Él sabe lo que quiere.
Y está acostumbrado a conseguirlo.
Ella no estaba buscando nada. Mucho menos a alguien capaz de poner su mundo de cabeza con una sola mirada.
Lo que comienza como un encuentro que parece insignificante pronto se transforma en un juego donde ninguno de los dos está dispuesto a ceder. Entre orgullo, deseo, provocaciones y secretos que todavía no han salido a la luz, ambos descubrirán que algunas personas pueden convertirse en una obsesión antes siquiera de tener la oportunidad de convertirse en amor.
Porque cuando dos personas acostumbradas a tener el control se encuentran, alguien siempre termina perdiéndolo.
Y quizás el verdadero peligro no sea enamorarse.
Quizás sea descubrir que, cuando el ego deja de ser suficiente, hay sentimientos que ya no pueden esconderse.
El ego desafía.
El amor desnuda.
Y algunas historias no terminan cuando deberían.
Simplemente nunca debieron de existir.