Narrador
Jennie intentaba con todas sus fuerzas no dormirse en clase, sus parpados pesaban y su cuerpo estaba levemente adolorido. Había llegado a su apartamento pasadas las dos de la madrugada y a las seis ya estaba nuevamente de pie, lista para ir a la universidad. A veces maldecia su trabajo, pero luego recordaba que es el que paga sus cuentas y tambien su estudio en una de las universidades mas prestigiosas de Seúl y Corea del sur.
Tenia el codo apoyado contra el pupitre y la mejilla descansando en su palma, sus ojos se cerraban por si solos, cuando los abrió con un sobre salto, al escuchar su apellido.
—¿Kim? —Jennie levantó la cabeza de golpe, notando que toda la clase la observaba, incluida la profesora que permanecía de pie frente al tablero con el marcador entre los dedos.
—¿Podría responder la pregunta? —volvió a preguntar, ya que parecia que su alumna no le habia escuchado la primera vez.
Jennie pestañeó varias veces, había estado mirando el cuaderno sin leer una sola palabra y la verguenza comenzó a apoderarse de ella, porque todos seguian mirando y la profesora seguia esperando una respuesta.
—Lo... siento —un murmullo recorrió el salón, porque era extraño verla así.
Jennie Kim era de las mejores alumnas, siempre respondía, entregaba todo y por supuesto, siempre estaba preparada.
—Está bien —la profesora le sostuvo la mirada unos segundos, antes de voltearse y continuar con la explicación, pero no pudo evitar volver a mirarla un par de veces.
Tenía unas ojeras suaves bajo los ojos, el cabello, normalmente impecable, estaba recogido con más prisa de la habitual y había perdido ese brillo atento que siempre mostraba en clase.
Algo no estaba bien y se notaba.
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Cuando sonó el timbre, los estudiantes comenzaron a guardar sus cosas y a salir apresurados, otros simplemente salian entre charlas animadas.
—¿Vamos a comer? —preguntó Jisoo mientras colgaba el bolso sobre su hombro.
Jennie estaba por responder cuando escuchó aquella voz.
—Señorita Kim —las conversaciones disminuyeron, Jennie levantó la vista y la profesora seguía junto al escritorio —¿Podría quedarse un momento?
—Claro, profesora —Jennie miró a Jisoo y le hizo una pequeña seña con la mano y murmuró un "Después te alcanzo." Jisoo levantó el pulgar antes de salir junto al resto del grupo.
En cuestión de segundos, el salón quedó completamente vacío, solo quedaron ellas dos, la profesora terminó de guardar unos documentos dentro de su maletín y Jennie caminó hasta quedar frente al escritorio.
—¿Ocurrió algo, señorita Manobal? —preguntó algo tímida por lo sucedido hace un rato
—Sí —Lisa la miró con precupación.
—¿Qué sucede? —Jennie frunció ligeramente el ceño y Lisa cruzó las manos sobre la mesa.
—Estoy preocupada por usted —dijo sin titubeos.
—¿Por mí? —Jennie arqueó una ceja.
—Ha bajado significativamente sus notas —hubo un pequeño silencio —No sé cómo le esté yendo en las demás asignaturas, pero... en la mía está teniendo un rendimiento muy por debajo del que suele mostrar —su tono seguía siendo amable, pero profesional —Y le pido disculpas por ser tan franca.
Jennie apenas escuchó el final de la frase, porque su atención se había quedado atrapada en otra parte, los labios de Lisa moviéndose con esa tranquilidad elegante con la que siempre hablaba y sin darse cuenta, humedeció lentamente los suyos.
Cuando reaccionó a lo que acababa de hacer, sacudió apenas la cabeza para volver al presente.
—Es que... —suspiró exageradamente —Su materia es muy difícil, entiendo que debo de aprender ingles, pero... ¿tailandés y Japonés?
—Yo no inventé las reglas —Lisa sonrió apenas al ver la expresión de su alumna completamente resignada.
—¿Qué me recomienda, señorita Manobal? —la pregunta salió con un tono inocente, casi mimado y con un leve matiz juguetón que contrastaba por completo con la seriedad que mantenía durante las clases.
Por dentro, Jennie casi se reía, porque conocía perfectamente a su profesora.
—Le recomendaría buscar un tutor —hizo una pausa —Eso seria lo más ideal en su caso
—¿Y usted? —Jennie apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—¿Perdón? —Lisa parpadeó.
—¿Podría darme clases extra? —hubo un breve silencio y luego Lisa negó con suavidad.
—Lo siento —comenzó a cerrar su maletín —Soy una mujer bastante ocupada.
—Le pagaré —Lisa soltó una pequeña risa, casi imperceptible.
—No necesita hacerlo.
—Insisto —por dentro Jennie estaba que soltaba una carcajada, por lo ironico que sonaba aquello ¿ella pagandole a Manobal?
—No es por dinero —terminó de guardar sus cosas —Puede contratar a alguien más, que si necesite el dinero, estoy segura de que encontrará un excelente tutor —se incorporó, acomodando la correa del bolso sobre su hombro.
—Profesora... —Jennie dio un paso adelante y sin pensarlo demasiado, tomó con suavidad su antebrazo para detenerla.
Fue apenas un segundo, pero bastó para dejar a Lisa lo suficientemente cerca como para percibir con claridad el perfume de Jennie. Su respiración se interrumpió y aspiró casi de forma involuntaria el aroma suave, elegante, con notas florales y un fondo ligeramente amaderado.
Lo conocía demasiado bien y su expresión cambió apenas un instante.
Frunció ligeramente el ceño. No, era imposible... ese perfume, era exactamente el mismo que envolvía a Ruby Jane cada vez que se acercaba al borde del escenario para recibir el sobre y aquella tarjeta que nunca aceptaba usar.
Nunca antes había estado tan cerca de Jennie, nunca había tenido oportunidad de percibirlo con tanta intensidad y durante un segundo, dos imágenes se superpusieron en su mente. La estudiante de aspecto agotado frente a ella y la mujer enmascarada iluminada por luces rojas deslizándose alrededor del tubo con una elegancia y seguridad abrumadora.
Lisa apartó el pensamiento casi de inmediato y se obligó a sí misma a recuperar la compostura, no podía sacar conclusiones por un perfume. Miles de personas podían usar la misma fragancia y aun así... aquella coincidencia consiguió acompañarla mucho después de abandonar el salón, mientras Jennie observaba cómo la profesora se alejaba por el pasillo con una pequeña sonrisa escondida en las comisuras de los labios.
Pov Lalisa
Nunca me había alegrado tanto de que fuera viernes, guardé la última carpeta dentro de mi maletín, salí del edificio de Humanidades y respiré profundamente. Había sido una semana agotadora entre clases, reuniones y una negociación que todavía seguía dándome vueltas en la cabeza.
Lo único que quería era llegar a casa, cambiarme y despejar la mente antes de la función de esta noche. Porque sí, volvería al club como todos los viernes, como una rutina que ya no intentaba justificar.
Caminaba hacia el estacionamiento cuando un silbato agudo cortó el aire, giré por simple reflejo hacia la cancha de voleibol. Había un partido de entrenamiento y varias alumnas corrían de un lado a otro entre risas, gritos y el sonido seco del balón golpeando las palmas.
No pensaba detenerme, hasta que la vi.
Allí estaba Kim, llevaba el uniforme deportivo de la universidad, el cabello recogido en una coleta alta que se movía con cada salto. Sus piernas respondían con rapidez a cada jugada y, aunque se veía cansada, seguía siendo una de las más ágiles de la cancha.
Ni siquiera sabia que jugaba, tal vez necesitaba puntos extras en otra asignatura, o tal vez simplemente le gusta el deporte o... ¿por qué me estoy preguntando que mierda hace Kim jugando con un balón?
Entonces pidió un tiempo y caminó hasta un lado, respirando con dificultad, tomó un sorbo largo de agua y dejó la botella a un lado junto a una banca cerca de las gradas y sin pensarlo demasiado, tomó el borde de su camiseta deportiva y la levantó apenas para secarse el sudor de la frente.
Mi respiración se detuvo, no porque estuviera haciendo algo indebido, simplemente... su abdomen apareció durante un instante, marcado y atlético, era el cuerpo de alguien que entrenaba mucho más de lo que una estudiante promedio necesitaba, su cintura era pequeña y perfecta.
Pero hubo algo más, era la manera en que se movía, la elegancia de sus brazos, la flexibilidad de su postura y la línea de su cintura... algo en todo aquello me produjo una sensación incómodamente familiar.
Mi cabeza hizo una asociación absurda.
¡No! Sacudí el pensamiento de inmediato, era ridículo. Ruby Jane y Jennie Kim no podían parecerse, solo estaba cansada y eso era todo.
Seguí caminando hasta mi auto, dejé el bolso en el asiento del copiloto y cerré la puerta, apoyé ambas manos sobre el volante unos segundos antes de soltar una risa incrédula.
—No puede ser... —negué lentamente con la cabeza —Ahora también vas a pensar en tu estudiante... ¿Qué te pasa, Manobal? —suspiré, mientras encendía el motor.
Las pantallas iluminaron el interior del automóvil, puse la reversa y sin saber exactamente por qué, levanté la vista hacia el espejo retrovisor. La cancha seguía viéndose desde allí y Jennie acababa de regresar al partido, saltó para bloquear un remate y el sol de la tarde dibujó por un instante la silueta de su figura mientras aterrizaba con una precisión impecable.
Mis ojos permanecieron un segundo más de la cuenta y me descubrí mordiéndome ligeramente el labio inferior.
¡Maldita sea! aparté la vista de golpe, compórtate Manobal, es tu alumna.
Amigues, esta será la versión G!P.
De igual manera la versión GxG, también la estaré publicando en el perfil, espero que la disfruten y le den amor a ambas, los tqm