Margaret se sentía muy nerviosa, ir al cerro ella sola la ponía tensa, empezaba a creer en todo lo que había soñado... ¿Porque esos sueños parecían más a recuerdos? Tenía que descubrir si era real o no.
Todo empezó por no saber de su papá, de su mamá sabe por qué su abuela Enriqueta se encargó de que ella pudiera tener un recuerdo de su madre, sin embargo, por una extraña razón sabe que el color de sus ojos son de su padre. Su papá esa persona que cada vez que dice la palabra papá, su corazón se estruja como si solo mencionarlo quisiera correr a sus brazos. En sus sueños veía a un tipo de cabello negro, piel blanca pero áspera que le recordaba a las donas blancas que le gustan, una sonrisa un poco tétrica pero no le asustaba, en sus sueños recordaba que él le llamaba mocosa. También soñaba a gente de aspecto raro, aparte de su papa, tenía tres tías y ocho tíos, uno de esos tíos tenía el cabello castaño rizado de ojos color café claros, llevaba un cubre bocas y unas gafas redondas color naranja, era con el que también tenía muchos sueños... cada vez que soñaba con esas personas se sentía en casa, como si nadie la hiciera sentir menos o un bicho raro.
La combi ya iba a llegar al destino que tenía que llegar ¿cómo sabia? Porque conforme avanzaba ya no veía tantas casas solo árboles. Las manos empezaban a sudarle el olor a tierra mojada también empezaba llegar a sus fosas nasales, sin mencionar que ya se estaba haciendo de noche, agarraba fuerte su mochila vieja como si fuera su salvavidas en ese momento.
Al ver una capilla vieja es cuando le grita al chofer para bajar, paga su pasaje y sale de la combi con un nudo en la garganta, rodea la capilla para seguir a su destino, pasando por la puerta que estaba en el arbusto grande que dividía la capilla del resto del cerro. Mientras caminaba se seguía preguntándose si era buena idea, hasta que se escucharon los pasos tranquilizándose, sabía que ese "alguien" la estaba cuidando.
Si no mal recordaba fue desde que tenía cinco seis años, su abuela y tíos tenían que irse a trabajar dejándola sola y por alguna extraña razón había alguien que la cuidaba ¿y cómo lo sabía? Fácil, después de jugar en su cuarto la comida que le dejaba su abuela estaba caliente nunca fría, si quería ir a la tienda ya no tenía que hacerlo pues en la entrada de la puerta ya tenía las cosas que quería, sin mencionar que se oía ruido en la casa como si hubiera alguien, cuando salía a jugar y aventaba la pelota cayendo a la maleza atrás de su patio alguien se la aventaba de vuelta así jugando por varias horas, cuando se quedaba dormida en el piso siempre aparecía en el sillón, empezó a creer que eran sus papas cuidándola, porque no encontraba otra explicación.
Ya iba a mitad del camino cuando un sentimiento de tristeza surgió en su pecho, mira a todos lados para asegurarse de que no había nadie así dejando que se deslizaran las lágrimas sobre sus mejillas sin intenciones de limpiarlas. Caminando recordaba como desde niña sentía que había algo mal en ella, socialmente no tiene problemas le es muy fácil hablar, el problema era su "yo interno" esa parte que se empeñaba a esconder. Le encantaba pellizcarse los brazos desde los seis hasta los ocho que fue cuando su abuela le descubrió los brazos con moretones, ahí fue cuando empezó la locura de los doctores ya que cuando le llamo la atención hizo un berrinche descomunal que hasta sus tíos les dio miedo; les aventó cosas, se golpeó la cabeza repetidas veces en el suelo o en donde fuera, se rasguño la cara hasta que se sacó sangre, gritaba y pataleaba hasta que callo rendida por el cansancio.
Después de ese suceso paso tres años yendo a un hospital especializado en trastornos mentales y de más cosas de la cabeza, la diagnosticaron con TDA y TEI, para evitar que se siguiera haciendo daño la llevaron a terapias y también la medicaron, su familia no la trataba como un bicho raro, pero sus conocidos si haciendo que le hirviera la sangre de coraje, tenía tantas ganas de agarrar el martillo de su tío y pegarles una y otra vez hasta que se les salieran los sesos de la cabeza, pero como no quería ver llorar a su abuela de nuevo por su comportamiento, mejor evitaba no hacerlo, eso si no podía evitar sonreír a esos pensamientos.
Al reaccionar por donde caminaba miro la pequeña cruz de madera que se encontraba bajo un árbol, ya había llegado, soltando un suspiro lloroso camina hacia ella sentándose en cuclillas, toca la cruz que tenía escrito "Aquí murió María Quirina Robles Hernández, 20xx - 20xx, tu familia siempre te recordara". No entendía en que momento nació ella, su abuela le cuenta que cuando llego a la casa estaba acurrucada en una canasta envuelta en cobijas muy bonitas que, como toda buena abuela mexicana las seguía guardando, encima de ella había una nota:
"Ella es tu nieta cuídala porque es lo único que queda de tu hija. Si te preguntas donde está, pasando la capilla abandonada a los límites del pueblo de san Martin, ahí la encontraras".
Y como era de esperarse, encontró a su hija bueno... solo lo que quedo de ella, al principio sus tíos no les agrado su llegada, siguen suponiendo que es hija de su asesino, pero después pensaron que era hija de su exnovio que tampoco encontraban, en si nadie sabe que paso. Se descuelga su mochila para poder sacar las cosas que había llevado, unas flores de color rosa de limpiapipas que hizo, un collar de "perlas" con un camafeo y una vela, las coloca por la cruz de su madre, enciende la vela y reza un padre nuestro.
-espero que te guste mamá, las hice en la escuela por el día de las madres, sé que soy la única que viene aquí porque aún les sigue doliendo tu muerte, a veces me pregunto qué hubiera pasado si no te hubieras muerto ¿será que yo hubiera nacido?-se tira hacia atrás azotando su cabeza en el pasto sin hacer mueca por el dolor-creo que debería dejar ir ya eso ¿no?, sabes para el otro mes es el día del padre, y en lo profundo de mi sé que mi papa es el que me ha estado cuidando todo este tiempo al igual que tú y sonando más loco, quisiera que se dejaran ver aunque sea una vez, ya que a ti no te puedo ver.
Después de decir eso, se escuchó una rama tronar, rápidamente se levanta alarmada por lo que fuera que está a sus espaldas, mira hacia atrás buscando entre los arboles pero por la oscuridad no alcanzaba ver que era. Agarra la mochila sacando una daga grande para estar preparada si algo la llegase atacar, de algo servirá ese entrenamiento militar que su tío Luis la hizo pasar.
- ¡¿Quién está ahí?! -grito con seguridad.
Sin respuesta, cuando iba a avanzar para buscar entre los arboles su cuerpo se relajó confundiéndola al momento, << ¿Cómo por? >> pensó Margaret al ver que su cuerpo no reaccionaba << ¡Margaret este no es el momento para relajarse! >> Se volvió a decir así misma en su cabeza, una pisada se escuchó en el frete alzando la mirada para ver quién es. Un sujeto alto caminaba hacia ella, no podía ver bien su rostro por la oscuridad, lo que alcanzaba a ver es que llevaba una chamarra que parecía ser de cuero cafe y un pantalón negro, la cara no la podía ver su cabello era corto pero le tapaba el rostro y unas botas que hacían mucho ruido.
- ¡¿Quién chingados eres?! - volvió a preguntar pero esta vez molesta.
El sujeto seguía caminando hacia ella, Margaret no retrocedía al ver que el sujeto ya cerca de ella al contrario, la adrenalina empezaba a subir por todo su cuerpo sujetando muy fuerte la daga y poniéndose en posición de combate, una sonrisa se ensancho en su cara haciendo que sus ojos tuvieran ese vacío sádico que decía su tío Luis que tenía cada vez que atacaba a alguien.
-Se te ocurre atacarme viejo pendejo y no voy a dudar en clavarte esta daga en tu puta cabeza -sentencio Margaret sin darse cuenta que lo había dicho con emoción.
El sujeto se detiene a unos pasos de ella alzando la cabeza para mirarla con incredulidad - ¿Qué chingados te enseño tu tío? Se supone que si te mande a vivir aquí, era para que fueras normal no para que te volvieras igual que yo.
Margaret dejo caer la daga, todo en su cabeza hizo clic después de mirar el mismo color de ojos que ella y esa tétrica sonrisa de sus sueños, tenía razón y comprobaba que no estaba loca, todos sus sueños fueron reales, la adrenalina que tenia se convirtió en una felicidad que jamás había sentido, el hombre que tenía enfrente era la persona que siempre anhelaba ver... su papa.
- ¿ahora que mosco te pico, mocosa? -dijo el hombre con una sonrisa de felicidad esperando a que se diera cuenta.
Margaret dio un paso hacia el - ¿enserio eres tú? ¿No eres un producto de mi imaginación verdad?
- ¿te parece que soy un fantasma? Soy tu padre mocosa.
Sin pensarlo más corrió hacia el para abrazarlo, su padre levanto los brazos para recibir el tan esperado abrazo que llevo esperando mucho tiempo, Margaret lloraba descontroladamente en el pecho de su padre el también lloraba a mares apachurrándola fuerte entre su pecho mientras olía su cabello olor a vainilla, recordando la primera vez que cargo a su bebe recién nacida.
Primer capítulo de estos dos!! como me encanta iniciar desde adelante hacia atrás jajaja. Espero que les aya gustado, nos vemos la otra semana. 🫀