Laia estaba sola frente al espejo.
El estudio de ballet estaba prácticamente vacío. Solo se escuchaba el zumbido de las luces del techo y el sonido de sus propias respiraciones.
Una vez.
Otra vez.
Y otra.
Laia levantó el brazo.
Giró.
Falló.
—Otra vez —murmuró.
La música volvió a empezar.
Sus zapatillas golpearon suavemente el suelo de madera mientras repetía la secuencia. Un giro. Un salto. Una caída controlada. Otra vez.
Esta vez casi perfecto.
Casi.
Laia se quedó quieta.
Miró su reflejo.
—No.
Volvió a colocarse en posición.
Desde la puerta, alguien suspiró.
—Laia.
Ella no respondió.
—Laia, llevas casi dos horas haciendo esa parte.
—Lo sé.
—Entonces deja de hacerla.
—No salió bien.
—Salió perfectamente.
Laia giró la cabeza.
Candace estaba apoyada contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que decía que llevaba demasiado tiempo observándola.
—Perfectamente no es suficiente —contestó Laia.
Candace puso los ojos en blanco.
—Eres insoportable.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo sé.
Por primera vez en toda la tarde, Laia sonrió.
Solo un poquito.
Candace entró al estudio y dejó su bolso en el suelo.
—¿Vas a comer algo hoy?
—Sí.
—¿Cuándo?
Laia miró el reloj.
—Después.
—Eso dijiste hace dos horas.
—Candace...
—Laia...
Se miraron durante unos segundos.
—Voy a comer —cedió finalmente Laia.
—Bien.
Candace sonrió victoriosa.
Laia volvió a mirar el espejo.
Durante un instante, creyó ver algo detrás de ella.
Una sombra.
Oscura.
Rápida.
Parpadeó.
Nada.
El estudio seguía vacío.
—¿Qué pasa? —preguntó Candace.
—Nada.
Laia bajó la mirada.
En el suelo, junto a su zapatilla, había una pequeña pluma negra.
Frunció el ceño.
No era de ninguna de las prendas del estudio.
La recogió.
Era suave.
Extrañamente fría.
—¿De dónde salió eso?
Candace se acercó.
—¿Qué?
Laia levantó la pluma.
Candace la miró.
—Probablemente entró por una ventana.
—Las ventanas están cerradas.
—Entonces... algún pájaro muy determinado.
Laia soltó una pequeña risa.
—Claro.
Dejó la pluma sobre la barra.
Pero cuando volvió a mirar el espejo, la pluma ya no estaba.
Y esta vez...
Laia estaba segura de que no se lo había imaginado.
Había una segunda sombra detrás de ella.
Una sombra con alas.
Parpadeó.
Desapareció.
Laia se quedó inmóvil.
—¿Laia?
—Sí.
—¿Estás bien?
Ella volvió a mirar su reflejo.
Su corazón latía demasiado rápido.
—Sí.
Sonrió.
—Estoy perfectamente.
Hola gente les quería decir q les agradezco a todos los q están empezando a leer esta historia, para esta historia el personaje laia está inspirado principalmente en nina de black swan, gracias al trend de my marvel intro fue que me inspire a escribir este fic