previo aviso, me ataca con cosquillas. Mi piel desnuda se eriza ante su contacto y siento cómo me queman todas las células de mi cuerpo.

Nos enzarzamos en una pequeña batalla que estoy segura me deja ganar. Me coge para estrecharme contra su pecho y por segunda vez, sonrío. Harry tiene la habilidad de calmarme y hacer que mis miedos huyan de una patada en el culo.

Sus manos recorren mi espalda desnuda y aunque no estemos debajo de las estrellas, me siento tan contenta en este momento que es como si todo el universo estuviese encima de nosotros.

-¿Quieres que desayunemos juntos mañana?

-No hace falta. Ya tomaré algo de camino al estudio.

-¿Mañana toca estudio?

-Sí. ¿Tú que harás?

-Ir a trabajar. Mañana tengo que ir a la oficina...

-¿No te gusta?

-No mucho. Prefiero trabajar desde casa, estoy más tranquila y así puedo quedarme todo el día en pijama...

-...o en ropa interior-me corta.

Nos reímos juntos y besa mis labios con delicadeza. Mi estado de ánimo ha cambiado notablemente. A penas siento ya la desazón.

-¿Sigues mañana sola en casa?

-Creo que no...Mañana llegan los chicos.

-¿Te apetecería venir a cenar al hotel? Podríamos pedir algo para mi habitación. Nada de riesgos.

Me acuerdo de su habitación y las vistas tan increíbles que tenía a Central Park. Seguro que paga una pequeña fortuna por ella. Además, es mucho más factible que vaya yo allí que el que Harry se presente en esta casa de locos.

-Claro.

Sus labios atrapan los míos de nuevo y le mordisqueo juguetonamente. Sé que esta noche no quiere que la cosa pase a mayores y se lo agradezco, pero mis hormonas no piensan lo mismo.

Cierro los ojos tras apagar la lámpara de la mesita de noche, dispuesta a dormirme. Cuánto antes duerma, antes me levantaré y antes volveré a tenerle dentro de mí. Estoy ansiosa y aún quedan horas.

Tras unos minutos en duermevela, me acuerdo de que no puse la alarma del teléfono y que Harry, a pesar de que sí la haya establecido, no hará caso de ella. Tiene el sueño muy profundo. Normal, no tiene que llegar a hora a la oficina, es el trabajo el que siempre va en su busca.

-Gracias por quedarte-le digo a sabiendas que está durmiendo.

En cuanto cierra los ojos, el sueño siempre se apodera de él y queda totalmente K.O. Veo sus labios moverse torpemente. A veces balbucea, aunque no consigue hilar palabras.

Es de las personas que sueñan vívidamente y pueden confundir la realidad. La primera vez que le vi farfullar me temí lo peor. ¿Y si me contaba algún secreto del cual no debería enterarme? ¿Y si me llamaba por otro nombre? ¿Y si me dijese "Taylor, te echo de menos"?

El hecho de que mencione a alguien significaría algo mucho más allá de lo que estoy dispuesta a tolerar.

Mi mundo se haría añicos y no podría siquiera echarle nada en cara.

-María...

Se me hiela la sangre en cuanto escucho con nitidez mi nombre. ¡Ha dicho mi nombre! ¿Está soñando conmigo? Me acurruco entre su pecho y beso su barbilla. Se mueve entre gemidos placenteros.

Oh, Harry...eres todo un encanto. Qué atractivo.

Tras la tormenta, viene la calma bajo el nombre de Harry Styles.

Me duermo con una sonrisa enorme en la cara tras haber oído cómo pronuncia mi nombre en sueños, arropada en sus brazos, escuchando el latido de su corazón y pensando cómo podré sorprenderle mañana en la cena.

Puede que después de todo, tengamos una segunda cita.


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