El sol de la tarde comenzaba a ocultarse, a pesar de eso el cielo se encontraba despejado, dando una vista hermosa del horizonte. Las olas chocaban contra la orilla, la marea estaba subiendo, el agua estaba a un buen nivel para pescar. Lucía como un clima de playa perfecto... O al menos lo sería si tan solo no estuvieran ahí por haber naufragado...
Kawamura y Nakamura miraban con desasosiego lo poco que se había podido salvar del yate reunido bajo la sombra de una palma: cuatro botellas de agua, un paquete de galletas de sal y dos pequeños envases sellados de ramen instantáneo.
-¿Cuánto tiempo crees que dure la comida? -le preguntó la chica de trenzas con pesar a su amigo sentado a su lado.
-Siendo optimistas... creo que alrededor de 2 días si sabemos manejarlos... -respondió el pelinegro viendo fijamente los suministros.
-¿Tú crees? -a pesar de saber la respuesta, en la voz de la muchacha había algo de esperanza.
-No, probablemente se acabe mañana. -declaró el jóven de flequillo con una sinceridad deprimente.
Por otro lado, a un par de metros de ahí, quienes se supone deberían estar construyendo un refugio improvisado para sobrevivir la primera noche, no paraban de discutir por quién era el culpable de estar en donde estaban en ese momento.
-¡Te dije que no nos alejáramos tanto de la costa a esas horas de la madrugada! ¡Pero el señorito tenía que buscar 'el plano perfecto en mar abierto' para su estúpida película! ¿¡Qué se supone que vamos a hacer sin yate, sin capitán, sin un mapa y en una isla en medio de la nada!? -reclamaba Reiko mientras recogía algunas ramas secas para encender (o al menos intentar hacerlo) una fogata.
-¿¡Se supone que es mi culpa ahora!? ¿¡Cómo iba a saber yo que habría una tormenta tan de repente!? Además, nadie te invitó a ti, si estás aquí es por decisión propia. -se quejó Tamura mientras todavía trataba de encender su cámara.
Nakamura y Kawamura los observaban desde lejos con una mezcla de preocupación y exasperación. La situación era ridículamente aterradora: el sol se estaba poniendo, no tenían mucho para sobrevivir y sus dos amigos mayores, quienes se supone deberían ser la voz de la razón, seguían peleando como niños por tenerla.
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Todo comenzó con un concurso de cinematografía a nivel nacional, en el cual, como cualquier estudiante de quinto semestre en Comunicación Audiovisual enamorado del cine, Arandou Tamura se inscribió para intentar brillar como cineasta, sueño que tenía desde que era pequeño.
Buscó a sus amigos para que le ayudaran a grabar y actúen como protagonistas en la película. Realmente tuvo que insistir mucho, pero al final logró tener a su staff completo conformado por Nakamura Okuto, Kawamura Hifumi, otros amigos de la universidad y, de camino a la ciudad en la que iban a hacer el rodaje, se encontraron con Reiko, quien se ofreció a recopilar más información, corregir errores y ayudar con efectos especiales para que el filme se vea más realista.
El lugar acordado para la realización de la película fue Yokohama, pues era una ciudad con salida directa a mar abierto, un sitio que ya muchos conocían y, para sorpresa de todos, era también donde vivían y trabajaban los padres de Tamura.
El cortometraje trataba sobre un grupo de amigos que salía de vacaciones en el yate de uno de ellos. Todo parecía normal hasta que el personaje principal, protagonizado por Nakamura, despierta en medio de la noche y se da cuenta de que está completamente solo.
Después de buscar un poco, sin encontrar a absolutamente nadie, encuentra los cuerpos sin vida de sus amigos flotando en el mar al salir y acercarse a los bordes. Por curiosidad y desesperación se tira al agua para comprobar el pulso y razón de muerte, sin embargo algo lo jala hasta el fondo, solo para luego despertar de golpe y descubrir que todo había sido un sueño.
Así pues, sale a dar un paseo afuera del yate para despejar la mente y se encuentra con una de sus amigas, interpretada por Kawamura, quien tampoco podía conciliar el sueño. Tras charlar un poco, salen a hacer una pesca submarina nocturna, que termina en desastre, pues como en el sueño del protagonista, algo los arrastra hasta la oscura profundidad del océano.
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Todo parecía estar yendo tal como lo habían planeado, acabaron de grabar y editar gran parte del cortometraje las primeras dos semanas en que llegaron. A pesar de sus horarios de filmación bastante apretados y las exigencias del cineasta que los tenía haciendo repetir tomas ante el más mínimo error, todo estaba saliendo como lo esperado...
Sin embargo, la fecha límite para entregar el corto a la fase local se estaba acabando y el joven guionista y director decidió arriesgarse e ir unas horas antes de lo normal a mar abierto a concluir la última escena con Nakamura y Kawamura. Poco le importaron las advertencias de Reiko sobre las leyendas de la zona y las sugerencias del capitán sobre esperar un poco más, pues el clima en altamar podía ser traicionero y peligroso, especialmente a tales horas de la madrugada.
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Cuando se alejaron lo suficiente del puerto, el rodaje continuó con normalidad en el yate, incluso el clima fue ''favorable'' en palabras del chico de boina, puesto que apareció una ligera neblina que hizo que el ambiente fuera ideal para la escena del desenlace, y así fue como grabaron... ¿Y cómo negarlo? Culminaron con éxito, Tamura se encontraba más que satisfecho con el resultado, hablando de como lo iban a editar más tarde y de las probabilidades que tenían de ganar.
Todos estaban riendo y bromeando sobre el asunto al terminar, incluso Nakamura que había sido quien más se quejó por toda la situación y cambio de horario repentino de la grabación en un principio.
Todo parecía demasiado calmado, pacifico... pero Reiko aún se encontraba algo inquieta, y esta inquietud aumentó cuando notó que ya no se veía tierra firme por ningún lado debido a la espesura de la niebla, misma niebla que los ayudó a grabar, misma niebla que había parecido 'oportuna' en su momento.
Trataron de mantener la calma y no entrar en pánico, tomando la decisión de cambiarse y dormir en el yate lo que quedaba de la noche en lugar de intentar volver a la playa a ciegas y exponerse a perder el rumbo por completo. Así pues, fueron a descansar... Solo para despertar a la mañana siguiente y darse cuenta de que realmente estaban varados en la nada.
Trataron de llamar a alguien, pedir ayuda de todas las formas posibles, pero fue imposible, no había señal y nadie respondía sus llamadas, incluso el GPS y radio incluídas en el yate dejaron de funcionar. Para empeorar la situación, una tormenta los atacó más tarde; las olas eran anormalmente gigantescas y los rayos parecían realmente tener la intención de hundir el barco.
El último recuerdo del grupo era que una ola los cubrió por completo y volteó el yate, tirándolos al mar y casi ahogándolos en el proceso, de hecho, aún les era irreal creer que seguían vivos, pues la situación fue tan repentina y desmesurada que fácilmente pudo haberlos matado.
Por otro lado, cuando abrieron los ojos, estaban en aquella isla que parecía enorme pero desolada, no estaban tan alejados el uno del otro, no les costó trabajo encontrarse. El barco y su capitán habían desaparecido, algunas de las cosas que tenían ahí llegaron por si solas con la marea o ya estaban cerca de ellos.
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Después de haber estado peleando casi toda la tarde, Aokiyama y Tamura con la ayuda de Kawamura y Nakamura, construyeron un pequeño refugio improvisado con ramas y hojas para dormir esa noche. También encendieron una pequeña fogata y decidieron comer las galletas esa noche. Les quedaban únicamente dos botellas de agua y los envases de ramen que preferían guardar para los días que vendrían, pues era evidente que no serían fáciles.
Además de eso, al día siguiente esperaban adentrarse en la isla para buscar suministros.
-¿Creen que logremos encontrar comida y agua? -preguntó de pronto Hifumi mientras se llevaba una galleta a la boca.
-Esta parece ser una isla tropical, deberíamos tener muy mala suerte para no encontrar nada... -trató de tranquilizarla Nakamura.
-Y como probablemente toda nuestra buena suerte probablemente se acabó manteniéndonos vivos después de esa ola... -se lamentó Aokiyama.
-¿Puedes dejar de ser pesimista? -preguntó algo molesto Nakamura.
-No es pesimismo, es realismo, hay que prepararnos para todo lo malo que pueda pasarnos después de esto, ¿no sé dan cuenta de que estamos, literalmente, bañados en sal? -se defendió-. De ahora en adelante nos acompañará el mal presagio y la mala suerte caminará a nuestro costado, tendremos suerte si mañana despertamos vivos -murmuró en un tono conspirativo acercándose a la pelinegra que palidecía con cada palabra que escuchaba, la luz y las sombras que proyectaba la fogata parecía darle más peso a sus palabras.
-Dejate de tus tonterías de malos presagios y mala fortuna, ¿Quieres darle un espanto a mi co-protagonista? -la regañó el cineasta, dándole un golpe en la cabeza a la peliceleste con una ramita que encontró por ahí.
-¿¡Darle un espanto yo!? Yo creo quien le dio el espanto primero fue la persona que nos puso en esta situación en primer lugar -contraatacó la chica.
-¿¡Cuántas veces más vas a repetir eso!? ¿No tienes otro argumento con el cual defenderte? -exclamó ofendido, sus mejillas enrojecieron un poco en una mezcla de molestia y vergüenza que claramente no admitiría.
-Oww, ¿Te ofendí? -se burló Aokiyama con una pequeña sonrisa.
Sin poder soportarlo más, el director de cine se abalanzó contra la chica quien claramente se defendió. De mientras, los dos azabaches los observaban con cansancio.
-De nuevo se pusieron a pelear... ¿Cómo es que aún les queda energía para eso? -murmuró en voz baja Kawamura.
-Esta noche será demasiado larga... -suspiró Nakamura.
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Mientras tanto, muy lejos de la brisa marina de la playa y los gritos de ambos muchachos que seguían discutiendo, en el corazón de la isla se desarrollaba un escenario sumamente distinto, además de macabro por decirlo menos...
-Mi señor... lamento interrumpir su... cena -la voz del jóven mayordomo cortó el silencio de la opulenta sala.
El pelicastaño a quien iban dirigidas aquellas palabras levantó la mirada con interés ante la noticia de su fiel sirviente, soltando al hombre en quien tenía clavados los colmillos, y dejando caer su cuerpo inerte al frío suelo de cerámica, con un golpe seco.
Se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano para luego lamer la sangre residual de ahí antes de finalmente responder.
-¿Hay más noticias sobre el barco en el que llegó este tipo? -Pasó de largo junto al cadáver-. Estaría encantado de que hubieran llegado más humanos, este en especial ha sido un desperdicio, el sabor de su sangre es horrible, seguramente tenía el hábito de fumar seguido, que asco, una verdadera perdida de tiempo.
-Bueno, pues entonces le fascinará escuchar esto... Y es que está usted en lo correcto, tenemos más "invitados". Cuatro para ser exactos, me parece que son bastante jóvenes, al menos esa es la información que nos ha dado las sirenas -tras la respuesta del pelinegro, el silencio reinó en la habitación por un largo periodo, los ojos rojos como rubíes del pelicastaño volvieron a ese tono miel tan cálido e inofensivo en un parpadeo. Sus colmillos también se retrajeron sobre sí y en su mirada apareció un destello de curiosidad y emoción.
-¿Lo dices en serio, Ōmori? ¿¡De verdad!? -preguntó mientras lo sujetaba de los hombros al otro, sacudiéndolo sin tacto.- ¡Si de verdad es así, son noticias realmente maravillosas! Podré quitarme ese sabor a nicotina de la boca y de paso divertirme un poco, ¡Rápido, cuéntame más!
-Cálmese, por favor -pidió, retirando las manos del pelicastaño de sus hombros y mirándolo con exasperación-. Todo lo que sé hasta el momento es que ellos llegaron en el mismo yate que el hombre del que se acaba de alimentar -el chico dio un paso atrás para acomodarse sus lentes- La marea los arrastró uno a uno hasta la playa, actualmente siguen en la orilla -explicó el criado ante la insistencia de su amo- Se nota bastante interesado en ellos.
-¿Cómo no estarlo? Después de beber sangre tan terrible como la de aquel individuo, un manjar dulce es justo lo que necesito, además, como son jóvenes me han de dar también algo de entretenimiento ¡No puedo esperar para conocerlos! -comentó con la emoción a flor de piel mientras se apresuraba a subir las escaleras.
-¿A dónde va? -preguntó Ōmori cuando logró encontrar su voz de vuelta.
-¿No es obvio? -devolvió la pregunta con una sonrisa-. Deberíamos darles una buena bienvenida a nuestros huéspedes antes de su última cena ¿No crees...?
Dicho esto, continuó caminando con una sonrisita pero se detuvo antes de llegar a la cima de las escaleras.
-Por cierto, Ōmori. Prepara cuatro habitaciones para nuestros invitados de honor -ordenó el pelicastaño.
-Me temo que solo hay tres habitaciones disponibles, mi señor -se explicó el de lentes.
-Pues habrá que darle la tuya a uno de ellos.
-Pero... -Ōmori soltó un suspiro-. Lo que ordene, señor... ... ¿Y qué hago con esto? -preguntó señalando al cadáver.
-Meh, limpia y dáselo a las sirenas como de costumbre, no vale la pena conservar su sangre asquerosa y de baja calidad -dijo con completa seguridad antes de finalmente desaparecer en el pasillo al final de las escaleras.
Al mayordomo no le quedó de otra más que obedecer, con una seña de mano hizo levitar al cuerpo y salió por la puerta trasera de la mansión con el cuerpo sin vida flotando tras él.
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Holaaaa, bueno pues finalmente está historia volvió y ya corregí muchísimas cosas y aumenté otro par, creo que se nota bastante, este es el que más cambié.
Si eres nuevo, bienvenid@
Las actualizaciones, como ya había dicho, serán los miércoles, al menos por las próximas 4 semanas fijas ajsjsjjs
Y por último, quería preguntar desde ya, que ships les gustaría ver???
(La historia no cambiará mucho con respecto a cada opción, simplemente la relación entre personajes se manejará distinto xd)
Nos vemos el miércoles, chauuu 🥳
Psdt: si ven errores, avísenme sin pena